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Posts Tagged ‘literatura en murcia’

OCTUBRE (II)

Hoy dejo otros tantos poemas que aparecieron en aquellas octavas de poemas de la revista ‘Octubre‘.

 

 

ANDRÉS NEUMAN

FÓRMULA DE LA GRAVEDAD DE NEWTON (EN NÚMEROS)

Fray Luis conversa con el viejo.

“Qué has hecho con mi orden,
por qué mordiste el plectro
para escupírmelo así, diminuto.

Y encima mira, mira
ahora dónde estamos.”

No puede responderle Galileo de la risa.

 

 

ANTONIO PARRA

RECIBIMIENTO

Fabricantes de pureza
me recibieron bien en una sala.
Dieron gracias  a lo Alto
por la bendición que suponía
y me ofrecieron su cruz,
sus hábitos y sus plegarias.
Ellos no podían imaginar,
absortos en mi equívoca mirada,
que les llegaban, como del cielo,
el mundo, el demonio y la carne
en forma de muchacho.

 

 

ANTONIO MARÍN ALABALATE

THE DOOR

¿Qué hacer con este coño cerrado?

¿Con qué llave maestra abrirlo
Para entrar sin violencia?

 

 

JESÚS BELLÓN

de ‘ESTADO DE SITIO’

MANUAL PARA VOLVER A ESPAÑA (Homenaje a las Brigadas Internacionales)

xxxxx“(…)Todos sus problemas brotan (…) del sistema hegeliano. No sólo sus respuestas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsino también las preguntas mismas entrañan un engaño.”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxK. Marx y F. Engels. La ideología alemana

Hubo algo más que abulia o que pereza
o que amor al descanso o que este clima
que dicen que produce a los latinos.

Hubo algo aquí que no fue sólo el mito
ni la mentira o cuentos que se citan
para explicar, aún, nuestra tristeza.

Aquí, hubo una guerra.

Y represión, y tanques, y exiliados…

Y más de medio siglo de derrota.

 

OCTUBRE

Thader sacaba su último número en junio de 1996, un número en el que se podía leer el grito contra las instituciones murcianas que dejaban, otro año más (y no fue el último), sin convocar el Murciajoven de literatura.

En febrero aparecía en las calles otra revista, con tamaño de octavillas, que revolucionaría las ganas de publicar en Murcia. La revista en cuestión se llamaba Octubre y en ella aparecieron escritores como José Luis Martínez Valero, Vicente Muñoz Álvarez, José Luis Aguilera, Francisco Domene, Luis García Montero, Luis Muñoz, Andrés Neuman, Antonio Soler, Ferran Fernández, Dionisia García, Antonio Marín Albalate, Juan Carlos Mestre, Cristina Morano, Andrés Salom, Luis Leante, Aureliano Cañadas, Javier Egea o Ernesto Pérez Zúñiga.

Durante los próximos días voy a publicar algunos de los textos que aparecieron en aquellas, como afirmaba su director –J. Bellón– octavas de poemas (o narrativa, según el número).

 

 

 

CARLOS ENRÍQUEZ

 

No es lo mismo
sobrevivir a toda costa
que
a cualquier precio.

 

 

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

 

El mar, miedo de niño,
infinito que acecha ola tras ola,
suma de temores en la memoria,
no es esta mancha azul,
oscuro impacto contra el horizonte,
sino ese hondo abismo,
donde siempre la duda, pez de plata,
se mueve entre las algas.

 

 

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ

 

DEL OLVIDO

Como los viejos troncos que la tierra envía
para que sus hijos no se extravíen en la mar,
como los restos del naufragio el olvido
fue un trozo de muerte flotando a la deriva.

 

 

JOSÉ LUIS AGUILERA

 

de ‘CALLE ALQUILADA

12
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx‘Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Te lo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvoy a decir (…) Nadie es mi nombre, y Nadie me lla
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxman mi padre y mi madre y todos mis compañeros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOdisea, IX.

Desde siempre,
xxxxxo desde casi siempre,
no hay metáfora
ni árbol de la ciencia
xxxxxo de la vida.

Sólo tiempo y saber
xxxxxque has de morirte.

 

 

JOSÉ BELMONTE SERRANO

 

SU PROPIA HISTORIA
Fundador de una bien avenida familia.
Esposo fiel, padre modélico
y honrado trabajador por cuenta ajena.
Cumplidor de los preceptos
de una vieja Iglesia heredada.
Él, que pidió los auxilios espirituales
en la hora extrema,
quedó al fin en paz con Dios,
pero no con su propia historia.

 

THADER 4

julio 30, 2012 3 comentarios

Ésta revista de la que les hablo publicó cinco números, con separatas en cuatro de ellos. Los autores de aquellas separatas fueron Josefa Murcia Cascales, Ángel Paniagua, David Galindo y Cristina Morano. De la separata de Cristina Morano, que llevaba por título ‘Las rutas del nómada‘ (título que tomó para su primer libro, publicado por el Aula de Poesía de la universidad de Murcia), hoy dejo aquí un poema cuyo título es

 

 

ENERO

Hace frío y el mar está muy lejos,
el mar está allá, en Junio ¡y faltan
tantos años para llegar a Junio…!
En mi pecho encuentro sólo un nómada
cruzando regiones en ruinas,
sin agua, cigarrillos, y el mar… tan lejos…

Parece que los fríos de este Enero
hubieran acabado con la vida
o que el helor del corazón arrasado
hubiera avanzado por los labios
y las manos hasta contagiar al tiempo,
la lluvia y también al amigo
que se acerca con agua a socorrerme.

Quiero ir a una playa nueva para
recoger conchas y fletar un barco,

Quiero ir a morir con las ballenas.

 

THADER 1

julio 27, 2012 2 comentarios

Es cierto, como pueden comprobar, que muchos de los textos de David Galindo han envejecido demasiado y mal, pero fue él el que me puso en contacto con el mundo de las letras. Sin él no hubiera conocido aquella maravillosa revista que llevaba por nombre Thader y en el que aparecían poetas que ahora son de reconocido prestigio. Hoy voy a dejar del número 1 de Thader (publicado en el invierno de 1995) dos poemas, uno de Andrés García Cerdán y otro de Ángel Paniagua.

 

El de Andrés García Cerdán lleva por título GENERACIÓN

 
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Und sieh! aus Freude sagen wir von Sorgen.”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxF. Hölderlin
Aunque sea cierto que no vas a ser feliz,
comienza el cáncer y te sigo, y no es necesario
que desatemos las palabras que hay en las nubes
para olvidar el color de estas nueces enfermas.
Tampoco fue hermoso -acuérdate- parecer fáciles
e incluirnos en las antologías del pájaro
que nunca bebió vodka con naranja. Tampoco
nos clavaron los últimos precios del dolor,
ni amaneció la tristeza de un odio moderno
con los pulmones llenos de azúcares y chicle.
Sólo hemos perdido la juventud y la sangre.
Sólo se prohíben las maneras de encontrar
para siempre la ternura y el miedo de una equis
alimentada en la moda del alma, en el tramo
smile-desencanto que nos dan los bonobuses.
Por eso, comienza el gris y te sigo a la sombra,
hasta que aparezca el futuro a punto de bala
y de llorar sobre el presente de subjuntivo
del verbo “sentir frío”. Ni siquiera hacen falta
las ventanas que se abren a tu lado, en la lluvia,
aquí. Porque vienen las primaveras del sueño
y será mejor tener hambre y comer bombones
o pegarnos un tiro de mierda entre los ojos
irremediablemente. Aunque no seas feliz.

 

 

Y aquel número 1 de la revista Thader llevaba una separata especial con poemas de Ángel Paniagua con poemas que acabarían formando parte del libro ‘El legado de Hamlet‘ que años más tarde le publicaría la editorial Renacimiento. La versión que vio la luz del poema II es ésta:

 

Muy tarde he comprendido
que este mundo no va a ninguna parte,
que esta vida es un lago sin reflejos
de luz, y nos angustia
mantenernos a flote o sumergirnos
y encontrar en el fondo oscuro el cieno
final de los ahogados; que no hay nada
detrás de esas cadenas de montañas,
que el sol no pertenece a este orden
y sigue su camino sin mirarnos
siquiera; muy tarde he comprendido
que estuvimos a punto de ser otros,
que estamos en peligro cada día
de ser otros, deformes, de no ser.

Porque amé este mundo y su desorden,
me entusiasmó este lago y cada noche
me sumergí para gozar del fondo,
para verme muy cerca del peligro
y obligarme a pensar en ese cieno
que habré de alimentar como los otros.

No quise traspasar esas montañas
persiguiendo la luz del sol ajeno,
ni anhelaba vivir siempre al abrigo
de la orilla; quería estar aquí,
en el centro de este pequeño mundo,
donde sólo mi propia voluntad
me hurtaba a los hechizos abisales,
donde sólo es azul la superficie…

 

ALERGIA

julio 25, 2012 3 comentarios

Otra de las cosas que le agradezco a David Galindo es que me presentara a varios de los componentes de un revista esencial en el desarrollo de la literatura hecha en Murcia. La revista se llamaba Thader y en ella, algunos pudimos leer por primera vez textos del propio David Galindo, Matías Tárraga, Antonio Llorente, Andrés García Cerdán, Ángel Paniagua, Cristina Morano o Manuel Moyano.

 

 

Hoy voy a dejar aquí un relato que Thader le publicó a David en el número 1 y que lleva por título el de la entrada.

 

Es una verdadera lástima que ella y yo nos tengamos que amar a distancia. A veces es muy cansado no poder ver sus ojos más de cerca, casi como lo único que abarca la vista de tan cerca, ni poder jugar con el tamaño de sus dedos o pechos o cejas, alejándote y acercándote a placer y sin impedimentos. Es una lástima, pero a pesar de haber visitado a los mejores dermatólogos del país, mi alergia por ella no tiene cura. Cuando me acerco tímido o lloroso o sabio o lleno de rencor me hierve la piel y florecen grandes zepelines anaranjados por mis brazos, por mi torso, por mis párpados arrugados. Pero a pesar de las barreras epidérmicas, nos amamos, y sobre todo nos deseamos. Y eso que nunca hemos podido susurrarnos, ni besarnos, ni ovillar nuestros cuerpos como una sola madeja multicolor. Eso que no podemos tocar nuestras caras ni hundir las cabezas en el vientre del otro, ni jugar a deformar los cartílagos de las orejas. Eso que no he podido lamer, como perro en celo, la preciosa hendidura de su columna, ni caer como insecto imbécil en la trampa de su cabello al viento.

A pesar de todo, no lo llevamos tan mal y los tres metros que estamos obligados a dejar vacíos entre nosotros los llenamos de palabras o guiños, de miradas y miradas y miradas. Y hace ya bastante tiempo que desistimos de cruzar esa frontera que me hincha la nariz desmesurada y ridículamente y hacía que pisara cientos de minas que estallaban como estornudos. Y lo peor de todo es que yo la quiero y ella me jura desde la mecedora o desde la terraza que no puede vivir sin mí. Y es todo tan absurdo. Y yo no podría tener una alergia más vulgar, como al polen o a los políticos, tiene que ser precisamente a la mujer que amo. Y lo hemos probado todo, hasta espiritualizar nuestra relación, pero todo es inútil, cuando la veo balanceándose en la mecedora, la erección es inevitable y todo yo soy un gran falo esperando ser aliviado. lo jodido es que como tengo ese raro y arcaico sentido de la fidelidad tan incrustado, no puedo retozar para aliviarme con sensuales damas o madres de familia, a las que no amo.

No se puede ni imaginar, doctor, lo ridículo que es pasear por la playa un Abril gris y ventoso a tres metros el uno del otro y sentarnos en rocas distintas para admirar el océano visiblemente excitado y tener que cambiarme de lugar cada vez que el viento varía su recorrido. Y tendría que ver nuestras peleas, tenemos que recurrir a algo tan manido como lo de lanzarse discos y porcelanas. Una pena. Y, claro, nadie nos comprende, mis amigotes andan todo el día con eso de que soy alérgico al polvo y ja ja ja, y nuestros padres están encantados de que no podamos tener relaciones prematrimoniales, por mucho que digan qué lástima y todo eso.

Y a mí, eso de haber salido en las más prestigiosas revistas científicas como un caso extrañísimo, pues no me sirve de nada, lo que yo quiero es esculpirla milímetro a milímetro, sólo eso.

A pesar de todo, hemos depurado con el tiempo una técnica un poco guarra para aliviar nuestra líbido. Confío en su discrección. Normalmente, ella se pone en la mecedora y yo en el sofá y empezamos a decirnos cosas que, como comprenderá no voy a reproducir. Entonces ella se empieza a acariciar los hombros y a retirarse, muy lentamente, una túnica blanca que le regalé hace tiempo. Para cuando ella ha descubierto su primer seno yo ya he desnudado mi peludo torso. Luego empieza a insultarme con creciente dulzura y se sigue acariciando como un pulpo agonizante fuera del agua. Le tiro mis últimas prendas y las muerde como ensañada contra mí y desaparecen bajo la túnica en un juego erótico eterno. Cuando mi excitación es ya implacable, le pido que se quite el resto de la túnica y, en súbitos cambios de humor, pasa de la sumisión más absoluta al rencor y viceversa.

Entonces nos escupimos, después de tanto tiempo hemos aprendido a hacerlo perfectamente, y extendemos ese precioso botín por nuestros rostros y muslos y vientres, para después perdernos en masturbaciones brutales y descaradas, sin perder detalle el uno del otro. Luego, ya sabe, el cigarrillo y el no poder acariciarla cuando le digo que ha sido maravilloso.

 

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