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Posts Tagged ‘los vértices del tiempo’

CUERPOS POLIÉDRICOS

diciembre 21, 2015 Deja un comentario

Javier Temprado'

 

xxxxxIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“No es por follar/ sino para escribir sobre ello
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy ser alguien en la vida/ y poder mirar atrás”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxManuel del Barrio Donaire

Bukowski escribe y me dice:
All poets die in steaming pots
of shit.

Y no puedo dejar de estar de acuerdo.
Todos morimos rodeados
de la mierda producida.
Callamos entre legajos de papeles
que sólo nos gritan lo que nunca debimos escoger.
Toda esta basura que la vida nos salpica,
toda la pornografía que no sabemos ocultar,
toda la gente que se escarcha sobre nosotros,
esta hambre, sobre todo este morir de hambre
una y otra vez,
en brazos del sexo, de tu sexo, del sexo de tu boca,
de tu boca en mi sexo, una y otra vez,
y siempre con esta hambre de morir.

Aquí, hacernos daño,
demostrar que lo único real
son las heridas que planeamos
minuciosamente
escribirnos en la piel.

Y morir siempre en la noche.

En la comida podrida de nuestros cuerpos,
en lo animal de la cama
de los poemas manchados,
de las fotografías, de los condones derrotados.

Del choque de los impulsos,
de las embestidas desvestidas,
de los chillidos que acuchillan
de los gritos que rajan el silencio.

El silencio.
xxxxxxxxxxLa calma.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxTus manos.

 

 

 

 

xxxxxVII

El sístole de la puerta cuando te marchas.
Lenguaje común
en las entrañas de mi teléfono.

Un sonido sordo,
el reptar de lo cotidiano
que arrastra saliva y silencios enclenques
en un borde de tu vientre.

Con mis manos desnudas
reescribo la luz desvestida
de un mes de marzo.

Destapo una nube de amoniaco
sobre recuerdos caducos
y me pienso en ángulo recto.

Tumbado frente a tus gemidos
y esperando a que te desplomes.

Única forma de escapar de la geometría.

 

 

 

 

xxxxxVIII

Espío
con voraces ojos
el baile de tortugas
que me ofrecen los barcos.

Los anhelo.

Me cuelgo en sus mástiles,
bailo desaforado en sus cubiertas,
invento un nuevo nudo,
piloto los vientos hacia otro cielo.

Y aún en puerto.

Alzo las manos
y descubro un nuevo mar
cuando una mirada encalla
bajo tu falda.

 

 

 

Temprado Blanquer, Javier. Los vértices del tiempo. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2015.

 

VÉRTICES

diciembre 14, 2015 Deja un comentario

Javier Temprado

 

xxxxxIX

Una sospecha en la taza de té.

Mi pasado aprecia su rostro.
Desconoce sus manos afilando
la punta insondable del miedo.
Que agrieta las heridas de los vértices.
Que muerde las venas del veneno.
Vive en un estúpido estado de traslación,
configurando galaxias que no son mi cuerpo,
ni el tuyo.

Un alambre de Giacometti
en plena persecución.

Hoy, me he prometido pensar
en absolutos,
rodear de círculos azules
los hematomas de las piernas.
Aplastar el último pretérito imperfecto.
Abandonar esta ciudad.

Llegar intacto a mi próximo presente.

 

 

 

 

xxxxxXII

La memoria son fotografías
en blanco y negro.
Una Polaroid, una Leica.
Un mapa de cicatrices
que no queremos olvidar.
Como haciendo rehén del tiempo
una piel fronteriza
un momento de silencio
una polifonía de rostros.

Un par de segundos
que noquean al invierno.

 

 

 

 

xxxxxXIV

Volvías a ser un crío,
te tartamudeaba el corazón y la mirada
pero volvías a hablar el lenguaje del deseo.
Sentías la caricia y el pecho hinchado de luz.

Y todo aquello era un juego.

La mirabas. Y eras torpe.
Como quien comienza a andar
sobre una nueva piel.
Como los dedos que hablan de la nostalgia
agitándose frenéticos.
Como los desiertos que atraviesas lento
bocado a bocado.

Como los labios que hablan del amor
cuando todo era sombra.

 

 

 

Temprado Blanquer, Javier. Los vértices del tiempo. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2015.

 

LOS VÉRTICES DEL TIEMPO

Javier Temprado

 

ARISTAS

xxxxxIII

La última frontera contra lo inabarcable,
Lisboa. El engaño del jazz,
un instante de espaldas al mundo.
Lisboa te mordía el cuello y la risa,
sonabas a Caetano Veloso.
Sonabas. Você é linda.

Y qué queda de las calles y los tranvías.
Qué de la piedra sorda del anochecer.
¿Acaso las mismas manos?

¿Qué queda?
Pessoa y sus pasos.

Un cielo nublado de mediados de siglo
y una decadencia sin memoria.

 

 

xxxxxIV

Ejecuta sin temor,
no conoce la diferencia,
ni su carácter perpetuo.

Prevalece su dinastía
y su descendencia voraz,
cada vez más avara,
más ágil, más masa.

La suma es un montón de cadáveres
sin principio, ni memoria.

El resto son los huesos caídos
de las soluciones.

La economía reverdece
bajo la negra estela,
un rastro de sangre con cifras.

El motor del cambio, lo llaman algunos.

 

 

xxxxxV

xxxxxxxxxxxxxxxxxx“Y judío alemán negro argentino chino francés árabe indio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsean palabras que se usaban
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la Edad Media que acabó a finales
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdel siglo veinte”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJulio Cortázar

Se calzó sus zapatillas de ante
egipcio, con suela de caucho
argentino,
con textiles ingleses
diseñados en Estados Unidos
con máquinas y ordenadores
Made in China.

Llegó al congreso
y habló sobre la pureza y las esencias
y los pueblos y las patrias

Y otros esqueletos de agua.

 

 

xxxxxVII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Porque ninguna tierra /posees
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxporque ninguna patria /es ni será jamás la tuya”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxÁngel González

Las calles vuelven a tener memoria,
me dicen los viejos,
ante la mirada atónita de un niño.

Yo las recorro con paso lento,
con una falsa calma
de violines.
Las engullo, las relamo
como quien sabe
de la incertidumbre del primer sabor.

Y me pregunto
cuántas pieles de cemento
caben en unos zapatos.
Cuántas luces proyectaron
sombras cristalinas.

Cuanta ceniza.

Ya sentado me vuelvo a mirar
atónito, pero con la calma
de aquel que comprende.

Sólo asfaltamos la calle
con nuestra memoria.

 

 

xxxxxIX

Cruzas la noche
con el cerebro gris
y lees las noticias en internet.

Exhiben cuerpos sin vida,
deshechos de sombras a plena luz,
sangre habitando con la suciedad.

Circulan tus ojos por el mundo,
Tombuctú, Alepo, El Cairo, Gaza,
Newtown, São Paulo.
Nombres sin imágenes, mancillados
de olvido y portadas.

Click y cierras la página.

Clausuras el dolor, ignoras sus nombres.
Su memoria desparece
entre el fuego de la muerte.

Y a ti no te importa ni lo más mínimo.

 

 

 

Temprado Blanquer, Javier. Los vértices del tiempo. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2015.

 

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