Archivo

Posts Tagged ‘nosotros’

NOSOTROS

Tenía pendientes los últimos libros de Ginés Aniorte, y al pasar el otro día por la biblioteca decidí sacar ‘Nosotros’, un libro que hace ya cuatro años que vio la luz.

 

Ginés Aniorte 'Nosotros'

 

Aquí tienen algunos de los poemas que me emocionaron en su primera lectura.

 

 

CUANDO yo tenía unos cinco años,
mi padre renegó de aquel destino
que el mundo nos brindaba,
y decidió enfrentarse a la fortuna
marchándose muy lejos
en busca de otra suerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa noche que se fue,
mi madre, temerosa
de que ya no volviera –o sólo enamorada–,
gritaba por la casa como loca,
y en aquel desvarío avivado, sin duda,
por la gente que vino a despedirlo,
el aire se impregnó de una extraña desdicha,
que hoy –después de tanto tiempo–,
alienta todavía en mi memoria
y, al pensarla, me embriaga de no sé qué infortunio
o velada tristeza.

Sentada en un rincón, inconsolable,
mi abuela sollozaba entre oraciones
que pedían al cielo por su hijo,
y aquello era un duelo en el momento último
cuando al muerto se llevan.

El equipaje estaba preparado en la entrada,
y un 1500 negro,
que tenía el aspecto de un pájaro agorero,
esperaba en la calle.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxLuego llegó la hora.
Entre abrazos y besos sacaron las maletas,
y yo me asusté mucho cuando el coche arrancó
y el cuervo se llevó a mi padre en sus garras.
De aquella noche lejanísima
recuerdo, sobre todo, el beso interminable
que mi padre le diera a mi madre en la boca.

Después, de vez en cuando,
el cartero traía cartas llenas de nieve
que mi hermana, muy seria,
descifraba con labios temblorosos
mientras todos llorábamos
heridos de nostalgia y de kilómetros,
y yo hallaba consuelo
admirando las fotos de quien tanto extrañaba
porque había en su rostro el aura prodigiosa
de sagradas imágenes.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPasaron largos meses
como grandes desiertos,
y mi padre volvió para poner
un tejado impecable a nuestra casa
que, desde entonces, tuvo para mí un dormitorio,
y por borrar la sombra
que su ausencia imprimiera en las paredes,
compró un televisor
donde yo confundí la vida con los sueños.

Pero aquel hombre joven
que, a los ojos de un niño, volviera como Lázaro
para jugar conmigo
y subirme a sus hombros,
volvió a irse de nuevo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMás cartas y más lágrimas,
y fotos enturbiadas de nevados paisajes,
consiguieron, al cabo, que mi infancia,
como un sueño del tiempo,
aún esté por cumplirse.

 

 

 

 

EL EXTRANJERO

Abrazaba yo entonces los años más dichosos
–que siempre suelen ser aquellos
en que ignoramos todo de la vida–,
y me inquietaban las arrugas
del rostro deslucido de mi abuela.
Me fijaba en los pliegues de su cuello
y en los surcos ajados de sus manos
que, por amor, yo imaginaba
con el tacto y la luz del terciopelo.
El tiempo todavía era algo remoto
que habitaba un lugar desconocido,
aunque ya, como estigma, se anunciaba
en la tierra sin sol de su carne marchita.

Más trade me fijé en las de mi padre;
los cauces de su frente eran espejo
de los años que fueron sucediéndose,
y en su boca ya herida amanecía
el rictus apagado de un otoño.
En la playa abatida de su pecho
se escuchaba el rumor embravecido
de las olas de un mar antiguo y solo
que arrastraba los restos de un naufragio.
Y aquel lugar soñado –que era el tiempo–
se avistaba a mis ojos entre brumas
como un barco pirata que amenaza.

Hoy descubro, al mirarme, mis arrugas,
y las líneas que trazan en mi cuerpo
son augurios certeros, despiadados,
que al andar de mis pasos van cumpliéndose.
Se ha plagado mi piel de inconveniencias;
las estrellas que ayer lucían altas
han mudado su luz por manchas turbias
en el cielo tiznado de mi cara.

Reconozco esta tierra que hoy me acoge,
pero extraño su aire melancólico.

Vivo como un proscrito desalmado,
y los días de ayer son enemigos
que conmigo cayeron en el frente
de una guerra que yo nunca libré,
pero he perdido.

xxxxxxxxxxxxxxxEl extranjero habita
en un país ajeno
y, sin embargo, el único.

 

 

 

 

EL QUINCALLERO

Aquel señor de oscuro
llevaba una maleta sucia y rota,
y venía, a menudo, por la tarde,
cuando el sol, derrocado,
abandonaba el oro de su reino.
Se detenía, como siempre,
a la sombra apacible del olivo
y, antes de que acudieran las mujeres
para ver los primores que anunciaba,
se abría la maleta
deslumbrando con blondas y puntillas,
botones, cintas, hilos…

Mi madre se acercaba con premura
y yo veía reflejarse en su rostro encendido
los encajes de seda que adornaban
el ajuar, aún soñado, de sus hijas.
Cuando la suerte se mostraba favorable,
compraba una cenefa, un bordado precioso,
un flecoque, al tocarlo,
dejaba su tersura entre los dedos,
algún calado, un lazo de organdí
que prendía en la blusa de mi hermana.

Aquel hombre de oscuro y hablador
cerraba su maleta de repente
y, lo mismo que un viento,
se iba con la tarde
barriendo con su sombra los caminos.

La vida ya se rinde a la memoria,
y los ojos sombríos de mi madre
hoy se muestran vidriados por el tiempo,
y, a veces, al mirarme, los descubro
ribeteados por el brillo
de aquel encaje veneciano
que acabara luciendo –a su pesar–
en el lecho afligido y sin consuelo
donde un cinco de junio
amortajaron a su hija.

 

 

 

 

LA FOTO DE BODA

Hace años, buscando algo perdido,
mi madre y yo encontramos
la foto de su boda
en un cofre, olvidada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa miramos, absortos,
con el asombro que procura
el hallazgo feliz de las cosas que, un día,
nos brindaron la luz para cegarnos
con su efímera gloria.

–Estás guapísima –le dije–.
Pareces una reina.

De repente, un fulgor oscurecido
por la sombra del tiempo
que todo lo entristece, apareció en sus ojos
para hablar del vestido que llevaba.
Me comentó que era de una prima
que se había casado poco antes;
que la toca blanquísima
–en el retrato, ahora, amarillenta–
se la dejó una amiga
que murió no hace mucho.
No se ven los zapatos,
pero eran de mi tía –quiso decir,
prestados–.
xxxxxxxxxxxDe los guantes no sabe, no recuerda…

Y al final, sonriendo –cosa en ella muy rara
si habla del pasado–,
añadió con ingenio:

–Sólo el novio era mío.

 

 

 

 

EL CINE DE VERANO

Al regresar del cine de verano
yo volvía subido
a la espalda robusta de mi padre,
y a mí me parecía que iba a lomos
del pequeño elefante que montaba
el hijo de Tarzán,
y que a veces, de pronto, para que yo riera,
galopaba.
xxxxxxxxxTendría acaso cinco años,
y, desde arriba –por jugar–,
imaginaba el mundo semejante
a una selva plagada de amenazas
que algún grillo anunciaba con su canto,
pero yo estaba a salvo de las sombras
de aquella noche expuesta
a innumerables riesgos y desdichas
que todavía, al recordarla,
celebra su recuerdo y me conmueve.

Han pasado los años
y a duras penas, hoy,
consigo abrirme paso por la jungla
de los días que ponen su trampa en mi camino.
La vida ruge a mis espaldas;
los peligros me acechan.
Y el elefante, ahora, muy cansado y ya viejo,
busca la senda que conduce
a un lugar que merece y ha soñado.

 

 

 

 

MADRUGADAS

En los días aquellos del principio
–cuando yo era aún la promesa de un hombre
y la vida estrenaba su amenaza–,
a altas horas de la noche, y a menudo,
solía despertarme en medio del silencio,
temeroso del alma y de las cosas
que ocultaban su luz
a mis sentidos.
xxxxxxxxxxxxxxY, entre sueños,
entonces, contemplaba las visiones
de horrorosos espectros que oprimían mi pecho
asustadizo, y parecía así
que el mundo todo, de repente,
estaba abandonado de la mano de Dios,
vacío, y que yo solo entre las sombras
–indefenso y perdido bajo el cielo–,
respiraba, olvidado.

En aquellos moentos deseaba
que mi padre tosiera
por romper ese tono insoportable
que muestra la presencia de lo oscuro
cuando todo lo llena de su nada;
o que en el fondo del pasillo, milagrosa,
se encendiera la luz
del cuarto de mi hermana porque acaso también
no pudiera dormirse;
que el canto distraído de un viandante
o el ruido lejano –y misericordioso–
de un motor, que a lo lejos se perdía,
le robara a la noche su terrible destino.

Si aguzaba el oído podía oír, tan sólo,
el tic-tac de un reloj meditabundo
que velaba el descanso de mi madre
y hacía aún más hondo aquel abismo.
Cualquier señal de vida
hubiera sido suficiente
para abrazar de nuevo el sueño
y proscribir la angustia y el espanto
de aquellas madrugadas.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDespués de tanto tiempo,
quién me iba a decir
que, en medio de otras noches
–temeroso de cosas bien distintas
y herido por el paso de los años–,
amaría el silencio que ofrenda el abandono
y que, harto de ser, entendería
que ya no hay soledad
que no celebre el alma tan cansada.

En las noches que ahora me conceden
el gastado latir de un mundo viejo,
cualquier señal de vida
es ahora un peligro
que adopta el cuerpo torvo de un fantasma.

 

 

 

Aniorte, Ginés. Nosotros. Sevilla; Ed. Renacimiento, 2009.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más