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Posts Tagged ‘javier moreno’

EL ARTE, LAS DROGAS

 

La tecnología es historia acelerada. Una sociedad tecnológica es por definición una sociedad en la que las mutaciones ocurren cada vez en períodos más cortos. Ya no siglos ni generaciones sino años, meses. Resulta imposible ser un hombre de nuestro tiempo, simplemente porque nuestro tiempo muta demasiado rápido. La obsolescencia nos sobreviene a cada instante, mientras esperamos el autobús o contemplamos un cuadro. La velocidad a la que transcurre nuestra existencia hace que el frágil hilo que le da continuidad y con el que nos identificamos se tense y acabe por romperse. Resulta difícil reconocerse en quienes éramos hace no una década sino anteayer mismo. Sólo los niños y los adolescentes parecen estar en sintonía con este mundo, precisamente porque ellos viven sometidos a la tiranía y la maravilla del perpetuo cambio. No existe antídoto. La única posibilidad consiste en bajarse en marcha de este bólido. Los mismos que manejan el volante son los que mantienen el pie firme sobre el acelerador. Aunque existen ventanas todavía desde las que asomarse al paisaje, conjuros para dilatar el tiempo. El arte, las drogas.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

UN SIGNIFICANTE ESPLENDOROSO

 

Echo un vistazo al móvil para leer los mensajes atrasados mientras recorro la calle Atocha de vuelta al trabajo. El último es de Roberto, enviado hace apenas unos segundos. En realidad son varios. Esta noche fiesta en el Moma. Os pondré en la lista, a ti y a tus amigos publicistas. El segundo hilo es de Mirinda. Te ha ascendido Enzo?, pregunta. Luego sigue: Me gusta montar a solas en el ascensor. Así puedo mirarme el culo yo solita. Y acaba: Shepard Fairey es lo más uncool. Le respondo: Enzo solo quería sexo. Lo mismo que yo. Sólo que nuestros gustos son algo distintos. Por cierto, esta noche hay fiesta en el Moma. Artistas y publicistas. Igual conoces a alguien interesante, un hombre sensible capaz de ver en ti algo más que tu hermoso culo.
xxxUn culo puede ser infinitamente poderoso, tanto o más que una bomba H. Hay que tenerle mucho miedo a la belleza. Las mujeres hermosas son conscientes de su poder, caminan con rapidez por las calles como proyectiles dirigidos hacia algún lugar inalcanzable. Querríamos ser su objetivo pero su belleza apenas nos roza. Todo queda arrastrado a su paso.
xxxUn culo es un significante esplendoroso que, como todos los significantes, puede alojar en su interior el más espantoso de los vacíos.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

SU FALDA DE ESTUDIANTE DE SECUNDARIA

 

La rutina es al fin y al cabo el ritmo que los hombres se dejan imponer, primero a regañadientes, más tarde como un remedio necesario y consolador contra el azar y la imprevisión de toda existencia. Azar e imprevisión que amenazan con colarse por cualquier rendija para obligarnos a detenernos y pensar en las cosas, en todo aquello que no somos nosotros y que sin embargo nos afecta; y ese orillarse en un camino transitado ya es un síntoma y casi siempre el primer paso de algo que pone en suspenso nuestra vida y nos lleva a replantearnos el propio camino: su trazado, el sentido de las indicaciones y, finalmente, su último destino. Basta preguntarse sobre la felicidad para que ésta resulte sospechosa, como si en realidad fuese una compañera voluble y caprichosa en la que nunca hubiésemos confiado del todo. El lenguaje predispone a las preguntas sin respuesta. A las aporías. A veces busco en mi memoria un instante en el que sorprender algo de animalidad, de puro asombro, de éxtasis. Lo encuentro en el sexo y en nebulosas impresiones infantiles. La infancia es irrepetible. No así el sexo, cuya iteración fantaseamos infinita. El sexo es la única salida a una humanidad insufrible. Un polvo puede ser capaz de redimir el peor de nuestros días. A veces creo que un solo polvo puede redimir todo un período de nuestra vida como si en él se resumiesen todo el gozo y las tensiones que procuran la sucesión de los meses y los años. Ni siquiera el polvo sino un instante, una imagen. Aquel momento en el que M. interrumpió cruelmente una mamada para untar sus labios de carmín y proseguir con más énfasis, experimentando el placer de sentir cómo una masa palpitante de carne deshacía la meticulosidad del maquillaje. El torrente de semen corroyendo la pretensión de refinamiento. O aquel grito que en realidad era un susurro, métela en mi agujerito, métemela, de pie junto a la cama, levantando con su mano el pliegue de su falda de colegiala (no era un disfraz o no lo era del todo puesto que aquella falda era su falda de estudiante de secundaria, hasta tal punto su figura había permanecido inalterada con el paso de los años). Todo eso.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

PONER REMEDIO A LA CATÁSTROFE

 

[…] Muchas de las personas más sensibles e inteligentes que conozco son publicistas, encargados de seducir a las masas, no para arrastrarlas a la revolución sino a un centro comercial para satisfacer el imperativo lacaniano del gozo. Somos como el Gran Inquisidor del relato de Dovstoievski. Si un intelectual resucitase para echarnos en cara nuestra alianza con el poder y el dinero no dudaríamos un momento en ridiculizarlo, en deconstruir meticulosamente sus anacrónicos valores. Si después de todo todavía quedase en él algo de orgullo y de dignidad entonces le dejaríamos escribir una columna en alguna de nuestras revistas trufadas de publicidad. La rabia, bien dosificada, es un lubricante perfecto para lavar la conciencia del consumidor. El verdadero placer requiere de los moralistas. El pecado no ha desaparecido, sólo ha variado su modo de atormentarnos y de absolvernos.
xxxEn lo que a mí respecta no me interesan tanto las cosas o las personas como las relaciones que puedo establecer entre ellas. Me veo como a mí mismo como un animal que rehúye las superficies de los objetos para centrarse en sus disposiciones. En las conversaciones no presto tanta atención a las palabras de los contertulios como a los diversos registros, los temas, las asociaciones de esas palabras con otras palabras o ideas, algo que me convierte en toda situación no precisamente en alguien distanciado, como podía juzgarse a la ligera, sino inmerso a cierta profundidad, en un animal cuya perspectiva le permite obtener cierto tipo de información, mapas y configuraciones de intereses y deseos (por ello no hay nada más desconcertante que coincidir en una reunión con una o varias personas afectadas de la misma disposición perceptiva. La reunión puede convertirse entonces en un intercambio entrecortado y estéril de conciencias hiperalertas, como si un grupo de antropólogos se reuniese con la intención encubierta de estudiarse los unos a los otros para extraer conclusiones acerca de la especie. En esas ocasiones, sólo el alcohol y las drogas pueden poner remedio a la catástrofe, divertir a ese vigilante agazapado en nuestro interior y dejarnos a solas con ese tierno animal que disfruta deslizándose por la superficie de las cosas).

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

LA BRUTALIDAD DE UN RITUAL

 

Bajo todos los complejos códigos de conducta y rituales de seducción (maquillaje, perfume, conversación agradable ante una copa o un café) un hombre y una mujer siguen siendo siempre dos seres sexuados, dos ejemplares de la especie listos para el apareamiento. Bajo las sonrisas y la sofisticación de los gestos se agazapa la brutalidad de un ritual capaz de borrar de un plumazo todas las barreras sociales y el castillo encantado que alrededor del sexo erige la cultura.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

REGISTRO

 

El paraíso o el infierno dependen de mi cuenta bancaria. Puedo comprar mis deseos, luego estoy salvado. Big Data se ha convertido en la Divina Comedia (su registro de los vicios, dependencias y virtudes de nuestros fantasmas digitales) en el momento mismo en el que todo acto humano se reduce a un acto de consumo. La psicología ha pasado de ser una ciencia cavernícola, poco menos que una superstición.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

DEMASIADA GENTE EN SU JUEGO

 

Entrados en la cuarentena, pertenecemos a una generación que se había educado antes del advenimiento de lo políticamente correcto y de los libros de autoayuda. Una generación criada durante un período de bonanza económica que le permitió alargar la adolescencia hasta los cuarenta. La crisis económica nos hizo madurar de golpe. Tener hijos e irse a vivir a una urbanización de lujo rodeada de pinos y fuentes naturales que contemplar montados en bicicleta de montaña fue una manera de demostrarnos a nosotros mismos esa madurez. Querían que nos sintiéramos culpables. Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, decían. Y una mierda. Simplemente los que tenían el dinero se asustaron y de repente querían asegurarse de que sus inversiones volverían a su bolsillo. Habían invitado a su juego a demasiada gente y ahora tocaba decirles que no, que ya no era divertido.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

DEPENDENCIAS

 

Qué son las dependencias sino una manera de aferrarse al deseo, a la sabiduría inconsciente de que la vida no merece la pena sin el deseo: por el sexo, por un cigarrillo, por el alcohol. Por un par de zapatos nuevos. Siempre he creído que la mejor manera de neutralizar las obsesiones no es la abstinencia sino el hartazgo a través del exceso.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

BOCA ABAJO

noviembre 18, 2017 Deja un comentario

 

El relato con el que se abre el nuevo libro de Javier Moreno, ‘Un paseo por la desgracia ajena’, publicado por la editorial Salto de página, es esta maravilla:

 

BOCA ABAJO

—Una vez di una vuelta de campana —pronunció sin desviar la mirada de la carretera.
xxApreció en el tono de sus palabras el desprendimiento de quien ha visto pasar muchos años y siente los acontecimientos de su juventud como si perteneciesen a alguien distante pero que alguna vez estuvo próximo, un familiar al que le perdimos la pista, un viejo amigo.
xxAl otro lado del parabrisas las nubes blancas contrastaban con el fondo azul, artísticamente dispuestas por alguien que hubiese estudiado en profundidad la obra de los maestros flamencos. La naturaleza se complacía en imitar a veces el arte y eso causaba en quien la contemplaba una plácida sensación de reconocimiento y de conformidad con la creación.
xxRetrepándose un poco en su asiento se preguntó por qué su padre se había animado a hacer aquella confesión precisamente en aquel momento, después de tantos años. Hizo un repaso mental del hilo de la reciente conversación por si algo en ella pudiese motivar el desvío, el recuerdo de aquel accidente. Pero no encontró nada, ninguna asociación. Sólo las típicas observaciones acerca del tiempo y del paisaje. Tal vez su padre había materializado una metáfora a partir de algún suceso intrascendente, una ligera pérdida de atención, un giro desmesurado del volante… Pero así era la poesía, indistinguible en ocasiones del puro azar.
xx—¿Y eso cuándo fue?
xx—Cuando era joven. Mucho.
xx—¿Como yo?
xx—No tanto.
xx—¿Ibas con alguien?
xx—Sí. Con un amigo.
xx—Pero no eras tú quien conducía.
xxSu madre había decidido abandonar su mutismo, salir de uno de esos intervalos durante los cuales se remitía a ser testigo de un espectáculo que sucedía en su interior y al que nadie más lograba tener acceso. A veces imaginaba que ese espectáculo tenía algo de terrible a pesar de su presumible banalidad, o precisamente debido a ello.
xx—No, no era yo quien conducía.
xxEl paisaje al otro lado de la ventanilla era un conglomerado de árboles, no lo suficientemente espeso como para catalogarlo como bosque. Tal vez cuando alcanzasen mayor altura, pensó, la vegetación se adensase, o quizás ocurriese todo lo contrario, de acuerdo a una de esas inexplicables leyes de la naturaleza.
xx—No deberías hablar de eso ahora. No cuando vas conduciendo.
xxNo estaba dispuesta a dejar que su madre atajase aquel momento de confidencia paterna, por otro lado tan infrecuente. Fuese cual fuese el motivo, su padre había decidido hablar de aquel accidente. Un pez maravilloso había asomado sus brillantes escamas y no deseaba dejar que se perdiese de nuevo en la profundidad de las aguas.
xx—Qué sucedió.
xx—Habíamos bebido. Llovía y mi amigo conducía demasiado rápido. El coche derrapó.
xx—Deberías centrarte en la conducción.
xx—Olvidarme del paisaje y pegarme a la raya del centro. Quieres decir eso. Ser como una pelota de golf cuyo único objetivo es caer en un oscuro agujero.
xx—Mamá, me gustaría que papá terminase su historia, si no te importa.
xxLo que ocurrió fue que el silencio se impuso en el interior del coche, como una tregua o un alto el fuego que los contendientes respetasen a regañadientes. Regresó la mirada al exterior buscando algo, un pájaro remontando el vuelo, el tronco resquebrajado de un árbol, cualquier cosa que restase monotonía al paisaje.
xx—Puede decirse que durante un par de minutos contemplé el mundo boca abajo. Fueron dos minutos solamente. Los dos minutos más intensos de mi vida.
xxTodavía quedaban un par de horas para llegar al destino previsto, una cabaña en la montaña, la misma desde hacía años. Recordaba el tacto de los nudos de madera de las paredes, el olor  humedad del baño y la vista desde la ventana de su habitación, un manto de fresca hierba que conducía hasta un lago donde se reflejaba invertida una cordillera de montañas nevadas; una imagen que a veces acudía a su cabeza en la facultad, en el metro, aburrida delante de un libro, como una suerte de defensa que su imaginación esgrimía contra la rutina y el estrés cotidiano.
xxLa calefacción evitaba que el frío exterior se colara dentro del coche. Pensó en la última frase que había pronunciado su padre. De algún modo se sentía ofendida. Le habría gustado que su padre reservara esos dos minutos de intensidad para el instante de su nacimiento, o el de su boda, o para algún instante todavía futuro, algo más romántico que estar boca abajo buscando un cinturón de seguridad.
xx—Y conseguisteis salir por vuestro propio pie.
xx—Nunca lo habríamos hecho. Resulta difícil orientarse cuando uno está boca abajo, y más aún después de un golpe.
xx—Te estás acercando mucho al arcén.
xxEra de nuevo su madre la que había interrumpido la charla, empeñada en que el recuerdo no estropease la acuciante realidad. Una familia viajando a cien por hora en una carretera poblada de curvas. la ley de inercia. la gravedad. Se visualizó a sí misma como ese elefante que podía aplastar a su familia en caso de un frenazo repentino. El alquimista Newton y sus zafios divulgadores.
xx—El arcén.
xx—Estábamos a punto de pisar el arcén.
xx—Estar a punto…
xxSu madre había girado la cabeza y lo miraba con una mezcla de interés e irritación. Él, sin embargo, seguía con la mirada concentrada en la carretera. Se le cruzó por la cabeza, fugaz, la imagen de un saltador a punto de lanzarse desde un trampolín.
xx—¿Crees que estábamos a punto de pisar el arcén, Elena?
xxGuardó silencio, sin ánimo para terciar en una discusión que la alejaba del hilo original, para tomar partido por ninguno de los dos contendientes.
xx—Elena no puede ver la línea desde atrás.
xx—Tal vez la rama de un árbol estuvo a punto de rozarla. ¿Confías en tu padre? —preguntó, y vio sus ojos reflejados en el retrovisor. Unos ojos que la requerían, colmados de un irrepetible deseo de constatación de bondad.
xx—Confío en la probabilidad.
xx—¿La probabilidad?
xx—En que la probabilidad de que un hombre acabe dando dos vueltas de campana a lo largo de su vida es prácticamente nula.
xx—Ésa es buena.
xx—Os habéis puesto de acuerdo para amargarme el viaje. ¿Echaste la bufanda roja a la maleta?
xxNo estaba segura de haberlo hecho. Era una ley que uno no recordase lo que había metido en la maleta. Todo viaje implicaba cierta imprevisión. Como si todo desplazamiento entrañase una parte, siquiera infinitesimal, de aventura. Como si el ser humano estuviese abocado a un tanto de intemperie para, a partir de ella, tratar de hallar algo nuevo, otros modos —tal vez mejores— de supervivencia.
xx—No lo recuerdo.
xx—Lo hice yo. La dejabas sobre la cama. Pareces olvidar que el pueblo más cercano está a quince kilómetros de la cabaña.
xx—Déjala tranquila. Es probable que yo también haya olvidado algo. Incluso tú misma.
xxEra su padre quien intervenía a su favor. Su padre, tan estricto en otras ocasiones, estaba dispuesto a disculparla. Intuía un halo de irresponsabilidad alrededor de su figura, la de un niño al que estorban las reglas de los adultos, la de un hombre temporalmente fuera de la ley.
xx—¿Cómo sigue la historia? Si no pudiste desprenderte por ti mismo del cinturón, ¿quién te ayudó?
xx—Basta ya.
xxEra su madre de nuevo la que intervenía.
xx—Una mujer. Una desconocida. Apenas unos minutos después de salir del coche otro vehículo colisionó con el nuestro. Salvamos la vida de milagro.
xxPudo escuchar una leve risa. Una especie de gorgoteo humorístico, como si en lugar de narrar una escena terrible acabase de contar un chiste. Un mal chiste que no hace reír a nadie sino que más bien produce un efecto trágico de soledad e incomprensión.
xx—No estoy dispuesta a seguir escuchándolo.
xx—Ya vale, mamá. La historia se ha acabado.
xx—Te equivocas, no ha hecho más que comenzar.
xxSu padre seguía riendo, con más fuerza. Parecía estar divirtiéndose de verdad. Tal vez fue la risa lo que hizo que perdiese la atención en la carretera. El volantazo hizo que el coche derrapase. Salió despedida hacia el lado contrario. Sintió el impacto de su hombro contra la puerta, la inercia del frenazo arrastrando su cuerpo como un muñeco en manos de un niño furibundo. Entonces vino el dolor, la inquietud por sus padres.
xxVio la cabeza de su madre asomando junto al reposacabezas, una expresión de horror tan perfecta en su rostro que sólo podía corresponder a alguien que no estuviese herido. Supo de inmediato que su madre estaba bien. Al incorporarse pudo ver a su padre fuera del coche, de pie en el arcén, doblado sobre sí mismo. A través de la puerta abierta escuchaba el sonido de las carcajadas. El coche había girado ciento ochenta grados. Los automóviles los rebasaban, circulando en dirección contraria. Pensó en la extraña estampa que ofrecerían a los viajeros. Dos mujeres en el interior y un hombre en el arcén, partiéndose de risa. Abrió la puerta. Una ráfaga de aire limpio y frío golpeó su rostro. Debían de ser pinos aquellos árboles. Se acercó a su padre y depositó una mano en su espalda. Poco a poco sintió cómo la agitación de su pecho decrecía al contacto con la palma de su mano abierta.
xx—Papá.
xxGiró su cabeza y le costó reconocer el rostro de su padre. Sus ojos estaban enrojecidos y sus labios parecían soldados en un rictus de amargura.
xx—Papá.
xxInsistía en llamarlo así, como si aquella elemental palabra pudiera hacerlo regresar a su condición, al hombre que llea conocía, con la vaga esperanza de quien pronuncia un sortilegio.
xx—Era tu madre —dijo.
xx—Quién.
xx—La mujer que me salvó la vida.
xxGiró la cabeza para mirar el asiento donde seguía sentada su madre. Ocultaba su rostro con sus manos. No quería ver lo que ocurría o tal vez lloraba.
xx—A veces ocurre, Elena.
xx—A qué te refieres.
xx—Que todo se pone boca abajo.
xx—¿Boca abajo?
xxUn pájaro salió volando de la rama de un árbol cercano. Les sobresaltó el batir de sus alas, aquella intrusión animal e inesperada. En silencio lo vieron planear por encima de los árboles y desaparecer de nuevo en la espesura.

 

 

 

Moreno, Javier. Un paseo por la desgracia ajena. Madrid; Ed. Salto de página, 2017.

 

ESTA NOCHE; ‘UN PASEO POR LA DESGRACIA AJENA’ EN MURCIA

noviembre 10, 2017 Deja un comentario

 

Esta tarde, a las 20:00 h, estará Javier Moreno presentando su nuevo libro en la Librería Educania de la ciudad de Murcia.
Cualquier libro de Javier Moreno es una fiesta así que, si les interesa, allí nos vemos.

 

OTRO VIERNES DE POESÍA Y MÚSICA

Esta noche estaré en un recital y en un concierto.

Javier Moreno y Rafa Toro.

Nos vemos.

 

Javier Moreno

 

Rafa Toro

 

Categorías:Música, Poesía Etiquetas: ,

MAÑANA: JAVIER MORENO EN MURCIA

Javier moreno mursiya

 

Mañana, dentro del ciclo Mursiya poética, estará leyendo Javier Moreno.

No dejaré de repetirlo: si les gusta la poesía, vayan. Que ¿por qué? Por joyas como estas.

 

TÚNEL DE LAVADO

Más terrible que la de la pagoda
es la soledad
del túnel de lavado
(esa atracción accesible
cada pocos kilómetros)

Mientras deshago las palomitas
(esa otra nada) en el asiento
del piloto, imagino la cera
adhiriendo tu reflejo
listo para el secado

Algo que tiene que ver
de alguna manera
con reparar cierta noción
de objetividad

De nada valen los retrovisores
en medio de este cataclismo

Nadie nos dijo que así es la vida
que la ausencia
es un daño colateral
cobijado en fotografías
y ascensores

Estamos constituidos en un setenta
por ciento de agua, de lluvia
alguna vez
manada del cielo

Las lágrimas, concluyo
son nuestra naturaleza
Lo invisible del iceberg

Todo queda
como nuevo
después del secado

 

 

 

 

TENÍA TANTAS GANAS DE VERTE

La Guindalera
Huertas
El Prado

La ciudad es un mapa de citas
nombrando la ausencia

En ese sentido
la ciudad es otro lenguaje
Como este, busca su secreto
cubierta de señales

Trabajamos para usted
disculpe las molestias

Cada esquina es un trazo
en la curva de la interrogante

Las colas en la ventanilla del metro
el rojo del semáforo
Oportunidades inmejorables
para cavilar la respuesta

MENÚ CONTACTOS … TÚ MARCAR

El teléfono al que llama
está apagado
o fuera de cobertura
Llevo media hora buscándote
Solo veo árboles, ningún bosque
Me pierdo entre tanto significante

 

Categorías:Poesía Etiquetas: ,

MURSIYA POÉTICA 2016

Mursiya Poética 2016

 

Ya está disponible el cartel del Mursiya Poética de este año. Si vives en Murcia y te gusta la poesía (no si dices que te gusta, si te gusta de verdad) es obligatorio asistir a las tres primeras lecturas. De la última no puedo pronunciarme, pero las tres primeras son, lo repito, o-bli-ga-to-rias.

 

PRIMERA LECTURA DEL CICLO DE LECTURAS POÉTICAS EN NdelT

Hoy comienza, el ciclo de lecturas poéticas en NdelT (C/Tabernillas, 15 -La Latina-). Y no hay mejor manera de empezarlo que con Javier Moreno.

Si están por allí, no se lo pierdan.

 

Cartel definitivo Javi

 

CICLO DE LECTURAS POÉTICAS EN NdelT

Mañana, en NdelT (C/Tabernillas, 15 – La Latina) comienza un ciclo de lecturas poéticas en el que tengo el placer de participar.

El ciclo lo abre mañana Javier Moreno.

Ciclo de lecturas en NdelT

 

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