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SINESTESIAS, ASOMBROS Y MULTIPLICIDADES

diciembre 13, 2018 Deja un comentario

 

TE ESCUCHO CON LOS OJOS

Encuentro en las raíces
una escondida llama
que se esculpe por dentro:

casi petrificada,
una obsesión pujante.

¿Quién no ha soñado con comunicar
esa instantaneidad sin discusión
que vibra en la energía?

Comunicar lo vivo,
previo a lo interpretable.

No sé si ese lenguaje
sería más de luces o de sombras,
pero quien no lo intuye
es que en parte está muerto.

Quizá por eso ahora
te escucho con los ojos.
Y vuelco mi deseo en que me llames
desde detrás de todas las palabras:

con esa sola voz con la que un cuerpo
sabe llamar a un cuerpo.

 

 

 

 

EL ASOMBRO

Quiero que te des caza, que te dejes
en la cuneta,
xxxxxxxxxxxxatropellada,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxherida,
revuelta de placer,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxenmarañada,
y que tu propio tú
xxxxxxxxxxxxxxxxxxde ti
se asombre.

Sé la flecha sin diana que halla el alto
motivo de su gozo
en su desnudo
vuelo.

x
Hermética y secreta
—pero abierta—,
dale a tu piel
xxxxxxxxxxxxxsu sed,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsedúcete,
magnética en tu imán,
al que persigues.

Siéntete extraña, hermosa, apetecible.
Lejos,
xxxxxxcerca,
xxxxxxxxxxxxa la vez.

x

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY atráete
entre tus propias manos.

 

 

 

 

LA IMAGEN MÚLTIPLE

¿Y si justo al final
de la vida
no hay ni una sola luz,
ni la condensación en un instante
fugaz
xxxxxxde lo mejor que nos fue dado?

Sino más bien,
enredando mis pasos, impidiéndolos,
la visión de caminos que no tomé jamás,
sendas de amor hacia ninguna parte,
besos que no llegaron a sus metas,
lo no dicho a mi padre oído a gritos,
lo bello hundiendo el mundo hacia su enigma,
y el tiempo y los afectos
volviéndonos la espalda.

¿Quién puede asegurarme
que mi mente algún día
no ha de adentrarse en ese callejón

donde una imagen múltiple
más o menos así

de repente
nos mata?

 

 

 

 

FORMAS DE EXPRESIÓN

Te dijiste en mil voces
en que se diluía
la raíz de tu voz.

Más que vientos concretos,
tú fuiste la energía
que hay detrás engendrándolos.

Tu lengua era tu lengua,
pero de un modo oscuro
era también la lengua de un lenguaje
que no decías tú.

Sobre esa intersección siempre cambiante
se sucedieron las metamorfosis,
para arrasar tus formas, tu perfil:
como al rodar la rueda
se desdibuja en ella lo superfluo.

Y ahora,
xxxxxxxxaquí,
xxxxxxxxxxxxxen la avenida
del silencio cernido
sobre tu cuerpo, ya jirón de nada,
piensas por un instante que los labios
que mejor te expresaron
fueron tan sólo los que con pasión
te buscaron, trazaron tus contornos,
pronunciaron tu piel
y te nacieron a ese gran misterio
del verbo —confundiéndose en susurros—
vuelto de pronto carne.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Para una teoría de las distancias. Barcelona; Tusquets editores, 2018.

 

LOS SENTIDOS, UNA CICATRIZ, LA REALIDAD Y FINISTERRE

 

LOS SENTIDOS

Esconde cada cosa en sí el secreto
de la mejor distancia
a que debe ser vista.
Así que pienso ahora a qué distancia
he de ver cada imagen
de lo que yo viví.

Mi padre, atlante
alzado en mi memoria,
se rebelaba en mí contra lo grave
de yacer bajo tierra.

Hay quien juega a encerrarme en un arcón,
por donde empiezo a desaparecer.

¿Y qué ocultan mis ojos de sonámbulo,
que sólo intuyo con los ojos de otros
que me vieron mirar mirando a ciegas?

¿Desde dónde asomarme
a los cuerpos que amé,
a esa piel —o escritura minuciosa—
cuyo misterio quise poseer
y que hoy se me revela inagotable?

Nada dice lo mismo
contemplado de cerca,
contemplado de lejos.

La apropiación del mundo
es un giro incesante de poleas,
alzando, hundiendo los significados.

Por eso yo me muevo al observar,
para que el movimiento
de mis ojos pensantes
transforme mis sentidos,
transforme —en mí, en las cosas—
los sentidos.

 

 

 

 

CICATRIZ

Beso la cicatriz de tu dolor
sin saber lo que encierra. De algún modo
beso así la maniática, obsesiva
sangre que la besó dentro de ti.

Beso la forma de tu angustia lenta,
su dibujo en tu cuerpo, hecho temblor.

Beso una mordedura que se calla,
labios borrados por un gran silencio,
la erosión más abstracta de tu piel.

Beso la cicatriz de tu dolor.
El rastro de una historia
que por más que lo intente
jamás sabré contar
ni contará conmigo.

Y he aquí mi cicatriz
sobre la tuya:
¿Cómo en lo que se funde
puede haber tal distancia?

 

 

 

 

TANTA REALIDAD

Tensaste en la mañana
el arco del mirar,
al retar horizontes.

Sobre la arena todo
fue un delirio de huellas
que buscaban su origen.

La vida halló en el perfil de un laberinto
sin paredes ni puertas,
una trama sin orden
en febril movimiento.

Golpeó como un puño
de raíces abriéndose
la idea de distancia
perdida en más distancia.

La luz que funde el mundo y lo confunde
daban tan fuerte en ti que te redujo
a restos de erosión sedimentados
en superposición de espacios y de tiempos.

Sentiste el vaciado minucioso
de tu propia persona.
Quizá nunca hasta entonces
fuiste menos tú mismo.

Pero quizá tampoco nunca antes
fuiste, de pronto, tanta realidad.

 

 

 

 

FINISTERRE

Emprendiste aquel viaje al fin del mundo
como un modo de ahondar
en una teoría de los límites.

Un panorama en curva
permanente intentó
cerrarse sobre ti.

Aquel paisaje
viró al completo
y se volvió tu trampa.

Desde el mar, las sirenas, con sus ojos
parpadeantes, entonaban, mudas,
el canto más sutil:
el de la luz.

En Muros creció aún más el laberinto,
pues la ciudad hundía sus fachadas
bajo una inmensa red:

en el fondo de la tierra
era el fondo del mar, con sumergidos
faros, y aquellos peces
aéreos que cruzaban por tu mente
como alucinaciones.

Un niño en el asiento
de atrás —quizá Telémaco—
dormía, mas no sabes
si en él, confuso, se encerraba un símbolo
de una forma mejor de conocer
o del más puro desconocimiento.

Llegaste a Finisterre igual que a Ítaca,
para verla asediada de rivales
ávidos de su hermosa
energía, llamados ciegamente
por su norte magnético.

Y desde el centro mismo del verano,
sobre aquel mirador primero y último,
en el fin que es origen,

tú sentiste la urdimbre
de los cuatro elementos
en su danza más ebria

tejiendo y destejiendo
el saber y el sabor del desear

un kilómetro cero
desde el que ver el mundo.

x
x
Ésa fue tu aventura.

x
Eso fue lo que hallaste.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Para una teoría de las distancias. Barcelona; Tusquets editores, 2018.

 

ALBADA

 

ALBADA

Llegar a cada sitio
como la luz
al día

muy sigilosamente

sin hacerse notar

pero tomando posesión de todo

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Para una teoría de las distancias. Barcelona; Tusquets editores, 2018.

 

EL EXTRAÑO, MEDIA FIGURA Y UN ÁRBOL

noviembre 26, 2018 Deja un comentario

 

EL EXTRAÑO DE LA CASA

Es sin duda el extraño de la casa,
que vuelve extraño
todo nuestro cuerpo.

Le saca al mundo,
a lo real,
sus filos,
sus aristas.

Y el silencio, de pronto,
resulta inconcebible.

Es centro,
pero siempre cruza el límite
de su circunferencia:

anhela la expansión.

En él —ignoro cómo—
no nos pertenecemos
nunca a nosotros mismos.

No hay nada más ajeno
que el dolor.

 

 

 

 

MEDIA FIGURA DE MUJER
(José de Ribera, Museo del Prado)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHomenaje a Wisława Szymborska

¿Dónde están los del cuadro?

Mi creador me dio
un sentido concreto
en la red de miradas
previstas junto al resto de semblantes.

Yo apenas era una figura leve
de un motivo más vasto.

El incendio acabó con ese claro orden
que casi me borraba entre los otros.

Me veis aquí, en la sala,
en mi aparente Media figura de mujer.
Pero nunca hasta ahora
tuve tanta conciencia
ni fui tan dueña de mis pensamientos
—notad la suave lumbre reflexiva
asomando en mi piel—.

He negado a mi dios,

me he alzado hasta mis ojos
y miro por mí misma.

 

 

 

 

ESTE ÁRBOL QUE NO ES ÁRBOL

El poema puede irse por las ramas.
Por eso hay que podarlo,
multiplicar caminos en su origen,
para que tome fuerza.

Los brotes que no están también dan fruto.
Y, en el filo
de la hoja que fue
y se llevó el viento,
se hace un corte la luz y habla su herida.

El tronco es lo fatal,
la forma de aspirar a darlo al aire.

Cada cual que entra en él
trae consigo su fronda:

la parte de este árbol —que no es árbol—
que no se ve
pero que más se mueve.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Para una teoría de las distancias. Barcelona; Tusquets editores, 2018.

 

PARA UNA TEORÍA DE LAS DISTANCIAS

noviembre 22, 2018 Deja un comentario

 

LA VENTANA

La ventana engrandece lo que enmarca,
une todo con todo: el estudiante
de la bufanda roja, el perro absurdo
que observa con su hocico, los obreros
de azul saliendo de aquel bar con prisas,

en ella,
ahora,
significan más.

Basta con acotar nuestra mirada,
para que en su interior crezca una red
que pesca entre las cosas peces vivos.

Escribir poesía es de algún modo
estar enfermo de buscar ventanas.

Y estar enfermo de pensar quién puede
borrosamente
xxxxxxxxxxxxxxdesde el otro lado
mirarte a ti
significando qué.

 

 

 

 

EL PRIMER HOMBRE

El primer hombre que escuchó el silencio.

El primer hombre que se asomó al mar.

El primer hombre embelesado en leves
dedos sutiles
de la leve luz.

El primer hombre que sintió en el cielo de su boca
todo el frescor del agua
que saciaba su sed.

El primer hombre que quedó perplejo
mirando el flujo de su propia sangre
manar en una herida.

El primer hombre que logró abstraerse
por completo de sí
al enredarse
en la geometría de las noches.

El primer hombre preso de la angustia
en la espiral del llanto sin salida.

El primer hombre, extraño, confundido,
frente a su propia imagen
temblando en el remanso.

El primer hombre que gritó al matar
a una fiera salvaje
para ahuyentar así su propio miedo.

El primer hombre que buscó la meta
de su deseo a tientas, sin un norte,
perdido en otro cuerpo, en otra piel.

El primer hombre que se estremeció
cuando nació aquel ser que ni siquiera
podía sospechar que era su hijo.

El primer hombre que, al embadurnar
de pigmentos las manos que buscaban
lo que desconocían
e inscribirlas en cuevas,
sintió mucho más nobles
las cuevas y las manos.

En el desolladero
de la identidad,
en el teatro de todas las máscaras,
en el poema donde nunca el yo
se sabe dónde empieza o dónde acaba,
en el blanco más ciego y que más ve,
ser esos hombres.

Y, a la vez, ser Nadie.

 

 

 

 

EL MUNDO EMPIEZA

Cuando miro la luz,
intuyo en ella una actitud pensante
que, recogida en su silencio,
crea.

Silencio, creación y pensamiento
traspasan de hermosura transparente
tal presencia incorpórea.

Pensamiento, silencio y creación.
En esas tres palabras cabe el mundo.

Y, cada día, en esas tres palabras
a que alude la luz
el mundo empieza.

 

 

 

 

EL ANIMAL DEL FUEGO

Hay animales
del aire,
xxxxxxxxdel agua,
xxxxxxxxxxxxxxxxxde la tierra.

No hay animales del fuego.

Por eso en nuestra pasión
queremos casi rozar
a ese animal fantástico.

 

 

 

 

CANTO RODADO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Leonard Cohen, in memoriam

La gravedad se vence con lo grave:

bálsamo de una voz
que avanza en mí
como arrastrando piedras
de un río
que da al mar de la quietud.

Grave canto en la noche,
me adentro en el caudal de tu corriente,
donde el tiempo
que muerde rumoroso
se abraza con las curvas
de los cuerpos rozándose.

Grave canto sensual,
vibrante,
xxxxxxxxxsusurrante,
pules en mí mis rocas,
mis aristas,

el filo de mi mente en que me hiero

hasta volverme leve,
sensitivo,
vivo
xxxxcanto rodado.

 

 

 

 

LA SOLEDAD BLINDADA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxHomenaje a Edward Hopper

En un vagón de tren,
su cuerpo, en diagonal,
conecta ciegamente
con dos vías de hierro.

Eso tal vez explique
su soledad blindada.

Nadie puede acercársele.

Todos van a lo suyo.
Pero ella va más lejos.

La miras doblemente:
desde tu asiento y desde
tu reflejo en el frío
cristal en que se apoya.

Y sonríes al ver
tu imagen proyectada
cerca de su cabeza.

Quizás ese otro tú
(tu sien sobre su sien)

de esa mujer hermética
lee sus pensamientos.

 

 

 

 

EL OTRO HILO DE ARIADNA

Dos cuerpos emboscados, en el nido de sí,
en un todo confuso,
enmarañado.
xxxxxxxxxxxxx¿Hay árboles
que impiden ver el bosque?

Dos cuerpos emboscados,
rodando por un lecho
en cualquier dirección.

Que no pierdan el hilo. Por favor, que no pierdan
el hilo.
xxxxxxxAunque haya tantos.

 

 

 

 

RAÍZ DE IMPULSO

Crecer
yendo descortenzándote
muy poco a poco,
capa por capa minuciosamente,
concentrado en tu savia
como raíz de impulso.

Sin que importe ser visto o nunca hallado,
en un ritmo tan propio
que se parezca al ojo de la aguja
en que entra tu mirada y cose el mundo
al ser.

Cruzan vientos que invitan
a hacerse encrucijadas de caminos,
resueltas por azar
en un golpe de dados.

Eres el vivo centro
de la más plena, abierta
posibilidad.

Y todo cabe en ti,
que en ti no cabes.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Para una teoría de las distancias. Barcelona; Tusquets editores, 2018.

 

OLVIDOS Y JUEGOS ABSURDOS

septiembre 12, 2017 Deja un comentario

 

CASI UNA POÉTICA

Me asomo al pozo que es mi corazón
y sólo veo piedra, oscuridad
y una soga que pende, escandalosa,
y que pregunta qué es lo que se esconde
en su profundo, negro, ciego extremo.

Sin saber la respuesta, tiro fuerte
y, al extraer de un fondo así agua fresca,
la levanto y la vierto, ávido, en mí,
con angustiosa sed, con sed de vida,
con acuciante sed de seguir siendo.

 

 

 

 

OLVIDOS

Ya no recuerdo casi ni tu nombre,
mujer que fuiste el centro de mi vida.
Pero eso mismo me recuerda a veces
que a mí también, que soy centro de todo,
la vida acabará pronto olvidándome.

 

 

 

 

LA NIEBLA EN LA CIUDAD

La niebla cae
sobre la ciudad como
si cayese el espíritu
de alguna gran nevada del pasado.

 

 

 

 

JUEGO ABSURDO DE ESPEJOS

En mitad de una noche en la que consumiste
tu alegría, fugaz y artificial
igual que una bengala,
avanzas entre calles que parecen
escenarios de extrañas ciudades submarinas.

A cada nuevo paso
que das, escuchas, hueco,
el eco de otro igual.
Una réplica exacta que te hiela la sangre.

Hasta que se afianza
en ti la sensación del todo absurda
de que, a medida que andas
por las calles vacías,
ellas, a su vez, andan
por tu vacío, dentro.

 

 

 

 

ESTÍMULOS AL ALBA

A veces cuando un nuevo
día levanta, lento, el decorado
donde representar
su siguiente jornada,
acudo, soñoliento,
a un céntrico café muy concurrido
de esta ciudad en que no ocurre nada
y pido un café solo. Pocas cosas
habrá en la vida tan estimulantes
y que le sirvan a uno para estar
siquiera un poco
a la altura del alba
como poder oír ese ajetreo
tintineante de todas las tazas.

 

 

 

 

LA LLUVIA ENFURECIDA

El nuevo día está perdido entre
un laberinto que no tiene puertas
y que en mitad del viento va trazando
la enfurecida y huidiza lluvia.

Toda la realidad es ya un tapiz
deshilachado, en donde los perfiles
se deshacen en sombras imprecisas.

El único color que aún conservan
las cosas es el gris,
pero es un gris también
como en proceso de disolución.

El agua va buscando ansiosamente
los anónimos rostros de los hombres
para tacharlos con sus latigazos.

Esta mañana el mundo está esforzándose
en borrarse del mapa. Y en borrarnos.

 

 

 

 

ALTO EN EL CAMINO

Siéntate al borde
del precipicio, al borde
ya de caer. ¿No notas
más tenso el mundo, como
pendiente de ese gesto?

Decepciona al paisaje,
a su morbosa, insana
expectación.
xxxxxxxxxxxxLevántate
y sigue tu camino,
orgulloso —hoy que todo te aburría—
de no haber sido al menos
la distracción de nadie.

 

 

 

 

EXPUESTO EN UN MUSEO

El antiguo puña
de la vitrina sabe
que ha de llegar su turno.

¿O es que no lo extrajeron
de su tumba entre el polvo,
o es que no lo preservan contra el tiempo,
sólo para que se pueda cometer ese crimen
que todo visitante espera de él?

Tras el cristal, un brillo en el acero:
el rastro de una idea
siempre fija en un filo.

 

 

 

 

EL PAISAJE INTERIOR

La oscuridad te hace
mirar siempre hacia dentro,
hacia un dentro sin fondo
que se abre en uno mismo.

Quizás por eso sueñas
que caes y nunca acabas
de llegar al final
de tan hondo vacío.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

‘PUNTOS DE FUGA’, DE LORENZO OLIVÁN

septiembre 9, 2017 Deja un comentario

 

MANOS

Miras la palma abierta de tus manos.
¿Qué te dicen? ¿Realmente son tuyas?
¿No te interrogan al interrogarlas?
¿No te miran, extrañas, si las miras?
Mueves, mueven, un poco, tus, sus dedos
haciéndote no sabes qué señales,
como si pretendieran desvelar
sobre ti mismo algún oscuro enigma.
Hay en sus huellas más signos escritos
que en los libros del mundo. Te dan vértigo
sus trazos superpuestos, ese afán
por dar perfil a cosas imprecisas.
Qué tormentas calladas, qué relámpagos
quietos, qué seca lluvia, qué raíces
sin flor, qué blancas piedras, qué mirar
sin hondos ojos, qué simas sin simas.
¿Dónde te llevan? ¿Hacia qué lejano
tiempo de qué principio va tu mente?
¿A quién heriste, asesinaste, amaste
en qué otra piel? ¿De quién sois, manos mías?

 

 

 

 

EL GUARDIÁN DE SÍ MISMO

Escondido en alguno de los ángulos
del pensamiento, oculto en su espesura,
monto guardia en la noche.
Quiero juzgar con nitidez la raya
indefinida que separa siempre
la vigilia del sueño.
Quiero saber qué puerta
mi mente ha de cruzar,
qué sombra irá cayendo o ascendiendo
de lo alto a lo hondo,
de qué porción de mí tendré que desprenderme
y qué porción sabrá
atravesar el leve umbral conmigo.

Hoy el sueño no va a poder venir con guante blanco,
no va a desvalijar mi casa impunemente,
voy a aprender sus artes,
voy a verlo adentrarse silencioso
por la puerta de atrás de la conciencia.

Así que monto guardia
y vigilo, con ojos bien cerrados,
mi interna oscuridad
bajo la noche oscura.

Nada se mueve, sólo el pensamiento,
cansado de las órbitas que lleva
trazadas en el día. ¿De qué parte
de lo negro infinito vendrá el sueño?
¿Dónde, dónde la raya?

El sol de la mañana da en tu rostro.
Náufrago de ti mismo,
levántate ya, Ulises.
¿Qué recuerdas del viaje?
Irónica, la luz, arroja sobre ti
una sonora y muda carcajada.

 

 

 

 

CORRESPONDENCIAS

El viento sabe
que a base de soplar
y soplar fuerte fuera de la casa,
al final siempre acaba
soplando dentro de nosotros mismos.

 

 

 

 

DUELO

Mi corazón es sólo
un puño que no puede nunca abrirse
por mucho que él se esfuerza.

Atrapado en la red
de mis venas igual que un leve pájaro,
él golpea y golpea en mitad de mi sangre
intentando escapar a su destino
de batirse conmigo hasta la muerte.

 

 

 

 

LA HUELLA

Manchado en tinta, el índice
escribió en un impreso reducido
la detallada historia de quién eres.

Tu historia es, a esa luz, muy semejante
a la de las montañas vueltas mapas,
a la del hondo tronco con anillos,
a la del mineral que aguarda, oculto,
y la cifró en tu piel un tiempo ignoto
muy superior al tiempo en el que vives.

Ahí la tienes, borrosa y transparente,
sencilla y, a la vez, indescifrable.

Un dios burlón en ti lee entre líneas.

 

 

 

 

VÉRTIGO

Duermes al borde siempre
del mismo precipicio.

De pronto a veces saltas hacia atrás.

Y aunque por el momento te libras de caer,
no te libras del vértigo.

 

 

 

 

TESEO EN EL LABERINTO

Dentro del aparente
sinsentido de calles
que enmarañan mis pasos indecisos,
permanezco ligado
todavía a la externa realidad
por un fino, invisible, leve hilo.

¿O he de decir, mejor,
que la oscura, huidiza irrealidad
me conduce a su antojo en su guarida,
y envuelve mi destino
con su tela de araña más sutil?

Ariadna, no me obligues
a matar el misterio. Si lo hago
y regreso a tu lado, victorioso,
¿qué quedará de ti?
¿qué quedará de mí?

 

 

 

 

CENTRO

Tocar tu mano y no sentir el hueso
frío que desde dentro ahora la mueve,
sólo la piel caliente, el roce leve
de una carne hecha espíritu, sin peso;
morder luego tus labios, y en el beso
quitarle al cráneo que hay detrás relieve,
y a la nuca dureza, y que la breve
vida parezca eterna en el proceso.
Cerrarte en un paréntesis de brazos
donde no cabe el mundo, ver que rota
mi ser alrededor de tus caderas,
romper con lo exterior todos los lazos,
y entrar en una realidad ignota,
que es sólo un centro en donde no hay afueras.

 

 

 

 

IMAGEN DE TUS MANOS

Hay manos que acarician
y casi casi ven.

Ven y acaríciame y haz que yo sea
la imagen que de mí tienen tus manos.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

BRINDIS

septiembre 6, 2017 Deja un comentario

 

BRINDIS DEL PESIMISTA

Cuántas horas de sol hicieron falta
para que madurasen
las uvas que hoy son vino en esta copa.

Y con qué rapidez
tanta luz concentrada se dispersa
en mi sangre entre sombras.

 

 

 

 

BRINDIS DEL OPTIMISTA

Vierte el vino en la copa,
escucha el refrescante
borboteo que crea
al caer
al cristal.

¿No ves su corazón?
Qué fresca y olorosa
y limpia sangre bate.

Álzalo hacia la luz, para que el rojo
líquido resplandezca.
Que se vea brillar
el silencioso ímpetu
que dio vida a los frutos.

Bébetelo después saboreándolo,
siéntelo por las ramas de tus venas
y hazte, un instante, árbol.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

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