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Posts Tagged ‘mariano peyrou’

ESTUDIO DE LO VISIBLE

diciembre 21, 2017 Deja un comentario

 

AHÍ

Sólo me ha pasado dos o tres
veces. Las demás te lo he contado.
No tiene nada que ver contigo,
es un malestar ocasional. Olvidarás todo
cuando cuente hasta tres.

Algunos se dedican a poner etiquetas
despreocupadamente mientras otros las quitan
con esmero. Alguien ve en primer
plano lo que a los demás les parece rebuscado.
Esto suele considerarse un defecto o una virtud,
y debe ser verdad si lo cuentas ahora. Yo,
en cambio, nunca te había ocultado nada.

 

 

 

 

ALGUIEN CON QUIEN HABLAR

¿Me estás analizando? Nos sentamos
o miran el deseo con un vaso en la mano,
haciendo girar los hielos como ideas. Eso
no está en los libros.

La música es tan emocionante que cualquiera
se enamora o empieza a llorar. Tú
y yo saldríamos a comprar tabaco,
uno de los pocos movimientos inolvidables
que he hecho. Las manos sobre el volante.
Siempre se acaba demasiado pronto.

 

 

 

 

DONDE NO PUEDAS VERLA

Todo ese tiempo lleno
de lunas y de soles, en la habitación
mientras él sueña con una casa
muy céntrica, sin paredes, como una pregunta:
¿qué es lo importante? En otro idioma,
con el olor de una cocina ajena, para constatar
la estrechez; la anchura sólo puede
suponerse. Deja las llaves cerca de la puerta.

Encontrarán variedad en la monotonía.
Todos esos años de espera para esto.
La tristeza no sería nada sin ella.

 

 

 

 

LAS CARICIAS INVENTADAS

Éramos tan infelices y cuánto
lo echamos de menos. Ya no
soportas el dolor que te causan
las canciones, la decoración
de algunos escaparates. Presiento
que saldré al jardín en unos minutos.

Lo malo es que para ella, aunque
se pueda hablar y sumar recuerdos,
es otra cosa: todos asumen las fronteras
sin dramatismo, lo cual no indica nada,
una inercia, un mono tras los barrotes
de la zoología. Después
comenzó a oscurecer.

 

 

 

 

EL TERROR A LA BELLEZA

Tienes una cara agradable, pero no sabemos nada
de tus frustraciones. Hablaremos
cuando sea de día. Ahora te toca a ti mover el tejo.

Hola, llámame cuanto antes, suplicó.
El suelo está lleno de castañas, es antidepresivo
darles patadas y seguir su trayectoria.
Justo lo que deseaba. Todavía me sorprende
que la vida se filtre de ese modo entre tus cosas.

 

 

 

 

PARQUE

Tienes razón: los besos al sol
son diferentes. Hay para todos
los gustos, sobre todo porque los gustos
se desarrollan a partir de lo que hay.
pero habíamos prometido abandonar
estos análisis.

Estaba pensando en la muerte.
Pasa un hombre muy satisfecho
con sus juguetes, sin hacer preguntas.
Y ahí brillan unas jóvenes
transgresoras, un instante,
antes de desaparecer.

 

 

 

 

LA VIOLENCIA NOCTURNA

En un futuro lejano, este
paisaje consistirá en una sucesión
de islas blancas y pequeñas,
la manifestación temporal de algo
casi eterno, pero ahora que la calle
está oscura uno puede salir
un poco, asomarse al río a contemplar
su silencio, su oscuridad.

Como antes: ser otro,
o dos, convertirse en alguien
que persigue lo que más desea
sentado junto al río, y volver
todos por la misma calle tranquila
hasta la casa donde alguien más
espera, lejos del río
y de la gente que está sola.

 

 

 

 

LOS ESPACIOS CERRADOS

Tendrás que ejercitar los ojos
recogiendo las nubes que te envío,
la limpia altura de las chimeneas
que diseminaban olor a azúcar
por toda la ciudad, las imágenes
que arrastra la corriente subterránea.

Ahora sí que empuja el viento,
viene entre las estatuas para agitar
emociones antiguas que aún no tienen
nombre, para golpear las puertas
de los espacios cerrados donde la culpa
circula con fluidez, donde vibran
las mentiras y el pasado
se sueña diferente.

Está nevando mucho,
todo es blanco fuera de mí.

 

 

 

 

DOS VISIONES DEL VERDE

un árbol

puedes hacer varias cosas con este árbol

cubrirlo de un color original o dibujarlo en tu mente como si fuera un río

talarlo con las uñas hasta modificar tu percepción del tiempo

calcular su altura y equivocarte y no darte cuenta

puedes olerlo como si pensaras en palabras

esconder sus raíces debajo de la tierra y pintar de verde la más verde de sus hojas

sentarte sobre lo que fue su sombra y esperar a que se haga de día

definirlo para que sea a la vez hermoso y artificial

inventar un incendio y salvarlo

cambiarlo por el derecho a desplazarte por el prado

convertirlo en papel y describirlo de una forma diferente en cada folio

caminar en círculos alrededor de cualquiera de los árboles vecinos

pincharlo con un alfiler para constatar que no se queja

tener una larga conversación a la luz de sus pájaros y descubrir que alberga tantas contradicciones como alas

puede tomarlo como ejemplo en un ensayo sobre la horizontalidad

amarlo compasivamente pensando en los poderosos vientos que trajeron desde las estrellas la materia que lo forma

palpar su rugosidad con cada uno de los dedos o con la palma entera

 

lo que no puedes hacer es entenderlo

 

 

 

Peyrou, Mariano. Estudio de lo visible. Valencia; Ed. Pre-textos, 2007.

 

LA SAL

diciembre 20, 2017 Deja un comentario

 

III

Murmurando un idioma que
entiende cualquier célula, llega el
mar hasta las puertas de un niño que
se moja. El mar hospital es el mar
aeropuerto, a diez kilómetros de altura
se traza una línea sobre la arena donde no
alcanzan las olas con sus manos maternas
y hasta siempre el agua por los
tobillos. El mar verano no es el
único, está también el mar en la ciudad
exilio: el cable del teléfono enterrado
en el fondo, nombres que superan el
naufragio y se arrepienten y reclaman
apellidos, la gestación de una mitología,
la necesidad de aprender a despedirse
sin haber aprendido a saludar
y sobre todo la precaución de
no pisar las junturas de las baldosas, no
acercarse a los bordes ni conjurar
lo liminal o la antizona. El mar
asoma en todo lo que es
puerta: los ocasos, las bocas, la
música, estar solo; asoma y anticipa
la isla y el azar, la sensación de
consecuencia sin causa conocida.

El mar dos polos también finge, simula un
pez lineal, adusto, recurrente; y pájaro,
se resiste al resumen y a la síntesis, pez
cuyo vuelo se aloja en otro mar.

 

 

 

 

VI

Piedra que pega contra el
metal de una farola, piedra otra vez
hasta que estallan la bombilla y la
celebración. Piedras las consignas
de la tribu, uniformes los disfraces
transgesores, doctrinas las tesis de los ateos,
de las larvas rebeldes que pasan una llave
sobre la chapa de los coches grabando qué
desgarro, que arrancan y vacían extintores en
la calle para apagar qué incendio.
En su camino hacia la mariposa
no pueden eludir el laberinto de la televisión
o la miseria y se arrancan la piel
por no saber pedir una caricia, la
piel que no se regenera y hará falta una
máscara, piedra que pega contra el
espejo y no lo rompe.

La sal es la sal de la
vida, aletheia constante, y al no haber vida
el resultado es una intensa sed que simpatiza
con el fuego, emergencias que comparten
solución y construyen puentes ocultos
por los que sin embargo se puede conducir
del miedo al hecho, del
deseo a la fe, asociaciones
que prometen y se esfuman, córtate
una oreja y serás un genio de la
pintura, patadas piedras a retrovisores
y papeleras; nada contiene toda mi
basura y conviene no
ver, no oír.

 

 

 

 

XI

EL DISCURSO PASIONAL

La luna obligatoria, prohibido
el reflejo, prohibida
la luz del mediodía.
Obligatorio el musgo,
obligatorios el paso y el abismo.
El cielo obligatorio y el infierno
opcional. Lo contingente
prohibido, la paciencia prohibida
y la contabilidad. ¿Lo provisorio? Depende,
pero nunca opcional. Obligatorio
el velo, obligatorio despojarse del velo,
la llave obligatoria o prohibida.
Los fundamentos prohibidos, vuelo integral,
tensión obligatoria. Opcional el recurso a lo
biológico, opcional el empleo de tristezas,
opcional el de la analogía y otros síntomas.
La gota prohibida,
obligatorio el mar.
La herida obligatoria y la sangre
tampoco, circulación total y sin embargo prohibido
mencionar la mitral o la tricúspide.
Prohibida la ley, prohibido
redactar el contrato vigente, prohibidos los ojos
en sus órbitas y en órbitas extrañas.

El discurso opcional obligatorio.

 

 

 

 

XIV

Oyes tu nombre. La más
guapa del mundo te ha elegido.
Toda el agua es escasa para
ella, toda huella es reliquia,
todo concepto tiene un fondo
nuevo, todo el rojo es su sangre.
La plenitud en punto, en
el tacto se nota que es hora de
ser tres.

Plenitud significa: tú
devienes yo hasta que la
llovizna deshace el nudo y saltan
todas las distancias hacia el signo.
Bajo la sal se extinguen secas las
palabras, no necesita nombre lo que
se sostiene con la mano. El actual
predominio del significante, entonces,
debe indicarte algo. ¿El exterminio
del significado? ¿Acaso ella es
ausencia y no te has dado cuenta?

Quien quiera certezas, que no
haga preguntas. La inexistente
tercera persona se vuelve
la presencia más sólida.
Ahora una sonrisa
es una forma de ser insensible. No
importa qué felicidad. Velada
o cuerpo y ya, la belleza sostiene
un después mutilado.

 

 

 

 

XVIII

Bocinas luces ella el
volante qué dibujan
qué dicen los
análisis las
células las
ruedas en la
lluvia se extienden las
noticias que ella tapa con sus
nervios crecen giros hoy
hay prisa porque
así es la vida así
es la suerte es
la fuerte más
menos las distancias
un limpiaparabrisas que
levanta un puente el
otro que lo borra
la espranza
ella es blanca
querida y tiene
la ciencia las
ciudades y sus
sábados y sus aeropuertos
volar volante pisar
ahora calcular
las lágrimas en las
ruedas la sangre en
los cristales los crist
alicia los frenos

No soy Alicia señor soy su enfermera.

 

 

 

Peyrou, Mariano. La sal. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

RETRATOS

diciembre 19, 2017 Deja un comentario

 

REVERSO INQUIETO

Empujado por la mitad de la
sombra, necesitas mirar los
objetos por atrás, tal vez por
compensar tu sin matices falta
de memoria; siempre puede
ocultarse un aguijón en
el reverso del lápiz,
llamado por la sombra, un
colmillo en la otra boca de
los besos. Al borde del misterio,
sombra desde las previsiones y recuerdos,
lo más prudente es saltar.

 

 

 

 

SEMILLA

Existirás en los domingos laborables,
en actos largos e inconclusos, en
mañanas pinchados, fuera y
lejos de las cajas, semilla
incógnita en tierra conocida,
ausente en todo tu eco que ya es
todo, en no, en centímetros
cuántos de qué savia, qué
hoja que se mira en algún árbol,
eco que precede a la voz,
frágil, cualquiera, aroma
que antes de la pregunta habita
en sí; tenue aún,
pero existes.

 

 

 

 

MUJER QUE FUMA

Miras la foto. Aún no conoces a esa
mujer que en dos dimensiones quema
lentamente el calendario, en tres si consideras
el humo y sus efectos. Esa inmovilidad
reclama al menos otra imagen
para poder hilar entre ambas la
cuarta dimensión, el movimiento
que seguirás desde hoy hasta
cuándo, los días que midan tu paciencia y
tu esperanza enredándose en el
humo que dibuja sus rasgos,
el humo que tú eres.

 

 

 

 

AUTORRETRATO

El mejor autorretrato que conozco es de un
pintor que mira un huevo y pinta un ave. Hay
gente cuyo mejor autorretrato está en sus
uñas. Hace diez años creía que mi mejor
autorretrato sería al fin un beso durante el que se
piensa en el futuro para que vuelen juntos
los sabores. Toda magia es ingenua. Toda
palabra es mágica. Hace cinco años pinté mi
mejor autorretrato: un corazón y un
cuerpo que late dentro de él y lo alimenta. Hace
diez minutos comencé un poema
pensando que en toda palabra late un deseo
de silencio, una conciencia de esterilidad.
Cómo me arriesgo a quedar como un imbécil.
Todo autorretrato implica un riesgo semejante.
Los sueños se suicidan con somníferos.

 

 

 

Peyrou, Mariano. A veces transparente. Madrid; Bartleby editores, 2004

 

MIRADAS

diciembre 18, 2017 Deja un comentario

 

ALGO DE LO QUE PASA

Ahí voy a sentarme, voy
a sacarme y a mi incomodidad hasta
la calle a inventariar algo
de lo que pasa, en la silla de
ruedas y laureles. Empezaré
por distinguir entre personas
y cosas, actividad compleja y
poco usual que reclama ciertas ruedas
teóricas: las cosas
son el hueco que dejan; las personas el hueco
que quisieran dejar.
O el hueco que no llenan sus presencias.

Amar es una apuesta por otro
punto de partida, el rechazo a las definiciones
negativas, la vocación de relleno con laurel,
inventar a los otros y comer su
misterio. La gente impone
gestos y consignas. Los objetos
siempre son más cariñosos,
no tienen miedo a las
palabras ni al contacto con
mi piel.

 

 

 

 

EN ESA ÉPOCA

En esa época solíamos mirar por la ventana.
Enfrente, dos hombres intercambiaban algo negro,
de mano en mano, tuya, mía, como en un juego de
niños, y sudaban. Era una araña grande como un
gato. A veces
encontrábamos un hombre en el suelo,
dos marcas violetas en el antebrazo. El
otro era el vecino. Nos contó que
venía gente de muy lejos a
desafiarlo. Nos contó que así los
hombres se expresaban admiración y respeto.
Otros decían que era una forma de hacer
dinero. Un día fue el vecino el que perdió.

 

 

 

 

LA CALMA PERFECTA CENIZA

Este silencio perfecto puede desafiar a cualquier
música, aquel árbol derrota
a todos los atletas, he visto un
verde que nunca se dejará pintar,
el otro azul se ríe de las
anclas. Y mientras, llaves demandan
acción, pero sólo por amor, y
cerraduras anhelan como
labios. Aspiro a ambas
orillas de la tranquilidad, y sin
embargo ni la transparente ni
la opaca; como máximo, la
brisa en un jardín. No es
poco. Mientras, pasillos ansían
pasos, hojas se aburren como manos,
la tierra fresca espera con los brazos abiertos.

 

 

 

 

NADA MÁS

Soy a través del correo: todo
lo que desplaza palabras en
el espacio, lo que lima las
distancias y reúne los cristales
rotos es correo. Me
gusta lo que me altera,
llevar la vista al suelo e
identificarme con estos y no
otros pedazos de cristal, y así,
porque si la libélula se posa en
un fragmento ya me duele; o
poner donde dice pegue su
fotografía una pieza cualquiera de
puzzle. Eso que vuela es lo que me
vuelve otro y gusta y duele, nada
más. Algunas cartas llegan, algún
día abres el sobre que te debo
y un charco a tus pies.

 

 

 

 

DESTINO

Y para orientarme en este
laberinto dispones del mapa de una
ciudad en la que aún no has estado,
una brújula que señala la dirección que
tomarías sin ella, dos llaves que parecen
iguales, un reloj que atrasa veinticinco
horas por día, la propiedad
asociativa, provisiones que dan
hambre, la religión que elijas,
un resumen de tus próximos sueños,
visiones que dan sed, la salida ahí
enfrente, un recorte de
periódico que cuenta cómo
no pudiste salir.

 

 

 

 

UNOS OJOS

Unos ojos que no ven las pestañas
no funcionan, la boca es besos
y dientes, el abrazo es también
una estrategia de huida. Para el
tacto hay un cristal, si me resigno a mirar
se vuelve espejo, se
mueve el horizonte a cada
paso, sol
cargado de noches. Y si
aceptamos que desde dentro de un sistema
nunca entenderemos el sistema,
no hay más que hablar.

 

 

 

Peyrou, Mariano. A veces transparente. Madrid; Bartleby editores, 2004

 

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