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Posts Tagged ‘natxo vidal’

ASÍ TERMINA

 

Y LUEGO las palabras:
qué significan.
Naranja, por ejemplo.
Si yo me imagino una naranja,
al escribir sus sílabas:
na-ran-ja
(una naranja
sobre una mesa de madera,
justo a las doce en punto,
cuando la luz
tiene esa claridad de espuma
y leche que el Mediterráneo
lanza,
justo a las doce en punto, contra el cielo
y luego el cielo posa, lentamente,
encima de las cosas)
pienso en mi infancia.
En un verano largo. Casi
siento los pies entrando en la piscina.
Para mi abuela, sin embargo,
imaginar una naranja,
al escribir sus sílabas:
na-ran-ja
(una naranja
sobre una mesa de madera,
justo a las doce en punto,
cuando la luz
tiene esa claridad de espuma
y leche que el Mediterráneo
lanza,
justo a las doce en punto, contra el cielo
y luego el cielo posa, lentamente,
encima de las cosas)
era un invierno largo, con dolor
de estómago.
Medias raídas, sabañones.
Miseria.
Humillación y llanto.
Nenico, nos comíamos la piel
de las naranjas,
por comer algo.
Así que nada
de pies entrando en la piscina.
Naranja.
Na-ran-ja.
N-a-r-a-n-j-a.

 

 

 

 

NO CREAS que no lo he pensado.
¿Qué tiene
de nuevo un libro de fragmentos?
Pero no son fragmentos, son
esquirlas.
Pedazos desprendidos.
Cosas que duelen.

 

 

 

 

THELONIOUS Monk
da un pisotón en Tokyo
y una cadencia nueva
florece en algún club de Broadway,
como una bella mariposa.

Es 1963,
cuando la vida
aún era posible.

 

 

 

 

HA SIDO, sobre todo,
Trains Across the Sea.
Y ese verso final,
igual que el mar batiendo contra el muelle.

 

Lo mismo pasa con la nieve.
A mis hijas les gusta.
Sueñan con que
suspenden el colegio.
Desayunamos juntos
y nos ponemos botas y
bufandas.
Y nos hacemos fotos y jugamos
y luego nos duchamos con
agua caliente.
Hay quien se asusta,
sin embargo.
Mi suegra, por ejemplo.
Piensa en la nieve y baja las persianas.
Descalza
iba yo por la nieve, dice.
No prendía la leña.
Se nos morían las gallinas.
Y era todo tan blanco.

¿Qué significan las palabras?
Di nieve.
Nie-ve.
N-i-e-v-e.

 

 

 

Vidal, Natxo. Aquí termina. Elche; Ediciones Frutos del Tiempo, 2020.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXI)

El viernes pasado, tras la presentación en la ciudad de Murcia de éste, su primer libro de relatos, Natxo Vidal tuvo a bien regalarme un ejemplar de esta maravillosa edición que ha llevado a cabo la editorial Balduque en su colección Sudeste.

 

 

LLEGADAS

diciembre 31, 2018 Deja un comentario

 

Este año han llegado a casa varios libros y algunos discos, y quiero dejar constancia públicamente del agradecimiento hacia quienes han hecho que mi biblioteca y mi discoteca particulares hayan aumentado en cantidad y calidad.

Gracias por sus libros a Vicente Velasco, a Carlos Vitales, a José Luis Martínez Valero, a Ramón Bascuñana, a Natxo Vidal, a Manuel Rico, a Eugenio Sánchez Salinas, a Alfredo Rodríguez, a Sandro Luna, a Óscar Navarro, a Luis Sánchez, a Javier Sánchez Menéndez, a la editorial El Sastre de Apollinaire, a Joaquín Calderón y a Pedro Gascón.
Además, no quiero olvidarme de los regalos musicales que me han hecho Paco Cifuentes y Lichis.
Por supuesto, también a Alberto Alcalá, a Ferrán Exceso, al niño de la hipoteca, al Kanka, al Manin y a Álvaro Ruiz, por contar conmigo cada vez que pasan por Murcia y traen su música a esta ciudad.
Y, por último, quiero agradecerle a María Marín que contara conmigo para presentar su primer libro.

Gracias a todos.

 

SIN QUE NADA NI NADIE NOS AVISE

 

xxxxx9

xxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
xxxxxxxxxxxxxxen una de esas noches memorables
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde rara comunión,…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJaime Gil de Biedma

Una mañana,
sin que nada ni nadie nos avise,
todo se romperá.
Es de las pocas cosas
de las que estoy seguro.
No habrá señales.
De pronto los aviones,
la luz
atravesando el vidrio azul de las
botellas
en ciertas habitaciones de hotel,
la comunión en noches memorables
no habrán servido para nada.
Ocurrirá
y seguirás oliendo como siempre.
Ahora, mientras tanto,
volvamos a la cama,
antes
de que seas un cuerpo entre la gente.
Un nombre más:
otra mujer, tan solo.

 

 

 

 

xxxxx22

Deja que todo
vaya
ocupando su sitio.
Ella no va a volver.
Te quedan el olvido,
los días, la ginebra.
Las páginas de todos esos libros.

No puede ser tan malo.

 

 

 

 

xxxxx23

Llevas hablando todo el día,
diciendo que, tal vez, si detuviéramos
el tiempo.
Una oportunidad, has dicho;
algo así,
alguna cosa parecida.

El tiempo detenido:
solo dolor, entonces.

Vuelve a explicármelo.
Tal vez lo merecemos,
pero no sé si es eso lo
que quieres.

 

 

 

 

xxxxx6

Llamas para contarme que regresas
a visitar Atenas nuevamente,
que tu pasión por Grecia sigue intacta
y que lamentas mucho
que yo no te acompañe.
Yo trato de decirte que los siento,
que son muy malas fechas, que no puedo,
pero los dos sabemos
que ya no me apetece.
Así que irás
y volverás diciendo no sé qué
de la cultura clásica, de nuevo.
Que si la trascendencia, que si la
belleza.
Alguna cosa sobre el equilibrio,
el orden, la pureza de
sus formas. Vamos:
lo mismo que les cuentas
a tus alumnos en el instituto.
A mí, qué falta de respeto.
Yo te diré que sí, que vale, que
de acuerdo.
Que está muy bien eso de las estatuas,
pero que a ver si ves
esa película de Bertolucci
con Eva Green haciendo de
Venus de Milo (solo con esos guantes negros),
no puedo hacerte nada,
no tengo brazos,
mientras Jim Morrison aúlla,
como desde otro mundo,
I’m a spy in the house of love,
I know the dream that you’re dreamin’ of
y todas esas cosas.
Y luego ya me cuentas.

A Grecia, dices.

 

 

 

 

xxxxx7

Lo pensarás un poco
(el recuerdo de las últimas veces,
tú y yo:
todas esas heridas)
y finalmente
abrirás la puerta.
No es una buena idea, pero créeme:
no hay nada mejor
que arrepentirse.

 

 

 

 

xxxxx11

No es posible seguir con atención las explicaciones sobre

xxxla primera declinación latina
xxxla ecuación de segundo grado
xxxla influencia idecisiva ide Johann Sebastian Bach en la his-
toria de la música y su papel preeminente en la consolidación
y el desarrollo de la armonía tonal
xxxla importancia idel ipensamiento ide la escuela económica
de Chicago sobre la conveniencia del ilibre imercado iy su im-
pacto en las economías mundiales
xxxlos iefectos idevastadores de la implantación del monocul-
tivo en las zonas más pobres del planeta ien ibeneficio ide un
modelo ide iconsumo icamicace, eje de las economías capita-
listas y cómplice en la inexorable inercia idestructiva de la hu-
manidad en su conjunto hacia ninguna parte

x
con
una erección brutal entre las piernas.
No se puede.
Una erección así lo imposibilita todo.

 

 

 

Vidal, Natxo. Mi parte de la pólvora. Madrid. Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

LOS POEMAS 1 Y 21 DE ‘MI PARTE DE LA PÓLVORA’

 

xxxxx1

Los mejores hoteles.
Los locales de moda, solamente.
Ginebras importadas, cigarrillos
caros.
Únicamente marcas exclusivas.
Entradas VIP, pasajes preferentes.
Me acuerdo bien de todo.
De modo que
vamos a hacerlo como a ti te gusta.

No te mereces un dolor cualquiera.

 

 

 

 

xxxxx21

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Noelia Illán

Habrás oído
todas esas canciones, hablando de cosas tan hermosas.
De todas, Aunque no sea conmigo
es
mi favorita.
Ya sabes, todo aquello
de que si ahora tienes
tan solo la mitad/ del gran amor que aún te tengo/
puedes jurar/ que al que te tiene lo bendigo,/ quiero que seas feliz/
aunque no sea conmigo.
O Confesión, ¿recuerdas?
Un tango anti persona
que te rompe el alma:
Hoy, después de un año atroz, te vi pasar:/ me mordí pa no llamarte./
Ibas linda como un sol…/ Se paraban pa mirarte./ Yo no sé si el que
te tiene así se lo merece,/ sólo se que la miseria cruel que te ofrecí/
me justifica al verte hecha una reina,/
pues vivirás mejor,/
lejos de mí.
O esa ranchera milagrosa,
con la letra más cursi de la historia:
Ojalá que te vaya bonito,
ojalá que se acaben tus penas.
Que te digan que yo ya no existo,
que conozcas personas más buenas.
Habrás oído
todas esas canciones, todo lo
que dicen.
Olvídalo:
yo también he pensado mis deseos,
ahora que me han dicho por ahí
que estás muy guapa
y que lo vas contando:
que yo soy el pasado,
que todo es diferente y es mejor
(comer
dormir
tumbarte sobre el césped)
desde que no soy yo quien te acompaña.
Voy a decirte algo:
durante mucho tiempo
te quise
como quieren los perros a su dueño.
Pero no te equivoques
(cuesta mucho decirlo,
ponerlo por
escrito):
yo te deseo lo peor,
una espiral sin fin de sufrimiento.
Cien dolores pequeños cada noche,
todas las noches de tu vida.
Y que todos los dientes se te caigan
cuando sea otra lengua y no la mía
la que se meta dentro de tu boca.

 

 

 

Vidal, Natxo. Mi parte de la pólvora. Madrid. Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

MI PARTE DE LA PÓLVORA

 

xx—Otra ivez. xVuelve ia iescribirlo. iRecuerda ique iBukowski
publicó su iprimera inovela ia ilos cincuenta años. iLo ihe visto
en ese documental horrible, Born into this. iitodavía itienes
tiempo.
xx—Bukowski es una mierda.
xx—Ya. iPero ieso ino icambia iel hecho de que publicara su pri-
mera novela a los cincuenta años. Ni ide ique iese idocumental
sea horrible. Ni de que tú (esta es la parte importante) todavía
tienes tiempo. Para escribir. Para encontrar el modo.
xx—De iacuerdo. iPero iBukowski ies iuna imierda. iSi vamos a
hablar de muchas cosas quiero que eso, al menos, quede claro.
xx—Bien. iPero vuelve a escribirlo. iOtra ivez. iHasta iencontrar
el modo.

 

 

 

 

Afuera
es
de noche.
Adentro es tarde.
Aún dormimos juntos aunque ahora
no significa nada.
Es lo que el tiempo ha hecho con nosotros.

Ya solo te
recuerdo.

 

 

 

 

Deja que todo
vaya
ocupando su sitio.
Ella no va a volver.
Te quedan el olvido,
los días, la ginebra.
Las páginas de todos esos libros.

No puede ser tan malo.

 

 

 

 

No tuve agallas
para morir debajo de mis vómitos,
hermoso y joven,
a los veintisiete,
dejando tras de mí
tan solo
una docena de buenos poemas,
menos
tal vez
incluso.
A cambio
el beneficio de la duda,
los límites
desconocidos para siempre ya
de mi escritura.
Pero no tuve agallas,
y lo que queda es esto:
solo
una docena de buenos poemas,
menos
tal vez
incluso,
escritos hace tiempo,
entre un montón inmenso de basura.

La sensación atroz de haberme equivocado.

 

 

 

 

Ocurre siempre.
Como en Pulp Fiction, como en Daredevil.
Un día
te niegas a perder de nuevo.
Así que apuestas, sales y golpeas.
Y ganas.
Y entonces
todo
se vuelve más difícil.

 

 

 

 

Dicen que somos agua
al noventa por ciento.
El resto son problemas.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstiércol de primera.
xxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxJosele Santiago

Me lo decía siempre.
Recuerdo sus palabras.
Haz, hijo, lo que quieras en la vida.
Pero hazlo bien.
Así que aquí me tienes,
obedeciéndole,
hecho un montón de estiércol de primera.
Una buenísima montaña de
basura.

 

 

 

Vidal, Natxo. Mi parte de la pólvora. Madrid. Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

‘MI PARTE DE LA PÓLVORA’, DE NATXO VIDAL, HOY EN MURCIA

 

Esta tarde presenta Natxo Vidal su último libro en Murcia. Si les apetece, allí nos vemos.

 

ÍCAROS DESORIENTADOS

Visita a la playa

 

HAY una teoría
según la cual en algún sitio lejos
tal vez al otro extremo del planeta
en mis antípodas
existe un hombre como yo:
mi estrella par
mi alma gemela
el otro cabo de la cuerda el hombre
que sueña con mi sueños antes
de que sueñe con ellos
que siente antes que yo lo que siento
con diez o doce horas
de ventaja

no sé si él lo sabe
si como yo es consciente de la vida
de mierda que tenemos en el caso
de que tengamos vidas paralelas:
dos veces cada día
una
cada diez mil kilómetros
el mismo tipo de basura:
mi estrella par
mi alma gemela
el otro cabo de la cuerda el hombre
que sueña con mis sueños antes
de que sueñe con ellos

ignoro dónde estás
cuál es tu nombre
pero lo siento mucho

lo siento
mucho.

 

 

 

 

ME bastas tú,
una ciudad cualquiera
y un dios al que poder encomendarnos,
hecho de piel,
de carne y de deseo.

Es una lista corta, ya lo sé.
Pero no falta nada.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxLe pregunté a la culta dama si conocía el cuento de
xxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxAugusto Monterroso titulado “El dinosaurio”.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxx-Ah, es una delicia- me respondió-, ya estoy leyéndolo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJosé de la Colina. La culta dama.

PUEDES pensar
que han sido necesarios seis mil años
(los libros de Virgilio las pirámides
la Eneida la Odisea
los griegos los romanos
culturas aplastándose formando
otras culturas nuevas
guerras interminables desembarcos
en nuevos continentes
siglos de luces y de sombras
de amor y de barbarie
y Gutenberg sentado ante el futuro
la iglesia y Marx y Hegel y Platón
y luego los pintores los poetas
Valente por ejemplo
o Hopper o Velázquez o Picasso
el jazz Miles Davis Charlie Parker
las máquinas y Freud Rayuela
el muro de Berlín cayéndose a pedazos
la posmodernidad el punk
Strummer Los Ramones Johnny Cash
Apocalipsis Now
Leibovitz Dylan Lennon Calamaro
y así hasta ayer
por resumir un poco
y no entrar en detalles).

Puedes pensar en eso, recordar
que un río
no pasa dos veces nunca por el mismo sitio.
Tirar de clásicos,
tratar de demostrar que vuestro encuentro
obedece a un plan preconcebido,
a sendas insondables de la sangre,
los astros,
la suerte o el destino.
A la causalidad insobornable
de la historia,
el arte,
la cultura.
La civilización, en suma.

O puedes meterle ya la lengua dentro de la boca
y dejarte de tantas tonterías.

 

 

 

 

AHORA no lo ves
(el engranaje lento de los días,
esta casa,
el sexo como hábito constante,
esta vida sin riesgo
ocultan la evidencia)
pero tú y yo soñamos otra vida.

No te atormentes,
la culpa no es de nadie;
hay que comer tres veces cada día.
Mira por la ventana:
el mundo nos ofrece
una hermosa mañana de febrero,
y olvida lo que digo.
Después de todo
sigues oliendo igual que el primer día.

 

 

 

 

POR una caja llena de cerezas
rojas
por un antiguo blues de Robert Johnson
y por tu lengua dentro de mi boca

hoy

si estás dispuesta
si tú quieres pagarlo
me dejaré comprar por ese precio.

 

 

 

 

DEJAR que el sol se ponga.
Subir a las terrazas,
contemplar
la vida en la ciudad:
abierta y luminosa
como son luminosas las heridas.
Mear en las cabezas de la gente,
mojar
el dedo en la ginebra y escribir
tu nombre,
rascarle al gato de la noche
la barriga
y colocarnos en mitad de nada:
justo
entre el espejo líquido del tiempo
y el sábado sin luz de la nostalgia.

Ahora ya lo sabes:
no estábamos cargados de futuro.
Reconozcámoslo:
no era verdad que el mundo
estaba más allá de las botellas,
detrás de los neones
del sexo y el exceso.
No quiero que se entienda mal:
estuvo bien,
pero no nos llevó a ninguna parte.
Cuando ya se hizo tarde
para seguir jugando a los borrachos,
era ya tarde para casi todo.
Tuvimos que aprender,
en poco tiempo,
una manera nueva de querernos;
a distinguir el tenedor de carne
del de pescado, a caminar
por un alambre cada vez más grueso,
más bajo
y menos peligroso.
A esta manera nueva de vivir,
en suma.

Puedo afirmar sin miedo a equivocarme
que te quiero.
También que tú me quieres,
pero no sé si eso es suficiente.
No sé si es suficiente y sin embargo

que es más de lo que un hombre como yo
merece.

 

 

 

 

CARMINA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara Andrés García Cerdán

UN disparo de luz
un diapasón de sombra
una espiral de fuego y de ceniza
(donde hay peligro, ahí estoy yo)
un cartucho
de dinamita dentro de la boca
los cuadros de Pilar Belmonte
una mañana rara
(las cosas van muy bien últimamente)
un libro
una guitarra un bote de cerveza
(nuestro primer encuentro:
De todos los que estamos aquí
uno, al menos, te ama)

un trueno
una tormenta
dentro de una tormenta
un disparo de luz
un diapasón de sombra.

 

 

 

 

UN hombre
se mira en el espejo por encima
del hombro.
Una mujer lo abraza sin saberlo.
Van a hacer el amor,
pero les sobra uno.

 

 

 

 

BREVE HISTORIA DE AMOR

Yo sólo sé una cosa:
un día
despertará y el dinosaurio ya
se habrá marchado.
Ocurre siempre, antes o después.

 

 

 

 

ANTES,
cuando mis pies tenían
la edad de las aceras, todo
tenía solución con mercromina.
Ahora,
tres mil años después
(no sé ni cuánto hace ya de aquello),
todo puede arreglarse con dinero
(en ocasiones,
además,
algunas cosas
solo
con dinero).

Hemos ido a peor,
sin duda alguna.

 

 

 

 

BREVE AUTOBIOGRAFÍA INCOMPLETA EN TERCERA PERSONA

CUANDO regresan,
los hombres que partieron
hacia ningún lugar, de dónde vuelven.

A qué nombres responden.

 

 

 

 

LA tesis es sencilla y recurrente:
la mejor parte de la borrachera
es la que no recuerdas.
Es la única explicación para lo nuestro:
debimos ser felices
solo que no me acuerdo.

 

 

 

 

ESTRATEGIA

UN puñado
de zorras proletarias a la puerta
de un gallinero de gallinas ricas
(aburridas y gordas
y con las crestas fofas).
Unas cuantas cigarras marginales
en posición de ataque,
sosteniendo
consignas incendiarias.

Cero retórica
(tal vez algún poeta en los eslóganes):
la piedra sigue siendo la distancia
más corta entre dos puntos.
Remaches,
tubos de acero, tuercas y tornillos.

Nada de por favor.
Nada de gracias.

 

 

 

 

TATUAJES
tabaco de liar
papel de plata
una canción sonando desde ayer
en bucle
en el equipo
latas de atún tiradas por el suelo
entre mecheros rojos
cuerpos en ruinas
y restos de basura
ya ni recuerdo si nos avisaron:
es cuanto queda
del cofre del tesoro.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe sé hacer de todo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxJosele Santiago

EN cuanto al sexo
como en todas las cosas:
mejor solo
(por organización por coste por
logística
por hábitos higiénicos)
que mal
acompañado

todo
entre mi mano y yo
de forma democrática:
minoría absoluta.

 

 

 

 

NOS cuesta tanto y aprendemos tan
despacio.
Millones de caricias para nada,
una vida de lágrimas inútiles,
una y mil veces el mismo fracaso
para saber, al fin,
dos mil años después de la primera vez,
que solo es necesario utilizar
una palabra
para decir adiós:
adiós.

Es una palabra meteorito:
cuesta creer que cause tanto daño
con tan poquitas letras, siendo tan
pequeña.

 

 

 

 

Y mientras todo cambia
el mapa de tu sexo permanece
mostrando
inalterable
el único camino hacia el tesoro.

 

 

 

Vidal, Natxo. Ícaros desorientados. Murcia; Ed. Raspabook, 2015.

 

MARCA BLANCA

noviembre 24, 2015 Deja un comentario

La chispa de la vida

 

NI altezas ni hacendados
pero cuidado con nosotros:
somos la marca blanca
entre tanto poeta consagrado
y a poco que nos dejen
vamos a reventarlo todo.

 

 

 

Vidal, Natxo. Ícaros desorientados. Murcia; Ed. Raspabook, 2015.

 

OTOÑO DE 2013

Manifiesto 14

 

 

Y aquí tienen algunos textos del número 14 del Manifiesto Azul.

 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

ELLA SUEÑA CON NUBES

[Karmina Ramírez]

Ella sueña con nubes altas, sueña
con Joe Strummer, con Londres ardiendo,
con las noches del punk. Sueña que Joe
le regala un banjo y que pesa tanto
que no puede llevárselo a casa: se le cae
siempre. Despierta. Traza, con los trazos
de una niña, increíbles escaleras,
siluetas urbanas, muñecos apresados
en una habitación verde, ventanas
abiertas al vacío, chicas de pelo largo.
Sueña que toca el banjo con joe Strummer.
En las cristaleras de todas las tiendas viven
matriuskas y juguetes de segunda mano,
clicks muy antiguos. Sueña con Malta:
allí la esperan ejércitos de olas.
Bajo un cielo absolutamente azul,
con suavidad cruzado por dos o tres islas
blancas, la veo volar sobre esas olas
y comprarse un vestido transparente.
En secreto la oigo cantar una canción
para que no se acabe nunca el sueño.
Quiere despertar para siempre en brazos
de un guerrero de plástico irrompible.

 

 

JOAQUÍN PIQUERAS

ENSEÑAR A LOS CLÁSICOS

Y mostrando la mejor de sus sonrisas,
confesó la alumna de Filología Hispánica
a su profesor de Literatura:

-Si hay algo que humedece mis ojos
y hace palpitar mi cuidado hasta hundirme
en las entrañas de la tierra
es aprender literatura hincada de rodillas,
porque no hay, no existe placer
más grande que tu enhiesto
surtidor de sueños iniciándome
en el suculento sabor de los clásicos,
sentir a través de su plectro sabiamente meneado
a berceo tocándome la campanilla
con su alejandrino cesurado;
al Arcipreste templando mis cuerdas vocales,
al tiempo que susurra entre espasmos
“sírvela, no te canses, sirviendo el amor crece”;
a Manrique con sus ríos que van a dar a mi boca,
a se acabar e consumir;
a Fray Luis, enfurecido león cuando
frecuenta la escondida senda de mis labios;
a San Juan, hiriendo mi cuello,
dejándome despeinada y sin sentido;
a Garcilaso, que de sí mismo él se corre agora;
a Cervantes, Góngora, Lope, Quevedo,
cuatro glandes a mi lengua pegados,
¿y Calderón?, ay, infelice de mí,
apurar a todos los clásicos pretendo.

 

 

NOELIA ILLÁN CONESA

BILBO

xxxxxxxxxxxxxxxxxContigo he descubierto
xxxxxxxxxxxxxxxxxque soy un tipo débil.
xxxxxxxxxxxxxxxxxCarlos Ann

Imagíname borracha por esas calles,
con un vaso apurado en la mano,
buscando el taxi que me lleve al hotel
porque no recuerdo el camino de vuelta.
Imagíname con el pantalón a medio abrochar,
con el rímel esparcido y tecleando el móvil a tientas
para mandarte un mensaje.
Imagíname así,
perdida en la ciudad de las siete calles,
entre Sondica y Zamudio,
testigo del libertinaje más obsceno que puedas,
con los ojos abiertos al júbilo
y la palabra certera de una noche poética.
Y ahora, cuando tengas esa imagen clara,
nítida,
imagínate tú ahí,
inmerso en la noche norteña,
camino del hotel de mala muerte,
militante de mi cuerpo luego,
si encontramos, claro, un taxi de vuelta.

 

 

DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR

HIDROCARBUROS

Tenía ganas de pasear. no podía soportar otra noche frente al televisor. Ese parloteo estridente de películas donde hombres y mujeres se afanan en tramas sin sentido. Qué tenían ellos que ver conmigo. Qué tenía yo que ver con sus amores, sus celos, sus crímenes avariciosos. Desde pequeño me ha pasado. No sentirme parte de este mundo, ver a todas las personas como a través de un grueso cristal; observar cómo, desde su mundo extraño y luminoso, etéreo, mueven sus labios, gesticulan.
El ascensor abrió sus puertas en medio del silencio del edificio. Todos los vecinos estaban encerrados en sus cuevas a esta hora, tras sus puertas con mirilla. Entré en la cápsula, dentro de su zumbido y su luz reveladora. La luz del ascensor sabe exactamente quién soy, lo susurra en un zumbido apenas audible. Fue una inmersión larga; tuve tiempo de pensar. No pensé nada salvo en mi respiración simétrica. Por fin se abrieron las puertas y salí a la madrugada.
Las calles estaban desiertas. Los semáforos vigilaban un tráfico fantasma, invisible, que recorría en silencio el asfalto más negro de la ciudad, respetando estrictamente el sincronizado ritmo rojo y verde de las luces. Seguí caminando y desaparecieron las calles. Luego pasé el río, los caminos de la huerta y los ladridos de los perros sondeando las constelaciones, hasta que ya no se veían más que algunas luces lejanas. Era una noche húmeda, costaba respirar ese aire mojado. Los pies se hundían en una especie de fango suave y viscoso.
Cuando mis piernas se cansaron de luchar contra la porosidad del fondo, decidí tumbarme. Encendí un cigarro y, bajo la luz del mechero, la noche se hizo tan alta que me aplastó como a un luminoso pez abisal. A varios miles de metros sobre la brasa de mi cigarrillo, el viento peinaba la superficie del mar.
A mi lado, otros esqueletos blanqueados por la noche y el tiempo reposaban en el fondo, con sus espinas y sus cabezas sin ojos y los pequeños dientes afilados de sus bocas. Mi espalda empezaba a ser engullida por el limo. No puedo expresar con palabras la infinita alegría que me inundó cuando me imaginé en una fosa oleaginosa de hidrocarburos, descomponiéndome entre el carbono inmortal de ballenas, de dinosaurios, de otros peces abisales que encendieron sus lucecitas hace milenios y que serán extraídos junto a mis restos negros y serán luego convertidos en gasolina, que moverá los coches que, allá arriba, empiezan ya a circular, un poco antes de que amanezca.

 

 

NATXO VIDAL

LOLITA

Hay cosas que no puedes decirle nunca a tu mujer. Dicen. Por ejemplo me gustan tus cartucheras. Aunque sea cierto. O esa papada me pone como loco. Aunque te ponga. O desde que estás más rellenita me gusta más cogerte. Aunque te guste. Hay cosas que no puedes decirle nunca a tu mujer. Yo estaba a punto de decirle una. Escuché cómo metía el coche en el garaje, cómo, con el motor apagado ya, dejaba terminar la canción que estaba escuchando y cómo, apenas un minuto después, apagaba el equipo, bajaba del coche, cerraba la puerta y subía las escaleras, con ese ruido de tacones que, últimamente, yo ya no soportaba. Luego abrió la puerta que unía la cocina con el garaje, dejó las llaves dentro del frutero, colgó la chaqueta de la percha y se quitó los zapatos. Hay cosas que no debes decirle nunca a tu mujer. Aunque sean ciertas. Aquella tarde, además, todo apuntaba a que su estado no era el idóneo para encajar según qué cosas. Alerta de fuego. Nivel rojo. En realidad, su estado nunca era óptimo para encajar según qué cosas, para ser rigurosos. Concretamente, nunca lo era desde que atravesamos la barrera de los diez años de casados. Pero aquel día, especialmente, entró en el garaje con el volumen demasiado alto, tardó en cerrar la puerta demasiado tiempo, subió las escaleras a un ritmo demasiado lento, lanzó las llaves dentro del frutero demasiado fuerte, colgó al ropa en una percha demasiado alta y comenzó a quitarse los zapatos demasiado tarde. Demasiados presagios. Me gustan tus cartucheras. Esa papada me pone como loco. Desde que estás más rellenita me gusta más cogerte. Dime que has hecho algo interesante, me dijo. Yo la miré como miran los niños a la noria, sin saber muy bien dónde mirar, exactamente. He sacado Lolita de la biblioteca. Me gustan tus cartucheras. Esa papada me pone como loco. Desde que estás más rellenita me gusta más cogerte. He sacado Lolita de la biblioteca. Si tu vida sexual no es satisfactoria no debes decirle a tu mujer que has sacado Lolita de la biblioteca. Yo la miraba sin mirarla. Dime qué has hecho tú, cariño. ¿Lolita? Puedes llamarla Lo, si quieres. O Dolores. Estás enfermo. ¿Enfermo? ¿Por sacar un libro de la biblioteca? No. Por sacar un libro de la biblioteca no. Por sacar un libro de la biblioteca donde un cuarentón como tú se lo monta con una niña de doce años y un metro y medio de estatura. Debo reconocer que lo del metro y medio de estatura me sorprendió. Muchas de nuestras amigas no miden mucho más de metro y medio de estatura y no creo que por eso sus maridos, goteando deseo por ellas, sean unos enfermos, como tú dices. Lo de los doce años, vale. Aunque en España las relaciones sexuales consentidas con adultos son legales desde los trece años. Las mujeres de nuestros amigos no tienen doce años. Lo de los doce años, vale. Ya te lo he dicho. Pero no entiendo lo del metro y medio de estatura. Estás enfermo. ¿Enfermo? ¿Y todos estos que han sacado el libro antes que yo? (le enseñaba la hoja pegada a la solapa donde se registran los préstamos del libro) ¿También están enfermos? También. Peri so no los conoces. Me da igual. Enfermos. La gente sólo quiere leer, ¿lo entiendes? Enfermos. Nadie quiere montárselo de verdad con una doceañera de metro y medio por leerse un libro. No seas exagerada. Me gustan tus cartucheras. ¿Y cómo se te ha ocurrido? ¿Has salido a la calle, esta mañana, y has pensado voy a sacar Lolita de la biblioteca? Imbécil. Y a partir de ese momento hizo hacia atrás todo lo que antes había hecho hacia delante. Volvió a ponerse los zapatos, descolgó la chaqueta de la percha, cogió las llaves de dentro del frutero, abrió la puerta que unía la cocina con el garaje, bajó las escaleras con ese ruido de tacones que, últimamente, yo ya no soportaba, subió al coche, puso la música a todo volumen y se fue. Y yo me quedé a solas con Lolita. Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita. Hacía tiempo que la sangre no se me agolpaba en la entrepierna tan deprisa. Me gustan tus cartucheras. Esa papada me pone como loco. Seguro que lo has hecho por motivos literarios. Imbécil.

 

 

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ-NAVARRO

NOCHE DE FIESTA

Sales algo mareado de la fiesta. Apenas logras tenerte en pie. Un regusto amargo recorre tu garganta y casi no puedes contener el vómito. Necesitas aire. Juras no volver a meterte esa mierda. Son las cuatro de la mañana y no hay un alma en las calles. Tampoco hay nada en tus bolsillos. La opción del taxi queda descartada. pero no importa. Son cuarenta minutos. No es tanto. Además, te viene bien andar. Quizá así logres despejarte un poco por el camino. Sólo debes tener cuidado. Como siempre lo has tenido. Cuidado y ya está. Evita el callejón. Y ya está. Hay que rodearlo. Es más largo así, es verdad. Se tarda más. Pero es mejor ser cuidadoso. Sin embargo, esta noche te sientes diferente. Esta noche eres valiente. Esta noche no tienes miedo. Qué puede pasar. Es sólo un callejón. Oscuro y estrecho, sí. Pero un callejón al fin y al cabo. Así que decides atravesarlo. Se escucha un murmullo a lo lejos. Deberías alejarte. Pero esta noche eres valiente y sigues caminando. Entonces ves la escena: cinco adolescentes acorralan a un mendigo al final del callejón, justo debajo de una farola. En silencio, observas cómo se ríen de él, lo tiran al suelo y comienzan a darle patadas y puñetazos. Todos a la vez, sin ningún tipo de orden. Violencia en estado puro. Percibes los golpes secos y se te revuelve el estómago. El vómito agrio casi vuelve a subir por tu garganta. Y entonces te quedas paralizado. Odias la injusticia, no toleras lo que está ocurriendo. Pero ahora no sabes qué hacer ni cómo actuar. Así que intentas pasar desapercibido y volver por donde has venido. En ese momento uno de los jóvenes se da cuenta de tu presencia y te grita algo en un idioma que no entiendes. Es rumano, piensas. Luego, todos te miran y comienzan a reírse de ti. no te persiguen, ni te vuelven a gritar, sólo se ríen. Te hacen gestos y se ríen. Y eso es lo que te descoloca. Y sin saber exactamente por qué, comienzas a correr hacia los jóvenes lleno de rabia, con la cara desencajada y con los puños en alto. Pero cuando llegas a su altura, en lugar de abalanzarte sobre alguno de ellos, gritas algo cuyo significado ni siquiera tú puedes entender y golpeas con toda tu fuerza al mendigo, que emite un alarido que se te clava en los oídos. Entonces, sin pensarlo demasiado, comienzas a darle patadas en el estómago con tal intensidad y violencia que los jóvenes se asustan y salen corriendo. El hombre llora y pide clemencia. Tú quieres parar. Por supuesto que quieres parar. Pero hay algo dentro de ti que no te deja frenar. Esta noche eres valiente. Esta noche es diferente. El indigente consigue evitar una patada y te mira fijamente a los ojos implorando piedad. Y es en ese instante cuando descubres que su rostro te es familiar. Demasiado familiar, piensas. Ves en él los ojos de tu padre. Tu padre anciano, que lleva varios años desaparecido. Te estremeces por completo. ¿Es posible que este mendigo sea el hombre que tanto tiempo has estado buscando? ¿Es ése tu padre? Y la formulación de esta pregunta te hace pegarle aún con más fuerza. Le pisoteas la cabeza una y otra vez hasta que consigues desfigurarle el rostro, hasta que la sangre salpica tus pantalones. Sin embargo, cuanto más le desfiguras el rostro, cuanto más fuerza ejerces con tus pies sobre su cráneo, más se parece a ti. Y su rostro se convierte en un espejo. Un espejo en el que te ves reflejado y que acaba poseyéndote. El rostro eres tú. Quizá por eso poco a poco comienzas a sentir un tremendo dolor en el costado y en la cabeza. Y entonces te detienes súbitamente. Pero el dolor, en lugar de aminorar, se hace más fuerte. Y la única solución para paliarlo parece seguir pegándole, haciéndote un daño terrible, sintiendo su dolor en todos los rincones de tu cuerpo. Hasta la extenuación. hasta extraviarte por completo. Hasta no saber dónde acaba él y comienzas tú. Hasta perder el sentido.
No sabes el tiempo que dura esta locura. Pero ahora, al salir el sol, te sorprendes dando puntapiés a una pared, con los zapatos rotos, los pies llenos de sangre, y una masa de personas mirando fijamente hacia el lugar en el que estás. Te vuelves hacia ellos y preguntas por el indigente. Nadie te contesta. Algunos dejan caer unas monedas cerca de ti.

 

VERANO DE 2012

Manifiesto 12

 

Aquí tienen algunos textos del número 12 del Manifiesto Azul.

 

NOELIA ILLÁN CONESA

ALGO DE ESTRUENDO

Sí, por qué negarlo.
Buscamos a veces los labios vacíos de amor,
algo que no tenga trascendencia.
Y nos basta, sí, eso nos basta:
el machaque de gusto,
el colarnos entre las piernas de un muchacho
y bebérnoslo por puro pasatiempo.
Y que nos dé igual el “luego”.
Luego, ¿qué? No importa.
Comer por comer, por el puro placer del comer,
casi como un capricho para el cuerpo,
que seas tan puta como el otro que está en tu cama,
o en tu coche,
o en un portal.
Que te duela el alma o la entrepierna,
que no puedas sostenerte más tiempo a cuatro patas
ni tu piel pueda ya rezumar más sudor.
A veces sí, se necesita:
nada de amor y algo de estruendo.

 

 

INMA LUNA

BOCABAJO

Trasnochar con la ternura de Together
y luego darle vueltas a la cama
comiéndome los números más rojos del reloj.
Me inquieto con cuidado para no despertarte,
me respiro los nervios como un caracol,
haciendo y deshaciendo la almohada,
sacando los pies por la azotea,
subiendo con sigilo hasta la lámpara
y cayendo después en el sueño poblado del Lorazepan.
Madrugar.
Caminar por los mismos adoquines de antes
al son del ritmo silencioso de tacones de goma,
como si por allí nunca hubiera pasado,
haciéndome la nueva,
haciéndome la fresca.
Llegar al sitio que me espera
con su eco caliente de papeles y máquinas dormidas.
Enterarme de noticias grandiosas,
informaciones trascendentes
como que hoy mi padre saldrá y verá la calle
por vez primera en lo que va de año
y que ya cuenta chistes
aunque aún no se acuerde de qué ha comido hoy.
Llegar a casa,
que me estés esperando con la puerta entreabierta
y unos besos de viernes bienvenido.
Cortarme el dedo mientras cocino pollo congelado,
que nos sabe a manjar con un vino que raspa
y nos tinta la boca.
Entusiasmarnos con pisos grandes y terrazas
que nunca podríamos pagar.
Tomar cerveza, visitar a mi hermana,
mirar la cartelera, darnos la piel
como si todo fuesen vacaciones
en un país extranjero,
como si todo fuesen tulipanes,
como si fuésemos capaces de cambiar este mundo
aprendiendo a vivir de otra manera.

 

 

ANTONIO PÉREZ ABRIL

HIJO, CUANDO TE LANCES A LA VIDA…

Sé un buen chico los domingos
Y no le hagas ascos a la sopa.
Recibe alguna hostia,
Lávate los dientes y si te aburres
Lee un libro o hazte una paja.
Ten sueño los lunes
Y ansiedad los martes.
Acaricia la prosperidad de las cosas.

Pero no las hagas tuyas todavía.
Baja alguna vez a los infiernos
Y masca bien las brasas que te dejen.

Solidarízate con el dolor:
Compra algún geranio
Y empuja con gracia el carrito por el super.
Vuelve luego a casa y pégate una ducha.
Pero pase lo que pase, no olvides nunca

Atravesar esa puerta y defraudarlos a todos,
Defráudalos tanto como puedas,
Hasta borrar cualquier imagen que tengan de ti
Y tú mismo dudes de tu existencia.

 

 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

BALAÑIANA

Con tono de sarcasmo me preguntan
si intento transformar el mundo con poemas.
Casi nunca respondo o lo hago con metáforas
de feroces Quimeras que es hermoso confrontar
pero que siempre te tragan. Mas yo sé
que cada vez que algún adolescente
se sienta enamorado y elige la poesía
y afila su navaja para hundirla en la coraza
de piedra del Enigma, somos más
contando de este lado, Y sois menos del vuestro,
y aunque bien es verdad que este país no es soleado
ni dispone de ejército ni las aguas son puras,
nuestras palabras no son inocuas. Y pesamos.

 

 

DAVID LÓPEZ SANDOVAL

VINTAGE

A lo mejor resulta que las cosas
envejecen también y que la misma
lealtad a lo que una vez mostraron
les procura esa sensación, que es marca
de la casa, de andar algo perdidas.
Recuerda, por ejemplo, aquellos discos
de Dylan que tu padre te dio, cuántas
veces los escuchaste convencido
de tener un tesoro; y sin embargo
ahora ya no sabes en qué caja
los metiste o, lo que es peor, siquiera
eres capaz de oírlos con agrado.
Mira, si no, estos cuadros de familia,
o incluso las primeras ediciones
de Valle o de Baroja, date cuenta
qué poco dicen hoy a quien se muere
por salir de la jaula de sí mismo.
Y sin embargo, ¿no es esto una excusa?
Porque en realidad, después de todo,
sucede que las cosas van ganando
galones casi tan rápidamente
como tú vas perdiendo facultades,
y que aunque tú no seas ya capaz
de amarlas, ellas tienen confirmada
la eternidad y un día en el amor
que los otros, sin duda, han de otorgarles.
Y eso es una verdad como un templo.
Y otra verdad es, nunca has de olvidarlo,
que ahora, a estas alturas de tu vida,
matarías por ser igual que ellas.

 

 

JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ

NUEVA ZELANDA

Arranqué pedazos de mi alma, los cocí e hice ladrillos con ellos. Muchos ladrillos: había material de sobra. Con los ladrillos hice un muro, un muro no: otra cosa, no sé qué, ocupé con ella la plaza de mi pueblo y seguí construyendo para hacer más grande eso, lo que fuese eso. cada vez más y más grande. No sabía qué podía ser, salvo que era grande, podía subirme encima y me subí: seguía mi labor desde allí, no paré hasta ver pequeños los pájaros, la gente, las nubes, los aviones, las azafatas de los aviones me saludaban al pasar, al parecer me había convertido en una celebridad, no, eso no, deliro: pero es que una me enseñó los pechos. Salí del país, del continente, vi la tierra y el mar, se separaban debajo y yo era un Moisés geoestacionario, no por nada, es que los satélites geoestacionarios circulaban como locos a mi alrededor, arremolinándose como moscas en el frío verano de las playas del espacio exterior, la línea de costa del cosmos, pero no había dúplex ni resorts, menos mal, ¿menos mal? la Tierra y el Sol, con mayúsculas, por ejemplo: una vez vi una escena parecida en Superman, pero yo prefería pensar en satélites, todo menos heroico y más mecánico: podía haber sido uno de ellos, pulular como una mosca programada por ahí arriba y emitir zumbidos hacia abajo, burlarme de mis receptores, ronronear en el regazo de sus máquinas, también hacia el sol, a ratos, pero decidí seguir mi camino, seguir con mis ladrillos, no podía parar, ¿por qué iba a hacerlo, si tenía la opción de seguir subiendo incluso hasta ese punto en el que subir o bajar son la misma cosa, dos correas para el mismo perro, los dos pechos de la misma azafata, pechos que brincan a mi paso, que vibran a cámara lenta en mis noches más calientes? A un lado o al otro ya no era más que continuar o dejarlo y dejarlo era de idiotas, así que seguí añadiendo ladrillos, cociendo más y más pedazos de mi alma para hacer ladrillos con ellos, tenía alma para rato, no acababa de sacar pedazos nunca, una suerte de reino de Jauja, maná moral cayendo del cielo de mí mismo, y hablando del cielo: pasé Marte y Júpiter y después Plutón, ese pobre, estúpido ex-planeta. Ahorraré detalles: llegué al fin del universo y vi el rostro de Dios padre. No, no el rostro de Dios. Vi el final. No hay final. Quiero decir que empecé otra vez de cero. ¿Hola? ¿Alguien ahí? En mi pueblo me miran raro, mientras cuezo ladrillos, después de saludar: me queda alma para rato. Empiezo la ascensión aunque esta vez quizás me quedé a esta parte de la órbita geoestacionaria, orbitando aquellos fulgurantes senos que entreví una vez, dedicados para mí, que la azafata guardará esta vez para sí misma, acaso ya en la otra parte del planeta, en las mimas antípodas.
Por lo que tengo una idea: sigo excavando, pero también ahora en la tierra. Construyo un túnel, no, un túnel no. ¿Aparecería en Nueva Zelanda, vería algún día el rostro verdadero de mi alma?
ya fuera de bromas, ¿existe Nueva Zelanda?

 

 

NATXO VIDAL

MILLÁS NO ESCRIBE NADA BUENO

Hacía tiempo ya que me sentía mal. Al principio fueron síntomas sin importancia: dolores de cabeza, tos, molestias en el cuello. Luego empecé a encontrarme peor: me dolían las tripas, vomitaba, me temblaban las piernas y veía el cielo gris todas las tardes. Y los domingos se me caían las cosas de las manos. Después vinieron las pesadillas y el insomnio, las supuraciones, la hipertensión y hasta la halitosis; empecé a perder pelo y las uñas dejaron de crecerme.
Entonces decidí leer a Millás, pensando que me ayudaría. Sabía que él habitaba un mundo donde nada es lo que parece, lleno de fantasmas y de dolores lumbares, de vértebras desencajadas tras el primer sueño, de suegras muertas que se aparecían… No me fue bien y, además, me aficioné al gintonic.
En sus textos hablaba de psicoanalistas y psiquiatras. Ahí debe de estar la solución, pensé. Escribí a su editorial y pregunté cuál era el suyo. Dirección, teléfono y tarifa, dije. Me lo contaron todo.
Fui un miércoles por la mañana. Me recibió una señorita con orejas grandes y desnuda de cintura para abajo, con un cartel colgado de la blusa: no creas siempre lo que tus ojos digan. nada es lo que parece, y más abajo doctora Lucía martín. me acomodé en el diván. vengo de parte de Millás, le dije al otro médico; y luego les conté el problema.
Todo empezó hace unos doce años, dije. Dolores de cabeza, molestias en el cuello. Y así hasta hoy, los nervios, la hipertensión, la caída del cabello, los vómitos o la halitosis. Su problema es que se empeña usted en ver la realidad, me dijo. Cierre los ojos. Imagine que su mujer le quiere. Que su trabajo le hace feliz. Que sus hijas le consideran un buen padre. Imagine que España es una república con políticos capaces, que la justicia cumple, que la vergüenza existe, que la escuela pública es reconocida como se merece, que la iglesia hace lo que debe y que el mundo gira cada día seguro de sí mismo, camino de un futuro mejor. ya lo veo, dije. Entonces conserve esa imagen y no abra los ojos mientras se los sacamos. Entró a la sala la misma señorita que me había recibido (lo supe por el olor) y me arrancó los ojos mientras me susurraba cosas bonitas al oído. Ahora verá sólo lo que quiera, dijo. Se sentirá mejor. La próxima semana le extirparemos los oídos. Y a la otra le prohibiremos la lectura. A partir de entonces, dijo mientras cogía mi dinero, será, sin duda, el hombre más feliz del mundo.
Debí haber escuchado los consejos de mi padre. No leas a Millás, me dijo. No escribe nada bueno.

 

 

ÁLVARO PINTADO GONZÁLEZ

AUTODEFINIDO

1984. The Doors. Izquierda Unida. Eduardo Lago. Confederación General del Trabajo. 1.100 euros al mes. Periodista. Cerveza fría. Soltero. El show de Truman. El Principito. Ateo. No me gustan las etiquetas.

 

VACÍO 2.0

En apenas 10 minutos y después de varios golpes de teclado borró su identidad para siempre. Había decidido eliminar su correo de hotmail, su cuenta en badoo, su perfil de twitter y facebook. Vacío de contenido, vacío de vida 2.0 y de esperanza, aquella mañana se arrojó naturalmente desnudo al mundo. Había decidido retomar su vida. Fue más fácil de lo esperado.

 

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