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LOS PAÍSES NOCTURNOS

Carlos Marzal

 

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Todo lo que ha empezado ya no importa,
lo que estrené dejó de interesarme,
regalos abiertos de nuestras ilusiones,
inocencia perdida a quién le importa cuándo.
El principio es el fin, y cualquier medio
para empezar de nuevo nos es lícito.
Las palabras se agotan al pensarlas,
los libros se terminan en sus títulos,
qué cansancio insistir, nos han anticipado
cuál será el desenlace de la trama.
No hay posible sorpresa, y lo que nos aguarda
son unos aburridos minutos de basura.

 

 

 

 

SANGRE JOVEN

Quiero tu sangre joven, que es querer
todo lo que la vida aún no ha podido hacerte.
De lo que me alimento
es de esa inútil sangre esperanzada,
de cuanto sé que ignoras hasta hoy,
y que más nos valdría que no supieses nunca.
De esa manera, por obra de tu sangre,
creo en lo que no creo, y olvido lo que sé
que te ha de suceder. Quiero esa risa
que aún no ha tenido tiempo de hacerse más prudente,
de pensarse dos veces si reír
es celebrar el mundo o lamentar su estado.
Envidio el que no hayas vendido
ninguna alma al diablo, y que bailes con él
a la luz de la luna, a veces, sin conciencia.
Juego contigo, porque no sabes reglas,
ni tan siquiera las de tu propio juego,
y mientras las aprendes
soy el que ya no soy desde ya no sé cuándo.
Quiero la impunidad con que te entregas
a la tarea de vivir la vida,
sin paz, sin horizonte, sin infierno,
que son el argumento de las vidas ajenas.
Viéndote hacerlo, se diría
que desconozco todo lo que conozco.

Así es tu sangre.
xxxxxxxxxxxxxxxYa sabes lo que busco.
Qué tristeza que el tiempo, o yo, o tú misma
tengamos que matar, en ti, toda tu sangre.

 

 

 

 

EL ANIMAL DORMIDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis García Montero

Has llegado en la noche,
como otras tantas noches,
hasta la casa apuntalada en sombras.
La puerta ha clausurado el alba amenazante,
y, tú mismo una sombra, te desvistes
con las voces aún y el sabor de esa noche
hurgando en la memoria.

La habitación todavía es más ciega,
y la invade, corpórea,
la familiar tibieza de una niebla invisible.
Has tumbado tu noche, tu cansancio y tu cuerpo,
junto al cansado cuerpo de su noche.
Quién sabe qué fantasmas la estarán visitando,
con quién departirá
en la hora puntual de los demonios,
por qué tierras salvajes de los sueños
andará extraviada y sin echarte en falta.
Toda la suma de casualidades,
de planes no cumplidos,
de rutas postergadas, de incertezas,
y que llevan por fin hasta esta noche,
resulta un laberinto incomprensible.

Mientras rumias un violento deseo,
ella duerme a tu lado,
flota sobre las aguas del lago de la noche,
ajena a tus preguntas sin respuesta,
y su respiración, en esas aguas,
es el fiel testimonio de que hay vida,
de que aún no te has ahogado.

Qué está ella haciendo aquí,
qué estoy haciendo.
El lago no responde desde sus aguas frías.
No creo que mañana obtenga la respuesta.
Mientras tanto,
ya me he acercado al animal dormido,
su orilla me ha abrazado,
y sin más tiempo para pedir ayuda
nos hemos ido al fondo de la noche.

 

 

 

 

LA LLUVIA EN REGENT’S PARK

Debe de estar lloviendo en Regent’s Park.
Y una suave neblina hará que se extravíe
la hierba en el perfil del horizonte,
los robles a lo lejos, las flores, los arriates.
Pausada, compasiva, descenderá la lluvia
hoy sobre el corazón de la ciudad,
su angustia, su estruendo,
sobre el mínimo infierno inabarcable
de cada pobre diablo.
Igual que aquella tarde en la que fui feliz,
igual que aquella luvia
que me purificó, caritativa.

En las horas peores,
cuando el desierto avanza,
y no hay robles, ni hay hierba, cuando pienso
que no saldré jamás del laberinto,
y siento el alma sucia,
y el cuerpo, que se arrastra,
cobarde, entre la biografía,
la lluvia, en el recuerdo, me limpia, me acaricia,
me vuelve a hacer aún digno,
aún merecedor
de algún día de gloria de la vida.
La amable, la misericordiosa,
la dulce lluvia inglesa.

 

 

 

 

LA MAGIA DE LOS DÍAS

La magia de los días no se encuentra
oculta en la excepción de nuestros días mágicos.
La magia no reside en las ciudades
que, mágicas, preserva la memoria,
porque en ellas vivió nuestro fantasma
y, en aquel tiempo ardido, ardió feliz.
No has de buscar la magia de tus días
en la noche feroz y su embeleso,
en citas victoriosas,
en batallas de cama hasta crucificarte.
La magia, en la aventura, es transparente,
y no hay que ser un mago para verla.
Las mañanas radiantes, los caballos,
los barcos que se pierden en la bruma
son mágicos por sí.

A través de los días, es casi imperceptible
la magia de los días. Vive en lo rutinario,
monótona y sin voz entre lo oscuro.
Lo mágico consiste en proseguir
con la respiración, aliento por aliento,
en la perseverancia que nos mantiene en pie,
en la conciencia absurda que nos muestra
como una inútil pieza prescindible
del engranaje absurdo de este mundo.

Es mágico el afecto renovado
que algunos nos profesan, y permite
distraer por instantes
el curso, enfurecido, de la vida.

Recuérdalo a menudo
-y recordar es mágico-:
recuerda que tus días
se esfumarán al fin entre tus dedos,
como por arte de una magia negra.

 

 

 

 

OMNIA SECUNDUM LITEM FIUNT

Contra nosotros mismos, y contra la idea
que de nuestro demonio hemos formado,
para que de él se sirvan los demás,
para que nos sirvamos. Contra la vieja sangre
que quiere destruirte. A contratiempo,
contra el tiempo, que ya se ha terminado
aun antes de empezar. Y contra las inútiles
lecciones del dolor. Contra el azar ya escrito,
inapelable. Y contra la ciudad de las ciudades,
que es la ciudad del alma. Contra lo que ahora olvido,
contra lo que podría recordar y contra
el fracasado propósito de esta enumeración,
que es encerrar el mundo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo es contienda,
todo nos duele y ya nos abandona,
y todo permanece y es lo mismo.

Salvar la piel un día es un milagro.

 

 

 

 

LA FIEBRE

Fue demasiado tarde desde siempre.
La bala de tu muerte está en camino.
No te ilumina el sol que te ilumina.
Ya has vuelto de los viajes no emprendidos.
Principio y fin están igual de lejos.
El orden y el desorden son lo mismo.
Debajo de la tierra sientes vértigo.
Esta calle te lleva a ningún sitio.
De lo que nunca has hecho tienen pruebas.
La fiebre es un certero sinsentido.

Anochece. Es de día. Y todo esto
otros, mucho mejor, ya lo han escrito.

 

 

 

 

CAUTELA

Tu infierno aún tiene un escalón no descendido.
Hay muertes que no has muerto todavía.
Por poco que imagines, si imaginas,
sabes que no has llegado tarde al infortunio.
Las fuentes del dolor no se han secado.
En el ojo del miedo aún hay más miedo.
Ni los tuyos ni tú estáis a salvo ahora
de todo lo que fuera está aguardando.
Aún puede hacer más frío. Aún hay más noche
dentro de la noche, y el desierto
se renueva detrás de aquel desierto.

 

 

 

 

EL SUR IRREPARABLE

Todos los sures adonde no has viajado
ya no serán el Sur, aunque los veas,
porque no has sido nunca,
a este lado de ti y en este espejo,
esos otros viajeros de ti mismo.
Y el Sur al que viajaste no es el Sur
adonde tú has viajado: se quemó
con lo que pudo ser y lo que ha sido.

Una idéntica hoguera de fuego irreparable
consume el desconcierto: hay mil caminos
por cada uno de los que emprendiste; hay mil noches
por cada noche memorable tuya; hay mil palabras
por las que tú has callado y las que has dicho;
hay mil rostros perdidos
por cada rostro que recuerdes hoy,
y ya no existe arreglo para nada,
ya nadie puede desandar los rostros,
o desdecir las noches,
o desencaminar cualquier palabra.

A este lado de ti y en este espejo
todo lo que sucede es para siempre,
todo lo que sucede es en el Sur.

 

 

 

 

DESPUÉS DE LAS NOTICIAS DE SU MUERTE
XXXXXXXXXX(J.G. de B.)

xxxxxxxxxxxxxx¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxL.C.

Qué curiosa, cuando muere un poeta -es decir,
cuando termina el tiempo del hombre que trazó
los versos de un poema que no muere en el tiempo-,
qué curiosa y qué estúpida
la forma en que la tribu lo despide.

Toda la estupidez habitual y la curiosidad
aumentan en su caso. Pues a quien los demonios
quieren perder, hoy día, no le otorgan desdicha,
ni amor insatisfecho, ni amor correspondido que se apague,
sino que lo convierten en carne de periódico.
Lo peor de la muerte no es nuestra muerte misma,
sino que nuestra muerte sea noticia
a juicio de unos cuantos. Quienes todo lo ignoran,
pero de todo escriben,
remueven las cenizas de no importa qué muerto,
en nombre de un deber para con sus lectores,
que nadie solicita. Esos que nunca leen, esos mismos
que piensan que un poema es la efusión de un tipo
que contrajo fiebres del sentimiento siendo joven,
en ciertas ocasiones -con cadáver por medio, si es posible-,
se descubren como incondicionales de la Literatura,
que escriben con mayúscula.

Toda la estupidez, repito, se acrecienta en su caso.
Por si no fuera poco el castigo diario
del diario papel de los periódicos, algún antiguo amigo,
antiguo compañero de aquel antiguo viaje,
aprovechó el momento para corroborar lo ya sabido:
que sólo los cobardes atacan a los muertos,
y que la estupidez es para algunos
el único caudal que atesoran los años.

Después de las noticias de su muerte,
su muerte era noticia -parecía-, a pesar de su obra,
y no gracias a ella. Al fin y al cabo, sólo su enfermedad,
o su reputación de bebedor, o lo que fornicaba,
interesaron a la gran mayoría a quien nada interesa.

De esta crónica extensa se desprende
-querría desprenderse- un deseo futuro,
que quizá algunos cuantos sí compartan,
aunque no todos tienen derecho a compartirlo.
No ayuda a bien morir, sino a no ser estúpido
en la muerte de otros.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando muera un poeta
-es decir, cuando termine el tiempo
de quien trazó unos versos que al tiempo sobreviven-,
quienes lo conocieron,
pero no lo apreciaban, que callen y demuestren
el respeto que a los muertos se debe;
que sus viejos lectores agradezcan
la eternidad privada de su propia memoria;
y que el resto, es decir, casi todos,
nos hagan el favor de estar callados,
pues, si algo necesitan los poetas
-y los poetas muertos siguen siéndolo-,
es que se callen en las ocasiones
los que siempre callados estuvieron.

Y para terminar, que quien dio pie a estas líneas
pueda gozar en muerte lo que la muerte debe
tener de recompensa:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno escuchar a los vivos,
incluida esta crónica.

 

 

 

Marzal, Carlos. Los países nocturnos. Barcelona; Ed. Tusquets, 1996.

 

JAIME GIL DE BIEDMA

Jaime Gil de Biedma

 

Gil de Biedma es uno de esos autores que me está pidiendo el cuerpo. Necesito sumergirme en sus poemas en busca de algo que ahora mismo no sé nombrar y que no sé si será práctico, pero sé que lo necesito.

Siempre recuerdo –de hecho, lo he utilizado en casi todos los talleres que he impartido– el final del Prefacio de ‘Compañeros de viaje’: “Un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos –atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual– de unos cuantos entre ellos“. Y siempre lo recuerdo porque toda la poesía que me gusta es así.

Y aquí tienen algunos de sus poemas.

 

INFANCIA Y CONFESIONES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Goytisolo

Cuando yo era más joven
(bueno, en realidad, será mejor decir
muy joven)
xxxxxxxxxxxalgunos años antes
de conoceros y
recién llegado a la ciudad,
a menudo pensaba en la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMi familia
era bastante rica y yo estudiante.

Mi infancia eran recuerdos de una casa
con escuela y despensa y llave en el ropero,
de cuando las familias
acomodadas,
xxxxxxxxxxxxcomo su nombre indica,
veraneaban infinitamente
en Villa Estefanía o en La Torre
del Mirador
xxxxxxxxxxxxy más allá continuaba el mundo
con senderos de grava y cenadores
rústicos, decorado de hortensias pomposas,
todo ligeramente egoísta y caduco.

Yo nací (perdonadme)
en la edad de la pérgola y el tenis.

La vida, sin embargo, tenía extraños límites
y lo que es más extraño: una cierta tendencia
retráctil.
xxxxxxxxSe contaban historias penosas,
inexplicables sucedidos
dónde no se sabía, caras tristes,
sótanos fríos como templos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlgo sordo
perduraba a lo lejos
y era posible, lo decían en casa,
quedarse ciego de un escalofrío.

De mi pequeño reino afortunado
me quedó esta costumbre de calor
y una imposible propensión al mito.

 

 

 

LAS GRANDES ESPERANZAS

xxxxxxxxxxxxxxLe mort saisit le vif

Las grandes esperanzas están todas
puestas sobre vosotros,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxasí dicen
los señores solemnes, y también:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTomad.
Aquí la escuela y la despensa, sois mayores,
libres de disponer
xxxxxxxxxxxxxxxxxsin imprudentes
romanticismos, por supuesto.
La verdad, que debierais estar agradecidos.
Pero ya veis, nos bastan las grandes esperanzas
y todas están puestas en vosotros.

Cada mañana vengo,
cada mañana vengo para ver
lo que ayer no existía
cómo en el Nombre del Padre se ha dispuesto,
y cómo cada fecha libre fue entregada,
dada en aval, suscrita por
los padres nuestros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxde cada día.

Cada mañana vengo para ver
que todo está servido (me saludan,
al entrar, levantando un momento los ojos)
Y cada mañana me pregunto,
cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros, y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.

O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce a estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente –ni siquiera
las grandes esperanzas que están puestas
todas sobre nosotros, todas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy así pesan.

 

 

 

POR LO VISTO

Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, estos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.

 

 

 

APOLOGÍA Y PETICIÓN

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

 

 

 

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

 

 

Gil de Biedma, Jaime. Las personas del verbo. Barcelona. Ed. Lumen, 1998

 

DE QUÉ ÁRBOL

Otro de los libros que he sacado últimamente de la biblioteca es el segundo libro que publicó Aurora Saura, editado en 1991 por el Secretariado de publicaciones de la universidad de Murcia bajo el título ‘De qué arbol’. El título del libro nace de unos impresionantes versos de Matsuo Basho que dicen: “De qué árbol / no sé / pero qué perfume”.

Y aquí les dejo algunos de los poemas del libro.

 

De qué árbol

 

ANTÍTESIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Manuel

Fotografía en el periódico
y florecer de invierno:
¡Ah, si pudieran de la barbarie
rescatarnos las rosas!

 

 

 

 

ALTEA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Esto es la nostalgia…”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Rilke)

Todavía en Agosto y ya anticipas
esas tardes tan breves del invierno.
Ya prevés la ciudad y su agitarse,
el engaño del sol, las horas nuevas
que medirán,
tan desconsideradamente,
los relojes.

De tanta luz que hay,
de tanta mar, de tanta compañía,
te obligas otra vez
a la distancia;
lo presente es tan fuerte
que te impone su fuga:
te encuentras otra vez sobre las olas,
sin cobijo, sin nombre,
como si te estuvieras
siempre
despidiendo.

 

 

 

 

PARA VELÁZQUEZ

Hay una larga mesa con vasos y carpetas.
Me pregunto qué hace ahí
el antiguo compañero, enhebrando
sin ganas un discurso
sobre los logros de la política
educativa.
Y el otro no es mejor:
hasta parece que se cree lo que dice
y la voz se le inflama
(¿creerá de verdad convencer a este público,
tan aburrido ya, tan demasiado grande?).
Los demás, en la mesa,
disimulan la envidia por no ser
el que habla.
Todos tenemos al mismo tiempo ganas
de irnos deprisa a casa.

Súbitamente, en la hilera de vasos
obra el sol un milagro
–habrá que agradecerlo a quien,
inadvertido, he dejado enteabierta la cortina,
y también a que nadie tenga sed–:
la luz brilla en el agua,
con esplendor
que sólo lo transparente permite,
y el cristal aparece, si más grosero,
no menos luciente que aquél
de tu pintura.
Consigue tu recuerdo
la reconciliación con la mañana,
que se olviden los gestos y los discursos vanos.

Brindemos, sin bebernos
este deslumbramiento,
por ti y por el aguador,
por la ocasión en que quisiste verlo,
por la tan verdadera copa
que pintaste.

 

 

 

 

NOSTALGIA

No podemos nombrar la primavera china
y por ello ignoramos
que los naranjos allí florecen de otro modo,
que las gentes le ponen al fuego
otra mirada.
No conoces el ritmo,
ni los signos ni el orden para la noche árabe,
y allí no será el mismo
este olor de jazmines.

Sientes que en otras lenguas hay un frío distinto,
otros brillos y sueños,
un tacto diferente:
querrías tú también, como en la Historia antigua,
absorber con la luz de un día
el Don de lenguas;
ahora que la distancia
se te adensa y enturbia,
y crece la nostalgia de todo lo ignorado,
de todos los encuentros
que nunca han de llegar.

 

 

 

 

A BORGES

No más la vida
que una perfecta sucesión de azares,
porque el azar
florece cada día para todos.

Abre tu mano y deja
que decida él de nuevo esta jugada.
Venga el azar, o sea,
esa necesidad en la que no ha pensado nadie.

 

 

 

 

BLAS DE OTERO
In memoriam

He amado el verso recio en que pedías
la paz, ensangrentada, hecha jirones,
y la palabra rota arrebatada.
He visto aquellos versos alumbrados;
tu voz tierna y violenta
sonando como un río,
como el verso de Whitman dilatada.

Y ahora, ángel fiero que fuiste,
y hombre en paz que ya eres, es el tiempo
de desear –tal vez es demasiada confianza–
que no tengamos que andar otra vez
pidiendo a gritos
la paz y la palabra.

 

 

 

 

DEDICADO A JAIME GIL DE BIEDMA

Que la vida podía ponerse por escrito,
mirándola de modo
que ella se diera cuenta
y se dejara descubrir de esa manera,
y que, a pesar de estar tan trastornada,
todo el mundo
pudiera como tal reconocerla;
eso
–y algunas otras cosas
que contaré otro día y también
te agradezco–
eso aprendimos de ti,
padre y hermano
Jaime Gil de Biedma.

 

 

 

Saura, Aurora. De qué árbol. Murcia; Secretariado de publicaciones de la universidad de Murcia, 1991.

 

LA VULGARIDAD Y EL DESPRECIO

Acaban de terminar las fiestas de primavera en esta ciudad y, claro, lo ha hecho con fuegos artificiales que he visto tras la ventana del salón mientras nuestros gatos temblaban. Mientras se formaban las palmeras y demás figuras pensaba que es vergonzoso ver cómo este puñado de políticos vulgares y digno del mayor de los desprecios se deja unos cuantos miles de euros en pólvora mientras recortan servicios básicos y cómo todos miran al cielo y se sienten contentos. Parece que no hemos salido del ‘Pan y circo’. Y no dejaba de sonar en mi cabeza una de las adaptaciones que Alejandro Martínez hizo en ‘…que te voy a enseñar un corazón infiel‘, un cd/dvd que lleva un maravilloso trabajo de investigación sobre la obra de Jaime Gil de Biedma y en el que Alejandro tuvo regalos como que en el dvd aparecieran poetas como Caballero Bonald o Luis García Montero. La canción que no dejaba de sonar en mi cabeza era ‘Años triunfales‘ y en la voz y el piano de Alejandro suena así:

 

 

 

Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.

Barcelona y Madrid eran algo humillado.
Como una casa sucia, donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria.

Con la luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles de un invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva bajo el viento.

Y pasaban figuras mal vestidas
de mujeres, cruzando como sombras,
solitarias mujeres adiestradas
-viudas, hijas o esposas-

en los modos peores de ganar la vida
y suplir a sus hombres. Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de los vencedores.

 

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