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Posts Tagged ‘haz lo que te digo’

MIRIAM REYES

noviembre 13, 2015 Deja un comentario

Fotos de David Lynch 3

 

TE tengo todo marcado
como un yacimiento arqueológico.
No es extraer los restos de ti lo que persigo
‒ruinas de una ciudad tallada en la arenisca‒
lo que quiero es penetrarte
taladrar la piedra de tu cuerpo
y este sexo cóncavo de mujer
se vuelve inútil para mi deseo.

Cavo en tu ombligo
para entrar por el flujo de tu sangre.
Vacío mi espíritu como aire en tu boca
y te observo respirarme.
Ya sé que no necesito de piel para tocarte
no es eso
lo que yo quiero es hacerme
una cueva en tu cuerpo.

Flexiono tus rodillas bajo mis axilas
como los brazos de un taladro.
Las aceras que rompo
son las de tu calle.

Con mis pestañas barro
el polvo que levanto de tu frente
y no me detengo hasta que soy tú
y tu sexo es el mío hasta que soy yo
quien está dentro.

 

 

 

 

NO es aconsejable depositar toda esperanza en otro cuerpo
pero sucede y para entenderlo
habría que empezar por aislar
el proceso de la circunstancia
y observar con atención
las pequeñas transformaciones
en el significado de la palabra amor.

En tanto que sólidos
tenemos la naturaleza empecinada
de las cosas fáciles de encerrar.
Mira si no los zoológicos
las colecciones de entomología
los cubitos de ámbar.
No hay manera de filtrarse o de colarse
por una rendija como el agua o el aire.

De extenderse hacia ti mis brazos
se han convertido en un tendido eléctrico:
entre tú y yo descansan los pájaros
juegan a la cuerda las tormentas
se encienden las ciudades.

Contra toda recomendación
se diría.

 

 

 

 

NO te necesito
te dije.
Yo soy mi casa
mi sangre solo la llevan
un puñado de palabras
y en mis brazos
la única criatura soy yo.

Entonces me plantaste arbolitos alrededor
plagados de nidos en sus copas
y estas enredaderas que me suben por las paredes.

 

 

 

 

GUARDA silencio la noche cuando no estás
se encierra conmigo tras hacer la ronda
por la casa y aguarda.

Los armarios las sábanas mi cuerpo
tu chaqueta colgada del pomo de la puerta
y el pomo de la puerta muchísimo más quieto.

Toda la noche la noche te aguarda
con los ojos abiertos.

 

 

 

 

LO que no nos hacemos sedimenta
en la carne
endureciéndola.

 

 

 

 

COMO granito basalto sienita
fueron magma estas rocas
pero se dejaron enfriar.

 

 

 

 

LO que no nos hacemos se apila
en los rincones como una montaña
de cajas que guardan lo que se tuvo
y ahora ya solo se puede precintar.

 

 

 

 

EL significado que le demos a esto
dependerá siempre de algo distinto
como el significado de una palabra.

Me gustaría saber qué entiendes cuando digo:
no solo de belleza se alimenta el deseo
o no mires ahora.

Aliso sobre la mesa el principio de incertidumbre
y encima coloco el humus y el pan.

No fue un poeta sino un físico quien escribió:
El hombre no encuentra ante sí más que a sí mismo.

No es tan tarde como parece al mirar afuera.

Te pido o te ordeno:
no te des la vuelta
no apagues la luz
si todavía.

 

 

 

 

POR más que lo intentas
no haces lo que te digo.

Parece que juguemos a juegos distintos:

yo digo tu voz
y tú respondes mi voz solo busca tus oídos.

yo abro una ventana
y tú colocas un decorado.

 

 

 

 

VUELVE el calor a madurarlo todo
y nos pilla por sorpresa

el olor ácido del cuerpo sin lavar
el agua turbia olvidada en el vaso

donde el moho va cubriendo las espigas
y la rosa ennegrece

girando sobre la mesa las moscas
dibujan elipses de electrones en el aire

donde no existe núcleo
en el centro vacío de la casa.

 

 

 

 

LA dureza del todo resulta
de la dureza de las partes.

Parece compacta la tierra
bajo nuestros pies.

Debajo de la tierra: roca.
Dentro de la tierra: roca.

Y aún así raíces insectos.

 

 

 

 

LO que pudo haber sido
y no permitimos ser
nos deja abiertos
como un final que no termina.

 

 

 

 

EL problema con nosotras las rocas
no es que tengamos nuestros ciclos
o algún episodio plutónico de vez en cuando

es que estamos a la merced del ambiente

no solo nos arrastran y desgastan
las aguas y los vientos
también
cuando nos hacemos pequeñas
cabemos en un puño cerrado.

 

 

 

Reyes, Miriam. Haz lo que te digo. Madrid; Bartleby editores, 2015.

 

HAZ LO QUE TE DIGO

octubre 24, 2015 1 comentario

American beauty

 

Hay ceniza por todas partes:
en las sábanas
en mi ropa
por el suelo.

Mancha el humo
lo que la ceniza no alcanza.

Arden y arden los papeles que jugamos
dispuestos a pagar lo que sea
por conservar este calor.

 

 

 

 

LAS placas de la Tierra en sus bordes
chocan se empujan se deslizan
unas sobre otras.

Así nosotros.

Así uno es contra el otro
y a veces se rompe.

 

 

 

 

ALGO frío nos representa
planchas o barras de metal dobladas
raíles rieles vencidos
cuchillos a veces
pero cuchillos sin filo
algo frío y hermoso
que ya no funciona.

 

 

 

 

QUE todos los cuerpos sin impenetrables
no lo deducimos de la razón
sino de la experiencia.

Todos.

 

 

 

 

¿ES un juego de correr
un juego de cartas de mesa o un videojuego?
¿Necesito destreza física suerte o práctica?
¿He de seguir instrucciones o guiarme por mi instinto?
¿Sudaré me quedaré sin aire tensaré los músculos hasta el agotamiento
o repiquetearé con mis uñas sobre la mesa imitando
los cascos de los caballos que golpean mis costillas?
¿Moveré piezas de mí sobre el tablero?
¿Te como o me comes?
¿Se trata de aparentar que tienes lo que no tienes?
¿Seremos rivales adversarios compañeros?
¿Ganaremos dinero trofeos dignidad?
¿Qué perderemos?
¿La vida una oportunidad el honor la palabra el tiempo la fortuna?

¿Qué perderemos?

 

 

 

 

PARA lugares comunes
hablemos por ejemplo
del olor de la lluvia
en los días de verano.
Al menos es algo que
puede experimentarse
aunque tampoco sea exacto.

No es la lluvia lo que huele
es el asfalto mojado
los árboles plantados en las aceras
y la tierra bajo las aceras
el cemento de las fachadas
la madera barnizada de los bancos
y el nailon barato de nuestros paraguas.

No es la lluvia es lo mojado lo que huele:
nosotros a la intemperie.

 

 

 

 

NO debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.
No debo serrar la rama en la que estoy sentada
ni morder la mano que me da de comer.

 

 

 

 

LA masa de ciertos hombres
ejerce una atracción gravitatoria
sobre mí
más fuerte que la de otros.

Ciertas partes de sus cuerpos
me arrastran especialmente:
sus antebrazos sus cuellos
sus minúsculos laberintos auditivos
donde residen
el equilibrio el ritmo y el vértigo.

En la colisión destacan:

sus caras contra la mía
ahora flácidas ahora tensas
como intermitentes que alertan
de ese próximo movimiento o piden
permiso para pasar

sus pelvis de hormigón armado
para cimentar sus vergas

sus vergas que se duermen mirando
el centro de la tierra
y despiertan apuntando el horizonte
músculo y materia oscura
firmes como farolas flexibles como juncos.

 

 

 

 

ADÓNDE mirar
dónde la piel y dónde la palabra
la carne la sangre y el espejo

o la diferencia.

Por la mañana la gente en la calle
parece seguir su propia dirección.

 

 

 

 

EL cuerpo que tanto me pedía que tanto me decía que
tanto tanto y tanto ahora todo apagado el pequeño pi-
loto la lucecita verde que brillaba en la noche el cuerpo
que tenía piernas con muslos rematados en nalgas por
un lado rodillas por el otro

y todavía continuaba

que tenía en el pecho dos timbres redondos de plata
que hacían ring ring al aplicar una leve presión el cuer-
po que tenía huesos de interés antropológico ilíacos cla-
vículas y otras pruebas del perfecto diseño de la evolu-
ción

el cuerpo todo

toda esa maravilla deselectrificada.

 

 

 

Reyes, Miriam. Haz lo que te digo. Madrid; Bartleby editores, 2015.

 

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