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JOSÉ LUIS PIQUERO

 

RESPUESTA DE LÁZARO

No merece la pena, no te empeñes.
Yo ya he cumplido e iba a disolverme, tan contento.
¿A qué viene esto ahora?
¿Otra vez los afectos y sudar por las noches y bregar
y la sed y el dinero? (Sobre todo el dinero).
No, gracias. Eso ya son cosas vuestras.

Se estaba bien aquí. Los gusanos no son muy exigentes.
Uno delega en ellos los detalles.
Por lo demás, me gusto. No es que huela muy bien
pero puedo estar solo. La gente es tan extraña…
Años llevo intentando comprenderla.
Aquí no hay amenazas, ni preguntas, ni se espera de ti
algo distinto a una quietud insólita.

¿Miedo a vivir? Lo mismo que vosotros,
pero sin aspavientos.

El mundo es más difícil: hacer lo mismo una y otra vez,
y encima Dios, que no te quita ojo,
diciendo “Has hecho daño” y “No te esfuerzas”.
Yo no hago daño a nadie. Podrido estoy más limpio
de lo que he estado nunca.

Conque puedes coger tu pequeño milagro y esfumarte.
Terrazas soleadas, inútiles banquetes.
Yo soy perfecto. Busca
a otro infeliz que aún se haga ilusiones.

 

 

 

 

EL DÍA LIBRE DEL DIABLO

Lo malo es que no tengo ningún hobby
ni sé hacer otra cosa que diabluras.
¿Cómo voy a llenar un día tan largo?

me pongo una sonrisa, manos en los bolsillos,
con el aire jovial
de alguien que saborea la manzana del mundo.
Pero enseguida se me van los ojos:
a ese tipo podría decirle algo al oído
o esperar a esa vieja en un portal
y apalearla.
Unos novios se besan; aquí lo tendría fácil:
soy bueno en lo que hago.

¿Pero qué estoy pensando? Hoy es mi día libre
y no estoy de servicio.
¡Vamos, a pasear, a no hacer nada!
La mañana es inmensa y el sol es un regalo.
Me detengo en un kiosko, leo los titulares.
Reconozco mi firma casi en cada noticia, y me sonrío
con legítimo orgullo de artesano.

¡Otra vez el trabajo! ¿En qué me he convertido, en un maldito
funcionario del mal?
¿Un dominguero con antecedentes?

Ah, no siempre fue así.
Hubo un tiempo en que el odio era la poesía
oscura de la tierra, su savia, su alimento.
Y yo amaba en el daño con el ardor fanático
de un solitario adolescente.
Me daba como un padre y estos eran mis hijos. No sabían
que es el amor quien mata.

Luego aprendes tus mañas y todo se limita
a un aburrido truco de aquelarre,
y la vida y la muerte son un juego de niños.

Ya sé quién soy ahora: el que ha olvidado
su secreto: el fervor.

Adiós al heroísmo y al poema.
Seré puntual mañana en la oficina
a administrar la muerte con fría diligencia de burócrata.
Infamias rutinarias, papeles por firmar.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMerecería
en vez de altares una paga extra.

 

 

 

 

POST MORTEM

Te amaré una vez muerta, quieta como una cama,
tu aliento detenido. Te habrás quedado atónita,
y yo te diré cosas y todo lo que diga será justo
lo que quieres oír.

Dará tu rigor mortis fe de tu consistencia —yo no quiero fantasmas—
y, como un bebé grande, te dejarás hacer.
Un amor que no exige y que no obliga:
no lo habrás conocido más puro y generoso.

Duerme, duerme, no temas, mi pequeño cadáver,
mi trocito de muerte con los ojos abiertos,
mientras te doy el goce
de aquellos que ya lo han perdido todo.

Y que la vida quite sus pezuñas
de nuestro amor.

 

 

 

 

NOLI ME TANGERE

Los hombres que vinieron a arreglar la nevera.
Tan fuertes, y sabían dónde estaba el enchufe.
Sólo hablaban lo justo: frases que no se aprenden en la universidad.
Se le había parado el corazón.
Sus ojos escrutaban, comprendían
su corazón de máquina. Y hacían malabares con las manos.

Qué precisión. Uno nunca sabría ser tan fuerte y tan claro ni decir cosa alguna de interés.
Me odiarían. Son demasiados libros. Y demasiado pijo. Por todo el mundo hay gente
con algo que decir. Sólo yo estoy muy lejos, no sé dónde.
Y me muero de miedo ante la gente que hace cosas útiles.
Yo no hago nada útil.

Así que huyo a mi estudio, lleno de los poemas, los recuerdos
que me llevan matando desde los veinte años.
Me acuerdo de la chica, por ejemplo, que bailaba de noche ante una hoguera
y de nosotros mismos bañándonos desnudos.
Eones han pasado,
y ahora soy un extraño, un eremita.
Alguien está viviendo en mi lugar.

Y mientras tanto arreglan la nevera, y se marchan por fin,
porque tendrán que hacer otro milagro en alguna otra parte.
Y yo me quedo aquí con lo que soy,
como si todos esos libros
fueran a devolverme lo que fui,
una especie de magia.
No consigo fijar en la memoria
las caras y los cuerpos de los que nos bañábamos.
No me acuerdo de nada y, sin embargo,
no poder olvidar algunas cosas, eso es mucho peor.

No me retengas.
Hay algo que me espera en algún sitio, pero aún no sé qué es.
Y no son los poemas, y no es mi juventud.
Es algo útil.

Como poner en marcha
un corazón parado dentro de un cuerpo frío.

 

 

 

 

NOLUGAR

¿Quién anda ahí? ¿Es Dios?
¿O Supermán?
Algún extraño, en cualquier caso; nadie
viene ya por aquí. ¡Sal a la luz!

Ah, no, me he confundido: le conocemos bien,
aunque no sé si es hombre o es animal doméstico
o práctico utensilio, o mejor una idea que ya se nos había ocurrido antes,
un sueño tumultuoso.
Pero, en fin, aquí está, y es como de la casa.

Bienvenido, llevábamos un tiempo sin visitas,
hoscos, ensimismados, sin hablar,
no viviendo los días: aventándolos lejos
como arrugadas bolas de papel.
Ya no suceden cosas y es mejor que así sea,
conque no te hagas muchas ilusiones
de venir a hacer cambios. ¿Para qué?

Todo empezó hace tanto tiempo que ni me acuerdo.
No empezó con tormentas ni cielos ominosos; nada de numeritos.

En realidad no sé cómo empezó. Ni sé lo que empezó. Nadie lo sabe.
Pasemos ese punto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxPoco a poco
fuimos acostumbrándonos, ¿quién va a morirse de eso?
Hay momentos mejores y momentos peores; relevante ninguno.
Con un poco de suerte, sólo se trata de irse consumiendo.

Por lo demás, no hay que explicarlo todo:
se arruina el chiste y tú
no eres ningún extraño para que nos pongamos a aburrirte con líos
que conoces de sobra.

Mejor cuenta tú algo. ¿Ya te vas?

Se me olvidó decírtelo: te quedas.

No montes un escándalo. Eso, arrímate ahí.
Y empieza a no hacer nada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn el fondo esto es justo
lo que toda tu vida sabías que iba a pasar.

Yo me vuelvo a mi puesto.

¿Quién anda ahí? ¿Es Dios…?

 

 

 

 

EL INMORTAL

No seré de la muerte.
Su pestilencia
no rozará mi piel, que ha conocido manos temblorosas.
No iré si no es a rastras, maldiciendo; no cerraré los ojos.

Combatiré a los dioses. Yo soy más.
En su reino de mudas prohibiciones
fundaré una república de los felices
con un precepto único: vivir,
y mi lema: Non serviam.

Poco a poco
olvidaré quién soy.
Esa música lenta la he escuchado en un sueño.
No conozco las caras pero lo he conseguido.
Puede que esté borracho
del único elixir que nunca sacia.

Y ahora se abre la puerta.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Quién es Esa?

 

 

 

Piquero, José Luis. Tienes que irte. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2017.

 

TIENES QUE IRTE

 

DINERO

Lo tuve.
Y la llave del cofre del tesoro, toda de plástico,
leal como un amor adolescente,
con su leve chasquido de sexo maquinista.
Oh, cajeros, banquetes
del siglo XXI, que no sacian,
y la hermosura de las Matemáticas.
Entonces no le hacía mucho caso.
Era tan mío como mi nariz
o mi mano derecha.
El dinero no es sucio. ¿Acaso tu mascota o tu bebé son sucios?
¡Y hacía cosas, cosas!
Prodigios cotidianos: un mago de bolsillo.
Y su música enérgica, contante,
era la melodía de un mundo hermoso y lógico.

Ya no lo tengo.
A veces noto el hueco como una amputación de lo mejor de mí.
Y es curioso haber sido tan propicio
y ya no serlo. El nombre de su ausencia
es Intemperie.

Ahora sé lo que era
el dinero: un yo perfeccionado.
Y otra cosa: un espejo en el que se miraban los demás
y era a mí a quien miraban, conmovido
de aprobación, ligero de aflicciones.
Y el mundo proseguía,
como las cosas llenas, como lo que rebosa,
mientras yo abría puertas e iba alegremente a todas partes
cantando: cuánto, cuánto, no hay problema…

 

 

 

LA VISITA

Hola, amor, humo tóxico, ¿qué haces?
¿Tu ennegrecido corazón prospera?
Se diría que no ha pasado el tiempo.

Yo, ovillada en mi concha, primavera en reposo.
En cierto modo es un retiro: ya
he florecido más que suficiente.
Y todo sin tu ayuda.

Soy un descubrimiento, soy de luz.
El pasado, hice así con los dedos y fuera.
Resultó que tu magia no era tan poderosa.

Sé que he venido a perturbar tu mundo.
¿Habías alcanzado una especie de acuerdo
con nuestra historia? Claro.
Eso se te da bien, pero, querido,
desde aquí se te ve tan diminuto…

En fin, sólo quería asegurarme
de que no olvidas.
Sí, yo soy ese asombro de tus días peores,
la cicatriz,
el ardiente veneno.
Mira qué a gusto estoy. Voy a quedarme un rato.

Dame un beso en la boca
esta noche en la que tú ni yo
conseguimos dormir.

 

 

 

 

DESPEDIDA DEL FANTASMA

Por fin lo he comprendido: mi presencia te alivia.
Ya no me verás más.

No arrastraré cadenas ni habrá una mano helada
que acaricie tu sueño en mitad de la noche.
No más voces: las voces acompañan.
En vano buscarás por los pasillos
el consuelo fugaz de mi esqueleto.

Quería atormentarte, es mi trabajo,
y el tuyo no olvidar; mas los mortales
tenéis la manga ancha: aprendéis enseguida
a vivir con la culpa, y su olor a veneno infectando la casa.
La soledad, en cambio, con esa no podéis.

¿Era la redención lo que andabas buscando? Muchas veces
leí sobre tu hombro, no lo niego,
y me vi en tus poemas. Pero de eso tampoco quiero hablar.
No la obtendrás de mí.

Así que aquí te quedas, yo me voy con la música a otra parte.
Te dejo un regalito: tus recuerdos.

Piensa en las tardes frías como largos tentáculos, y en el rencor inútil,
los monstruos de juguete y tus ojos cubiertos de negra sangre seca.
Tú sabrás lo que has hecho, tú sabrás.

Adiós, cabrón. Disponte a ser el único
fantasma de tu casa.

 

 

 

 

LA CONVERSACIÓN

Teme a la oscuridad, dijo la oscuridad.
Tu flanco vulnerable ya eres entero tú.

Este mundo sin formas está lleno de formas,
dije. Muy acertado.
Apuesto a que ya intuyes unas cuantas
y todas son del tipo
de las que no te dejan escapar.

¿Monstruos?, dije yo. No, nada de monstruos.
Soy muy real, puedes tocarme, ¿notas
cómo te abrazo?

Sólo eres aire negro, respondí. Te equivocas.
Mi opacidad contiene el mundo entero.
Incluso tú
eres algo hijo mío.

Ahhora me acuerdo, dije. Hace ya tantos años.
Eras tú quien cantaba esa canción.
Ya lo has averiguado, dijo. Bésame.

Quiero irme de aquí. Márchate cuando quieras.
Tampoco irás muy lejos.

 

 

 

Piquero, José Luis. Tienes que irte. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2017.

 

EL FIN DE SEMANA PERDIDO

diciembre 27, 2017 Deja un comentario

 

MENSAJE A LOS ADOLESCENTES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxEsto no debéis intentar repetirlo en casa, niños.

Niños, probad a hacerlo en casa
y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.
Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.
Ellos no son vosotros.

Acostaos, bebed.
Hace siglos que están ocurriendo estas cosas
y nadie ha demostrado
que sean mucho peores que una guerra.
Existe un paraíso tras esa raya blanca.

Cuanto hace daño y no hacéis,
niños, lo estáis cambiando por la serenidad.
¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe?

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo
de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo
es un puesto en el mundo;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxahora bien,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxniños,
que levante la mano el que quiera morirse siendo útil y sensato.
Tenéis razón: no es nada divertido.

Por lo demás, sé que no sois felices,
a lo mejor pensabais que todo el mundo os odia. Pues es cierto,
pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos
y no tenéis derecho
a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

Entonces, ¿estáis solos? Así es.

Aprended a ser libres, no esquivéis la mentira;
sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

Y sobre todo,
xxxxxxxxxxxxniños,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxno creáis
que la vida merece la pena de vivirse
sólo porque lo juren desde siempre los peores cabrones.

 

 

 

 

HABITACIÓN 341

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOncología

La muerte ha estado haciendo su tarea
en este cuerpo: acostados muy juntos,
el olor de los dos invade el cuarto.

Y son signos el timbre, la botella de agua,
el jersey esparcido de la visita, el pomo de la puerta,
de algo impostado, sólo duradero
en esta eternidad real de la agonía.

Decorado casual de cosas prácticas
para una muerte nunca calculada,
como todas las muertes.

(Le recuerdo riendo en una boda,
mucho tiempo antes de esta pasmosa eternidad.
La muerte ya pisaba sobre hojas secas
muy cerca de cualquiera de nosotros.
Pero estaba la música muy alta).

 

 

 

 

CUATRO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHaz el amor con todo lo que sabes.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJaime Sabines

Esta noche los cuatro
nos damos libremente, como obsequios.
Ya no somos parejas y formamos
un círculo perfecto.

Un placer sin palabras,
algo así como un juego de calor,
mas con las mismas mañas
del amor entre dos.

Y el latido de manos y de bocas
con su idioma de sed:
en cada piel absorta que se posan
tocan un corazón bajo la piel.

Sobre este cuarto ha descendido el mundo,
la luz intacta de la vida breve
envolviéndonos juntos
mientras la noche afuera dura y llueve.

No volveré a estar solo.
Después de haber amado así, la muerte
no me tendrá del todo.

 

 

 

 

INTERVALO DE EVA VAZ

Ha venido a medianoche.
Ha venido a las 5 de la tarde.
Ha venido herida, igual que una página tachada.
Sé que ha venido,
está en las sábanas revueltas,
ha dejado su rastro en los libros y en las tazas,
como el tiempo, que mancha levemente:
hace regalos.

Habrá venido cuando yo no estaba
o me estaba fumando un cigarrillo en otro lugar que no aquí.
Hay un perfume vibrando en el aire,
hay dos o tres prendas diminutas sobre una silla,
sé de seguro que alguien ha andado con mis fotos.

Ahora ya no me encuentro ni en casa ni en la calle y no me importa:
ha venido, ha venido.

Ven, toma posesión. Yo soy La Casa.

 

 

 

Piquero, José Luis. El fin de semana perdido. Barcelona; DVD ediciones, 2009.

 

AUTOPSIA. POESÍA 1989 – 2004

diciembre 26, 2017 Deja un comentario

Esta es para mí una de las joyas de mi pequeña biblioteca.

 

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

FINAL DE UN AMOR

¿Acaso te sorprende haber llegado a esto?
A mí no, lo esperaba
como se espera un desenlace absurdo
tras la angustia creciente de un mal sueño.

Yo era un molde, la sed,
y tú desde el principio te empeñaste
en hacer de mí el hombre que no era.
Me imaginaste puro, incorruptible,
dueño de una paciencia que no tengo,
inocente: lo que jamás he sido.

Nunca quise engañarte, yo bien que te advertía, pero tú
siempre queriendo ver
en mí lo que tú mismo fuiste hace tanto tiempo:
un emblema de dulce adolescencia,
una certeza intacta.

Lo siento; este es el hombre que te ofrezco:
el residuo del tiempo, con los ojos en sombra,
uno que es incapaz
de habitar las estrellas que dibujas.

 

 

 

 

CANCIÓN DE ADOLESCENCIA

xxxxxI

Fue nuestro ese entusiasmo sin pretextos,
la primera mañana sobre el mundo,
las tardes temblorosas junto a un cuerpo intocado,
la noche de los tiempos,
creyéndonos hermosos y triunfantes.

Quisimos ignorar la idea de la muerte,
presintiendo que iríamos a llenarnos de sombras.
Por eso levantamos
un sueño a la medida de nuestros pocos años
y nos dormimos ebrios en brazos de una brisa que era nada.

Por supuesto, pasó la adolescencia,
dejándonos los labios secos y doloridos.
La sucedió un cansancio sin límites; el miedo
disipó la mentira que era nuestro refugio.
El silencio cayó sobre nosotros
y nos quedamos solos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora mira
la ruina en que nos hemos convertido.

 

 

xxxxxII

Quisimos ver estrellas de colores
en cada rostro y en cada mirada.
Para olvidar el frío,
dijimos que era aquella una edad poderosa,
que era dulce y lujoso el abandono
de nuestros miembros en la arena cálida;
un engaño que nos mantuvo vivos.

Hoy habita el silencio entre nosotros.

 

 

 

 

AL DEJAR ATRÁS LA ADOLESCENCIA

Pero ya no vendrá otra primavera.
Seguiremos llevando nuestros nombres
con esta dignidad de perro viejo
y dejando pasar la inalcanzable
belleza sin mirarla.
Nos acostumbraremos al silencio;
ya verás que es muy fácil si no se espera nada
y una sombra muy ancha se dibuja en los labios.

No mires, ya no mires
lo que ha quedado atrás ni te lamentes
del borroso futuro que se te viene encima.

Piensa que siempre habrá
tiempo para la muerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMientras tanto
hagamos de estas ruinas un lugar habitable.

 

 

 

 

UNA VIDA MORAL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUna vida moral, es decir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxreflexiva.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCarlos Marzal

El poema está allí donde la vida
requiere reflexión, cuando es preciso
conjurar la memoria, los fantasmas
que son nosotros mismos. En mi caso,

del sujeto civil al personaje
que asoma la nariz en mis poemas
hay poca diferencia. Siendo justos,
se me parece mucho. O él me copia.

Aunque soy el primero en sostener
que el poema es ficción, un artificio
para decir las cosas bellamente.

Y el principio es el mismo: lo ya escrito
por otros antes, nuestra propia imagen
más real en sus páginas. Más cierta.

 

 

 

 

DIPSOMANÍA

El temblor de las manos; la angustiosa
sensación de vacío que contrasta
con la euforia inicial; de pronto, el miedo,
porque la noche deja de parecer eterna
y el resto del sendero nos es bien conocido. Demasiado
tarde para volver atrás; nuestros propósitos
de enmienda han sido débiles
razones hace apenas unas horas.

Desde fuera nos vemos alejarnos.

Ciegos, contra el espejo, al día siguiente,
reconstruir al noche, paso a paso,
para ver si hemos hecho una vez más
algo ya irreparable.

 

 

 

 

LUZ DE ESE MOMENTO

Amanecer sin sol
en el lugar más triste de la tierra.

La bruma te dibuja con perfiles borrosos
mientras pasas sin verme.

Desapareces. Ya
eres como la lluvia. Otro fantasma.

 

 

 

 

APUNTE BIOGRÁFICO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLike dogs to bark at my world
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxStephen Spender

Pero también a mí me partieron la cara
en más de una ocasión. En aquel tiempo
temía —como Spender— a los chicos del barrio,
matones con jerseis de Benasque y playeras
que odiaban a las madres y a los niños con gafas.

El miedo, pienso ahora,
es una presa fácil. No se explica
de otro modo la astucia, aquella maña
que se daban para atraparme siempre,
aunque volviera por otro camino
de la escuela o bajase a comprar pan
a donde era más caro pero estaba más cerca.

Eran hábiles con el cigarrillo,
conocían las zonas donde la quemadura
podía doler más. Algunas veces
les bastaba el insulto desde lejos.
En los días de fiesta eran más peligrosos
porque tenían tiempo de sobra por delante
y el escenario idóneo de una calle aburrida.

Y lo que más lamento ya no son los cuadernos
de dibujo manchados de tinta o los tebeos
que un día me quitaron, sino el otro
expolio de mi infancia ignorante y feliz,
la fe ciega en un orden de las cosas,
la armonía del mundo que, prematuramente,
hicieron mil pedazos en medio de la calle.

Y sobre todo el odio, el rencor insensato
de tantos años hacia los adultos:
Pasaban en silencio, sin mirarnos.
Siempre llegaban tarde a impedir las peleas.

 

 

 

 

PARA EL LIBRO DE AMOR

Pude haber muerto tantas malas noches
en que no estabas tú, no conocerte,
vivir otra existencia irremediable,
más absurda, mientras vivías lejos.

Y encontrar a cualquier otra persona
y amar en el engaño a quien no eras
tú, ignorar la verdad, creer que amaba
lo que en ti estoy amando, lo que es cierto.

O pude ser cobarde, no apostar
la vida y el amor, dejarte ir
para luego olvidarte, y vivir solo
en el hueco invisible de tu ausencia,
y hasta soñar contigo sin saberlo
algunos años más, algunas noches.

 

 

 

 

DEFENSA DE LA FAMILIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo aprendí en el hogar en que se funda
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla dicha más perfecta…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGabriel y Galán

Aquí donde no tienen cabida los maricas
y a cometer los propios errores se prefiere
cometer los errores tranquilos de los padres,
uno es merecedor de este legado:
seguridad y pan,
paz y severidad y algún consejo.

Y, piénsalo, no es poco
si tras esa ventana miras el mundo hostil
en donde los extraños a su vez se amontonan
en cómodas colmenas y contraen
también sólidos vínculos frente a ti y los tuyos.

Un modo complicado
de sentirnos seguros, la familia.

Porque probablemente es cierto todo eso
de que se hará por ti lo que haga falta,
que responder de ti para eso estamos
y que en cualquier momento, porque nunca se sabe.

Y luego están las fotos, los recuerdos,
verano aquí y allá, noches de Reyes,
tantos besos ruidosos en mejillas que lloran,
cumpleaños, juguetes… Y todo agradecible.

No hay duda, te enseñaron
muy bien cómo se juega a la familia:
intereses y afectos, en sutil equilibrio,
delimitan el campo donde mueves las piezas,
y lo que resta al fin es un modelo
y una conciencia, un orden de la dicha.

Así que nunca cortes
un árbol que es más viejo que tú mismo
y haz pronto de tus padres abuelos complacientes.

¿O vas a aventurarte entre vados ajenos
a pecho descubierto, con tu cara
y ademanes —pardillo—, solamente
por no deber a nadie, a ver, qué logros
o cuál identidad que no repita
esa mirada en sepia de cuantos te preceden?

Alguna noche ociosa,
mientras la porcelana duerme el sueño
de las cosas inútiles y adorna
para nadie el jarrón y están los cuadros
contentos de ser manchas en la pared del fondo,

tú te preguntas

de dónde viene esta capacidad
de adaptación y si imitamos tanto
por puro instinto de supervivencia,
si habrá algo esencial que aún ignoramos
sobre nosotros mismo, otra forma
de no ofender a nadie y ser distintos.

Y si en el mundo queda todavía
una maldita cosa que sea gratis.

 

 

 

 

PALABRAS DE CAÍN ADOLESCENTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYavé se complació en Abel y su ofrenda, mientras que
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxle desagradó Caín y la suya. Caín entonces se encoleri-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxzó y su rostro se descompuso. Yavé le dijo: ¿Por qué te
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxencolerizas y te muestras malhumorado?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGen 4, 4-6

Me he pasado la vida malgastando el cariño en personas que nunca me quisieron.
Yo sólo deseaba ser del grupo.

Tratado como un corruptor de sueños,
mantenido a distancia de niños y mascotas, como a quien por extraño no se
xxxxxxxxxxrecibe en casa,
he tenido que oír ya demasiadas veces que soy un impostor.

Tarde para los besos, para estrechar las manos,
tarde para las lágrimas y el arrepentimiento,
tarde para cualquier palabra.
Tarde:
por lo visto yo llego siempre tarde.

Y de noche, en la casa en donde todos duermen,
mientras fumo asomado a la ventana,
o en la mañana sórdida de cafés y cristales empañados, a solas con el mundo,
o en la blancura estéril de una página,
he comprendido —tarde— que es inútil querer ser otra cosa que el fantasma
xxxxxxxxxxembustero que habéis hecho de mí,
un no-muerto cortado a la medida de todo lo que nunca quise ser,
alguien a quien sin duda me parezco, como un hombre a su máscara:
el hipócrita, el sucio y el que no es de fiar,
a un paso del ridículo (el cantante de moda o el bachiller con granos),
a un paso del horror (el buen chico que sale en los sucesos).

Soy el que traicionó tus confidencias.
El que maltrató al tonto de la clase.
El que lo enredó todo cuando los dos amigos disputaban la misma chica idiota.
El que habló mal de ti cuando no estabas y trató de poner en contra tuya
xxxxxxxxxxal grupo.
El que usó del chantaje
sentimental (es fácil entre amigos)
para ahuyentar del grupo a los extraños,
vuestros otros amigos, que eran más ocurrentes, más experimentados y,
xxxxxxxxxxqué pena,
más incautos.
El que juró y juró, “podéis creerme…” y “no sabía…”, y sí
sabía y consiguió que le creyeran.

Soy el que habló al oído de una chica asustada y —aún me acuerdo—
le imaginó un futuro más honorable, una salida digna, “hazlo, mujer”,
y durante un momento era todo posible, matar con una frase, aquel horror…

Mi máscara lo ha dicho, que soy ese:
agazapado, sórdido,
al que puedes tumbar con un buen puñetazo y zumba en torno tuyo,
pero nadie es al fin tan peligroso —piensas— cuando puedes tumbarlo
xxxxxxxxxxcon un buen puñetazo,
y luego es tarde, mira, ya te tengo.
Todos llegamos tarde alguna vez.
¿Y nada más? ¿Acaso os preguntasteis un instante qué oculta la máscara
xxxxxxxxxxde un monstruo?
Me acuerdo de esa infancia interminable,
a caballo en la rama más valiente del árbol de los juegos.
Eso era algo; no
el paraíso exactamente, pero
—ternura pronta, cándido heroísmo y la avidez legítima del cachorro
xxxxxxxxxxintocado—
allí existía el orden. Y es curioso
que a la luz de una infancia ideal los enemigos sean menos enemigos.
También ellos tuvieron ese miedo indefenso que redime.
y una conmovedora propensión al llanto.

¿Sabéis quién soy a solas? El que escucha
canciones tristes.

He soñado a menudo redimir mi egoísmo con un gesto, dar mi vida
a cambio de otra vida,
ser el súbito héroe que muere en el incendio.

Pensad en mí lejano, la cabeza inclinada.
Toda esa gente afuera, tanto frío, las calles se bifurcan y el camino que
xxxxxxxxxxlleva a la casa segura no termina nunca.

Yo he pensado en la muerte y a menudo he ensayado una muerte inofen-
xxxxxxxxxxsiva, de poca sangre y mucho, mucho miedo,
sólo para ahuyentar de mí todo el ridículo y el asco de mí mismo:
cuchilla en las muñecas, quemadura en los brazos para seguir viviendo,
porque al fin el dolor es la consciencia, es el ruido del mundo que a tu
xxxxxxxxxxalrededor chilla y te agita los hombros.

Te aferras a la vida con desesperación y, sin embargo,
eres adolescente: nunca sabes qué hacer ni qué decir, dónde poner las
xxxxxxxxxxmanos y los ojos.
Tu cuerpo ya es grotesco y esas chicas se ríen. No te gusta tu cara.
Estás enamorado. Más allá de las fórmulas, los libros te insinúan una vida
xxxxxxxxxxmás fácil en cualquier otra parte.
Los libros te consuelan en todo lo esencial.

Y tú en tu jaula estéril te revuelves, inútil, sudoroso, como en la noche
xxxxxxxxxxinsomne cuando el calor te ahoga.
Dando palos de ciego. La novia de tu amigo. Matarías con gusto cualquier
xxxxxxxxxxsigno de amor.
Usa de ese poder, usa los libros,
porque luego el perdón de Dios es una fórmula
y tú eres el no-muerto que debe defenderse, el hipócrita, el sucio y el
xxxxxxxxxxcorruptor de sueños.

Dolorosa esta edad en que siempre estás solo
y a tu alrededor nace
la flor limpia de un mundo que nunca es para ti.

 

 

 

Piquero, José Luis. Autopsia Poesía 1989-2004. Barcelona; DVD Ediciones, 2004.

 

MONSTRUOS PERFECTOS

diciembre 24, 2017 Deja un comentario

 

GÉNERO PROFESOR (de Teoría Literaria)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSer necio y tener trabajo:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxeso es la felicidad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGottfried Benn

Nos enseñaba a odiar la poesía,
y estas fueron sus víctimas: tantísimos
tontos de facultad, muy licenciados
en cháchara semiótica.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos logros
conseguidores (menos lectores, menos
competencia) aseguran el relevo
en la especie académica (o el pincho
de las 12 entre clase y seminario).

Suya no fue la culpa si le hicieron,
en un rapto de olvido, indispensable.

 

 

 

 

MECÁNICA NACIONAL

Me deprimen los tíos que esperan en un coche,
el codo necesario sobre la ventanilla
y la radio ofendiendo con la canción de moda.

Quedan bien en las tardes de sol, y los veranos,
por extensión, son suyos. Cuando cruzas
la calle sola y pesan
la calle, el sol, el día que te vive,
ahí están ellos, fuma que te fuma,
dueños del sol, del día, de la calle y del coche.

No me gustan.
xxxxxxxxxxxxx¿Qué novias que no llegan
o qué esposas con bolsas o qué amigos
esperan siempre? En otras circunstancias
de lugar y de tiempo harían un buen cuadro
de Hopper. Pero no:
aunque se les ve solos, simbolizan
la compañía; siempre tiene premio
su paciencia contenta.

Será eso en el fondo, una traición
pequeña, involuntaria, como un miedo doméstico:
la culpa de no ser más que costumbre.

 

 

 

 

REMORDIMIENTOS EN TRAJE DE NOCHE

¿Qué estoy haciendo aquí, qué hacemos todos
copa en mano, apurando el indolente
pitillo de la fiesta, tan tranquilos
y pasándolo bien, como si nada
sucediese en el mundo, como si
tuviésemos derecho y fuese lógico?

Hagamos una pausa. Considero
las desdichas del prójimo: una guerra
remota, la sequía en las regiones
del hemisferio sur, o una explosión
en una calle atónita, rompiendo
en mil pedazos cuerpos como el mío.

Cosas que causan víctimas, monstruosos
terremotos, miseria. Y no obstante,
¿acaso es justo que la indiferencia
sea cifra de culpabilidad?

Sabemos qué convierte en inocente
a la víctima: haber sido la víctima,
estar allí en el momento indicado,
naciendo, paseando, siendo uno,
como si no existiese una inocencia
original, sino sólo complejos
resortes del azar que repartiesen
inocencias terribles.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEs así
que el condenado a muerte inspira alguna
simpatía. Nos consta que, a su vez,
es víctima, instrumento de un designio
inescrutable, brazo de otros móviles.
Y sobre todo, aquel a quien mató,
qué fue sino uno más, otro culpable
que cualquier circunstancia expuso un día
a mortal inocencia.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxPor lo tanto
la indefensión redime, y al fin somos
cada uno de nosotros potenciales
víctimas y posibles inocentes,
y ser culpables sólo es un estado
de probabilidad, como una espera.

Y estamos aquí solos, con la carga
de la culpable y frágil salvedad,
sabiendo que pudimos ser los otros,
nacer allí, pasar en ese instante,
pero siendo nosotros y aliviados
y pasándolo bien, que es lo más lógico.

Empuñando la copa y el pitillo
como imposible escudo contra el miedo.

 

 

 

 

RETIRO SENTIMENTAL

En mi familia no se dijo nunca “te quiero”.
Jamás oí decir “lo siento” a mi padre o a mi madre.
No sé si era vergüenza: una ternura demasiado estridente para enser cotidiano.
¡Incluso leer poemas! Eso sí que era algo sospechoso,
tanto como una mancha repentina o un suspiro o una puerta cerrada con demasiada llave.
Nunca “amor”, “estoy triste” o “te echaré de menos”, ¡podía uno reírse de esas cosas!
Entiendo que hay un pacto tácito de pudor en algunos afectos, y no obstante
yo hoy llamo a eso la incomodidad con todo lo cercano.

La amputación de lo sentimental, estoy de acuerdo, nos hace manejables los rituales difíciles de convivir; una pequeña argucia.
Así el templo: las fórmulas, nada de desgarrarse.
En el templo, en la casa, como en un hospital, es necesaria la asepsia de los gestos repetidos, seguros:
Procura ser feliz de una forma privada.

Y, como añadidura, está el saqueo
de palabras por parte de películas y canciones idiotas y esas niñas con novios revoltosos en un parque, entre arbustos enanos.

Y hay a quien gustan mucho las escenas
y tocar la guitarra sentimental de todos los salones y de todas las playas adolescentes, lánguidas igual que un veraneo despacioso,
mientras algunos más nos quedamos a solas,
bebiendo (y arrugados como estúpidos plátanos),
pensando qué decir.

En mi casa jamás se dijeron en alto las cosas importantes.
Busca hoy dentro de ti una lágrima, un gesto de ternura:
Ya se nos hizo tarde para unas tonterías.

 

 

 

 

IVÁN Y ARANCHA EN PRAGA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxA Raquel Gutiérrez

Si en la cena se hablaba de la noche
me apuntaba a los planes en que estuvieron ellos:
saberlos entre el grupo
era la vida en orden de una forma inconsciente.
Sus besos adornaban el verano.

Juro que los amé sin yo quererlo,
que no escogí el dolor ni la codicia
ni preguntarme cómo se querrían a solas
o qué significaba yo en sus vidas.

Hay una habitación en un lugar de Praga,
allí se oye un tranvía
y música que llega de los albergues próximos.
Yo pasé tantas horas fumando en ese cuarto,
luego, ¿a quién le interesan las vidas de los otros?

Pero a veces,
cuando el grupo importaba y el alcohol era bueno,
se podía querer sin ser culpables
pues tras cada cerveza sonreía
un confidente.
xxxxxxxxxxxxx¡Inmensas,
fugaces amistades en los viajes de jóvenes!:
el amor es la copa que va de mano en mano.

Y ella, te acariciaban
sus ojos indefensos; junto al lago
tuve la quemadura de su brazo en los hombros
y un susurro de arbustos. En él todo
era la adolescencia, y esa voz
salvaje como un fruto o sudar o una isla.

¿Me entendéis? Los amaba
en el deseo inútil
de haber querido ser cualquiera de los dos
en vez de ser yo mismo: ese que mira
como un tonto los rostros, las ventanas,
ese extraño en el reino de su secreto mundo.

Vivir es cruzar ciegos ante puertas cerradas:
cansados de nosotros, muy cansados,
nos describe mejor todo lo que no somos,
y amar es rebelarse, ¡qué intento más idiota!

Adiós, adiós, Praga y los autopullmans,
adiós, besos, adiós, Puente de Carlos,
adiós, islas y ríos y cevezas de Pilsen,
adiós a cualquier brindis
y a todos los amantes del mundo, adiós, adiós.

Que yo me voy al sueño
de los libros que no conoceréis.

A la vuelta, dormidos con las cabezas juntas,
parecían las víctimas de un sangriento holocausto
de risas y jadeos.
xxxxxxxxxxxxxxxSi algún día
me olvidase de todo, de eso no.

 

 

 

 

ESCORZO DE ELLA

Mientras anochecía, los cristales
estaban empañados.

Se levantó y miró por la ventana,
la frente en el cristal.

Sus nalgas de muchacho
y su espalda aún brillaban en la sombra
mucho, mucho después.

Dónde estamos, qué ha sido
de los dos, de nosotros.

 

 

 

 

CANCIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxVerla partir y amarla como nunca
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNicolás Guillén

La quise sin querer, sin elegir,
contra mí mismo,
y ahora que se ha ido
saber que está en el mundo no me deja dormir.
Estoy perdido.

Y recorro su calle a ver si hay suerte,
que no me atrevo
a llamarla y me juego
la tarde en encontrarla, qué sé yo, casualmente.
Y no la encuentro.

He de hacer algo, o la pierdo o la amo,
contra mí mismo,
contra cualquier olvido,
que es cobarde el olvido, que me atrevo y la llamo.
Pero se ha ido.

 

 

 

 

HUECOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxPerder placer es triste
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLuis Cernuda

Cuando estoy en su casa duermo solo.
No me he atrevido nunca a afrontar el pasillo
que velan los ronquidos frágiles de sus padres.

A veces, en la noche,
noto el hueco invisible que no ocupamos juntos.

Y entonces pienso siempre en el amor
que no hicimos en días
de intimidad pospuesta y acaso sin saberlo.

No en las húmedas noches ni en los prados borrosos
de calor ni en las playas soleadas:

en el vagón sin ella y en las tardes de clases
y en los libros leídos y olvidados
y en las peleas tontas y en esas dos semanas
de necia calentura hasta que dijo sí.

Ah, las aguas paradas, el corazón inquieto.
Perder placer es triste y el deseo
irremplazable muere a cada instante
en un mundo de amantes silenciosos.

Pero por la mañana,
cuando se van sus padres —vermú dominical—,
ella viene a mi cama, soñolienta y desnuda.
Su ternura que es próspera llena un hueco en el mundo
y deja al corazón sin argumentos.

 

 

 

Piquero, José Luis. Monstruos perfectos. Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

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