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GATOS, GATOS, GATOS…

septiembre 10, 2017 Deja un comentario

 

mejor que bien

no dejan de llegar gatos callejeros: ya tenemos 5
y son caprichosos, volubles, pre-
sumidos, inteligentes por naturaleza y de una belleza
deslumbrante.

una de las mejores cosas de los gatos es
que cuando estás deprimido de veras
sólo hay que mirarlos mientras se relajan
a su manera;
te enseñan a superar
las dificultades, y
si miras a 5 gatos, te sientes 5
veces mejor.

da igual el sinfín de latas de atún
que hay que ir a comprar: son combustible
para una dignidad pura, ilimitada, una
vitalidad asombrosa e
inagotable,
sobre todo cuando la vida nos
puede: le damos demasiadas
vueltas
a las cosas.

 

 

 

 

luz cálida

solo
esta noche
en casa
solo con
6 gatos
que me dicen
sin
esfuerzo
todo cuanto
hay
que saber.

 

 

 

 

mis gatos

lo sé. lo sé.
son limitados, sus necesidades
y problemas son
distintos.

pero los observo y aprendo de ellos.
me gusta lo poco que saben,
que es
mucho.

se quejan pero nunca
se preocupan.
caminan con una dignidad sorprendente.
duermen con una sencillez de lo más natural que
los humanos no
comprendemos.

sus ojos son más
hermosos que los nuestros.
y duermen hasta 20 horas
al día
sin
vacilación ni
remordimiento.

cuando estoy
abatido
me basta
mirar a mis gatos
para
recuperar
el ánimo.

estudio a estas
criaturas.

son mis
maestros.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

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UN POEMA SOBRE LA NATURALEZA

septiembre 7, 2017 Deja un comentario

 

un poema sobre la naturaleza

tengo dos gatitos que se están haciendo
grandes y
dormimos en la misma cama… el problema es que
madrugan:
por la mañana suelo despertarme mientras me corretean por la
cara.

se pasan el día corriendo, comiendo, durmiendo, cagando y
peleándose
pero a veces descansan y me
miran
con unos ojos
mucho más hermosos que los de cualquier
humano.
son buenos tipos.

cuando bebo y escribo por la noche
están bien cerca
por ejemplo
uno en el respaldo de la silla y el otro allá abajo
mordisqueándome los dedos de los pies.
el interés es mutuo, nos gusta
saber dónde estamos, dónde está
todo.

entonces
se ponen a
corretear por el suelo
por encima de las páginas
mecanografiadas
y las arrugan y las
perforan.

luego
se meten de un salto en la caja de cartas
que recibo
pero no las responden, están
domesticados.

supongo que me inspirarán varios poemas sobre gatos
y este es el
primero.

—Dios mío —dirán—, ¡Chinaski solo escribe sobre
gatos!
—Dios mío —solían decir—, ¡Chinaski solo escribe sobre
putas!

los quejicas seguirán quejándose y comprando mis
libros: les encanta que les
irrite.

este es el último poema de la
noche, apenas
me queda una copa de vino
y los dos gatitos
se me han dormido encima de los pies.
noto su leve peso
su pelaje
su respiración:
a menudo pasan cosas buenas, recuérdalo
mientras las bombas caen lentamente con todo su magnífica
insensatez,
los gatitos
a mis pies
saben más,
son
más,
y este momento estalla
con más esplendor,
y un pasado afortunado
no puede eliminarse
jamás.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

MANX

septiembre 5, 2017 Deja un comentario

 

rabón

constatemos lo evidente:
no hace falta ser
un genio
para saber que
nos equivocamos de nuevo.
cada vez reímos menos,
nos volvemos más cuerdos.
lo único que deseamos
es la ausencia de los demás.
hemos oído la música clásica
demasiadas veces,
y ya hemos leído los libros
que merecen la pena.
volvemos a sospechar,
como al principio,
que somos
raros, deformes,
que no encajamos
en ningún lado…
mientras escribimos esto
oímos un zumbido desagradable
algo se nos mete
en el pelo
y se queda atrapado.
alargamos la mano
y lo liberamos
mientras nos muerde el dedo.
¿qué mierda de bicho
insignificante
es este
a estas horas
de la noche?
ya se ha ido…

al otro lado
de la puerta corredera
de cristal
vemos
un gato rabón blanco
bizco.
la lengua le cuelga
de lado.
descorremos la puerta
y el gato entra a la carrera.
las patas delanteras se impulsan
en un sentido,
las traseras
en el otro.
se nos acerca
con andar raquítico
nos sube por las piernas
el pecho
nos coloca las patas delanteras
como brazos
cerca de los hombros
pega el hocico
a nuestra nariz
y nos mira
como mejor puede;
desconcertados,
le devolvemos la mirada.

qué noche,
viejo amigo,
qué momento,
qué estilo.
los dos aquí
juntos.

recuperamos la sonrisa
de siempre.
de repente, el rabón
pega un salto
y derrapa de lado
por la alfombra
persiguiendo algo
que ninguno de los dos
ve.

 

 

 

 

la historia de un hijoputa bien duro

llegó a casa una noche empapado, en los huesos, apaleado y
aterrorizado.
un gato rabón blanco, bizco y sin cola.
lo acogí y le di de comer y se quedó
me gané su confianza hasta que un amigo lo atropelló
mientras aparcaba
y llevé lo que quedaba de él al veterinario, y dijo, “lo tiene
difícil… dale estas pastillas y espera… la columna está
destrozada, ya se la habían destrozado antes pero se había
enderezado, si sobrevive no volverá a caminar, mira
las radiografías, le han disparado, fíjate bien, los perdigones
siguen ahí… además, tenía cola y alguien
se la cortó…”

me llevé al gato a casa, era un verano caluroso, uno de los
más calurosos en décadas, lo puse en el suelo del
baño, le di agua y las pastillas, no quería comer ni
beber, hundía un dedo en el agua
y le humedecía la boca y le hablaba, no salía
de casa, me pasaba horas y horas en el baño y le hablaba
y le acariciaba y me miraba con esos
ojos bizcos azul claro y al cabo de unos
días se movió por primera vez
se arrastró con las patas delanteras
(las traseras no respondían)
hasta la caja de arena
trepó hasta dentro,
y fue como si las trompetas de la esperanza y la victoria
resonasen en el baño y por toda la ciudad, me
identificaba con aquel gato… lo había pasado mal, no tan
mal como él, pero sí bastante mal…

una mañana se levantó, se mantuvo en pie, se desplomó y
se quedó mirándome.

—lo conseguirás —le dije—, eres un buen tipo…

siguió intentándolo, se levantó y se cayó, por fin
dio varios pasos, parecía un borracho dando tumbos, las
patas de atrás no respondieron y se desplomó de nuevo, descansó,
se levantó…

ya os imagináis el resto: ahora está mejor que nunca, bizco,
casi desdentado, con la gracia intacta, y esa mirada
que nunca lo abandonó…

y a veces me entrevistan y quieren que hable sobre
la vida y la literatura y me emborracho y sostengo en alto al gato
bizco, acribillado, atropellado, sin cola y digo, “mirad, ¡fijaos
en esto!”

pero no lo entienden, me preguntan cosas como, “¿dices
que Céline te ha influido…?”
—no —alzo el gato ante ellos—, me influye lo que pasa,
cosas como esta, como esto, ¡esto!

zarandeo al gato, lo sostengo en alto por las patas delanteras
bajo la luz ahumada y ebria; se queda tan tranquilo, ya sabe lo que hay…

casi todas las entrevistas se acaban en ese momento.
aunque luego me enorgullezco cuando se publican
y ahí estoy yo con el gato y nos fotografían
juntos…

él también sabe que son gilipolleces pero sirven para comprar la comida,
¿no?

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

Categorías:Poesía Etiquetas: , , ,

BUTCH

septiembre 1, 2017 Deja un comentario

 

una operación nefasta

al viejo Butch lo caparon
y las hembras ya no le parecen
gran cosa.

cuando mi vecino Sam se mudó
heredé a Butch, un gato enorme
de 70 años según los cálculos,
viejo,
capado,
pero con todo el gato más
grande y avieso que
se recuerde.

ha estado a punto de arrancarme
la mano
la mano que le da de comer
un par de
veces
pero le he perdonado,
está capado
y se nota
que no le
gusta.

por la noche
lo oigo pelearse y
perseguir a otros gatos por
la maleza.
Butch, toda una vieja
gloria
que sigue luchando
sin tenerlos puestos.

menudo cabrón debió de ser
cuando los tenía bien puestos
de jovencito
y se paseaba sin prisas
por la vida
y lo observo
ahora
y todavía siento el coraje
y el poderío
a pesar de la insignificancia del hombre
a pesar del saber científico
del hombre,
el viejo Butch
se conserva
aguanta

mientras esos
pérfidos ojos amarillos
me miran fijamente
desde su enorme
cabeza
invicta.

 

 

 

 

Butch Van Gogh

poco antes de irme de Hollywood mi gato se peleó
y casi perdió una oreja.
ahora vivimos en otro lugar
y ayer lo llevé al veterinario.
había odontólogos y psicólogos
para animales
y una sala de URGENCIAS
lo operarían
con anestesia
y le darían pastillas y
pomadas.

la broma me costaría
82,50 dólares.

—joder —le dije al veterinario—, tiene diez años,
está capado y me lo encontré en la calle, gatos así los hay
a patadas.

el veterinario trazó varios círculos con el lápiz
en un trozo de papel.

—de acuerdo —dije—, adelante.

el veterinario anotó el nombre del paciente: “Butch Bukowski”.

cuando fui a recogerlo tenía el cráneo vendado
y
parecía como si le hubieran perforado la cabeza.
una asistente lo sacó de la sala 6.

—¿qué le han hecho? —pregunté—. ¿una lobotomía?

ahora se sienta encima de la estufa y me mira fijamente.
Butch Van Gogh Artaud Bukowski.

una vez un amigo me dijo:
“¡todo lo que tocas se va a la mierda, tío!”

tiene razón.
no he dejado de masturbarme desde que cumplí
los once.

 

 

 

 

un lector

mi gato se cagó en los archivos.
se metió dentro de la caja naranja de
Golden State Sunkist
y se cagó en mis poemas
en los originales
que guardo para los archivos universitarios.

ese crítico negro, rechoncho y de una sola oreja
me había dado su veredicto.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

TIGRECITOS POR DOQUIER

 

los zapatos de Sam,
el de la casa de putas,
crujen
y se pasea por todo
el patio
crujiendo y hablando con
los gatos.
pesa 165 kilos,
es un asesino
y habla con los gatos.
se ve con las mujeres del salón
de masajes pero no tiene novia
ni coche
no bebe ni se droga
sus mayores vicios son
mascar puros y
dar de comer a todos los gatos
del vecindario.
algunas gatas se quedan
preñadas
y cada vez hay
más gatos por todas partes
y cuando abro la puerta
se cuelan uno o dos
gatos y a veces se me olvida y
se cagan debajo de la cama
o por la noche oigo ruidos
me despierto
y me levanto de un salto navaja en mano
entro en la cocina con sigilo y
veo a uno de los gatos de Sam, el de la
casa de putas, paseándose por
el fregadero o sentado encima
de la nevera.

Sam regenta la casa de citas
de la esquina
y sus chicas esperan en la
entrada bajo el sol
y los semáforos cambian de color,
del rojo al verde, del rojo al verde
y todos los gatos de Sam
tienen tanto sentido
como los días y las noches.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

EL CENZONTLE

 

el cenzontle se había pasado todo el verano
persiguiendo al gato
imita que te imita
provocando, seguro de sí mismo;
el gato se metía debajo de las mecedoras de los porches
dejando entrever la cola
y encolerizado le decía al cenzontle algo
que yo no entendía.

ayer el gato iba sin prisas por el callejón de entrada
con el cenzontle vivo en la boca,
las alas abiertas en abanico, las hermosas alas abiertas e inertes,
con las plumas separadas como las piernas de una mujer,
y el pájaro ya no le imitaba,
rogaba, suplicaba
pero el gato
con el saber de los siglos
no le hacía caso.

lo vi meterse debajo de un coche amarillo
con el pájaro
para rematarlo.

el verano había acabado.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

BAUDELAIRE

EL GATO

xxxxxI

Por mi mente se pasea,
igual que en su aposento,
un gato hermoso, fuerte, suave y agradable.
Y si maúlla, apenas se le oye,

por ser discreto y cariñoso su sonido;
aunque ese maullido se suavice o gruña
siempre es grato y hondo.
Tal es su hechizo y su secreto.

Ese sonido se desgrana y se filtra
en mis entrañas más oscuras,
me colma como verso abundante
y como una pócima me alegra;

los peores males adormece
y posee todos los éxtasis;
para expresar frases largas
no necesita palabras.

Pero no existe violín que hiera a
mi corazón, instrumento perfecto,
y logre que de modo majestuoso
canten sus cuerdas más vibrantes,

más que tu maullido, misterioso gato,
gato seráfico, gato extraño,
y que posee, como un ángel,
¡lo sutil y lo armonioso!

xxxxxII

De su piel blonda y oscura
brota un perfume tan dulce que
embalsamado quedé una noche con sólo
acariciarla una vez.

El gato es espíritu y armonía
de la casa; juzga, preside,
inspira todo en su reino;
¿es quizá un mago, un dios acaso?

Cuando mis ojos, como atraídos por imán,
hacia ese gato que tanto quiero
con toda docilidad se vuelven,
y que interiormente me miro,

con gran asombro descubro
el brillo de sus pálidas pupilas,
fanales claros, ópalos vivos
que fijamente me contemplan.

 

 

LOS GATOS

A los ardientes amantes y a los sabios austeros,
cuando tienen muchos años, les gustan
los gatos, orgullo del hogar, fuertes y suaves,
tan frioleros como ellos y asimismo tan sedentarios.

Amigos de la ciencia y de la voluptuosidad son,
buscan el silencio y el horror de las tinieblas;
un Erebo los hubiera tomado por sus fúnebres corceles,
si, inclinando su altivez, el yugo hubiesen aceptado.

Siempre, al meditar, adoptan esas nobles actitudes
de las grandes esfinges en sus hondas soledades
y que parecen adormecerse en un sueño interminable;

de sus fecundos lomos surgen mágicos centelleos,
y como si fuese arena fina, hay partículas de oro
que siembran estrellas en sus místicas pupilas.

 

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