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Posts Tagged ‘la poesía’

POEMAS DE UN VIEJO INDECENTE

bukowski 1

 

Pues sí, voy a seguir dejando poemas de Charles Bukowski aquí durante un par de días. Es cierto que me faltan el último par de libros que se han editado en España sobre el viejo Chinaski y gran parte de su obra original, pero creo que ya tengo un buen comienzo para entrar en su universo (como pueden ver en la fotografía que acompaña al post y en la que subiré mañana). Da igual. De quien hay que hablar no es ni siquiera de Bukowski, sino de su legado literario. Aquí tienen varios de sus poemas.

 

Aquí tienen un poema del libro ‘Arder en el agua Ahogarse en el fuego‘, publicado por la editorial La Poesía, señor hidalgo en 2004.

 

la muerte de un idiota

hablaba con los ratones y los pájaros
y tenía el pelo cano antes de cumplir los 16.
su padre le pegaba todos los días y su madre
encendía velas en la iglesia.
su abuela venía mientras el niño estaba dormido
y rezaba para que el diablo tuviera piedad de
él
mientras su madre escuchaba y lloraba sobre la
biblia.

al parecer no se fijaba en las chavalas
al parecer no se fijaba en los juegos de los críos
no se fijaba en gran cosa al parecer
sencillamente no parecía interesado.

tenía la boca muy grande y fea, era
dentón
y poseía ojillos pequeños y apagados.
tenía los hombros caídos y llevaba la espalda encorvada
como un viejo.

vivía en nuestro vecindario.
hablábamos de él cuando andábamos aburridos y luego
nos dedicábamos a cosas más interesantes.
rara vez salía de casa. nos habría gustado
torturarlo
pero su padre
un tiarrón terrible
lo torturaba por
nosotros.

un día el chico murió. con 17 años aún era un
crío. una muerte en un vecindario pequeño hace mella con
alacridad, y se olvida 3 o 4 días
después.

pero la muerte de este chico se nos quedó dentro a
todos. seguimos hablando de ello
con nuestras voces adolescentes
a las seis de la tarde, justo antes de anochecer
justo antes de la cena.

y aun ahora cada vez que paso en coche por ese vecindario
décadas después
sigo pensando en su muerte
mientras que he olvidado todas las demás muertes
y cuanto ocurrió
entonces.

 

 

 

De ‘El infierno es un lugar solitario‘, publicado por la editorial Txalaparta en 1997, dejo otro poema del viejo Chinaski.

 

uno para viejo diente torcido

conozco una mujer
que compra rompecabezas
chinos
piezas que al final
logra acomodar.
lo hace con precisión matemática
resuelve todos sus
rompecabezas
vive junto al mar
pone azúcar en el patio
para las hormigas
y cree
en el fondo
en un mundo mejor.
su pelo es blanco
rara vez lo peina
sus dientes están torcidos
y usa buzos amplios
sobre un cuerpo que la mayoría
de las mujeres quisiera tener.
durante muchos años ella me irritó
con lo que yo consideraba
excentricidades
como poner cáscaras de huevo en remojo
(para alimentar las plantas
dándoles calcio).
pero cuando pienso en su
vida
y la comparo con otras vidas
que parecen más interesantes, originales
y bellas
comprendo que ella hirió a menos gente
que cualquiera que yo conozca
(y con herir quiero decir nada más que herir).
ella tuvo algunos momentos terribles,
momentos en los que quizás debí haberla
ayudado más
porque ella es la madre de mi única
hija
y una vez fuimos grandes amantes,
pero ella se fue
como he dicho
hirió menos gente que cualquiera
que yo conozca,
y si lo consideras así,
bueno,
ella ha creado un mundo mejor.
ella ganó.
Frances, este poema es para
ti.

 

 

 

De ‘Poemas de la última noche de la tierra‘, publicado por la editorial DVD en 2004, dejo otro poema.

 

ATASCO

la autopista Harbor hacia el sur, a su paso por el
centro, puede ser sencillamente
increíble.

el viernes pasado por la noche estaba
parado detrás de un muro de luces rojas.
ni siquiera se podía circular en primera,
y el constante humear de los tubos de escape
enturbiaba el aire nocturno. los motores estaban re-
calentados
y me llegaba el olor de un embrague
quemándose
en alguna parte.
parecía venir de delante,
de aquella larga y tediosa cuesta de la autopista en la que
los coches pasaban
de primera a punto muerto
una y otra vez
y de punto muerto de nuevo a
primera.

oí las noticias del día
por la radio
al menos 6 veces: estaba
muy versado en asuntos
internacionales.
las demás cadenas emitían una
música tenue y enfermiza.
las de clásica se resistían a que las sintonizara con
claridad
y cuando lo lograba
eran una cansina repetición de piezas habituales
y pesadas.

apagué la radio.
extrañamente, la cabeza me empezó a dar
vueltas: empezaban en la frente, avanzaban
en el sentido de las manecillas del reloj, rodeaban las orejas y
la nuca, llegaban a
la frente
y vuelta a empezar.
empecé a preguntarme: ¿será que me
estoy volviendo
loco?

pensé en bajarme del coche.
estaba, supuestamente, en el carril
rápido.
me veía allí fuera
fuera del coche
apoyado en la medianera de la autopista,
con los brazos cruzados.
luego iría resbalando hasta quedar
sentado y escondería la cabeza entre
las piernas.

me quedé en el coche, me mordí la lengua, volví
a encender la radio y deseé intensamente que se me pasara
el mareo.
me preguntaba si alguien más estaría
luchando contra lo que
le oprimía,
como yo.

entonces el coche de delante
SE MOVIÓ
un pie, 2 pies, ¡3 pies!

metí primera…
¡nos MOVÍAMOS!
volví a punto muerto
PERO
nos habíamos movido de 7 a
diez pies.

oí las noticias del mundo por
7ª vez
y todo seguía igual de mal,
pero todos las escuchábamos
y nos resultaban soportables
porque sabíamos
que no había nada peor que
mirar
la misma matrícula
la misma cabeza idiota asomando
por encima del reposacabezas
del coche de delante
mientras el tiempo se disolvía
y el indicador de la temperatura marcaba
a la derecha
y el indicador de la gasolina marcaba
a la izquierda
y nos preguntábamos
de quién coño sería el embrague que se estaba
quemando.

éramos como un último, enorme
y definitivo dinosaurio
que, arrastrándose débilmente, volviera a casa, en algún lugar,
de algún modo, acaso
para
morir.

 

 

 

Y dejo tres poemas más. El primero pertenece al libro ‘Madrigales de la pensión‘, publicado por la editorial Visor en 2001, y los otros dos pertenecen a ‘Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta‘, publicado por la misma editorial en 2005.

 

10 LEONES Y EL FIN DEL MUNDO

en una reputada revista de tirada nacional
(sí, la estaba leyendo)
vi una fotografía de unos leones
que cruzaban una calle
de un pueblo,
sin ninguna prisa;
como
tiene que ser,
y algún día cuando
enciendan las luces
y todo se acabe,
yo estaré sentado aquí
en medio de una humareda pegajosa
pensando en esos 10 malditos
(sí, los conté)
leones,
que paraban el tráfico
mientras las rosas florecían.
todos deberíamos
hacer eso,
ahora que aún hay
t
i
e
m
p
o.

 

 

 

SOBRE LA COMPETENCIA

cuanto más arriba llegas
mayor es la presión.

quienes se las arreglan para
durar
aprenden
que la distancia
entre la
cumbre y el
abismo
es inmensa
hasta la
obscenidad.

y quienes
triunfan
saben
el secreto:
no lo
hay.

 

 

 

DIOS MÍO

¿recuerdas la niña
que solía jugar
en el jardín de enfrente?

mira lo que ha pasado
de la noche a la mañana:

nuevos pechos
culo torneado
largas piernas
pelo largo

ojos de
fuego azul.

ya no podemos
verla
como antes.

ahora tiene
15 años de
armas tomar.

 

NADA, NADIE

jamm

 

Sigo anunciando el recital que mañana tarde (20:00 h.) dará José Antonio Martínez Muñoz en el Museo Ramón Gaya. Y aprovechando el evento dejo aquí algunos poemas de su libro ‘nada, nadie‘.

 

: y comenzó a cubrir el lienzo con diestros trazos y precisas pinceladas: pero pronto comprendió que no tenía bastantes grises y que nunca el mundo cabría en un cuadro: y dio en llenar el pentagrama con las notas del amanecer y el cantar de los ríos: pero pronto comprendió que siempre se resistiría a su talento el latir enfermo del corazón del mundo: y pensó escribir y dar nombre a las cosas los hombres y las bestias: pero pronto comprendió que no hay nombre con suficiente holgura para contener el Mundo: y encargó al maestro marmolista su epitafio: y se sentó a esperar el fin del mundo y a fumar despacio:

 

 

 

para que alguien muera
antes debe perder su montura
y quedar en pie solo en el páramo pardo
esperando el frío de un sable
o el ardor de una bala
con los pies sobre la roca
y la cabeza hacia el horizonte
entre los caballos destripados
solo como un siete en un tapiz
con una soledad de bandera y de sudario
porque para que alguien pueda morir
antes hay que destruir su montura
y sus huellas y su nombre y su estatura

por eso siempre disparan primero a los caballos

 

 

 

los muertos tienen algo repetido
xxduplicado de algo que ya se ha visto

 

 

 

el perro lame su mano y su cara
con el amor de un viejo camarada
y por un momento cree que está vivo
y tiene un nombre y una lengua: una patria

 

 

 

tiene el vacío su nombre
y su eco la nada

y el viento que arde en el llano
lee sus códigos
–el santo
xxxxxxxx, bendito sea,
vive en esas letras–
la grafía de una mano ida
en la piel muerta
de un perro

 

 

 

las estrellas brillan obscenas porque brillan en vano
xxla noche se ondula como la grupa de la yegua que proclama
su estroxxxxxxxdonde hubo vegetación se plapan apenas
unas sombrasxxxxxxxxy de las criaturas queda sólo un agrio
perfume
xxxquizá alguna huella que ya termina su historia corta
xxxxxxsólo el viento pasa su encallecida mano por el lomo
seco de este perro

 

 

Martínez Muñoz, José Antonio. nada, nadie. Barcelona; La poesía, señor hidalgo, 2002.

 

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