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PALABRA NATURALEZA

 

NIÑEZ AYER

Empecé en el campo
a construir dos barcas.
Una para el viento
otra para mí
nací desnuda
para pasar de barca en barca:

surcos allí donde dormía
surcos aquí donde ya no duermo,
surcos que prolongan la existencia
de mis brazos.
Bajo el sol
mi cuerpo al atardecer
con futuros poemas cubriendo
un canto especial de mariposa.

Reñía y saltaba
como los peces
y tenía un rincón para escribirme a solas
de niña a niña.
Y me perdía ya
por donde voy ahora
sin saber que era el viento contra mi ave
o la barca a punto
de convertirse en viento.
Entonces
no tenía entraña mi palabra,
era un espléndido cautiverio
de sol y hechizo y palabras
sin despertar del todo el misterio de un pozo
que llevaba entre enredaderas.

Mi primer poema
lo dediqué al junco,
a la veleta en el horizonte,
a mis perros que ya corrían para alcanzarme
y morder de mi gaviota.
Mis sueños confundían los rincones de la casa
o eran las esquinas puntos bellos
para nacer
o labrar un verso a la sombra.
Recorría eras,
y un pantano de color gris
cuando empezó mi amistad
con la gaviota
o palabra mía
que picoteaba mi frente.

Mi amor había caído en paz
como la prolongación del sueño
y veía a la hormiga
y ya podía pensar «lleva luto»
o me entristecía la higuera
abiertos sus frutos a cualquier insecto.
Sus frutos que aún no eran mis senos
olían a prisa
de crecer y entristecerme.
Ya entonces tenía poemas,
poemas ocultos
como los de tantos niños
que se esconden de sí
y escriben su llanto
en la primera mirada a su sexo.
Pero tenía estos y otros poemas,
llevaba un pozo de enredaderas
y el cautiverio de la palabra.

Hasta que un día dormí
con mis brazos
definitivamente abiertos
para decir mis cosas
en el poema que llevaba
a flor de esta boca caliente.

 

 

 

 

VENCIDA

Dónde el anillo
Dónde la yerba,
y él perdido en ella?
Las flores apretadas
como besos y palmas
La luz abriendo
caricias
en la cima de la tierra.

Es la calma
del amor vencido.
Del amor, vencida.

Dónde el anillo
Dónde la cita,
claridad del poema?

Cruzándose el cielo
aves con ansia suben
hasta hacer de la dicha
un punto de cruz
que se borda en la tarde.

Atrapada
una rosa
está en el suelo.

Es la duna
del amor
vencido
vencida
oración
tan honda.

 

 

 

 

CREPÚSCULO TÚ Y YO

Adiós. Me dijo el can
cruzándose en el camino.
Él salía de entre el maíz
y sus torreones de piñas
todavía nacientes, fragua
sin límite de luz.
Como él aguardaba lejos
vino de su humedad mullida
que también era la cabaña
de mi cuerpo a solas.
De pronto, can vivir, brisa.
Adiós le respondí.

Eres la sorpresa
de tu boca,
que escribe.

No muevas el secreto de la poesía.
Sólo la existencia tú y yo.
Andar desnudos por los campos,
irte, venir, pisar un verso
en esta hoja
mientras la brevedad del crepúsculo.
Es fuego la melancolía
que también se apaga
en el vuelo nervioso
de nuestro gorrión enésimo.

Miramos que está encendiéndose
la luna de pétalo diario, can vivir.
La faz de verso mínimo
para iluminar alcoba,
suelo que no duerme,
cuerpo que es el campo
de la noche entera.

Ni en sueños salta
el secreto de la poesía.
Jamás.

 

 

 

 

LA TINIEBLA

Qué le vamos a hacer, es bellísima.
Un instante de oración a su lado
viene con trazas de fin de mundo,
bellísima, la tiniebla.
¡Qué extraño arrancarle su tránsito,
sus fronteras, brazos, ingles, da igual
disparate o anhelo!
Al fin todo desaparece.

 

 

 

 

DE LA BELLEZA, SU VUELTA

No me oye.
Un río viene
de una boca en la altura
pasa cerca de la casa
donde escribo y vivo.
No le hago falta.

Irme hasta el hueco
de donde baja esta belleza imparable
para decirle:
regresa y sube a lo que eres
a tu primer hilo de voz
hasta hacerte río,
danos la experiencia única
distinta a tus hermanos
de no entrar en mar.
Vuelve arriba, toma universo
como al abrirse el punto manantial
en la panza telúrica.

Ventana de contemplación,
dime cómo se anula
el pozo de todas las ausencias
el destino de lo que se ha amado,
este corredor de pasos temporales
que como el río fluye
y lame lo que está creado.

De la belleza, su vuelta atrás.
Imploro para atraparla
en la corriente.
Pero no me oye.
No le hago falta.
No regresará.
Jamás.

 

 

 

Canelo, Pureza. Palabra naturaleza. Badajoz; Fundación Ortega Muñoz, 2020.

 

 

 

 

P.D. Leed esta magnífica reseña del libro.

 

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