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Posts Tagged ‘isla correyero’

POLVO SERÁN…

 

ANTONIO ABAD

FLUJO ÚLTIMO DE NIEVE

La lentitud del cuerpo sucumbió en la alcoba
mientras que el blanco paño dispuesto con cuidado
destacaba a imagen de la muchacha muerta.

Estaba la belleza inclinada en su vértigo;
la pálida mejilla huida en el vacío;
los familiares cerca —consumiendo quizá un sorbo de café
agrio bajo las sombras—, en un cuarto contiguo
donde la luz opaca del silencio fingía
callada soledad.

De repente el deseo asumió su costumbre
y en las lívidas carnes del ataúd mi cuerpo
retozaba cual brío de insensata locura.

Tendí así mi ardor penetrando en la oscura
calma del joven páramo
el júbilo creciente de todo mi delirio.

Era aquella profunda oquedad de sus piernas
un témpano de gozo
donde la sangre fría delataba en silencio
los aromas dormidos para siempre, pero que ayer mismo
entre vibrar de sábanas, lentos jadeos, besos,
caricias, derramaba su flor
en maneras que ahora el reposo del mármol
de sus manos lascivas derrumbadas
no saben.

La muerte fue también
momento de pasión.
Por sus caderas un flujo último de nieve
se fue haciendo invierno.

 

 

 

 

CARLOS ÁLVAREZ

LIEBESTRAUM

Fronda salvaje, trampa rumorosa
donde soy vencedor al ser vencido,
gruta que me adormece en el olvido
de mi roto vigor, pétalo rosa

de la rosa que hospeda mi ardorosa
presencia de varón, grato descuido
que me dejó adentrarme en ese nido
donde anuncias la vida milagrosa.

Tu cuerpo, que no yace junto al mío,
lo imagino muy lejos de la oscura
soledad de mi celda. Quiero amarte

y amarte: deshacerme de este frío
que mis nervios destroza, y la dulzura
de tu fruta bebérmela al sembrarte.

 

 

 

 

ALFONSO CANALES

xxSONETO EN EL QUE EL POETA TOMA PRESTADAS
LAS PALABRAS DE JOHN DONNE, PARA DESABRIGAR
xxxxxxxxxxxxINFUNDADOS TEMORES

¿Qué haremos en invierno, me preguntas,
sin un mal cobertor que nos defienda
del frío? ¿Qué participada prenda
abrigará las desnudeces juntas?

No te sé contestar. Y descoyuntas,
pura, abierta, entregada a la contienda
del amor, ese cuerpo, a suelta rienda.
Y se me escapa el alma por las puntas.

Aún es verano, y la calor es tanta
que no comprendo la frialdad. Y sudo
cuanta humedad rehuye la garganta.

¿Pero existe el invierno? ¿Y es tan crudo
su rigor? Si es así, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que yo, desnudo?

 

 

 

 

ISLA CORREYERO

LAS MEDIAS BLANCAS

xxxxxTengo unas medias blancas de encaje que me pongo
cuando me visto el traje negro de los recuerdos.
Son unas medias finas, hambrientas de fantasmas
que hacen juego con pájaros interiores, oscuros.
xxxxxLas piernas, penetradas por estas bocas blancas,
levemente se abren con signos vegetales.
xxxxxLos hilos amanecen mi piel,
brotan, perdiéndose, entre los elevados pensamientos más íntimos.
xxxxxEn derredor: imágenes de ocupación pelviana,
soberbias latitudes desde el puente atestiguan
la entraña y las enaguas levantadas al vuelo.
xxxxx¡Qué holgada está la tela de la falda de flores,
la rodilla suavísima con olor a naranjas!
xxxxxPor los muslos se agrandan los dibujos henchidos,
son copos invisibles calcinando altas cumbres.
Me infunden sobresaltos, me clavan dulces flechas,
tan finas son las mallas que saltan los engarces
y hasta el ocre desierto los poros me rezuman
feroces destinos, presagios entreabiertos.
xxxxxSiento flores y manos crecer entre las piernas
y más arriba el musgo
tapando el azulón vellón de la albufera.

xxxxxNo podría ponerme estas medias sabiendo
la gracia que se esconde, generosa en tu boca.
Espumosas persisten, sin causa me rodean,
temibles de tu roce, sin fatiga,
explorando.

 

 

 

 

ROSA DÍAZ

SO-METO DE REPENTE

Un capullo me ofreces, y al instante
lo contemplo rosado, firme y prieto,
catorce veces palpo y acometo
y él, crece en vertical insinuante.

No hay regalo mejor, para la amante
que guardosa lo toma, con objeto
de someterlo a fondo y por completo
y hacerlo deseado y deseante.

Y, so-mételo al fin con ambas manos
con mimo de que el tallo no se encoja,
y en dura danza y perseguido antojo

del vértigo mayor de sus arcanos,
el capullo más sabio se deshoja
y con gusto se queda mustio y flojo.

 

 

 

 

CONCHA GARCÍA

EXTRAÑO ÉXTASIS

Cuando tardó lo vi todo o casi, nunca
pude decir unas largas tardes y fuego
ni tampoco pormenor, ni siquiera detectar
las sombras baldadas de aquello antañoso
que me abría las piernas muy abyecta
con rabia minuciosa en la perplejidad
de mi profusa lámina de clítoris progenie.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Dánzame: es un día de curvas que se prolongan
al fragmentarse mi beso de saliva lluviosa
el trajín más artesano de la boca.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

La de veces que le digo: ven y vete
y que mojo las pestañas en la fila
de sus escalofríos y que como una angustia
que se me cae por las rodillas voy reptando
y silbo buscando los certeros anagramas del acoso
húmedo

 

 

 

 

FÉLIX GRANDE

Milagro de los pechos prodigiosas,
alba que rasga el oscurecimiento
de esta frente de penas aterida:
mis huesos silenciosos
junto a la hoguera de tu olor caliento
y a orilla de tu carne decidida.
En el silencio en el que la techumbre
en mi alma se desploma y en mi espalda
la inusitada fuerza de tu falda
a la ruina y a la pesadumbre
las barre diligente hasta la calle.
Qué fuerza en esa escoba:
tu cuello, tus mejillas y tu talle
además de imantar con miel mis dedos
ahuyentan la tristeza de mi alcoba,
recriminan y expulsan a mis miedos.
Al desconsuelo pones
en retirada al reclinar tu pelo
y le desgarras al cansancio el yelo
con los cuchillos malvas
de tus altos pezones
donde empujan las risas y las albas.
Y entre tus risas y tus albas chupa
velocidad mi corazón que gira
resurrecto, anhelante, mientras mira
el mágico volumen de tu grupa.
Y con mi corazón crecen mis manos,
nadan los tres por el jardín de algas
de tus dos océanos,
tus opulentas y sagradas nalgas.
Vasija de piedad, cuerpo rotundo,
misericordia impar de la materia:
en tu rotundidad comienza el mundo
y sólo en tu esplendor esta miseria
de ser mortal, casual, se desvanece.
De oscuridad el Universo escuece
sin las lunas eternas
que habitan la penumbra de tus piernas.
Dentro de esa penumbra y de esa llama,
sobre tu centro en el confín secreto,
a una inocencia súbita me aprieto
y se transforma en un altar la cama.
El gozo se derrama
entre la santidad de tu vagina
y de pronto la vida, el tiempo, todo
adquiere de este modo
humedad femenina.
Y el masculino horror de la unidad
perdida, se mitiga
en el clamor feliz de esa humedad
universal que mora en tu barriga,
y todo crece hacia la santidad
de la unidad y del origen, y esa
explosión de regreso y de candor
susurra y acaricia y lame y besa
a la profunda boca del dolor,
y así la eternidad
amable y enigmática regresa
entre tu amable y misterioso olor.
A este consuelo trágico y profundo
desde hace siglos se le llama amor:
eso que agranda y que perdona al mundo.

 

 

 

 

ALMUDENA GUZMÁN

A cada contracción del espejo
se me iba poniendo la piel preciosa
mientras cumplía
—toda ojos velados—
aquella indecente promesa nuestra de las doce.

 

 

 

 

JUAN LAMILLAR

ARIADNA

Con ojos lascivísimos miraba aquella espalda
tras leves transparencias, aquellos muslos gráciles
y los ágiles músculos, su eternidad efímera,
el ajustado short pecaminoso,
la precisión graciosa de sus nalgas.
Sin rumbo iba la nave del deseo,
desnortadas las brújulas.
El pezón en esbozo tras un gesto,y la huida,
un oscuro perfume. Comprendí su victoria
e imploraba un instante de desnudez completa.
Radiante ninfa urbana, sin el menor sentido
de la misericordia ni del amor al prójimo,
su ondulación salvaje, inmarcesible,
hollaba el laberinto
—el claro laberinto de las calles—
en busca de Teseo.

 

 

Vive y jode en Venecia Marco Antonio,
el sutil Casanova de Tirana,
y entre coño y canal va, en la mañana,
prodigando al azar su patrimonio.

Primero las encama, el muy demonio.
Les enseña después la barbacana.
Siempre a la grupa de una cortesana,
su miembro de su ardor da testimonio.

Levanta encajes, sorprende nalgas prietas.
Con rigor veneciano abre canales,
triunfando con su esbelto campanile.

Ante táctica tal no hay quien vacile,
y todas dejan que entre en sus umbrales
y que las entretenga con sus tretas.

 

 

 

 

ABELARDO LINARES

BUCÓLICA

Dorada mies de un oro valiente y veronés
y un cielo con el mismo azul que el de Tiziano
sahumaban de égloga la tarde, yo  tus pies
deshojaba en caricias el lirio de tu mano.

La nuestra era una estampa de cuadro italiano
a la que alguna nube otorgara aire inglés.
El rústico silencio era igual que un hermano
y veló nuestros éxtasis unánime y cortés.

Yo soñando en vivir contigo una aventura
como aquellas que había leído en Aretino,
para mejor besarte estreché tu cintura.

Pero tú me esquivaste con además felino,
pues tus pocas lecturas no daban para cosa
que no fuera iniciar una novela rosa.

 

 

 

 

MANUEL MANTERO

SONETO

¿Quién no peca si habita un paraíso?

¿Quién, bajo el árbol inmortal, no quiso
amar a Eva, al acabar el día,
flor ansiada por polen circunciso
y más ansiada mientras más tardía?

Se acuesta Apolo, emocionado. Sabe
cuánto su luz pensada nos enciende.
Publica un triste éxtasis el ave
cuyo nido ningún verdor defiende.

Porque toda inocencia al tedio lleva
y un desnudo, si eterno, no es desnudo,
Eva y Adán pecaron. ¡Vida nueva
cuando Adán soñó el sexo, cuando pudo
desnudar por primera vez a Eva!

 

 

 

 

JOAQUÍN MÁRQUEZ

INVOCACIÓN INMORAL ANTE LAS RUINAS DE ITÁLICA

Esto Fabia, ay dolor, que ves ahora,
mustio de soledad y cabizbajo,
fuera en tiempo un pedazo de badajo
capaz de hacer sonar a una señora.

Y ahora ya ves, oh Fabia, como llora
declarado incapaz para el trabajo,
que, a penas jubilado, deja el tajo
donde otro con más ímpetu labora.

Ya ves que de milagro se sostiene,
y de amor propio, que otro ya no tiene
que remedie su eterna calentura.

Pero acércate Fabia, toca, toca.
Dile adiós con un beso de tu boca
y dale en ti romana sepultura.

 

 

LA DUCHA

Hace calor. La ducha. Y apareces
desnuda en claridad, como una espada.
Y me dejas la carne traspasada
cuando a la lluvia, cándida, te ofreces.

El agua pone el río y tú los peces.
Yo no sé qué poner. No pongo nada
más que un corvo deseo; una mirada
como un puñal que clavo muchas veces.

Y el agua cesa y se acrecienta el fuego
cuando la piel recorres con cuidado
agotando tu aseo y mi paciencia.

Y miras y te ríes, y hablas: ¿Luego?
No, luego no, mujer. Ahora el pecado,
que ha sido mucha ya la penitencia.

 

 

 

 

RAFAEL PÉREZ ESTRADA

EPIGRAMAS

No debes felar en mí
pues tu gula es voraz

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Tus labios tienen la O que mi verga desea
¡Pronuncia ya esa letra, amiga mía!

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Eh tú, muchachita, si quieres un buen cobijo
ven aquí, junto a mi méntula, que ya está calentita.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Vanessa, ven si quieres gozar,
¡Anda, canta una cancioncilla a este ofidio
y verás cómo baila y cómo te complace!

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

Lucila no te envanezcas
ni propales orgullosa la noche
que compartí contigo,
en ella supe
lo incómodo de lo holgado
y lo necesario de lo justo.

 

xxxxxxxxxxxxx* * *

 

¿No te parece razonable Davinia
que si tú me has atravesado el corazón
pretenda yo ahora traspasar tu coño?

 

 

 

 

FERNANDO QUIÑONES

LUISI DE ALICANTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Rafael Alberti

Era el verano de Alicante.
Ella
sola
era todo Alicante,
era todo el verano.

Desbordaba del lecho con olas rosicleres
de carne, rollos de carne por lo visto
no imposibles y no deformes,
mareas armoniosas
de muslos, antebrazos, mejillas,
pechos universales, desfile suntuario
de carne y carne y carne, caucho tibio,
silencioso, aplicado,
multiplicadamente removiéndose
de los pies a la cabecera,
sumiéndote en un mar soberano de carne
activa, en marcha, maestra en todo,
un tren de carne que no acabara nunca de pasar,
sabiamente tenaz, indetenible
tren circular de astutos cambios, inversiones
inesperadas y eficaces
paradas y aceleraciones,
el azabache de los ojos
entrevisto y perdido al instante por esos
bultos afortunados, masas, nubes
de carne limpia y bien distribuida
cubriendo el mundo, toda
trabajadora, atenta, nata
apretada, punzantes pezones
igual que caperuzas de bolígrafo
como animales vivos, independientes,
redondas ancas ecuménicas,
espalda sin fin, súbitas,
mullidas asperezas del pubis:
carne enmudecedora y cegadora
carne ensordecedora aunque callada
como lana gomosa en que te hundieses y te hundieses
como si las Tres Gracias de Rubens
se fundieran en una y dispusieran a agotar sus eros
en ti, casi a parirte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxO más:
como si aprovechando las fiestas y el estío
hubiera el Mare Nostrum consignado a la casa de putas aquella
el Estado Mayor de las diosas calientes
de Alicante.

 

 

 

 

ANA ROSSETTI

EMBRIÁGAME

Matarte sí, matarte:
desatar una cinta jugosa por tu pecho,
que salte fresca,
su tacto más sedoso apresurando,
que yo introduciré mis dedos desflecándola,
despeinándola, tomando su color,
guardando entre mis uñas sus húmedos ribetes,
haciéndome nacer, de repente, amapolas
o hibiscos en las manos;
embebiendo, empapando en tu herida
las ropas que me cubren, una a una.
Que a través de la alforza, del pliegue
—los bordados ahogando, inundando
la calada cenefa, hundiéndose
por las duras costuras y el tan entrecortado
diseño del encaje— llegue a mí
el don impetuoso de tu amor.
Señalado contigo mi estremecido cuerpo,
con la vida que enloquecidamente
de ti sale, y mi pelo salpica,
y corona y enreda de alhelíes…
Precipíteme yo a bebérmela ávida,
a beberte.
Embriagada de ti,
irrestañable flor, muévanse en tu costado
mis labios incesantes.

 

 

 

 

JUAN JOSÉ TÉLLEZ

PLAYA NUDISTA

Abandona el cuerpo a la pereza del Austro,
la vulva abierta al sol que cicatriza.
Hasta el crepúsculo, hundida en la tumbona,
en pies descalzos, dedos humedecidos
por el mar que ronda como aquel que acecha
en la penumbra, el miembro yerto. Acaricia
suave colina, caderas poderosas, la calle
del amor donde ha llovido. Que el Aquilón
no llegue a entorpecer el reposo de la reina
dulce que el placer gobierna, rectora
de la dicha, soberana de seno rígido, sobre trono
de arena descansa como una tabla de viento
que ha navegado, en la tarde, océanos felices
y rendido amantes, junto a su vela erecta.

 

 

CALL GIRL

A las doce en la trescientas quince.
He encargado vino de rosas.
Sobre el lecho, tal vez, concluya la velada.
Amarás ante mí al rubio ascensorista
y honraré vuestro jadeo con versos inmortales.

 

 

FETICHES

Si dejases descalzar por mano torpe
tu deleitoso pie de absoluta reina,
pasear podrías, como el fakir exótico
sobre el ascua, mi corazón rendido.

 

 

MILAGROS Y MARAVILLAS

Ni a Fátima ni a Lourdes, pesaroso viaje,
o al supuesto sepulcro del Apóstol Santiago.
Sé de un enano que crece en cuestión de segundos
cuando ella se acerca con su falda ceñida.

 

 

 

 

MANUEL URBANO

VOCABULARIO

Putas, bagasas, puchas, cantoneras,
sotas, tusonas, izas, quilloteras,
rabizas, bujarras, piculinas, leas,
picañas, coimas, daifas, rameras,
burracas, currutacas, baldomeras,
fulanas, chuchas, hetairas, cellencas,
gabasas, meretrices, manflas, pencas,
suripantas, zamarros, cotorreras,
pelagartas, lumiascas, chuchumecas,
mozcorras, prostitutas, troteras,
lúas, trongas, guarichas, pajilleras,
¡marcas hhispanas de la A a la Z,
gozo del pijo, gloria de la lengua!

 

 

EL SOLITARIO VICIO

el solitario vicio de la forma
y estas manchas que dejo en el poema
mientras otros
pudorosos de masturbarse el alma
obscenamente
también insolidarios
sin estridencias
estrictamente se suicidan.

 

 

 

de Cózar, Rafael (ant.). Polvo serán… Antología de poesía erótica actual. Ed. El carro de la nieve; Sevilla, 1988.

 

LIANAS PARA LOS CRÍMENES DE UN AMOR TIRANO

 

EL VISITANTE

Es un tirano flaco el hombre que me gusta,
maleador y esquivo imberbe que me gasta.
Usa lentes de sol y altanería,
un palo para dar las órdenes al perro.

Tiene la solidez de un tratante irritable
y el aplomo sarcástico de las rameras viejas.

Cuando llega a mi finca se bate con los toros
y a las potras les hace ponerse de rodillas.

Mientras yo me coloco la falda más hermosa
se va de caza y vino con mi papá y el párroco.

Derrocha tino y fibra en fijando la pieza,
sus sortijas rapiñan el oro del cadáver.

Aflojado el chaleco y el cinturón muy justo
presenta una figura de fatuo desgarbado.

El desaire que tienen sus hombros cuando vuelve
le dan esa excesiva manera revoltosa.

Amaga su cuchillo si tercia con la pelvis,
oloroso de guerra se baña de naranjas.

El tesón y el talento de su porte rijoso
le dotan de una estética emoción imperturbable.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx* * *

Me deja su lampiño calor en celo y filfa,
elegante se pasa mi falda por el morro.

Y remata el más sabio seductor poderío
al recoger los bártulos de la tierra
y se va.

 

 

 

 

CONTEMPLACIÓN DEL DOLOR

Su gran dolor de madre era visible
a través de las gafas empañadas:
un soplo de fatiga en esos ojos
distantes, infinitos, desarmados.

Al lado, su marido, muy nervioso,
trataba de mirarla y sujetarla;
silenciosos testigos esparcidos
exhalaban el vaho del horror.

La niña, sobre el suelo, degollada,
era un canal de doce cicatrices,
un animal sin piel, desnudo y rojo,
una belleza horriblemente dulce.

La madre se acercó como volando,
despavorida, con las alas altas,
se quitó su camisa blanca y leve,
y envolvió las caderas de la niña.

El asesino, con gafas de sol,
desde el otro lado del patio, la miraba.

 

 

 

 

EL ASEO

Es imposible tener un sentimiento más deformado y cruel que
el que teníamos cuando entrábamos en la habitación del
moribundo.

Cerrábamos la puerta y abríamos la ventana.

El enfermo se quejaba y podíamos oírle decir que en verdad
no quería la muerte.

Sin embargo, alguien lo levantaba y lo sentaba en un sillón de
plástico y él,
concentrando toda su energía,
nos miraba, levantando los párpados azules, con la cabeza
sobre el pecho, triste, extenuado,
dando pequeños estertores y, sin embargo, queriendo sonreír.

Nosotros destrozábamos su afán echándole colonia,
desnudándole, pegándole en la inocente cara limpia,
deleitándonos en su consternación y su amargura:
“No pasa nada… la muerte es un viaje… vete pronto y grita
cuando llegues… ¿hay ángeles ahí?… no seas quejica y
siéntate mejor… como te vuelvas a mear…”

Y el moribundo miraba la pared como un cordero,
abatido, movía la garganta, sin dolor ya,
despojado de imágenes terrenas
y subía
con un miedo terrible hacia la muerte.

 

 

 

 

VIRGEN

Dentro de un huracán estaba
mi corazón haciendo un ritmo tenso
y sobre mí mi novio de ojos españoles
oprimía mi cuerpo de estudiante
los calcetines blancos blancos puestos
todavía las tetas fuera del uniforme
temblaban como si hubiesen tomado café café
y no pudieran soportar el experimento
mis contemplaciones.

Pero lo soporté de un tirón todo confuso
esto se llama muerte dije soplo de flecha
en mi conocimiento más sensible
poco hablé
sólo lo justo para mi conciencia.
Las orejas ardiéndome
el cuello un arco contra la almohada.
Cedió mi vulva virginal vez primera
en el instante en que mi alma tuvo
un oído de alta inteligencia seda era yo
y seda todo el breve y mucho pensamiento.
Las manos enamoradamente bridas infantiles
blanqueándose en el cabecero de metal
como en una reja de convento o cárcel
como queriendo de allí salirse
devolverme a otro mundo
colocarme mejor
retirarme de la cuna
no arder así
o sí
no probar el pecado de lo doloroso
salirme de la herida
rogar que saliera él
y no tener aquella dura traviesa de madera
perforándome todas las ardientes almas
mi persona mis resignaciones.

Me sentía morir
mitad dolor y punto de milagro.

Las vibraciones eran cada vez más rápidas
por dentro crepité
nevé la leche
las uñas se menguaron tres centímetros
se me rizó todo el pelo carbón
se desplegaba
oscilando creciendo goteando
y filtró la primera y la última sangre
derramada por mi voluntad.

Después vino un silencio tan abstracto
la inmovilidad
el miedo de perderlo
mi cuerpo vaciándose de drama.

Tan increíble verlo cómo se vestía…
radiante
reservado de respiraciones.

De las sábanas blancas de su madre
una huella tras otra fue borrando.

Y como un riguroso nazareno
me dijo elevándome la cara:
mujer
¿qué es lo que hay ahora entre tú y yo?

 

 

 

 

TERCIOPELO AZUL

Mi coño eleva el conocimiento que tú le has enseñado.
La velocidad y el violento latido de una horca.

Mi coño alimentado por una boca física tiene el oficio
xxxxatlético de ser frágil y exacto.

Flexible y religioso mi coño es la pirámide de un
xxxxresplandor de xxxxxxxoxígeno que exige resistencias.

Tiene quinientos años de elegancia y de músculos
batidero de sangre volada de partículas.

Fluye con el tabaco la justicia y tu cuerpo tiene chispas
xxxxde plata xxxxxxxmonedas de cerveza.

Con tu estremecimiento causas en mí palabras que dicen
xxxxrebeliones y negros animales.

En tu lengua me dices cosas extraordinarias se me llena la
xxxxoreja del ardor de los fósforos.

Pasa todo a mi coño se forman las arrugas aprende
xxxxcoronado cómo abrirse las venas.

Tan profundo y despierto como un túnel en llamas llega
xxxxal agua al tugurio de un taller que se mueve.

Es un técnico oliendo tu medida en versículos el aceite
xxxxde un arma con una bala de oro.

Extremaunción del vértigo que surge en los amantes mi
xxxxcoño es un estado mental de luz y sombra.

Suda como una sábana. Palpita como un tango. Es móvil
xxxxterciopelo azul.
Báilalo lento.

Para la muerte.

Jode la tristeza.

 

 

 

 

COÑO AZUL

Mi coño es negro como carbón evaporado.
Pero se vuelve azul
a la luz de la tele y de la luna.

La característica más peculiar que explica su color y forma
es que tiene una circulación lenta y estremecida
que va navegando hacia la tinta de las venas
y se abre al desamparo de mi dormitorio
como si comprendiese que un dedo impenetrable
masculino no pasará por él
ni por las sábanas.

Sería una esperanza considerar
que sobre mi sexo solitario aún pueden caber volúmenes
remotos
o un pañuelo azul que penetrase las dos secciones
púrpuras abiertas
y así pasar esta tela azul ensangrentada quedándose
rompiéndome
porque mi coño ya es invencible
mi enemigo.

Aislado del amor
cualquier coño es violento.

 

 

 

 

CITA PSICOLÓGICA

Mi perro no ve bien doctora pero huele
mis lágrimas y se viene a mi lado
tirándose en el suelo lamiéndome
las uñas —algo olfateará del que fuera
su amo en los días de amor y sangre
derramada—. Él sabe aun sin verme
tomar las medicinas que la cabeza
me duele horriblemente y no puedo
aguantar ni el ruido de su rabo.
Esta cabeza terriblemente enferma
doctora ya no puede explicarse ni pensar
ni leer ni siquiera tratarme
con los seres humanos ni los irracionales.
Allí en mi casa sola tratando de encajar
con torpe coherencia una cosa con otra
haciendo un irreal esfuerzo sobrehumano
por mantenerme viva porque me vean alegre
mis hijos o mi madre o al menos
que no sepan hasta qué punto finjo
porque no sepan ellos ni nadie ni mi perro
cómo de mi cabeza entran y salen
los más feroces actos de suicidio
ahorcamiento o decapitación.

Mándeme otras pastillas doctora si es posible
curarme de él su destructiva forma de
desesperarme…

O elimine mi nombre de la lista de espera
no estaré llorando aquí el próximo trimestre.

 

 

 

Correyero, Isla. Mi bien. Madrid; Ed. Visor, 2018.

 

MI BIEN

 

MI RETRATO A LÁPIZ

Soy melancólica. Melómana. Visionaria en la fe de los
xxxxsueños y el arte.
Cumplo con mi destino de guerrera.
Canto lo bello y lo perfecto. Bebo, fumo y esnifo.
Mi mente es un río caudaloso que nadie ha dominado.
xxxxSoy perversa, cruel y me bañan las lágrimas a solas.
Adoro la justicia y los bienes perdidos. Bramo de odio en
xxxxlo alto de las cumbres si no consigo lo que busco.
Distímica, locuaz e impertinente. Me gustan los licores y
xxxxlas sedas.
Amo el destierro, los bosques y la danza.
Mis aventuras escandalizan a los necios y con el dedo me
xxxxgusta tocar los labios de la noche.
Idolatro la luz que expresa Kubrick y el tormento
xxxxabnegado de Visconti.
De mí se dice que no me canso de belleza y que bebo a
xxxxdestiempo de los cuerpos.
Vomito internamente ante lo vulgar y lo ridículo y
xxxxdesgarro mi pecho ante lo feo.
Me gozo en soledad como un diamante y brillo entre
xxxxcelajes como nutria.
De niña coleccionaba tréboles y olores, insectos y lecturas.
Nunca mi espada está enfundada y he aprendido el arte
xxxxde la esgrima.
Me gustan las hierbas y la magia y busco el Grial para mi
xxxxamo. Soy heroica, altanera y distraída.
Me cobijo en mansiones de alquiler y no obedezco leyes
xxxxni partidos.
Me gustan los vaqueros y las pieles, el lino y los trajes
xxxxajustados.
Mido uno sesenta de estatura y ochenta mal medidos de
xxxxbusto confidente.
El tacto de la nieve me subyuga, oír a Bach me iza y me
xxxxconmueve, oler a piel me excita doblemente; ver
xxxxuna toma en treinta y cinco de Murnau me hace
xxxxcomprender qué es la poesía.
Como el Vesubio expulso lava incandescente al recordar
xxxxla Italia.
Llevo siempre carmín rojísimo en los labios y altos
xxxxzapatos de tacón granates.
Tengo arrebatos de amor hacia cualquiera y el sexo para
xxxxmí es una sombra.
Y me gusta jugar a lo que sea.

 

 

 

 

EL SILENCIO

Todo el silencio de mi vida
está encerrado en un grano de ámbar.
Todo lo que callé y aún callaré
está escondido allí.

La sola voz desnuda que me obliga al secreto
y ni lágrimas vierte ni impaciencia,
es un punto negro dentro del amarillo fulgor
que el alma tiene,
una extensa planicie de oro en el desierto
esférica y helada
con un solo habitante en su interior:
un pájaro gigante, muy lejano
atrapado en la quietud de la resina
derretidas las patas por el tiempo
y la mirada ingenua del que muere inocente.

Todo el silencio cabe en un segundo
en un sueño
en una seña
o en el último estertor junto a otra boca.

Por eso escribo sin violar las leyes del silencio
con la tristeza en flechas arrancadas del labio
escarchada en cristales de azúcar y aguardiente
cual ramo de anís en la botella blanca
o faisana soñando solitaria
en los bajos espumeros de la sal.

Todo mi reino está rayado a esmeril
y es pasto del olvido
costa brumosa surcada de aguanieves
intenso mar que vive en mí
con la niebla y la sombra.

De sus playas extraje todo el ámbar
de mi azotado corazón, todo el silencio.

 

 

 

 

AMENAZA

Yo no respondo de mi mano. Es asesina cuando te distingue.
xxxxVa a por ti, empezando por el corazón y la cabeza.

Yo no puedo mandar que te salude y se retire: lleva una
xxxxcadena de oro enganchada a tu sombra.

Si me ves surgir en la noche, apártate y mide la distancia.
xxxxSoy orgullosa e inesperada y puedo caer sobre tu rostro.

¡Huye de mí!

Pero te advierto que tengo la paciencia de los vengadores
xxxxy la constancia de los grandes sueños.

 

 

 

 

NO FLUYE SANGRE

No he venido a traerte la violencia que habita en mi
xxxxcorazón.

No he venido a mostrarte mis ojos despintados y mi último
xxxxvestido.

No he venido a distraerte ni a olvidar.

Ni vengo a matarte ni a vivir de tu sombra.

He venido a verte envejecer y a que en tu decadencia me
xxxxveas como nunca me viste:

Fría, paciente y azul como un cadáver.

 

 

 

Correyero, Isla. Mi bien. Madrid; Ed. Visor, 2018.

 

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CUATRO POEMAS DE ‘CRÍMENES’

septiembre 4, 2018 Deja un comentario

 

PEQUEÑA BIOGRAFÍA

Debe ser que especialmente hoy se siente triste. Sufre la
xxxhumillación de no tener trabajo y la miseria que le
xxxdeshace el corazón.

Debe ser que tiene treinta años y lleva gafas desde los
xxxnueve y medio, y ha visto siempre el rostro de los ven-
xxxcedores con una inexacta enfermedad.

Sabe que él no será jamás un hombre afortunado, que no
xxxpodrá obtener una casa amueblada, un coche de dos
xxxlitros o una chica estupenda.

Sabe que una pantalla de desesperación lo separa del mun-
xxxdo.

Sin embargo, sueña con una moto negra y un gimnasio y
xxxalguna vez soñó con ser teclista de un grupo musical.

Vive, actualmente, un poco de la venta de kleenex y de coca.
xxxTiene una guitarra de 100.000 pesetas y una minicadena
xxxSony que consiguió por el “Segunda Mano”.

Le gustan mucho las primeras pelis de Almodóvar. Dice que
xxxson como la vida que él conoce.

Tuvo una novia de duro estilo skin pero ella huyó a la cos-
xxxta y pasa de los tíos.

Debe ser que pensando en su vida, hoy, se siente especial-
xxxmente triste y triste.

El caso es que ahora tiene en su cama a una mujer atada
xxxy la está torturando…

Hay momentos en que se va al servicio y se mira al espejo…
xxxSin gafas, le parece que tiene un cierto aire con Antonio
xxxBanderas.

Continuamente se lava las manos para dar de comer pasteles
xxxa la chica…

Continuamente cree que ha cruzado la infancia…

 

 

 

LA LECTURA

En pijama, leyendo una novela,
está la niña que ha matado al padre,
al lado de la cama tiene al muerto
tirado encima de un montón de libros.

Tres horas han pasado de la muerte
y al orificio de la bala asoma
un resplandor de oscura procedencia
que va cobrando forma de demonio.

Ella sigue leyendo, distraída,
comiendo chocolate y avellanas,
algo intuye que pasa extraordinario:
del libro están cayéndose las letras.

Todo el pijama goteando sílabas,
toda la cama llena de sintaxis,
todo el ambiente rojo de palabras,
toda en desorden una lengua, muda.

Y el padre se levanta del vacío,
se sienta al borde de la cama, serio,
se saca del bolsillo una cartilla
y empieza la lección de otro lenguaje.

 

 

 

LA AUTOPSIA

Supe desde aquel día que la muerte era errónea.
Estaba construida con sus artes de magia,
sobre la mesa yerta de acero inoxidable.

Entré en aquella cámara para ver a mi madre
ya finalmente muerta, húmedamente horrible.

Un costurón de sastre torcido y presuroso
cerraba las entrañas
que contuvieron tibios orígenes humanos.

Todo su cuerpo estaba barrenado y vacío,
cuencas, cráneo, pulmones,
el invierno más frío de la guarida humana.

¡Qué fúnebre la luz de aquel piloto rojo
dando esmalte de muerte al bloque conservado!

¡Qué nostalgia en las sienes machacadas con lascas,
allí entre tanto eclipse del mundo tenebroso!

El espanto del tiempo guardaba en la vitrina
los ojos y las vísceras sin olor ni destino.

Yo había visto muertos soberbios y elegantes,
sencillos, maliciosos, valientes o confusos.
Pero nunca un reciente cadáver tan amado
como aquel envoltorio de huera humanidad.

Le tiré de una pierna por ver su efecto triste
y ese tieso fragmento cedió, pegando un brinco,
sin movimiento, cómico.

Entonces, la costumbre de verla levantada
me volvió a la memoria:
xxxme traía un tazón de leche con galletas
xxxtemblándole los dedos, haciendo un ruido cálido.

Incapaz de aguantar viviente imagen amada y prodigiosaa
decidí descifrar el hueco de mi madre.

x
Y removí yo mismo su interior, su pasado,
quedándome en su vientre,
cambiando,
hasta el comienzo.

 

 

 

LA FRONTERA

Lloré amargamente aquella noche y, luego, se produjo en mí
xxxun extrañamiento semejante al vacío de la oscuridad.

Escondida en la compasión, caminé toda la noche para ocultar
xxxla fosforescencia de aquel crimen.

La luna más brillante del invierno acompañó mis pasos por la
xxxcarretera.

La ciudad ardía como una esfera de agujeros y carteles.
xxxLos faros de los coches emitían avisos y disparos.

Crucé la frontera de una tierra transparente y soporté la luci-
xxxdez que atravesaba mi cabeza.

Una tristeza mortal me castigaba el corazón cuando volví al
xxxlugar del crimen. Allí permanecí hasta el amanecer y
xxxconsumí la demencia del arrepentimiento.

x

Yaa estaba destinada a deformar la realidad y a desapa-
xxxrecer del mundo.

 

 

 

Correyero, Isla. Crímenes. Madrid: Ed. Libertarias, 1993.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XXVI)

Otro de los regalos de la lectura en el Museo Ramón Gaya han sido varios libros de los que hablaré hoy y el próximo par de días.

El primero de ellos se llama ‘Yo tampoco y tú sin embargo’, de Antonio Marín Albalate, publicado por la editorial Vitruvio, que cuenta con un éxlogo de Luis Eduardo Aute cuyo comienzo –para hablar del libro– dice: “Descenso a los censos oscuros de los corredores infinitos del infierno, recorrido por donde corren y se corren las pesadillas que sueñan con pasiones de ensueños suicidas arrastrándose por los pasillos de pasados que no pasan, por los delirios de delincuentes inocentes sin nombre ni apellidos”; y en cuyo centro sigue “Por este circo de dispares disparates circulan fantásticos fantasmas y fantoches que pudieran, imperfectamente, pertenecer a la fauna infame del esperpento valleinclanesco, del encarnizado carnaval de Gutiérrez Solana o del goya del disparo y el disparate”.

Pues eso.

Y aquí tienen algunos poemas.

 

Antonio Marín Albalate 'Yo tampoco y tú sin embargo'

 

 

MIS DÍAS TIENEN YA HOJAS AMARILLAS

Sufro por estos días
de tedio y tranquilizantes.

Del lado de la angustia, sin salida,
sufro la mordedura de tanta química inútil.

 

 

 

 

A MI LADO SE ROMPEN LOS VASOS Y LAS VOCES

Ni cortan los cuchillos.

Ni pinchan los tenedores.

Queda sólo la salida de los vasos rotos.

 

 

 

 

SOMBRAS MANCHANDO LA PARED

No nos llega la camisa al cuerpo.

Esta camisa de fuerza se quedó
corta de tanto y tanto lavarla.
Lo ves,
mira,
mira,

eso van diciendo los muy bastardos
cuando te ven pasar por aquí, Yolanda.

 

 

 

 

YO QUE ESTO ESCRIBO

Yolanda: es la una.
La una de la tarde en todos los relojes
del edificio.

Hora de comer pan con amapolas,
si nos dejaran.

La una de la tarde en todos los lunes
con un radio aproximado
de ciento cincuenta kilómetros.

Es la una, sí, la hora de hoy, a la una.
ha dicho el de la calva con costras.

Anda,
danos ya lo que sea.
Tenemos hambre.

Un hambre muy honda –como de bestias–,
que sólo tu mano puede calmar, amor.

 

 

 

 

RUEGA POR MÍ PRIMAVERA

Pronto llegará la primavera
de los trapos y los tronos
y se pondrán más imbéciles aún,
Yolanda, más imbéciles.

La primavera del Ku-klux-klan
de todos los tontos
que alternan con sus disfraces de pingüino,
en recepciones oficiales, para escarnio
y saqueo
de los más pobres.

Sí, Yolanda,
esa primavera que no reconozco.

 

 

 

 

AL INVENTOR DE LA PIEZA DE ARTILLERÍA

Vamos con la polla tiesa, callados y locos,
por estos pasillos.

Locos porque nos la chupen
en el cuarto de las enfermeras.

Locos por honrar
al inventor de la pieza de artillería.

 

 

 

 

TENGO UNA DEBILIDAD

Te diré una cosa,
xxxxxxxxxxxxxxxYolanda:
ya no puedo pasar sin eso.

Me muero porque me lo hagan donde sea.

Así que, ya lo sabes, cuando quieras
no tienes más que poner tu boca aquí.
Mira,
toca,
toca.

¿A que está dura?

 

 

 

 

EL DESIERTO DE LA SED

Me has sacado la lengua,
a modo de saludo.

Con un descaro inusual en ti,
me has sacado la lengua.

He creído ver en su humedad
el latido de un deseo no satisfecho.

Con urgencia he solicitado
el alivio de una mano que no era la tuya.

 

 

 

 

NO SÉ QUÉ COÑO ME PASA HOY

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHacia Isla Correyero por su poema Coño azul.

Noche de naufragio,
sin isla ni palmera,
en mitad del poema.

Noche de al fin pensar,
lo poco que queda
xxxxxxxxxxxxxxxxxentre las piernas.

Dime, Yolanda, si también tu coño es azul.

 

OCCIDENTE

Género humano'

 

 

Por fin está en la calle el nuevo libro de Isla Correyero; lleva por título genérico ‘Género humano’ y está compuesto por su reconocidísimo ‘Diario de una enfermera’ (ampliado) y por un libro nuevo que se llama ‘Occidente’. Dos por uno. Sobredosis de poesía en más de 300 páginas.

Dejo hoy aquí algunos poemas de ese segundo libro, ‘Occidente’, en el que Isla va diseccionando tanto la frágil condición del ser humano como la sociedad en la que vivimos; una crónica sarcásticamente lúcida, tan elegante como brutal, pero sin estridencias, de una conciencia crítica con nuestro entorno.

 

 

EMIGRANTES

Llegamos al atardecer. Hacía frío.

Había esa luz dorada y como triste que va extendiéndose sobre los sentimientos de quien va buscando la misericordia de la vida.

Mamá nos hablaba con voz frágil colocándose el pañuelo de caballos y monedas, muy sensible, tal vez sentimental, recordando lo que habíamos dejado, con un brillo terriblemente oscuro en las pestañas.

Mi hermano, con sus gafas de niño antiguo y bueno nos miraba, callado, con aquella expresión de asombro y de tristeza que algunos hombres conservan para siempre.

Habíamos bajado del coche –el primer coche rojo que papá se compraba– y habíamos mirado alrededor
translimitando la realidad y la amargura.

Sólo mi padre, aparentando ilusión iba y venía, entusiasmado, de su coche al círculo de mi madre y los niños.
Iba y venía como mágico de la radio a mi cabeza, acariciándola, diciendo:
“Ven, mater amantísima, aquí está nuestro futuro. En este lugar tendremos muchos amigos y seremos felices. Ven.”

Yo, siempre dispuesta a dejarme convencer por la alegría, me fundí en mi padre imaginando el mundo lleno de regalos
que nos esperaba…

x
Ahora, apenas puedo recordar todos los años tristes lejanos que vinieron.

x
Éramos un grupo, aquella tarde, de emigrantes perdidos, de fantasmas ingenuos junto a un coche.

 

 

 

 

OCCIDENTE

Occidente se hunde lo mismo que Venecia. Lentamente hace siglos se queman sus modas su moral. Sus ciudades sus signos epilépticos. Sus ruinas sólo sudan turistas con sus tópicos.

La belleza pervive dicen los que lo han visto. Visitar residir en Praga / Salamanca / en Quito o en Sao Paulo / en París, / New York, / Lima, / Ciudad México / Málaga / Barcelona / Cáceres / Luxemburgo / Madrid / ir a Sevilla / Bruselas / Rotterdam a Santiago de Chile / Boston, San Petersburgo / La Antártida, Cracovia o los Fiordos o Géiseres… es un ballet de sueños estadísticos que algo tienen de mí.

Un jugueteo rápido de media clase a plazos. Un bien resplandeciente de la curiosidad humana.

Pero ya están ardiendo sus siglos imperiales. Su vejez ensombrece la excesiva opulencia de los avariciosos.

La vanidad humana oscurece sus leyes de codiciosa amante.

Las religiones turbias obscenas y canallas. Las nieves y los mares están ennegrecidos.
Otros mundos cercanos están abriendo Europa.

Rogaría que todo esto se hundiese velozmente.

x
La belleza es de todos y ha de ser repartida
la belleza es bondad justicia y equilibrio.

La ley de Dios magnánima no mira hacia nosotros.
x
x
Que venga otra humildad para mis hijos nietos

la nieve el agua / sal / para mis semejantes.

 

 

 

 

LA BULA DE ORO

El autor presenta al emperador Carlos IV de Luxemburgo el acta sellada con cápsula de oro del sello imperial 1356 eliminando así con ella la intervención de la Santa Iglesia en la elección y corona de los Reyes xSus vestidos son de intenso brocado en color borgoña y verde bordados en oro y alguna plata poca
unos 600 gramos.

Lo que pesaba
un Imperio
por entonces
no se puede medir:

Las medidas de ahora
son tristes como voces de barco
campesinos / carros de
labranza, reyes y ricos
se confunden con una
manada de ovejas
religiosas.

 

 

 

 

TRIUNFADOR

No le pidáis una sonrisa si no es tirana cínica o salvaje a ese divino.

No vayáis a abrazarlo para decirle que él es el gran modisto de Occidente.

No le beséis en su cara roja y blanca o en su altivez de rubio que fue rubio y ahora es un hombre cano. No. Nada de eso hagáis.

Rajadle cada tela que escribe y a ver qué tienen dentro sus palabras punteadas el diccionario que usa el vocabulario del amor y de la calle.

Abridle el estómago a ver cómo digiere el verbo caminar. Abridle la cabeza a ver cómo dispone la sintaxis de los pantalones qué tiene dentro además de sangre bombeada y viejas arterias y vávulas hundidas.

Miradle en esa foto que se ha hecho para el programa cultural y está coqueto con la manita tocándose la cara con un dedo estirándose el moflete y otro rozándole el labio inferior que ya sabemos que es el labio de la concupiscencia el labio del deseo el de besar otra boca y otro labio inferior que esté escrito en su signo del zodíaco.

Miradle qué provocativo a sus 58 años caminando como el rey de la selva y la lujuria con esa chaqueta cruzada azul marino con esa doble fila de botonadura como un almirante de la vieja Europa que hubiera nacido para mandar el barco colosal de las puntadas.

No os acerquéis a él clientes y modelos desconocidos y curiosos. Es un amargo él uno de los personajes turbadores que se preserva destruyéndose en el profundo sitio de su desgarradura.

Acercaos a él solo cuando esté muerto
y vuelva a ser humano
y ya no pueda ver las lágrimas de nadie
que causan su costura y su estilazo.

 

 

 

 

DINERO

Es oro plata cobre papel plástico se toma y da nos cubre / pudre / nos baja y nos rebaja nos eleva y matamos destruimos nos mata con máscara sin máscara desperdiciamos ahorramos escondemos abusamos robamos adoramos fusilamos jugamos negreamos jusgamos soñamos ¡ay! acariciamos hacemos leyes las firmamos compramos acosamos se debe/ se presta por dinero se roba / se miente buenamente

se ama se odia seduce lucimos deshacemos y hacemos guerras por él se hace todo lo bueno con todos sus contrarios.

Es un dios tan honrado como dios. Es un objeto tan inherente al hombre como el hombre. Activo siempre está no hay moda modo espacio que no lo represente. Amigos da fortuna fama y héroes. Si no lo tienes tira este papel. Pasea. Canta.

x
Ni lo sueñes.

 

 

 

 

PEQUEÑOS ULTRAJES

Son esos pequeños teribles actos por los que no puedes quejarte tan callados minúsculos tan lentos esos ultrajes mínimos hieren más aún que los grandes.

Por los grandes puedes reclamar ofenderte defenderte llorar pedir tus cuentas información justicia. De los pequeños ultrajes qué vas a decir ni siquiera tú sabes qué es exactamente lo que te han hecho lo que ocurrió qué vas a argumentar te tomarán por loc@.

Realmente tú mismo@ te crees loc@ demasiado sensible, susceptible, es que miras con lupa demasiada agudeza visual o táctil para vivir en el mundo que vivimos.

Tienes que tolerar te dices y te dicen sigue poniendo cara de ángel da las gracias la ofensa estaba en ti.

Eres tú quien ofende finalmente.

Y sigues aguantando esos humildes dolores microscópicos agudos.
Te morirás sin saber por qué aguantaste tanto dolor toda la vida sin justificación sin objetivo. Realidad.

 

 

 

Correyero, Isla. Género humano. Murcia; Ed. Inspirar-Expirar, 2014.

 

DIARIO DE UNA ENFERMERA

enero 26, 2013 2 comentarios

Diario de una enfermera

 

De este libro, ‘Diario de una enfermera‘, no puedo decir otra cosa que no sea que si aún no lo tienen, deberían hacerse con él como fuera, así su biblioteca subiría varios enteros. Los que tuvimos la suerte de ver a Isla Correyero en la presentación del libro salimos en estado de shock y desde entonces no dejamos de recomendar el libro. Aquí tienen varios poemas.

 

28 de septiembre de 1993

Inclino la cabeza para que nadie sepa que ya no soy humana.

Debemos pasar inadvertidos.
Todos los enfermeros provenimos de una raza de autómatas.

Afuera, llueve sobre la Clínica.
Un polvo pegajoso, negro y denso, cubre los coches y los impermeables.

Dentro, cada gramo de antibiótico es aplicado con indiferencia.
Un buscador de oro recorre la zona de los mortuorios.

Los científicos vacían a los animales.

Ya no conozco a nadie que pueda ser humano.
¡Hay tanta muerte y tanto olor a muerte!

Esta mañana han enterrado a un mono y a un hombre…

Aquí sólo existe la lluvia negra de la muerte en los pasillos.

 

 

 

MUERTE DE UN NIÑO. 5 de enero de 1994

Es misterioso ver morir a un niño enfermo.
(La piedad no existe para quien observa la belleza).

Su corazón continúa deslumbrando la cama. Durante el dulce ejercicio del pecho desnudo, la boca contiene una profunda sombra que alienta todavía.

No pesa nada un niño cuando se está muriendo. Es una leve pluma que va cayendo a un patio y, como cae la nieve, se aposenta en la noche.

¡Oh pequeño empujado! ¡Rey deshaciéndose, valientemente serio!

Tus lívidos temblores aún están recibiendo las palabras queridas. Tus dedos casi azules quieren tocar el aire.

Por obra de la luna un almendro florece.

Al lado de la cama ya hay vibración de hierba.

El polvo de la muerte te ha cambiado los ojos y caes, sin movimiento, al último latido.

(La piedad no existe para quien estudia la belleza).

 

 

 

EL DESMAYO. 21 de marzo de 1994

La imagen me viene a la memoria como una ráfaga de dolor y de oro.

16 años, Mario, de cabeza pelada, tormenta de amarillo su cuerpo derrumbado,
allí los largos brazos en el suelo, las piernas traicionadas de atleta submarino,
allí, allí, en el suelo del pasillo,
competencia del hueso y la verdadera dureza de la tierra,
el olor confuso y oscuro de la juventud y la belleza confundido con la quieta propietaria de la enfermedad.

Nosotras le tomábamos el pulso y le llamábamos para que regresara del pozo de la luna.

También el celador tuvo un gesto de amor al recogerlo del suelo
y abrazarlo
para ponerlo en la silla de ruedas y llevarlo a su cama…

¡Qué desmayo arqueado!, colgando la cabeza, esquivando el espacio de la muerte
para llegar a los ojos afligidos de su padre y la hermana y abrirse a una visión de estrellas de ceniza.

Era el comienzo de la consecuencia que vendría después de cerrarse la habitación y aparecer la madre absolutamente consumida por el llanto,
desgarrada
como un diverso animal que se movía sin saber dónde ir,
buscándose la detención de las lágrimas
y venir hacia nosotras para decirnos, muerta de convicción:

“Se me está apagando como una velita. Se me está apagando…”

 

 

 

LA AMBULANCIA. 15 de abril de 1994

Me han elegido para entrar en la muerte de una niña.

La ambulancia transcurre por la carretera con su memoria de meteorito. De Madrid a Gerona nos ganará la noche.

Yo controlo los brazos de la enferma desnuda y reviso el pliegue cabalístico y frágil de su garganta afónica.

El suero cae buscando la vena azul de su radiografía.

Brilla el oxígeno sobre mis guantes blancos y dibuja inscripciones en mi nariz poética.

El misterioso conductor nos mira desde el poniente imán de su espejo difuso.
Los cohes que cruzamos van vivos de miradas poderosas.
Se agradece la marcha vigilante que, de pronto, sobre el cristal central,
la nieve nos choca como un sueño.

Yo comienzo a temblar porque mi enferma me ha hecho una caricia sobrehumana.
Sus ojos de dolor de cuatro años están terriblemente abiertos y distintos.

Tengo su mano agonizante y fría sobre mi muslo tenso y absoluto.

Me pide a su mamá, su voz de agua: agua, agua.

Dieta absoluta son ya las lejanas órdenes del médico.

Agua y amor me pide la que muere.

De una bolsa de suero glucosado le doy a la privada criatura un sorbo,
un sorbo lento.
Traga,
traga,
mi amor,
mi amor,
mientras me acuesto a su lado
besándonos, me muere.

La ambulancia prosigue su camino hacia un lugar que no existe en el mundo.

La madre esperará cien noches, aterrada,
en la terraza.

 

 

 

17 de mayo de 1995

Mi joven y vertiginoso padre ha ingresado en la UVI, tocado por la muerte.

 

¡Oh, sus párpados negros, sus números azules!

 

 

13 de junio de 1995

Mi padre ha muerto el día 13 de junio a las 13 horas y 13 minutos de este 1995 azul.

 

Ha cambiado el mundo, el añil de las cosas.

 

Todos hemos pasado al frío vertiginoso de los abandonados.

 

 

 

PARA QUIÉN ESCRIBO. 10 de octubre de 1995

Mi hijo de diez años me ha preguntado para quién escribo.

Mi palabra sale de la afonía de una guardia, de un sufrimiento crónico.

Escúchame, Paolo, yo quisiera escribir para todos los que sufren en esta larga galería de la muerte.
Para los que lloran por el clima y desfallecidamente caen entre las sábanas mojadas.

Para las madres que nunca acaban de perder al hijo estremecido y permanecen a su lado las horas eternas de las tinieblas.

Escribo para los ancianos sin sucesión ni campos de manzanas que llaman solitarios a los timbres temblando por su incontinencia.
Para el bálsamo de su inmovilidad escribo en el lavatorio de sus heces.

Escribo, Paolo, para las alas fosfóricas de la guadaña que pasa cada noche sobre el piso noveno y deja caer su cucharón de palo para comerse al más ausente.

Para los hijos, escribo, los hijos que fuman los cigarros amargos a escondidas y lloran lágrimas nerviosas porque aún no han accedido a la soberanía de la enfermedad.
Para las hermanas levísimas que besan en los labios y en los dedos la amarilla delicia de la fiebre de su hermano.

Dulce niño que no comprenderás ahora estas palabras que levanto:

Para los enfermos atados a las camas que ven las rápidas transformaciones de la luna y las tortugas.

Para las esposas continuas que sólo van a casa a lavarse el olor y la vertiginosa lucidez de los zumbidos.

Escribo, Paolo, para el amante que no podrá entrar a besar a su amado y que sufre llamándolo, sin voces: amor mío, amor mío.

Escribo, Paolo, para valorar el trabajo de las limpiadoras que renuevan el hospital y el ruido de la orina.

Para los delicados y sorprendentes celadores, las voladoras cocineras, los peluqueros ágiles, los dóciles suplentes.

Para las enfermeras azules de la eternidad y sus ayudantes, los médicos humildes.

Para los estudiantes que vienen a devorar la enfermedad con su infantil y entusiasmado volumen de primero.

Para la paciencia y la misericordia escribo.

Para declarar que el olor de los medicamentos y las deyecciones precipitan las tragedias.

Para los transplantados, los locos, los quemados, los absortos en el estrabismo de la muerte.

Querido niño azul, yo escribo para los animales que trabajan en el ovillo de la hierba y nunca acaban de vagar por el animalario.

Y sobre todo, sobre todos los seres de este mundo, yo escribo para él, tú ya lo sabes, para él, que se ha ido en esta primavera y se ha llevado todo mi derrumbado diccionario de la medicina.

 

 

Correyero, Isla. Diario de una enfermera. Madrid: Ed. Huerga y Fierro, 1996.

 

CRÍMENES

Crímenes

 

LOS SOLITARIOS

Sabemos de los corazones solitarios porque tienen la misma conducta de los asesinos.

Son corazones salvajes que no obedecen leyes. Tienen el pérfido don de la mirada y nos contemplan a través de su silencio.

Hay más revelación en sus manos que en su lengua.

Por su actitud inmóvil conocemos la desesperación, acurrucados en la existencia para reconocernos.

Suelen ser hermosos como la oscuridad y pálidos y dulces como los secretos de las niñas.

Es inútil penetrar en su reino: somos espectadores, nada más, de sus actos veloces.

Ellos poseen el corazón y la conciencia, al acecho, para caer sobre nosotros con un gesto en el aire.

 

 

 

ÁNGELES DE LA MUERTE

El pan que como en la oscuridad tiene gotas de sangre.

Yo estuve diez años en un Hospital bebiendo sangre: agua con sangre, café con sangre, hielo con sangre.

Ahora, al atardecer, recuerdo siempre a los enfermos que morían.

Las ventanas del Hospital tenían sangre en los cristales y en el aluminio. A la luz de la luna, las gotas brillaban y eran casi negras.

Yo me pasaba las guardias encorvada sobre mi cuaderno:
xxxAllí me dejé la voz azul que salía de las habitaciones.
xxxAllí me dejé las convulsiones de los que morían mal.
xxxLos pasos débiles de las piernas enfermas.
xxxLa palidez y las lágrimas de los enfermos orgullosos.

Algunas enfermeras entraban en las habitaciones riendo como ángeles, con las sábanas blancas, las sondas, las bateas…

Y salían sudorosas y hostiles, frenéticas de sangre, solitarias, en dirección al bar…

Ahora todos son sombras evaporadas en el pasillo lúgubre donde los amigos íbamos a fumar el último cigarro de la guardia; mientras la limpiadora, con un violento trapo gris, iba recogiendo el brillo de la sangre.

 

 

 

TODOS NOSOTROS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodos nosotros que debutamos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la vida con una tara irremediable,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque deseábamos tanto y habíamos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxobtenido tan poco, que con tan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbuenas intenciones, tan mal
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacabamos… Todos nosotros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJim Thompson

Todos nosotros.
Los que nacimos rechazando la política y las leyes.
Los orgullosos.
Los que sabíamos que extraían de nuestra percepción la libertad.

Todos nosotros.
Que crecimos en pueblos y en ciudades aún azules.
Que fuimos incalculables niños instintivos y lunáticos.

Todos nosotros.
Viajeros.
Los que atravesamos la oscuridad del sexo y la habitamos.
Los buscadores de belleza.
Los que probamos las exóticas sustancias y vivimos en el cine y en la noche.

Todos nosotros.
Generación, tribu, conjunto de perdedores que imaginamos
que la ruina era el más alto honor.

Todos nosotros.
Los desterrados ahora de aquel grupo.
Los olvidados, los oscuros, los ausentes.
Los abandonados y los destruidos.

Todos nosotros.
Los que ya no soñamos. Los que somos compradores de todo.
Los arrasados por el dinero y por las guerras.

Los que ahora somos impenetrables asesinos blancos.

Los que contemplamos la luna desde el cielo.

 

 

Correyero, Isla. Crímenes. Madrid: Ed. Libertarias, 1993.

 

LIANAS

Lianas

 

LA CASA

Tenía para mí, la casa, un incurable
olor a trébol y pájaros mojados,
caudales de colmenas que a la noche
con dulce estruendo azul raspaban las ventanas.
Eran aquellos días de amor
en que quedábamos
a la fuga y al hielo de las doce
recostados y firmes en un banco
dibujando sombreros y jamás.

La llave de la casa con la lluvia
tenía un frío tacto de sollozo
que al meterla en la vieja cerradura
sonaba igual que un vino
tragado en el silencio.

Como el aire canela, por las puertas pasábamos
ligeros e inocentes, veloces, revoltosos.

Si yo estaba en la casa,
llamabas a la aldaba conteniendo el aliento
y en el vientre los vidrios tibios de la zozobra.
Desde mi cuarto a oscuras yo cuajaba las ansias
contrayéndome toda, volviéndome violeta.
Daban las doce fieles en el reloj del patio
y la mágica herrumbre de la llave
inundaba de luz todo el pasillo.

Bajo el racimo blanco de la lámpara antigua
mis ojos te buscaron durante tres inviernos
y a sus uvas brillantes, vi tus ojos anclados,
rojizos, en el álveo profundo de las lágrimas.

Con la quietud de un cisne sorprendido en su sueño
resistí la derrota punzante con orgullo
y al despedirte tuve el gesto del guerrero
que, sabiéndose herido de muerte, aún sonriera.

Hubo tantas pisadas de tu alma en la mía,
tantos lodos y fosos nos fueron circundando,
que al mirar, hoy, de lejos
la frágil casa a oscuras,
me atraviesan sus acres crepúsculos coñac.

¡Cómo deshace el tiempo las casas y sus climas!
¡Qué pronto se parece la memoria al olvido!

Sobre las frías alas del recuerdo se mueven
sombras falsas, terribles,
cortinas y escombreras,
viejos libros cerrados, abejas en la piel.

Y ya no hay corredores simulados ni huellas
capaces de encerrarnos, otra vez, en sus muros.

Pasaste por mi casa, tu casa y nuestro nicho,
con el descuido propio de un pecado de amor.
Pero al huir dejaste, repleto de señales,
el camino y la brújula inútil del recuerdo.

 

 

 

NECROFILIA

Él estaba sentado
o más bien recostadamente inmóvil
sobre un sillón de flores y frutas en brocado
y distendía el labio inferior hacia el cigarro
con una preocupante vaciedad en la mirada.

Llevaba muchas horas con los brazos morados
y su perfil fingido amargaba en la noche.

Recordaré sus manos de agudas uñas blancas
caídas a lo largo de una lupa en un libro.
Fugitivas, las horas, pasaban a navaja
aquel semblante insomne, dañino, estrafalario.
La barba, desatenta, crecía mortecina
y un ligero reflejo daba una vela al párpado:
allí estaba royendo la pupila irreal.

Si de mis labios presos
se hubiese oído el grito que escapó de mi boca
tal esqueleto hubiera saltado de la silla.
Pero él siguió callado y yo pasé rozándole
ingenuamente débil, debilmente insensata.

Sólo las ambiciosas heridas de los pechos
y aplicadas al rostro las expurgadas brasas
consiguieron calmarme el duelo y el vacío.

Digo que quise odiarme
el deseo y el daño que su rigor me hiciera,
hundida en su cintura maltratada y glacial.
Desfalleciente estuve desnuda y destrenzada
con el pubis florido entregado a las aves,
rapada la cabeza, cubierta de cenizas,
sonámbula de miedo, salvajemente sucia.

Cinco días sin fondo mordiéndole las piernas,
robándole su escasa postura y su despojo.

Y nunca sus sentidos
percibieron el dulce placer de aquel idilio
desgraciado y violento que sostuve con él.

Permaneció sentado,
cadáver, insolente, mas inmóvil
sobre el sillón de flores y frutas en el brocado
y en la boca la punta del cigarro rubí.

 

 

 

EL SILENCIO

Todo el silencio de mi vida
está encerrado en un grano de ámbar.
Todo lo que callé y aún callaré
está escondido allí.

La sola voz desnuda que me obliga al secreto
y ni lágrimas vierte ni impaciencia,
es un punto negro dentro del amarillo fulgor
que el alma tiene,
una extensa planicie de oro en el desierto,
esférica y helada
con un solo habitante en su interior:
un pájaro gigante, muy lejano,
atrapado en la quietud de la resina,
derretidas las patas por el tiempo
y la mirada ingenua del que muere inocente.

Todo el silencio cabe en un segundo,
en un sueño,
en una seña,
o en el último estertor junto a otra boca.

Por eso escribo sin violar las leyes del silencio,
con la tristeza en flechas arrancadas del labio,
escarchada en cristales de azúcar y aguardiente
cual ramo de anís en la botella blanca
o faisana soñando solitaria
en los bajos espumeros de la sal.

Todo mi reino está rayado a esmeril
y es pasto del olvido,
costa brumosa surcada de aguanieves,
intenso mar que vive en mí
xxxxxxxxxxxxxxxxxxicon la niebla y la sombra.

De sus playas extraje todo el ámbar,
de mi azotado corazón, todo el silencio.

 

 

Correyero, Isla. Lianas. Madrid: Ed. Hiperión, 1988.

 

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