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LGCTRES

noviembre 27, 2020 Deja un comentario

 

PIEDAD BONNETT

TARDE DE VIERNES

Los viernes en esta casa no pasa nada. En la mañana
hay ruidos domésticos, un trasegar cansado, con suerte
un hilito del sol sobre las alcobas, hacia el mediodía un
tenue olor a verduras que se cocinan lentamente. Y
enseguida la tarde se abre como una realidad conocida
que sin embargo contiene una amenaza. Entonces yo
me dispongo para ella como quien pone un mantel
de cuadros y platos enormes y copas y se sienta a
esperar con el corazón palpitante. Debería poner
música para animar estas tardes muertas, pero tengo
miedo de que las voces de mis cantantes preferidos se
me suban a la cabeza, me emborrachen y me pongan
a llorar a mares. Prefiero buscar oficio, como decía
mi madre, hacer palitos con tinta sobre un papel
infinito que no termina de desenrollarse, como en las
pesadillas, o tejer y destejer con fino cuidado, como
Penélope. Es entonces que un zumbido de sierra
metálica se introduce en mi tarde, la va partiendo
con firmeza, delicadamente, como a un tronco que
va dejando expuestos sus anillos. Y prendido de aquel
sonido que no está hecho para los martes o los jueves,
llega a deshoras el comensal de mis viernes, siempre
empapado aunque afuera haga ese sol estruendoso,
impúdico, de los viernes. Llega sigilosamente, como
llegó siempre, y triste, triste. Yo quisiera quitarle el
abrigo, encender la chimenea, pasar mi mano por su
pelo mojado, limpiar su sudor y sus lágrimas, pero sigo
haciendo palitos, tejiendo horas, cuidando mi tarde
como un pájaro hembra de alas enormes que vigila su
nido, porque debo evitar su mirada si no quiero caer
hondo, muy hondo.

 

 

EN EL BORDE

En el borde
hay un ángel de luz del lado izquierdo,
un largo río oscuro del derecho
y un estruendo de trenes que abandonan los rieles
y van hacia el silencio.
Todo
cuanto tiembla en el borde es nacimiento.
Y sólo desde el borde se ve la luz primera
el blanco-blanco
que nos crece en el pecho.
Nunca somos más hombres
que cuando el borde quema nuestras plantas desnudas.
Nunca estamos más solos.
Nunca somos más huérfanos.

 

 

 

 

EDUARDO ESPINA

xxxxxxxCÓMO QUITARLE LA ROPA AL PASADO
(CADA ACONTECIMIENTO ES UNA CUESTIÓN DIFERENTE)

Con el padre fue diferente. Bastó con la vida apenas
empezó a perder el pasado para que la vieran venirse
abajo hasta dejar a la realidad con los pies en la tierra.
La época a partir del eco aprendió a quedarse sin días,
ni uno para llegar siquiera al domingo del año anterior.
La cara del tiempo varía demasiado fácil de fisionomía.
Con la madre en cambio, la historia de los ratos inició
su retorno al revés, desde la vez cuando supimos que
el mal no había venido para irse con las manos vacías.
La máscara de oxígeno, la metástasis, los catéteres.
Fue de golpe, como un gran paracaídas que recién
se abre al tocar la tierra recta tan bien representada.
Fiera manera de convertir lo anónimo en sinónimo:
a la mujer de, le tocó sufrir lo que no tiene nombre.
¿Para qué insistir con esto si la vida igual sigue, si
el cielo con sus asuntos no deja de estar lejos? Las
palabras se lo han preguntado infinidad de veces,
y hasta se atreven a hacer las paces con el olvido.

 

 

 

 

ÁLEX FLEITES

TATUAJE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Rigoberto Mena

Escribo sobre la piel de la ciudad
Mi mano se apoya
en la huella de otras manos,
palpa oquedades,
acaricia los queloides
que el salitre,
las emanaciones del vivir
y el polvo han hecho surgir
de viejas cicatrices
Rayo mi nombre,
que es ninguno,
pues va a borrarse,
a fundirse con nombres
antiguos y por venir,
a convertirse, si acaso,
en un trazo más
del inmenso tatuaje
con que intentamos
perpetuarnos junto a la ciudad
Pasa el tiempo sobre la piedra
Pasa la piedra sobre el tiempo
Y ambos se erosionan entre sí
Escribo sobre la piel
de la ciudad que me contiene
Igual que la ciudad
va escribiendo en mí historias
que llegan
en forma de murmullos,
voces superpuestas,
frases entrecortadas:
los ruidos del goce y del dolor

 

 

ES MOMENTO PARA HABLAR, DE HOMBRE A HOMBRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Orestes Gaulhiac

Los que no creemos en el cielo,
los que ciertas noches de sables cruzados,
mosquetazos detrás de las palmeras
y quejidos de horcones
que malamente sostienen la casa,
pensamos que, después de todo,
no estuvo tan mala la función;
si nos mueve un presagio,
apenas somos asistidos
por tres golpes quedos
en la puerta o la mesa;
y ante la falta de noticias del hijo,
nos asalta el recuerdo
de la pata del conejo que quedó,
desangrándose, en la trampa
Que no creamos en el cielo
de ningún modo quiere decir
que no queramos entrar al cielo,
ese blando lugar donde
está prohibido envejecer,
no mueren los amigos,
no hace falta el pan,
ni hay que perseguir mujeres
Ah, el cielo Cualquier cielo
Que uno pueda ser, sin más,
pastando nubecitas
Y el vino grueso
no sea alegoría
de la sangre de nadie,
y un dios aguafiestas
no nos mire
por el ojo de la cerradura

 

 

 

 

JORGE FONDEBRIDER

CUATRO EPIGRAMAS

UN EDITOR

Si me va bien,
el tiempo te pondrá en la nota al pie de este poema,
o en la mención que al pasar haga algún crítico
que quiera impresionar en un congreso.
Pero si sale todo mal, vas al olvido.
En uno y otro caso seguís siendo
el mismo hijo de puta.

 

 

EL ROCK SE HA MUERTO

Hasta hace diez minutos, cuando abriste la ventana sin mirar
por no sé qué urgencia intempestiva,
allí, sobre el alféizar, había una botella.
Los restos, en el piso, hacen del vidrio apenas un despojo,
recuerdo miserable de lo que fue una forma. A cierta edad
odiamos que las formas se transformen en basura.

 

 

LO QUE SABEMOS

Somos del tiempo de los cassettes,
del melotrón, el grabador de cinta abierta.
Tecnología que no sobrevivió, me dijo.
Nosotros sí.
Todavía estamos juntos.
Alrededor todo fermenta.

 

 

REDES SOCIALES

Ese muchacho de sombrero y pantalones ajustados tiene amigos.
Quinientos veintiocho exactamente.
Camina por el mundo como si supiera algo
y en realidad no sabe nada,
o lo que sabe es poco y le interesa solo a él
y a otros muchachos como él
tal vez, quinientos veintiocho exactamente
que pasan por el mundo con sombrero
y pantalones ajustados

 

 

 

 

ROGER SANTIYÁÑEZ

INTRO

El primer canto que escuché de New Port
Fue el asalto de dieciséis fusiles automáticos
Perpetrado por el famoso Vietnam Guerra
Eso fue n mis días de habitante de Rímac
Cuando fumaba pasta todas las noches
Con los patas del barrio en Bellavista
Vietnam se ganó un canazo de dos años
& fue por supuesto expulsado de la marina
Después se fue a vivir a mi casa rimense
Allí fue donde me contó la historia del asalto
Mientras poco a poco & con sonrisas pendejas
Se tiraba todos los libros de mi santa biblioteca
Cuando caminábamos en las duras madrugadas
Vietnam fungía de mi guardaespaldas & nadie
Se metía conmigo Habla poeta todo el mundo
Me decía tranquilo en los warikes más salvajes
Sabían que él era del Llauca & eso es respeto
En el Rímac así como en el Llauca los del Rímac
Un día en Totorita se templó de la negra Concha
& en angustia le vendió los ketes que eran el
Diario para ella Zarandonga su marido lo buscó
Para acostarlo & Vietnam fugó a su New Port
Nunca más volvió a vérsele en el barrio decían
Que un marinero sueco le dio la vuelta contra
Las paredes de madera por querer atrasarlo
Con la buena merca de una noche alucinante
¿Quién sabe? Yo sólo lo recuerdo como el
Loco Vietnam de Puerto Nuevo que una
Tarde maldita conversó & chupó conmigo.

 

 

 

 

JAVIER CÓFRECES

BEIJING

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBeijing, 2011

La seda, las perlas, el jade
Los milenarios jarrones
de cobre laqueados
y una cultura que resulta
tan exótica a nuestros ojos:
Comidas especiadas
caldos inexplicables
infusiones aromáticas
olores desconocidos
y muchedumbres que apabullan
Árboles y plantas
de láminas orientales
relucen en su lugar de origen
Chinos, chinos y más chinos
caminan por las calles
del lejano Pekín
que Mao instaló
en mi mapa juvenil
Por entonces,
ni soñaba ver los deshechos
de su revolución cultural.

 

 

HOTEL DE BAUDELAIRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxParís, 2011

Pequeña habitación
Segundo piso
Por escalera
Frente al Sena
Ella se desnuda
Ante la ventana
La mañana es luminosa
Su cuerpo viaja en mí
París me posee
Entre sus piernas.

 

 

 

 

JOSÉ MARÍA MEMET

MÉXICO, EL PIANO INVISIBLE

He visto a los mejores pianistas
—en este mundo—
equivocarse y nadie
darse cuenta.
Los he visto comer teclas de rabia,
no ver el piano
en medio del escenario
y deambular,
ciegos y ciegas,
cual polillas
bajo el reflector.
Beethoven, dales la nota.
Ya no es confiable ir a los conciertos
hasta los gánsters van.
Y a veces se disparan
desde los palcos opuestos.
Y cuando uno no lleva armas
es complicado entender las obras.
Las ventajas de un piano invisible
es que no tiene cola.
Es claro que la mafia
es más sensible que un gobierno
y más autoritaria
que todo un parlamento.
El piano suena bien,
la afinación está bien,
la pieza suena espléndida,
lo raro es
que el concierto
es en Comala
y el solista
Pedro
Páramo.
En la sala
hay 43 espectadores
y un planeta sin rumbo
en el espacio.

 

 

RECADO

Viejos, les aviso, me voy con todos al futuro.
No sé si vuelva, pero viviré allá.
Vivir en el pasado no es para mí.
No se puede caminar por la calle
con soplones y policías
como amigos.

No son mis amigos.
Es más, jamás serán mis amigos
si no dejan de disparar contra nosotros.

Nosotros sabemos que el dinero ensució
a tantos que tenían sueños.
También sabemos que podemos perder
pero realmente sabemos que vamos a ganar.

Es fácil ser demente, criminal, xenófobo,
porque sabemos que amar requiere gestos.
Y que el amor no se da
a todos los seres humanos
como requieren.

Pues bien,
soy uno de millones que haremos la tarea.
Casa por casa, colegio por colegio, pueblo por pueblo,
les diremos a todos los jóvenes que llegó la hora.

Convenceremos a nuestros padres, a nuestros abuelos,
a nuestras tías, a todos quienes aún tienen cementerios
en el alma, que hay que votar, sí, hay que votar
y quien no lo haga es cómplice.

Un cómplice de la explotación,
de que sus hijas sean putas más tarde,
que sus hijos sean torturadores
o simplemente esclavos.
De que sus padres sean dictadores.

Necesitamos volar, sacar los lastres,
elevarnos como vilanos hermosos
y flotar en la realidad y en la ficción.

Necesitamos una revolución.
Llena de rabia pero sin un tiro
como nosotros sabemos
hacer las cosas.
Necesitamos creer en nosotros
para que todo sea posible.

Cuéntaselo a todas y a todos.
El sol golpeará
en todas las casas con fuerza
y las ventanas se abrirán.
Vivir es algo hermoso
cuando lo merecemos.

 

 

 

 

CORINA MICHELENA

POR LOS SIGLOS Y LAS SIGLAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(al relevo)

Lleva una semana así,
se sienta solo
en el último banco
de la iglesia.
xxxxxxxxxxxxxxxTiene ocho años
—¡Es todo un hombrecito!— dicen en casa.
—¡La confesión es cosa de mujeres!— piensa él.
Cara a cara y sin bajar los gris de sus ojos castaños
le dice al cura:
xxxxxxxxxx—Envenené al perro porque mordió a mi hermana
lo humilla la respuesta:
xxxxxxxxxx—Fue en defensa propia, si te arrepientes,
Dios te perdonará
Intenta de nuevo:
xxxxxxxxxx—¿El infierno existe?
xxxxxxxxxx—¡Existe!
No volvió.
Y puesto que 20 años después
no es más que un hombrecito
Y puesto que sabe que se puede
que puede
y puesto que todo lo que quiere
es poder,
habrá que evitar cruzarse en su camino,
Porque lo único que ha aprendido
lo aprendió
—de una muerte—
en una iglesia:
xxxxhay infierno
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel perro lo espera allí
Los otros crímenes son legales:
xxxxtiene un informe, una chapa,
xxxxotras defensas
xxxxy unas siglas que honrar
xxxx—Sea la GNB, la SS o la KGB—

 

 

 

 

CONSUELO TOMÁS FITZGERALD

EN ALGUNA PARTE

En alguna parte del universo está mi infancia
Mirando el absurdo monumento que le escribo
Me dice: es inútil
Nada volverá a ser como antes
Nadie jugará contigo a la escondida
Porque esconderse ya no es un juego
Sino una profesión
Nadie te dirá la luna es de queso
Porque a estas alturas ya sabes
Que los pobres se la comen cada vez que la miran
Nadie te susurrará: santo clos no existe
La verdad es que sí existe
Y lo metieron preso por narcotráfico
Y por rapto agravado al niño dios
Al ratón que se llevaba el diente
Dejándote monedas y asteroides
Se lo llevó la corriente en la última inundación
O lo mataron a tiros en la última epidemia de hanta virus
O experimentan con él
En laboratorios de cosmética para señoras finas
En alguna parte del universo está mi infancia
Mirando el absurdo monumento que le escribo
Cómo lo envuelvo en el esparadrapo del ayer alegre
Para que no me la roben los desmemoriados
Ellos le pondrán mi nombre a una bala perdida
O a un cuchillo oxidado
Todo porque nadie los quiso
Y no tienen infancia que guardar en ningún lado
Por lo tanto ningún último refugio
Donde resguardar su quebrada humanidad.
Admítelo: el mundo no es el jardín de tu memoria
Un álbum para arrancarte las sonrisas cada vez más escasas
Pero sigue buscando en este laberinto de palabras
Tal vez encuentres algo, y cuando te mires al espejo
Puedas descubrir nuevamente ese brillo en la mirada
Fijado en tu foto de segundo grado.

 

 

 

 

RICARDO COSTA

TAZA CHINA

Todavía estoy en esa taza que arrojé al baldío
el invierno pasado.
Cruzo todos los días por la esquina que la hermana
con desechos de hogares ajenos.
La veo resistir al punto de quiebre y me doy cuenta
de que aún permanezco en el recuerdo de ese cuerpo enlozado,
como también permanece la marca invisible de tu boca
sobre el filo de beber.
Ahora llueve sobre el campito y conmueve la forma
en que esa taza se ofrece para acumular
el sudor sucio del agua.
Es admirable la manera que tiene de abrirse
a nuevas experiencias, las que conducen
a una progresiva degradación de su ser.
Cuando ocupaba un lugar en la mesa, los chicos decían
que la leche espumosa la vestía de gala,
y vos destacabas las virtudes de su generosidad; es decir,
la falta de orgullo para dejarse acariciar por nuestras bocas
y que su curvatura no hiciera más que empujarlas
hacia un único encuentro nocturno;
un deseo antiguo que brilla en ese cadáver,
el que sostiene toda la mugre del tiempo
en su podredumbre.

 

 

NADA MALO

Vuelve a dolerte el cuerpo en las mismas partes
donde el doctor asegura no encontrarte nada malo.
Te asaltan los ataques de tos frente al pizarrón,
la rugosa incomodidad que revuelve la noche,
el diario funeral del apetito, la patada al perro
y las manos sobre la mesa.
Ojo precavido el del perro que no deja de vigilarte
mientras mastica un hueso allí abajo,
donde las manchas de grasa empastan su territorio,
donde otros pies, hasta hace poco,
habitaban junto a los tuyos.
Al perro también le duele la parte que le golpeaste.
Sin embargo no deja de quererte, de celebrar
la fidelidad que te debe en el mordisco
que arrastra de aquí para allá.
La boca del perro, el hueso, sus patas, chocan
contra vos y vuelven a sacarte.
No hay forma de corregir a los animales
porque no razonan.
No como vos, que vas en cuatro patas por el alimento
y lo arrojás al patio, para ver con sorpresa
que el perro no reacciona, no corre,
ni siquiera se enoja.
Deja que tu olfato se confunda con el suyo
y te haga desear lo que necesitás morder
para que el dolor termine: no la bronca,
no el hueso (ni siquiera la grasa),
sólo la memoria del hambre.

 

 

 

 

RAFAEL COURTOISIE

CAUSAS Y EFECTOS

1)

Una condición absoluta
habita la materia
de la voz
la mirada escucha
el color canta.

 

 

2)

Llueve
no en el espacio
sino en la lengua del viento.
Un pensamiento corporal
llena el silencio, lo colma.
Agua de las palabras
desnudas en la boca.
El sonido y la furia:
furia dulce
sonido rojo.

 

 

3)

Cautela para penetrar la noche
y suavidad para dejarla
tibia.

 

 

4)

No escucho: bebo
como si fuera agua
lo que dices.
Besa mi sed.

 

 

5)

La respuesta  inventa la pregunta.
El sol la noche.
Caricia es la respuesta
a la pregunta de la piel.

 

 

6)

El animal de la serenidad
da un zarpazo, un relámpago
ocre en el pensamiento.
Se apaga la noche
recuerda el cuerpo.

 

 

7)

Las piedras son voces
fósiles de una lengua muerta
altas palabras sin carne
gritos de hueso.

 

 

8)

El sentido del musgo
contradice el sentido del sol.

 

 

 

 

RAMÓN FERNÁNDEZ LARREA

ATARDECER EN LA ESPALDA DE UN OSO

no hay tiempo para el amor
no hay tiempo para la furia
ya no hay tiempo en el tiempo
todo se limita a decir hola
a quedarme dentro de ti y pasar
seguir corriendo entre el incendio del bosque
ya no hay tiempo para la verdad
no hay tiempo para las cosas diminutas
que eran respirar tocarnos ver el cielo
no hay tiempo casi para la muerte
pero eso
poca gente lo sabe.

 

 

AGUJERO LLAMADO NEVERMORE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Leopoldo María Panero

a ver cuántos fantasmas tuvo siempre en la sangre
arteria abajo arteria arriba en la noche
en la mañana en cada momento espumoso
donde la bruma se interponía a los colores
ahora a ver qué le sacan de todos sus cuerpos
si el bisturí lora hacer brotar sus raíces
ya frío en esa planicie que se parece a la palabra nunca
a la palabra siempre a todas las palabras
a ver cómo le sacan los sueños de su esófago
y las bolitas que hace la coca cola rodando
momento tras momento en la oscuridad de su planeta
liberado por fin de su país lleno de rejas
y cerrojos y horarios y pastillas redondas
que espantaban los perros que iban a herirle minuto tras minuto
a ver cuántos delirios huyen tristes
en esa grieta donde se le ha muerto para siempre la sombra.

 

 

 

 

EDUARDO CHIRINOS

PLUMA Y ESPEJO

No entiendo por qué elegí esas palabras.
Ninguna seduce, ninguna arrulla, ninguna
me deja dormir por las noches. Pluma agita
sus dos sílabas en mi oreja izquierda. No
es amor no es cosquilleo tampoco es caricia.
Es un silbato para perros. Al oírlo atravieso
praderas sin detenerme a mirar el paisaje,
a olisquear flores. Yo me arrodillo a sus pies
y agacho la cabeza. Eres único, dice. Y me
revuelve el pelo como hacen las maestras
con los niños más desventajados. Espejo,
en cambio, estira sus alas como un tríptico.
Tres músicos con M y recito Mozart, Mahler,
Mendelssohn. Tres bichos con P, Pantera,
Puma, Pangolín. No siempre es tan fácil,
con aritmética a veces me confundo. Espejo
ama la quietud, favorece la contemplación
pero es engañoso. Oh sí, muy engañoso.
Si expreso alguna duda jala mis orejas hasta
hacerlas doler. Eres malo, dice. Tu obligación
es soñar conmigo, multiplicarte por tres.

 

 

EL ÁRBOL Y EL DESORDEN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Federico Díaz-Granados

Cada mañana el desorden se aparece a la
puerta de mi casa. A veces lo veo, oculto
entre el periódico y la botella de leche, con
cara de pocos amigos. Si me descuido entra
sin saludar. Jamás se quita el sombrero, no
sabe para qué sirve el felpudo. Desde muy
temprano organiza su programa: la cocina
y los baños primero, la sala y el dormitorio
después. Cuando llega al estudio confunde
los libros, entrevera papeles, acaricia y de-
senchufa el ordenador. Por aquí y por allá
aparecen vasos de cerveza, tazas vacías de
café, mapas del mundo con países revueltos
(Jamaica en el Extremo Oriente, Perú al norte
de Sudán, Islandia al sur de las Molucas).
Las palabras se alborotan y se ríen. Mi oreja
es cómplice y también se ríe. El ojo se enfada.
«Esto no puede seguir así», dice. Y la oreja
asiente. Tanta algarabía la perturba y es hora
de sentarse a trabajar. «Hagamos un árbol,
mira que es otoño». El desorden sonríe, deja
caer del techo hojas almidonadas y soberbias.

 

 

 

 

JOSÉ MÁRMOL

YO, LA ISLA

Yo, como la isla,
rodeado de ti por todas partes.
Apagado. Humilde. A la sombra.
Mientras tu luz esplende como el aura toda.
Me acomodo en el último pasillo del ocaso.
Me contento con ser de la música el silencio
y de las palabras que de cuando en vez pronuncias,
apenas el vestigio,
el resquicio tal vez de aquel instante clave,
inesperado,
en que se resbala el sentido de la cosa
y la vocal se arrulla y los labios se cierran
y ya nada se dice ni ha quedado por decir.
Yo, como una isla siempre,
rodeado de mi propio animal por todas partes.

 

 

 

 

ISMAEL VELÁZQUEZ JUÁREZ

ANY ANYBODY ANYWHERE

elpoetamarincotrus
murió ayer a los 69 años
(cualquier día de ayer)

lincheng una enfermera de taiwan
se suicidó el miércoles
ahorcándose con sus medias en un hospital de taipei
(cualquier par de medias baratas)

la ex-cantante de ópera de 75 años albertaweddell
apareció muerta en su cama
el día de navidad
(cualquier ex-cantante, cualquier cama, cualquier muerte)

hoy hace veintiocho años jarnohulkkonen
zapatero finlandés abandonó su casa en rantuu
para no volver nunca más
(cualquier no volver)

 

 

 

 

RODOLFO EDWARDS

LOS MUNDIALES

siempre pensé
que los mundiales
son unidades de tiempo
en este mundial
hay jugadores que saben
que es su último mundial
y todos los civiles
también sabemos
—más o menos—
cuántos mundiales
nos quedan
el tiempo es
un grandísimo hijo e’ puta

 

 

LAS VOCES

las voces no envejecen
en la memoria
y de repente vuelven a sonar
como la tabla del 4
como letras de canciones
como un recitado
que un niño repite de memoria
al lado del escritorio de la maestra

 

 

 

 

GUSTAVO GOTTFRIED

CAEN DEL ÁRBOL LAS NARANJAS

y revientan jugosas
bajo el aguacero
la capa de nubes es tan densa
que nunca se consume
y hace días que está lloviendo
el patio, los árboles, la casa vecina
todo es gris
salvo las naranjas

 

 

 

 

HOMERO PUMAROL

LA SANGRE DEL POETA

Natura me ha dado y me ha dado y me ha dado,
tengo cuarenta y tres años y natura no para:
Que una voz perfecta para leer mis poemas,
que un cuerpo concebido para vivir pensionado,
que un cerebro diestro para hablar con Whitman y con Pessoa.
Mi sangre es especial, mi sangre crea universos,
mi sangre descubre y persigue amor,
mi sangre es, ha sido y siempre será amor,
mi sangre sube y baja por mi cuerpo como el Internet por un edificio moderno,
llevando ideas, imágenes, música, palabras o pornografía,
sacudiendo inmediatas cabezas, cuerpos que son y cuerpos que no son amor,
mi sangre no es cuento de hadas, nunca historia triste, jamás moraleja,
mi sangre arde veloz, mi sangre quema como ninguna.

En este mundo de guaguas voladoras y de inservibles teléfonos públicos,
en este universo de computadoras y de videojuegos,
en estas batallas diarias contra la vida,
en este nunca llamar amor al amor brota mi sangre.

Vuelvo sobre mis pensamientos y la siento florecer dentro de mí,
viaja por mis venas como yo viajo por Santo Domingo pensando en ti.

 

 

CETRO

El ruido de tractores socava mi temperamento,
la arteria a mi corazón va por debajo de la ciudad,
en mis tripas se facturan «domincanmurderstories»,
mi corazón es de fon, hijo de Billy The Kid.
Mi cara es un océano,
mi cuerpo un charco de azufre,
mis zapatos son caminos donde se pierde la ciudad.
Mis palabras son tan grandes como Los Liliputienses,
no hay modo de repetirlas sin llevar la frente al cielo.
Mis ojos son las minas de Barba Roja o Barba Azul,
de mis dientes saben sólo grandes asesinos.
¿Qué otros cielos escondo? ¿Qué drogas inagotables?
Ah, mis arterias y mis venas, mis palabras
Y mis dedos son el cetro de otro mundo que vendrá.

 

 

 

 

ALEYDA QUEVEDO ROJAS

DESVELO

Quizá. Si me arranco el cabello tejido con largos
collares de ámbar entiendas mi desespero. Es como
insomnio coagulado. Despiadado fuego quemando
belleza. Se trata de perderse en la linealidad de
la noche larga más larga que los collares de mi
cuello vestido para que lo descubras. Desesperada
noche larguísima en su florecer recto. Desnuda
invocando al cielo. Aterciopelada flor de la angustia.
Pronunciando un nombre. Diciendo lo íntimo. Me
despojo del cabello negro y los collares que me diste.
Despacio en el sabor coagulado de la noche más
larga de mi desespero. Te lo digo: quizá eres el alma
deseada de mis desvelos.

 

 

DESGARRO

Deseo es pulsión. Espiral de mercurio instalado en el
estómago. Algo muy tuyo que destilas, aún a pesar
de ti y de los demás. Un sistema personal de cuyo
interior se origina el dolor. Se domina o te controla.
Un fuerte invierno que desgarra. Incesante lugar,
paisaje, estación que habitas. Deseo es pulsión. Te
golpea el rostro ciego de ira. Se abandona cuando él
deja de pronunciar tu nombre suprimiendo sílabas.
Cuando la música insiste en la herida. Viene de la
noche, del oscuro lugar que el cuerpo retiene en la
memoria.

 

 

 

 

JAVIER PAYERAS

NO TEMBLAR

No asumir la miseria; no temblar. Quedarse quieto como la hoja que terminó de caer.
El ruido volverá contra el ruido y las palabras perforarán las palabras.
El silencio mueve todo; pero es un arma reactiva.
Dolor es hablar frente a una hoja caída y silenciosa.

 

 

 

 

PERLA RIVERA

SOY DUEÑA DE UN INFIERNO

que cabe en esta cama
aquí se incendia tu nombre
y no me basta
Nace un poema
hierve el aire
Se hizo tarde ya
y la certidumbre de la suma de mis días
no es ajena al mar que nos separa
súbito
vasto.
Esta noche quema tu extensión
tu imagen hecha hoguera
arde en mi vientre.

 

 

CLARIVIDENTE

Mi madre me reveló desde pequeña
que el invierno es una brújula
que apunta hacia abajo.
Regreso a mis diez años
me extingo.
La lluvia duele como territorio de guerra
sus gotas forman evangelios en el suelo
los guardo en mi bolso como caricaturas.
El agua no es escudo
trajo raíces convertidas en vísceras.
Agonizo sobre tu mar salado
ya no eres arcoíris.

 

 

 

 

VADIK BARRÓN

CRASH TEST DUMMIES

Desconocemos el cataclismo que acabará con nosotros,
con nuestras cabezas sin rostro
con nuestro código binario,
con nuestra pretendida simetría.
Los maniquíes no pasan a la historia,
su latido se disuelve en las pruebas de explosivos,
en el vaciado de plástico líquido a elevadas temperaturas,
en el ensayo y error del airbag motorizado.
Los maniquíes acompañan a los hombres a todas partes,
velan por ellos con vestiduras de santo
y los protegen estoicos en lo alto del pararrayos.
Cuando acontece un incendio en los almacenes
de una tienda de géneros y mercería
los maniquíes buscan el calor de sus pares
antes de que el fuego derrita sus cuerpos en blanco.
Como las hojas amarillas
que el viento de otoño arranca de cuajo
fraternizan al vuelo
y se niegan a morir en soledad.

 

 

MUNDOS

A simple vista el mundo de los sueños
y el mundo de los muertos
son indistinguibles.
Solo pequeños detalles delatan a uno o a otro:
la presencia de los amigos de la infancia,
la superposición de domicilios, barriadas y ciudades,
el imposible encuentro intergeneracional,
la experimentación de sensaciones antagónicas en los mismos
territorios del cuerpo,
la ilusión del vuelo, la suspensión del tiempo,
la percepción de colores y sonidos intermedios.
Por eso nunca sabremos si despertaremos
en nuestra vieja cama
o cegados por la parpadeante luz blanca
de una sala de partos.

 

 

 

 

RENÉ NOVOA

TEMPESTAD CENTRAL

En este momento, alguien hizo llover.
Un abuelo mira a su nieto, y sonríe;
dos enamorados se dan —sin sospechar—, el último beso,
una niña se prepara para ir a la escuela por primera vez,
alguien despierta, en su último día.

En este momento,
parte un vuelo hacia la postrera rendija del recuerdo.
Dos aves anuncian que amaneció,
un árbol cae, abatido por los años,
una anciana teje atardeceres con los ojos bien abiertos
para que el tiempo no la asalte de súbito,
una madre aguarda frente al teléfono,
un hombre sale del trabajo y se disipa entre edificios,
una bala atraviesa el pecho de un adolescente.

Un acorde se repite en la radio,
una ventana se cierra
como cuando se acaba el camino,
como cuando un río parte de nuestra infancia.
Un auto derrapa, luego un grito, sin que nadie lo recuerde.
Una joven se va de casa y jura que no volverá,
un niño sube una montaña
con la promesa de traer flores para sepultar el ayer.

Una mujer se aleja en silencio,
sin una nota que justifique su partida,
llevándose consigo las estaciones.
La ausencia aún pesa en nuestros pasos,
como el primer día,
la última noche.
En este momento, alguien hizo llover
y se va, lejos… se pierde.

 

 

PANIC AVENUE

En esta calle habita el horror:
lo he visto en los ojos de una mujer
que suplica por su vida frente a un arma,
en los niños que duermen entre calles
y en el maquillaje de las esquinas.

Aquí se pudren los calendarios
y las adolescentes se borran poco a poco;
el sol es tan sólo una metáfora
o una gris mentira de la muerte.

Esta calle sabe a espanto.
La transitan ancianos sin ojos y sin sueños,
traficantes de ansiolíticos
y, de vez en cuando, algún ciberpoeta.
Parece que la construyeron de golpe… y de golpes.

Es cierto:
nadie pidió nacer en esta calle,
pero cómo duele hasta en las vísceras cuando nos alejamos un poco.
Que nos dejen sobremorir con nuestra miseria diaria,
el café, las mañanas frías, las tardes calurosas,
las noches horrorosamente solas;
con nuestro licor barato,
el concierto de piedras y de balas;
rostros familiares en los bolsillos.

Que nos dejen celebrar resúmenes deportivos los domingos por la noche
o ir a la cama sin saber qué comeremos al día siguiente;
con la llamada puntual de los acreedores a fin de mes,
con el pantalón de hace tres días,
con las paredes rayadas, con la fila del taxi,
con más desempleados que conquistas colectivas
y con la promesa de que pronto amanecerá.

Es cierto, nadie pidió venir,
pero esta calle nos pertenece:
somos los herederos del pánico.

 

 

 

 

VERÓNICA PÉREZ ARANGO

LUCIÉRNAGAS

Ayer, por ejemplo
la tormenta nocturna me causó miedo.
Ni siquiera encontré calma
al sentir los latidos
adentro de la almohada de tu pecho.
Cuando sea de madrugada vamos a apagarnos
—dijiste—.
Como luciérnagas.
Pero ahora, acá,
yo adivino los segundos que hay
entre el relámpago y el trueno.
Ese breve tiempo no va a rescatarnos
de la casa ni el pan cocinándose en el horno.
Algo más suave que la noche nos derribará
quizás la canilla que gotea
el pelo y la ropa sin lavar
o las cuentas impagas
amontonándose junto a la puerta.

 

 

 

 

ESTEBAN CHINCHILLA

RUSIA CON VOS

Las grandezas rusas, los palacios, mamá me manda mails,
un millón de mails al mes diciendo, estoy sola, pero las
grandezas de Rusia me acompañan, el precio de la locura,
la ensoñación, mamá nunca irá a Rusia, pero me escribe
desde Rusia, me dice que nunca había sentido tanto frío,
que yo lo llevaría mejor el tema del clima, que los miembros
la vuelven loca en esos jardines, esa es mamá, la que se
agacha en el patio recogiendo hojas mientras le hace un
tributo a la suya, esa no supo de Rusia, de los caballos, de
las revoluciones de Octubre, tampoco supo si una mayúscula
o el misterio idiota de las sílabas; en cambio mamá dio un
paso, intuyó que las flores son analfabetas, y en un lenguaje
superior trajo hijos al mundo, con un remo a cruzar el
Atlántico, hay que tener fe, eso dice siempre mamá, para
que se haga, hay que tener fe, no sé si por terca o por pobre
o por loca, o por todo junto, lo único de Rusia que conoce,
es la rimbombancia de un ballet con vestuarios desteñidos,
pero mamá no ve eso, ve a las rusas delgadas, altas mujeres
que añora mamá en su infancia, recortes de un periódico
que se han perdido en su memoria rural, el ballet antes, las
butacas hoy, en el lobby de un teatro del tercer mundo,
mamá intuye que le hubiera gustado conocer los productos
del renacimiento, las fuerzas del trabajo que levantaron
las joyas arquitectónicas de los siglos, haber dejado de creer
en dios, o en esa idea imbécil de dios, hay que tener fe, así
es como me escribe desde Rusia, tito, cuanto me hubiera
gustado poderte pagar un boleto a Rusia, vos siempre has
sido el hombre de la casa, para vos la carne más grande, el
vaso más robusto, y a todo esto yo me quedo flaco, ante las
palabras de mamá el silencio.

 

 

 

 

CINDY JIMÉNEZ-VERA

ICONOS DE LA UFOLOGÍA

Se busca astrobiólogo que dicte una
conferencia en el Congreso Mundial de
fotografía del espacio. Debe sufragar los
gastos de su propio billete de avión, el
hospedaje y los viáticos diarios. La
austeridad es un fenómeno
intergaláctico. Interesados favor de
enviar un retrato no alterado en el que
usted posa junto a un Premio Nobel o
junto a la tumba de un casi ganador del
Premio Nobel y sonríe.

 

 

 

 

GABRIELA MARRÓN

SÍSIFO

Día tras día,
elevamos las palabras.
Día tras día,
las miramos descender.
Día tras día,
apóstatas, humanos,
esclavos de la erosión.

 

 

 

 

WILLIAM EDUARTE BRICEÑO

TERMINAL

Nos vamos.
Esto es lo único cierto de irse;
el ruido de pasos
alejándose.

 

 

 

 

CHRISTIAN KENT

EL PASILLO DEL COSTADO

¿No diste una vuelta por la casa?
¿No entraste por el costado últimamente?
Hay una manguera azul enroscada bajo el sol.
Como una víbora símbolo no del mal, ni del pecado,
ni la caída del hombre al tiempo al espacio de lo opuesto.
Tampoco es la víbora que se muerde la cola,
símbolo de la vida y su eterno regreso.
¿Por qué no te tomás un minuto y echás un vistazo?
En el pasillo que une la calle con el patio hay una víbora azul
enroscada bajo el sol, como una manguera.
Yo creo en ella como creo en todas las otras cosas,
con la fe de la sacerdotisa que besa a la cobra en la frente:
para que llueva, para que dios bendiga nuestra casa.

 

 

UN ÚLTIMO CUENTO

Si te quedás dormida voy a
estar despierto toda la noche,
recolectando leña en la oscuridad
para mantener vivo nuestro fuego.

Voy a ser como un búho
viéndote desde las ramas
de un viejo sauce.

«Tené cuidado», voy a decirte,
«hay una víbora que busca
tus tobillos».

Pero no vas
a escucharme.

¿Acaso no creés
en aquello que esconde
la hierba en su vientre
invisible y húmedo?

¿O es que al gritar
tu nombre mi voz
suena como legiones
de insectos riéndose?

No puedo alejarte del peligro.

No quiero ser el musgo
que crece en el tronco
de todos los árboles.

Ni quiero alumbrar
cada rama que pises
en el fondo de la noche.

Vos y también la víbora
en la hierba húmeda,
tienen su propio camino.

Pero nunca dejes de pedirme
que te tape cuando sueñes,
que deje la luna prendida,
que te lea un último cuento:

It was many and many years ago,
In a kingdom by the sea…

 

 

 

 

SERGIO GARECA

CANCIÓN DEL NIÑO CABEZA DE MUNDO

Ahora es cuando carajo
Ahora es siempre
anciano niño cabeza de mundo

Istmo tras istmo la paloma de tu boca
la metralla ciega de tus panes
Niño de rojo Trotsky a verde green peace
Niño marxiano
Niño copla de Soruco
Niño reencarnación de Víctor Jara
ávido de clítoris Luxemburgo
Niño con venas abiertas de América Latina
Niño Bakuniño
Niño Sacco y Vanzetti
Niño Roque Dalton poema de amor
Niño de hoy
trapo de la historia
Niño profesorcito historia-izquierdas
sueldo miserable
deshabitado
en Marcelo PS-1
y nuevo habitante
de le monde diplomatique
Niño minero mil veces muerto
en la vanguardia
en los parajes
o en la chichería
Niño sin precio que miras como caen
vendidos los viejos compañeros
que se levantan burgueses

Niño cabeza de futuro
calabozo de piel y panfleto
Niño huérfano de la humanidad y del muro de Berlín
Niño sin dictador que le dé alas
Niño revolución
cabizbajo sombrero de diario
Niño fósil de los tiempos soñados
Niño cabeza de mundo
ojo de agua potable
Niño Amauta
Niño Chamán
Niño Silencio

Niño payaso de teatro humanista
Niño que se consuela soñando
un 1º de mayo para toda la vida
Niño sin poder tomar el poder
o destruirlo
Niño pájaro que vuela MP3 en canciones de Silvio
Niño cabeza de mundo
Escarabajo en sublluvia pensador
El de las mil hambres en las barbas
Obrero del futuro sin trabajo
rayando en paredes que no se borran
lengua de fantasma y punk rock
Ahora es cuando niño
Siempre es ahora

 

 

 

 

VLADIMIR AMAYA

EL TITÁN MENOR

Mi padre, héroe de guerra con problemas de hemorroides,
pide al cielo por primera vez morirse en serio.
Él estuvo en medio de las granadas,
del ruido a tren descarrilado de los proyectiles.
Perdió a su mejor amigo
(los soldados lo golpearon hasta reventarlo en el 85)
y a una novia suya la decapitaron en el 89.
Ahora a sus manos se las ha comido la vergüenza de no matarse.
Padre no soporta las luces de las pantallas electrónicas de la ciudad.
Han deformado, dice,
su vecindario de niño
para convertirlo en centros comerciales repletos de idiotas.
Mi padre no puede con esta guerra de la Paz Ensangrentada,
con estos días digitales que escapan de sus dedos.
No puede, dice, y duerme por horas soñando que se muere.
Si despierta, come yogurt líquido —único consuelo,
y maldice a los traidores que ahora son personajes públicos.
Hijo perdido, mi pobre padre,
(algo así como un payaso drogadicto recostado sobre sus propias barbas.)
«¿A dónde está el valor de la vida?
¿por qué se ha de luchar ahora?»
me pregunta muchas veces
mientras sostiene la bolsa de las papitas fritas en oferta.
Miserable mi papá,
con dos hijos, una esposa, un perro
y sin nadie a quien dispararle.
Sentado en la acera de la casa,
aún me habla de esa lágrima que un día empezó en las montañas.

 

 

SINAPSIS POSTMORTEM

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ricardo Pereira, fraternalmente

Dios crea la semilla.
El hombre planta el árbol,
pero quien hace madurar la fruta
es el diablo cuando canta.

 

 

 

 

ANDRÉS MONTENEGRO

xxxxxI

Si tuve sueño o no
si me perdí o te encontraste
si pude hallar el túnel
al final de la luz
si fue la fe o el dolor
lo que apagó las voces que llamaban
si amanecía en Yemen
o era el fulgor de una bomba lejana
si estaba allí
o imaginé
si hubo algún libro en la mochila
del niño aquel
que se inmoló en el portal de la embajada
si alguna vez él jugó a la pelota
si tuvo sueño o no
si se perdió o te encontraste
si pudo hallar el túnel
al final de la luz
si fue la fe o el dolor
lo que apagó las voces que llamaban
si amanecía en Yemen
o era el fulgor de una bomba lejana
si estaba allí
o imaginó
y así infinitamente.

 

 

 

 

MIROSLAVA ROSALES

ERIKA

¿Dónde quedó tu Nicaragua
tu risa juguetona parecida a una discoteca
a un verano de abundantes mangos y sin plaga
a mañana de alondras en la ventana
a una ráfaga de espléndidos pericos?
¿Dónde el cielo sin cerco eléctrico
sin vigilantes a su entrada?
¿Dónde el mar y sus olas de caricias?
¿Dónde las margaritas para la ciudad
(homicida con el pequeño
con el que busca un pan
con el que se consume como un cirio)?
Es este país el boleto a la muerte
la cárcel
xxxxxxxxen deterioro progresivo
para tu sexo devorado diariamente
para tu corazón con 28 disparos
para tu sinfonía nunca escuchada
Nadie sabe tu verdadero nombre
virgen vos en el carnaval de los lobos
en este fétido hacinamiento
en esta colmena de cocaína

Serás un día
xxxxxxxxxxxx«cadáver no identificado»

 

 

LAS FOSAS CLANDESTINAS DE LA NOCHE

Las fosas clandestinas de la noche:
una mujer es secuestrada y luego
depositan su corazón en una fosa
tan honda como todas las noches de este país

Bajo la lluvia
otra mujer recibe de ofrenda unos disparos
la caricia de la maldad
la última caricia de su esposo

Un agente en un parque es capturado
su cuerpo ya no recibirá el viento matutino
ni la risa de sus pequeños hijos bajo el arco del sol

(Margarita de 15 años)
Se le deshoja para después
sepultarla en la noche de los cuervos
Bajo las rocas del silencio sus hojas

Unos vecinos una tumba encuentran
De ella sale un brazo
parece un arbolito recién plantado
Comienzan su tarea los perros

A la ribera del Acelhuate
una mano
xxxxxxxxxxentre la hierba
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaflora
y un pájaro se posará en esa mano

Lo más abundante en este país:
las fosas clandestinas de la noche

 

 

 

 

GONZALO UNAMUNO

LOS DÍAS DE ELLA

Por alguna razón es martes, otro,
con su cóctel de colores repetidos
con sus éstas otras cinco de la tarde y sigo haciendo nada.
Pienso que tal vez vaya a poder
con mi destierro de su piel imaginario,
la ensoñación donde un día cualquiera me adentro
cuando enrostro una calle con su cara.
Como el instante también del día ése,
en que fueron mis líneas en su búsqueda
para arrastrarla delante de mis ojos.
¿Somos?
¿Qué es esto, lo creado,
esta desesperanza sin dos que nadie espera?
¿Qué me niega inasible en la memoria,
la amarilla autonomía de su pelo?
¿Cómo ir del que siente al que ejecuta
sosteniéndome de pie en lo sentido?
Pudo ser otra, me convenzo, o miércoles.
Pero es martes hoy en que me encallo
sin posible en el bolsillo de mañana
sin haber en el hay de este presente.
Un martes más, otro, dan las cinco y sigo haciendo nada.
No hay ninguna moraleja en esto.
Me pregunto si voy a morir
antes de que suene el teléfono y sea ella,
o jueves, o viernes, o domingo.

 

 

 

 

JUAN CARLOS RIVAS

SYLVIA PLATH

Cuando pasés por las calles de Boston
recordá a aquella mujer
cuyas manos sufrían de piromanía,
a la bruja que escuchaba Beethoven
mientras fumaba su último cigarro
a la sombra de la buhardilla.
Llevale flores, muchísimo silencio
y tus nuevos poemas hechos pedazos
en un cesto de mimbre.
Decile que todo está bien,
que los niños se levantaron
aquella tarde después de la siesta
y mojaron las galletas con la leche;
que el esposo no llegó tarde
y aún la recuerda
en el fondo de un vaso de Gin-tonic;
mentile acerca de los analistas,
de los falsos profetas de la desilusión,
los soldados romanos
que se repartieron sus poemas
en un juego de azar
a las puertas de sus editoriales.
Llevale, por favor,
ya sea todo o nada
de lo que pueda resultarle necesario,
y asentí de vez en cuando
con tu cabeza,
las manos en los bolsillos,
sin mirar a otra parte.
No le dejés salir
aunque así te lo pida,
lavá con ron sus epitafios
y jurale que mañana volverás
a dejarle dos monedas de plata
sobre el mármol.

 

 

CHAGALL

Al pueblo había llegado la noticia
de la muerte de Chagall.

Las mujeres lloraban
y sacrificaban carneros
bajo la media luna de hastío.

Los niños permanecían durmiendo;
los hombres
decapitaban petunias
a la orilla de un lago infinito.

Al pálido Dios
le dolía Chagall en un costado
como un viejo enfisema.

Esa noche
las calles se llenaron de violines
y las nubes tenían forma de pueblo.

A la mañana siguiente
después de despertar
los niños
nos encontrábamos solos;
jugábamos a ser Chagall
con nuestra muerte.

 

 

 

 

ADALBER SALAS HERNÁNDEZ

xxxxx(PASAJE DE IDA)

El tiempo es el hambre, me digo,
la brutal música del hambre.

Miramos la
pantalla de salidas
y el próximo vuelo
y el próximo
y el próximo,

todos despegando
con la precisión del olvido.

El tiempo es el hambre que vacía
las cosas desde adentro,
eso que les regala
el paraíso duro de la espera
xxxxxxxxxxxxxxxxy la huida.

(¿De quién es este ahora?
¿a quién se lo robamos?)

Nuestros aeropuertos se parecen
cada vez más a nuestros hospitales. La misma
pulcritud insomne, la misma luz
encanecida los baña, como si
toda esa blancura pudiera eclipsar
los cuerpos que van y vienen, los fluidos que se
excretan, el sudor nervioso que a fin de cuentas
es el único testimonio de nuestro paso.

Observamos las filas de gente,
maletas, bolsos, tickets,
recuerdos regados como aserrín por el suelo,
para que no hagan ruido los pasos.

(¿Contra qué se escriben los pasajes de avión?)

El corazón es un órgano para la fuga
un órgano roído por minutos, por ratas
tercas, implacables.

Escuchamos la cadencia
estúpida de los motores,
el sonido del tiempo que nos abre vetas
en la carne.

Así suena el hambre,
como el próximo vuelo,
como la música que se escurre,
se repite detrás de las paredes,
erosionándolas.

Entonces miro tus manos, como
frutos exactos, tus manos que siempre
están húmedas, que nunca aprendieron
a tejer, las dueñas de una caligrafía
menuda. Miro su piel callada y
pienso
qué pasaría si los techos de los
aeropuertos echaran a volar un día
y nos dejaran calvos, encandilados
bajo el cielo de arena.

 

 

xxxxx(ODISEA V 2.O)

Odiseo no volvió a Ítaca, como es bien sabido
por algunos. Se tardó muchos años más de lo que
nos dijeron. Tantos, que hasta los dioses se cansaron de
observarlo y perseguirlo, quedándose dormidos
finalmente, volviéndose piedras, ruinas, piezas de museo.
Cuando regresó, ya no parecía el mismo. No tenía señas
que lo identificaran, no vestía cicatrices que dieran
cuenta de su historia. Tampoco llevaba pasaporte o
cédula de identidad. Más bien parecía un muchacho turco
o un flaco chipriota con apenas algunas canas,
la piel tostada de tanto andar bajo el sol.
Alcanzó la playa luego de que su barco naufragara.
Iba disfrazado de sí mismo, como siempre supo que lo haría.
Pero no halló su palacio, ni pretendientes, ni penélopes hacendosas y
oscuras, ni telémacos barbicortos. Solamente un pueblo
de pocas calles, oprimido por el sol del Mediterráneo.
Nadie lo reconoció, ni él reconoció a nadie. Los perros ladraban
a su paso, le regalaban la lengua descoyuntada de la historia.
Así que decidió navegar hasta el continente. Allí
lo metieron preso por no llevar documentos
y por expresarse en un lenguaje que nadie comprendía, que
sonaba a viejos huesos que se quiebran. Trató de explicar
a los oficiales de policía que viajar
es perder lenguas, no ganarlas, pero fue en vano.
Lo llevaron a un campo para refugiados en Corinto.
No pudo contarle su historia a nadie, no pudo narrar a los otros
presos las historias de sus hazañas: por primera vez estaba desnudo.
Con su conocida maña, logró escapar a los pocos meses, esta vez sin tener
que cegar a nadie. Tras muchas aventuras sin dioses, terminó
en Atenas, donde se dedicó a vivir de limosnas y pequeños robos. El hambre
lo había quebrado, alucinaba ángeles desnudos como el vidrio
o como el agua, ciegos como relojes.
No alcanzó la vejez. Dicen que murió sin decir palabra, pero no
se sabe bien cómo. Algunos creen que fue falta de alimento. Otros,
que fue asesinado en una disputa entre mendigos. E incluso hay
quienes aseguran que murió, como tantos otros extranjeros,
en los recientes disturbios populares.

 

 

 

 

ELISEO VILLAFAÑE

SALÓN DE QUÍMICA

No queremos ser expulsados
Pero mira cómo pasa el chicle de boca a boca
Es menta, es ciruela, o tutti frutti
Solo ellos saben.

Ojos cerrados e imaginar
que de una lengua a otra
pasan cantidades puntuales de testosterona
que al mismo tiempo producen oxitocina
(Y no te olvides de las endorfinas)

Eso es amor.

 

 

 

 

MIGUEL ÁNGEL VIDAL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ignacio Uranga

y si Orfeo
no hubiera girado la cabeza
para ver a Eurídice?
Y si Jesús se hubiera
negado a ser muerto
en la cruz?
Y si el Quijote
no hubiera enfrentado
a los molinos de viento?
Y si Van Gogh
no se hubiera cortado
la oreja?
Y si el Ché
hubiera sido un
hombre de oficina?
Seguiríamos
siendo los mismos
pobres mortales
pero sin arte,
sin utopías
sin amor, sin sueños
sin fe

 

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