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Posts Tagged ‘percy bysshe shelley’

ADONAIS

 

xxxxxIII

Llorad por Adonais porque está muerto.
Despierta y llora, madre melancólica.
Pero ¿con qué propósito?
Apaga al borde de su ardiente lecho
tus encendidas lágrimas y deja
que guarde tu estruendoso corazón
un impasible sueño como el suyo.
Pues él ya ha descendido a donde todo
lo que es hermoso y sabio va a caer.
No sueñes, no, que el amoroso abismo
nos lo devuelva al aire que da vida.
La muerte se alimenta de su voz
apagada y se ríe de nuestro desconsuelo.

 

 

 

 

xxxxxV

¡Tú, la más musical de las llorosas,
llora otra vez! No todos se arriesgaron
a subir a ese sitio esplendoroso.
Y más felices son quienes conocen
una felicidad cuyas antorchas
todavía iluminan la noche de los tiempos,
cementerio de soles.
Algunos más sublimes, encendidos
por la rabia envidiosa
del dios y de los hombres, se extinguieron
apagada su clara primavera.
Y quedan otros vivos todavía
pisando las espinas del camino
que conduce a través de penas y de odios
a la calma morada de la Fama.

 

 

 

 

xxxxxXV

Perdida entre montañas silenciosas,
Eco reposa y nutre su dolor
con la memoria de sus cantos.
Ya no responderá nunca a las fuentes
ni al viento ni a las aves amorosas
posadas en la joven verde rama,
ni al cuerno del pastor ni a los tañidos
de la campana vespertina.
Ya no puede imitarle ella los labios,
más queridos que aquellos desdeñosos
por cuyos menosprecios se apagaba
en la sombra de todos los sonidos.
Un lúgubre murmullo, entre sus cantos,
es todo cuanto oyen los hombres de los bosques.

 

 

 

 

xxxxxXXII

¡Ya no despertará, oh, nunca más!
«Despierta, álzate tú del sueño, Madre
sin hijo» —grita la Miseria—
«y extingue en lo profundo de tu pecho una herida
más atroz todavía que la suya
con suspiros y lágrimas».
Y todos los ensueños que los ojos
de Urania contemplaron, y los Ecos
que el canto de su hermana había alimentado
en su silencio santo, le gritaron: «¡Levanta!».
Rápido como un pensamiento herido
por la serpiente del recuerdo,
el marchito Esplendor volvió a brotar
de su descanso de ambrosía.

 

 

 

 

xxxxxXXIX

«Nace el sol; numerosos reptiles ponen huevos.
Se muere y los efímeros insectos
entonces se congregan en la muerte
sin un amanecer;
de nuevo, despiertan las estrellas inmortales;
de este modo es el mundo de los hombres vivientes:
una mente divina se remonta, en su goce,
desnudando la tierra y velando los cielos,
y, cuando ella se hunde, los enjambres
que su luz empañaban o su luz repartían,
abandonan sus lámparas fraternas
en la noche espantosa de los tiempos.»

 

 

 

 

xxxxxXXXII

Un espíritu bello y ágil cual de leopardo,
un Amor disfrazado de tristeza;
una fuerza vestida de blandura
apenas puede alzar su último peso;
es lámpara que muere, chaparrón
que cae, ola rompiendo ¿o acaso cuando hablamos
no se nos despedazan las palabras?
Sobre la flor marchita se sonríe
el asesino sol brillantemente;
la vida puede arder en la mejilla
con su llama de sangre, incluso cuando
el corazón está a punto de romperse.

 

 

 

 

xxxxxXL

Se ha remontado sobre las sombras de la noche;
la envidia, la calumnia, el odio y el dolor
y esa angustia que el hombre impropiamente llama
gozo, no pueden ya torturarle de nuevo.
Del contagio del tizne paulatino del mundo
está inmune, ya no tendrá
que lamentar un corazón helado,
una cabeza inútilmente cana;
ni llenará una urna no llorada
con cenizas sin brillo cuando su propio espíritu
haya concluido de arder.

 

 

 

 

xxxxxXLV

Los herederos de un nombre malogrado
se elevan de sus tronos construidos
más allá del humano pensamiento,
lejos, en lo Invisible. Se alza Chatterton pálido.
Su solemne agonía no se ha desvanecido.
Sydney, de igual manera que luchó,
lo mismo que cayó, vivió y amaba,
sublimemente dulce, inmaculado Espíritu,
se levantó; y Lucano, por su muerte,
consistió en levantarse.
Y cuando ellos se alzaron, el Olvido
se encogió como cosa reprensible.

 

 

 

 

xxxxxXLVII

¿Quién por Adonais llora? ¡Oh, amante sin ventura!
Conócete a ti mismo y de verdad
conócelo a él. Con tu alma anhelante
abraza la oscilante tierra; y como desde un centro,
arroja la luz de tus espíritus
más allá de los mundos hasta
que su vasto poder sacie el vacío círculo:
Disminúyete luego hasta un único punto
dentro de nuestro día y nuestra noche;
y guarda tu ligero corazón
porque no se te hunda cuando alguna esperanza
encienda otra esperanza y te atraiga al abismo.

 

 

 

 

xxxxxLV

El soplo cuya fuerza he invocado
en este canto baja sobre mí;
la barca de mi espíritu es llevada
lejos de las riberas, lejos del tembloroso
tropel cuyas velas
jamás a la tormenta se entregaron.
¡Se quiebran la maciza tierra
y los cielos redondos!
Yo soy llevado oscuramente lejos,
temiblemente lejos,
entretanto que, encendida a través de los últimos
velos del firmamento,
el alma de Adonais, como una estrella,
alumbra desde arriba, donde los Inmortales.

 

 

 

Bysshe Shelley, Percy. Adonais (Trad. Lorenzo Peraile). Madrid; Ed. Huerga y Fierro, 2008.

 

NO DESPERTÉIS A LA SERPIENTE

 

FANNY GODWIN

Su voz tembló al separarnos,
mas no noté que provenía
de un corazón roto, y partí
sin atender a sus palabras.
Miseria, oh Miseria,
cuán vasto es este mundo para ti.

 

 

 

 

OZYMANDIAS

Topé con un viajero de un antiguo país
que me dijo: «Dos piernas de piedra colosales
se yerguen sin su tronco en medio del desierto.
Junto a ellas se encuentra, semihundido en la arena,
un rostro hecho pedazos cuyo ceño fruncido
y sonrisa de burla, de arrogante dominio
confirman que su autor comprendió esas pasiones
que, grabadas en piedras inertes, sobreviven
a la mano que supo copiarlas con desprecio
y al mismo corazón que las alimentara.
Y sobre el pedestal se leen estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias y soy el rey de reyes.
Considerad mis Obras; rabiad ¡oh Poderosos!”
Nada queda a su lado. Más allá de las ruinas
de este enorme naufragio, desnudas e infinitas,
solitarias y llanas se extienden las arenas.»

 

 

 

 

SONETO

No levantes el velo pintado que los vivos
llaman Vida, aunque formas irreales represente,
imagen engañosa de aquello en que creemos,
con colores dispersos. Detrás acechan Miedo
y Esperanza, Destinos gemelos que entretejen
sus sombras en la sima sombría y encubierta.
A un hombre conocí de corazón sensible
que levantó ese velo buscando algo que amar,
pero no encontró nada, ni tampoco las cosas
que contiene este mundo podían agradarle.
Ignorado vivía; era luz en las sombras,
una mancha brillante en esta escena turbia,
un Alma que luchaba por la verdad y nunca,
como el Predicador, la pudo hallar en nada.

 

 

 

 

A UNA VIOLETA MARCHITA

xxxxxI

La flor ha perdido el aroma
que alentaba igual que tus besos.
Su color ya se ha diluido
tras brillar solamente en ti.

 

 

xxxxxII

Su forma muerta, enjuta, hueca,
yace en mi pecho abandonado
burlando al corazón ardiente
con su quietud fría y callada.

 

 

xxxxxIII

Mis lágrimas no la reaniman.
Mis suspiros no la reviven.
Su suerte muda y resignada
debiera ser ahora la mía.

 

 

 

 

EXHORTACIÓN

Vive el camaleón de luz y de aire.
Amor y fama nutren al poeta.
Si en este vasto mundo de ansiedades,
con el esfuerzo mínimo de aquél,
pudiera hallar la misma recompensa,
¿cambiaría el poeta de color
igual que el camaleón ante la luz,
adecuándose a todos sus matices,
veinte veces al día?

Vive el poeta en esta tierra fría
como es más propio del camaleón:
oculto desde el mismo nacimiento
en una gruta oscura bajo el mar.
Cambia el camaleón ante la luz:
ante el desamor lo hacen los poetas.
La fama es sólo amor que se disfraza;
si unos pocos alcanzan una u otro,
no es extraño encontrar a los poetas
merodeando en torno.

No manchéis con poder y con riqueza
el alma del poeta, libre, angélica..
Si engullera el brillante camaleón
otra cosa que rayos y tormentas,
crecería de un modo tan mundano
como las lagartijas, sus hermanas.
¡Hijos de un astro mucho más radiante!
¡Espíritus allende de la luna!
¡Rechazad toda dádiva!

 

 

 

 

CANCIÓN A LOS INGLESES

¡Ingleses!, ¿por qué aráis la tierra
para los amos que os someten?
¿Por qué tejéis con arduo esmero
la ropa que ostenta el tirano?

¿Por que vestís y alimentáis
desde la cuna hasta la tumba
a esos zánganos tan ingratos
que os chupan sudores y sangre?

¿Por qué, Abejas de Inglaterra,
forjáis armas, fustas, cadenas
para que esos cobardes roben
el fruto de vuestro trabajo?

¿Acaso os sobran paz y ocio,
cobijo, amores y alimento?
O, ¿qué conseguís de valioso
con tanto sufrimiento y miedo?

Otros recogen vuestra siembra.
Otros guardan vuestra riqueza.
Otros visten lo que tejéis.
Otros empuñan vuestras armas.

Sembrad,  mas no para el tirano.
Cread vuestra propia riqueza.
Tejed, mas no para holgazanes.
Armáos en defensa vuestra.

Si no, ¡quedáos en vuestras celdas!
¡Que otros habiten los salones!
¿Para qué romper las cadenas
si os amenazan con la espada?

¡Con telar, azada y arado
trazad y cavad vuestra tumba!
¡Tejed vuestra propia mortaja
hasta que Inglaterra os sepulte!

 

 

 

 

EL TIEMPO

¡Océano insondable, cuyas olas son años!
¡Mar del Tiempo en cuyas aguas desconsoladas
va disuelta la sal de lágrimas humanas!
Tú, riada sin márgenes, que en tu flujo y reflujo
los límites encierras de la mortalidad,
y, saciado de víctimas, bramando aún por más,
vomitas tus naufragios sobre su playa inhóspita;
traicionero en la calma, terrible en la tormenta,
¿quién podrá navegarte, Océano insondable?

 

 

 

 

MUTABILIDAD

xxxxxI

La flor que hoy sonríe
mañana morirá.
Lo que ahora anhelamos
incita y luego escapa.
¿Y el gozo de este mundo?
El relámpago engaña
con su breve fulgor
a la noche sombría.

 

 

xxxxxII

¡Qué frágil la virtud!
¡Qué escasa la amistad!
Amor vende su dicha
a cambio de la angustia.
Y aunque pronto sucumben,
nosotros pervivimos
a su goce y a todo
lo que llamamos nuestro.

 

 

xxxxxIII

Mientras los cielos brillen,
mientras las flores rían,
mientras aquellos ojos
que cambian con la noche
alegren la mañana,
o se deslice el tiempo,
sueña y luego despierta
sólo para llorar.

 

 

 

Shelley, Percy Bysshe. No despertéis a la serpiente (Trad. Juan Abeleira y Alejandro Valero). Madrid; Ed. Hiperión, 1997.

 

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