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CUATRO POEMAS DE ‘SALIR RANA’

 

EL AGUJERO

Mamá lleva treinta y siete años
pagando una agujero para mí.
Con todo lo que lleva pagado
por ese agujero de dos metros
por setenta
podría yo haber visto Alejandría
con estos ojos que mamá
prometió un día a los gusanos,
hubiera podido yo
afrontar tan larga oscuridad
con el sol de Alejandría
en mis retinas muertas.
Su mayor preocupación, la de mamá,
para cuando ella faltara,
era que no olvidase en qué cajón
estaban los papeles
que nos confirmaban, a ella y a mí,
como dueños transitorios de dos agujeros
en un panal de insectos muertos.
Me aconsejaba mi madre que en su ausencia
no dejara de pagar mi agujero
y que solicitara otro para el hijo que no he tenido,
al que dejaré, como única certeza,
un agujero que no existe.

 

 

 

 

EVA

Caminamos sin mirar atrás.
Mi vientre ha comenzado a abultarse.
El resplandor incandescente de una espada
nos señala el sendero que lleva al dolor,
al desamparo, a la muerte.
Mi hijo nacerá libre.

 

 

 

 

LO QUE UN GATO A UN VERDUGO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«¡Pobre mono…! ¡Dame la pata…!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo. La mano, he dicho.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Salud! ¡Y sufre!»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCésar Vallejo

Como un aspirante a matarife
aprende en la íntima geografía de los gatos
qué nervio, qué tendón y qué recuerdo
desencadenan el alarido, sueltan el esfínter,
qué tenaza en qué cartílago recóndito
de puro pánico hace mendigar la muerte.
Del modo en que aprende el cadetito
hasta dónde ahogar, hasta dónde ensartar,
la penosa frontera entre pesadilla y locura.
Como un niño inocente en su crueldad
amputa ensimismado las alas a la mosca,
le arrebata el cielo,
pero también la trampa del cristal,
así Vallejo a la poesía. Entiéndaseme.

 

 

 

 

NOCHE DE REYES

Nunca hubo nada para mí
hasta aquel día:
un cuaderno y unos lápices.
Mi primera máquina
de hacer elegías.

 

 

 

Flores, Pedro. Salir rana. Sevilla; Ed. Renacimiento, 2016.

 

SALIR RANA

 

EL OMBLIGO DEL MUNDO

Mientras desde el minarete
derrame el almuédano su letanía
sobre las almas de los creyentes
y en las vastas estepas de Mongolia
jinetes invulnerables al tiempo
domen caballos nacidos para el aire.

Mientras por las calles de Ginebra
la lluvia haga correr
a los pocos paseantes
y los francotiradores y los leopardos,
cada uno en su jungla,
ausculten pisadas en la hojarasca.

Mientras el Índico prenda con sal
los ojos de los recolectores de perlas
y los hombres azules
rastreen el olor del agua
envueltos en el simún.

Mientras el crepúsculo sobre el Bósforo
apague las cúpulas de Estambul
y en la selva de Paria
una endémica bruma
haga perder el norte a los siglos.

Mientras todo esto ocurra,
uno tiene que ser
un prestidigitador fantástico,
o un mentiroso muy hábil,
para poder seguir creyéndose
el ombligo del mundo.

 

 

 

 

HISTORIA DEL MAL LADRÓN

Había robado oro
de las arcas del Templo.
El camello del prójimo.
O tal vez sólo arrebató
pan y naranjas
a los aromas del mercado.

Padeció y fue condenado
en tiempos de Poncio Pilatos.
Fue crucificado
a la siniestra del hijo
en el monte de la Calavera.

No tuvo corona,
ni siquiera de espinas.
No se arrepintió.
No resucitó con gloria
el día tercero.

Pero él,
que pidió ver
para creer,
ha llenado de apóstoles
la Tierra.

 

 

 

 

LA FLORISTA DE LA HABANA

Y dime,
¿nunca quisiste estar
al otro lado de la rosa?

Déjame esta noche que te traiga
a la otra ribera de la flor,
en la que existen su aroma y su nostalgia.
Que por una vez no pertenezca
a un amor ajeno,
que se marchiten de esperarte
los amantes del malecón
y las almohadas de los hoteles.

Pero ella se aleja,
y como una virgen sembrando pétalos
al paso solemne de un rey,
enseña el camino a la noche de La Habana.
Junto a la rosa empapada en cerveza
me ha dejado una pregunta:

¿Nunca quisiste estar
al otro lado del poema?

 

 

 

 

EL VIOLINISTA DEL TITANIC

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Silvia

El vigía no vio el hielo.
El capitán no vio el peligro.
El armador no vio las prioridades.
La primera clase no vio a la tercera clase.
El radiotelegrafista no vio respuesta.
Lady Rothschild no vio su estola.
Los maquinistas no vieron el cielo.
Pero el violinista, ah, el violinista
lo entendió todo de repente;
reunió en la cubierta al resto
de la pequeña orquesta
mientras hombres y mujeres
que creyeron tenerlo todo comprendieron
lo desnudos que estaban ante la tragedia
y tocó,
tocó como nunca había tocado,
tocó para él,
tocó quizás para alguien que en vano
le esperaría entre las brumas
de un muelle apretando los puños,
y se ahogó con la muerte en el gélido mar
del cruel abril de mil novecientos doce.
De ese modo te quiero:
inmune al miedo y al frío,
mientras el mundo se desmorona en torno nuestro,
sin esperar que nadie me rescate,
dándote la música de mi alma
hasta que el agua me llegue al cuello.

 

 

 

 

YAHVÉ

En los ojos del primero
vio los imperios erigirse y desmoronarse,
San Juan de Acre ardiendo en su nombre.
El adiós para siempre a Sepharad.
Un edificio que se abrasa en Alejandría.
Vio los campos de Virginia tapizados de gris y azul.
La inscripción en un cinturón sin dueño
sobre la nieve de un lugar llamado Stalingrado
y que decía Gott mit uns entre manchas de sangre.
Una niña que corre eternamente bajo el napalm
por una carretera que no lleva a la conciencia.
Vio la salita de la silla en una prisión de Texas
y la lluvia de ceniza sobre los arrabales de Grozni.

Pero también vio a Homero
y a un viejo pescador
que en un remanso del Yang-Tsé
devolvía un pez a las aguas
y pensó
después de todo quizás
valga la pena.

 

 

 

 

CAER

Caer bien, con clase.
No desfallecer,
ni desmayarse,
ni derrumbarse,
ni trastabillar,
ni doblar la cerviz.
Caer como un roble en sus dominios
después de cien años mirando al Sol
frente a frente.

 

 

 

 

UNA HISTORIA ANTIGUA

Partieron a miles desde las costas de Acaya.
La historia no dice
si de verdad creían que iban a lavar
el honor de un monarca humillado,
pero la riqueza de Ilión es legendaria.
Agamenón (que posee una fábrica de flechas)
tomará una quinta parte del botín.
En el fragor de la batalla
nadie recordará, Helena, que fuiste hermosa.

 

 

 

 

ANTES SE MORÍA EN CASA

Sí, se moría a menudo en la misma cama
en que se había nacido,
que solía ser la misma cama
un que uno había sido concebido.
Se navegaba por la vida
sobre la misma carroza inmóvil
con la que se partiría hacia la muerte.
Se moría mirando las cuatro paredes
donde colgaban los retratos de aquellos
que habían menstruado y soñado antes
en aquella implacable máquina del tiempo.
Los que amaron haciendo crujir los muelles
con un rasguño negro de grillo metálico,
dando retratos de muertos a las paredes
y muertos para este poema escrito en casa,
sobre una cama que me arropa
y que me espera.

 

 

 

 

CARPE TERRAM

Nuestros ojos no mirarán las maravillas sobre la tierra.
Nuestras bocas no comerán manjares sobre la tierra.
Perteneceremos a legiones de animales sin nombre.
Ingresaremos en la quitinosa intimidad
de ciegas jaurías invertebradas,
de piaras microscópicas de hambre subterránea.
Comeremos tierra
con sus tractos digestivos transparentes.
Devoraremos la tierra desde dentro,
pues nada fue nuestro sobre ella.

 

 

 

 

EL CIELO SOBRE VILLA PERRO

Me mandaron a la calle;
que el niño no nos vea llorar,
que no levante una esquinita de la sábana
si nos despistamos un segundo.
Como si afuera la tarde no tuviera goteras.
Como si de cada nube no colgara
la rolliza manita de una niña helada.

 

 

 

 

TRASIEGO DE VILLA PERRO

Cuidamos los unos de los otros.
La que hace un guiso guarda un poco
y cruza la calle con un caldero verde.
El que fue obsequiado con un saco de cebollas
no llora solo a la hora de la cena.
El poeta se guarda sus versos.
Cuidamos los unos de los otros.

 

 

 

 

EL LECTOR Y LA POESÍA

Ella se reía al oírlos, me decía:
cómo va a salir una vieja en unos versos,
no tiene sentido,
deberías escribir sobre cosas importantes.
Yo a veces le contestaba
que no hay nada que entender,
que la poesía, aunque suene cursi,
es como una estrella;
tal vez hace años que no está
cuando su luz llega hasta nosotros.
Ahora ella se sigue riendo,
creo que por fin comprende
lo de la poesía y las estrellas.
Ahhh, me dice,
yo soy una muerta que escucha,
y tú también estás muerta.

 

 

 

Flores, Pedro. Salir rana. Sevilla; Ed. Renacimiento, 2016.

 

POÉTICA DE SEGUNDA MANO

 

SEGUNDA MANO, SEGUNDOS OJOS

Por qué todos los pantalones que usé
tenían parches y remiendos.
Por qué las fechas de las grandes batallas en mis libros
habían sido antes subrayadas por otros niños,
que llegaron antes que yo al campo de batalla,
que robaron todos los botones dorados
de las guerreras de los húsares muertos.

 

 

 

 

YO QUERÍA SER POETA DESDE LOS TIEMPOS SALVAJES DEL LEJANO OESTE

El viento empujando por las calles desiertas
la bola de polvo y matorrales
que prefigura el inminente duelo.
Las renqueantes carretas que persiguen
una frontera móvil como el hambre.
El borracho cayendo en el abrevadero.
El tahúr que niega las suerte de los otros.
El tendero mirando hacia otro lado
si el matón escupe sobre el género.
Pero de todas las escenas del far west
mi preferida era aquella
en la que un empleado de la funeraria,
con sombrero de copa y con levita,
mide al pistolero a o largo y a lo ancho
para hacerle el pijama de madera.
Todos los críos salían del cine
gritando bang bang
y simulando pistolas con los dedos.
Yo les calculaba la sed y la rabia
para escribirles elegías a la medida.

 

 

 

 

LA RATA

Soy el primero que abandona.
Si fuera capitán o violinista juro
que correría la suerte de mi nave,
pero soy un pulguiento polizón
roedor de cabos en la sombra,
transmisor de calamidades.
Ahora me bajo del poema:
aquí les dejo otro naufragio.

 

 

 

 

PICO DE ORO

El pájaro limpia de las fauces del cocodrilo
los últimos pasos de la cebra en este mundo.
Silba luego su enigma, su canción
que deja regado por el cielo
su carroñero perfume de osadía.
Siempre hay una criatura pequeña y servicial
dispuesta a lustrar los colmillos de la muerte.

 

 

 

 

ÁNGELES ESQUINEROS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSueña bajo los Ángeles
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDarío

Cuatro esquinitas tiene tu cama,
no,
quise decir tu caja.
y cuatro angelitos,
cada uno con un clavo
y un martillo.

 

 

 

 

UN VIUDO QUE NO SABÍA BAILAR EL TANGO

Siempre te quejaste de que abuelo
no te llevara nunca a bailar.
Cuando te fuiste
él encendía el viejo tocadiscos,
bailaba sobre las baldosas de la cocina,
tomaba la frágil cintura del aire
imaginando que era tu frágil cintura
y te pedía perdón a cada rato
por darte tantos pisotones.

 

 

 

 

NIÑA TONTA

Por qué no dijiste que otro día,
que aún no, que llevabas mucha prisa,
que llamara a otra que tú
tenías que hacer muchos mandados.

 

 

 

 

OTRA FOTO DE FAMILIA

Miren el pajarito
y a la de tres
digan
nevermore.

 

 

 

 

PROGROMO

Ésta será la noche de los cristales rotos.
Ya tengo una barra en las manos
y un bote de pintura amarilla
para escribir AVAROS, TIRANOS, PERROS.
Esta noche desfilaré solo por los pasillos
portando una antorcha y un destino,
dispuesto a romper cada espejo de mi casa.

 

 

 

 

Y QUE UNA NUBE DE TU MEMORIA

Al final sólo preguntabas cuándo
salía el hombre del tiempo.
Habías olvidado los nombres de tus hijos,
pero no las palabras borrasca, isobara,
anticiclón de las Azores.
Llamabas a los vivos
con los nombres de los muertos
y tu olvido era la única memoria.
Tú, que todo lo perdiste
salvo las categorías de las mareas,
eras el único que a la hora de almorzar
esperaba aún algo del cielo.

 

 

 

 

EL AFILADOR

Otros guardan en su memoria el sonsonete de los tiovivos,
una precaria orquestita preludiando en noches de verano
el primer beso, dado con los dientes,
pero yo retengo, terca,
la musiquilla con la que sea anunciaba,
desde el estribo de su polvorienta motocicleta roja,
el afilador.
Cuando venga la muerte desataré esa tonadilla
que convocaba a las mujeres
con sus pobres cuberterías,
su instrumental de cortar el hambre.
Y ella, la muerte,
que como yo aún dirá tiovivo y motocicleta,
pondrá su herrumbrosa guadaña
en la piedra de afilar de mis recuerdos.

 

 

 

 

PEQUEÑA ELEGÍA ELÍPTICA POR LOS RUBÍSIMOS NIÑOS GOEBBELS

Yo me sentía afortunado cuando,
cada noche,
posabas un beso sobre mi oscura cabeza
diciendo, mientras yo fingía dormir,
ojalá, hijo,
en tus sueños,
encuentres un lugar
donde cenar.

 

 

 

 

POÉTICA

Todo empezó cuando mamá,
mirando las puntas de los lápices
decía:
si gastas ahora todos los colores,
no podrás pintar más árboles,
ni más tigres, cuando te lo pidan.
Y tracé bosques calcinados
por rayos que nadie veía,
sigilosas fieras a las que bastaba ser
dos radiantes ojos en la noche.

 

 

 

Flores del Rosario, Pedro. Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia. Murcia; Ed. Tres fronteras, 2014.

 

DE ZAPATOS, CARTELES Y MENTIRAS

 

LOS ZAPATOS DEL ABUELO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon franca rectitud de cojo amargo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVallejo

Cuando murió, sus zapatos,
sus duros y lustrosos zapatos negros,
fueron para mí.
Anacrónicos acorazados para la tierra roja
de las cuatro polvorientas calles de tierra
que minó día a día fingiendo ir a alguna parte,
con los que se tambaleó bajo la luz tiñosa de farolas
que arrojaban más sombras a las sombras.
Sólo yo de entre todos sus nietos
tenía pies iguales a los suyos,
pies retorcidos como aquellas calles
y pasos que dudaban en la puerta de los mercados,
que retrocedían ante las muchachas hermosas.
Yo voy por la vida en los zapatos de un muerto;
el suelo me reconoce como uno de los suyos.

 

 

 

 

LO QUE OTROS TIRAN

Yo frecuento el muladar de la memoria,
los esteparios vertederos del olvido.
Los poetas desperdician demasiado,
tiran los versos a medio comer,
los costillares de sus mayores
con los delirios aún prendidos.
En la cáscara, en el hueso
yo encuentro lo que busco,
de ahí este poso de luz mordida,
este acre regusto a hambre usada.

 

 

 

 

COSAS DEL SUELO

De niña mamá recogió del suelo
un pequeño fruto rojo y redondo.
Lo comió, tenía hambre,
no sólo hambre hambre,
también hambre de cosas de colores.
Aquello era venenoso, tonta madre,
por eso no tenía dueño.
Más tarde mamá lanzó al mundo
sus propios frutos,
también pequeños y rojos;
yo soy el primero.
Quien muerde se envenena.

 

 

 

 

EL POETA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHaced que se me caiga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla piel de serpiente del orgullo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxZ. Herbert

Todos mis hermanos son mejores poetas que yo;
sabrían sembrar sus cálculos renales en el baldío de Elliot
y conseguir que de ellos nacieran
camadas albinas de versos carnívoros.
Pero no lo hicieron y nunca lo harán,
son también más inteligentes.
Yo no valía para otra cosa.
Por eso fue que decidieron mandarme a mí
en la nave sin rumbo y enloquecida de la poesía.
Como quien manda un perro al espacio.

 

 

 

 

SICARIO

Yo soy el sicario.
Me encontraron jugando descalzo
con un poema de madera
en el albañal de las vanguardias.
En los callejones que olían a meados,
robando las notitas escritas a mano
del bolsillo de poetastros borrachos.
Dijeron
éste nos servirá.
Tiene la ingenuidad de un rinoceronte
y el corazón oportunista del coyote.
Me adiestraron en la palestra de sus academias,
administraron mi hambre de crepúsculos
y cuando estuve preparado me dieron
un lanzaversos automático y la foto del enemigo.
Ahora sería un extraño en el basural de mis recuerdos.
Pertenezco a la casa de los amos.
Ellos me dan palmadas en la espalda
y me dejan que coma en su cocina.

 

 

 

 

EL ADIESTRAMIENTO

Me enseñaron a leer
para que no tuviera excusas
si incumplía sus leyes.
Me enseñaron a contar
para que no tuviera excusas
si les robaba su tiempo.
La poesía no estaba entre sus normas.
La poesía no entraba en sus cálculos.

 

 

 

 

VOLVER A CASA

Para que no sepa donde vivo,
hago como hacen en las películas
los adolescentes que se avergüenzan
de las desvencijadas ventanas
y la cochambre de su hogar:
me bajo tres paradas antes
y cruzo el jardín de una casa lujosa.
Hasta que la muerte se pierde de vista.

 

 

 

 

ESCENA DE CATECISMO UNA LEJANA MAÑANA DE DOMINGO

El ladrón de la izquierda se burla de ti.
El ladrón de la derecha mira tus clavos
y piensa en el precio del hierro.
Abajo los legionarios se juegan a las tabas
las pulgas de tu túnica.
Arriba nadie contesta a las puertas del cielo.
Pienso que el único paraíso que se abrió para ti
estaba entre las piernas de aquella mujer
que supo amar tu descomunal arrogancia.
En las misas de los domingos repartían juguetes usados.
A la mitad de aquellos críos
también los había abandonado su padre.
Allí nadie sintió pena por ti, nazareno,
estábamos demasiado ocupados
esquivando las gotas de lluvia que se colaban por el techo
y buscando ruedas que encajaran
en los cochecitos rotos.

 

 

 

 

FOTO DE FAMILIA

¿Ya están todos?
Sonrían,
por favor,
los vivos también.

 

 

 

 

CARTEL PARA TIEMPOS DE GUERRA INTERIOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy en guerra con mis entrañas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMachado

Ya no digo versos
recorriendo solo los pasillos de casa.
Yo, el enemigo,
escucho.

 

 

 

 

LA MENTIRA

Escribieron mal nuestros nombres
los días de paga
y callamos.
Escribieron bien nuestros nombres
los días de leva
y callamos.
Pasamos la vida callando
y un día, en nuestras bocas cerradas
entrarán las moscas.

 

 

 

Flores del Rosario, Pedro. Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia. Murcia; Ed. Tres fronteras, 2014.

 

COMO PASA EL AIRE SOBRE EL LOMO DE UNA BESTIA

 

ESTIRPE

Detesto a estos viejos severos de los retratos,
humo y cochambre,
los codos hechos a la mugre de las barras.
Creían haber llegado a alguna parte
pero eran sólo agotados, malolientes
gigantes varados en las piedras
de una playa lamida por la bruma.
Sé bien de lo que hablo,
ya casi soy uno de ellos.
Eso es el tiempo:
ir convirtiéndonos, poco a poco,
en lo que odiamos.

 

 

 

 

PASAR POR EL MUNDO

En un vaso olvidada se desmayaba una flor;
y no había más poesía en aquella habitación de hospital.
Tenía el color de las hostias de mi infancia,
pero mi padre volvió
a pesar de que los aparatos exhalaron
su aguda elegía electrónica.
Había visto el túnel oscuro y veloz
y la luz al fondo.
El viejo cabrón se enderezó en la cama
y se golpeó el pecho como un mono diciendo
joder,
hasta a la muerte
vamos los pobres en metro.
Jamás le había respetado tanto.

 

 

 

 

LOS NIETOS DE LA IRA

Yo soy el último
de una larga estirpe de bebedores de aguardiente.
Como si titánicos ríos desembocaran
en perdidos y quietos sargazos,
conmigo concluye nuestra sangre.
Que los jodan a todos, muertos de mierda,
no más el fuego glacial del hambre en los estómagos,
no más remiendos en las chaquetas
con las que nos retratábamos para reclutadores y gendarmes.
Conmigo se les acabó aquella legendaria lástima
por la que solían doblarse de conmiseración las palmeras.
He llegado hasta el final de la cetrina alfombra de piel
que tendieron sobre los siglos aquel atajo de portentosos
criadores de carcoma,
domadores de hienas,
destiladores de magma,
equilibristas sobre alambres de púas.
No prolongaré más esta sangría de lágrimas
que trasiega el tiempo como un licor barato.
Yo soy el aserrín que cubre los vómitos
cuando es de día y todos se han ido,
quedando sólo en el aire una muralla de polvo
y el rancio, aceitoso olor del olvido.

 

 

 

 

INFATIGABLES

Los pobres somos como los dientes del tiburón:
por cada uno que cae
otro ocupa su lugar en el hambre.

 

 

 

 

LA EMBOSCADA

Pasó el cartero repartiendo cartas,
pero no había nada para nosotros.
Pasó el panadero repartiendo el pan
y no había nada para nosotros.
Pasó la música convocando a la fiesta,
pero no cabía por el ojo de la cerradura.
Pasó el afilador en su motocicleta roja,
pero como pretenciosos, advenedizos y bastardos
no pudimos sacar el cuchillo de la piedra.
Rumbo a los versos de Darío
pasaron olímpicos los cisnes por el cielo
pero sus sombras esquivaron lo alto de la casa.
Pasaron los muchachos empapados
en la loción de afeitar de sus abuelos
y ni uno preguntó a la muerte por mi hermana.
Pegamos entonces los oídos a la puerta
hasta que hubo pasado el último recaudador,
el último mendigo,
hasta que todo afuera era silencio.
Y salimos en tropel desde las sombras,
fantasmales, piojosos y olvidados
para atacar la vida por la espalda.

 

 

 

 

MATERIA DE POESÍA

Yo vivo en una ciudad atestada de poetas,
una plaga de poetas que devoran en enjambre
cualquier nube que se atreva a moverse,
poetas lotófagos que comen luz y cagan olvido
cuando debiera ser justo al revés.
Envidio sus gafas gruesas, sus bufandas
y su manera de hablar de las vanguardias,
la seguridad con que aseveran
esto es o no es materia de poesía.
Por ejemplo,
la intersección entre las aristas de un acantilado
y el color del viento en el envés de las hojas
es asunto de la poesía,
pero que un hombre cuente las monedas que lleva en su bolsillo
mirando el escaparate de una tienda de regalos
no es asunto de la poesía.
El debate, de haberlo, es antiguo y fatigoso.
y bueno, al final siempre tienen razón;
el precipicio, el viento y las hojas perduran,
son parte de un arcano alfabeto más allá
de contingencias y trivialidades.
Claro que, ¿y si el hombre que se hurga los bolsillos
cansado de todo y de sí mismo
se dirige una tarde, mientras el viento desahucia a las hojas,
el acantilado cortado a puro cuchillo por los dioses
y se lanza al mar meándose de miedo en pleno vuelo?
¿Interesará el suceso a la poesía?

 

 

 

 

EL APAGÓN

Noche de amor y de saqueo.
En nueve meses se multiplica por cien
el número de nacimientos.
Debemos a las sombras
una lavadora nueva
y otro saqueador ensuciando pañales.

 

 

 

 

EFECTO MARIPOSA

Donde yo vivo las cajeras de los supermercados
regresan a casa con los pies deshechos,
como niños acribillados por drones
en una boda afgana.

 

 

 

 

SIN MONEDAS PARA LOS OJOS DEL HÉROE

Yo no tengo un triste búho que depositar sobre tus ojos.
Vendrá el barquero y tendrá que elegir
entre olvidarte para siempre en esta orilla
o dejar que hagas lo que siempre hiciste:
pagarte la muerte trabajando a bordo,
fregando de la cubierta, encorvado en la niebla,
las manchas de sangre, las huellas del miedo.

 

 

 

Flores del Rosario, Pedro. Como pasa el aire sobre el lomo de una bestia. Murcia; Ed. Tres fronteras, 2014.

 

FASHION REVOLUTION DAY

[¿Quién pone esos nombres tan absurdos en una ciudad como Murcia? ¿”Fashion Revolution Day”? ¿En serio?]

Hoy, de allí -sí, del Fashion Revolution Day-, de la sección de los libros traperos, me he traído esta joya a casa.

 

 

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