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TALLE DEL AIRE

septiembre 17, 2015 Deja un comentario

Chimeneas en la playa

 

TALLE DEL AIRE

RONDA

La noche busca,
toda la noche, el blanco
de tu ventana.

 

 

PACIENCIA

Tan lento el mar
de aquel día lejano,
acaba de llegar.

 

 

DIANA

xxxxxxxxxxxxA Manuel Ulacia

Grillo, sílaba negra:
bajo la mata verde
cantan los astros.

 

 

OLLÍN
(Variación sobre Gilberto Owen)

Tan grande el mar
y tan sonoro,
en breve caracol
dejó escrito
la sola línea de su grito.

 

 

VIENTO

El viento suena,
caracol de papel
la tarde entera.

 

 

FÉNIX

Sobre las aguas
donde yace tu nombre,
alzóse un pájaro.

 

 

CENIZAS DE UN DIARIO

Veloz grafía,
páginas de una vida:
rastros del fuego.

 

La palabra muerte
y la palabra amor
y la palabra.

 

Caja cerrada,
ni Pandora ni Sísifo,
y sopla el viento.

 

Verdad a solas,
escritura de la noche,
disipaciones.

 

También el fuego
para todas mis páginas.
Aquí se queman.

 

Esto que arde
¿tan sólo es el reflejo
de una sombra?

 

 

 

Malpartida, Juan. Huellas (Poesía 1990-2012). Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

JUAN MALPARTIDA

septiembre 16, 2015 Deja un comentario

Malpartida

 

LA POLILLA

Mientras camino por el cuarto,
una polilla roe la madera.
Yo persigo palabras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxen silencio,
persigo en el silencio, la palabra,
la oscura a lomos de la nada.

Ciega en la madera del techo,
su voluntad, al fin y al cabo,
es tan extraña como mi designio.
Hoy, el mismo espacio nos acoge.
Yo limo palabras, y en su hueco
me contemplo. A veces ella calla
y, en su reverso, oigo
los pulsos de la sangre royendo sin descanso
la madera del tiempo.

 

 

 

 

APRENDIZAJE

Las cosas son más claras en la sombra;
y ahora que el sol es menos altivo
las plantas del jardín parecen más
lo que son, sin la tiranía
de una luz demasiado ufana.

Mis propios sentimientos
se agrupan en el teatro de la tarde
mientras se apaga el sol
sobre sus huesos.

Y no está mal, me digo, si consideramos
que, aunque llegue la noche, la palabra,
hija de reinos en discordia,
encenderá la casa que habitamos.

 

 

 

 

EL POZO

xxxxxI

El tiempo, voz que cae en la memoria,
alcanza un horizonte que me ignora
y deja, sobre la tarde ósea,
una dura materia oscurecida.
Lo que miro se desvanece, lo que miro:
el mar retrocedido a sus orígenes,
vuelto una sola hoja sin rumor.
Oscuro rodar de las horas,
el recuerdo de tus palabras
aliado a la tarde insondable,
la ausencia de tus palabras labrando
la otra cara del ser.

Anclada en el jardín, la marejada
ruge toda la noche
mientras camino por los cienos
circulares de los nombres y hago recuento
en las cumbres peladas del insomnio:
pasillos de otra casa, calles de una ciudad
devorada e inventada cada día,
conversaciones como el pan tangibles
ahora ya reflejos,
metamorfosis del instante
más allá de los cuerpos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo es tiempo,
tiempo es el agua que toda la tarde
mientras escribo,
horada la acequia, inunda mi oído,
las raíces aéreas del lenguaje
y mi mano bajo la lámpara.
Pero mi mano piensa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy sus sombras tibias
se derraman, se vuelven,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxven
el mundo inmarcesible,
la hora que no vuelve.

 

xxxxxII

Desde el campus a la Gran Vía
aquella manifestación del setenta y cinco
contra el general y los generales,
en la que caíste bajo las patas
de los caballos, es un ejército de sombras
tragado por la boca de la historia,
sus voces, sus consignas,
las ilusiones, plenas de bilis e inocencia
rodaban, como rueda la tarde ahora,
buscando no sé qué y nada nunca,
buscaban la vida, tan grande como ajena,
vida que un solo día no tolera
en sus ansias de ser el puro instante,
quimera palpitante sobre una mañana
violenta a la búsqueda de sí.
Cada noche, en los errantes cuartos de hotel,
voraz sobre las páginas del libro,
soñabas con cambiar la vida:
una semilla de infierno plantada
en el corazón sin medida de la adolescencia,
ángel caído entre dos fechas a la deriva;
el muchacho que ve en su nombre
‒incierto, como todos los nombres y sus rostros‒
el desplazamiento tectónico del ser,
una falla entre tu frente y la mía,
una caída sin fondo en mí mismo.

De niño, en el pozo de casa,
echaba el cubo al círculo de agua y su golpe
en lo oscuro abría mis oídos
a una existencia intacta, todavía cercana
y ya al otro lado para siempre
(¿o quizás ese lado es el punto
donde giran los cuerpos en la noche,
la piedra en la que el tiempo se detiene,
aquí, aquí, aquí: ahora, nunca, siempre?).

Las palabras también bajan al pozo
por las columnas de los días,
por espirales de aire (cometas
abatidos de pronto sobre el polvo),
a una oscuridad sin ojos:
bajan y ya no oigo salvo el eco
confuso de una voz
que ya nunca será del todo mía.
Frágil hilo de sangre,
la maroma de entonces es la misma de ahora.
Las manos girando en la boca oscura,
puerta de la nada,
y el rumor del agua que cae
mientras sube el cilindro bamboleante
al brocal del pozo:
horizonte de luz que se derrama.

A veces, con temor y sigilo, me asomaba
y veía al otro, la mano de sombra
que desde más allá de mí
mantenía en tensión la cuerda
por la que aún camino. La soltará un día,
sin saberlo, y me iré,
como se fueron todos.

 

xxxxxIII

No cambiamos la vida
‒apenas mareé mi conciencia desvivida‒,
pero la vida, siendo la misma fue diversa,
un rostro que se busca y que se inventa,
elusivo, alusivo, paradoja andante.
Ah, la vida, palabra apenas dicha
que yo engordaba en las conversaciones
inacabables de los bares,
y l llegar a mi cuarto
tenía que dejar fuera, fantasma
de jergas habitadas por el viento.
Las palabras: relámpagos sobre la mesa
apresados en consignas y fórmulas,
los ojos encendidos, dialécticos,
rigurosos como el honor
en una comedia barroca,
abstractas palabras, ensangrentadas,
siempre por nuestra propia sangre
diluida en alcoholes dudosos.

Si tanta pasión puse en la política
fue porque tú frecuentabas las asambleas.
Si escribí en el muro de la comisaría
“muera la muerte” fue porque en tus ojos vi
la irrepetible herida del tiempo,
la siempre esquiva, la resurrecta,
la de cada cual, la manoseada,
la que tiene tu cara:
la vida misteriosa, viva, muerta,
la vida pensada con los sentidos,
la que habla cuando tú te callas,
la que no eres tú y te da la vida,
la que no palpita bajo mi piel
y alimenta mis horas.

Más allá de los libros, eras
respiración mecida
a cuya sombra la memoria se impregnaba
de un remoto saber hecho tacto.

Por el camino de ir yo regreso
al presente tenaz del mediodía:
escalera de pasos inventados,
a cada paso
xxxxxxxxxxxel peso de ser,
la gravitación del deseo
mientras en el jardín tu cuerpo,
tendido al sol sobre la hierba,
teje el espacio sin saberlo:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxun hilo
por el que voy y vengo de este mundo al otro.

Regreso al presente: el niño sube del pozo
entre espirales de ecos y reflejos
a un pleno día corporal.
El muchacho, intocable pero audible,
habla con el hombre maduro que,
con paciente impaciencia, escribe
y arroja, sobre la tarde de agosto,
un cubo de agua fresca.

El tiempo toca la puerta.

 

 

 

 

PIEDRA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Jordi Doce

“Dormíamos. Al fondo, el fanal de la luna
y, de pronto, rajada por un hacha
de luz, se abrió la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMis oídos
oyeron lo inaudible, lo sin nombre,
una gota ebria de sangre, los latidos
y el chasquido de los cuerpos envueltos
en metales, vidrios y gelatinas:
fragmentos que mi fiebre
reúne vanamente.
Yo colectaba rosas en verano.
Sólo un año antes, mis padres y mis hermanas
bailaron en mi boda.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxContra el muro,
los huesos triturados de mi esposo.
Envuelto en barro y en astillas,
la carne de mi carne,
apenas una sílaba que subrayaba
la sorda querencia de ser.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa historia
cubrirá con palabras a mis muertos,
olvidará las manos que cortaban el pan
y la boca que en la noche narraba
el cuento sin fin de la infancia;
o tal vez no fue historia
tu mirada sin tiempo en la ventana.

Vinieron a matarnos o a salvarnos.
¿Quiénes? ¿En nombre de qué Dios,
de qué Lengua o Frontera? El fanal de la luna
cayó en nuestra casa, su luz
brilló sobre los cuerpos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxyesca del ser
que la tierra consume.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa inocencia
de quién en los hogares de anestesia,
de quién la culpa, la estadística, el recuento,
de quién la tesis cum laude y la mano de tierra.

Han pasado los años desde entonces.
En lo que fue mi casa erigieron, los vecinos,
el monumento epónimo de los ausentes:
la piedra que habla sola. Yo presido
la Fundación de Drina contra la Guerra. ¿Quién?
es la pregunta que el tiempo despliega
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy arrastra
bajo los puentes. ‘Yo misma’, me digo,
mientras afirmo mi inocencia”.

 

 

 

 

RUEGO

Le pido que me de la mano,
que ponga ojos a la piedra,
que diga lo que a nadie dice,
que no haga, en tantos momentos,
como si no me conociera,
le pido sol y pan y agua,
le pido que encienda la lámpara,
que al tiempo roce su presencia,
que me haga ver en este lado
el otro lado donde canta
la rima errante que nos sueña;
ante las palabras de vidrio,
otro saber que reconcilie;
en este cuarto de cemento,
el rumor lento de los pinos,
y frente al mar, el mar le pido
para el desierto de mi frente.
No siendo fórmula ni cielo,
no siendo ley ni sustento,
a ti, tan próxima y lejana,
te pido siempre lo imposible,
este minuto que no pasa.

 

 

 

 

PESADILLA

El hielo es un recuerdo poderoso;
inmóviles presencias de la nada
en un sueño de fiebre inacabable.

 

 

 

 

REMEDIO

Sonora enredadera,
la risa que canta en el patio
ya corona mi frente.

 

 

 

 

REFLEJO

Este día, ya hundido en las sombras,
el rumor de los pasos en la calle,
y mi espera sembrada de ventisca
¿le suceden a alguien o es el recuerdo
de otro lugar y otra tarde pasada
que en mi presente vive su nostalgia?

 

 

 

 

A UN MAR FUTURO

xxxxx8

xxCuesta a veces pensar que uno se hace viejo. Y no sólo por la monserga escatológica que alía cuna y sepultura, sino porque es fácil distraerse.

xxLa distracción abre la puerta cuántica de las edades.

xxViajaba hoy en el Metro, desde la estación de Moncloa, como un jovenzuelo cargado de libros escolares, suspendido entre los graffiti y las voces del vagón,

xxy al llegar a Antón Martín,

xxunos ojos que al mirarlos me miraban me devolvieron más de cincuenta años.

xxSabemos algo de lo que hace el tiempo con nosotros. Sin embargo, ignoramos qué hacemos en el tiempo. Nuestra pequeña contribución, cuyo arco inmenso es el deseo, es un enigma. Le dibujamos un rostro, y él lo borra.

xxEl tiempo tiene sus manías. Avanza llevándoselo todo por delante, es la principal. Enamorado de las cifras altas, le pone mala cara a nuestras restas positivas. Nos busca hasta encontrarnos cuando nos distraemos y respiramos ingrávidos por los veinte. Nos sitúa ante una empinada cuesta o frente a unos ojos tan bellos, tan crueles, que al mirarlos mirarte descifras el número exacto de tus días.

 

xxxxx15 (NARCISO)

xxA ver, a ver, me digo, mientras subo las escaleras de mi casa o mientras bajo las escaleras para salir a la calle, a ver, a ver, me digo al sentarme en esta mesa a escribir, al abrir un nuevo o viejo libro. Ah, aquella vieja bacteria, o aquella célula eucariota, tan lejana y sin embargo aquí mismo tras unos millones de años de evolución y ardua contabilidad de artísticas sumas y restas. Y ahora, miren el ojo, desde la retina compuesta de calcita del trilobites, al de la mosca: barroca catedral en cuyo centro baila un delicioso grano de azúcar. Y dicen que es sólo por vivir, complejidades del gen para mantener su élan afirmativo pese a quien pese, aunque bach y el tiempo que proust recobró en la ebullición de los signos… A ver, me digo mientras cierro los ojos y caigo en los brazos de la primera muchacha, en el paleolítico. A ver, esta tarde en la que decido no hacer nada, salvo reírme de Buda, de Sócrates, de Cristo, del progreso y de la nostalgia, de las mañanas de domingo del franquismo, de los libros que he coleccionado como si fueran la eternidad en pedazos, sabiendo que la eternidad es opuesta al tiempo, que es el vivir. Y luego sufro por el pájaro que se posa en mi balcón, y por el buey cuyo fragmento he devorado al mediodía, y por el hambre de los animales y el hambre del hombre. Un día los árboles, cansados de nuestras aceras y asfaltos nos ahogarán: se confabularán para no producir oxígeno, ese detritus que respiramos a pleno pulmón. Los árboles y las plantas suspenderán un rato su vieja tarea de fotosíntesis, y al fin se quedarán solos, sin los animales, cierto, sin el hombre, verdísimos al fin de clorofila, ocupando los nichos que antes hemos explotado. Alguna flor echará de menos al insecto, a la boca que traga y defeca donde nuevamente germina, pero a cambio se extenderán por el planeta, ya sin tráfico, ni ruidos, ni cortadoras de césped. A ver, a ver, me digo. Pero me compadezco mientras bajo a la calle a buscar una botella de vino y un poco de jamón, me compadezco porque los genes se han empeñado en dotarnos de una laringe más baja, con ese huesito hioides, en fin, para que hablemos y así, de unos a otros nos pasemos la información, sujeta a la memoria y al error, a las lenguas y a las mutaciones, las correcciones, las notas a pie de página, los diálogos y sus comentarios ergotistas, el verso yámbico, el juglaresco, la boba admiración de los conceptos, la música que recrea y enamora, la energía igual a la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz, la dilatación del tiempo, en fin: ¿sabe el gen que con una cierta organización de la materia y del lenguaje, con nuestros dos pares de veintitrés cromosomas, se está contemplando en las fluidas aguas del tiempo? Ah, qué tarde tan melancólica.

 

 

 

 

ARENA

Y este viento que pasa,
que vuelve y me rodea,
que busca mis raíces
para desenterrarme.

 

 

 

 

ORILLA

El amargo sabor de no saber
si este mar que se aleja
lo hace para volver.

 

 

 

 

CUATRO POEMAS

xxALQUILER

Entras en una casa con muebles extraños,
y ese olor del pariente fallecido
mientras el heredero te pide credenciales
que la usura ignoraba.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAtrás, los tuyos:
tu ex mujer, el niño como una herida
que agrandará la noche,
los numerosos libros y sus sombras.
Cuando te quedas solo,
con el mudo contrato entre las manos,
piensas en todo aquello que ha sido tu vida,
como quien frente al mar se desmemoria.
Cada imagen que surge
contra la extensa tarde de ceniza,
socava tu presente.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEn el mismo lugar,
el rumor circular de tus pasos:
absorto en la mecánica
de levantar las cosas para hundirlas.

 

 

 

 

SINCERIDAD

Así, sin conocernos mucho,
sostenidos en la red de breves encuentros
en un bar, en el parque,
o en aquella playa, un poco bebidos,
en la que hablamos a medias de todo.
Nunca te hice preguntas
suponiendo que había una verdad
de fondo, ni tú confesaste nada.
La música, la historia y los perros
recorrieron nuestras conversaciones.
Tras meses de tu ausencia creo comprender
que nada quedó sin ser dicho,
y los límites ‒tan sutiles‒
sólo fueron la forma de decir
lo que sabías,
tu difícil poética
de que nada en el fondo permanece,
de que la verdad reside
en la manera
de agavillar el tiempo
para soltarlo así, y que perdure,
en la memoria.
Y el convencimiento de que la soledad
acompaña, rige las efusiones,
rima con la fatal conciencia
de ser uno, de ser dos, y ninguno.

 

 

 

 

HISTORIA, 1936

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Fernando Lafuente

“Un día sin horas,
julio del treinta y seis,
mi hermano y yo girábamos,
subidos en la noria.
Más aire el aire,
en la rotonda azul de nuestra infancia.
De pronto se paró la rueda
y desde arriba
miramos el bullir inquieto de la gente,
la estampida radial de la locura,
y los cuerpos sordamente caídos,
como tocados por la nada.
Horas más tarde nos bajaron,
y por primera vez
vi en tus ojos un miedo indescifrable.
Pegados a las sombras anduvimos
por la oscura trama de la historia,
buscando desde entonces
una casa redonda
mecida por el aire.”

 

 

 

Malpartida, Juan. Huellas (Poesía 1990-2012). Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

HUELLAS

septiembre 14, 2015 Deja un comentario

Juan Malpartida 'Huellas'

 

RAÍZ DE LA MEMORIA

La luz se adensa: sombra
en tu vientre,
xxxxxxxxxxxxxhúmeda noche
donde bebe mi silencio
las palabras de tu cuerpo.

 

 

 

 

EXTENSIÓN DEL VACÍO

xxxxxxIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Charo Malpartida

Mi hija venía del colegio,
sus trenzas por el aire.
Yo, desde la ventana,
sin corazón la aguardo.

Un largo viaje, le digo.
Mira en mis ojos
el camino de nadie.

 

 

 

 

DÍPTICO

xxxxxI

Siete de la tarde y el mar inmenso:
lo que en mi oído suena rima es

de otro mar, espuma, piedra o nube
que como flecha del aire se pierde

entre los ecos de una sola sílaba
que a la deriva muerde las arenas.

Como quien camina, la tarde engendra,
en su propia luz oscura, la noche.

Contemplo la escritura de las algas
barridas por las columnas del agua,

fija en los jirones rojos del cielo,
ya púrpura o añil, negra quietud,

igual a sí misma y siempre diversa
entre las rápidas constelaciones.

 

xxxxxII

Al tiempo, la ciudad a mis espaldas
alza sus luces, el sordo rumor

que el deseo y la distancia despierta,
la llamada que viene desde lejos,

la sospecha nacida de la carne,
de otro mar y otro tiempo que aquí laten.

Algo distinto dice mi canción,
como quien camina sobre su voz

y sabe que es aire, verde escritura
del sueño y escalera sin peldaños,

por donde tú caminas al encuentro
mientras yo trazo la tensa maroma

desde el tráfago del mundo y la nada,
lugar donde sin saberlo me sueñas.

 

 

 

 

EL SUEÑO DE SÍSIFO

xxxxxI

xxSe aprieta la ciudad contra tus senos para contemplar el vacío, y busca desaguar sus pesadillas por los ríos de sombra que corren bajo nuestros pies. Está creciendo una ciudad en el brazo que apoyaste sobre mi hombro. Siento el hormigueo de su labor de zapa instalando una valla publivía sobre los labios que pronuncian el deseo. Un alcalde tras otro inaugura plazas en tus caderas, y edifican, en la blancura de tu garganta, ménsulas bajo las que ruge un minotauro celeste. Corren los caballos enloquecidos por las noches del sábado. Y alguien descifra las constelaciones en los vidrios rotos del alcohol. Alguien se asoma a la ventana de un décimo piso, alguien mira la luz de una habitación. Hay un mendigo que lee con lupa un periódico de hace años, y lechos, piras, sombras, un pájaro muerto en la boca del nostálgico, un comprador de oro, una ambulancia de cuidados intensivos y su sirena agitándose (del amarillo al rojo) como un buque que se hunde en el atasco del semáforo. En la acera, dos jóvenes se besan. Suena la sirena y fluye el tráfico mientras ellos están allí, sostenidos por un hilo invisible.

xxHay un rumor, pero no es del mar, creciendo en estas horas inciertas.

xxxxxII

xxOcho millones de ratas pululan por el inconsciente de los hoteles y hospitales de Madrid. En ocasiones alcanzan la superficie y algunas suben por las medias de malla negra de la enfermera de guardia. Yo vi una rata alzar su hocico a los pies de mi cama. Había una rata aquella noche entre tu cuerpo y el mío: una palabra letal invadió el aire de nuestras costillas y volvimos hacia la noche con una sílaba bajo los párpados, incendiando los pasillos de la memoria con un fuego frío. Nacidos bajo el signo de Saturno, levantamos la mirada en la proa del barco. Y no miréis hacia, dijeron como si supieran. Hemos edificado ciudades sobre tus pechos, hemos horadado tu vientre para instalar tamos de vías, escaleras metálicas para descender a tus venas. Estamos secando lagos movedizos que nos recuerdan el mar. Hoy inauguramos una arista nueva: desde su perfil de níquel alguien mira las siete cuarenta y cinco, cuarenta y seis, cuarenta y siete. Ocho millones de ratas se agitan en mis sueños.

xxxxxIII

xxEs necesario ser absolutamente moderno, dijo Arthur Rimbaud y se perdió entre Adén y Harar. Una temporada en el infierno ya es cosa de turistas. “Arthur Rimbaud Grand Hotel”. Oigo pasos, como de alguien que se aleja. Un cuerpo se aleja mientras crece la cuenta de los árboles y de las vitaminas, la cuenta de nuestra porción de ozono perdida, la cuenta de los orgasmos, la cifra exacta que debe alcanzar nuestra felicidad. Un cuerpo se aleja mientras se pone al día la cuenta de las eloísas y abelardos, tristanes e isoldas. Alguien está contando mi respiración. Pero una sola resta vendrá que hará estallar todas vuestras sumas.

xxxxxIV

xxNo tiene centro la ergástula, laberinto que contra un muro dibuja la ceniza de sus límites. Por eso deambular es todo, y pararse en las aceras, como a la orilla de un gran mar donde rugen olas motorizadas. Un termómetro callejero toma la temperatura a la ciudad,, un reloj sin cuerpo marca un número afilado y exacto, siempre el mismo. Un maniquí despatarrado muestra un sexo inexistente. De pronto, el cristal de la boutique grita, ulula (chichara mecánica) ante la herida constelada que un ladrón perpetró en su pecho. Se detiene el peregrino en el umbral del pub, ensancha el aire en sus pulmones y empuja, desde el frío de invierno, la puerta fosforescente. Se apoya en la barra, como los marineros en la baranda. Está creciendo el desierto, piensa mientras caliente entre sus manos la copa. Desde el no sé quien levanta su mirada y ella ¿desde dónde? le sonríe. Al caminante, como en el vuelco al moribundo, se le agolpa toda la vida en el vaso. Bebe. ¿Quién mira? ¿Cuál es el nombre de esta mirada? ¿Cómo se llama la agitación de los días, este murmullo de la sangre? Una mano a otra se enlaza, y horas después, los dos nombres dibujan signos rápidos en los espejos del agua. Un árbol se incendia junto a su abrazo, y en una habitación cercana al desamparo, ambos rememoran sobre la piel el día remoto en que se conocieron. No tiene centro la ciudad (tu cuerpo dibuja las líneas del cielo); no tiene tiempo la hora en los relojes (en tu vientre late el sol y la noche de la sangre). Aquí, bajo el calor de tus labios y de tu sueño, se oye el rumor de otra ciudad bajo el arco impalpable del deseo.

 

 

 

 

EL FANTASMA Y SUS APARICIONES

xxxxxII

Toda la noche con el rostro en sombra
porque la palabra se resiste a ser dicha.
Todas las palabras con la voz en sombra
porque la vida se resiste a ser dicha.

 

 

 

 

PIEDRA CONTRA PIEDRA EL VACÍO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Luna

xxNací en la calle del Muro, muros árabes que cercaban en otro tiempo la ciudad. Yo jugaba entre las torres. ¿Era el preso o el guardián? Por el largo callejón, a la Puerta del Mar se llegaba.
xxPara jugar luego (¿cómo decirlo?) construí murallas de palabras, y seguí, como en la infancia, de un lado y otro del signo. La mar un día todo lo arrasó: muros y torres, nombres y niño.
xxDe pronto, y después de mil años, me hallé en lo blanco, contemplando un rostro enigmático y sabiéndome mortal.

 

 

 

 

DIARIO DE BITÁCORA
(Mar de fondo)

Lo irreal es demasiado táctil
y ha cercado a las cosas de un temblor
de platino y quijada antigua. Su sombra,
sobre el perfil del cuarto,
tiene más cuerpo
que estas manos empeñadas
en acariciar un rostro
ya desvanecido en el tacto.

 

 

 

 

LA RESTA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Gil-Albert, in memoriam

No es saber más lo que de verdad importa, ni visitar países ni acumular camas que calientan la fiebre y enfrían el cuerpo. No es hablar más cerca hablar más alto. No hay más luz ni más azules porque cuentes astros y acumules viento. Sin intimidad no hay universo.

 

 

 

 

PARA OÍR SU VOZ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Denis Long

xxxxxI

Para oír su voz,
para que la mano sobre la piedra
despertara del otro lado,
para que el roce de la mano
descubra entre sus líneas
el bosque de hayas.
Vine aquí para oír su voz.

 

xxxxxII

La lluvia barrió la terraza,
silbó el viento bajo la puerta
y el día se volvió sobre sí mismo.
No coincidía. No el agua ni el viento:
la mirada quemando en lo mirado
y el tiempo abriéndose sobre la hoja.
Crujió la leña en el fuego y un pájaro
gritó en el aire. Mi memoria
se hundía, más acá del mundo,
al borde de todo y de nada.
¿Dónde vive lo vivido? ¿Por qué
golpea el viento en los cristales?
Dibujé una puerta, se abrió la puerta
y no había nadie. Entré en la casa
para escribir estas palabras,
para labrar los muros lentamente
rozando una cosa con otra,
para oír su voz,
la memoria de este día de lluvia
sobre el momentáneo silencio
de la mirada.

 

xxxxxIII

Arriba, las nubes lentamente se recogen;
sobre la mesa, el sol garabatea.
La tela del día se tensa y desaparece.
Se alza en la línea de flotación
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde la ventana
‒asidero de nieblas y de pájaros‒
la horda de polígonos de los tejados.
Lo que veo
xxxxxxxxxxla memoria lo reconstruye,
y la mirada, como el agua entre las piedras,
no acaba de ver lo mirado:
en sí duda y se reescribe. Más allá de mí
las cosas persisten en su indolencia.

En sombras el sol ha dibujado
los reflejos de mi paciencia. Tal vez nunca,
este incendiado atardecer de siempre,
pase a través de mí y no tropiece.

 

xxxxxIV

La tarde y sus rojos tejados,
el recuerdo de un día dividido
mientras la ciudad se petrificaba,
los signos que la nada envuelven,
la montaña invisible, el mar,
los libros, la muerte, lo no llegado,
la conciencia disuelta
en la irrealidad de lo real,
la irrealidad hecha marea
en la ondulación de tu cuerpo,
la tarde y el azul del cielo,
el rumor de unos pasos.
Acerca más cerca tu oído:
la página del crujiviento,
el craquelador de la nada:
redes que se sumergen
para ver lo invisible,
la eternidad de cada día,
hilo negro en la constelación blanca,
buzo del aire, el tiempo.

 

xxxxxV

Sin proponérselo llegó la noche,
con los ojos cerrados me deslizo
por el agua de un sueño no soñado:
nadie está solo en este mundo,
me digo, mientras palpito a solas en mi cuarto;
nadie es una sola mano
en el aire de nada. Percibir
es entrar en el bosque. Nadie
ha nacido solo, nadie ha muerto
alejado del mundo. Si por un instante
rozas la piel del tiempo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel mundo reverbera,
parpadea el mar de Shanghai
sobre el pretil de mi ventana;
si como la noche llegó respiro
entonces tú aún no te has ido
y es tuya la voz que canta en la noche,
el soliloquio multimundo, el agua
de un sueño que despierta,
para que el roce de la mano
descubra entre sus líneas
el bosque de hayas.
Vine aquí para oír su voz.

 

 

 

 

TEJIDO AL SOL

xxxxxVI

Escribe con las palabras que puedas llevar mientras caminas, y el camino es largo;

escribe como si indicaras la hora sabiendo la extrema movilidad del tiempo;

escribe como quien dice adiós, como quien no ha llegado siquiera al papel en donde escribe;

escribe sin escribir, sin decir palabra, de ti mismo, en ti mismo, de nadie;

escribe sabiendo que tu última palabra no es la palabra última porque más allá de ella hay mil palabras y una más;

escribe para pasar el tiempo y que el tiempo pase sin saber a dónde;

escribe porque en la palabra mar hay agua y es un vacío, y esto enseña a vivir y también a morir;

escribe, no para decir palabras sino para que ellas te digan;

escribe ‒como esta tarde que al caer se tensa y se extiende‒ la palabra del otro lado, la que dibuja el vacío de la palabra, un poco de sonido entre dos tiempos a la deriva.

 

 

 

Malpartida, Juan. Huellas (Poesía 1990-2012). Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO

José Jiménez Lozano'

 

 

CIGARRA

Los antiguos creían
que la cigarra se alimentaba de rocío,
porque ¿acaso no alza en la canícula
su burla de los humanos suplicantes
a la rueda del sol? Los dientecillos
del rocío ¡qué frescor y qué alegría
críticos!

 

 

 

CISNE NEGRO

El cisne negro,
entre patos blancos,
es una gran interrogante
oscura.

 

 

 

THE LITERARY LIFE

No vives en la parte oeste
de la ciudad, ni en otra parte alguna
de ella, y, auqnue velas cuando
la mayoría duerme, no eres tampoco
de los cuatro mil del gran mundo
de los que habla Lord Byron.
¡Tranquilo!
Tampoco has perecido de una crítica,
ni de las pisadas de los paquidermos
sagrados de la casta ínclita
de los de la altivez de oficio y los desdenes,
Hamlet dixit.
Ningún respeto te merecen, pero
no dejes de saludarlos, cuando
van con seis caballos en su carroza de oro,
ni tampoco luego, por mor de la verdad,
como Monsieur Pascal aconseja
y es justo,
dejes de llamarlos por su nombre
exacto,
que no precisa pronunciarse.

 

 

 

HONORES

Tiembla ahora para cuando llegue el día
en que tu corazón no sufra, contemplando
las hojas envejecidas del otoño, el perro
cojo callejero, gorrioncillo muerto, mendiga
tiritando en la mañana fría. Porque entonces,
cuando ya no te quede corazón ninguno,
te nombrarán poeta, arconte, genio
universal; los honores
no los soporta un corazón doliente.

 

 

 

OCTUBRE

Sol pálido de octubre,
sobre el aparador de la cocina azul frutero,
compota de manzana. Icono;
no naturaleza muerta.

 

 

 

HUELLAS

Huellas de los pájaros
como las de los pobres,
siempre se pierden, o resultan
inexplicables, enigmáticas,
antiguos jeroglíficos.

 

 

 

ESPARTILLO

¡Es tan pura
la criatura del esparto!
Y, como todo amor profundo,
áspera dulzura.

 

 

 

INCERTIDUMBRE

Esfera del Mundo,
canica insignificante,
¡quién sabe hasta qué agujero
irá rodando, tan redonda! Pero
¿y si alguien ganara con ella
una partida?

 

 

 

PRECAUCIÓN

Cuando Pascal se sentaba
en aquellos dorados sillones de su tiempo,
o en una simple silla,
los corría un poco porque
le parecía estar sentado al borde de un abismo,
y oír a la Muerte trabajar en el sótano.
Tenía un fino oído, verdaderamente.

 

 

 

COMENTARIO DE TEXTOS

Rayas de sol en la pared subrayan
las sombras de las tablillas de persiana,
como un comentario luminoso
a un texto antiguo, oscuro.
Quedaron en tu corazón el texto,
y la penumbra de la estancia.

 

 

 

CÁNTARO

Cántaro roto
sexo y agujereado,
¿recordarías tu historia,
si alguien te pidiera agua?

 

 

 

PÍTACO

Al mal nacido Pítaco,
dice Alceo que eligió el pueblo por tirano,
y que a grandes voces fue aclamado.
¿Merecía un poema tal noticia, Alceo?
¿Tanto te extrañó el suceso
de que el pueblo ame a los tiranos,
y él mismo quiera serlo?

 

 

 

REGATO

Regatillo seco,
pero un día llevó agua.
Es un recuerdo cierto,
primaveral, lejano.

 

 

 

BLANCOR

Has creído ver entre la nieve
una amapola o sangre.
Tanto
blancor te ha trastornado tanto.
Es herrumbre, paso de hombre,
solamente.

 

 

 

CIRCE

¿Es que Circe ha tocado,
ahora mismo, a los hombres,
y convertido en vil ganado?
¿Habrá escapado Ulyses?
¿Habrá esperanza?

 

 

 

REVISITACIÓN

Revisito mi infancia,
mi adolescencia y juventud, los otros
tramos y descansaderos de mi vida,
mas no me atrevo a detenerme.
Parecían recién pintados.
Había incluso susurros
de voces muy queridas,
muertas.

 

 

 

NIEBLA

Niebla obstinada envuelve
al mundo en una blonda.
¿Ha habido una subasta, es un regalo?
¿O mortaja? Con la niebla,
no se ve a dos pasos, y dudo.

 

 

 

UN GATITO

¡Qué ceremonioso y versallesco
es un gatito! Dale
las más rendidas gracias. Hace
que te sientas persona. Ya no existe
cortesía en el mundo como ésta.

 

 

 

CATEDRAL SUMERGIDA

Tal vez es construcción severa
de un invierno antiguo, pero
¿cómo es que hay tanta
claridad y umbría, tan sonoro
silencio, y pájaros dormidos,
en esta sumergida catedral
de mi infancia? ¿Nadie
va a abrirme?

 

 

 

Jiménez Lozano, José. Elogios y celebraciones. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

EL AMOR DEL DODO

El amor del dodo

 

Después de un par de días sin pasar por aquí, vuelvo a mi biblioteca y sigo refugiándome en mis libros; de ésos libros dejo alguna muestra en el blog.

Éste verano pasado tuve la suerte de que Ben Clark me regalara un par de libros suyos; ya hablaré del otro, los poemas completos de Edward Thomas, pero hoy quiero enseñarles unos cuantos poemas de ‘El amor del dodo‘, publicado por la Asociación Cultural “El Zurguén“.

 

EL CAZADOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNunca pude resistir la llamada del rastro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBuffalo Bill

Te he dicho dónde están todas las trampas.
Te mostraré los arbustos donde suelo esconderme,
paciente, inmóvil. Solo.
Conoces bien mi olor sobre la brisa
y siempre piso fuerte en la hojarasca.

Ven entonces, acude a nuestra cita
una vez más, mi amor,
corre de nuevo libre entre los troncos
con cierta burla, hermosa
como todas las cosas vulnerables,

segura, como siempre, de que no habrá disparo.

 

 

ROSTROPOVICH

Decía Rostropovich
que uno antes de tocar las Suites de Bach
debía pedir perdón.

Lo que hago es parecido cada vez
que deseo tocarte y tú me dejas:
pido perdón por todos los poemas
que escribí describiendo este momento.

 

 

LA ANÉMONA

Negro mar, cementerio de tentáculos,
asco y zozobra –el náufrago es más grande
que el mar–, pero aunque nade, aunque resista
da lo mismo: las pieles se conocen
–no puede arrebatarse su recuerdo–
y la anémona ríe
¿cómo puede seguir uno nadando?
Y la anémona ríe, con sus sexos
de veneno bailando en tus oídos,
en tu boca, sus sexos de cadenas,
los brazos que me arrastran hasta el fondo.

 

 

HUELLAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos recuerdos adormecidos en nuestro
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinterior no están esculpidos en piedra.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPrimo Levi

Hoy llueve en los lugares que no has visto
jamás,
en los rincones orinados
de las calles que nunca te harán falta,
que no echarás de menos. Y a pesar
de eso parece ser que la ciudad
existe más allá de la conciencia;
hay huellas
visibles en la lluvia,
cuando hoy muere y mañana se convierte
en algo muy posible,
algo casi seguro de no ser
por las incertidumbres innombrables
de siempre.
No estás y no has estado
y llueve
espeso en los lugares que no has visto,
sobre algunas terrazas donde no
dirás que lo dejemos, que este amor
imaginario debe realizarse
que persiga tus huellas para ver
que tan sólo es verdad que está lloviendo.

 

 

CLARK, Ben. El amor del dodo. Salamanca: Asoc. Cultural “El Zurguén”, 2012.

 

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