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RESUMEN DE NOTICIAS DE 2020

diciembre 31, 2020 Deja un comentario

 

Lo cierto es que no sé muy bien por dónde empezar. Me importa muy poco la pandemia como para hablar de ella aquí; hablaría en todo caso de ciertos comportamientos, pero eso me llevaría demasiado tiempo y sería inútil lo que alguien como yo pudiera comentar.
Este año no saben lo importante que es para mí dar las gracias a todos aquellos que de una u otra manera me han tenido en cuenta. Les contaré, muy por encima; no hay por qué entrar en detalles, al menos de momento: hace unas semanas, tomándome una cerveza con un amigo, me preguntaba por cuestiones laborales y al explicarle lo que necesitaría para poder hacer lo que quiero hacer terminamos hablando, cómo no, de dinero; al contarle lo que había cobrado el mes anterior y preguntarle si así había manera de ahorrar, me respondió que no sabía cómo se podía vivir así. No hay nada como dar números para que se entiendan ciertas cosas. Así que, por eso, quiero agradecer con mayor intensidad, si cabe, que otras veces, que Rubén Pozo y Lichis, Pedro Chillón, Alberto Alcalá, el Manin y Antonio de Pinto me hayan invitado a sus conciertos y/o regalado sus discos, ellos saben de mi devoción por la música. A Joan de la Vega, Luis Sánchez Martín, Joaquín Piqueras, Cristina Morano, Juan López-Carrillo, David Trashumante, Isabelle García Molina, Pepo Paz Saz, Vicente Velasco, Sandro Luna, Víctor Peña Dacosta, Alexis Díaz-Pimienta y David González Lago hayan tenido a bien aumentar la cantidad y la calidad de mi biblioteca particular.
Además, sería impensable este año sin haber tenido a mi disposición las bibliotecas particulares de josé antonio martínez muñoz, José Daniel Espejo y Cristina Morano.
De todo lo que ha caído en mis manos este año, me parece esencial haber descubierto a Marcial, a Hugo Mujica, a Jesús Aguado, a Harkaitz Cano, a Javier Salvago, haber leído a Cavafis traducido por Valente y el ‘Yosotros’ de Raúl Quinto. Léanlos si no lo han hecho (es solo una recomendación).
Gracias a todos.
Seguimos.

 

SELFIES DE UN HOMBRE INVISIBLE

 

HAIKU EN MODO SILENCIO

no es el silencio,
es la palabra que aún
busca su espacio

 

 

 

 

DESAHUCIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…a esa hora y con la casa tomada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJulio Cortázar

Si miras a través de esta ventana
y pliegas tu mirada al reflejo
del vacío, procede preguntarse
qué sinrazón empuja a esta casa

a hablar de inquilinos que no moran,
habitantes morosos de ilusiones
que siempre pierden frente al interés
colono que ocupa sus hogares;

los despoja de bienes y los cubre
de males, les impone la mordaza
para que no reclamen su pasado.

Y no esperes respuesta, ten en cuenta
que los perros protegen sus puertas
y que a esta hora la casa está tomada.

 

 

 

 

PARAFILIA TEXTUAL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAún puedo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprostituir mi muerte y hacer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde mi cadáver el último poema.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLeopoldo María Panero

No es vida todo lo que ganas
como no es muerte todo lo que pierdes,
en ese oscuro límite
que tú lubricas con los despojos de tu alma
hallas tu oficio de poeta,

el más antiguo del mundo.

 

 

 

 

CONVENIO

Tenía el gesto congelado,
pero su rostro abrigaba la elocuencia
suficiente para comunicar
a los que encontraron su cadáver
que su muerte era involuntaria,
que ni el frío podía apagar ese último mensaje.

Días antes había sido desalojado de su hogar
por no poder pagar la hipoteca.
Días antes había sido obligado,
bajo chantaje emocional, a firmar un convenio de divorcio.
Días antes vio cómo su hija le era arrebatada
bajo un absurdo régimen de visitas.
Días antes sintió un cáncer en el bolsillo.

Mas todo estaba estipulado en su convenio.
Todo menos su muerte.

 

 

 

Piqueras, Joaquín. Selfies de un hombre invisible. Madrid; Canalla ediciones, 2020.

 

BOCAS ÁVIDAS DE POESÍA

 

BOCAS ÁVIDAS DE POESÍA

Restauro con mi esperma,
Eurídice,
el tejido colágeno
de tu belleza,
y lo hago
con la inercia de mi deseo
incandescente,
e intento sembrar
así la semilla de un amor
que nace, se reproduce
y muere
en tu boca ávida
de algo más que poesía.

 

 

 

Piqueras, Joaquín. Los infiernos de Orfeo. León; Diputación de León, 2010.

 

LOS INFIERNOS DE ORFEO

 

ORFEO CAMINA POR EL LADO SALVAJE DE LA VIDA

Orfeo saca brillo a su Telecaster
cada noche antes de salir al escenario,
xxxxxxxxadora su tierno simbolismo,
su femenina perfección,
los fulgores de su pecho,
sus conjuros contra el paso del tiempo…,
xxxxxxxxni los misterios de Isis tienen parangón
con la magia que brota
de las seis cuerdas bien templadas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde su Fender,
porque la respuesta, Dylan, no está en el viento,
está en la música,
xxxxxxxxque hace tambalear los pilares del infierno,
xxxxxxxxque nos sumerge en una muerte
dulce a manos de enfervorecidas fans.
Orfeo quiere morir joven
y hacer de su cuerpo un bonito cadáver,
xxxxcomo Morrison, como Vicious, como Hendrix,
xxxxxxxxcomo Joplin, como Curtis, como Kobain,
porque la vida corta e intensa
es extensa en emociones,
el ritmo frenético de la sangre,
xxxxde las drogas y el alcohol,
xxxxxxxxel lado salvaje de la vida,
xxxxxxxxxxxxel arte del suicidio prolongado,
la creencia de ser Narciso
en el acto de pensarse a sí mismo,
xxxxsin proyecciones morales,
xxxxxxxxsin educaciones para la ciudadanía,
xxxxxxxxxxxxsin planes de pensiones…
Orfeo saca brillo a su Telecaster
cada noche antes de salir al escenario
xxxxde la vida.

 

 

 

 

TEORÍA Y PSICOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA (II)

xxxxxxxxTe levantas tarde, te pones la bata
y eres Whitman celebrando el glorioso
espasmo del ser. Caminas con solemne
paso humano hacia el water, orinas, te miras
en el espejo y vuelves
a celebrar tu existencia. Piensas
en los múltiples recursos
de los que inconscientemente
has hecho uso para seguir vivo,
en la inestimable capacidad
de supervivencia del ser humano,
ni guerras, ni enfermedades,
ni desastres ecológicos,
ni angustias existenciales,
nada puede con el hombre,
es una especie inextinguible,
es más que la cucaracha,
más que la rata, más que un virus
o la más inmune bacteria,
porque es el centro del universo,
sin él nada existiría, y
con él todo existe, todo tiene sentido.
xxxxxxxxTe embadurnas la cara
con espuma de afeitar,
te provees de una barba blanca
como el gran Whitman, siempre
dispuesto a celebrar el milagro de la vida.
El milagro del hombre.
El hombre que mata para sobrevivir,
el hombre que viola, que incendia,
que humilla, que atenta,
que arruina, que envenena.
El hombre que ama,
que esconde su corazón
entre los avatares de una cuchilla.

 

 

 

 

ORFEO, GRANDÍSIMO CRONOPIO

A Martín Orfeo le gustaría tocar como Charlie Parker,
xxxxxxxxcomo ese perseguidor de Cortázar,
y desafiar las leyes lógicas de la razón,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy del mundo,
xxxxxxxxxxxxxxxxcruzar al otro lado,
eyacular en las puertas del cielo.
Orfeo, grandísimo cronopio, toca tu saxo,
y tu sexo, al ritmo improvisado de la vida
xxxxxxxxdesbocada, la vida sin esposa,
porque cuando piensas en Eurídice necesitas
desgarrar tu sombra para recuperar tu dignidad.

 

 

 

Piqueras, Joaquín. Los infiernos de Orfeo. León; Diputación de León, 2010.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XCIX)

 

Acaban de llegar a casa los dos libros que pueden ver en la imagen: ‘Selfies de un hombre invisible’ y ‘Los infiernos de Orfeo’. En nada subiré poemas de los dos libros.

De momento, lo que toca es darle las gracias a su autor, Joaquín Piqueras, por haber tenido a bien enviarme estos dos ejemplares.

 

DESAHUCIO

contra-joaquin-piqueras

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…a esa hora y con la casa tomada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJulio Cortázar

Si miras a través de esta ventana
y pliegas tu mirada al reflejo
del vacío, procede preguntarse
qué sinrazón empuja a esta casa

a hablar de inquilinos que no moran,
habitantes morosos de ilusiones
que siempre pierden frente al interés
colono que ocupa sus hogares;

los despoja de bienes y los cubre
de males, les impone la mordaza
para que no reclamen su pasado.

Y no esperes respuesta, ten en cuenta
que los perros protegen sus puertas
y que a esta hora la casa está tomada.

 

OTOÑO DE 2013

Manifiesto 14

 

 

Y aquí tienen algunos textos del número 14 del Manifiesto Azul.

 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

ELLA SUEÑA CON NUBES

[Karmina Ramírez]

Ella sueña con nubes altas, sueña
con Joe Strummer, con Londres ardiendo,
con las noches del punk. Sueña que Joe
le regala un banjo y que pesa tanto
que no puede llevárselo a casa: se le cae
siempre. Despierta. Traza, con los trazos
de una niña, increíbles escaleras,
siluetas urbanas, muñecos apresados
en una habitación verde, ventanas
abiertas al vacío, chicas de pelo largo.
Sueña que toca el banjo con joe Strummer.
En las cristaleras de todas las tiendas viven
matriuskas y juguetes de segunda mano,
clicks muy antiguos. Sueña con Malta:
allí la esperan ejércitos de olas.
Bajo un cielo absolutamente azul,
con suavidad cruzado por dos o tres islas
blancas, la veo volar sobre esas olas
y comprarse un vestido transparente.
En secreto la oigo cantar una canción
para que no se acabe nunca el sueño.
Quiere despertar para siempre en brazos
de un guerrero de plástico irrompible.

 

 

JOAQUÍN PIQUERAS

ENSEÑAR A LOS CLÁSICOS

Y mostrando la mejor de sus sonrisas,
confesó la alumna de Filología Hispánica
a su profesor de Literatura:

-Si hay algo que humedece mis ojos
y hace palpitar mi cuidado hasta hundirme
en las entrañas de la tierra
es aprender literatura hincada de rodillas,
porque no hay, no existe placer
más grande que tu enhiesto
surtidor de sueños iniciándome
en el suculento sabor de los clásicos,
sentir a través de su plectro sabiamente meneado
a berceo tocándome la campanilla
con su alejandrino cesurado;
al Arcipreste templando mis cuerdas vocales,
al tiempo que susurra entre espasmos
“sírvela, no te canses, sirviendo el amor crece”;
a Manrique con sus ríos que van a dar a mi boca,
a se acabar e consumir;
a Fray Luis, enfurecido león cuando
frecuenta la escondida senda de mis labios;
a San Juan, hiriendo mi cuello,
dejándome despeinada y sin sentido;
a Garcilaso, que de sí mismo él se corre agora;
a Cervantes, Góngora, Lope, Quevedo,
cuatro glandes a mi lengua pegados,
¿y Calderón?, ay, infelice de mí,
apurar a todos los clásicos pretendo.

 

 

NOELIA ILLÁN CONESA

BILBO

xxxxxxxxxxxxxxxxxContigo he descubierto
xxxxxxxxxxxxxxxxxque soy un tipo débil.
xxxxxxxxxxxxxxxxxCarlos Ann

Imagíname borracha por esas calles,
con un vaso apurado en la mano,
buscando el taxi que me lleve al hotel
porque no recuerdo el camino de vuelta.
Imagíname con el pantalón a medio abrochar,
con el rímel esparcido y tecleando el móvil a tientas
para mandarte un mensaje.
Imagíname así,
perdida en la ciudad de las siete calles,
entre Sondica y Zamudio,
testigo del libertinaje más obsceno que puedas,
con los ojos abiertos al júbilo
y la palabra certera de una noche poética.
Y ahora, cuando tengas esa imagen clara,
nítida,
imagínate tú ahí,
inmerso en la noche norteña,
camino del hotel de mala muerte,
militante de mi cuerpo luego,
si encontramos, claro, un taxi de vuelta.

 

 

DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR

HIDROCARBUROS

Tenía ganas de pasear. no podía soportar otra noche frente al televisor. Ese parloteo estridente de películas donde hombres y mujeres se afanan en tramas sin sentido. Qué tenían ellos que ver conmigo. Qué tenía yo que ver con sus amores, sus celos, sus crímenes avariciosos. Desde pequeño me ha pasado. No sentirme parte de este mundo, ver a todas las personas como a través de un grueso cristal; observar cómo, desde su mundo extraño y luminoso, etéreo, mueven sus labios, gesticulan.
El ascensor abrió sus puertas en medio del silencio del edificio. Todos los vecinos estaban encerrados en sus cuevas a esta hora, tras sus puertas con mirilla. Entré en la cápsula, dentro de su zumbido y su luz reveladora. La luz del ascensor sabe exactamente quién soy, lo susurra en un zumbido apenas audible. Fue una inmersión larga; tuve tiempo de pensar. No pensé nada salvo en mi respiración simétrica. Por fin se abrieron las puertas y salí a la madrugada.
Las calles estaban desiertas. Los semáforos vigilaban un tráfico fantasma, invisible, que recorría en silencio el asfalto más negro de la ciudad, respetando estrictamente el sincronizado ritmo rojo y verde de las luces. Seguí caminando y desaparecieron las calles. Luego pasé el río, los caminos de la huerta y los ladridos de los perros sondeando las constelaciones, hasta que ya no se veían más que algunas luces lejanas. Era una noche húmeda, costaba respirar ese aire mojado. Los pies se hundían en una especie de fango suave y viscoso.
Cuando mis piernas se cansaron de luchar contra la porosidad del fondo, decidí tumbarme. Encendí un cigarro y, bajo la luz del mechero, la noche se hizo tan alta que me aplastó como a un luminoso pez abisal. A varios miles de metros sobre la brasa de mi cigarrillo, el viento peinaba la superficie del mar.
A mi lado, otros esqueletos blanqueados por la noche y el tiempo reposaban en el fondo, con sus espinas y sus cabezas sin ojos y los pequeños dientes afilados de sus bocas. Mi espalda empezaba a ser engullida por el limo. No puedo expresar con palabras la infinita alegría que me inundó cuando me imaginé en una fosa oleaginosa de hidrocarburos, descomponiéndome entre el carbono inmortal de ballenas, de dinosaurios, de otros peces abisales que encendieron sus lucecitas hace milenios y que serán extraídos junto a mis restos negros y serán luego convertidos en gasolina, que moverá los coches que, allá arriba, empiezan ya a circular, un poco antes de que amanezca.

 

 

NATXO VIDAL

LOLITA

Hay cosas que no puedes decirle nunca a tu mujer. Dicen. Por ejemplo me gustan tus cartucheras. Aunque sea cierto. O esa papada me pone como loco. Aunque te ponga. O desde que estás más rellenita me gusta más cogerte. Aunque te guste. Hay cosas que no puedes decirle nunca a tu mujer. Yo estaba a punto de decirle una. Escuché cómo metía el coche en el garaje, cómo, con el motor apagado ya, dejaba terminar la canción que estaba escuchando y cómo, apenas un minuto después, apagaba el equipo, bajaba del coche, cerraba la puerta y subía las escaleras, con ese ruido de tacones que, últimamente, yo ya no soportaba. Luego abrió la puerta que unía la cocina con el garaje, dejó las llaves dentro del frutero, colgó la chaqueta de la percha y se quitó los zapatos. Hay cosas que no debes decirle nunca a tu mujer. Aunque sean ciertas. Aquella tarde, además, todo apuntaba a que su estado no era el idóneo para encajar según qué cosas. Alerta de fuego. Nivel rojo. En realidad, su estado nunca era óptimo para encajar según qué cosas, para ser rigurosos. Concretamente, nunca lo era desde que atravesamos la barrera de los diez años de casados. Pero aquel día, especialmente, entró en el garaje con el volumen demasiado alto, tardó en cerrar la puerta demasiado tiempo, subió las escaleras a un ritmo demasiado lento, lanzó las llaves dentro del frutero demasiado fuerte, colgó al ropa en una percha demasiado alta y comenzó a quitarse los zapatos demasiado tarde. Demasiados presagios. Me gustan tus cartucheras. Esa papada me pone como loco. Desde que estás más rellenita me gusta más cogerte. Dime que has hecho algo interesante, me dijo. Yo la miré como miran los niños a la noria, sin saber muy bien dónde mirar, exactamente. He sacado Lolita de la biblioteca. Me gustan tus cartucheras. Esa papada me pone como loco. Desde que estás más rellenita me gusta más cogerte. He sacado Lolita de la biblioteca. Si tu vida sexual no es satisfactoria no debes decirle a tu mujer que has sacado Lolita de la biblioteca. Yo la miraba sin mirarla. Dime qué has hecho tú, cariño. ¿Lolita? Puedes llamarla Lo, si quieres. O Dolores. Estás enfermo. ¿Enfermo? ¿Por sacar un libro de la biblioteca? No. Por sacar un libro de la biblioteca no. Por sacar un libro de la biblioteca donde un cuarentón como tú se lo monta con una niña de doce años y un metro y medio de estatura. Debo reconocer que lo del metro y medio de estatura me sorprendió. Muchas de nuestras amigas no miden mucho más de metro y medio de estatura y no creo que por eso sus maridos, goteando deseo por ellas, sean unos enfermos, como tú dices. Lo de los doce años, vale. Aunque en España las relaciones sexuales consentidas con adultos son legales desde los trece años. Las mujeres de nuestros amigos no tienen doce años. Lo de los doce años, vale. Ya te lo he dicho. Pero no entiendo lo del metro y medio de estatura. Estás enfermo. ¿Enfermo? ¿Y todos estos que han sacado el libro antes que yo? (le enseñaba la hoja pegada a la solapa donde se registran los préstamos del libro) ¿También están enfermos? También. Peri so no los conoces. Me da igual. Enfermos. La gente sólo quiere leer, ¿lo entiendes? Enfermos. Nadie quiere montárselo de verdad con una doceañera de metro y medio por leerse un libro. No seas exagerada. Me gustan tus cartucheras. ¿Y cómo se te ha ocurrido? ¿Has salido a la calle, esta mañana, y has pensado voy a sacar Lolita de la biblioteca? Imbécil. Y a partir de ese momento hizo hacia atrás todo lo que antes había hecho hacia delante. Volvió a ponerse los zapatos, descolgó la chaqueta de la percha, cogió las llaves de dentro del frutero, abrió la puerta que unía la cocina con el garaje, bajó las escaleras con ese ruido de tacones que, últimamente, yo ya no soportaba, subió al coche, puso la música a todo volumen y se fue. Y yo me quedé a solas con Lolita. Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita. Hacía tiempo que la sangre no se me agolpaba en la entrepierna tan deprisa. Me gustan tus cartucheras. Esa papada me pone como loco. Seguro que lo has hecho por motivos literarios. Imbécil.

 

 

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ-NAVARRO

NOCHE DE FIESTA

Sales algo mareado de la fiesta. Apenas logras tenerte en pie. Un regusto amargo recorre tu garganta y casi no puedes contener el vómito. Necesitas aire. Juras no volver a meterte esa mierda. Son las cuatro de la mañana y no hay un alma en las calles. Tampoco hay nada en tus bolsillos. La opción del taxi queda descartada. pero no importa. Son cuarenta minutos. No es tanto. Además, te viene bien andar. Quizá así logres despejarte un poco por el camino. Sólo debes tener cuidado. Como siempre lo has tenido. Cuidado y ya está. Evita el callejón. Y ya está. Hay que rodearlo. Es más largo así, es verdad. Se tarda más. Pero es mejor ser cuidadoso. Sin embargo, esta noche te sientes diferente. Esta noche eres valiente. Esta noche no tienes miedo. Qué puede pasar. Es sólo un callejón. Oscuro y estrecho, sí. Pero un callejón al fin y al cabo. Así que decides atravesarlo. Se escucha un murmullo a lo lejos. Deberías alejarte. Pero esta noche eres valiente y sigues caminando. Entonces ves la escena: cinco adolescentes acorralan a un mendigo al final del callejón, justo debajo de una farola. En silencio, observas cómo se ríen de él, lo tiran al suelo y comienzan a darle patadas y puñetazos. Todos a la vez, sin ningún tipo de orden. Violencia en estado puro. Percibes los golpes secos y se te revuelve el estómago. El vómito agrio casi vuelve a subir por tu garganta. Y entonces te quedas paralizado. Odias la injusticia, no toleras lo que está ocurriendo. Pero ahora no sabes qué hacer ni cómo actuar. Así que intentas pasar desapercibido y volver por donde has venido. En ese momento uno de los jóvenes se da cuenta de tu presencia y te grita algo en un idioma que no entiendes. Es rumano, piensas. Luego, todos te miran y comienzan a reírse de ti. no te persiguen, ni te vuelven a gritar, sólo se ríen. Te hacen gestos y se ríen. Y eso es lo que te descoloca. Y sin saber exactamente por qué, comienzas a correr hacia los jóvenes lleno de rabia, con la cara desencajada y con los puños en alto. Pero cuando llegas a su altura, en lugar de abalanzarte sobre alguno de ellos, gritas algo cuyo significado ni siquiera tú puedes entender y golpeas con toda tu fuerza al mendigo, que emite un alarido que se te clava en los oídos. Entonces, sin pensarlo demasiado, comienzas a darle patadas en el estómago con tal intensidad y violencia que los jóvenes se asustan y salen corriendo. El hombre llora y pide clemencia. Tú quieres parar. Por supuesto que quieres parar. Pero hay algo dentro de ti que no te deja frenar. Esta noche eres valiente. Esta noche es diferente. El indigente consigue evitar una patada y te mira fijamente a los ojos implorando piedad. Y es en ese instante cuando descubres que su rostro te es familiar. Demasiado familiar, piensas. Ves en él los ojos de tu padre. Tu padre anciano, que lleva varios años desaparecido. Te estremeces por completo. ¿Es posible que este mendigo sea el hombre que tanto tiempo has estado buscando? ¿Es ése tu padre? Y la formulación de esta pregunta te hace pegarle aún con más fuerza. Le pisoteas la cabeza una y otra vez hasta que consigues desfigurarle el rostro, hasta que la sangre salpica tus pantalones. Sin embargo, cuanto más le desfiguras el rostro, cuanto más fuerza ejerces con tus pies sobre su cráneo, más se parece a ti. Y su rostro se convierte en un espejo. Un espejo en el que te ves reflejado y que acaba poseyéndote. El rostro eres tú. Quizá por eso poco a poco comienzas a sentir un tremendo dolor en el costado y en la cabeza. Y entonces te detienes súbitamente. Pero el dolor, en lugar de aminorar, se hace más fuerte. Y la única solución para paliarlo parece seguir pegándole, haciéndote un daño terrible, sintiendo su dolor en todos los rincones de tu cuerpo. Hasta la extenuación. hasta extraviarte por completo. Hasta no saber dónde acaba él y comienzas tú. Hasta perder el sentido.
No sabes el tiempo que dura esta locura. Pero ahora, al salir el sol, te sorprendes dando puntapiés a una pared, con los zapatos rotos, los pies llenos de sangre, y una masa de personas mirando fijamente hacia el lugar en el que estás. Te vuelves hacia ellos y preguntas por el indigente. Nadie te contesta. Algunos dejan caer unas monedas cerca de ti.

 

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