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TODAS LAS BATALLAS PERDIDAS

 

LA SOLEDAD DE GARFIO

El día en que Peter Pan
abandonó para siempre
el País de Nunca Jamás,
el capitán James Hook
se convirtió en un pirata
triste, viejo y solo.
No tardó demasiado
en morir de pena
en su camarote
del Jolly Roger…

Solo Campanilla
—¡quién lo iba a decir!—
estuvo a su lado.

 

 

 

 

ANGELI DEL FANGO

La noche del 3 al 4
de noviembre de 1966
comenzó a llover copiosamente
sobre Florencia.

En pocas horas, el Arno
se desbordó e inundó
la ciudad
de barro, lodo y cieno.

En el Duomo,
el agua alcanzó una altura
de seis metros;
cuatro en los claustros
de Santa Maria Novella
y los Ognissanti;
las puertas de bronce
del Baptisterio fueron arrancadas.

La riada dañó
—según la UNESCO—
más de mil obras de arte
(321 tablas,
413 lienzos,
11 ciclos de frescos,
70 frescos independientes,
14 grupos escultóricos,
144 esculturas…),
sin contar los libros raros
y manusccritos
de la Biblioteca Nazionale
—700.000—,
ubicada en la ribera del río.

Cientos de estudiantes acudieron
de todos los lugares del mundo
en auxilio de Florencia.

Pasaban los días sumergidos
en aguas pútridas,
a la luz de las velas,
rescatando los fondos bibliográficos
de la maltrecha Biblioteca,
engullida por el aluvión
virulento del Arno.

Para la ciudad,
aquellos jóvenes de entonces
representaban la esperanza;
la Historia les ha dado un nombre
que hoy repetiré de nuevo:
“Ángeles de barro”.

 

 

 

 

POEMA PERDIDO

Hoy he perdido un poema.
Recuerdo haberlo escrito
hace algunos meses,
tras ver una película
que me emocionó,
lo que cada vez
ocurre menos.

Era un buen poema,
hablaba del Sur,
de la vida,
de la muerte,
de la juventud,
de lo que perdemos…

No sé,
quizás fuera este
el poema
que hubiera querido
escribir
y aquel otro
un falso recuerdo
de esos que inventamos
para tener un refugio,
un paraíso,
para ser felices.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO LIBRO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara D. Jesús Jaén Jaro, in memoriam.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTriste ornato carnal, tiempo de los venenos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxotra vez soy mi propio contendiente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy he leído todos los libros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJ. M. Caballero Bonald

Recorro con la mirada
los estantes
de mi antigua biblioteca
y me pregunto:
¿cuál será el elegido?,
¿qué libro no acabaré de leer
jamás?

Y él espera, agazapado,
paciente,
el momento en que
sus páginas
me verán
morir.

 

 

 

Juan Penalva, Joaquín. Todas las batallas perdidas. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2019.

 

CRONOLOGÍA DE TARKOVSKI

 

LOS CUATRO SUEÑOS DE IVÁN

La infancia de Iván
duerme entre las hojas
caídas,
en el silencio
de un bosque
de abedules
que contempla triste
cuanto ocurre
a las orillas
del Dniéper.

Hay niños en todas
las batallas:
en las trincheras,
en los hospitales,
en las fábricas
de Leningrado
y Kirov…
en las fosas comunes.

Ayer jugaban en las playas,
hoy se arrastran por el fango;
antes se divertían en los parques,
ahora palidecen
en los campos de refugiados…
muchos ni siquiera
recuerdan
el último día de paz,
cuando sus progenitores
les protegían la infancia
y les alimentaban los sueños.

¿Qué fue de Lionia Shirokov
y de Volodia Bazharov?
¿Dónde están Kolia Goishik
y Vitia Petrov?
¿A cuántos heridos
vio morir Lina Orlova?
¿Bajo qué tierra están
enterrados Sasha Kotov
y Kostia Pchelko?
¿Cuántas noches sin sueño
para Giorgi Artemenkov
y Kolodia Shipovalov?
¿En qué cajón olvidado
guardan sus medallas
Igor Mijailov
y Mijail Andreyev?

Al partir,
Kolia le dijo a su madre:
“Volveré, y, si muero,
así es la guerra”.
Su único equipaje fue
la tristeza y el recuerdo;
algunos afortunados pudieron
llevar consigo la vida,
pero todos se dejaron
la inocencia
al inicio del camino.

 

 

 

 

DOCTOR KELVIN

Regresas de la muerte
pero ya no eres tú;
abandonas el mundo
de las sombras
convertida en una de ellas,
vestida con tus despojos…
sombras al cabo.

Ahora ya conoces
la verdad,
no eres la mujer
que amé un día,
eres solo un reflejo,
una parte,
una escoria
de mis recuerdos
tuyos.

Ya no te llamas Hari;
ahora,
tu nombre es Solaris.
Y, sin embargo,
¿por qué te sigo amando?,
¿por qué me recuerdas
tanto a ella?

 

 

 

 

LA ZONA PROHIBIDA

Nadie conoce su nombre;
hubo algunos antes que él;
quizás después vendrán otros.
Su destino quedó atado
para siempre
a la Zona,
el único lugar
donde un stalker
preside la marcha,
guía a los viajeros,
conoce las trampas…

Todos buscamos la verdad,
en parajes lejanos,
en mundos perdidos,
en civilizaciones olvidadas,
en libros antiguos…

La Zona era el mayor
de los milagros…
y el mayor de los peligros,
una tierra sin Dios
donde el cazador acecha
y los peregrinos encuentran
la auténtica verdad,
aquella que nunca
podrán descubrir.

La Zona es el paraíso,
lugar sagrado,
y, a un tiempo mismo,
infierno,
lugar maldito.
Solo los más intrépidos stalkers
se atreven a violar el precinto
y a sortear los obstáculos.

Ya no hay vida humana
en la Zona.
Los raíles oxidados
se internan
en un paisaje apocalíptico,
hecho de
silencio,
soledad,
destrucción.

Todo empezó
hace veinte años:
el pueblo fue destruido,
la gente desaparecía…
el gobierno envió al ejército,
pero los soldados
nunca regresaron.

La Zona es el lugar
donde se cumplen
los deseos,
sí, todos los deseos,
incluso los más recónditos
y secretos…,
sobre todo esos,
aquellos que no creíamos tener.

La Zona cambia,
se reinicia
con cada visitante,
se moldea a su imagen
y semejanza,
deja entrever el estado
de ánimo
de quien la profana.

Allí, cada cual encuentra
lo que lleva dentro.

Bienvenidos a la Zona,
yo seré su stalker;
por favor, no se alejen,
manténganse siempre juntos,
no toquen nada
y recuerden que es este
un lugar complejo
lleno de trampas;
todo cuanto ocurre
de ustedes depende.
Cuando crucemos
esta región devastada
de ríos putrefactos,
edificios abandonados,
túneles sombríos,
cuevas inhóspitas
y casas en ruinas…
llegaremos al cuarto,
y allí obtendrán
lo que desean,
aunque no de inmediato.

Recuerden, este es el último
refugio para quien ha perdido
la esperanza,
pero han de tener fe.
Y, sobre todo,
lleven cuidado
con lo que desean,
porque —no les quepa
la menor duda—
lo obtendrán.

 

 

 

Juan Penalva, Joaquín. Cronología de Tarkovski. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXXVI)

Siguen llegándome regalos a casa. Y sigo quedándome sin palabras.

Gracias a Joaquín Juan Penalva por estos, sus dos últimos libros.

 

 

DESPUÉS DE LA PRESENTACIÓN DE ‘ANFITRIONES DE UNA DERROTA INFINITA’ EN MURCIA

noviembre 26, 2015 Deja un comentario

Pues eso, que ayer tarde nos juntamos en la FNAC de Murcia para presentar el nuevo libro de Joaquín Juan Penalva, ‘Anfitriones de una derrota infinita’, y para mí fue un absoluto placer compartir la mesa con él y con Luis Bagué.

Dibujé una pequeña trayectoria del autor que decía más o menos: “No estamos aquí por el Joaquín Juan persona (que también), estamos aquí por el poeta, puesto que estamos en la presentación de su nuevo libro: ‘Anfitriones de una derrota infinita’, título bastante esclarecedor del poeta que tengo a mi lado. Pero vayamos por partes.
Hace ya una década que conocí a este poeta, cuando con Luis Bagué vinieron a presentar el libro que ambos habían escrito y que fue merecedor del accésit del V Premio de Poesía ‘Dionisia García’ de la Universidad de Murcia.
Aunque su poesía bebe de todas las artes, el cine comienza siendo su principal fuente de inspiración. De hecho, la cita que abría aquel libro, perteneciente a José María Álvarez, y que aún influye en la escritura de Joaquín Juan Penalva, decía: “He visto muchas cosas en mi vida/ Algunas increíbles y magníficas/ Pero ninguna tan hermosa/ Tan fabulosamente grande y loca/ Como esta insólita aventura/ Del cinematógrafo.”
Pero es que para llegar ahí, nosotros aún deberíamos dar un paso más atrás, justo para ver ‘El último vuelo del halcón milenario’, para certificar que Hans Solo y la Princesa Leia han envejecido; que Chewbacca es una atracción de feria para los comerciantes de Tatooine; que George Lucas, como antes Leone, Spielberg y Scorsese, escribe su versión del Nuevo Testamento. En ese último vuelo del halcón milenario escuchamos a Yoda espetarle al Emperador: “Podrá dioses no haber…,pero siempre habrá Olimpo”, y contemplar cómo éste le replica: “Tus palabras son aire y van al aire, tus victorias humo y van a la ceniza”. Qué mala cosa es haber hecho un decorado demasiado pequeño mientras una sombra recorre Gotham City y se desvanece en los cráteres lejanos de Kriptón. Éste es el camino que conduce a Oz; más allá sólo existen los sueños.
Alguien se despierta y bosteza; comprueba con horror que no hay pasta de dientes y que han cortado el agua por impago. No le queda dinero para la hipoteca y lo único que llegan son facturas. “Perra profesión la de poeta”. Sin embargo -llámenlo giro inesperado de los acontecimientos-, el poeta acaba de ver la luz: en los anaqueles de la biblioteca, un antiguo futurista ruso sonríe con barbas proféticas: “Creo en la Fuerza Todopoderosa. Creo en los Jedis de la Antigua República. Creo en las irisaciones de una espada de luz. Creo que el Imperio es aburrido y derrelicto, y Palpatine, su Sumo Pontífice, un sátrapa irredento. Creo en Darth Vader y su único hijo varón, que camina sobre los cielos y, en tiempos de Han Solo, descendió a los infiernos y robó el Fuego Oscuro. Creo en el Reverso Tenebroso, señor y dador de dudas, de todo lo eterno y lo inmutable, de todo lo perdido en el hiperespacio. Creo que debe existir una nueva esperanza y que siempre nos quedará la galaxia. Ave, Skywalker, los que van a navegar te saludan”.
Es esta lectura la que le hace desenfundar la capucha mordida de su bic, que aterriza sobre la superficie de una página en blanco: “¡Más cuartillas, que es la guerra!”. El Halcón Milenario remonta su vuelo y en este viaje todos los pasajeros muestran su tarjeta de embarque. Encontramos, entre otros, a Ed Wood y a Antoine Doinel, a Christopher Lee y a Spiderman, a Morfeo, a Ennio Morricone, al Corto Maltese, a Jackie Chan, a Marilyn, a los hermanos Coen, al Joker, a Walt Disney… La nave va surcando el celuloide: Casablanca, la Torre de Londres, Matrix… Sobre el papel se cierne el rastro de una estela perpetua al que da igual qué nombre darle: ‘Una habitación con vistas’, ‘Las vírgenes suicidas’, ‘Acordes y desacuerdos’… Más aún, da igual en qué movimiento categorizarlo, da igual si es cine negro o ciencia ficción, si es cine de terror, dogma o nouvelle vague, porque el poeta, con las manos manchadas de tinta, barba de tres días y el cabello despeinado, asiste de incógnito a un brindis privado entre Frankenstein y King Kong, entre Peter Pan y Caperucita Roja, entre Moriarty y Poirot: “He aquí la vida, quien la probó lo sabe”. Y todo esto ocurre en mitad de Babilonia, mon amour, mientras suena de fondo Charlie Parker.
Y es en esta Babilonia donde, con Luis Rosales, sabemos que jamás nos hemos equivocado en nada, salvo en las cosas que más queríamos y hallamos la tristeza de los sabios (el título del segundo libro de este poeta que les estoy presentando). Esa tristeza conoce a la vez el lugar que eligen los gatos para la hora de su muerte y la mucha intimidad que se comparte en una suite nupcial. A los que no poseemos la tristeza de los sabios, esa que procede de haber leído todos los libros, lo que nos queda es ir dejando marcas de los leves pasos que vamos dando mientras Hitchcock nos muestra unos personajes como una galería de fantasmas y la banda sonora de Vangelis ayuda a Vidocq a darle su verdadero nombre a Belle de Jour.
Es en este ‘La tristeza de los sabios’ donde Karmelo Iribarren nos recuerda que ‘Ser libre/ no es igual que ser feliz’ y a raíz de él, Luis Bagué nos explica que “al hablar de películas, lecturas o videojuegos, [Joaquín Juan] no deja de hablar de sí mismo. Utiliza elementos de la mitología popular para hacerlos trascender a la propia experiencia.”
Y llegamos al tercero de los pasos que ha dado Joaquín Juan (literariamente hablando, entiéndanme): hace dos años publicó con la editorial ‘Frutos del tiempo’ el libro hiberna, hibernorum; un libro con un magnífico y sorprendente proemio de Luis Bagué. Aquí el poeta vuelve a mostrarnos su galería de obsesiones; valga como ejemplo una de las citas con las que abre el libro: dice Mel Brooks: “No pueden bailar como Fred Astaire,/ pero pueden soñar que bailan/ con Ginger Rogers como Fred Astaire”. Otra vez el imaginario mitológico popular, pero esta vez aparecen ligeras diferencias con respecto a sus dos libros anteriores, porque su vena filológica disecciona términos de manera poética hasta su raíz; así: “El vocablo rival/ deriva de un antiguo/ adjetivo latino/ que, etimológicamente,/ procedía de la voz riuus,/ acequia, canal, río,/ arroyo, corriente, caudal;/ al principio, un riualis/ era aquel con quien se compartía/ el canal de riego […] Y yo me pregunto,/ ¿acaso no somos todos/ rivales?,/ ¿no compartimos todos/ el mismo río de la vida,/ este ancho mar repleto/ de naufragios,/ de sueños rotos,/ de derrotas infinitas?” Lo que nos lleva a la -creo yo- otra gran diferencia con sus anteriores libros: la profundidad de la visión derrotista (o desesperanzada) que se deja entrever ya en varios versos, visión realista la llamarían otros. Aparece ya en este libro esa sensación de desasosiego similar a la de esas noches en las que todo parece tranquilo…hasta que llega la mañana, o al que se siente frente a esos poemas en los que se vierte “lo que ya no sirve/ más que como lastre.”, esa manera de convertir las derrotas en poemas.
Joaquín Juan ya muestra en este hiberna, hibernorum su historia personal de la lectura, pero con el tono que comentaba hace un momento recuerda el tiempo en el que le gustaba leer sin más, porque sí, para nada… -ese placer- Sin embargo, cuando está escribiendo el libro, el poeta nos cuenta que ya no recordaba aquellos días, perdidos entre las reseñas, los informes, las pruebas de imprenta y los artículos inacabados. Pero no crean que todo queda ahí, porque aparecen destellos de un magnífico humor ácido, como cuando el poeta escribe: “Un profesor de ESO/ es como un actor/ de monólogos/ en función continua,/ pero, a diferencia/ del público del actor/ de monólogos,/ el del profesor/ no ha elegido/ estar allí.” (logse).
Contra el tono pesimista del libro: “algo va mal/ en mi vida,/ y creo que soy yo.” llega a escribir, el poeta sabe que nos bastan paraísos modestos y en uno de esos paraísos busca su asidero para participar de la felicidad. En el epicentro de ese asidero están, por ejemplo, sus hijos; sus hijos, risueños y sonrientes, son los que inauguran el día. El progreso de sus hijos, su curiosidad permanente, su sorpresa constante, son el mejor antídoto contra los versos que cierran este tercer libro: “Al final,/ ¿habrá algo de todo esto/ que nos haga pensar/ que ha valido la pena? [son magníficos los cierres de todos sus libros]
Ese libro anticipaba el que estamos presentando hoy. Si no ¿cómo explicar esta cita, entre las que abren el libro, de Borges: “La derrota tiene una dignidad/ que la ruidosa victoria no merece.”. Entre los poemas de este ‘Anfitriones de una derrota infinita’ descubrimos que lo elemental no está reñido con las reflexiones de tipo filosófico. Aquí Joaquín Juan, ya dije que su anterior libro ponía muchas de las bases de éste, escribe sobre la frustración, sobre la frustración creadora y aquella que se vive siendo un tipo normal que intenta hacer realidad sus sueños. Sólo una cierta distancia consigue que a través de la poesía el poeta pueda sacar alguna lección de esos reveses que nos sacuden a todos.
La casi nula ornamentación adjetival nos muestra a un poeta sencillo inmerso en la preocupación del tiempo que se le/nos escapa. Al fracaso de no poder retener el tiempo (y a alguno más) le pone Joaquín Juan un frontispicio de versos de Ramón Bascuñana: “Por eso este poema,/ donde doy fe de todas mis derrotas”. Pérdida, desastre, fracaso…todo un vocabulario del acabamiento general (un motín tendrá como resultado una alfombra de cadáveres señalando el camino hacia el lugar que “tienen asignado” los dirigentes) o personal (uno deja de ser uno mismo cuando ha renunciado ya a todos los sueños, o cuando el tiempo ha arrasado al que fuimos). Las imágenes que van apareciendo a lo largo del libro son ruinas de una arquitectura sentimental que tienen como referente un cementerio de vagones de tren, o de una guerra que será una nueva derrota, otra batalla perdida. Y así, aunque sepamos que siempre quedará otra batalla que perder, el poeta nos recuerda que a veces el monólogo de un loco puede ser el camino más directo hacia la verdad.
Pero, aunque en dosis más pequeñas que en sus libros anteriores, aún surge algún destello que nos hace plantearnos la importancia de la palabra: “La vida enseña/ (…) que una carta puede/ cambiarlo todo.” O nos topamos con la ironía en su punto más álgido cuando el autor amenaza con que “pronto Venecia tendrá/ su Calatrava”.
Ya les dejo con el poeta, a eso han venido. Y si quiere, que les lea los dos poemas con los que cierra este ‘Anfitriones de una derrota infinita’. Es otra de las cosas que destacaría de él, la potencia con la que cierra sus libros.”

 

Y aquí tienen algunas fotos del evento.

 

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PRESENTACIÓN DE ‘ANFITRIONES DE UNA DERROTA INFINITA’ EN MURCIA

noviembre 25, 2015 Deja un comentario

JJP en FNAC

 

Pues eso. Que esta tarde se presenta ‘Anfitriones de una derrota infinita’ en la FNAC de Murcia y que, acompañando a Joaquín Juan Penalva, estaremos Luis Bagué y un servidor. Ya saben: si quieren, nos vemos allí.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XXXVI)

noviembre 14, 2015 Deja un comentario

Hace unos días, el poeta Joaquín Juan Penalva me enviaba un ejemplar de su último libro, ‘Anfitriones de una derrota infinita’, publicado por Huerga&Fierro editores.

 

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Aquí dejo algunos poemas del libro.

 

DESDE EL TREN

En Alcázar de San Juan,
junto a la vía,
hay un cementerio
de vagones de tren
abandonados,
viejos, rotos…

En Alcázar de San Juan,
junto a la vía del tren,
hay un cementerio
de historias
‒cada vagón
guarda la suya,
cada asiento,
cada litera,
la nuestra‒;

esta es una de ellas.

 

 

 

 

CUANDO PERDÍ EL ADONAIS

Ha sido un día duro
en su ida,
en su regreso,
en el futuro que dejo atrás,
en el pasado conforme
y en el presente despierto.
Ocurre lo que debe,
lo que es,
lo que fue…

Tengo ganas de llegar
a mi casa
y a mi costumbre,
y hacer de esta última guerra
una nueva derrota,
otra batalla perdida.

 

 

 

 

BIOBIBLIOGRAFÍA
(HISTORIA PERSONAL DE LA LECTURA #1)

Recuerda lo que había antes de haberlo aprendido todo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxÁngela Álvarez Sáez.

Hoy,
al leer un artículo
sobre las traducciones
de Sir Walter Scott
en España,
me he recordado
a mí mismo
leyendo Ivanhoe,
hace muchos años,
en el piso de la Glorieta,
en el cuarto de la infancia,
quedando boquiabierto,
sorprendido y desconcertado
por las elucubraciones
de Wamba.

A veces,
el monólogo
de un loco
puede ser
el camino más directo
hacia la verdad.

 

 

 

Pero si es que eso no fuera bastante, como Joaquín Juan me ha pedido que lo presente a él cuando venga a presentar su libro en Murcia, le pregunté si había posibilidad de localizar su anterior libro y al poco recibía en casa ‘hiberna, hibernorum’, publicado por la editorial Frutos del tiempo.

 

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Y de ese libro dejo aquí algunos poemas.

 

RIVALIS, RIVALE
(perteneciente a las aguas, márgenes o riberas)

El vocablo rival
deriva de un antiguo
adjetivo latino,
riualis, riuale,
que, etimológicamente,
procedía de la voz riuus,
acequia, canal, río,
arroyo, corriente, caudal;
al principio, un riualis
era aquel con quien se compartía
el canal de riego,
antes de significar
adversario, enemigo,
contrario, antagonista,
competidor…

Y yo me pregunto,
¿acaso no somos todos
rivales?,
¿no compartimos todos
el mismo río de la vida,
este ancho mar repleto
de naufragios,
de sueños rotos,
de derrotas infinitas?

 

 

 

 

EL SUEÑO DE CORTÉS

Quemar todas las naves,
hundir todos los sueños
y quedarnos aquí,
en este lado del mundo,
varados, anclados,
náufragos
de una vida pasada,
sin la menor esperanza
de regreso,
sin la ilusión
del retorno,
abocados a sobrevivir
con lo puesto,
con lo dicho,
con la infamia.

 

 

 

 

LOGSE

Un profesor de ESO
es como un actor
de monólogos
en función continua,
pero, a diferencia
del público del actor
de monólogos,
el del profesor
no ha elegido
estar allí.

 

 

 

 

HASTA PRONTO

¿Cuál será
la última película,
el último libro,
la última sonrisa?

¿A dónde iremos
en nuestro último viaje
juntos?

¿De quién será
la última conversación,
el último recuerdo,
el último abrazo?

Al final,
¿habrá algo de todo esto
que nos haga pensar
que ha valido la pena?

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XXX)

Ex Libris

 

 

Hace unos días recibíamos tres ejemplares más de ‘Ex Libris’, la revista de poesía que desde 1999 dirige Luis Bagué y desde el año 2003 también codirige Joaquín Juan Penalva.

En el último número que han publicado –ya el número 13– pueden encontrarse poemas de José Saborit, Jesús Aguado, Ana Merino, Pablo García Casado, Sandra Santana o Laura Casielles, entre otros.

Aquí dejo dos de los poemas que pueden encontrar en la revista.

 

ANTONIO GRACIA

UN POEMA SOCIAL

Miro la lluvia, su ancestral imagen
de lágrima sin ojos, y recuerdo
la tristeza del mundo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe este lado
de los cristales yo te beso, envaino
en tu cuerpo mi cuerpo, y tus entrañas,
cálidas como un vino, se repliegan
alrededor de mi lasciva carne,
haciendo seminar dentro de ti
el desencanto de mi amor airado.

Miro la LLuvia: cada estela de agua
escrita en la ventana como un cauce
es un surco de miel que voy trazando
con mi cuerpo en tu cuerpo; y cada muerte
que sucede allá lejos, en la patria
que hemos abandonado para amarnos,
es un grito de vida en este abrazo
que mantenemos en nuestra trinchera
para sobrevivirnos y hallar paz.

Qué lasitud tras cada acometida
y qué desasosiego cada vez
que observo el horizonte y veo la lluvia
caer interminable sobre el mundo.

Ayer fue todo igual, y lo será
mañana: aquí, la vida; allí, la muerte;
la soledad, al fin, en todas partes.

Me siento derrotado; quiero huir
del dolor y del gozo: de la lucha
y también del descanso del guerrero.
Me invade una letal melancolía
ante tanta tragedia.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxPero miro
tus ojos sorprendidos por la luz
de este mágico encuentro, tu fulgor
que estría la mañana:
y pasan ante mí,
como un desbocamiento innumerable,
todas las hecatombes de la Historia,
los niños masacrados, y el Amor
cabalgando desde el remoto origen:
y en ese instante de veneno y triaca
la ley universal de la alegría
escancia sus aljibes redentores
transfigurando toda realidad.

Y vuelvo a amarte y a decirte: vamos
un día más afuera, a la batalla:
detengamos el odio.

 

 

 

 

BEN CLARK

QUIZÁ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIf we could see all all might seem good.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEdward Thomas

Cuando no había labores y la gente caminaba
de norte a sur huyendo de un dios niño
salvaje, cuando con pocas
palabras era fácil hacer fuego,
debió existir por fuerza un hombre bruto,
el primero de todos los que habrían
de poblar los pasillos con nuevas mansedumbres.
Debía parecerse en algo a mí,
quizá,
mirando hacia la luz del horizonte
y caminando solo.
Yo no sé si él llegó a intuir entonces
el increíble número no nato
de cuerpos y kilómetros que aún
faltaban todavía.
Y si hubiera contemplado el vasto horror incumplido,
todo el dolor que podría evitarse
si abrazara aquel niño dios del norte,
si quieto fuera fósil, roca, nada.
Si tuviera delante guerras y noches ciegas
y llantos y niñas serias vestidas con uniforme;
un ejército de miércoles sin fin marchando hacia atrás;
hundiéndose en su pecho,
susurrando los nombres de los muertos
que nunca nacerían si él muriera.
Si este abuelo imposible pudiera verlo todo
y en un instante lúcido
pudiera vislumbrarte aquí dormida,
fruto extraño de la sucia deriva de los milenios,
quizá le pareciera todo bueno.

 

LA TRISTEZA DE LOS SABIOS

octubre 21, 2013 2 comentarios

La tristeza de los sabios

 

 

COMO LOS GATOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxComo en los perros,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtocados por su amo,
xxxxxxxxxvaga todo lo amigo de la tierra…
xxxxxxxxxxxxxxiLeopoldo Panero Torbado

Todos los gatos,
para la hora de su muerte,
eligen un lugar tranquilo y apartado,
íntimo, oculto, necesario,
donde entregar su último aliento.

Pocos llegan a la edad
en que podrían acudir
a su secreto,
pocos apuran
la séptima de sus vidas
(sí, también los gatos,
como los árboles,
mueren de pie),
pero, cuando perecen luchando,
bajo las ruedas de los coches,
en las fauces de los perros,
huyendo de los niños,
su mente fija un último recuerdo:

aquel lugar,
refugio de la noche,
descanso del guerrero,
fin de la jornada.

 

 

 

LA MACCHINA INFERNALE

Modelo escultural:
Plymouth Fury
del 58, dos puertas,
pintura metalizada,
rojo con banda blanca.

Me llamo Christine
y me encantaría conocerte,
¿te atreves?

Interesados llamar,
entre las 10 y las 13,
a las puertas del Averno.

 

 

 

LA CAJA CHINA

En el barrio de la Ópera,
la distinguida clientela
del número 11
de la Cité Jean de Saumur
echa en falta a la más
atractiva de las chicas
de Madame Anaïs,
la joven Séverine.

Era única en todo París:
vestía de Yves Saint-Laurent
y se dejaba azotar el trasero
con inigualable complacencia.
¿A quién regalará hoy
con sus encantos?

Sólo ella se atrevía a probar
los más depravados placeres
de la práctica oriental
y conocía el secreto
de aquella enigmática caja
de música y dolor.

La discreta perversión
de la burguesía
era su cualidad
más apreciada.
¿A quién regalará hoy
sus secretos?

Todos la llamaban
Belle de Jour.

 

 

 

HAY FRASES

Hay frases que sólo suenan bien
con la música de Vangelis Papathanassiou
en primer plano;
como, por ejemplo,
“con esperanza en sus corazones
y alas en sus pies”.
Lo demás,
ustedes ya lo saben,
sólo es cine.

 

 

 

MUÑECA ROTA

Te encuentro preñada,
vieja (a tus diecisiete)
y ya no nínfula.

¿Quién te ha hecho así,
me pregunto,
por qué no volviste a mí,
por qué no una llamada,
una carta temprana,
un grito de auxilio?

¿Dónde estás, Lolita,
no más Lo,
sólo Dolly Schiller,
dónde estás?

El vello erizado de tu espalda,
la lengua roja por los caramelos,
los dientes desordenados,
las joyas de plástico,
las revistas de música,
los cómics atrasados,
los chicles mascados,
tu ropa interior de niña,
tu insolencia desmedida,
tu inocencia disimulada,
tu crueldad preadolescente…
todo se ha esfumado.

Clare Quilty debía pagar por aquello,
pero, ¿qué es lo que yo merezco,
Lolita,
por haberte robado la vida?
Dímelo, por favor,
y verás finalmente cumplidos
todos tus sueños.

 

 

 

AQUEL QUE NO DUERME…

…acecha en tus sueños,
te espera en la vigilia,
frecuenta todas las pesadillas
y te abre la puerta
del miedo.
En ese preciso momento,
debes recordar las palabras
de Lillian Gish:
“El viento sopla
y la lluvia es fría,
pero los niños resisten”.

 

 

 

I NEVER MET ELMO

Ahora que ya he olvidado
los sabios consejos de Coco,
los viajes de Don Pimpón,
la cara de Txema,
la voz de Espinete,
la inquietante mirada
del Monstruo de las Galletas,
la risa del conde Draco,
las discusiones de Epi y Blas,
las canciones de Rosa León
y el dulce sabor de las tardes
vacías,
una imagen de Ruth Gabriel
pervierte mi sueño
y envenena mi nostalgia:
“Todos tenemos la infancia contada”,
me dice.

 

 

 

LA TRISTEZA DE LOS SABIOS

¿Cuántos de los libros
que hoy me acompañan,
recopilados a lo largo
de una vida,
dormirán inmaculados,
inleídos,
más allá de mí?
¿Quién, cuándo
los leerá por vez primera?

Ahora comprendo
en qué consistía
la tristeza de los sabios:

habían leído todos los libros.

 

 

 

Juan Penalva, Joaquín. La tristeza de los sabios. Valladolid; Academia Castellana y Leonesa de la Poesía y Editorial Azul; 2007.

 

LUIS BAGUÉ QUÍLEZ

En una de las visitas que hicimos Cris y yo a Madrid en el verano de 2007 nos topamos con ‘Un jardín olvidado‘ y, como uno compra libros por militancia, el libro terminó en mi biblioteca. Aquí tienen un par de poemas del libro.

 

 
BIBLIOTECA PERSONAL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Joaquín Juan Penalva

Solapas clausuradas por derribo,
libros en doble fila
que persiguen un territorio propio
donde exhibir su nombre
–acaso su verdad–,
volúmenes recién encuadernados,
heridos por un óxido invisible
que erosiona la nieve de sus páginas
con un rencor antiguo
tras el fuego tenaz de la derrota,
inevitables clásicos modernos,
aventuras de Verne y Salgari
que surcaron la fiebre y la vigilia,
catálogos que duermen
en las manos abiertas del desprecio,
traducciones baratas,
fragmentos en versión original.

Nos observan en un raro silencio
desde la esclavitud de su dominio:
son la isla remota
donde mueren los sueños
que arrastra la marea después de los naufragios,
la deriva final donde despierta
quien ha leído ya todos los libros.

 

 
VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE POE

xxxxxxxxxxxxxxxHace muchos, muchos años,
xxxxxxxxxxxxxxxen un reino junto al mar…
xxxxxxxxxxxxxxxxxRADIO FUTURA

Cuando ya no hay castillos
ni nombres en la arena,
cuando el agua ha borrado las palabras
y las gaviotas vagan por un cielo
vacío de milagros,
como una cinta gris y transparente,
vuelves a mencionar la misma sombra.

Quizá en ese momento
recitarás de nuevo las palabras de Poe
sobre alguna muchacha
perdida entre las ruinas de la literatura.
Aunque puede que finjas
que olvidaste la historia y su canción,
que no sabes de lápidas románticas,
del aroma febril de las magnolias,
de unos labios tan fríos
como el mármol de aquellos veladores
donde dejas la copa
en que apuras la vida en lentos sorbos.

Luego descubrirás
que no hay ningún misterio en el dolor,
ni es más bello el poema
que la playa en septiembre,
sin testigos que sepan que ahora mismo,
bajo la débil luz
que filtran tantas nubes,
has vencido a los mitos de la infancia.
Annabel Lee no existe.
Un cuervo está graznando Nevermore.

 

 

BAGUÉ QUÍLEZ, Luis. Un jardín olvidado. Madrid: Hiperión, 2007.

BABILONIA, MON AMOUR

septiembre 29, 2012 Deja un comentario

Conocí a los dos autores del libro, Luis Bagué Quílez y Joaquín Juan Penalva, cuando estuvieron en Murcia presentando este libro, que se había alzado con el accésit del V Premio de poesía ‘Dionisia García’.

Este ‘Babilonia, mon amour‘ es un libro lúdico ante el deslumbramiento del cinematógrafo; de hecho, la cita que abre el libro pertenece a José María Álvarez y dice: “He visto muchas cosas en mi vida / Algunas increíbles y magníficas / Pero ninguna tan hermosa / Tan fabulosamente grande y loca / Como esta insólita aventura / Del cinematógrafo”. Y aquí tienen tres de los poemas del libro.

 

 

CORTO MALTESE

“Regresaré a Shanghai.
No fiaré mi fortuna en otros barcos
que habrán de repetir las escasas hazañas
que ya he vivido antes:
los mismos naufragios en semejantes islas,
e idénticos tesoros
custodiados en mapas polvorientos.
Surcaré los espejos, el opio y el acanto,
olvidados del mundo,
desdeñoso de tantas tentaciones
que nunca me tentaron.
De otros serán los sueños,
las riquezas, los títulos y honores.
Algún pirata tuerto y ya vencido
será mañana el gran Sir Francis Drake;
Long John Silver apurará su ron añejo
mientras sigue trazando el plano del tesoro.
Yo olvidaré las ondas de este mar
donde las sirenas entonaron su canto;
sabré de los peligros que acechan en el puerto:
las risas mercenarias que guardan cada esquina,
los marineros ebrios de noches y burdeles,
las especias que exhiben su reclamo
en cajas perfumadas con incienso,
pues el coral que fulgura en el rojo arrecife
no es preferible al carmín de cualquier prostituta,
y quien agota el misterio del océano
está sentenciado a loco o a bufón”.
Cuando Corto Maltés volvió a Shanghai
ya nadie recordaba las sílabas lejanas de su nombre,
y todos le llamaron el viejo hombre del mar.

 

 

FILM NOIR

Desde que tengo uso de razón
siempre he querido ser un gángster,
dice Ray Liotta, pero podría ser
De Niro, Harvey Keitel o hasta Willem Dafoe.

Más tarde, Sam “Ace” Rothstein vuela
sobre el espectro de Las Vegas,
y el brillo de las luces de neón
se le antoja un párpado de fuego.

Más tarde, Vincent Hega regresa
de la pista de baile. Ha envejecido a su pesar,
y el violento deseo de antaño ya no vale
el amargo susurro del carmín en sus labios.

Más tarde, Jackie Brown se conmueve
con la música de los años setenta,
y Max Cherry no puede dejar de mirarla;
porque Max Cherry no es el Señor Blanco.

Y así vuelve a suceder otra vez todo.

El boxeador que le había prometido amor eterno a una starlette
la abandona entre los montes rocosos de Nevada,
pensando que no podrá olvidarla mientras viva.

 

 

LOS HERMANOS COEN VIAJAN POR AMÉRICA

Han recorrido la América profunda
y han habitado sus oscuras trastiendas:
las llagas ardientes de la Gran Depresión,
las cicatrices dormidas del deseo,
la cara oculta de los sueños baratos.
Han atravesado el desierto de Arizona,
las nieves perpetuas de Minnesota,
las boleras de Ohio y los prados de Iowa.
Se han bañado en las piscinas
que pintó David Hockney,
y han dormido en moteles
que ni Hopper ni Norman Bates imaginaron.
Han amanecido en un Hollywood
que Hollywood ha preferido olvidar.
Ulisses Everett ha cantado su historia,
Barton Fink la escribió en su vieja Olivetti,
pero nadie como Lebowski “El Nota”
supo encarnar su espíritu:
un descapotable abandonado,
barba de dos semanas
y una lata de cerveza por toda compañía.

 

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