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INSUMISAS (III)

 

NIEVES CHILLÓN

 

ESPIGADORAS

Otras mujeres con un hijo
dentro pisaron esta tierra

hace décadas recogían las espigas
con su hijo y su saco

hace siglos recogían las espigas
con su hijo y su saco y la muerte
agachada también
cerrándoles el cuerpo

la muerte en el ceño
la muerte en el puchero
el perfil de la casa
en el saco de las espigas
triunfante.

 

 

 

 

 

TXUS GARCÍA

 

¡Cuidado!
Las locas venimos en masa,
las locas sacamos las uñas
y, zas,
te arañamos la otra mejilla.

¡Cuidado!
Las locas, las desviadas
cuecas, maricas, travelas,
torcidas, feas y extrañas,
te pegamos con el bolso,
pisoteamos tus valores,
te escandalizamos entera.

¡Cuidado!
Las locas invadimos,
tenemos negocios,
somos tus doctoras,
maestras y monjas,
estamos por todas partes,
nos casamos y adoptamos,
estropeamos a tus niñas huérfanas.

Te vendemos el pan,
amasado con manos
de culo, de pecado,
de sida, de noche.
Te rozamos en el metro,
te pagamos el sueldo,
te limpiamos las camisas,
te miramos en los baños.

¡Cuidado!
Las locas somos todas y estamos cabreadas,
las locas te arañamos, te pegamos y escupimos,
te mostramos nuestros Queer-pos, te tocamos el falito,
te sobamos las ideas, rompemos tus esquemas.

¡Cuidado!
Que va a ser que ahora no tememos a tus perros,
a tus porras, a tus palabras, a tus condenas,
o a estar presas.
Porque ya hemos estado ahí mucho tiempo,
generaciones de exilios, condenas, cárceles, campos,
palizas, sangre, dolor, lágrimas, ¡travesti de mierda!,
maricón, bollera, contranatura, vergüenza ajena.

¡Cuidado!
Las locas contagiamos,
te pegamos cualquier cosa, te volvemos rarita,
sin quererlo.

¡Cuidado!
Las locas contagiamos
la fuerza, el coraje,
las ganas de luchar
y el poder vivir por fin,
sin miedo.

 

 

DOCUMENTO NACIONAL DE IDENTIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo era el niño que ardía en mis ojos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAgustín Gutiérrez

Aquí estoy. Me llamo Txus y soy transgénero.
Llevo siglos siéndolo.
Fui niño bollera y niña gay.

Madre me trans-vestía como una señorita:
manoletinas, braguitas y encajes, lacitos,
un parche en el ojo vago, gafas.
Plantillas correctivas. Pelo largo moreno, muy liso.
Hice la comunión trans-vestida de blanco.
Era una pequeña y folclórica gordita.
Era marika.

Adivinad qué papel me pedía en el juego tonto ese de
apapásyamamás
Crecí seducida por pelis de romanos, duelos al sol y
hombres de hojalata.
Yo era Tarzán o Guillermo, el Travieso.
En mi bola de cristal amaba a Alaska
(cuando todavía podía ser Olvido
Gara).
Y leía Mujercitas y era Jo. Leía Los Cinco y era Jorge.
Engullía libros de la Blyton y suplicaba a mis padres poder
vivir en un estricto internado inglés, sólo para chicas.
Tomaría cerveza de jengibre y pasteles por la noche.
Podría cabalgar a lomos de la masculina señorita
Roberts…
Mmmmm.

Una vez una niña me besó en un baño y me dijo que me
parecía a Superman.
Ese fue uno de los días más felices de mi vida.
Un día perfecto en Transylvania.

 

 

…ERAT VERBUM

Y entonces vi lo que había hecho
y vi que estaba bien y que era cómodo
la de vivir en un pareado con piscina,
esperar complaciente a tu maridito,
pasar por la Minipimer criadillas,
cambiar pañales, vomitar papillas,
lavar calzoncillos con zurraspas…

Que se te llene la bañera y la cama
de santos viriles pelos negros rizados,
que te huela el salón a sudor macho,
que haya siempre una bella gotita
de pipí en la taza.

Es
justo y necesario,
es nuestro deber

y vuestra salvación.

 

 

 

 

 

BELÉN GARCÍA NIETO

 

MEMORIAL

El primero ocurrió al cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Despierto con la desgana de inaugurar un año
al que no elijo dar comienzo.
Se llamaba Mariana,
fue estrangulada por su marido.

El segundo ocurrió al quinto día de empezar el año,
era martes.
No hay nada distinto al día anterior,
sólo más frío y el puño más cerrado.
Se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su ex pareja.

El tercero ocurrió al séptimo día de empezar el año,
era jueves.
Entrecruzo mi pelo para una trenza,
es difícil que sea el rostro el que hoy dibuje mi sonrisa.
Se llamaba Mirella,
fue asesinada por su ex pareja.

El cuarto ocurrió al undécimo día de empezar el año,
era lunes.
Mis oídos zumban.
No distingo la hierba que permanece con vida.
Se llamaba Isabel,
fue apuñalada por su marido.

El quinto ocurrió al décimo tercer día de empezar el año,
era miércoles.
Al corazón le faltan latidos, se deshace en el perfil del ojo.
Cada día mis brazos recogen la misma leña.
La lengua rota.
Se llamaba Lucinda,
fue asesinada a tiros por su ex marido.

El sexto ocurrió al vigésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
Se extiende bajo mi piel el fuego que congela los músculos.
No sé qué haré hoy,
se apagan las noches tan rápido.
Se llamaba María,
fue degollada por su marido.

El séptimo ocurrió al vigésimo tercer día de empezar el año,
era sábado.
Deshilacho las sábanas,
abrazo el cuerpo que duerme conmigo.
Enero cubre de hielo todos sus días, parecen nada.
Se llamaba Lisa,
fue estrangulada por su marido.

El octavo ocurrió al vigésimo séptimo día de empezar el año,
era miércoles.
Parece que este mes fuera eterno, no termina,
y aún quedan once más.
Se llamaba Ascensión,
fue asesinada a golpes por su marido.

El noveno ocurrió al cuadragésimo segundo día de empezar el año,
era jueves.
Me pesan los restos de horas invisibles,
las que no soy frente a un teclado escondiendo las sombras.
Se llamaba Ana,
fue asesinada de un tiro por su pareja.

El décimo ocurrió al cuadragésimo cuarto día de empezar el año,
era sábado.
Me asomo a la ventana antes de salir de casa,
los pájaros picotean como escarcha la frente.
Se llamaba Francisca,
fue estrangulada y acuchillada por su marido.

El undécimo ocurrió al quincuagésimo tercer día de empezar el año,
era lunes.
Comienzo la semana con la fuerza suficiente para encarar febrero
pero se queda entre las manos, perdida,
como agua que se cuela entre las grietas.
Se llamaba Soraya,
fue asesinada a tiros por su ex novio.

El duodécimo ocurrió al septuagésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
El mundo se queda sin brazos,
sin pupilas que alcancen,
sin hueco para esconder las lágrimas.
No es posible esconder más lágrimas.
El mundo se queda con la muerte.
Se llamaba Victoria,
fue asesinada por su pareja.

El décimo tercero ocurrió al septuagésimo cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Pierdo la cuenta de mi pulso,
de los cañones a golpes contra mi cuerpo.
Tantas son las bocas calladas hasta ahora,
tantas las figuras destrozadas,
las manos que las atraviesan,
como tantos los cómplices,
ausentes en este silencio.
Y aún no asoma la primavera.
Se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su marido.

En el centésimo tercero se llamaba María del Carmen.
En el centésimo quinto Cristina.
En el centésimo octavo Yolanda.
En el centésimo trigésimo segundo María Candelaria.
En el centésimo trigésimo tercero Nombre no conocido.
En el centésimo quincuagésimo Lucía.
En el centésimo quincuagésimo tercero Jana.
En el centésimo sexagésimo tercero Aranzazu.
En el centésimo sexagésimo quinto Johana.
En el centésimo  octogésimo cuarto Teresa.
En el centésimo nonagésimo segundo Karla.
En el centésimo nonagésimo tercero Alexandra.
En el centésimo nonagésimo noveno Benita.
En el dos centésimo segundo Krisztina.
En el dos centésimo quinto Arantzazu.
En el dos centésimo vigésimo primero Xue.
En el dos centésimo trigésimo quinto Jane.
En el dos centésimo quincuagésimo noveno Flori.
En el dos centésimo sexagésimo primero Ada.
En el dos centésimo octogésimo Mónica.
En el dos centésimo nonagésimo Estefanía.
En el dos centésimo nonagésimo cuarto Isabel.
En el tres centésimo segundo Jacqueline.
En el tres centésimo sexto Yolanda.
En el tres centésimo vigésimo Celia.
En el tres centésimo vigésimo primero Juana.
En el tres centésimo vigésimo octavo Alia.
En el tres centésimo quincuagésimo segundo Ana.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Elena.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Mari Carmen.
En el tres centésimo quincuagésimo cuarto Victoria.

Y ahora, ¿quién se atreve a borrar sus nombres?

 

 

 

 

 

ALBA GONZÁLEZ SANZ

 

TEORÍA DE LA LITERATURA

II.

Pronunciaste casa.
Sus muros se cayeron.
Dijiste amor para instalar
el asco hacia tu cuerpo.
Apretaste tu garganta en el intento
de extinguir la agonía.

Vestida con tus ruinas,
sales de la ciudad.
Nada de lo que hiciste
te sostiene.

La voz, sin embargo,
deja de doler.

 

III.

Te atragantas con cosas sencillas.

El cristal que se rompe. El descuido de grasa en ciertos
platos. Una bola de polvo atravesada en medio del salón.

Cosas sencillas.

La memoria albergada en cada libro. Los disparos. El
ruido que disuelve en la espesura la fuerza de los nombres.

Escupes aquí.

 

 

ROJAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(A la manera de Olga Novo)

Querida abuela muerta por quistes hidatídicos,
abundan en Castilla los pueblos con falange y con iglesia.
Te moriste a mi edad y con dos niñas, tan niñas entonces, luego solas,
a merced de los siglos de tareas, deberes, devociones,
las horas que pasan de violencia y silencio.
Te moriste y venías de bando masacrado:
a tu padre, ya sabes, las hostias de cuartel, cada día antes del campo y
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[la faena, la venganza del perro.
Te casaron al alba.
Querida abuela muerta por quistes hidatídicos,
tus nietas estudiamos, somos hijas amadas. Follamos con varones escogidos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[después del necesario desacierto. Vivimos y viajamos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[coche, empleo, palabras, nuestro coño en las manos a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[manera de ofrenda. Honramos tu memoria.
Intentamos ser dignas.
Querida abuela muerta, a tu cuerpo incorrupto tu nieto le anuda un lazo tricolor.
Querida abuela roja casada con un hombre de familia delictivamente azul:
hoy ha muerto tu único marido.
Hoy siento pena histórica y el llanto de mi madre siempresiempresiempre huérfana.
Querida abuela muerta por quistes hidatídicos, no me olvido: a tu primera hija
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[la llamaste Amor.
Moriremos por amor o por el cáncer, por un extraño ataque terrorista. Tus nietas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[moriremos en aviones, un poquito, sólo un poco, de piadoso
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[seconal.
Mi primer lexatín me lo dio la doctora titular que trabaja conmigo en el congreso.
Oh, representación; oh, democracia.
Querida abuela roja, cada día, cruzo un arco de fusiles con tu miedo y tu risa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[en los talones.
Tú también entras.

Pero en cada noche, en cada huir, vibra tu cuerpo roto y rojo.

 

 

 

 

 

INMA LUNA

 

DUDAS

Me preguntaba si tendrían pelo debajo de las tocas,
si sus manos podían ensuciarse,
si alguna vez dirían palabrotas,
si pensarían en hombres,
si mascarían chicle cuando nadie las viera
o darían volteretas en sus camas, a solas.
Me preguntaba si tendrían pelo debajo de las tocas,
si habría algún latido, algo vivo y real, debajo de sus hábitos.

 

 

EL PATIO

Emparejadas como bueyes
salíamos al patio.
Al principio había yerbas, amapolas,
algunas briznas insólitas de trigo,
semillas que brotaban sin deber.
Luego,todo se hizo cemento
de aquel que lastima las rodillas.
El campo despertaba
demasiados instintos.

 

 

EJEMPLOS DE LA PEREZA CASTIGADA

Tanto rato riendo, así, como una boba
vagando de un lado para otro
como si de verdad creyeses
que hay algo digno de ser encontrado,
que hay algo que ¡tú! pudieras descubrir.
Ve a casa,
aleja la pereza,
limpia los orinales,
ayuda a la familia,
haz tus deberes,
restas y divisiones,
no entornes los ojos
cuando te hablo,
no pierdas el tiempo
una vez más
pensando.

 

EL TEMA

contra-inma-luna

 

EL TEMA

Quisieron hablarme de sexo
al enterarse de mi embarazo
y ni siquiera entonces
supieron cómo hacerlo
así que me obligaron a casarme
para evitar el tema

 

VERANO DE 2012

Manifiesto 12

 

Aquí tienen algunos textos del número 12 del Manifiesto Azul.

 

NOELIA ILLÁN CONESA

ALGO DE ESTRUENDO

Sí, por qué negarlo.
Buscamos a veces los labios vacíos de amor,
algo que no tenga trascendencia.
Y nos basta, sí, eso nos basta:
el machaque de gusto,
el colarnos entre las piernas de un muchacho
y bebérnoslo por puro pasatiempo.
Y que nos dé igual el “luego”.
Luego, ¿qué? No importa.
Comer por comer, por el puro placer del comer,
casi como un capricho para el cuerpo,
que seas tan puta como el otro que está en tu cama,
o en tu coche,
o en un portal.
Que te duela el alma o la entrepierna,
que no puedas sostenerte más tiempo a cuatro patas
ni tu piel pueda ya rezumar más sudor.
A veces sí, se necesita:
nada de amor y algo de estruendo.

 

 

INMA LUNA

BOCABAJO

Trasnochar con la ternura de Together
y luego darle vueltas a la cama
comiéndome los números más rojos del reloj.
Me inquieto con cuidado para no despertarte,
me respiro los nervios como un caracol,
haciendo y deshaciendo la almohada,
sacando los pies por la azotea,
subiendo con sigilo hasta la lámpara
y cayendo después en el sueño poblado del Lorazepan.
Madrugar.
Caminar por los mismos adoquines de antes
al son del ritmo silencioso de tacones de goma,
como si por allí nunca hubiera pasado,
haciéndome la nueva,
haciéndome la fresca.
Llegar al sitio que me espera
con su eco caliente de papeles y máquinas dormidas.
Enterarme de noticias grandiosas,
informaciones trascendentes
como que hoy mi padre saldrá y verá la calle
por vez primera en lo que va de año
y que ya cuenta chistes
aunque aún no se acuerde de qué ha comido hoy.
Llegar a casa,
que me estés esperando con la puerta entreabierta
y unos besos de viernes bienvenido.
Cortarme el dedo mientras cocino pollo congelado,
que nos sabe a manjar con un vino que raspa
y nos tinta la boca.
Entusiasmarnos con pisos grandes y terrazas
que nunca podríamos pagar.
Tomar cerveza, visitar a mi hermana,
mirar la cartelera, darnos la piel
como si todo fuesen vacaciones
en un país extranjero,
como si todo fuesen tulipanes,
como si fuésemos capaces de cambiar este mundo
aprendiendo a vivir de otra manera.

 

 

ANTONIO PÉREZ ABRIL

HIJO, CUANDO TE LANCES A LA VIDA…

Sé un buen chico los domingos
Y no le hagas ascos a la sopa.
Recibe alguna hostia,
Lávate los dientes y si te aburres
Lee un libro o hazte una paja.
Ten sueño los lunes
Y ansiedad los martes.
Acaricia la prosperidad de las cosas.

Pero no las hagas tuyas todavía.
Baja alguna vez a los infiernos
Y masca bien las brasas que te dejen.

Solidarízate con el dolor:
Compra algún geranio
Y empuja con gracia el carrito por el super.
Vuelve luego a casa y pégate una ducha.
Pero pase lo que pase, no olvides nunca

Atravesar esa puerta y defraudarlos a todos,
Defráudalos tanto como puedas,
Hasta borrar cualquier imagen que tengan de ti
Y tú mismo dudes de tu existencia.

 

 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

BALAÑIANA

Con tono de sarcasmo me preguntan
si intento transformar el mundo con poemas.
Casi nunca respondo o lo hago con metáforas
de feroces Quimeras que es hermoso confrontar
pero que siempre te tragan. Mas yo sé
que cada vez que algún adolescente
se sienta enamorado y elige la poesía
y afila su navaja para hundirla en la coraza
de piedra del Enigma, somos más
contando de este lado, Y sois menos del vuestro,
y aunque bien es verdad que este país no es soleado
ni dispone de ejército ni las aguas son puras,
nuestras palabras no son inocuas. Y pesamos.

 

 

DAVID LÓPEZ SANDOVAL

VINTAGE

A lo mejor resulta que las cosas
envejecen también y que la misma
lealtad a lo que una vez mostraron
les procura esa sensación, que es marca
de la casa, de andar algo perdidas.
Recuerda, por ejemplo, aquellos discos
de Dylan que tu padre te dio, cuántas
veces los escuchaste convencido
de tener un tesoro; y sin embargo
ahora ya no sabes en qué caja
los metiste o, lo que es peor, siquiera
eres capaz de oírlos con agrado.
Mira, si no, estos cuadros de familia,
o incluso las primeras ediciones
de Valle o de Baroja, date cuenta
qué poco dicen hoy a quien se muere
por salir de la jaula de sí mismo.
Y sin embargo, ¿no es esto una excusa?
Porque en realidad, después de todo,
sucede que las cosas van ganando
galones casi tan rápidamente
como tú vas perdiendo facultades,
y que aunque tú no seas ya capaz
de amarlas, ellas tienen confirmada
la eternidad y un día en el amor
que los otros, sin duda, han de otorgarles.
Y eso es una verdad como un templo.
Y otra verdad es, nunca has de olvidarlo,
que ahora, a estas alturas de tu vida,
matarías por ser igual que ellas.

 

 

JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ

NUEVA ZELANDA

Arranqué pedazos de mi alma, los cocí e hice ladrillos con ellos. Muchos ladrillos: había material de sobra. Con los ladrillos hice un muro, un muro no: otra cosa, no sé qué, ocupé con ella la plaza de mi pueblo y seguí construyendo para hacer más grande eso, lo que fuese eso. cada vez más y más grande. No sabía qué podía ser, salvo que era grande, podía subirme encima y me subí: seguía mi labor desde allí, no paré hasta ver pequeños los pájaros, la gente, las nubes, los aviones, las azafatas de los aviones me saludaban al pasar, al parecer me había convertido en una celebridad, no, eso no, deliro: pero es que una me enseñó los pechos. Salí del país, del continente, vi la tierra y el mar, se separaban debajo y yo era un Moisés geoestacionario, no por nada, es que los satélites geoestacionarios circulaban como locos a mi alrededor, arremolinándose como moscas en el frío verano de las playas del espacio exterior, la línea de costa del cosmos, pero no había dúplex ni resorts, menos mal, ¿menos mal? la Tierra y el Sol, con mayúsculas, por ejemplo: una vez vi una escena parecida en Superman, pero yo prefería pensar en satélites, todo menos heroico y más mecánico: podía haber sido uno de ellos, pulular como una mosca programada por ahí arriba y emitir zumbidos hacia abajo, burlarme de mis receptores, ronronear en el regazo de sus máquinas, también hacia el sol, a ratos, pero decidí seguir mi camino, seguir con mis ladrillos, no podía parar, ¿por qué iba a hacerlo, si tenía la opción de seguir subiendo incluso hasta ese punto en el que subir o bajar son la misma cosa, dos correas para el mismo perro, los dos pechos de la misma azafata, pechos que brincan a mi paso, que vibran a cámara lenta en mis noches más calientes? A un lado o al otro ya no era más que continuar o dejarlo y dejarlo era de idiotas, así que seguí añadiendo ladrillos, cociendo más y más pedazos de mi alma para hacer ladrillos con ellos, tenía alma para rato, no acababa de sacar pedazos nunca, una suerte de reino de Jauja, maná moral cayendo del cielo de mí mismo, y hablando del cielo: pasé Marte y Júpiter y después Plutón, ese pobre, estúpido ex-planeta. Ahorraré detalles: llegué al fin del universo y vi el rostro de Dios padre. No, no el rostro de Dios. Vi el final. No hay final. Quiero decir que empecé otra vez de cero. ¿Hola? ¿Alguien ahí? En mi pueblo me miran raro, mientras cuezo ladrillos, después de saludar: me queda alma para rato. Empiezo la ascensión aunque esta vez quizás me quedé a esta parte de la órbita geoestacionaria, orbitando aquellos fulgurantes senos que entreví una vez, dedicados para mí, que la azafata guardará esta vez para sí misma, acaso ya en la otra parte del planeta, en las mimas antípodas.
Por lo que tengo una idea: sigo excavando, pero también ahora en la tierra. Construyo un túnel, no, un túnel no. ¿Aparecería en Nueva Zelanda, vería algún día el rostro verdadero de mi alma?
ya fuera de bromas, ¿existe Nueva Zelanda?

 

 

NATXO VIDAL

MILLÁS NO ESCRIBE NADA BUENO

Hacía tiempo ya que me sentía mal. Al principio fueron síntomas sin importancia: dolores de cabeza, tos, molestias en el cuello. Luego empecé a encontrarme peor: me dolían las tripas, vomitaba, me temblaban las piernas y veía el cielo gris todas las tardes. Y los domingos se me caían las cosas de las manos. Después vinieron las pesadillas y el insomnio, las supuraciones, la hipertensión y hasta la halitosis; empecé a perder pelo y las uñas dejaron de crecerme.
Entonces decidí leer a Millás, pensando que me ayudaría. Sabía que él habitaba un mundo donde nada es lo que parece, lleno de fantasmas y de dolores lumbares, de vértebras desencajadas tras el primer sueño, de suegras muertas que se aparecían… No me fue bien y, además, me aficioné al gintonic.
En sus textos hablaba de psicoanalistas y psiquiatras. Ahí debe de estar la solución, pensé. Escribí a su editorial y pregunté cuál era el suyo. Dirección, teléfono y tarifa, dije. Me lo contaron todo.
Fui un miércoles por la mañana. Me recibió una señorita con orejas grandes y desnuda de cintura para abajo, con un cartel colgado de la blusa: no creas siempre lo que tus ojos digan. nada es lo que parece, y más abajo doctora Lucía martín. me acomodé en el diván. vengo de parte de Millás, le dije al otro médico; y luego les conté el problema.
Todo empezó hace unos doce años, dije. Dolores de cabeza, molestias en el cuello. Y así hasta hoy, los nervios, la hipertensión, la caída del cabello, los vómitos o la halitosis. Su problema es que se empeña usted en ver la realidad, me dijo. Cierre los ojos. Imagine que su mujer le quiere. Que su trabajo le hace feliz. Que sus hijas le consideran un buen padre. Imagine que España es una república con políticos capaces, que la justicia cumple, que la vergüenza existe, que la escuela pública es reconocida como se merece, que la iglesia hace lo que debe y que el mundo gira cada día seguro de sí mismo, camino de un futuro mejor. ya lo veo, dije. Entonces conserve esa imagen y no abra los ojos mientras se los sacamos. Entró a la sala la misma señorita que me había recibido (lo supe por el olor) y me arrancó los ojos mientras me susurraba cosas bonitas al oído. Ahora verá sólo lo que quiera, dijo. Se sentirá mejor. La próxima semana le extirparemos los oídos. Y a la otra le prohibiremos la lectura. A partir de entonces, dijo mientras cogía mi dinero, será, sin duda, el hombre más feliz del mundo.
Debí haber escuchado los consejos de mi padre. No leas a Millás, me dijo. No escribe nada bueno.

 

 

ÁLVARO PINTADO GONZÁLEZ

AUTODEFINIDO

1984. The Doors. Izquierda Unida. Eduardo Lago. Confederación General del Trabajo. 1.100 euros al mes. Periodista. Cerveza fría. Soltero. El show de Truman. El Principito. Ateo. No me gustan las etiquetas.

 

VACÍO 2.0

En apenas 10 minutos y después de varios golpes de teclado borró su identidad para siempre. Había decidido eliminar su correo de hotmail, su cuenta en badoo, su perfil de twitter y facebook. Vacío de contenido, vacío de vida 2.0 y de esperanza, aquella mañana se arrojó naturalmente desnudo al mundo. Había decidido retomar su vida. Fue más fácil de lo esperado.

 

MADRID CON CRIS, JOSEDA Y MÁS

Fue un gustazo, no podría resumirlo de otra manera. Sólo el viaje a Madrid fue una risa tras otra, una risa aumentada por esa maravillosa frase que es ‘gire a la izquierda’ repetida hasta el hartazgo por un gps. Ver a Javier y a Sonia es siempre un placer y conversar al alimón sobre la paternidad y la literatura, un lujo (sobre todo, cuando disfrutamos tras la cena y acompañados de varios mojitos de la derrota por penalties de esa selección en la que milita un tal CR9). Pero es que escuchar a José Daniel Espejo en ‘La Marabunta’, y además acompañados de Javier Moreno, José Manuel Gallardo, Ana Pérez Cañamares, Inma Luna, José Ángel Barrueco, Gsús Bonilla, Martín Rodríguez Gaona, Kanka, Pedro Chillón y demás asistentes es algo que no tiene precio; exactamente igual que la cena, las copas y las conversaciones posteriores. Sólo puedo decir que gracias a todos por vernos en Madrid con el calor que hace a estas alturas de año.

 

A los que faltasteis a la cita (y os echamos de menos) os dejamos un poema inédito de José Daniel:

CHARO Y LOS LIBROS

Es un libro el amor como podría
ser cualquier otra cosa atesorable,
y en medio de mi vida bien es cierto
que he escrito ya muchas páginas
y que ninguna recuerdo en este instante
cuando te sientas junto a mí. Vagos
ensayos siempre en lenguas desconocidas,
párrafos al azar donde mi letra me es extraña,
manuscritos de Voynich. Te propongo
arrancar todas esas
páginas inservibles y perdernos
en la insondable belleza de borrar,
la de empezar desde cero en una lengua
en que jamás ningún poeta puso el pie
antes que nosotros.

 

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