Archivo

Posts Tagged ‘josé luis reina palazón’

RÉQUIEM

.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo, no bajo un extranjero firmamento,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxni bajo el amparo de extranjeras alas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxestuve entonces con mi pueblo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdonde mi pueblo, por desgracia, estaba.

.

EN LUGAR DE UN PRÓLOGO

xxEn .los .terribles .años .del .terror .de .Yezhov hice cola durante siete
meses .delante .de .las .cárceles .de .Leningrado. Una .vez .alguien .me
«reconoció». Entonces una mujer que estaba .detrás .de .mí, con los la-
bios azulados, que naturalmente nunca había oído mi nombre, despertó
del entumecimiento que era habitual en todas nosotras .y me susurró al
oído (allí hablábamos todas en voz baja):

xx— ¿Y Usted puede describir esto?

xxY yo dije:

xx— Puedo.

xxEntonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez
había sido su rostro.

.

.

.

.

.

DEDICATORIA

Las montañas se doblan ante tamaña pena
y el gigantesco río queda inerte.
Pero fuertes cerrojos tiene la condena,
detrás de ellos sólo «mazmorras de la trena»
y una melancolía que es la muerte.

Para quién sopla la brisa ligera,
para quién es el deleite del ocaso—
Nosotras no sabemos, las mismas por doquiera,
sólo oímos el odioso chirriar de llaves carceleras
y del soldad el pesado paso.

Nos levantamos como para la misa de madrugada,
caminábamos por la ciudad incierta,
para encontrar una a la otra, muerta, inanimada,
bajo el sol o la niebla del Neva más cerrada,
mas la esperanza a lo lejos canta cierta…

La sentencia… y las lágrimas brotan de repente,
ya de todo separada,
como arrancan la vida al corazón, dolorosamente,
como si hacia atrás la derribaran brutalmente,
pero marcha… vacila… aislada…

¿Dónde están ahora aquellas compañeras del azar,
de mis años de infierno desnudo?
¿En la borrasca siberiana cuál es su soñar,
qué imaginan en el círculo lunar?
A vosotras os envío mi adiós y mi saludo.

.

.

.

.

.

INTRODUCCIÓN

ESTO FUE CUANDO EL QUE MUERTO ESTABA
sólo sonreía, de su paz alegrado.
E inútil, colgante, columpiaba
junto a sus prisiones Leningrado.

Y cuando de tormento enloquecido
el condenado al regimiento marchaba,
y una corta cantinela de despido
el silbido de los trenes cantaba.

Las estrellas de la muerte constantes,
Rusia inocente de dolores repleta
debajo de aquellas botas sangrantes
y las ruedas de las negras furgonetas.

.

.

.

.

.

1

AL ALBA TE LLEVARON,
como a un entierro tras de ti mi salida,
en la oscura alcoba los niños lloraron,
ante el santo quedaba la vela derretida.

En tus labios el frío de un icono.
Sudor de muerte en la frente no olvido.
Como las mujeres de Streliezki pregono
bajo las torres del Kremlin mi alarido.

.

.

.

.

.

2

EL DON APACIBLE, APACIBLE PASA,
entra la luna amarilla en la casa.

Entra, sesgada su gorrilla,
una sombra ve la luna amarilla.

Esta mujer, su enfermedad,
esta mujer es soledad.

El marido en la tumba, el hijo en prisión,
rezad por mí una oración.

.

.

.

.

.

3

NO, NO SOY YO, ES OTRA LA QUE SUFRE.
Yo no podría. Que ensombren
lo ocurrido negros velos
y retiren los faroles…
Noche.

.

.

.

.

.

4

SI TE HUBIERAN DICHO, BROMEADORA,
la preferida de todos los amigos,
de Zarskoie-Selo alegre pecadora,
lo que sucedería en la vida contigo.
Cómo la trescienta, con tus presentes,
ante «Las Cruces» en fila esperas
y cómo con tus lágrimas ardientes
del año nuevo el hielo derritieras.
Cómo de la prisión el álamo se mece
y no se oye nada —pero cuánta
vida inocente allí fenece…

.

.

.

.

.

5

DIECISIETE MESES GRITO,
a la casa te reclamo,
al verdugo ayer suplico,
por ti mi hijo y mi espanto.
Todo se enreda sin nombre
ya no sé diferenciar
quién es la bestia o el hombre,
si la ejecución he de esperar.
Sólo flores polvorientas,
incensario, tintineo, huellas
a cualquier y a ninguna parte.
A los ojos me mira lanzada
y de pronto un desastre me amenaza
una estrella gigante.

.

.

.

.

.

6

LAS SEMANAS EN UN VUELO ACABAN,
de lo ocurrido no sé dar razón.
Cómo, hijo mío, en la prisión
las noches blancas te miraban
cómo ellas vuelven a verte
con ojo ardiente de azor,
de tu alta cruz en redor
hablan —y sobre la muerte.

.

.

.

.

.

7

CAYÓ LA PALABRA PETRIFICADA
en mi pecho vivo todavía.
No importa, de hecho estaba preparada,
fuera como fuere, lo superaría.

No es hoy para mí día de calma:
necesito acabar con la memoria,
necesito petrificar el alma,
necesito recomenzar la historia,—

si no… el caliente susurro del verano,
tal fiesta viene a mi ventana abierta.
Lo había presentido ha ya lontano—
un día radiante y la casa desierta.

.

.

.

.

.

8

A LA MUERTE

¿Por qué no pues ahora —tú que seguro llegas?
Te espero —muchas son mis desgracias.
Ya apagué la luz y abrí la puerta,
a ti, cosa simple y extraña.

Toma para ello no importa qué aspecto.—
Irrumpe tal proyectil envenenado,
o furtiva y con pesa, tal bandido experto
o con vapores de tifus impregnados.

O con un cuento por ti misma inventado
y al que ya hasta la náusea conocemos,—
para que yo vea de la gorra azul el plato
y la palidez de miedo del casero.

A mí ya nada me importa. El Yenisei va removido.
Reluce la estrella polar
y el azul brillo de los ojos queridos
el último tormento cubrirá.

.

.

.

.

.

9

YA EL ALETEO DEL DELIRIO
a medias cubre el alma,
y a beber da ardiente vino
y a oscuro valle llama.

Y comprendí a lo que yo
debo otorgar la victoria,
escuchando a mi interior
como si extraño fuera ahora.

Y en absoluto me permite
que algo mío conmigo lleve
(por mucho que le suplique
y por mucho que le ruegue):

Ni los ojos del hijo espantados
—pétreo sufrimiento—
ni el día aquel atormentado,
ni en la prisión la hora del encuentro,

ni el frescor de la querida mano,
ni la sombra estremecida de los tilos,
ni el ligero sonido lejano—
palabras de consuelos últimos.

.

.

.

.

.

10

CRUCIFIXIÓN

xxxxx1

El coro de ángeles alabó la gran hora,
y los cielos se abrieron en fuego y resplandores.
«¡Por qué me has abandonado!», al padre implora,
y a la Madre— «Ay, por mí no llores».

.
xxxxx
2

Magdalena se conmovía y lloraba,
el discípulo amado de piedra era,
y allí, donde en silencio estaba
la madre, nadie mirar osó siquiera.

.

.

.

.

.

EPÍLOGO

xxxxx1

Vi cómo los rostros se ajan fácilmente,
cómo bajo los párpados el miedo brilla,
cómo —escritura acuñada— duramente
el sufrimiento se inscribe en las mejillas,

cómo rizos negros y rubiocenizos
de pronto de plata tienen su color,
la sonrisa se marchita en los labios sumisos
y en la risita seca se estremece el pavor.

Para mí misma sólo no reza mi voz,
sino por las que allí vieron mis ojos,
en el tórrido julio y en el frío feroz,
juntas conmigo bajo el ciego muro rojo.

.
xxxxx
2

De nuevo se acerca del recuerdo la hora.
A vosotras os veo, os oigo, os siento ahora:

a ti, que llegar a la ventana apenas pudiste
a ti, que no pisaste la tierra en que naciste,

a ti, que, sacudiendo la hermosa cabellera,
dijiste: «Vengo aquí como si a casa fuera».

A todas por sus nombres quisiera evocar,
la lista me arrancaron y ahora dónde buscar.

He aquí una gran manta para ellas tejida
de pobres palabras de ellas oídas.

De ellas me acuerdo siempre y por doquier,
ni en las nuevas desgracias las olvidaré,

y si me amordazan la boca de tormento atrita,
por la que un pueblo de cien millones grita,

que sea posible que ellas en su pensar me eleven
en la víspera del día que a la tierra me lleven.

Y si en este país en un cierto momento
tienen la idea de hacerme un monumento,

acepto que este homenaje me advoquen,
pero sólo a condición que lo coloquen

no junto al mar donde vine a nacer:
los últimos lazos con el mar desgarré,

ni en el parque junto al tronco venerable,
donde me busca la sombra inconsolable,

sino aquí ante las puertas donde estuvieron
mis pies trescientas horas y no me abrieron.

Porque temo en la muerte de dicha consueta,
olvidar el tronar de las negras furgonetas,

olvidar la odiosa puerta de golpe cerrada,
y el grito de la anciana como bestia lanceada.

Y ojalá en los pétreos párpados sin vida
como lágrimas corra la nieve fundida,

y la paloma de la cárcel arrulle en tierra nueva,
y en silencio naveguen las naves por el Neva.

.

.

.

.

Ajmátova, Ana. Réquiem y otros poemas (Trad. José Luis Reina Palazón). Sevilla; Ediciones Alfar, 1993

.

ANA AJMÁTOVA TRADUCIDA POR JOSÉ LUIS REINA PALAZÓN

.

MAIAKOVSKI EN EL AÑO 1913

No te conocí yo a ti en tu gloria,
sólo recuerdo tu alba tempestuosa,
pero hoy es posible que traiga a la memoria
el día de años lejanos, justa es la cosa.

Cómo eran tus versos de timbres vigorosos,
en nuevas voces enjambrados…
Tus jóvenes brazos no fueron perezosos,
levantaron imponentes entramados.
Todo lo que tocabas nunca más
como era hasta entonces parecía,
lo que destruiste —destruido está—
en cada palabras un veredicto latía.
A menudo descontento, solitario,
con impaciencia al destino dabas prisa,
sabrías que pronto saldrías alegre, voluntario
para nuestra gran liza.
Y ya el resonante fragor de pleamar
se oía, cuando tú nos recitabas,
bizqueaba la lluvia con airado mirar,
en disputa impetuosa con la ciudad entrabas.
Y el nombre hasta entonces nunca oído,
rayo voló en la sala que la asfixia abate,
para ahora, en todo el país retenido,
resonar como una señal de combate.

.

.

.

.

.

SÓTANO DEL RECUERDO

Es pura tontería que vivo entristecida
y que estoy por el recuerdo torturada.
No soy yo asidua invitada en su guarida
y allí me siento siempre trastornada.
Cuando con el farol al sótano desciendo,
me parece que de nuevo un sordo hundimiento
retumba en la estrecha escalera empinada.
Humea el farol. Regresar no consigo
y sé que voy allí donde está el enemigo.
Y pediré benevolencia… pero allí ahora
todo está oscuro y callado. ¡Mi fiesta se acabó!
Hace treinta años se acompañaba a la señora,
hace treinta que el pícaro de viejo murió…
He llegado tarde. ¡Qué mala fortuna!
Ya no puedo lucirme en parte alguna,
pero rozo de las paredes las pinturas
y me caliento en la chimenea. ¡Qué maravilla!
a través del moho, la ceniza y la negrura
dos esmeraldas grises brillan
y el gato maúlla. ¡Vamos a casa, criatura!

¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?

.

.

.

.

.

QUÉ HACER CON TODAS LAS ODAS INVASORAS
y el dulce encanto de las elegías…
Para mí, en el poema todo es a deshora,
y no como en la gente es cada día.

Si supiérais de qué sucio montón
crecen los poemas, desvergonzados,
como el amarillo diente de león,
el lampazo y el bledo en los vallados.

Un grito de ira, fresco olor de alquitrán,
misteriosos mohos en las paredes.
Y suena el verso tierno y charrán,
para mi alegría… y la de ustedes.

.

.

.

.

.

EL POETA

¡Piensas que es esto trabajo,
esta vida despreocupada!:
escucharle a la música algo
y decirlo tuyo como si nada.

Y el ajeno scherzo juguetón
meterlo en versos mañosos,
jurar que el pobre corazón
gime en campos luminosos.

Y escucharle al bosque alguna cosa
y a los pinos taciturnos ver
mientras la cortina brumosa
de niebla se alza por doquier.

Tomo lejos o a mi vera
—sin sentir culpa a mi turno—
un poco de la vida artera
y el resto al silencio nocturno.

.

.

.

.

.

LA MUSA

Cómo puedo vivir con este peso,
y todavía llaman musa a eso,
Dicen: Tú con ella por el praderío…»
Dicen: un balbuceo divino acude…»
Más fuerte que las fiebres me sacude
y de nuevo un año sin decir ni pío.

.

.

.

.

.

LA SOMBRA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Qué conoce esta mujer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde la hora de la muerte?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOssip Mandelstam

Siempre la mejor vestida, la más rosada y alta,
¿por qué emerges del fondo de los años hundidos
y el recuerdo rapaz lo columpia y me asalta
tras el cristal del coche con tu perfil bruñido?

¡Cómo se disputó una vez -si eras ángel o ave!
Una vez el poeta te llamó «tallo de los veranos».
A través de tus negras pestañas, sobre todo suave,
se esparció la luz tierna de tus ojos darjalianos.

¡Oh sombra! Perdóname, pero el tiempo que esclarece,
Flaubert, el insomnio y las lilas tardías,
a ti —hermosa de los años trece—

y tus días sin nubes, indiferentes días,
me han hecho recordar… Pero esta especie
de recuerdos, oh sombra, no va a la cara mía.

.

.

.

.

.

EN MEMORIA DE M. A. BULGAKOV

En vez de rosas funerarias traje esto para ti,
en vez del mecido incienso.
Tú viviste severo y llegaste hasta el fin
con admirable desprecio.

Bebiste vino, bromeaste tal ninguno
y en las sofocante paredes te asfixiabas,
dejabas entrar al huésped inoportuno
y con él cara a cara te quedabas.

Y no existes y todo se calla,
sobre tu vida afligida, ideal,
sólo tal una flauta mi voz se haya
sobre tu silencioso funeral.

Quién se atreve a creer que yo alocada,
yo plañidera de los días perdidos,
yo tizón en llama demorada,
de todo extraviada, toda olvido,

tengo que recordar aquél de fuerza lleno
y claros proyectos, quien voluntad tenía,
el que ayer conmigo hablaba sereno
disimulando el sufrir de agonía.

.

.

.

.

.

VALENTÍA

Sabemos lo que ahora en la balanza está
y lo que ocurre ahora.
Nos llegó la hora de la verdad
y la valentía no nos abandona.
No es terrible caer por las balas mortales,
perder la sangre no es amargura,
te conservaremos lenguaje
ruso, a ti, gran lengua rusa.
¡Libre y pura te llevaremos
y daremos a los nietos y del cautiverio te salvaremos
para siempre!

.

.

.

.

.

TRES POESÍAS

Es hora de olvidar los gritos de camellos
y en la calle Yukovski la blanca casa.
Es hora, es hora de ir a los abedules aquellos,
a las setas, al otoño que Moscú inmenso pasa.
Todo brilla allí ahora, todo es rocío en redor
y hacia lo alto se encarama el cielo
y recuerda el camino a Rogatschov
del joven Blok el silbo de pilluelo…


xxxxxxxxxx**


Y en la negra memoria encuentras rebuscando
aquellos hasta el codo larguísimos guantes
y la noche de Petersburgo. Y en lo oscuro palcos
de olores melífluos y asfixiantes.
Y el viento del golfo. Y entre líneas lector,
dejando a un lado ayes y gemidos,
te sonreirá despreciativo Blok,
trágico tenor de la época que ha sido.


xxxxxxxxxx***


Él tiene razón, farola y botica de nuevo,
Neva, silencio, granito…
del principio de siglo monumento,
allí está este hombre erguido—
Cuando a la casa de Puschkin
con la mano saludó en la despedida
y aceptó la languidez de su fin
como una calma inmerecida.

.

.

.

.

.

EN LA REALIDAD

Y se fue el tiempo y el espacio se fue,
y de la noche blanca vi todo a través:
los narcisos en cristal en tu mesa,
y el humo azul del cigarrillo,
y aquel espejo, donde como en agua tersa,
ahora te reflejarías en su brillo.
Y se fue el tiempo y el espacio se fue…
Y que tú ya me ayudes tampoco puede ser.

.

.

.

.

.

RECUERDO DE NICOLÁS PUNIN

Y aquel corazón tampoco responderá
a mi voz, a su alegría o aflición despierta.
Todo terminó… Y mi canción resonará
donde ya nada queda de ti, en la noche desierta.

.

.

.

.

.

1. ELEGÍA PRIMAVERAL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtoi qui m’as consolé.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGerard de Nerval

La tormenta entre los pinos se calmó,
pero aunque sin vino bebida
así como Ofelia nos cantó
toda la noche la quietud venida.
Y aquél que imaginara receloso,
fue con aquella quietud desposado,
se despidió, mas quedose generoso,
hasta la muerte conmigo se ha quedado.

.

.

2. PRIMER PREAVISO

¿Qué tenemos nosotros que ver
con que todo quede a polvo reducido,
sobre cuántos precipicios canté
y en cuántos espejos he vivido?

Aunque yo no sea ni sueño ni alegría
y aún menos gracia bienaventurada,
tal vez a ti más de lo que debería
la memoria te estará encomendada:

El rumor de los versos sedantes
y el ojo en su fondo celoso
de la herrumbrosa corona punzante
en el propio silencio angustioso.

.

.

3. EN EL ULTRAESPEJO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxO quam beata, diva, tenes Cyprum et
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMemphin carentes Sithonia nive
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio

Una muchacha muy joven, mas
no de nuestro siglo, bella;
a dos no podremos ser —ella,
la tercera, no nos dejará jamás.

Tú el sillón cómodo le tiendes,
generosa con ella divido las flores.
De lo que hacemos no somos sabedores,
pero en cada momento el miedo nos prende.

Sabemos algo horrible uno del otro,
como quien ha salido del penal.
Estamos en un círculo infernal
y tal vez no seamos ni nosotros.

.

.

4. TRECE VERSOS

Y al fin fue tu palabra pronunciada
no como aquél… con su genuflexión,—
sino como el que se escapó de la prisión
y ve de abedules la sagrada morada
tras el arcoiris de lágrimas calladas.

Y el silencio cantó de ti vecino,
y un sol claro iluminó lo umbriento
y el mundo se mudó por un momento,
y extraño cambió el gusto del vino.

Yo, de la divina palabra prescrita
a ser incluso asesina inminente,
quedé en silencio casi piamente
para prolongar la vida bendita.

.

.

5. INVOCACIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAriosto dolente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBeethoven, op. 110.

En una de las sonatas
te esconderé con cuidado.
Suplicarás angustiado
en la culpa que así acatas
por a mí acercado haberte,
aunque un instante haya sido…
Tu sueño es sentirte ido
al silencio, don de muerte.

.

.

6. VISITA NOCTURNA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodos salieron y ninguno volvió.

En un asfalto por las hojas ya jalde
xxno habrás de esperarme.
Yo contigo en el adagio de Vivaldi
xxvolveré a encontrarme.

Otra vez serán las candelas amarillo-parco
xxde sueños embrujadas,
mas no preguntará cómo entraste al arco
xxde noche en mi morada.

Pasarán en un mudo gemido de muerte
xxestas mediashoras,
leerás en la palma de mi mano la suerte,
xxcosas encantadoras.

Y entonces tu angustia, que fatal
xxdestino se ha tornado,
te alejará sin duda de mi umbral
xxa un oleaje helado.

.

.

7. Y LA ÚLTIMA

Sobre nosotros estaba, estrella sobre el mar,
que busca con el rayo el noveno oleaje mortal.
Tú la llamabas a menudo desventura y penar,
pero alegría no, nunca la llamaste tal.

De día entre nosotros golondrina giraba,
con una sonrisa en los labios dispersa,
pero de noche una gélida mano sofocaba
a ambos a la vez. En ciudades diversas.

Sin ser alabanzas ningunas escuchadas,
olvidados de repente todos los pecados,
inclinándose sobre las insomnes almohadas,
murmura versos execrados.

.

.

.

Ajmátova, Ana. Réquiem y otros poemas (Trad. José Luis Reina Palazón). Sevilla; Ediciones Alfar, 1993

.

ANA AJMÁTOVA

 

EL REY DE OJOS GRISES

¡Gloria a ti, inconsolable dolor!
Ayer el rey de ojos grises murió.

La tarde de otoño sofocante y escarlata,
vuelto a casa, mi marido dijo con calma:

«Sabes, desde la montería se lo llevaron:
junto a un viejo roble su cuerpo encontraron.

¡Qué pena de la reina. Tan joven como él era…!
En una sola noche fue gris su cabellera».

De la chimenea su pipa cogió
y a su trabajo nocturno salió.

A mi hijita ahora despertaré,
en sus ojitos grises miraré.

Los álamos susurran detrás de la ventana:
«Ya de tu rey en la tierra no hay nada…»

 

 

 

 

BAJO VELOS OSCUROS SE CRISPARON MIS MANOS…
Dime, ¿por qué tienes hoy el rostro pálido?
—Porque de mi acerba tristeza a quien amo
le he dado de beber hasta embriagarlo.

¿Cómo olvidarlo? Salió, vacilando,
de tormentos la boca descompuesta…
yo bajé, la baranda ignorando,
corrí tras él hasta la puerta.

Jadeante, grité: «Es una broma todo
lo que ha pasado. Si te vas, me muero».
Sonriendo tranquilo, y espantoso,
me dijo: «no te quedes ahí al viento».

 

 

 

 

CANCIÓN DEL ÚLTIMO ENCUENTRO

Ligeros aún mis pasos, el pecho
se me heló, me quedé como lerda.
Me puse tal si fuera el derecho
el guante de la mano izquierda.

Muchos escalones creí en el umbral,
bien lo sabía— ¡sólo tres eran!
Entre los arces un murmullo otoñal
exclamó: «muere conmigo compañera».

Yo fui engañado por mi malvado
destino en caprichoso castigo.
Yo respondí: Amado, amado,
y yo también. Muero contigo…

Del último encuentro es la canción.
Hacia la casa oscura miré enfrente.
Sólo ardían velas en la habitación
de una luz amarillo-indiferente.

 

 

 

 

EN EL RELOJ VIVO
como el cuco,
A los pajaritos
de la floresta
no envidio.
Me dan cuerda
—como el cuco pío.

Sabes, amigo,
suerte tal
es de desear
sólo al enemigo.

 

 

 

 

TODOS AQUÍ SOMOS RAMERAS, BEBEDORES,
estar aquí cómo entristece.
En los muros pájaros y flores
por las nubes languidecen.

Fumas una negra pipa larga,
que extraño su humo suelta.
Me puse una estrecha falda,
para parecer más esbelta.

Las ventanas cegadas para siempre.
¿Qué hay fuera helada o tormenta?
A los ojos de un gato prudente
el mirar de tus ojos aparenta.

¡En mi corazón la tristeza es tanta!
¿La hora de la muerte espero acaso?
Pero a esa que ahora danza
al infierno llevarán sus pasos.

 

 

 

 

¿ESTOS DÍAS DE NOVIEMBRE ME LOS DISPENSAS?
En los canales al Nelva las luces rielan.
De un trágico otoño pobre decorado.

 

 

 

 

TU CASA BLANCA Y TU JARDÍN TRANQUILO DEJARÉ.
Para que sea la vida deshabitada y clara.
A ti, a ti en mis poemas glorificaré,
como ninguna mujer nunca cantara.
Y tú te acordarás de tu amiga cara
en tu paraíso para sus ojos creado,
pero yo trafico con mercancía rara—
yo vendo tu ternura y el amor que me has dado.

 

 

 

 

EN LUGAR DE LA SABIDURÍA-LA EXPERIENCIA, FRUGAL,
brebaje sin sabor.
Pero la juventud fue —como una oración dominical…
¿podré olvidarla yo?

Cuántas veces por caminos desiertos he andado
con quien no me era querido,
cuántas veces en la iglesia me he postrado
por quien mi amor ha sido…

De todo lo olvidable me he vuelto olvidadiza,
suaves los años se van.
Los labios no besados, los ojos sin sonrisas,
ésos a mí no volverán.

 

 

 

 

DEL JARDÍN MARINO ENNEGRECE EL SENDERO,
amarillas y frescas las farolas.
Bien tranquila estoy. Pero no quiero
que se me hable de él a solas.
Tú eres gentil y fiel, amigos seremos,
iremos a pasear, besarnos, marchitar…
y ligeras lunas sobre nosotros veremos
como cristales de nieve volar.

 

 

 

 

HAY EN LA INTIMIDAD HUMANA UNA LÍNEA DE VEDA,
que no traspasan ni amoríos ni pasiones—
bien que en miedo silente boca en boca se queda
y el corazón se rompe de cariño en porciones.

La amistad aquí es impotente y los años
de felicidad sublime y amorosa,
cuando el alma en vuelo extraño
se cierne ante la languidez voluptuosa.

Quien la anhela es demente y el que
la alcanza sucumbe a la tristeza.
Ahora comprendes sin duda por qué
bajo tu mano mi corazón no aceza.

 

 

 

 

LA VOZ HUMANA —SIENTO—
a nadie aquí sonará tal,
de edad de piedra un viento
golpea en negro portal.
Y siento que sólo mía era
bajo este cielo esta suerte:
ser salva; deseé la primera
beber el vino de la muerte.

 

 

 

 

HUBO UNA VOZ EN MÍ. LLAMÓ CONSOLADORA
y dijo: «ven aquí, vente,
deja tu tierra apartada y pecadora,
deja Rusia para siempre.
La sangre de la mano yo te limpiaré,
del corazón arrancaré la negra vergüenza,
con nuevo nombre yo te cubriré
el dolor de la derrota y de la ofensa.»

Pero tranquila, indiferente,
con las manos tapé mis oídos,
para que esta lengua indecente
no ensuciara el espíritu afligido.

 

 

 

 

¿EN QUÉ ES ESTE SIGLO PEOR QUE LOS PRECEDENTES?
Acaso en que de pena y angustia embriagado,
de la más negra plaga sufriente,
no ha sabido haberla superado?

Todavía en el oeste el sol de esta tierra luce
y los tejados de las ciudades con sus rayos rielan,
pero aquí la blanca las casas señala con cruces
y llama a los cuervos y aquí los cuervos vuelan.

 

 

 

 

¿A TI SOMETIDA?¿TÚ ESTÁS LOCO O QUÉ TE PASA?
Sometida yo sólo a la voluntad del Señor.
Yo no quiero estremecimiento ni dolor.
El marido es un verdugo y una prisión la casa.

¡Pero ya ves! Vine por mí misma, es verdad…
Nació diciembre, en el campo ahuyaron los vientos,
y había tan bella luz en tu sometimiento,
pero tras la ventana velaba la oscuridad.

Así el pájaro contra el vidrio transparente
todo su cuerpo lanza en la tormenta invernal,
y la sangre mancha las blancas alas de repente.

Por el momento me siento tranquila y jovial.
Que te vaya bien, amigo mío, me serás siempre amado,
porque en tu casa a una vagabunda entrar has dejado.

 

 

 

 

DIJO QUE PARA MÍ NO HABÍA COMPETIDORA.
Que para él no era una mujer terrenal,
sino del sol invernal la luz consoladora
y el cantar silvestre de la tierra natal.
Que cuando muera no se pondrá a sufrir,
ni fuera de sí «resucita» a gritar,
sino de repente verá que no puede vivir
sin sol el cuerpo y el alma sin cantar.
…¿Pero ahora qué?

 

 

 

 

LA MUJER DE LOT

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPero la mujer de Lot miró hacia atrás
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy se convirtió en una columna de sal.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGénesis.

Y el justo siguió al enviado de Dios,
enorme y luminoso por el negro monte.
Pero alto a la mujer el ansia habló.
No es tarde, puedes aún mirar al horizonte:

las rojas torres de tu natal Sodoma,
la plaza en que cantaste, el patio donde hilabas,
las ventanas vacías en la casa que asoma,
donde al amado esposo hijos dabas.

Y miró y, paralizada de un dolor mortal,
sus ojos contemplar ya no pudieron;
Y su cuerpo se hizo de transparente sal
y sus ágiles pies en la tierra crecieron.

¿Quién por esta mujer irá a llorar?
¿No es ella la menor de las pérdidas dadas?
Sólo mi corazón no va a olvidar,
a quien la vida entregó por una mirada.

 

 

 

 

(II: MCMXXI)

AH, TÚ TE CREÍSTE QUE YO SOY DEL TALANTE
que si en tu olvido me hayo,
me dejarías suplicando y sollozante
bajo los cascos del caballo bayo.

O que iría a pedir a la curandera
la raíz en aguas hechizantes
y que un terrible regalo te diera:
mi preferido pañuelo fragante.

Maldito seas. Ni con mirada ni gemir
voy a rozar tu alma condenada,
sino que te juro por el Angélico jardín,
ante el milagroso icono inclinada,
por nuestra ardiente embriaguez nocturna:
yo contigo jamás volveré nunca.

 

 

 

 

CÓMO IBA A SABER CUANDO DE BLANCO VESTIDAS
a mi estrecho refugio las musas llegaron,
que en la lira para siempre empetrecida
mis manos vivientes aquéllas posaron.

Cómo iba a saber cuando jugando
la última tormenta por mi alma venía,
que al mejor joven sollozando
los ojos aguileños cerraría.

Cómo iba a saber cuando, del éxito cansada,
del admirable destino tenté la suerte,
que pronto la gente reiría despiadada
en respuesta a mi suplicar ante la muerte.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO BRINDIS

Yo brindo por la casa arruinada,
por la vida que sufrí.
por la soledad a dos llevada,
y también por ti,

por la mentira de labios traicioneros,
por tus ojos fríos de muerte,
por el mundo cruel y grosero,
por Dios que no asignó la suerte.

 

 

 

Ajmátova, Ana. Réquiem y otros poemas (Trad. José Luis Reina Palazón). Sevilla; Ediciones Alfar, 1993

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más