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EL MAL POETA QUE VA RECITANDO SUS VERSOS A TODOS

 

EL MAL POETA QUE VA RECITANDO SUS VERSOS A TODOS

xxxComo al que la asquerosa sarna le agobia, o la ictericia, o el delirio, o la irascible Diana, así rehúyen y temen tocar a un poeta loco los que están en su juicio. Le hostigan los niños y los imprudentes le siguen.
xxxEste, mientras vagabundea y eructa sublimes versos, si, como un cazador de pájaros atento a los mirlos, se cae en un pozo o en un hoyo, aunque «¡socorredme!» grite largo tiempo «¡io, ciudadanos!», no habrá quien se preocupe de sacarlo. Si alguien se molesta en ayudarlo y lanzarle una cuerda «¿cómo sabes?», le diré, «si se arrojó a propósito y no quiere ser salvado?»; y le contaré la muerte de aquel poeta de Sicilia, Empédocles, que, deseoso de ser tenido por un dios inmortal, se precipitó a sangre fría en el ardiente Etna. Que sea lícito y tengan derecho los poetas a matarse. El que salva a uno contra su voluntad hace lo mismo que el que le mata. Y aquello no lo intentó sólo una vez. Y si es salvado a la fuerza, no querrá ya volver a ser un hombre ni perderá su deseo de una muerte gloriosa.
xxxY no queda suficientemente claro por qué tiene que hacer versos: si es que se orinó en las cenizas de su padre, o si, impuro, profanó un lugar sagrado herido por el rayo. Ciertamente está loco furioso; e igual que un oso —si fue capaz de romper los barrotes puestos en su jaula—, pone en fuga, recitador insoportable, al culto y al inculto. Pero al que ha podido atrapar, le retiene y le mata leyéndole. Sanguijuela que, a no ser ahíta de sangre, no está dispuesta a soltar la piel.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

ÉPODOS

 

xxxxxIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCurioso épodo, criticado por algunos, debido a la ba-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnalidad del tema, pero que, en mi opinión es sumamente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdivertido y ocurrente, y que nos hace ver, además, la
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprofunda amistad que existía entre el poeta y Mecenas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs una «feroz» diatriba contra una salsa de ajo que Me-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcenas, para divertirse —sabía que Horacio no soportaba
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel ajo—, le ofreció en un convite y que causó al poeta un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxterrible dolor de estómago. Horacio con este épodo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacepta la broma y se ríe con Mecenas de ella.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª

Si alguien, alguna vez, quebró con impía mano
la senil garganta de su padre,
que coma ajo, más dañino que la cicuta.
¡Oh duras tripas de los segadores!
¿Qué cosa venenosa se ensaña en mis entrañas?
¿Acaso, cocida entre estas hierbas,
se encubría sangre de víbora,
o manipuló Canidia estos alimentos?
Cuando Medea se enamoró
del más hermoso de entre todos los Argonautas, de su jefe,
debió frotar con esto a Jasón
cuando iba a colocar a los toros los desconocidos yugos;
e impregnados con esto sus regalos,
se vengó de su rival y huyó en su alada serpiente.
Nunca tanto calor de los astros
se adueñó de la sedienta Apulia,
ni tampoco ardió nunca más abrasador en su espalda
el obsequio al victorioso Hércules.
Pero si alguna vez deseas esto,
por favor, bromista Mecenas:
que tu chica interponga su mano a tus besos
y se acueste en el extremo más distante de la cama.

 

 

 

 

xxxxxVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsta obra es una diatriba contra algún poeta —o un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtipo de poetas— al que Horacio acusa de atacar con sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxversos a los que no pueden defenderse. Que le ataque a 
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxél, viene a decir, que tiene sus dientes prestos para devol-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxver la dentellada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

¿Por qué, perro cobarde con los lobos,
vejas a los inocentes forasteros?
¿Por qué, si es que puedes,
no cambias la dirección de tus vacías amenazas
y me atacas a mí, presto a devolverte el mordisco?
Pues como un moloso o un rojizo lacón,
robustos perros amigos de los pastores,
cualquiera que sea la fiera que vaya delante mío,
alzadas las orejas, la acosaré por las nieves profundas.
Tú, cuando has llenado el bosque de temibles rugidos,
olfateas la comida que te ha sido arrojada.
Cuidado, cuidado: pues, sumamente peligroso,
levanto mis cuernos dispuestos contra los malvados,
como el yerno despreciado contra el desleal Licambes
o como el cruel enemigo de Búpalo.
¿Acaso, sin tomar venganza, lloraré como un muchacho
si alguien me muerde con venenosos dientes?

 

 

 

 

xxxxxVII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa ocasión de este épodo fue, seguramente, la reanu-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdación de las hostilidades, esta vez entre Octavio y Sex-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxto Pompeyo en el año 38 a. C. Horacio les pide, con fuer-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxza desesperada, que no provoquen más muertes de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxciudadanos sin otro fin que destruir Roma con sus pro-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpias manos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

¿Adónde, adónde os precipitáis, canallas?
¿Por qué las diestras empuñan las envainadas espadas?
¿Acaso es todavía poca la sangre latina
derramada en los campos y en Neptuno?
¡Y no para que los Romanos hiciesen arder
las orgullosas fortalezas de la envidiosa Cartago,
o para que el invencido Britano
descendiese, encadenado, por la Via Sacra,
sino para que, conforme a los deseos de los Partos,
esta ciudad perezca por su propia mano!
Ni siquiera entre los lobos o los leones
existe esta práctica,
a no ser entre fieras de distinta especie.
¿Acaso un furor ciego, o una fuerza demasiado violenta,
o un crimen os enloquece?
Responded.
Guardan silencio y una blanca palidez cubre sus rostros,
y sus mentes trastornadas se quedan atónitas.
Así es: funestos hados y el delito de un fratricidio
acosan a los Romanos
desde el momento en que la sangre del inocente Remo
cayó a la tierra, maldita para sus descendientes.

 

 

 

 

xxxxxX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEste épodo constituye una violenta diatriba contra un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtal Mevio —un mal poeta a juicio también de Virgilio—,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxal que con motivo de un viaje por mar le desea que todos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos elementos se alcen contra él y le hagan naufragar.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

Con mal augurio, después de levar anclas,
parte la nave que lleva al pestilente Mevio.
Acuérdate, Austro, de azotar con terribles olas
sus dos costados.
Que el funesto Euro disperse las jarcias
y los rotos remos en un mar embravecido.
Que el Aquilón se levante con la violencia
con que arranca las encinas sacudidas en las altas montañas.
Que el astro amigo, en una negra noche, no aparezca
allí por donde se pone el airado Orión.
Que no pueda navegar por le mar más plácidamente
que la flota de los vencedores Griegos
cuando Pallas trasladó su ira de la abrasada Ilión
contra la impía nave de Ayax.
¡Cuánta fatiga aguarda a tus marineros;
y a ti, lívida palidez
y poco viriles lamentos y súplicas a un Júpiter hostil,
cuando el mar Jonio, bramando a causa del húmedo Noto,
os haya roto la nave!
Y si, desparramada a lo largo de la sinuosa costa,
como sabrosa presa, alegra a los somorgujos,
inmolaré a las Tempestades
un lascivo macho cabrío y una cordera.

 

 

 

 

xxxxxXI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEste épodo es una elegía amorosa —posiblemente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxuna de las primeras de Horacio— en la que el
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoeta descarga en su amigo Petio las confidencias de sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsentimientos amorosos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas arquiloquias 3 º. Están for-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmados estos dísticos por un senario yámbico y un ele-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxgiambo que resulta de la unión de un trímero cataléctico
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdactílico y un cuaternario yámbico.

Oh Petio, ya no me gusta como antes escribir versos,
herido por un profundo amor que, más que ninguno,
me incita a inflamarme
por suaves muchachitos o muchachas.
Desde que dejé de estar loco por Inaquia
éste es ya el tercer Diciembre
que despoja a los bosques de su esplendor.
¡Ay de mí! ¡De cuántas habladurías en la ciudad
—harto estoy de tanta maldad— he sido el centro!;
y me arrepiento también de aquellas reuniones
en las que mi languidez y mi silencio
y los suspiros salidos del fondo de mi alma
descubrieron al amante.
«¿Acaso la sencilla forma de ser del pobre
nada puede contra el interés?»
me quejaba a ti, llorando,
cuando un dios, sin respeto por el que se consume de amor,
debido a un vino demasiado generoso
hacía salir mis secretos de su escondrijo.
«Y si arde libremente la bilis en mis entrañas
de modo que esparza a los vientos estos inútiles consuelos
que en nada alivian mi fatal herida,
puesto a un lado, deje ya el Pudor de luchar
con armas desiguales.»
Cuando, serio, sin ambages, te había hecho estas consideraciones,
obligado por ti a marcharme a mi casa,
con paso incierto me encaminaba
¡ay! hacia las puertas no amigas
y hacia ¡ay! el insensible umbral
en que mi corazón y mis riñones se hicieron pedazos.
Ahora me domina el amor de Licisco, que se ufana
de vencer en dulzura a cualquier muchachita,
y del que ni los desinteresados consejos de mis amigos
pueden liberarme
ni tampoco sus graves afrentas,
sino sólo otro amor; ya sea el de una hermosa joven,
o el de un muchacho bien plantado
desanudando sus largos cabellos.

 

 

 

 

xxxxxXII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEste épodo, que mantiene la línea sarcástica y soez
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdel VIII, podría estar dirigido a la misma mujer.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en versos Alcmanios: dísticos formados
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor un hexámetro y una tetrapodia dactílica.

¿Qué quieres tú, mujer dignísima de los negros elefantes?
¿Por qué me envías regalos y notas
a mí, que no soy ni fuerte, ni joven,
ni de nariz atrofiada?
Pues solamente yo olfateo dónde hay un pólipo
o dónde tiene su cubil un apestoso macho cabrío de hirsutas axilas
con más sagacidad que un buen perro
rastrea dónde se oculta un jabalí.
¡Qué sudor y qué mal olor sale por todas partes de sus viejos miembros
cuando, satisfecho el pene,
se afana ella por calmar su ardor implacable!
No se le mantienen ya los húmedos polvos blancos
ni el colorete hecho de excrementos de cocodrilo
y, con su movimiento, está a punto de romper
los muelles de la cama y el techo.
O bien cuando, con insultantes palabras, vitupera mi desgana:
«Con Inaquia desfalleces menos que conmigo.
Con Inaquia puedes tres veces en una noche;
conmigo te pones blando a la primera.
Perezca de mala manera Lesbia, que a mí, que buscaba un toro,
me presentó al impotente de ti,
¡y eso, estando a mi disposición Aminta de Cos,
cuyo miembro, en su indómita entrepierna, permanece erguido
más tenaz que un árbol joven en una colina!
¿Para quién, con premura, se preparaban aquellos tejidos
de lana teñida dos veces con púrpura tiria?
Para ti, claro está:
no fuese a haber entre los de tu edad otro invitado
a quien su mujer amase más que a ti.
¡Oh, no soy feliz:
me rehúyes igual que un cordero teme a los voraces lobos
o las cabras a los leones!»

 

 

 

 

xxxxxXIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstá dirigido a Mecenas. Horacio se excusa en él del
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxretraso en acabar precisamente el libro de los épodos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx—que él denominó «yambos»—y que Mecenas le solici-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtaba con insistencia. El motivo que da son sus cuitas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxamorosas, que le impiden concentrarse en su trabajo. El
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoema nos permite adivinar la familiaridad que ya exis-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtía entre el poeta y Mecenas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un hexámetro
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdactílico y un cuaternario yámbico..

Me matas preguntándome tantas veces, sincero Mecenas,
por qué una lánguida pereza ha puesto tanto olvido
en mis más profundos sentidos
como si, con garganta reseca,
hubiese apurado unas copas, causantes del sueño del Leteo.
Un dios, un dios me impide
poner el punto final a los comenzados yambos,
el libro de poemas que hace tiempo te prometí.
No de otra manera dicen que por Batilo de Samos
se consumía Anacreonte de Teios,
quien, con su lira resonante, a menudo lloró su amor
en versos no demasiado cuidados.
Tú mismo sufres de amor, infeliz.
Y si no era más bella la llama que hizo arder a la sitiada Ilión,
alégrate de tu suerte;
a mí me martiriza la liberta Firne, que no se contenta con un solo hombre.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

ÉPODOS – VIII

 

xxxxxVIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDurísima sátira dirigida contra una vieja prostituta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la que Horacio utiliza un vocabulario que pasa de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcrudo para llegar a soez.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesto en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

¿Te preguntas, hedionda, cargada de años,
qué es lo que inhibe mi virilidad,
cuando tienes negros los dientes
y tu vieja decrepitud surca tu frente de arrugas,
y tu asqueroso ano abre su boca entre dos secas nalgas?
¡Claro!; me excitan tu pecho y tus apergaminadas tetas,
parecidas a ubres de yegua,
y tu vientre flácido y tus flacos muslos
pegados a unas hinchadas piernas!
Sé feliz; que triunfales estatuas
encabecen tu cortejo fúnebre
y que no haya mujer casada que se pueda pasear
rebosante de perlas más hermosas.
¿Qué más da que entre tus almohadas
acostumbren a dormir libritos estoicos?
¿Acaso mis nervios, que no saben leer, estarán menos fríos,
o mi miembro menos lánguido?
Para hacerlo salir arrogante de la entrepierna
tendrás que trabajar con la boca.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

HORACIO – ODAS – LIBRO IV

 

xxxxxI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio, próximo a los cincuenta años, abre con ésta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsu cuarto y último libro de odas. Suplica en ella a Venus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque le conserve su sosiego y que vaya a casa de su joven
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxamigo Fabio Máximo, quien la recibirá feliz y la honrará
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon todo entusiasmo. Pero al final de la oda, después de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrepetir su alejamiento de los placeres, termina con una
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtierna consideración hacia el bello Ligurino, lo que cons-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtituye un nexo con los libros anteriores, dándonos a en-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtender que seguirá escribiendo poemas líricos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª

¿De nuevo, Venus, suscitas guerras
hace tiempo interrumpidas?
No lo hagas; te lo ruego, te lo ruego.
Ya no soy el que era bajo el dominio de la buena Cinara.
Deja ya, madre cruel de las dulces Pasiones,
endurecido y próximo ya al décimo lustro, de seducirme
con tus suaves mandatos.
Vete a donde te llaman las cariñosas súplicas de los jóvenes.
Ve a divertirte más adecuadamente a casa de Paulo Máximo,
alada con tus cisnes purpúreos,
si buscas abrasar un pecho idóneo;
pues, noble y bello y no falto de palabras
en favor de los ansiosos acusados,
y joven además de múltiples talentos,
Podrá llevar muy lejos las enseñas de tus huestes;
y cuando, más poderoso, se haya reído
de los obsequios de un generoso competidor
te pondrá, en mármol, junto al lago Albano,
bajo un techo de limonero.
Allí, tu olfato aspirará abundante incienso
y serás deleitada con los mezclados sones
de la lira y de la flauta Berecintia y también del caramillo.
Allí, dos veces al día, los jóvenes con las tiernas doncellas,
alabando tu poder, batirán tres veces el suelo
a la manera de los Salios con sus blancos pies.
A mí, ni mujer ni joven
ni esperanza fiable de entrega mutua me complacen ya,
ni el competir con el vino.
Pero, ¡ay! ¿por qué, Ligurino,
por qué una rara lágrima surca mis mejillas?
¿Por qué mi fácil expresión cae en un silencio poco digno
a mitad de palabra?
En mis nocturnos sueños, unas veces te atrapo;
otras, veloz, te persigo
a través del césped del Campo de Marte,
a través, oh cruel, de arremolinadas aguas.

 

 

 

 

xxxxxX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda discutida en cuanto a su interpretación. Posible-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmente haya que considerar a Ligurino como un persona-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxje simbólico en el que el poeta encarna los sentimientos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque él creía ya perdidos, por ser propios de la juventud,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxademás de trazar poéticamente, una ves más, el paso del
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtiempo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en versos asclepiádeos 2. º. (Todos ellos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxson asclepiádeos mayores.)

Oh tú, hasta ahora, cruel y distinguido por los dones de Venus:
cuando te llegue el primer bozo, inesperado a tu soberbia,
y hayan caído cortados los cabellos que hoy rodean tus hombros
y el color que es ahora superior al de la flor de un rojo rosal,
transformado, se haya convertido para Ligurino en un rostro arrugado,
dirás cuantas veces ¡ay! te veas otro ante el espejo:
«¿por qué no tuve de niño la misma forma de pensar que tengo hoy?,
o ¿por qué mis mejillas, no vuelven ¡ay!, a ser perfectas con estos sentimientos?»

 

 

 

 

xxxxxXIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPunzante oda contra una mujer, Licia, a la que Ho-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxracio amó en otro tiempo y ahora vitupera porque ya
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmayor, intenta llevar la vida de una joven cortesana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 5. ª

Los dioses escucharon mis votos, Licia;
los dioses los escucharon, Licia.
Envejeces; mas intentas parecer hermosa,
y juegas y bebes sin pudor
y, ebria, provocas al indolente Cupido con trémulo canto.
Él reposa en las hermosas mejillas de la lozana Quía,
hábil en tañer la cítara;
pues, inasequible, desdeña las estériles encinas
y te rehúye
porque tus dientes negruzco, tus arrugas
y la nieve de tu cabeza te afean.
Ni las púrpuras de Cos ni las piedras preciosas
podrán devolverte ya los días que el tiempo, veloz,
encerró, ocultos, en tus conocidos anales.
¡Ay! ¿Adónde huyó Venus?
¿Adónde tu color?
¿Adónde tus graciosos movimientos?
¿Qué conservas de aquella, de aquella hermosura
que inspiraba amor,
que a mí me cautivó;
tú, que fuiste feliz después de Cínara
y famosa también por tus amables encantos?
Pero a Cínara le concedieron pocos años los hados
que guardarían mucho tiempo a Licia,
semejante en la edad a una vieja corneja,
para que los vehementes jóvenes pudiesen contemplar,
no sin grandes risas,
una antorcha reducida a cenizas.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

HORACIO – ODAS – LIBRO III

 

xxxxxIX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsta oda es la única en toda la obra del poeta cons-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtruida en forma de diálogo amebeo, en el que el segundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinterlocutor recoge los sentimientos expuestos por el pri-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmero, manifestándole los suyos con la misma estructura
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxformal. Lidia, antigua amante de Horacio, tenía como
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxamigo, ahora, a Calais de Turio; Horacio, a la rubia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCloe. En la oda, de clara influencia helenística, Horacio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcelebra su reconciliación.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª.

xxxxxxxxxxHoracio:
Mientras te fui grato
y ningún joven a mí preferido echaba los brazos
a tu blanquísimo cuello
fui el favorito, más feliz que el rey de los Persas.

xxxxxxxxxxLidia:
Mientras no te apasionaste por otra más que por mí
ni Lidia fue postergada a Cloe
—la Lidia de tanta fama—
fui la favorita, más renombrada que la romana Ilia.

xxxxxxxxxxHoracio:
Manda en mí ahora la tracia Cloe, conocedora de suaves melodías
y hábil con la cítara,
por la que no temería morir
si los hados concediesen a su alma sobrevivirme.

xxxxxxxxxxLidia:
Me hace abrasar de amor, con fuego recíproco,
Calais de Turio, hijo de Ornito,
por quien moriría dos veces
si los hados concediesen a ese muchacho sobrevivirme.

xxxxxxxxxxHoracio:
¿Y qué pasará si vuelve la antigua Pasión
y, separados ahora, nos vuelve a unir con su yugo de bronce?
¿Si la rubia Cloe es desechada
y se abre la puerta a la rechazada Lidia?

xxxxxxxxxxLidia:
Aunque él es más hermoso que las estrellas
y tú, en cambio, más liviano que el corcho
y más iracundo que el furioso Adriático,
desearía vivir contigo; gustosamente moriría a tu lado.

 

 

 

 

xxxxxX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda amatoria, dirigida a Lice, en la que Horacio le
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxreprocha su crueldad, ya que, al no querer abrirle sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpuertas, lo tiene expuesto a las inclemencias del tiempo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs, probablemente, una imitación de las odas griegas de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxese mismo tipo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 4. ª.

Aunque bebieras, Lice, del lejano Tanais,
casada con un cruel marido,
aun así llorarías al exponerme,
tirado en el suelo ante tus severas puertas,
a los Aquilones que aquí moran.
¿No oyes con qué estrépito las puertas,
con qué estrépito a causa del viento brama el bosque
que crece en medio de tu hermosa casa,
y cómo Júpiter vuelve hielo la nieve caída
por su serena voluntad?
Depón tu soberbia, molesta a Venus,
no sea que al correr la rueda al revés se escape la cuerda.
Tu tirreno padre no te engendró una Penélope
reacia a los pretendientes.
¡Oh, aunque ni los regalos, ni las súplicas,
ni el pálido rubor de los amantes,
ni tu marido enamorado de una concubina Pieria te dobleguen,
compadécete de los que te suplican,
no más blanda que la dura encina
ni más amable en tu ánimo que las serpientes mauras;
no siempre estará mi cuerpo dispuesto a soportar tu umbral
o el agua del cielo.

 

 

 

 

xxxxxXV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda de carácter irónico dirigida a Cloris en la que el
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoeta le reprende porque, siendo ya madura, intenta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcompetir en frivolidades y amoríos con su hija Fóloe.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª.

Mujer de infeliz Ibico,
pon ya un límite a tu desenfreno
y a tus conocidos menesteres;
cercana ya a una próxima muerte,
deja de retozar entre las vírgenes
y de esparcir niebla entre las brillantes estrellas.
No porque algo le esté bien a Fóloe
te está bien a ti, Cloris:
con más razón asalta tu hija las casas de los jóvenes,
excitada como una bacante cuando ha sonado el tambor.
El amor de Noto le obliga a triscar
semejante a una cabra traviesa:
a ti te está bien la lana
cortada cerca de la noble Luceria,
no las cítaras, ni la flor purpúrea del rosal
ni, ya vieja, las jarras apuradas hasta las heces.

 

 

 

 

xxxxxXXVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio renuncia con esta oda a sus antiguos deva-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxneos amorosos y dedica a Venus, en su templo, como un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsoldado sus armas, los instrumentos del amante y la lira
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque tantos combates amorosos le hizo ganar. Pero, hu-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmorísticamente, termina pidiendo a Venus que cambie,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen su favor, los sentimientos de su amada Cloe.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

Hasta hace poco he vivido complaciente con las jóvenes
y he combatido no sin gloria;
ahora, sostendrá mis armas y mi lira,
que han terminado su combate,
este muro que defiende el lado izquierdo de la Venus marina.
Aquí, colocad aquí las lucientes antorchas
y las palanquetas y los arcos amenazantes
para las puertas que se resisten.
Oh diosa que gobiernas la feliz Chipre
y Menfis, libre de nieve sitonia;
oh reina; toca una vez, alzado el látigo,
a la arrogante Cloe.

 

 

 

 

xxxxxXXVIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda dirigida a la citarista Lide, en cuya casa se en-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuentra Horacio durante las fiestas de Neptuno. Le pide
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque saque su mejor vino y le invita luego a cantar a Lato-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxna, a Diana y a Venus.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª.

¿Qué es lo mejor que puedo hacer
en el día de la fiesta de Neptuno?
Saca, diligente, Lide, el escondido Cécubo
y quebranta tu precavida cordura.
Ves que el mediodía declina y,
como si el tiempo fugaz se detuviese,
te cuesta sacar de la bodega el ánfora
que envejece desde el cónsul Bíbulo.
Por turno, yo cantaré a Neptuno
y a las verdes cabelleras de las Nereidas,
tú celebrarás con tu lira curvada a Latona
y los dardos de la veloz Cintia;
con el último canto, a la que gobierna Cnidos
y las lucientes Cícladas
y que visita Pafos con sus uncidos cisnes.
También la Noche será cantada con lúgubre canto.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

ODA V DEL SEGUNDO LIBRO DE ODAS DE HORACIO

 

xxxxxV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDelicada oda, cuyo destinatario no se menciona, en
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla que el poeta le pide paciencia en sus amores por Lála-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxge pues ella no está aún en edad de tomar marido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

Todavía no tiene fuerza para aguantar el yugo
con sumisa cerviz;
todavía no, para equipararse en el trabajo con sus iguales,
ni para aguantar el peso del toro que corre a la cópula.
Está en los verdes campos la querencia de tu novilla
que, a ratos, mitiga en los arroyos el riguroso verano
o desea ardientemente, en otros, retozar con los novillos
en el húmedo saucedal.
Abandona esa pasión por las uvas agraces;
el variado otoño te matizará pronto
de color púrpura
cárdenos racimos.
Pronto te seguirá,
pues el tiempo corre sin tregua
y le añadirá a ella los años
que a ti te habrá robado.
Pronto Lálage solicitará, con atrevido semblante, un marido,
amada como no lo fue la esquiva Fóloe
ni Cloris, tan resplandeciente por sus blancos hombros
como la luna llena resplandece de noche en el mar,
ni Giges de Cnido, que si lo ponías entre un coro de muchachas,
podía equivocar, sorprendentemente,
a avispados forasteros;
difícil dictamen, con sus sueltos cabellos
y su ambiguo rostro.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

HORACIO – ODAS – LIBRO II

 

xxxxxIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsta oda dirigida a Quinto Delio es un reflejo de la
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmoral epicúrea de Horacio, manifestada en los consejos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque da a este inestable político para poder llevar una vi-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxda feliz mientras espera la inexorable muerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

Acuérdate de mantener en los momentos difíciles
un espíritu sereno,
e igualmente en los felices,
preservado de la insolente alegría, oh mortal Delio,
sea que hayas vivido triste en todo momento,
sea que hayas vivido feliz
recostado en una lejana pradera los días de fiesta
con la clase más selecta de tu Falerno.
¿Con qué fin el enorme pino y el blanco chopo
gustan de unir la hospitalaria sombra de sus ramas?
¿Por qué la fugaz agua se afana en brincar
por el tortuoso río?
Manda traer aquí vinos y perfumes y rosas,
flores demasiado efímeras,
mientras que tu situación y tu edad
y el hilo funesto de las tres Parcas lo permiten.
Dejarás los bosques comprados, y la casa,
y la granja que el amarillento Tíber baña;
dejarás, y las poseerá tu heredero,
las riquezas acumuladas.
Si rico, descendiente del antiguo Inaco,
o pobre y nacido de ínfima condición, a la intemperie,
nada importa;
morirás, víctima del Orco que de nada se apiada.
Todos estamos constreñidos a lo mismo:
se agita la suerte de cada uno
que, tarde o temprano, saldrá de la urna
y nos colocará en la barca hacia el eterno exilio.

 

 

 

 

xxxxxIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda de tono irónico dirigida a Xantia, Hora-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcio le anima a proseguir, sin avergonzarse, sus relaciones
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon la esclava de la que está enamorado. No será el pri-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmiero en hacerlo. Además, ¿quién sabe si es hija de re-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxyes?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas.

No te sea motivo de vergüenza el amor de una esclava,
Xantia de Fócida:
ya antes la esclava Briseida, de níveo color,
enamoró al orgulloso Aquiles;
enamoró a su amo Ayax, hijo de Telamonio,
la belleza de su cautiva Tecmesa;
se apasionó el Atrida, en medio de su triunfo,
por una doncella capturada
después que los escuadrones bárbaros
fueran derrotados por el victorioso Tesalio
y que la muerte de Héctor proporcionase a los cansados griegos
una Pérgamo más fácil de ser conquistada.
¿Puedes tú saber si unos afortunados padres de la rubia Filis
no van a realzarte al ser su yerno?;
se lamenta ella, a buen seguro, de un regio linaje
y de unos injustos Penates.
Ten por seguro que ella, siendo de infame estirpe,
no hubiese sido escogida para ti,
ni habría podido, tan fiel, tan desinteresada,
nacer de una madre despreciable.
Alabo sin reservas sus brazos y su rostro
y sus torneadas piernas;
no receles de aquél cuya edad se ha apresurado
a cumplir el octavo lustro.

 

 

 

 

xxxxxVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda dedicada a Septimio, amigo y compañero de ar-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmas del poeta. Horacio le manifiesta su voluntad de reti-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrarse a Tíbur o a Tarento para acabar en paz su vida, y le
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinvita a reunirse allí con él.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas.

Septimio, tú que irías conmigo a Gades
y a Cantabria, rebelde para aceptar nuestro yugo,
y a las bárbaras Sirtes
donde hierve sin tregua el mar de Mauritania;
ojalá Tíbur, fundada por un colono argivo,
sea la tierra de mi vejez;
sea mi reposo, cansado ya del mar, y de los viajes,
y de la milicia.
Y si las injustas Parcas me lo impiden
me dirigiré al río Galeso,
plácido para las ovejas, cubiertas de pieles, y a los campos
en otro tiempo gobernados por Falanto de Laconia.
Ese rincón de la tierra me deleita por encima de todos,
donde la miel no desdice de la de Himeto
y las olivas rivalizan con las del verde Venafro;
donde Júpiter nos obsequia una larga primavera
y un tibio invierno,
y el fértil Aulón, amigo de Baco,
nada tiene que envidiar a las uvas Falernas.
Ese lugar y sus deliciosas cumbres nos reclaman a ti y a mí;
allí derramarás las lágrimas debidas
a las calientes cenizas de tu amigo poeta.

 

 

 

 

xxxxxVII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDedica Horacio esta oda a Pompeyo Varo, amigo su-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxyo y, en la batalla de Filipos, compañero de armas. Ho-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxracio volvió a Roma después de la derrota, pero Pompe-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxyo debió unirse después probablemente a Antonio hasta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque la amnistía dada por Augusto tras la batalla de Ac-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcio le permitió volver a Roma. El poeta festeja con esta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxoda su regreso.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

¡Oh tú tan a menudo expuesto conmigo al más extremo peligro
cuando era Bruto el jefe del ejército!
¿Quién te ha devuelto, como ciudadano,
a los dioses patrios y al cielo ítalo,
oh Pompeyo, el primero de mis amigos,
con quien frecuentemente acorté con vino los lentos días,
ceñidos por una corona mis cabellos
brillantes por el malobarto sirio?
Contigo conocí Filipos y nuestra veloz huida,
abandonado sin gloria mi escudo
cuando nuestro abatido valor y nuestras amenazas
tocaron con la barbilla el vergonzoso suelo;
pero a mí Mercurio, veloz,
me sustrajo, asustado, de entre los enemigos,
en una densa nube;
a ti el mar te devolvió de nuevo con sus tempestuosas olas
a la guerra, que volvió a acapararte.
Ofrece, por tanto, el obligado sacrificio a Júpiter
y reposa bajo mi laurel
tus miembros cansados por la larga campaña,
y no des tregua a las tinajas de vino para ti reservadas.
Colma las finas copas con el Masico que hace olvidar;
derrama el perfume de las espaciosas conchas.
¿Quién se preocupa de tejer, presuroso,
coronas de húmedo apio o de mirto?
¿A quién designará Venus rey del convite?
Yo caeré en frenesí báquico,
no más cuerdo que los Edonios.
Me es dulce enloquecer por un amigo recobrado.

 

 

 

 

xxxxxIX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda Horacio recomienda a Galo Valgo Rufo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmoderación en su dolor por la muerte de Mistes. No de-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbe este dolor permanecer siempre ni ser el tema único de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsus elegías. Le pone ejemplos del pasado y de la natura-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxleza. Le exhorta a cantar, más bien, las hazañas de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAugusto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

No siempre en los campos abruptos caen lluvias de las nubes
o azotan sin interrupción al mar Caspio caprichosas tormentas,
ni durante todos los meses, amigo Valgo,
permanece inerte el hielo en las costas armenias
o padecen con los Aquilones los encinares Gárganos
ni los olmos se ven privados de sus hojas.
Tú, en cambio, siempre atormentas con acentos luctuosos
al desaparecido Mistes
y no disminuye tu sentimiento con la salida del Véspero
ni cuando huye ante el rápido Sol.
No lloró toda su vida el amable Antíloco su anciano padre,
que vivió tres edades,
ni sus padres o sus hermanas frigias
lloraron siempre al adolescente Troilo.
Déjate ya de blandos lamentos
y cantemos, mejor, los nuevos triunfos de Augusto,
nuestro César,
y al helado Nifates,
y que el ría Medo, añadido a los pueblos vencidos,
discurre con menos remolinos,
y que los Gelonos, dentro del territorio asignado,
cabalgan en reducidas llanuras.

 

 

 

 

xxxxxX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda aparece otra de las ideas éticas básicas de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio: la «áurea mediocritas», el «feliz término me-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdio» aristotélico en el que se encuentra la felicidad y la
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvirtud. El poeta exhorta también a Licinio Murena, a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxquien dirige la oda, a estar preparado para los cambios
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde Fortuna.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas.

Vivirás mejor, Licinio, no corriendo siempre hacia alta mar
ni acercándote demasiado a la costa peligrosa
cuando, precavido, temes las borrascas.
El que prefiere un feliz término medio
ni, prudente, tiene la sordidez de un techo miserable
ni, más austero, posee una mansión envidiable.
Con más frecuencia es zarandeado por los vientos
el enorme pino,
y las elevadas torres caen con más terrible caída
y hieren los rayos los montes más elevados.
Tiene esperanza en las adversidades
y teme en la prosperidad un cambio de Fortuna
el espíritu bien preparado.
Júpiter hace volver el riguroso invierno
y él mismo lo destierra.
Si las cosas no van bien ahora, no siempre serán así;
Apolo despierta, de vez en cuando, con su cítara
su Musa silenciosa
y no siempre tiene tenso su arco.
En las situaciones difíciles
muéstrate animoso y fuerte;
de igual manera, con prudencia,
arriarás las hinchadas velas ante un viento
demasiado favorable.

 

 

 

 

xxxxxXI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda, netamente epicúrea, el poeta aconseja a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHirpinio Quincio no preocuparse de temas que no le
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconciernen o que le sobrepasan. La vida pasa rápido;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhay que disfrutarla mientras nos es posible.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

Deja de indagar, Hirpinio Quincio,,
qué piensa el belicoso Cántabro y el Escita,
alejados de nosotros por el interpuesto Adriático,
y no te angusties ante las necesidades de una vida
que exige poca cosa.
Queda atrás la ligera y bella juventud,
desechando la estéril vejez los amores lujuriosos
y el sueño fácil.
Las flores primaverales no tienen siempre la misma belleza
ni la rojiza luna brilla siempre con una única cara.
¿Por qué fatigas tu espíritu efímero con proyectos eternos?
¿Por qué no bebemos, tranquilamente echados
a la sombra de este alto plátano o de este pino,
perfumando con rosas nuestros cabellos
ungidos por nardo asirio?
Evio disipa las cuitas que consumen.
¿Qué muchacho será el primero en calmar,
en esta corriente de agua,
el ardor de las copas del Falerno?
¿Quién sacará de su casa a Lide,
esa perdida prostituta?
¡Ea!, dile que se apresure, con la lira de marfil,
sujeto su pelo con un nudo
compuesto al estilo de una espartana.

 

 

 

 

xxxxxXV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio se lamenta de la proliferación de lujosas ha-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxciendas particulares con estanques y jardines en detri-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmento de los terrenos destinados al cultivo y del patri-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmonio público.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas alcaicas.

Ya pronto las regias construcciones
dejarán pocas yugadas al arado;
por doquier se verán estanques mayores que el lago Lucrino
y el plátano sin maridar sustituirá a los olmos.
Entonces las violetas y el mirto y toda clase de olores
esparcirán su aroma en los olivares,
fértiles para su anterior dueño;
entonces los espesos laureles impedirán con sus ramas
los cálidos rayos.
No fue así dispuesto bajo los auspicios de Rómulo
y del hirsuto Catón
ni por el criterio de nuestros mayores.
La hacienda privada era, para ellos, pequeña;
grande, la comunal.
Ningún pórtico de diez pies de ancho
acaparaba para los particulares la umbrosa Osa
ni permitían las leyes despreciar el silvestre césped,
ordenando decorar, a costa de todos,
las ciudades y los templos de los dioses
con el nuevo mármol.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

ODA XXV DEL PRIMER LIBRO DE ODAS DE HORACIO

 

xxxxxXXV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda el poeta ataca duramente a Lidia, quizás
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon cierto despecho, haciéndole notar que envejece y que
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxse encontrará despreciada, sola y amargada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstrofas sáficas.

Con menos frecuencia llaman a tus cerradas ventanas,
con insistentes golpes, jóvenes vehementes,
y no interrumpen ya tus sueños,
y está firme en su marco la puerta
que antes muy fácilmente se abría.
Cada vez escuchas menos y menos veces
«¿duermes, Lidia, mientras muero por tu amor largas noches?».
En vez de ello, vieja y despreciada, llorarás arrogantes libertinos
en una solitaria calleja
bajo el viento Tracio, que arrecia su furia
en las noches sin luna,
cuando el amor y la pasión que suele encender a las yeguas,
ardiendo en ti,
se ensañen en tu hígado ulceroso,
lamentándote de que la alegre juventud
goce más con la hiedra verde y el oscuro mirto
y dedique la estéril hojarasca al Hebro,
compañero del invierno.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

ODA XXIII DEL PRIMER LIBRO DE ODAS DE HORACIO

 

xxxxxXXIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSe lamenta Horacio de que Cloe le evita, como lo ha-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxría un cervatillo que buscase el amparo de su madre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsiendo así que ella ya está en edad de buscar marido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 5. ª

Me evitas, Cloe,
semejante a un cervatillo que por los bosques sin senderos,
no sin infundado miedo de los rumores de la selva,
busca a su madre temerosa
y tiembla en su corazón y en sus rodillas,
pues le asusta, tanto la llegada de la primavera
con sus trémulas ramas,
como los verdes lagartos que mueven las zarzas.
Pero yo no te persigo para despedazarte
como un fiero tigre o un león gétulo;
en sazón para buscar marido,
deja ya a tu madre.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

HORACIO – ODAS – LIBRO I

 

xxxxxIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda dedicada a Sestio y que constituye un canto a la
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprimavera. Al final del poema intenta persuadir a Sestio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde que la vida es breve y ha de apresurarse a gozarla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas arquiloquias 4. º

Desaparece el crudo invierno con el alegre retorno de la primavera y del viento Favonio
y las máquinas arrastran las secas quillas;
ya no se alegra el ganado en los establos ni el labriego con el fuego,
ni se blanquean los campos con la brillante escarcha.
Ya Venus Citerea guía sus coros a la luz de la luna,
y las hermosas Gracias, mezcladas con las Ninfas,
hacen resonar el suelo con sus bailes, mientras el ígneo Vulcano
visita los tenebrosos talleres de los Cíclopes.
Es la hora de ceñirse la despejada frente con verde mirto
o con las flores que produce la mullida tierra;
es el momento de inmolar a Fauno en los umbrosos bosques,
ya sea una oveja lo que pide, o un cabrito, si lo prefiere.
La pálida muerte hiere con igual zarpazo
las cabañas de los pobres y los palacios de los ricos.
Oh feliz Sestio,
el devenir de nuestra pobre vida nos impide albergar una larga esperanza.
Pronto te apremiarán la Noche y las sombras de los Manes
y la ruin morada de Plutón. Una vez que estés allí,
ni echarás a suerte la presidencia del convite
ni admirarás al delicado Lícidas, con el que ahora se enardece toda la juventud
y de quien pronto se prenderán las doncellas.

 

 

 

 

xxxxxV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPequeña oda dedicada a Pirra, de quien el poeta ha-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbía estado enamorado. Es un delicado lamento por sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinfidelidades y por el naufragio de su amor.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 5. ª

¿Qué amable joven, bañado en perfumes y esencias,
te abraza, Pirra, entre abundantes rosas, en tu agradable gruta?
¿Para quién compones tus rubios cabellos,
sencilla, pero con elegancia?
¡Ay, cuántas veces llorará tu infidelidad y la de los veleidosos dioses
y, desconsolado, contemplará atónito
las aguas embravecidas por aciagos vientos
el que, ignorante de las falaces brisas,
te goza ahora confiado en tu virtud;
el que te cree para siempre suya, siempre amable!
¡Infelices aquellos a quienes, por no conocerte, deslumbras!
En cuanto a mí, el sagrado muro, con un cuadro votivo,
atestigua que ya consagré mis húmedas vestiduras
al poderoso dios del mar.

 

 

 

 

xxxxxVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio dedica esta oda a Agripa para celebrar sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtriunfos militares y afirma, al mismo tiempo, que deja
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara otros, como el buen poeta Vario, al que elogia también
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxindirectamente, la poesía épica, reservándose él los te-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmas menos elevados de la lírica; aunque, como sin
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxquererlo, compara a Agripa con los héroes homéricos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 4. ª

Serás celebrado por Vario, con aires de poema meonio,
como el esforzado vencedor de los enemigos,
y también la gesta que los fieros guerreros bajo tus órdenes
llevaron a cabo, ya a bordo de una nave, ya a caballo.
Yo, Agripa, torpe para asuntos tan sublimes,
no intento cantar estas hazañas, ni la ira del implacable Pelida,
ni los viajes del astuto Ulises a través del mar,
ni la cruel morada de Pélope,
en tanto el pudor y la Musa rectora de mi pacífica lira
me impidan desmerecer, por mi falta de ingenio,
las alabanzas del egregio César y las tuyas propias.
¿Quién, dignamente, podría describir a Marte,
cubierto con su coraza de acero,
o a Merión, ennegrecido por el polvo de Troya,
o al hijo de Tideo, semejante a los dioses por obra de Atenea?
Yo, los banquetes; yo, los incruentos escarceos
de muchachos y apasionadas doncellas es lo que canto,
libre y ligero como siempre,
aun si siento algún brote de pasión.

 

 

 

 

xxxxxXI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda dedicada a Leucónoe, nombre probable-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmente supuesto, nos aparece uno de los temas más ca-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxracterísticos de Horacio: el gozar intensamente el pre-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdsente sin preocuparnos del insondable mañana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 2. º

No indagues, Leucónoe, no es lícito saberlo,
qué plazo a ti o a mí nos han otorgado los dioses,
ni consultes los cálculos babilonios.
¡Cuánto mejor es aceptar cualquier cosa que ocurra!
sea que Júpiter te haya reservado muchos inviernos,
ya sea éste el último,
el que ahora amansa, en los opuestos escollos, al mar Tirreno:
sé prudente, filtra el vino;
no pongas gran esperanza en el breve espacio de la vida.
Mientras hablamos habrá huido, envidioso, el tiempo,
Goza el hoy; mínimamente fiable es el mañana.

 

 

 

 

xxxxxXIX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio, pródigo en veleidades amorosas, confiesa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen esta oda el retorno de su pasión por Glícera, que aca-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara toda su inspiración.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª

La despiadada madre de las Pasiones
y el hijo de la tebana Semele y la lasciva Licencia
me obligan a reincidir en amores ya acabados.
Me inflama la hermosura de la radiante Glícera,
más pura que el mármol de Paros.
Me inflama su graciosa insolencia y su rostro,
demasiado peligroso para ser contemplado.
Venus, cayendo toda entera sobre mí, ha abandonado Chipre
y no me permite cantar a los Escitas
ni al Parto, audaz al huir a caballo,
ni a las cosas que a ella no le atañen.
Ahora, verde césped; ponedme ahora, jóvenes,
ramas sagradas e incienso
con el cáliz de un vino de dos años:
Una vez inmolada la víctima, Venus llegará más amable.

 

 

 

 

xxxxxXX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda dedicada a Mecenas a quien invita el poeta a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprobar su vino Sabino, ordinario en comparación con
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaquellos a los que está acostumbrado Mecenas. El poeta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrecuerda la ovación que el teatro tributó a Mecenas al re-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaparecer en él después de una enfermedad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas

Beberás un humilde Sabino en un modesto vaso
guardado en un ánfora griega que yo mismo sellé
cuando en el teatro te fue concedida tal ovación,
querido caballero Mecenas,
que las riberas del río patrio
y el agradable eco del monte Vaticano
te devolvían juntos las alabanzas.
Podrás beber Cécubo y uva exprimida en un lagar caleno;
ni las viñas de Falerno ni las colinas de Formio
alegran mis copas.

 

 

 

 

xxxxxXXXIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda Horacio consuela a Albio Tíbulo, el
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoeta elegíaco, desdeñado por Glícera. Para ello, le hace
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxver que es una situación muy frecuente, pues Venus,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcruel, se complace en provocar amores borrascosos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 4. ª

Albio, no sufras más acordándote en exceso
de la arisca Glícera
y no reiteres tus dolientes elegías
porque uno más joven, violada su fidelidad,
te haya eclipsado.
El amor por Ciro consume a la sin par Lícoris
de tersa frente.
Ciro la desdeña por la esquiva Fóloe;
mas antes se ayuntarán las cabras con los lobos de Apulia
que se acueste Fóloe con ese infame adúltero.
Así lo dispuso Venus a quien le place,
en cruel juego,
colocar caracteres y corazones dispares
bajo yugos de bronce.
A mí mismo, cuando un mejor amor me requería,
me apresó en su agradable cepo la liberta Mirtale,
más hiriente que el mar Adriático
que sofocaba los golfos de Calabria.

 

 

 

 

xxxxxXXXVIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio nos afirma en esta oda su gusto por las cosas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsencillas componiendo para ello una sencilla oda.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas.

Odio, muchacho, la ostentación persa.
Me disgustan las coronas entretejidas con tilo.
Deja de buscar dónde se encuentra la rosa tardía.
Cuido solícito que nada añadas al sencillo mirto;
el mirto no desdice de ti, mi criado,
ni de mí, que bebo bajo la densa parra.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

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