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Posts Tagged ‘galería luis burgos’

VERACIDAD DEL MAPA

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Me levanto y me avizoro. Busco en qué
punto de esta pierna el predicado. ¿Es el
sujeto el corazón porque canjea ritmos
o todo cuaja en una oración pasiva sin
complemento agente? Los complementos
circunstanciales marcarán la índole de tu
existencia: el cómo, el sitio, la luz. Y la
gramática: otro posible orden al que
brindar la razón del sacrificio.

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Alivia saber la Antártida, más ahora en esta habitación
xxxxxxque compartes con una mujer y su máquina de
xxxxxxoxígeno.

Camas en paralelo para no intimar. El hedor
xxxxxxmomentáneo ensaya un rictus de muerte y las
xxxxxxneuronas aún no pueden escayolarse.

El suicidio en un hospital o inversión del camino.

El bilingüismo del estar y la nada. El cuerpo,
xxxxxxventrílocuo de la desaparición, encefalograma
xxxxxxraído, escáner que bordea un epílogo sin
xxxxxxsangre ni sutura.

Estribillo último, anzuelo que aguardas…

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De lo que no se conoce viene el mito, el
gesto de todas las religiones: la cabeza de
una niña asomándose para ver qué hay
más allá del camino. Inquietud, fisgoneo:
¿inicio de un bosque que nadie sospecha,
aldea llena de sangre y curiosidades? La
piedra quizá nos avisa porque a partir de
ahora se acentúa la peligrosidad, la soga
colgante o en ristra del itinerario. ¿Qué
harías tú?

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La sintaxis, la herencia, variaciones del tiempo… ¿Se
hereda la estructura mental de lo escuchado? ¿Hacia
dónde, pues, trazar la fuga?

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Diera la impresión de que el ruido
acompaña a la pobreza, cordial saco lleno
de vida, interrogaciones y colores que, de
pronto, se hermanan. Diera la impresión
de que el silencio fuera algo propio de los
países del primer mundo, enhiestos,
donde la distancia entre persona y persona
remitiera a un vals de pasos invadidos. No
hay reglamento para nacer, aunque sí esas
leyes no escritas para habitar la intimidad
de una casa.

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Agudo, Marta. Veracidad del mapa. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2021.

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INMINENTE Y AJENO

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Detrás de la ventana
el patio mide sus silencios.
La mesilla de noche
y su carga dispar
—las gafas de leer, el libro, el móvil—
es un pulmón que se apacigua
y moje nervios
y celdillas
en la tinta basal de la renuncia.
Doblar las alas
y recogerse:
así la comprensión del nadador
que guarda bien su ropa,
la querencia del pájaro.
El invierno da fruto al despertarse.

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¿De quiénes eran las certezas
que no heredamos?
La piedra de amolar está en su sitio,
como entonces,
pero nadie se acuerda
de afilar los cuchillos.
Así la casa se distiende
y abdica de sus ángulos,
sus aristas. Todo es más fácil
—vivir, el hambre, las idas y venidas
bajo el ojo sin párpado
del tiempo.
La mesa no se ha puesto sola.
Por las cortinas entra una luz incorruptible
y el relieve tranquilo de platos y cubiertos
es una ilustración
de la serie de Fibonacci.

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Y en la casa, de pronto,
hay una habitación que falta,
que nadie encontrará porque no existe
aunque ayer mismo estaba ahí
y su puerta se abría sin cautelas,
con el aire de los automatismos.
Entrábamos y salíamos, así de fácil,
y el ritual de los encuentros
era un modo de hacernos más veraces,
como viejos actores. Ahora
buscamos esa habitación en sueños,
en el recuerdo infiel,
pero no está. La niebla
la borró de este mundo
y cuelga en el vacío de sí misma.
Nos descuidamos un instante
y no está,
cayó muy lejos,
al otro lado de esta voz.
Entrábamos y salíamos
sin darnos cuenta del peligro.
De pronto, entre nosotros,
la muerte se movió a placer,
sin señal de advertencia,
sin huella delatora:
casa tomada.

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El cuerpo es esta plaza soleada
donde unos viejos hacen tiempo
y el café de la esquina
con su toldo raído y sus sillas metálicas
es el castillo de los indolentes
que han hecho su negocio
del hablar por hablar.
Tu oído, demasiado humano,
no capta lo que dicen:
carece de la astucia del animal terrestre.
Ahora un perro dispersa las palomas
que bullían unánimes
entre migas de pan.
Es un trabajo diurno: una mano de luz
sobre el muro encalado del verano,
el volumen del campanario
barriendo con su sombra el pavimento.
La salud de los vínculos
es esta sencilla homeostasis.

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Doce, Jordi. Inminente y ajeno. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2021.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (130)

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Qué honor recibir regalos en casa como el que pueden ver en la imagen. Si algo puedo agradecerle al blog es el haberme puesto en contacto con tanta gente que hace cosas magníficas en poesía en este país.
Mi biblioteca acaba de aumentar algunos enteros al incorporarse estas dos joyas que son ‘Inminente y ajeno’ de Jordi Doce (un libro en el que sus poemas dialogan con las fotografías de José R. Cuervo-Arango) y ‘Veracidad del mapa’ de Marta Agudo (cuyos poemas mantienen a su vez un diálogo con las fotografías de Cano Erhardt), ambos publicados dentro de la colección El Lotófago de la Galería Luis Burgos de Madrid.
Gracias, gracias, gracias.

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HIMNO A LA VIDA -extracto-

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HIMNO A LA VIDA

El viento posa su mejilla en la tierra y siente su frescor húmedo
y levanta la cabeza con pequeñas ramas y briznas de hierba seca
pegadas a ella como la arena que te quitas al levantarte
en la playa. El día es fresco y dice «Sólo me quedaré hasta mañana».
El mundo está lleno de música y, entre la música,
y alternando con el silencio, toda suerte de sonidos, naturales y humanos:
se oye un avión, algunos coches, gansos que graznan, y, no aquí, pero tampoco
lejos, un grito tan desgarrador que oírlo supone no ser
ya el mismo nunca más. «Vaya, esto parece el infierno». Surgen aquí, de la tierra
que emana muerte, emblemas de inocencia, amarilis que se empeñan con soltura
en vivir e inclinar su blanco esmalte hacia la tierra, y entre la hierba amarillenta
hay pequeños azafranes silvestres de los montes a los que las cabras han llevado
casi a la extinción. Los bulbos que llegaron por correo, ya plantados, hacen
lo que mejor saben: vivir, vivir. Debe ser tan difícil y tan natural para los tallos verdes
—por muy difícil que parezca— atravesar el barro medio congelado e insistir
en que, al igual que la semilla de maleza de la que ya apunta la radícula,
también ellos van a vivir. Las hojas se ensanchan, el brote aparece y se amplía, su
semilla engorda y cae, el tallo verde se vuelve amarillento y, al marchitarse,
yace sobre el suelo. En Washington, las magnolias ya tenían brotes. En
Charlottesville los bulbos ya asomaban entre la tierra mugrienta, animándola. Mañana
empieza otra primavera. nadie consigue tener muchas, o no a la vez, como la carta
que se espera largo tiempo y que un día por fin llega. Pero puede que no diga lo que deseas
o que, ya despreocupado, no pueda significar lo que antes había supuesto para ti. Llega
la primavera, pero el tiempo invernal, aquí, logra quedarse. Es así de arbitrario, como
la planificación de Washington D. C. Avenidas y rotondas en su tela de araña
de asfalto y nadie se hace más joven, lo que no es cierto para los jóvenes, que descubren
nuevas libertades a los veinte años, qué alivio no ser ya un adolescente. Uno de nosotros
tenía almorranas, otro líquido en la rodilla, otro una hernia —una hernia estrangulada es
una de las noticias menos agradables que se pueden dar— y sólo uno
a los veinte años se movía con facilidad por todas las galerías para conseguir
dormir sin píldoras. Bueno, no todo está tan mal. La luz del sol me da en la mano
y la miríada de líneas que se cruzan y entrecruzan cuentan la historia de casi cincuenta
años. Lo siento, es demasiado largo de contar. Una vez, cuando era joven, me
desperté al alba y me senté en una mecedora a ver salir el sol por detrás
de las casas del otro lado de la calle. Otra vez, permanecí junto a la baranda
de un trasatlántico y miré la estela que dejaba girar y volver
a girar sobre sí misma. En otra ocasión me desperté y en una botella
encima de una cómoda el precavido doctor había dejado mis amígdalas. No
las conservé. El giro del orbe no resulta tan real para nosotros
como el giro de las estaciones y los días que emanan de la grisalla de sus principios
—el mundo es un recortable en ese momento— y se desliza o desciende resuelto
por las pendientes de nuestra vida hasta donde las emociones y las necesidades brotan. «Te necesito»,
árbol, que domina este patio, con cintura ancha, con su altura y sus ramas
retorcidas. Su corteza se descascara como aquello que olvidamos:
el dolor, una invitación a una fiesta, lo que pasó exactamente hace incontables
años, o días, u horas. Y el mismo arrendajo azul vuelve, o quizás
sea otro. Todos los arrendajos me parecen iguales. Pero el sol no, siempre con cada
amanecer parece nuevo, como si durante la noche representase su muerte y resurrección,
igual que las flores. Las rosas este junio serán rosas distintas
aunque cortes un ramo y entres diciendo «aquí tienes las rosas»,
como si los capullos mismos hubiesen vuelto, con su blanco listado de rojo
y su fuerte perfume. O una rama cortada del peral florece antes de tiempo,
«con florecimiento provocado». El tiempo nos lleva a nuestro florecer y esperamos, atareados,
pero sin dejar de esperar el espontáneo flujo de palabras, de intimidad, de sueño compartido
y sueños en los que el pasado parece anunciar un futuro que es sólo más
vida cotidiana. El gato tiene una oreja rasgada. Se pelea, no para de pelearse con todos
los gatos machos todo el tiempo. Hay gotas de sangre en un asiento de terciopelo.
Se limpian bien, pero estas gotas rojas en un libro de Stifter, ¿me acordaré
en el futuro y diré «ah, sí, ése fue el día en que Hodge trajo la oreja rasgada
y sangró sobre el tapete de jugar a las cartas?» Pobre Hodge, maltratado
como un coche viejo. El silencio se cuela en mi mente. Ya es
primavera. También sigue siendo invierno. No es un día en el que se pueda decir
«qué estupendo día de primavera». Un día como una tarde o un crepúsculo
en los que te dices «voy a contemplar cómo se pone el sol». Y entonces empieza
a llover. «Tienes que estar», dice el tendero, «preparado para aceptar las cosas
como vengan». Una ventana que da al sur ha aceptado en su superficie
gotas de lluvia que, al aplastarse con la persiana, forman jeroglíficos
indescifrables. Una historia por contar: tantas cosas sin comprender:
una mirada, un vislumbre, y tú prosigues, a juicio de cada día otro día es mera subjetividad, y su número
total lo dan los días en que uno la vive. El día nos vive y, a cambio, nosotros
lo vivimos: tras el tiempo de las bolas de nieve, tras un mes, marzo, de falsos comienzos, de vientos
y lluvia, llegan indicios de primavera y el invierno se retrasa en el pago. El tiempo pasa
factura al mal tiempo, como en una discusión en un hotel de Washington, «No voy a discutir
pero yo no he hecho ninguna llamada local». Extraña ciudad, amplia y desoladora, con monumentos
encabritados y oficinas como monumentos y multitudes que hacen cola para ver
el interior de la Casa Blanca. «Fuimos a ver la Casa Blanca. Fue estupendo».
Pero no tan extraña como el cementerio con sus velitas vacilantes y las tumbas
de almirantes y generales con lápidas más grandes que los don nadies enterrados
debajo de la casa del general Lee, con sus columnas de mármol de imitación y ese interior tan
común, en cada habitación el chal abandonado en una silla, en las camas,
no hacía pensar que el lugar pudiese ser habitado. Algo que sí consiguen las vincapervincas,
en arriates bajos con flores de azul violáceo, flores algo reservadas que tanto estiman, según
parece, los muertos, presentes muy a menudo donde éstas se congregan. Una cita
de Esquilo: se me ha olvidado. Todo, todo se termina olvidando y uno
duda si estas ideas que parecen pasar de mano en mano sin más son ahora las que fueron antes.
Una idea puede mutar como una planta, y lo que una vez se consideró una verdad indudable
puede ser ahora una banalidad, como decir «¿Plantamos alguna vez vincapervincas allí
al lado del arbusto? Son plantas en las que se puede confiar». El viento sacude la persiana
y todas las gotas de lluvia fluyen y se suman imitando tallos. Ya hace más frío.

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Schuyler, James. Himno a la vida (Trad. Mario Jurado). Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2006.

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DEFINICIÓN DE AURA

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PRIMER MOMENTO

Lo más extraño del viaje
es no saber hacia dónde se regresa.

Acaso diría Walter Benjamin
que en esos lugares parece haber pasado todo
lo que aún nos espera.

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VUELTA A MONSANTO

Bordeas la casa
y sientes cómo te pertenece,
como si cada paso por el jardín
que la rodea fuera una nueva estancia.
Las habitaciones recuperan el fulgor
al observarlas desde lejos,
bien entrado en el camino.
Y escribes, entonces, un poema,
poco antes de partir y abandonarla.

Con la esperanza de encontrar un verso,
una palabra,
que advierta a otros viajeros: seré, por fin,
lo que he olvidado.

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DESVIACIONES

Esta mano construyó una casa. Pero no existe la mano.
Tampoco una casa recién edificada. Sin embargo, su cobijo
es una presencia real, un hueco profundo en el interior de un
bosque. Como una mano ficticia o una habitación. Como la
poesía que, al final de la tarde, los acaba nombrando.

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LOS MUERTOS

Atraviesan esta línea los que desaparecen, sin dejar una huella
que identifique su tránsito de un sitio a otro. No caminan
como sombras, porque apenas hay luz que les preceda. No
existe oscuridad, ni una línea que los separe de nosotros.

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DEFINICIÓN DE AURA

No llegas a un lugar, llegas al momento exacto de una historia, a su
momento clave. El tránsito no es hacia un territorio concreto, sino
a la suma de voces que te preceden para que tú también puedas
preceder a alguien.

No estás aquí para ser. Estás aquí para que la vida siga sucediendo.
Para que otros se acerquen. Para que recuperen contigo el impulso
perdido en los días previos. Estás aquí para que cada comarca de la
tierra no se agote y te haga creer, por un momento, que todo lo que
te rodea merece narrarse.

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Chico, Álex. Definición de aura. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2021.

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ARQUEOLOGÍA DE LA PIEL

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VOY a crearte ahora para que cuando muera
perdures implacable vigilando la nada.
He sentido la tierra. Tus alas de silencio
en olvido compactas, blancas, inmemoriales
persiguiendo la mente, acaso confundidas.
Tu palabra enterrada en la amplitud del ánimo
desoyendo los nombres. Oíd crujir de dientes
de los que descuidados inclinaron su oído.

Voy a crearte ahora, aunque quizás yo sea
el ángel que proyecto por otro dios creado.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(de Poemas bizantinos)

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DE ese amor, o ese cuidado
que tantas veces te di,
mudo cambio recibí,
más herida en el costado.
Sirva mi cuerpo cifrado
de emblema o de silogismo
de una heráldica en abismo.
La piel es un blasón vivo:
se descifra en negativo
y se lacera a sí mismo.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(de Un testigo perenne y delatado)

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Sarduy, Severo. Arqueología de la piel. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2007.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (119)

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Acaba de llegarme a casa el nuevo libro que ha publicado la Galería Luis Burgos, ‘Definición de aura’, en el que unen cuadros de Javier Balda con una selección de poemas de Álex Chico.
Mi gratitud a Jordi Doce por habérmelo hecho llegar.
De aquí a nada les cuento.

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PARA EL OJO QUE DUERME

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señora del aprendizaje

Me torcí la muñeca al quitarle la falda; se movía con demasiada rapidez
xxxxxxxxen la dirección contraria.

Capto las difíciles matemáticas de la topología porque conozco las
xxxxxxxxcurvas de nivel de su cadera.

Me instruyo en las secciones cónicas mirando la caída de su falda.

Los números trascendentales no son difíciles ya que por dentro es mucho
xxxxxxxxmayor que por fuera.

Y en lo que respecta a la teología, ella siempre da buenas respuestas a mi
xxxxxxxxpequeño dios.

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el gato de zoe

Es joven y delgado, y de un negro tan limpio
como si hubiera emergido de un salto
desde el oscuro fondo de la noche. Con ojos

dorados como yemas, escudriña
sobre el cristal helado las gotas de rocío
de nuestro aliento: piensa que son ratones.

Un anillo de gotas patina por el vidrio
y rompe contra el marco: su zarpa se dispara
y estudia el agua escasa mientras la hace girar

con ceño inquisidor, y, sin dudarlo,
la lengua se dispara y lame ávida,
toma ese agua inocente que da un grito de luz.

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éxito

I

Me sentí irresistiblemente atraído por ella:
sólo un abismo puede ejercer tal fascinación.

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II

Me detuve a fumar bajo un algarrobo:
el agua lleva aún nuestra marca.

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III

Me lo dijo de noche, en la hora del aliento viviente;
nos dimos una ducha en plena oscuridad.

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IV

¿Qué fue eso, leones rugiendo a lo lejos
o el rumor de las nubes que pasan?

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V

Cuando una embarazada se recoge ante un ídolo de fertilidad
el niño no nacido se recoge con ella, dentro del templo.

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VI

Y salí fuera, y otra vez di la vuelta al lago
para escuchar el cielo; la tormenta inminente
grabó en el agua la huella de sus garras.

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Redgrove, Peter. Para el ojo que duerme (Trad. Jordi Doce). Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2006.

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EL ADEPTO

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EL ADEPTO
A Guadalupe Grande

He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre de
xxPico de la Mirándola, de él se deduce que el 14 de mayo de 1486 no existe,
que la primavera y la juventud son hijas de Marsilio Ficino,
que la belleza es por derecho mitológico esposa del trípode y el camaleón.
Acepto haber leído el destino en un vaso de agua seis mil años antes de la
xxmuerte de Platón,
acepto haber alimentado un animal de uñas curvas,
acepto la influencia de los magos persas.
No tengo hijos, ¿acaso he cometido un crimen?
Tampoco tengo energías para la épica.
Confieso adorar descalzo el triángulo de la piedra que otros llaman cubo de
xxZoroastro,
confieso mi creencia en la teología del número 7 y la gestación de los donantes
xxde calor,
confieso mi fe en Timeo de Locros, astrónomo de lo diverso.
He leído durante toda la noche el árbol de la conjetura,
de sus frutos he traído a mi casa la escalera circular sobre la que Jacob tuvo
xxun sueño
y el testimonio de la naturaleza celeste de todas las piedras.
Asumo haber prestado atención a lo que impide,
asumo la visitación del pródigo y la música de las esferas,
asumo no haber dejado escrito nada que no me haya sucedido en el futuro.
He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre,
de él se deduce la aritmética del mar y la Ley bajo la corteza de la encina,
de él se deduce el río de la ciencia y la golondrina de los caldeos,
de él se deduce la inexistencia de la muerte y la fecundidad de lo discutible.

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EL HOMBRE DE GRIS
A Miguel Ángel Varela

xxEste es el poema en el que existe un hombre sentado, un
hombre que está vestido de gris, que viaja a visitar a otro
hombre que ni siquiera conoce, a un hombre que también ha
tomado el tranvía y viaja a su encuentro y que va pensando lo
mismo que el otro hombre de gris.

xxEste es el poema donde existen dos hombres sentados, los dos
han amado, los dos han sufrido, los dos han tomado el tranvía,
se ignoran, no saben que ambos viajan al encuentro de un
hombre vestido de gris.

xxEste es el poema donde existen tres hombres sentados, tres
hombres que hablan de un hombre que habrá de venir, un
hombre que vestido de gris estará esperando el tranvía sentado
en un banco no muy lejos de aquí.

xxEste es el poema en que cuatro hombres sentados se miran,
pero ninguno se atreve a pronunciar la palabra, la misma
palabra que está ardiendo en sus labios desde el instante preciso
en que cada uno de ellos se decidiera a venir.

xxEsperan, aguardan a un hombre que aún no ha tomado el
tranvía, un hombre que está abriendo el armario y saca su traje
y se ve en el espejo vestido de gris.

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Mestre, Juan Carlos. El adepto. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2005.

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EL CANTO DE PIERRE TROUVÉ

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DEL “CUADERNO DE TRABAJO” DE PIERRE TROUVÉ

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[4]
Sin fecha

Con qué consistencia
la piedra, el sol,
una espina de pez,
remontan el presente
para ofrecer su certeza
al tiempo.

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[5]
Miércoles, 26 de Noviembre

Con el vigor de la mano
de un náufrago, la mirada
se aferra a la piedra
mientras se hunde en ella.

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[8]
Jueves, 1 de Enero

En la caverna de la mente
la conciencia del hombre
sigue filtrando en la piedra
arcaicas incisiones, desde
una lejana mirada rupestre.

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[9]
Domingo, 11 de enero

Formas que arriban a la piedra
y se desvanecen de inmediato.
Apenas un destello de luz
en la superficie que la mirada
ha de volver a cincelar.

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[10]
El mismo día

Dos imágenes disputan
la mirada. Una imagen
se agarra a la piedra
y otra imagen se suelta.
Jamás seremos capaces
de apreciarlas al tiempo,
de observar nuestra
propia mirada.

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[13]
Sábado, 14 de Febrero

Que la piedra es arena
la mirada descubre
en las marcas que deja.

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[16]
Lunes, 22 de mayo

Como piedra soy. Casi
incapaz de hacer nada.
La voluntad interior
más radical me transforma.
Y dentro de mí suceden
cosas que nadie percibe.
Me consumo en su secreto.

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[17]
Sábado, 1 de junio

La mirada halla reposo
en el cambio que preserva
la multitud de imágenes
a través de las cuales
la mente vacilante
intenta concebir un mundo
comprensible
como un caleidoscopio
donde nada se fija.

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[20]
Lunes, 31 de agosto

La forma de la mano,
aquello que recoge
el roce de la piedra,
su íntima gravedad.
Adivinada en la presión
es hueco que acaricia
un rostro sin rostro.

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Mayrata, Ramón. El canto de Pierre Trouvé. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2005.

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ALGUNOS HAIKUS (O NO) DESDE LA NADA

 

1

Un gorrión muerto.
Las hormigas devoran
ojos y nubes.

 

 

 

 

13

Con sus patitas
la cucaracha muerta
sostiene el cielo.

 

 

 

 

14

Salamanquesa.
La pared se detiene
para esperarla

 

 

 

 

16

Hacen un puzzle.
La pieza que no encuentran
son ellos mismos.

 

 

 

 

39

Se duerme un perro
sobre mis pies descalzos.
Felicidad.

 

 

 

 

41

Quita el reloj
de la pared
xxxxxxxxxxxy deja
en ella el tiempo.

 

 

 

 

42

Mesa sin sillas.
Una mujer con lágrimas
se apoya en ella.

 

 

 

Aguado, Jesús. Algunos haikus (o no) desde la nada. Madrid; Ed. Galería Luis Burgos, 2007.

 

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