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Posts Tagged ‘mi columna vertebral’

DE SECRETOS, APRENDIZAJES Y MUDANZAS

 

SECRETO EL OLOR

Secreto el olor
que deja el placer,
flor de un día.
Oscuro el jardín
que arde en su memoria.

¿En qué costilla lo perdí y encendí la llama?

 

 

 

 

LA MUJER QUE YO QUIERO

La mujer que yo quiero
dice sí a desgranarse la ilusión con un ya de carne,
a pensarte con humedad hasta la gotera,
porque amar es pensar, ya lo decía Caeiro,
pero en silencio. Quiere escuchar los pasos del cariño
sin metafísicas: te habla de piel y sangre.

 

 

 

 

MUDANZA

Ya está todo preparado.
En las cajas de cartón,
entre cachivaches y zaleos,
tan organizados,
hay también un aire apretado.
Son las valijas del tiempo antes de ti,
una sombra de la mujer que no te quiso
pero que me hace y se va también contigo
a aprender la ternura con que ahora
doblo y cierro y precinto.
Hay otra mudanza también,
la más frágil, la menos frágil,
que no cambia de buzón, no sabe de calles,
prendas que se ordenan solas en el desorden

—es como un stopmotion de la memoria más blanda,
como si todas las instantáneas del plan que le fue
creciendo a las noches del abrazo se hermanaran
para animar el camino que trazamos en el mapa de
imaginación—.

Feliz desorden este, sin etiquetas
ni línea alguna que separe
lo tuyo de lo mío.
Todo somos nosotros.
Todo es nuestro,
como lo es el camino del que hablamos
y los pies descalzos que se buscan
en lo oscuro contra el frío.
Lo de antes que llamábamos porvenir
está cayendo sobre nosotros
como lo hace la luz:
para que existan las cosas.
Tiene el color que tenía el deseo,
cuando más parecía el truco de los desdichados
que esta magia que nos late.
Lo que nos era
se desnombra para ser otro
o no ser: vamos a otro principio,
nos mudamos al centro del calor.

 

 

 

 

APRENDIZAJE

I

Aprendo de los pájaros:
al final de cada vuelo hay
un calor por nombrar.
Toda jaula aúlla frío.

Aprendo de los árboles:
contigo hago un jardín,
con vosotros, un bosque.
Sola imagino un páramo
para la reflexión o el olvido.

 

 

II

¿Cuántas playas hay que recorrer para reconocer el mar en el mar?
¿Cuántas llamas hay que encender para aprender el fuego?

En nuestras bocas, mientras nos besamos,
bailan los amantes que tuve con las mujeres a las que amaste.

 

 

 

Mazas, Andrea. Mi columna vertebral. Tenerife; Ediciones de Baile del Sol, 2017.

 

MI COLUMNA VERTEBRAL

 

LO MONO

Capa a capa
el mundo también en mí,
venados de sangre
ahí, en el fondo,
pintados sobre mi roca,
vanguardia a vanguardia
dibujadas las vísceras
hasta el hiperrealismo,
aquí, en la tela radical de la piel,
bajo la careta perfecta del vestido.
¿De qué color llevo hoy los muertos,
de qué marca es la revolución,
en qué espejo sonríe la historia?
Doy cada mañana
todos los pasos del hombre,
levanto las manos, afilo las garras,
mantengo el equilibrio
difícilmente
desde la cueva hasta la silla giratoria.
Pobre mona.
Una caja de herramientas precintada
no arregla nada.

 

 

 

 

VISTAS A UN POEMA

Vivo en una casa con una ventana que da a otra casa con
una ventana con barrotes.

Cuando la persona que vive en la casa de esa ventana con
barrotes idescorre isus icortinas iy iuna hoja de la ventana
con barrotes, anula mi reflejo y veo, entre los barrotes, un
salón partido e inundado de iluz en el que yo podría bailar
y al fondo un balcón.

Solo icuando ila ipersona ique ino ibaila ien iese isalón deja
abierta la ventana con barrotes iy idescorre las cortinas del
balcón del fondo del salón en el que yo podría bailar puedo
decir que mi casa tiene vistas.

Hay idetrás ide iesta iidea iotra idea con vistas a un poema
muy triste.

 

 

 

 

PERO

hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos
pero yo creo que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara,
y leo del modo en que trato de vivir,
con luz y buenas vistas, sin cortinas,
y así también trato de escribir,
como, intuyo, lo hacen mis maestros,
los aventajados peones de la palabra,
que derriban la cuarta pared de la poesía
y dejan abiertas todas las puertas de su casa,
y yo entro en ella para sentirme como en la mía,
y me sirvo de ellos y repito, si es preciso,
sin miramientos,
y allí dentro, mientras suena la música,
paseo por sus líneas tomando nota
de telas, soportes, flores, grifería
y también de los desperfectos
y de las grietas y de la pintura levantada
allí donde ellos pierden el paso y se agota el ritmo,
y dentro, más dentro todavía,
casi al final del pasillo, veo
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs,
que me dan ganas de robar y echar a correr
porque me siento pobre y no como en mi casa
pero hay demasiados testigos y da igual
porque enseguida me doy cuenta de que
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs
no quedarían bien en mis paredes porque desentonarían
con mis desperfectos, mis grietas, mi pintura levantada,
y entonces sé que llega la hora de irse a la francesa
pero me cuesta alcanzar la salida porque me entretengo
abriendo otras puertas del pasillo como esta,
que yo no quería abrir ahora porque yo solo venía a decir
que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara, pero
hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos

 

 

 

 

EL NOMBRE DE LAS COSAS

estamos
tan cosidos al nombre de las cosas
que a veces solo sabemos eso
—el nombre de las cosas—
y aprieta la costura,
tirante el hilo,
y nos ahogamos
de nombres
y solo de nombres
sin cosa ni casa,
de nada

reivindico
el descosido
el agujero ignorado
el roto impecable

 

 

 

 

¿QUIÉN DICE?

Tengo una maraña de voces.
Si no soy sola, ¿quién me dice,
quién habla cuando hablo?
¿Dónde empieza mi garganta?

 

 

HILOS

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
ahí están todas mis verdades:
hilvanadas, no cosidas,
al tiempo que ando cortando,
el traje que visto

 

 

PUNTADA

Soy solo una de las muchas puntadas
del grueso manto que teje el tiempo.

 

 

 

Mazas, Andrea. Mi columna vertebral. Tenerife; Ediciones de Baile del Sol, 2017.

 

NI MUSA NI PRINCESA

 

Hace nada les decía que me acababa de llegar a casa el primer libro de Andrea Mazas (libro que va acompañado por el nuevo trabajo discográfico de Antonio de Pinto, en el que éste musica poemas de Andrea).
Hoy quiero dejar aquí uno de los poemas del libro, el que da título al blog de Andrea (que pueden ver aquí).

 

NI MUSA NI PRINCESA

la poesía, según Nicanor Parra, es llamar a las cosas por su nombre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpues venga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGonzalo Escarpa

antes de que me digan princesa
antes todavía de que algún
poeta cantautor pintor peón de construcción camarero
actor teleoperador adolescente etcétera
me intente embaucar
haciéndome creer que yo soy su nueva musa,
quiero advertir, si es que sirve de algo,
que yo no quiero ser como raquel ni leonor,
no quiero tener sus bocas carnosas y rojas
ni que me queden tan bien como a ellas sus faldas

no quiero las curvas de infarto de silvia,
ni la melosidad de marta,
ni las dulces formas de ángeles
ni ser risueña como patricia

no envidio los buenos modales de ana
porque no los necesito,
ni aparentaré más la inocencia de rebeca,
la picardía de laura, la rebeldía de clara
ni el modernismo de maría
ni, por supuesto, intentaré ser tan fina como su hermana
porque nunca seré como ellas

no aspiro al máster de carmen
ni a tener el sentido del ritmo de paloma:
nunca he sabido bailar ni hacer un striptease

no voy a tatuarme una mariposa en el culo
ni una araña en una teta
ni diablo ni guarra ni amor en japonés,
no quiero un piercing en la lengua
para poder prometer algunas noches
la mejor mamada de su vida
a ningún chulo de discoteca
como nunca quise convertir
en el amor de mi vida
a ningún rubio de ojos azules
con mi amor único y redentor

no quiero las medidas de marilyn
ni los ojos de greta,
no tengo el descaro de mae west,
no aspiro a ser ninguna yoko
ni ser de nadie la maga que busca

reconozco que no quiero la tristeza de alejandra,
aunque a veces me arrastre de los pies,
ni los colores de frida,
aunque siempre salga a la calle manchada de ellos

no quiero apoyarme en las ventanas como gala
para ver cómo se pelean por mí jules y jim
porque no me suicidaré con ninguno de ellos

no voy a aprender a fumar
como fumaba mi madre a mi edad,
ni pretendo volver loco a mi padre
porque ya lo hice

no me voy a casar
en las vegas con lennon
disfrazada de gioconda
ni en iglesias ni en juzgados
con ningún hombre de provecho

no quiero hacer lo que hicieron
las vanessas que enamoraron a todos mis amantes
ni llorar como lloran las vírgenes
ni ser en la cama más puta que la magdalena
ni más señora que las putas en las tiendas
ni más falsa que las señoras en la calle

no quiero saber qué es lo más adecuado en esta situación
ni las guarradas de la a a la zeta
que ponen a cien a los hombres en los bares
no me trencé nunca el pelo estilo julieta,
como tampoco esperé sentada a que
un rebelde o un malote
tirase piedras a mi ventana
para llevarme en su harley
a un granero abandonado
o al huerto
o a una bonita duna
o al faro del fin del mundo
para cogerme como nunca me han follado
nunca pedí el teléfono a ningún camarero
(de esto sí me arrepiento)

cartas de amor no quise
y las que escribí las niego
porque salieron de mis manos sin permiso
cuando de ebriedad me rascaban las ganas

caballeros y oficiales,
finales de película felices,
rosas sin vino,
su banda sonora se desafina en mi guion:
no sé soñar como sueñan las princesas,
ninguna amiga me confesó el secreto
que convertía en príncipe de cuento
cada rana que besó

así que por qué ahora tendría
que maquillarme como las cabareteras
o desnudarme como lo hacen las ninfas
ni se os ocurra pensar que fingiré mis orgasmos
yo no sueño con una noventa y cinco
ni con pesar menos de sesenta
ni con uñas de porcelana,
largas pestañas, piel de seda
me da igual si me dicen guapa los poetas
o si me escriben poemas los obreros
yo no necesito que nadie me diga
cómo me queda mejor el pelo,
ni qué color le sienta mejor a mi boca,
ni qué camino he de seguir
para no dejarme perder
si el que sigo no me lleva
a su cama otra noche
por última vez:
no quiero ser la princesa de nadie,
bastante tengo con intentar saber
quién es Andrea

 

 

 

Mazas, Andrea. Mi columna vertebral. Tenerife; Ediciones de Baile del Sol, 2017.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (L)

 

Hace apenas unas horas me ha llegado a casa este regalo, ‘Mi columna vertebral’, libro de poemas de Andrea Mazas y que, además, contiene el octavo disco de la carrera de Antonio de Pinto.
Comentaba Antonio de Pinto hace poco en su facebook que había desmontado los poemas para poder rearmarlos después en forma de canción.

Voy a leerme el libro y a escuchar el disco (unas cuantas veces más). Ya les contaré.

 

Mientras tanto, aquí tienen algunas de las canciones que Antonio ha subido ya a su canal de Youtube.

 

 

 

 

 

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