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Posts Tagged ‘javier krahe’

ZOZOBRAS COMPLETAS

Ayer nos levantamos con una de esas noticias que le arruinan el día a cualquiera: nos ha dejado Javier Krahe. Y no tengo palabras para más. Dejo aquí una foto que me hice con él y uno -a mi parecer- de sus mejores temas.

 

Héctor Castilla Javier Krahe

 

NEMBUTAL

Ella se quita la vida a diario,
no sé por qué
no se convoca a un ilustre notario
para dar fe
de que sin duda es la mayor artista
del desvivir,
no la supera ningún trapecista,
ningún fakir.
Basta que un cerdo le pegue algún chasco
sentimental,
y acto seguido ella toma del frasco
de Nembutal.

Como practica el suicidio a destajo
más pertinaz,
por la mañana antes de ir al trabajo, voy a La Paz.
Mientras mojamos tortell con microbios
en el café
le repetimos a coro los novios:
anímate,
que la montaña a Mahoma no vaya
es lo normal,
pero a tu alcance está siempre la playa
y es casi igual.

El primer día que llega a la playa
suele pasar,
que ella persiste en tirar la toalla,
tirarse al mar.
Gracias a Dios siempre va en su socorro
algún delfín,
que nos la salva atizándole un porro,
¡ostras Pedrín!.

Si por azar le ha tocado la china
de un buen hachís
aplazará su entrevista Alfonsina
su vis a vis.
Porque -esa es otra-, es la literatura,
su otra pasión,
y cuanto más sea contra natura
su defunción
un autor tiene mucha más garra,
más interés:
todos tenemos un póster de Larra,
pues ella tres.
Virginia Woolf nos la vuelve tarumba,
y hasta un jersey
le ha tricotado a la cruz de la tumba
de Hemingway.

Pido perdón por hacer un inciso
tan funeral,
retomo el hilo de aquel paraíso
artificial,
que junto al mar le ayudó, sin embargo,
para que no
atravesara por un trago amargo
de H2O

Pero es inútil. Si se recupera,
cuando está bien
un par de días ya se considera
Matusalén.

Y agarra el coche, que aunque es un cascajo
se pone a mil,
y echa en cualquier curva por el atajo,
rompe el pretil.
Un precipicio le va cantidubi
si es eficaz
para ingresarla de nuevo en la UVI.
Vuelta a La Paz.

Y el traumatólogo le dice: Hola,
cómo te va.
Y ella musita desde la escayola:
ni fu ni fa.

Y en un arranque pueril que revela
su torpe afán
se comerá toda la mortadela
que allí les dan
Con la esperanza de alcanzar su norte
con la ilusión
de darle al mundo un penúltimo corte
de digestión.

Y dado que en cada intento de ésos
sufre un revés
van a sacarla en un libro de excesos
que hay en inglés.

Van a decir que es la mayor artista
del desvivir,
no la supera ningún trapecista,
ningún fakir.
Basta que un cerdo le pegue algún chasco
Sentimental
y acto seguido ella toma del frasco
de Nembutal.

Que se convoque a un ilustre notario
para dar fe
de que se quita la vida a diario,
no sé porqué.

Ella se quita la vida a diario,
no sé porqué.

 

 

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EL ÚTLIMO DESEO DE DON ROBERTO

El último deseo de don Roberto

 

 

xxDos pares de pisadas se alternaban rítmicamente sobre el soleado pavimento de la Calle Mayor. El primero era propio de un profesor de Filología o un maestro de esgrima: pausado, elegante, clásico. El segundo contenía pisadas jóvenes y nerviosas, altamente musicales.
xxPaseaban, hasta que las pisadas jóvenes se detuvieron; las clásicas hicieron cortésmente lo propio.
xx–Entonces, me abandonas…
xx–Sí– contestó la dueña de las pisadas nerviosas. –Lo siento–.
xxCuando se rompe un corazón puede sonar de muy diferentes maneras, la más frecuente es el húmedo chasquido de una sandía madura arrojada con fuerza al suelo, es un ruido sorprendente y en cierto modo agridulce. Un corazón también puede gemir como un papel rasgado poco a poco, dolorosamente, o como cristales rotos, como hachazos sobre madera húmeda (preferentemente en octubre), o simplemente no sonar.
xxEl atípico corazón de don Roberto se rompió a su manera, con un cristalino tintineo de diminutos cascabeles.
xx–Pues me acabas de romper el corazón–. Dijo con la seneridad de un viejo caballero. Entonces sucedió algo, se puso pálido y llevó una mano al pecho. Le dolía.
xx–No seas dramático–. Dijo ella –Estas cosas no duelen físicamente y menos a un degenerado como tú–.
xx–¡Ni estas cosas ni leches! ¡¡Creo que me está dando un infarto..!!
xxLa ambulancia gemía como cuando le pisas el rabo a un gato gigante (aunque no recuerdo haber pisado nunca a un gato gigante).
xxElla tomó su mano.
xxYa no tengo edad para estas cosas –pensaba Roberto.
xxA sus sesenta años, su delirante vida sexual era la envidia de todos sus alumnos de la Facultad. Con su pinta de galán caduco había seducido a Eva Montes, una joven profesora de baile, la dueña de las pisadas nerviosas y vivas que había decidido poner fin a su relación con el portador de neoclásicos andares.
xxLa mente de don Roberto se columpió sobre viejas canciones; ignorando los destemplados gritos de la ambulancia, se detuvo su alma en una que recordaba de Javier Krahe que escuchó no hace mucho en un bar del centro. Sonrió levemente y con ojos de moribundo susurró:
xx–Me muero, Eva… ¿Me concederás un último deseo?
xxElla enarcó una ceja. –¿Qué clase de deseo?–.
xx–Siempre quise morir… en fin…
xx–¿Un polvo?– Atajó ella.
xxÉl asintió con fingido pudor.
xx–Eres un sátiro y un viejo verde.
xxRoberto sonrió. –Sabía que aceptarías–.
xxAl llegar al hospital, el conductor abrió la puerta de la ambulancia y dos médicos se acercaron corriendo.
xxRoberto fumaba sentado junto a Eva, que dormía exhausta en la camilla. Uno de los médicos estaba perplejo, el otro sonreía.
xx–¿Otro infarto, don Roberto?
xx–Pues sí, hijo… ¡Qué mala es la vejez!
xxLentamente se levantó de la camilla, palmeó afectuosamente la espalda del médico y se alejó de la ambulancia con las manos en los bolsillos y un leve tintineo de cascabeles al compás de sus viejas pisadas.

 

 

 

Wandossell, Alfredo. Inédito.

 

JAVIER KRAHE

Javier Krahe

 

Es Javier Krahe uno de esos tipos que a los que nos gusta quisiéramos que le gustara a todo el mundo, pero es muy probable que uno de sus encantos sea, precisamente, el de ser un “artista de culto”.

Hay a quien le suena porque estuvo junto a Joaquín Sabina y Alberto Pérez y juntos grabaron un disco esencial en la música de este país. Pero este músico influenciado enormemente por Georges Brassens ha escrito algunas canciones esenciales para la crítica, el cachondeo y el oficio de escribir canciones.

¿Quieren escuchar unas cuántas? Pues aquí tienen:

 

 

DON ANDRÉS OCTOGENARIO

Podemos decir que sin exageración
era algo extraordinario,
la enfermera que cuidaba al bueno de Don
Andrés Octogenario.
El abuelo que enfrentaba con un resquemor,
perspectivas eternas
en lugar de rezar miraba con fervor
sus magníficas piernas.

“Para siempre esta vez,”-dijo- “me
voy a echar en brazos de Morfeo,
ya no te veré más, no me
puedes negar mi último deseo”
Con un hilo de voz, el enfermo expresó,
su voluntad postrera
no diremos cuál fue, sólo que ella accedió,
¡bravo por la enfermera…!

Y fue a desabrocharse ella el quinto botón
de los seis de la bata,
que por la enfermedad, o bien por la emoción,
él estiró la pata…
Pero lo grave estuvo, en que estiró algo más.
Y un algo tan notorio
que los deudos al verlo exclamaron: ¡jamás!,
¡jamás iremos al velorio!.

Ni al entierro tampoco puesto que al ataúd
no habrá quien le eche el cierre,
que fue a morir así, en plena senectud
y Andrés erre que erre.

Nadie fue al funeral,
nadie llevo una flor, nadie fue al cementerio
y hasta escandalizó al mismo enterrador,
que dijo: “Esto no es serio…”

Y al pobre Don Andrés lo enterraron muy mal,
entreabierta la caja
la muerte lo abrazaba de un modo especial,
lo que tampoco es paja…

 

 

 

 

EL TOPO

El topo dijo: ¡qué caray
siempre viviendo bajo tierra
sin darme una vuelta por ahí,
ni que estuviéramos en guerra!
La vida pasa sin color
por este oscuro laberinto,
voy a salir al exterior
a ver si veo algo distinto.

Así, este topo que jamás
vio más allá de sus narices,
que conoció todo lo más
una patata y tres lombrices,
diciendo “chao, hay que vivir”
a su mundillo subterráneo
salió dispuesto a descubrir
de nuevo el mar Mediterráneo.

Acababa de anochecer
cuando emergió de su recinto
y había que reconocer
que aquello no era muy distinto.
Y, sin embargo, al animal
le pareció tan deslumbrante
que le irritaba el lagrimal
la luna en su cuarto menguante.

“Yo nunca he visto ni un farol,
yo siempre he estado en la penumbra,
ahora que veo este gran sol
la vista no se me acostumbra”,
el topo dijo. Y se volvió
corriendo para su topera
de donde nunca más salió.
¡Ay, qué vida tan puñetera!

 

 

 

 

NEMBUTAL

Ella se quita la vida a diario,
no sé por qué
no se convoca a un ilustre notario
para dar fe
de que sin duda es la mayor artista
del desvivir,
no la supera ningún trapecista,
ningún fakir.
Basta que un cerdo le pegue algún chasco
sentimental,
y acto seguido ella toma del frasco
de Nembutal.

Como practica el suicidio a destajo
más pertinaz,
por la mañana antes de ir al trabajo,
voy a La Paz.
Mientras mojamos tortell con microbios
en el café
le repetimos a coro los novios:
anímate,
que la montaña a Mahoma no vaya
es lo normal,
pero a tu alcance está siempre la playa
y es casi igual.

El primer día que llega a la playa
suele pasar,
que ella persiste en tirar la toalla,
tirarse al mar.
Gracias a Dios siempre va en su socorro
algún delfín,
que nos la salva atizándole un porro,
¡ostras Pedrín!

Si por azar le ha tocado la china
de un buen hachís
aplazará su entrevista Alfonsina
su vis a vis.
Porque –esa es otra–, es la literatura,
su otra pasión,
y cuanto más sea contra natura
su defunción
un autor tiene mucha más garra,
más interés:
todos tenemos un póster de Larra,
pues ella tres.
Virginia Woolf nos la vuelve tarumba,
y hasta un jersey
le ha tricotado a la cruz de la tumba
de Hemingway.

Pido perdón por hacer un inciso
tan funeral,
retomo el hilo de aquel paraíso
artificial,
que junto al mar le ayudó, sin embargo,
para que no
atravesara por un trago amargo
de H2O

Pero es inútil. Si se recupera,
cuando está bien
un par de días ya se considera
Matusalén.

Y agarra el coche, que aunque es un cascajo
se pone a mil,
y echa en cualquier curva por el atajo,
rompe el pretil.
Un precipicio le va cantidubi
si es eficaz
para ingresarla de nuevo en la UVI.
Vuelta a La Paz.

Y el traumatólogo le dice: Hola,
cómo te va.
Y ella musita desde la escayola:
ni fu ni fa.

Y en un arranque pueril que revela
su torpe afán
se comerá toda la mortadela
que allí les dan
Con la esperanza de alcanzar su norte
con la ilusión
de darle al mundo un penúltimo corte
de digestión.

Y dado que en cada intento de ésos
sufre un revés
van a sacarla en un libro de excesos
que hay en inglés.

Van a decir que es la mayor artista
del desvivir,
no la supera ningún trapecista,
ningún fakir.
Basta que un cerdo le pegue algún chasco
Sentimental
y acto seguido ella toma del frasco
de Nembutal.

Que se convoque a un ilustre notario
para dar fe
de que se quita la vida a diario,
no sé porqué.
Ella se quita la vida a diario,
no sé porqué.

 

 

 

 

CARNE DE CAÑÓN AL CHILINDRÓN

Se acecha a un individuo de tercera
–carne de trinchera–
se aniquila en pedazos regulares
y se asedia al aceite en la sartén
–muy bien–.

Se embiste la cebolla bien picada
–carne de emboscada–
con ajo y perejil se la somete,
se atacan los tomates ya sin piel
–carne de cuartel–.

Esta es la mejor preparación
de la carne de cañón
al chilindrón.

Y mientras se sojuzga una cazuela
–carne de bandera–
se hostiga diez minutos más o menos
con aceite y tocino de jamón
–copón–.

Se arrojan los pedazos al puchero
–carne de dinero–
y se van invadiendo lentamente
con un diente de ajo o mejor dos
–carne de San Dios–.

Esta es la mejor preparación
de la carne de cañón
al chilindrón.

Se conquista la salsa de tomate,
se pasan a cuchillo los pimientos
y se deja cocer
hasta estar tierno.

–Oiga, póngame Ud. una ración
de esa carne de cañón
al chilindrón–.

–¿Y la carne de misil?–
Se hace igual
añadiendo un kilo más
de perejil.

 

 

 

 

OLÉ, TUS TETAS

Con verte en ropa interior
ya te digo ejem, ejem,
tus tetas son lo mejor
que me ha ocultado un sostén.

“Desde hace tiempo, mi amor,
se dice sujetador”.
“Pero de siempre, mi bien,
yo lo he llamado sostén”.

Yo que iba de seductor
me he convertido en rehén,
tus tetas son lo mejor
que ha visitado mi harén.

“Desde hace tiempo, mi amor,
no se va de seductor”.
“Pero de siempre, mi bien,
cada quien es cada quién”.

Bendigo al Sumo Hacedor
que te hizo requetebién,
tus tetas son lo mejor,
dales algo de vaivén.

“Desde hace tiempo, mi amor,
no existe Sumo Hacedor”.
“Pero de siempre, mi bien,
ante un buen vaivén, Amén”.

Sería su trovador
si las viera al cien por cien,
tus tetas son lo mejor
¡quítate, porfa, el sostén!

“Desde hace tiempo, mi amor,
se dice sujetador”.
“Pero de siempre, mi bien,
yo lo he llamado sostén
y, olé, tus tetas”.

 

 

 

 

GRACIAS, TABACO

Tiene su gracia levantarse de la cama,
un cigarrito, un cafetito, unas galletas
y después otro cigarrito. Y alguien llama
y con su voz insoslayable va y me dice: “Haz las maletas”.

Y es ella, claro, que es un puro disparate
que un día sí y otro también me ata a su carro,
carro de amor y a la vez carro de combate.
Y me preparo a discutir mientras enciendo otro cigarro.

Otro cigarro que aún no es
el de después.
Es anterior,
por eso mismo lo destaco.
Gracias, tabaco.

Cuelgo el teléfono y me quedo pensativo.
Y lo descuelgo y ahora soy yo quien la llama
y comunica, no es posible. Y ya no vivo.
Y qué le pasa a este maldito encendedor que no da llama.

En la cocina hay una caja de cerillas
y, ya no paso. otro café. Mira que es terca,
esta mujer me sacará de mis casillas.
Salgo a la calle a ver si un taxi permisivo a ella me acerca.

Y otro cigarro que aún no es
el de después.
Es anterior,
por eso mismo lo destaco.
Gracias, tabaco.

Y hoy que pensaba, describiendo algún enredo,
ir con mis letras tras la gloria de Cervantes,
héteme aquí, tras la glorieta de Quevedo.
Por culpa de ella mis valores, que se dice, son tan cambiantes.

Me abre la puerta y me habla así –momentos graves–:
“No quiero ser más el reposo del guerrero
sino el afán del desertor, y tú lo sabes”.
Y conversamos y llenamos de colillas el cenicero.

Y otro cigarro que aún no es
el de después.
Es anterior,
por eso mismo lo destaco.
Gracias, tabaco.

Al fin quedamos en silencio y, cara a cara,
desembocamos entre el humo en el deseo.
Y aunque la clara situación no quede clara…
continuará, próxima entrega el mes que viene. Como un tebeo.

Y es el amor a la luz de una palmatoria.
En la pared dos siluetas lentamente
acariciándose se borran la memoria
con ese afán del desertor que me pedía la muy exigente.

Y otro cigarro que ya es
el de después.
Y es aún mejor,
por eso mismo lo destaco.
Gracias, tabaco.

 

 

 

 

EN LA COSTA SUIZA

En un pueblo de allá por la costa suiza,
–ohé, ohé–,
un viejo pescador,
borrachín, tranquilo, sin dar la paliza
a nadie de su alrededor,
pretendía vivir a su manera,
que era:
salir a pescar
y pescar
boquerón, calamar,
o alguna ballenita
–que también las da el mar–
y después regresar
con la frente marchita,
como dice el cantar
que se suele volver.
Y vender el pescado en la lonja,
boquerón, calamar,
una esponja
–que también las da el mar–,
y cobrar
lo que hubiera ganado
al vender el pescado.
Y marcharse a gastar
lo que hubiera cobrado,
en comer
y en comprar
cuanto es menester
poseer.
E invitar a beber
y beber hasta el anochecer.
Y arrojar lo que hubiera sobrado
del dinero cobrado,
arrojárselo al mar,
devolver.
Devolverle el dinero.
Y cada amanecer
empezar desde cero.

Pero muchos vecinos denunciáronle al pobre
–ohé, ohé–
por contaminar.
Que sus pocas monedas, sus “vertidos de
cobre”,
ponían perdidito el mar.
Y no pudo vivir a su manera,
que era:
salir a pescar
y pescar
boquerón, calamar,
o alguna ballenita
–que también las da el mar–.
Y después regresar
con la frente marchita,
como dice el cantar
que se debe volver.
Y vender el pescado en la lonja,
boquerón, calamar,
una esponja
–que también las da el mar–.
Y cobrar
lo que hubiera ganado
al vender el pescado.
Y marcharse a gastar
lo que hubiera cobrado,
en comer
y en comprar
cuanto es menester
poseer.
E invitar a beber
y beber hasta el anochecer.
Y arrojar lo que hubiera sobrado
del dinero cobrado,
arrojárselo al mar,
devolver.
Devolverle el dinero.
Y cada amanecer
empezar desde cero.

 

 

 

 

ANTÍPODAS

En las antípodas todo es idéntico,
tienen teléfonos, tienen semáforos
con automóviles con sancristóbales,
muchos estómagos están a régimen.
Tienen políticos más bien estúpidos
pero son súbditos muy pusilánimes.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

La problemática es económica
y en lo teórico no son unánimes,
lo hay escépticos, los hay fanáticos,
pero en la práctica no ves apóstatas
sino en los márgenes o con prismáticos.
Y unos son míseros, otros son prósperos,
en las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Hay mundo artístico con gente excéntrica,
mundo científico con catedráticos
y cuerpo médico y casos clínicos.
La gente rústica puebla las fábricas
y los hipódromos los aristócratas.
Ciertos filósofos sienten escrúpulos.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Algunos fármacos son ilegítimos
pero hay gran tráfico, lo cual es lógico
porque los réditos son astronómicos
y hay muchas víctimas, hay muchas cárceles.
Voces hipócritas piden, coléricas
medidas drásticas, sillas eléctricas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Los eclesiásticos desde sus púlpitos
causan catástrofes, y los omnímodos
poderes fácticos hazañas bélicas
y actos vandálicos los energúmenos,
y los pacíficos, actos inútiles.
Entre los lúcidos cunde el desánimo.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Se dan fenómenos de rara índole:
idéntico a lo autóctono,
madres estériles con partos múltiples,
idéntico a lo autóctono,
problemas étnicos con los indígenas,
idéntico a lo autóctono,
falsas polémicas con los satélites,
idéntico a lo autóctono,
grandes espíritus viven recónditos,
idéntico a lo autóctono,
y hay lodos tóxicos abundantísimos…

En otros términos que están incómodos.
Pero es fantástico, martes y miércoles,
jueves y sábados, lunes y vísperas,
dan espectáculo con el esférico,
y allí, al unísono, arman escándalo
y es como un bálsamo para sus ánimas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

 

 

 

 

COMO ULISES

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.

Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desespera
y muere. Fueron diez años.

Y me volví para casa,
pues de Ítaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga?
Si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?

Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre esta desecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío y es eterno.

Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Ítaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.

Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.

Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausicaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.

Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Ítaca me está esperando.
Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.

Ítaca al fin, veinte años,
Ítaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.

Ahora soy un ex marido
u en ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor,
que se agotó su paciencia,
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios,
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.

Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi odisea
en otras tristes canciones.
Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

 

 

 

 

EROS Y CIVILIZACIÓN

Aunque he sentido al verte
un cataclismo,
ya no puedo quererte,
nada es lo mismo.
Desde que te casaste
me pongo ungüento,
bueno para el desgaste
de mi tormento.
Los dos sabemos bien,
muy bien los dos,
que ya no viene a cuento,
así que adiós.

Dices que malcasada,
que malherida,
eso no cambia nada,
fruta prohibida,
y no sigas charlando
que igual me enredas,
no digo yo que cuando quieras
no puedas.
Aún tienes gran poder
a día de hoy,
pero no puede ser
y ya me voy.

Que igual vas y sonríes
y tengo prisa,
y puede que me líes
con tu sonrisa,
igual vas y me tocas
a tu manera,
sabiendo que provocas
en mí flojera.
Flojera y un temblor
bajo la piel,
se buena mi ex amor,
no seas cruel.

Que igual vas y me besas
como tú sabes,
con lengua y con promesas
la mar de graves,
o igual vas y me abrazas
con tanto brío
que no te desenlazas
cariño mío,
y ya no pienso más
ergo non sum,
y al suelo vamos, zas,
y catapún.

Aquí sobre la acera
rindo homenaje
al sol por Antequera
y en plan salvaje.
Igual vas y me follas
como prefiero
y me sacas ampollas
y algún “te quiero”.
Y sale uno del bar
con su elixir,
que tiene que soltar
para aplaudir.

Y le siguen los pasos
los de otros bares.
Se rompen muchos vasos,
cientos, millares.
Se llena de cristales
toda la calle,
se cortan los chavales,
se inunda el valle,
se inunda la nación,
el porvenir,
la civilización,
el buen vivir.

Y los americanos
mandan aviones,
contra los mejicanos,
tiene cojones,
porque creen que España
está ahí abajo.
Y luego les extraña
su mal trabajo.
Sería el caos y la
guerra mundial
y a mí eso no me va,
o me va mal.

Deja esa mano quieta,
chica sonriente,
¿no ves que está el planeta
de ti pendiente?
No me acerques la boca,
no te me abraces,
quita, insensata, loca,
¿qué es lo que haces?
el fin del mundo ya,
ya está al caer
y lo mismo nos da
y es un placer.

Se llena de cristales
toda la calle,
se cortan los chavales,
se inunda el valle,
se inunda la nación,
el porvenir,
la civilización,
el buen vivir,
y los americanos
mandan aviones,
contra los andorranos,
con dos cojones.

Y lo mismo nos da,
es un placer.
El fin del mundo ya,
el fin del mundo ya,
el fin del mundo ya,
y lo mismo nos da,
¡caray, mujer!

 

 

 

 

CONÓCETE A TI MISMO

Conócete a ti mismo,
¿pero en qué circunstancia:
al borde del abismo,
de turismo en Francia,
en una cita a ciegas,
una cata de vinos?
Anda que no hay bodegas,
anda que no hay caminos.

En una notaría,
montándome en la noria,
en medio de otra orgía,
en Gandía, en Coria,
musicando las penas,
observando a los grajos…
muchas son las escenas,
muchos los altibajos.

Imputado en querellas,
jugando con los niños
pervirtiendo doncellas,
haciéndoles cariños,
disolviendo conventos,
de bromas o de veras…
tantos momentos,
tantas esperas.

Sintiéndome un gigante
o creyéndome un gnomo,
un día apabullante
o bastante plomo,
tiritando de frío
o muy acalorado…
ya llegará el estío,
ya pasará el enfado.

De juerga hasta el empacho,
de luto sin consuelo,
de vuelta en el despacho,
como macho en celo,
junto al río sagrado,
junto al mar de El Pireo…
eso me han enseñado,
eso no me lo creo.
Desertando del fuerte,
soltándome una arenga,
imprecando a la muerte,
deseando que venga,
una noche de luna
anhelante de besos…
canta la tuna,
cantan los presos.

Si a tal conocimiento
llegara, aunque es dudoso,
lo mismo lo lamento,
me presiento soso,
un mucho como todos,
tal vez algo más flaco,
con polvos y con lodos,
con whisky y con tabaco.

Un hombre que camina
perplejo hacia el ocaso,
un necio en su colina
que imagina acaso
que igual voy y me apiado
y me invito a una copa…
igual me doy de lado,
igual prefiero sopa.

Abandono la busca,
me reconozco al tacto
con mi sonrisa etrusca,
mi propensión al pacto,
sorteando las ortigas,
burlando los castigos.
Con mis amigas
y mis amigos.

 

100 ENTRADAS

Sí, 100 entradas ya en el blog y pensaba de qué hablar cuando he decidido comentar algo que hasta ahora no había siquiera mencionado.

El pasado 22 de septiembre se celebraba el recital de despedida de una cafetería-librería que ha sido mítica en la historia cultural y social de la ciudad de Murcia.

 

 

Aquel recital en el que participamos, entre otros, José Daniel Espejo, Beatriz Miralles, Eugenio Sánchez Salinas, Isabelle García Molina, Joaquín Piqueras, José Antonio Martínez Muñoz, Vicente Cervera, Antonio Aguilar y un servidor, era un homenaje a la historia de esa cafetería-librería del centro de Murcia, una cafetería con nombre mítico: Itaca. Y aquel recital era un homenaje a su historia porque desde el 29 de septiembre no abre sus puertas; la política del equipo de gobierno que sufrimos, las leyes que han menoscabado la evolución de la hostelería en este país y una gestión que ha ido empeorando gravemente durante los últimos años, han hecho que acabara por cerrar definitivamente.

Itaca fue durante años un lugar en el que ocurrían cosas: uno podía encontrarse con un cuentacuentos en plena actuación, o con poemarios colgando del techo que formaban parte de un concurso (denominado, lógicamente, ‘Poetas colgados’), o tenía que correr los primeros días de mes para no quedarse sin su ejemplar gratuito de una revista de poesía que removió esta ciudad durante casi tres años. En Itaca algunos hemos estado con poetas como Carlos Vitale, Cristina Morano, Concha García, Rosa Lentini, León Molina, Ramon Dachs, Javier Moreno, Óscar Aguado o Siracusa Bravo Guerrero. Pero es que también hemos estado con músicos de la talla de Javier Krahe, Pedro Herrero, Quique González, Carlos Chaouen, Antonio de Pinto, Joaquín Calderón, Adolfo Langa, Menso, Rebeca Jiménez, Vicky Gastelo, Alejandro Martínez, Rafa Pons, Proyecto JASS, El niño de la hipoteca, El Kanka, Izal, Javier Álvarez, Aarön Sáez, Zahara, Fede Comín, Alberto Alcalá, Patricia Lázaro, Paco Cifuentes, Funambulista, Andrés Suárez, Chiqui Calderón, Moncho Otero, Fabián, Luis Quintana, Muerdo, Rafa Toro, Jesús Garriga, María Rozalén, Elena Bugedo…

 

 

 

 

 

Ahora sólo queda un espacio vacío incapaz de albergar lo que tuvo hace años.

 

 

 

ALBERT PLA (II)

Después de haber dejado canciones de sus tres primeros discos, me apetece dejar hoy canciones de dos de los discos fundamentales de Albert Pla.

Tras haber sacado ‘No sólo de rumba vive el hombre‘, Pla tiene que joderse porque en este país aún existe la censura (éstas cosas pasan en este país tan demócrata) y no le permiten sacar su siguiente disco –pueden preguntarle sobre el asunto a José María Cámara–, pero quiere el destino que el gran Javier Krahe le haga llegar a Albert Pla un libro de poemas de José María Fonollosa, lo que lleva a Pla a grabar ‘Albert Pla supone Fonollosa‘. Con ese disco fuimos muchos los que descubrimos a José María Fonollosa. Con temas como ‘Pobre muchacha‘, ‘Devoro‘, ‘Mujer mala‘, ‘Sufre como yo‘, ‘Maldita ciudad‘, ‘Como una nube‘ o ‘No‘, las colaboraciones de Eugenio y Roberto Iniesta, y las ilustraciones de Ramone el disco debería estar en cualquier discoteca que se precie de llamarse así. De ese disco dejo hoy el tema ‘No quise hacerle daño‘, basada en el poema ‘West 13th Street‘ (perteneciente al libro ‘Ciudad del hombre: New York‘).

 

Por cierto, el poema es éste:

WEST 13TH STREET

Esperé aquel momento muchos días.

Fue fácil deslizarme hasta su cuarto.
Su ventana cedió con un gruñido.
Mis pies no despertaron las alfombras.

Fue fácil deslizarme hasta su cama
y verla respirar. Hasta las sábanas
sentían el calor aquella noche.

No perjudica a nadie el acostarse.
Un poquito de amor no daña a nadie.
No le costaba nada haber cedido;
dejarse acariciar unos minutos.

No quise hacerle daño. Se lo dije
tapándole la boca con la mano.
Le dije que sólo iba a acariciarle.

No tenía por qué asustarse tanto.
Tuve que ahogar el grito de sus ojos.
Apreté demasiado. Lo lamento.

Estuvo bien, no obstante, aun tan inmóvil.

 

 

Y la versión que hace Albert Pla (que pueden ver/escuchar aquí) es ésta:

NO QUISE HACERLE DAÑO

Y esperé aquel momento tantos días
y me fue fácil deslizarme hasta su cuarto
su ventana cedió con un gruñido
mis pies no despertaron las alfombras

me fue fácil deslizarme hasta su cama
y verla respirar
si hasta las sábanas sentían el calor aquella noche

no perjudica a nadie el acostarse
un poquito de amor no daña a nadie
nada le costaba haber cedido
dejarse acariciar unos minutos

no quise hacerle daño, no
así se lo dije
tapándole la boca suavemente

no quiero hacerte daño, no
le dije que sólo iba a acariciarle

no tenía por qué asustarse tanto, tanto, no
tuve que acallar el grito de sus ojos
y apreté demasiado, lo lamento

y estuvo bien, pero estaba tan, tan fría
y estuvo bien, pero estaba tan ausente
y estuvo bien, pero estaba tan inmóvil
y estuvo bien, pero estaba tan inmóvil

 

 

 

 

Dos años más tarde, Albert Pla pudo ver en la calle su ‘Veintegenarios en Alburquerque‘ con el tema que años antes habían intentado censurarle, un tema que no es más que una canción de amor (pueden escucharla aquí).

LA DEJO O NO LA DEJO

tu novia es un encanto y tú estás tan enamorado
por eso le perdonas sus deslices sus engaños
pero tu cariño no es tan ciego
ves muy claro su secreto
ella tiene otra vida más siniestra y clandestina
tu novia es una terrorista
ejecuta y ajusticia y atenta contra el sistema
tiene ese cruel defecto pero en fin nadie es perfecto
lo prefiero lo consiento antes que su pasatiempo
sea coleccionar sellos
sea ponerme los cuernos
porque un romance muerto es un romance menos

una comisaría ha sufrido un atentado
tres jóvenes policías murieron acribillados
claro que es más comercial el coche bomba a un coronel
cuatro quilos de explosivos
le mandan directo al cielo
qué matanza qué sangría
debería denunciarla pero igual la culpa es mía
quizás necesite ayuda mi comprensión mi cariño
quizás si le hubiera dado más amor se habría olvidado
de cargarse policías sin manías sin prejuicios
un policía muerto un policía menos

según fuentes del gobierno esta tarde una explosión
ha mandao a tomar por culo los retretes del congreso
se atribuye el atentado a un sector nacionalista
que se caga en el sistema y reivindica con violencia
libertad independencia
tú sabes que eso es mentira
que la culpa es de tu novia
se ha cargao tres diputaos la democracia agoniza
qué problema de conciencia a quién piensas serle infiel
a tu novia o a tu patria tú decides mientras tanto
un político muerto un político menos

le han pegao cuatro tiros por la calle a un militar
a sangre fría a bocajarro paseaba con su hijito
pudiste haber evitado este cruel asesinato
el destino de ese niño huérfano estaba en tus manos
no te estremece su llanto
jesusito de mi vida que eres niño como yo
di por qué han matao a mi papá toy solito
qué haré yo
cómo perdonarle esto ha ido demasiado lejos
necesito tu consejo
qué hago la dejo o no la dejo
un militar muerto un militar menos

no claro
es que quizás busque en otra parte
lo que nunca supe darle
ilusiones y alicientes para poder realizarse
mi silencio está cantando apología al terrorismo
me siento responsable y cómplice de su barbarie
por celoso y por cobarde
pero me horroriza estar sin ella
no sabría hacerme a la idea
que le ocurra una desgracia o caiga en acto de servicio
el día menos pensado me despierto y estoy viudo
y sin ella estoy perdido ya nada tiene sentido
porque una novia muerta es una novia menos

 

HOMENAJE A JAVIER KRAHE

 

Pues claro que sé cómo están las cosas, pero es que creo que tampoco hay que olvidar que se ha intentado juzgar a alguien en este país por grabar un cortometraje.

El caso es que el Juzgado de lo Penal número 8 de Madrid, en la persona del juez Jacobo Gil, ha absuelto a Javier Krahe del ataque frontal que lanzó contra él el Centro de Estudios (?) Jurídicos Tomás Moro. El juez ha afirmado en su sentencia que “se considera que su conducta constituyó el legítimo ejercicio y difusión de una expresión artística que, con un componente burlesco, hizo una crítica del fenómeno religioso en nuestra sociedad.“, a la vez que añade que “la creación artística, y el Sr. Krahe es un creador reconocido, tiene en ocasiones una dosis de provocación (…) La religión, especialmente por cuanto se refiere a la mayoritaria en españa, la Iglesia como institución, han estado asociadas en la historia al poder y han sido por tanto también objeto de crítica legítima“.

Ah, si aún no lo han visto, el video es éste:

 

Me gustaría recordar que el artículo con el que se quería dar un castigo ejemplar a Javier Krahe es el artículo 525 del Código Penal, un artículo que en su segundo punto dice: “En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.” ¿Se animan?

Así que hoy cantaremos con Javier Krahe uno de sus temas, el que lleva por título ‘Los caminos del Señor’:

 

LOS CAMINOS DEL SEÑOR

La otra tarde en una iglesia,
que era fiesta de guardar,
me dio un ataque de amnesia,
no podía recordar
a quién coño fui a rezar.
Yo que siento por Jesús,
yo que siento por Jesús repelús.

Imaginad mi problema,
cualquier otro sin mi fe
con seguridad blasfema
o se va a tomar café.
Pero yo no flaqueé.
No podía estar allí,
No podía estar allí porque sí.

“He perdido la memoria”,
le expliqué a un santo varón,
“eche una jaculatoria
o una salve a mi intención,
tengo un lío del copón.
No comprendo, ay de mí,
no comprendo, ay de mí, qué hago aquí.”

“Calma”, me dijo el beato,
“por mi honor de sacristán,
rezaré a San Cucufato
y tus recuerdos volverán
o sus huevos sufrirán”.
Y le ató al pobre un cordel,
y le ató al pobre un cordel. ¡Qué cruel!

Recuperé por entero,
gracias a su intercesión,
la memoria y un mechero
que no entraba en la oración.
¡Eso sí que es devoción!
Le quedaba, además,
le quedaba, además, mucho gas.

Le di lumbre a un monaguillo
y una hostia al sacristán,
y les vacié el cepillo
a San Cosme y San Damián,
recordando que mi plan
era entrar a aquel lugar,
uera entrar a aquel lugar a robar.

Tú, que nunca vas al templo,
tú, que estás en el error,
toma de mi historia ejemplo,
rectifica, pecador
y recorre sin temor
los caminos del Señor,
los caminos del Señor ¡Sí señor!

 

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