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Posts Tagged ‘manuel urbano’

POLVO SERÁN…

 

ANTONIO ABAD

FLUJO ÚLTIMO DE NIEVE

La lentitud del cuerpo sucumbió en la alcoba
mientras que el blanco paño dispuesto con cuidado
destacaba a imagen de la muchacha muerta.

Estaba la belleza inclinada en su vértigo;
la pálida mejilla huida en el vacío;
los familiares cerca —consumiendo quizá un sorbo de café
agrio bajo las sombras—, en un cuarto contiguo
donde la luz opaca del silencio fingía
callada soledad.

De repente el deseo asumió su costumbre
y en las lívidas carnes del ataúd mi cuerpo
retozaba cual brío de insensata locura.

Tendí así mi ardor penetrando en la oscura
calma del joven páramo
el júbilo creciente de todo mi delirio.

Era aquella profunda oquedad de sus piernas
un témpano de gozo
donde la sangre fría delataba en silencio
los aromas dormidos para siempre, pero que ayer mismo
entre vibrar de sábanas, lentos jadeos, besos,
caricias, derramaba su flor
en maneras que ahora el reposo del mármol
de sus manos lascivas derrumbadas
no saben.

La muerte fue también
momento de pasión.
Por sus caderas un flujo último de nieve
se fue haciendo invierno.

 

 

 

 

CARLOS ÁLVAREZ

LIEBESTRAUM

Fronda salvaje, trampa rumorosa
donde soy vencedor al ser vencido,
gruta que me adormece en el olvido
de mi roto vigor, pétalo rosa

de la rosa que hospeda mi ardorosa
presencia de varón, grato descuido
que me dejó adentrarme en ese nido
donde anuncias la vida milagrosa.

Tu cuerpo, que no yace junto al mío,
lo imagino muy lejos de la oscura
soledad de mi celda. Quiero amarte

y amarte: deshacerme de este frío
que mis nervios destroza, y la dulzura
de tu fruta bebérmela al sembrarte.

 

 

 

 

ALFONSO CANALES

xxSONETO EN EL QUE EL POETA TOMA PRESTADAS
LAS PALABRAS DE JOHN DONNE, PARA DESABRIGAR
xxxxxxxxxxxxINFUNDADOS TEMORES

¿Qué haremos en invierno, me preguntas,
sin un mal cobertor que nos defienda
del frío? ¿Qué participada prenda
abrigará las desnudeces juntas?

No te sé contestar. Y descoyuntas,
pura, abierta, entregada a la contienda
del amor, ese cuerpo, a suelta rienda.
Y se me escapa el alma por las puntas.

Aún es verano, y la calor es tanta
que no comprendo la frialdad. Y sudo
cuanta humedad rehuye la garganta.

¿Pero existe el invierno? ¿Y es tan crudo
su rigor? Si es así, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que yo, desnudo?

 

 

 

 

ISLA CORREYERO

LAS MEDIAS BLANCAS

xxxxxTengo unas medias blancas de encaje que me pongo
cuando me visto el traje negro de los recuerdos.
Son unas medias finas, hambrientas de fantasmas
que hacen juego con pájaros interiores, oscuros.
xxxxxLas piernas, penetradas por estas bocas blancas,
levemente se abren con signos vegetales.
xxxxxLos hilos amanecen mi piel,
brotan, perdiéndose, entre los elevados pensamientos más íntimos.
xxxxxEn derredor: imágenes de ocupación pelviana,
soberbias latitudes desde el puente atestiguan
la entraña y las enaguas levantadas al vuelo.
xxxxx¡Qué holgada está la tela de la falda de flores,
la rodilla suavísima con olor a naranjas!
xxxxxPor los muslos se agrandan los dibujos henchidos,
son copos invisibles calcinando altas cumbres.
Me infunden sobresaltos, me clavan dulces flechas,
tan finas son las mallas que saltan los engarces
y hasta el ocre desierto los poros me rezuman
feroces destinos, presagios entreabiertos.
xxxxxSiento flores y manos crecer entre las piernas
y más arriba el musgo
tapando el azulón vellón de la albufera.

xxxxxNo podría ponerme estas medias sabiendo
la gracia que se esconde, generosa en tu boca.
Espumosas persisten, sin causa me rodean,
temibles de tu roce, sin fatiga,
explorando.

 

 

 

 

ROSA DÍAZ

SO-METO DE REPENTE

Un capullo me ofreces, y al instante
lo contemplo rosado, firme y prieto,
catorce veces palpo y acometo
y él, crece en vertical insinuante.

No hay regalo mejor, para la amante
que guardosa lo toma, con objeto
de someterlo a fondo y por completo
y hacerlo deseado y deseante.

Y, so-mételo al fin con ambas manos
con mimo de que el tallo no se encoja,
y en dura danza y perseguido antojo

del vértigo mayor de sus arcanos,
el capullo más sabio se deshoja
y con gusto se queda mustio y flojo.

 

 

 

 

CONCHA GARCÍA

EXTRAÑO ÉXTASIS

Cuando tardó lo vi todo o casi, nunca
pude decir unas largas tardes y fuego
ni tampoco pormenor, ni siquiera detectar
las sombras baldadas de aquello antañoso
que me abría las piernas muy abyecta
con rabia minuciosa en la perplejidad
de mi profusa lámina de clítoris progenie.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Dánzame: es un día de curvas que se prolongan
al fragmentarse mi beso de saliva lluviosa
el trajín más artesano de la boca.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

La de veces que le digo: ven y vete
y que mojo las pestañas en la fila
de sus escalofríos y que como una angustia
que se me cae por las rodillas voy reptando
y silbo buscando los certeros anagramas del acoso
húmedo

 

 

 

 

FÉLIX GRANDE

Milagro de los pechos prodigiosas,
alba que rasga el oscurecimiento
de esta frente de penas aterida:
mis huesos silenciosos
junto a la hoguera de tu olor caliento
y a orilla de tu carne decidida.
En el silencio en el que la techumbre
en mi alma se desploma y en mi espalda
la inusitada fuerza de tu falda
a la ruina y a la pesadumbre
las barre diligente hasta la calle.
Qué fuerza en esa escoba:
tu cuello, tus mejillas y tu talle
además de imantar con miel mis dedos
ahuyentan la tristeza de mi alcoba,
recriminan y expulsan a mis miedos.
Al desconsuelo pones
en retirada al reclinar tu pelo
y le desgarras al cansancio el yelo
con los cuchillos malvas
de tus altos pezones
donde empujan las risas y las albas.
Y entre tus risas y tus albas chupa
velocidad mi corazón que gira
resurrecto, anhelante, mientras mira
el mágico volumen de tu grupa.
Y con mi corazón crecen mis manos,
nadan los tres por el jardín de algas
de tus dos océanos,
tus opulentas y sagradas nalgas.
Vasija de piedad, cuerpo rotundo,
misericordia impar de la materia:
en tu rotundidad comienza el mundo
y sólo en tu esplendor esta miseria
de ser mortal, casual, se desvanece.
De oscuridad el Universo escuece
sin las lunas eternas
que habitan la penumbra de tus piernas.
Dentro de esa penumbra y de esa llama,
sobre tu centro en el confín secreto,
a una inocencia súbita me aprieto
y se transforma en un altar la cama.
El gozo se derrama
entre la santidad de tu vagina
y de pronto la vida, el tiempo, todo
adquiere de este modo
humedad femenina.
Y el masculino horror de la unidad
perdida, se mitiga
en el clamor feliz de esa humedad
universal que mora en tu barriga,
y todo crece hacia la santidad
de la unidad y del origen, y esa
explosión de regreso y de candor
susurra y acaricia y lame y besa
a la profunda boca del dolor,
y así la eternidad
amable y enigmática regresa
entre tu amable y misterioso olor.
A este consuelo trágico y profundo
desde hace siglos se le llama amor:
eso que agranda y que perdona al mundo.

 

 

 

 

ALMUDENA GUZMÁN

A cada contracción del espejo
se me iba poniendo la piel preciosa
mientras cumplía
—toda ojos velados—
aquella indecente promesa nuestra de las doce.

 

 

 

 

JUAN LAMILLAR

ARIADNA

Con ojos lascivísimos miraba aquella espalda
tras leves transparencias, aquellos muslos gráciles
y los ágiles músculos, su eternidad efímera,
el ajustado short pecaminoso,
la precisión graciosa de sus nalgas.
Sin rumbo iba la nave del deseo,
desnortadas las brújulas.
El pezón en esbozo tras un gesto,y la huida,
un oscuro perfume. Comprendí su victoria
e imploraba un instante de desnudez completa.
Radiante ninfa urbana, sin el menor sentido
de la misericordia ni del amor al prójimo,
su ondulación salvaje, inmarcesible,
hollaba el laberinto
—el claro laberinto de las calles—
en busca de Teseo.

 

 

Vive y jode en Venecia Marco Antonio,
el sutil Casanova de Tirana,
y entre coño y canal va, en la mañana,
prodigando al azar su patrimonio.

Primero las encama, el muy demonio.
Les enseña después la barbacana.
Siempre a la grupa de una cortesana,
su miembro de su ardor da testimonio.

Levanta encajes, sorprende nalgas prietas.
Con rigor veneciano abre canales,
triunfando con su esbelto campanile.

Ante táctica tal no hay quien vacile,
y todas dejan que entre en sus umbrales
y que las entretenga con sus tretas.

 

 

 

 

ABELARDO LINARES

BUCÓLICA

Dorada mies de un oro valiente y veronés
y un cielo con el mismo azul que el de Tiziano
sahumaban de égloga la tarde, yo  tus pies
deshojaba en caricias el lirio de tu mano.

La nuestra era una estampa de cuadro italiano
a la que alguna nube otorgara aire inglés.
El rústico silencio era igual que un hermano
y veló nuestros éxtasis unánime y cortés.

Yo soñando en vivir contigo una aventura
como aquellas que había leído en Aretino,
para mejor besarte estreché tu cintura.

Pero tú me esquivaste con además felino,
pues tus pocas lecturas no daban para cosa
que no fuera iniciar una novela rosa.

 

 

 

 

MANUEL MANTERO

SONETO

¿Quién no peca si habita un paraíso?

¿Quién, bajo el árbol inmortal, no quiso
amar a Eva, al acabar el día,
flor ansiada por polen circunciso
y más ansiada mientras más tardía?

Se acuesta Apolo, emocionado. Sabe
cuánto su luz pensada nos enciende.
Publica un triste éxtasis el ave
cuyo nido ningún verdor defiende.

Porque toda inocencia al tedio lleva
y un desnudo, si eterno, no es desnudo,
Eva y Adán pecaron. ¡Vida nueva
cuando Adán soñó el sexo, cuando pudo
desnudar por primera vez a Eva!

 

 

 

 

JOAQUÍN MÁRQUEZ

INVOCACIÓN INMORAL ANTE LAS RUINAS DE ITÁLICA

Esto Fabia, ay dolor, que ves ahora,
mustio de soledad y cabizbajo,
fuera en tiempo un pedazo de badajo
capaz de hacer sonar a una señora.

Y ahora ya ves, oh Fabia, como llora
declarado incapaz para el trabajo,
que, a penas jubilado, deja el tajo
donde otro con más ímpetu labora.

Ya ves que de milagro se sostiene,
y de amor propio, que otro ya no tiene
que remedie su eterna calentura.

Pero acércate Fabia, toca, toca.
Dile adiós con un beso de tu boca
y dale en ti romana sepultura.

 

 

LA DUCHA

Hace calor. La ducha. Y apareces
desnuda en claridad, como una espada.
Y me dejas la carne traspasada
cuando a la lluvia, cándida, te ofreces.

El agua pone el río y tú los peces.
Yo no sé qué poner. No pongo nada
más que un corvo deseo; una mirada
como un puñal que clavo muchas veces.

Y el agua cesa y se acrecienta el fuego
cuando la piel recorres con cuidado
agotando tu aseo y mi paciencia.

Y miras y te ríes, y hablas: ¿Luego?
No, luego no, mujer. Ahora el pecado,
que ha sido mucha ya la penitencia.

 

 

 

 

RAFAEL PÉREZ ESTRADA

EPIGRAMAS

No debes felar en mí
pues tu gula es voraz

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Tus labios tienen la O que mi verga desea
¡Pronuncia ya esa letra, amiga mía!

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Eh tú, muchachita, si quieres un buen cobijo
ven aquí, junto a mi méntula, que ya está calentita.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Vanessa, ven si quieres gozar,
¡Anda, canta una cancioncilla a este ofidio
y verás cómo baila y cómo te complace!

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Lucila no te envanezcas
ni propales orgullosa la noche
que compartí contigo,
en ella supe
lo incómodo de lo holgado
y lo necesario de lo justo.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

¿No te parece razonable Davinia
que si tú me has atravesado el corazón
pretenda yo ahora traspasar tu coño?

 

 

 

 

FERNANDO QUIÑONES

LUISI DE ALICANTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Rafael Alberti

Era el verano de Alicante.
Ella
sola
era todo Alicante,
era todo el verano.

Desbordaba del lecho con olas rosicleres
de carne, rollos de carne por lo visto
no imposibles y no deformes,
mareas armoniosas
de muslos, antebrazos, mejillas,
pechos universales, desfile suntuario
de carne y carne y carne, caucho tibio,
silencioso, aplicado,
multiplicadamente removiéndose
de los pies a la cabecera,
sumiéndote en un mar soberano de carne
activa, en marcha, maestra en todo,
un tren de carne que no acabara nunca de pasar,
sabiamente tenaz, indetenible
tren circular de astutos cambios, inversiones
inesperadas y eficaces
paradas y aceleraciones,
el azabache de los ojos
entrevisto y perdido al instante por esos
bultos afortunados, masas, nubes
de carne limpia y bien distribuida
cubriendo el mundo, toda
trabajadora, atenta, nata
apretada, punzantes pezones
igual que caperuzas de bolígrafo
como animales vivos, independientes,
redondas ancas ecuménicas,
espalda sin fin, súbitas,
mullidas asperezas del pubis:
carne enmudecedora y cegadora
carne ensordecedora aunque callada
como lana gomosa en que te hundieses y te hundieses
como si las Tres Gracias de Rubens
se fundieran en una y dispusieran a agotar sus eros
en ti, casi a parirte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxO más:
como si aprovechando las fiestas y el estío
hubiera el Mare Nostrum consignado a la casa de putas aquella
el Estado Mayor de las diosas calientes
de Alicante.

 

 

 

 

ANA ROSSETTI

EMBRIÁGAME

Matarte sí, matarte:
desatar una cinta jugosa por tu pecho,
que salte fresca,
su tacto más sedoso apresurando,
que yo introduciré mis dedos desflecándola,
despeinándola, tomando su color,
guardando entre mis uñas sus húmedos ribetes,
haciéndome nacer, de repente, amapolas
o hibiscos en las manos;
embebiendo, empapando en tu herida
las ropas que me cubren, una a una.
Que a través de la alforza, del pliegue
—los bordados ahogando, inundando
la calada cenefa, hundiéndose
por las duras costuras y el tan entrecortado
diseño del encaje— llegue a mí
el don impetuoso de tu amor.
Señalado contigo mi estremecido cuerpo,
con la vida que enloquecidamente
de ti sale, y mi pelo salpica,
y corona y enreda de alhelíes…
Precipíteme yo a bebérmela ávida,
a beberte.
Embriagada de ti,
irrestañable flor, muévanse en tu costado
mis labios incesantes.

 

 

 

 

JUAN JOSÉ TÉLLEZ

PLAYA NUDISTA

Abandona el cuerpo a la pereza del Austro,
la vulva abierta al sol que cicatriza.
Hasta el crepúsculo, hundida en la tumbona,
en pies descalzos, dedos humedecidos
por el mar que ronda como aquel que acecha
en la penumbra, el miembro yerto. Acaricia
suave colina, caderas poderosas, la calle
del amor donde ha llovido. Que el Aquilón
no llegue a entorpecer el reposo de la reina
dulce que el placer gobierna, rectora
de la dicha, soberana de seno rígido, sobre trono
de arena descansa como una tabla de viento
que ha navegado, en la tarde, océanos felices
y rendido amantes, junto a su vela erecta.

 

 

CALL GIRL

A las doce en la trescientas quince.
He encargado vino de rosas.
Sobre el lecho, tal vez, concluya la velada.
Amarás ante mí al rubio ascensorista
y honraré vuestro jadeo con versos inmortales.

 

 

FETICHES

Si dejases descalzar por mano torpe
tu deleitoso pie de absoluta reina,
pasear podrías, como el fakir exótico
sobre el ascua, mi corazón rendido.

 

 

MILAGROS Y MARAVILLAS

Ni a Fátima ni a Lourdes, pesaroso viaje,
o al supuesto sepulcro del Apóstol Santiago.
Sé de un enano que crece en cuestión de segundos
cuando ella se acerca con su falda ceñida.

 

 

 

 

MANUEL URBANO

VOCABULARIO

Putas, bagasas, puchas, cantoneras,
sotas, tusonas, izas, quilloteras,
rabizas, bujarras, piculinas, leas,
picañas, coimas, daifas, rameras,
burracas, currutacas, baldomeras,
fulanas, chuchas, hetairas, cellencas,
gabasas, meretrices, manflas, pencas,
suripantas, zamarros, cotorreras,
pelagartas, lumiascas, chuchumecas,
mozcorras, prostitutas, troteras,
lúas, trongas, guarichas, pajilleras,
¡marcas hhispanas de la A a la Z,
gozo del pijo, gloria de la lengua!

 

 

EL SOLITARIO VICIO

el solitario vicio de la forma
y estas manchas que dejo en el poema
mientras otros
pudorosos de masturbarse el alma
obscenamente
también insolidarios
sin estridencias
estrictamente se suicidan.

 

 

 

de Cózar, Rafael (ant.). Polvo serán… Antología de poesía erótica actual. Ed. El carro de la nieve; Sevilla, 1988.

 

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