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INSUMISAS (y V)

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

CAPITALISMO

El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche
después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas
su obsesión por nosotros no descansa nunca
en nuestros sueños nos persigue
con su disfraz de perro, de vendedor, de cura
de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo
su disfraz de muerte, su disfraz de vida

sé que tú le gustas con ojeras
yo le pongo cachondo cuando estoy cansada
me quiere flaca aunque me tienta con chucherías
y a ti elegante aunque te duelan los huesos

cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento
nos premia con unas vacaciones
y nos tiende los billetes como el cazador
lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana

dice que mis enemigos son aquellos
que quieren lo mismo que yo
porque no hay bastante
nunca hay bastante para todos

y nos cobra por lo que es nuestro
por el agua de lluvia
por el sol y la arena
por los claros del bosque
y los manantiales

envenena la comida con que me alimenta
me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad
y me quita los chupetes que podrían consolarme

provoca mi llanto
y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza

si me pongo rebelde, ríe paternalista
cuenta que él también pasó por esa época
y mi rebeldía la rebaja a moda
que luce en camisetas los sábados por la mañana
cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico

él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras
de las violaciones y los golpes de estado

pero tanta información me deja sorda y ya no escucho
los crujidos ni los llantos en voz baja
las señales del desmoronamiento

y él calla que cada muerto, cada herido
las mujeres violadas y los que sufren torturas
todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora

se zafa de las culpas con promesas
pero yo sé que una palabra suya
bastará para condenarnos

y tengo que darle las gracias porque
¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso
de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina
va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni
tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos

y además fuiste bendecida con una vocación
para que puedas sentirte mejor que otras
(y yo callo que yo no quiero ser artista
si eso va a convertirme en diferente
porque ya me siento lo bastante sola
y no quiero competir en más carreras)

de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio
ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos
para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío

Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar
sus cadáveres, las humillaciones
el secuestro de la inocencia
el expolio de los sueños

yo le voy a cobrar, no sé cuándo

y la primera puñalada que le voy a meter
va a ser por las caricias que no nos dimos
por los polvos que no echamos
tú y yo
cada vez que se cuela en nuestra cama
y nos dice que mañana, mañana, mañana
mañana el despertador sonará a las 6.30

y veinte minutos más de sueño
nos harán mejores soldados a su servicio

Te lo juro, mi amor. Una puñalada
por cada polvo que nos robó
y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes
por el dolor que no merecemos sufrir ni ver
por los campos arrasados
por los animales que se hacinan
por los niños que trabajan
por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte
por el tiempo que no volverá
por la vida que nos robaron
por la vida
mi amor
por la vida.

 

 

 

 

 

ISABEL PÉREZ MONTALBÁN

 

CLASES SOCIALES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos pobres son príncipes que tienen que reconquistar su reino
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Agustín Díaz-Yanes,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto)

Con seis años mi padre trabajaba
de primavera a primavera.
De sol a sol cuidaba de animales.
El capataz lo ataba de una cuerda
para que no se perdiera en las zanjas,
en las ramas de olivo, en los arroyos,
en la escarcha invernal de los barrancos.
Ya cuando oscurecía, sin esfuerzo,
tiraba de él, lo regresaba níveo,
amoratado, con temblores
y ampollas en las manos,
y alguna enredadera de abandono
en las paredes quebradizas
de sus pulmones rosas
y su pequeño corazón.

En sus últimos años volvía a ser un niño:
se acordaba del frío proletario,
(porque ya era substancia de sus huesos),
del aroma del salvia, del primer cine mudo
y del pan con aceite que le daban al ángelus,
en la hora de las falsas proteínas.

Pero su señorito, que era bueno,
con sus botas de piel y sus guantes de lluvia,
una vez lo llevó, en coche de caballos,
al médico. Le falla la memoria
del viaje: lo sacaron del cortijo sin pulso,
tenía más de cuarenta de fiebre
y había estado a punto de morirse,
con seis años, mi padre, de aquella pulmonía.
Con seis años, mi padre.

 

 

 

 

 

MIRIAM REYES

 

No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.

 

 

Lo tenía todo preparado para hacerte feliz.
Habrías sonreído de placer al ver mi carne sonrosada
apretada y perfumada para ti —a todo te diría que sí—
para dejarte
orgullosa y satisfecha por el trabajo acabado.

Viene de mí, sólida y maciza como este roble —pensarías—
por fin ha aprendido lo que significa ser una mujer.

Mi interpretación sería perfecta.

Lo tenía todo preparado para hacerte feliz
y llegué tarde.

No pude evitar que te fueras sabiendo
que conmigo habías fracasado.

 

 

Mujer ciega
mujer que no sabes reconocer el amor
si no aparece en forma de catástrofe natural
si no te somete a su fuerza.
Háblame de aquel que no quiso dominarte pisándote
al que no se le ocurrió disfrazarse de Humphrey Bogart
para jugar a tenerte en sus manos
como tanto te hubiera gustado
heroína de películas gastadas
de bofetadas giratorias
forcejeos
y apretados besos arrancados.
¿Continúas enamorada de tu John Wayne latino?
monumental macho escupidor
que camina entre eructos
con inmensas espuelas en las botas
para patearte mejor
mi triste pura sangre.

Me lastimo.

Te das lástima.

 

 

Amo a este hombre misógino.
Deseo su sexo descarado que pasea de aquí para allá
que entra donde como y cuando él lo desea
vomita su odio en mí y se va.
Yo, maravillosa artesana,
hago de su asco mi mejor creación:
una réplica suya mejorada.
Del vómito incubado en el más repugnante de los seres
nacerá la criatura que lo iguale en fuerza
y sea capaz de destruirlo por envidia
como yo no pude hacerlo por amor.

 

 

Me he vuelto demasiado sensata
comprensiva abnegada
perfecta hasta la náusea.
Te dejo que te pasees con tu aire de semental
al baño a la cocina a por un poco de agua.
Si me preguntas
te digo que sí para no entrar en detalles
para que duermas tranquilo y rindas en la oficina.
La mentira es a menudo más fácil y espontánea
como estar juntos.
Es cómodo mi cuerpo,
tiene esquinas redondeadas
y formas ergonómicas
(sin hablar de lo mucho que abriga
y lo poco que pesa).
No pide nada, no hace preguntas
prefiere no saber.
Acolchado de amor
hace tiempo que no siente la cabeza.

 

 

 

 

 

ANA VIDAL EGEA

 

HAS DE SABER

La mujer sin hijos, sin casa,
la mujer sin trabajo, sin destino,
de noche y sin sueño, hecha de agua;
que vaga itinerante buscando una tierra
donde quedarse
La mujer que te mira sin prisa,
y sin ropa,
no tiene miedo.

 

 

LA CHICA DEL GUARDARROPA

Deseé que hiciera frío,
hizo tanto que pocos se desabrigaron dentro;
vi desfilar las chaquetas de cuero, los visones;
animales nocturnos resplandecientes como el hambre.
Como un caballo cede al sueño, así,
enloquecen de amor, se vuelven mágicos.
Olvidan el tabaco, los condones, sus nombres;
palpo a oscuras los bolsillos, les doy lo que me piden;
ahora que soy toda piedra,
en un eco salvaje convertida, en la palabra seca,
que existo sólo porque soy armario.

Una de aquellas cenas allí cuesta aquí mi noche entera.
El dinero después del dinero;
restar el café doble, el taxi de ida y vuelta
ennegrecidos los dedos de mis manos
pienso en mi padre.
Contando el puñado de billetes arrugados de un dólar,
pienso en mi padre.

América está hecha de propinas;
¿Se acordarán de mí si les sonrío?
¿Se preguntarán de dónde vengo? ¿Qué necesito?
¿Comprenderán el por qué aquí? ¿El por qué ahora?
De madrugada siempre alguien se acerca,
pregunta «¿eres real?», «¿estás casada?», «¿quién eres?».
Yo sólo prometo cuidar de su abrigo;
Esperaré impaciente su regreso,
gastaré mi última juventud mirándolos bailar,
es la primera película que no termina;
Mi vida está tendida, acaba de empezar el invierno.

 

 

SOCARRAT

Así se llama el amor quemado,
aquí se come a diario.
Los americanos vienen y pagan lo que pedimos.
Yo los recibo de pie, frente a la puerta,
les doy los buenos días,
les ofrezco el menú,
les digo adiós,
les doy las gracias.
Por las mañanas coloco
los rollos de papel higiénico en los baños,
extiendo las alfombras, el toldo,
limpio los cristales,
abro las puertas, saco los menús a la calle;
enciendo el televisor, las luces,
confirmo las reservas, elijo la música.
Eso es lo mejor.
Durante la primera hora
elijo la música.
Después ya sólo miro al frente.
A veces pienso que es lo único
que sé hacer,
que sólo vine aquí para esto.
No puedo sentarme ni leer,
ni escribir, ni usar el teléfono,
sólo me permiten mirar al frente
como los soldados de Buckingham Palace,
con el pelo recogido
«tu pelo suelto nunca».
Si no sonrío,
el manager se acerca
y me pregunta por qué
hago mal mi trabajo.
«No podemos ascenderte a camarera,
después de cinco meses,
aún olvidas estar atenta
a los detalles».
Lo dice sin pestañear, grave,
yo hago cálculos mentales,
lo más rápido posible,
inmediatamente comprendo
que estoy atrapada en este personaje.
A veces entran conocidos a comer,
me repiten «¿Qué haces aquí?».
Los miro
no sé con qué expresión,
pero fijamente,
con Shakira de fondo;
y pienso en las películas de Kaurismaki
que hace tanto que no veo;
en toda la literatura que hay
en ser cajera de supermercado, hostess,
camarera o chica del guardarropa.
Es un experimento delicado;
Jack Nicholson
en Alguien voló sobre el nido del cuco.
El camino. Las curvas. El fango.
Todas esas vidas que parecían lejanas a mí,
esas personas que no eran yo.
Soy una actriz pero la obra no acaba.
Me meto en otro cuerpo, ocupo el espacio,
habito una historia nueva otra vez.
Ese peligro. El del cuento
del castillo de irás y no volverás.
No saber hasta cuándo.

 

MIRIAM REYES – (TRAS)LÚCIDA

tras(lúcida) miriam reyes

 

EN aquel momento no perdí la inocencia
sino la idea de continuidad
esperar que las series de números
siguieran una progresión lógica

perdí mi nombre las algas
partes imprescindibles de otros cuerpos
por ejemplo el lóbulo de una oreja
tres pares de piernas en el sofá
con sus tres cálidos cuellos
y el hedor de los cerdos
aparcados en la esquina

también esa esquina y todas las demás
hasta perder la ciudad y más allá de la ciudad
donde el camino llevaba a la montaña
y olía a quemado

perdí crecer y reproducirme
hablar en voz alta
el punto de articulación
todo el amor y la posibilidad
de decir lo que pensaba

 

 

 

VV.AA. (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016). [Marta López Vilar ed.] Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

MIRIAM REYES

noviembre 13, 2015 Deja un comentario

Fotos de David Lynch 3

 

TE tengo todo marcado
como un yacimiento arqueológico.
No es extraer los restos de ti lo que persigo
‒ruinas de una ciudad tallada en la arenisca‒
lo que quiero es penetrarte
taladrar la piedra de tu cuerpo
y este sexo cóncavo de mujer
se vuelve inútil para mi deseo.

Cavo en tu ombligo
para entrar por el flujo de tu sangre.
Vacío mi espíritu como aire en tu boca
y te observo respirarme.
Ya sé que no necesito de piel para tocarte
no es eso
lo que yo quiero es hacerme
una cueva en tu cuerpo.

Flexiono tus rodillas bajo mis axilas
como los brazos de un taladro.
Las aceras que rompo
son las de tu calle.

Con mis pestañas barro
el polvo que levanto de tu frente
y no me detengo hasta que soy tú
y tu sexo es el mío hasta que soy yo
quien está dentro.

 

 

 

 

NO es aconsejable depositar toda esperanza en otro cuerpo
pero sucede y para entenderlo
habría que empezar por aislar
el proceso de la circunstancia
y observar con atención
las pequeñas transformaciones
en el significado de la palabra amor.

En tanto que sólidos
tenemos la naturaleza empecinada
de las cosas fáciles de encerrar.
Mira si no los zoológicos
las colecciones de entomología
los cubitos de ámbar.
No hay manera de filtrarse o de colarse
por una rendija como el agua o el aire.

De extenderse hacia ti mis brazos
se han convertido en un tendido eléctrico:
entre tú y yo descansan los pájaros
juegan a la cuerda las tormentas
se encienden las ciudades.

Contra toda recomendación
se diría.

 

 

 

 

NO te necesito
te dije.
Yo soy mi casa
mi sangre solo la llevan
un puñado de palabras
y en mis brazos
la única criatura soy yo.

Entonces me plantaste arbolitos alrededor
plagados de nidos en sus copas
y estas enredaderas que me suben por las paredes.

 

 

 

 

GUARDA silencio la noche cuando no estás
se encierra conmigo tras hacer la ronda
por la casa y aguarda.

Los armarios las sábanas mi cuerpo
tu chaqueta colgada del pomo de la puerta
y el pomo de la puerta muchísimo más quieto.

Toda la noche la noche te aguarda
con los ojos abiertos.

 

 

 

 

LO que no nos hacemos sedimenta
en la carne
endureciéndola.

 

 

 

 

COMO granito basalto sienita
fueron magma estas rocas
pero se dejaron enfriar.

 

 

 

 

LO que no nos hacemos se apila
en los rincones como una montaña
de cajas que guardan lo que se tuvo
y ahora ya solo se puede precintar.

 

 

 

 

EL significado que le demos a esto
dependerá siempre de algo distinto
como el significado de una palabra.

Me gustaría saber qué entiendes cuando digo:
no solo de belleza se alimenta el deseo
o no mires ahora.

Aliso sobre la mesa el principio de incertidumbre
y encima coloco el humus y el pan.

No fue un poeta sino un físico quien escribió:
El hombre no encuentra ante sí más que a sí mismo.

No es tan tarde como parece al mirar afuera.

Te pido o te ordeno:
no te des la vuelta
no apagues la luz
si todavía.

 

 

 

 

POR más que lo intentas
no haces lo que te digo.

Parece que juguemos a juegos distintos:

yo digo tu voz
y tú respondes mi voz solo busca tus oídos.

yo abro una ventana
y tú colocas un decorado.

 

 

 

 

VUELVE el calor a madurarlo todo
y nos pilla por sorpresa

el olor ácido del cuerpo sin lavar
el agua turbia olvidada en el vaso

donde el moho va cubriendo las espigas
y la rosa ennegrece

girando sobre la mesa las moscas
dibujan elipses de electrones en el aire

donde no existe núcleo
en el centro vacío de la casa.

 

 

 

 

LA dureza del todo resulta
de la dureza de las partes.

Parece compacta la tierra
bajo nuestros pies.

Debajo de la tierra: roca.
Dentro de la tierra: roca.

Y aún así raíces insectos.

 

 

 

 

LO que pudo haber sido
y no permitimos ser
nos deja abiertos
como un final que no termina.

 

 

 

 

EL problema con nosotras las rocas
no es que tengamos nuestros ciclos
o algún episodio plutónico de vez en cuando

es que estamos a la merced del ambiente

no solo nos arrastran y desgastan
las aguas y los vientos
también
cuando nos hacemos pequeñas
cabemos en un puño cerrado.

 

 

 

Reyes, Miriam. Haz lo que te digo. Madrid; Bartleby editores, 2015.

 

HAZ LO QUE TE DIGO

octubre 24, 2015 1 comentario

American beauty

 

Hay ceniza por todas partes:
en las sábanas
en mi ropa
por el suelo.

Mancha el humo
lo que la ceniza no alcanza.

Arden y arden los papeles que jugamos
dispuestos a pagar lo que sea
por conservar este calor.

 

 

 

 

LAS placas de la Tierra en sus bordes
chocan se empujan se deslizan
unas sobre otras.

Así nosotros.

Así uno es contra el otro
y a veces se rompe.

 

 

 

 

ALGO frío nos representa
planchas o barras de metal dobladas
raíles rieles vencidos
cuchillos a veces
pero cuchillos sin filo
algo frío y hermoso
que ya no funciona.

 

 

 

 

QUE todos los cuerpos sin impenetrables
no lo deducimos de la razón
sino de la experiencia.

Todos.

 

 

 

 

¿ES un juego de correr
un juego de cartas de mesa o un videojuego?
¿Necesito destreza física suerte o práctica?
¿He de seguir instrucciones o guiarme por mi instinto?
¿Sudaré me quedaré sin aire tensaré los músculos hasta el agotamiento
o repiquetearé con mis uñas sobre la mesa imitando
los cascos de los caballos que golpean mis costillas?
¿Moveré piezas de mí sobre el tablero?
¿Te como o me comes?
¿Se trata de aparentar que tienes lo que no tienes?
¿Seremos rivales adversarios compañeros?
¿Ganaremos dinero trofeos dignidad?
¿Qué perderemos?
¿La vida una oportunidad el honor la palabra el tiempo la fortuna?

¿Qué perderemos?

 

 

 

 

PARA lugares comunes
hablemos por ejemplo
del olor de la lluvia
en los días de verano.
Al menos es algo que
puede experimentarse
aunque tampoco sea exacto.

No es la lluvia lo que huele
es el asfalto mojado
los árboles plantados en las aceras
y la tierra bajo las aceras
el cemento de las fachadas
la madera barnizada de los bancos
y el nailon barato de nuestros paraguas.

No es la lluvia es lo mojado lo que huele:
nosotros a la intemperie.

 

 

 

 

NO debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.

 

 

 

 

LA masa de ciertos hombres
ejerce una atracción gravitatoria
sobre mí
más fuerte que la de otros.

Ciertas partes de sus cuerpos
me arrastran especialmente:
sus antebrazos sus cuellos
sus minúsculos laberintos auditivos
donde residen
el equilibrio el ritmo y el vértigo.

En la colisión destacan:

sus caras contra la mía
ahora flácidas ahora tensas
como intermitentes que alertan
de ese próximo movimiento o piden
permiso para pasar

sus pelvis de hormigón armado
para cimentar sus vergas

sus vergas que se duermen mirando
el centro de la tierra
y despiertan apuntando el horizonte
músculo y materia oscura
firmes como farolas flexibles como juncos.

 

 

 

 

ADÓNDE mirar
dónde la piel y dónde la palabra
la carne la sangre y el espejo

o la diferencia.

Por la mañana la gente en la calle
parece seguir su propia dirección.

 

 

 

 

EL cuerpo que tanto me pedía que tanto me decía que
tanto tanto y tanto ahora todo apagado el pequeño pi-
loto la lucecita verde que brillaba en la noche el cuerpo
que tenía piernas con muslos rematados en nalgas por
un lado rodillas por el otro

y todavía continuaba

que tenía en el pecho dos timbres redondos de plata
que hacían ring ring al aplicar una leve presión el cuer-
po que tenía huesos de interés antropológico ilíacos cla-
vículas y otras pruebas del perfecto diseño de la evolu-
ción

el cuerpo todo

toda esa maravilla deselectrificada.

 

 

 

Reyes, Miriam. Haz lo que te digo. Madrid; Bartleby editores, 2015.

 

EL AMOR YA NO ES CONTEMPORÁNEO

David González 'El amor ya no es contemporáneo'

 

xxxxxNOTICIAS DE OTROS MUNDOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlas realidades se hunden en el silencio.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHart Crane

xxxxxalgunos niños
xxxxxse suicidan
xxxxxllevándose a la boca
xxxxxun trozo de pan
xxxxxun pez
oxxxxun vaso de agua

 

 

 

LA LEY DEL CUADRILÁTERO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxComemos la sonrisa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy escupimos los dientes.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCharles Simic

Me sacaba seis años. Era un poco abusón.
Un poco mucho. Sé cuando va a cambiar el tiempo
porque empieza a dolerme el hombro izquierdo.

Una mañana le sorprendió mi padre.

Como te vuelva a ver pegándole,
los puñetazos te los devuelvo yo.
A mi hijo no le pone la mano encima nadie
más que yo, procura no olvidarlo.

Después de eso, los puñetazos cesaron,
pero amí aún me llevaría algunos años más
entender una verdad tan simple como esta:

no te pegan porque hayas hecho nada malo,

te pegan porque no puedes devolver los golpes
ni tienes a nadie
que los devuelva por ti.

 

 

 

SEAMOS REALISTAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa apagar las estrellas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWilliam Carlos Williams

en este sitio
nadie cuenta
estrellas
por la noche.

 

 

 

EL RESTO DEL CAMINO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo si nada de esto hubiese sucedido, realmente…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAntonio Orihuela

a veces ocurre:

me quedo parado
en mitad del pasillo,
mirando fijamente
las baldosas del suelo,

sin reconocerlas,
ni reconocer en ellas

los
pasos
perdidos.

 

 

 

xxxxxMATIZ DE REGENERACIÓN

xxxxxAsí como la animosidad entraña peligro para la vida, el miedo es causa de seguridad para ella.
xxxxxLeonardo Da Vinci

xxxxxTodos mis colegas de entonces
oxxxxestán muertos
oxxxxestán otra vez en el talego
oxxxxandan por ahí tirados,
xxxxxbuscándose la vida
xxxxxcomo malamente pueden.

xxxxxYo no.

xxxxxCambié.

xxxxxDejé a un lado
xxxxxesa clase de vida.

xxxxxTuve miedo.

xxxxxMucho miedo.

 

 

 

xxxxxSILVIA LA DEL PELO ROJO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo cambia aunque yo me paralice
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel mundo de afuera y el mundo de adentro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMiriam Reyes

xxxxxSi te he de ser sincero
xxxxxquedé con ella
xxxxxcon la sana intención
xxxxxde llevarla en el coche
xxxxxa un descampado
xxxxxa echarle un polvo.

xxxxxLa encontré rara,
xxxxxno sé,
xxxxxno tenía chispa en los ojos,
xxxxxestaba despeinada

xxxxx¿Cómo es que te dio por llamarme?

yxxxxel jersey,
xxxxxel jersey azul cielo,
xxxxxlo tenía todo lleno
xxxxxde quemaduras de cigarrillos,

xxxxxNo sé, tenía ganas de verte.

yxxxxestaba en los puros huesos.
xxxxxDaba pena verla, y sin embargo,
xxxxxya ves, no sé, era
xxxxxla misma tía con la que años atrás
xxxxxiba por la calle gritando
xxxxxsexo, drogas y guns n’ roses
xxxxxsexo, drogas y guns n’ roses

xxxxx¿Sabes algo de Santi y de Flor?,
xxxxxle pregunté mientras conducía.

xxxxxSanti le ponía los cuernos a Flor
xxxxxsin parar. Flor había tenido otro
xxxxxhijo.

¿Yxixxqué es de Carmen?

xxxxxCarmen estaba de puta
xxxxxen una barra americana.

¿Yxxixde Juanjo?

xxxxx¿No te enteraste?

xxxxx¿De qué?

xxxxxLa palmó.
xxxxxUna sobredosis.
xxxxxEl día de Nochebuena.

Yxxxxtú, ¿qué tal?
xxxxxNo sé quién me dijo
xxxxxque te habías separado,
xxxxx¿es verdad?

xxxxxSí.

xxxxx¿Por qué? ¿Qué te pasó?

xxxxxA mí nada. A él,
xxxxxque era un hijoputa,
yxxxxun cerdo.

xxxxx¿Qué te hacía?

xxxxxDe todo.
xxxxxMe pegaba.
xxxxxSe metía caballo
yxxxxluego llegaba a casa
yxxxxme pegaba,
xxxxxme daba unas palizas de muerte,
yxxxxme forzaba sexualmente.

xxxxxLo dijo así. No dijo
xxxxxme violaba
oxxxxme follaba a la fuerza. No.
xxxxxLo dijo así:
xxxxxme forzaba sexualmente.

xxxxx¡No me jodas!

xxxxx
yxxxxhasta tuve que abortar.

xxxxx¿No podías tener el hijo o qué?

xxxxxFue mi madre. No quiso
xxxxxque lo tuviera. No quiso
xxxxxque tuviera
xxxxxun hijo
xxxxxde ese hijo
xxxxxde puta.

xxxxxDi una vuelta a la ciudad,
yxxxxluego la llevé otra vez a casa.
xxxxxMe sentía raro, mal,
xxxxx¿sabes lo que te digo, no?,
xxxxxcomo si fuera culpa mía
xxxxxque le hubiera pasado todo eso.

xxxxxUn día de estos te vuelvo a llamar.

xxxxxNo dijo nada.

xxxxxPero al levantarse
xxxxxpara salir del coche
xxxxxse le subió un poco el jersey
yxxxxle dejó un trozo de espalda
xxxxxal descubierto.
xxxxxAhí estaban las marcas
xxxxxLos renegrones.
xxxxxLas cicatrices.

xxxxxLa historia
xxxxxque me acababa de contar.

 

 

González, David. El amor ya no es contemporáneo (Poemas y relatos 1997-2004). Tenerife; Ediciones de Baile del sol, 2005.

 

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