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LA PLATA DE LOS DÍAS

abril 16, 2013 2 comentarios

La plata de los días

 

Hacía tiempo que no releía este libro de Vicente Gallego, pero llevo un par de semanas enganchadísimo con él –qué quieren que le haga, cada uno tiene sus propias degeneraciones–, repaso algunos versos obsesivamente y releo varios poemas compulsivamente. Aquí dejo varios de ellos.

 

EL PARAÍSO TERRENAL

Es esta la mañana
del día más hermoso, el sábado.
No debo trabajar, y he madrugado.
Después de ese placer
intenso y cotidiano que es el pan recién hecho,
he salido a fumar a la terraza.
El mismo sol que vio correr mi infancia,
que iluminó los días de mi vida y los convierte hoy
en una sensación luminosa y ardiente,
ha empezado a lamerme las heridas,
su saliva amarilla va manchándolo todo,
y a lo lejos el mar, igual que un carrusel,
pone en marcha su rueda de reflejos.
He encendido la pipa,
ese humo me eleva, me acomoda en la calma
que ahora mismo es el día, y soy casi feliz.
La mañana se exhibe y me confirma
que el mundo es un lugar inmejorable
para ser muy dichoso, que si hubiera sabido
reunir las monedas con que comprar mi tiempo,
y comprar esas cosas que a menudo le faltan,
hoy mi tiempo sería un paraíso,
porque todo se compra, o casi todo:
la libertad, los cuerpos, el descanso, la fiesta,
la emoción del viaje, la emoción
de la música, todos esos placeres
que están en venta y son del alma.
A menudo los sábados –temiendo que muy pronto
será lunes de nuevo y tendré que vender
mi tiempo al enemigo para seguir viviendo,
para seguir soñando con la belleza en vano–
me atormenta pensar que aún es posible,
que el único paraíso en el que yo he creído
sigue estando en la tierra, y que la llave son
unas simples monedas que la suerte
se resiste a poner en mi camino.
Mis mañanas de sábado tienen algo de lunes,
porque a veces las pierdo imaginando
cómo sería el mundo cada día
si yo hubiera sabido reunir
dos cosas tan corrientes:
juventud y dinero al mismo tiempo.

 

 

 

LUNARIO SENTIMENTAL

Esta noche la luna es cada luna
que yo he visto en la noche,
las que leí en los libros,
y también esas lunas que todavía espero.
A partir de una edad, la memoria
va cargando las cosas con su propio pasado,
ese peso de sombra las agranda,
les añade estatura
y, una vez aumentadas, las proyecta
en la frágil pared del corazón.

A partir de una edad, que va siendo la mía,
la vida se convierte en una brasa
que pisamos descalzos,
una hermosa tragedia con su tiempo solemne
donde cada segundo, cada mínimo gesto,
va adquiriendo el fervor que le contagia
el saber que tenemos nuestras lunas contadas.

Esta noche la luna es muchas cosas:
es un disco que alberga mi memoria
y en el que a veces suena
lo que voy conservando de esperanza,
y es también,
ingerible y prensado como en una pastilla,
cuanto queda en mi mundo de alegría y tristeza.

Esta noche la luna es estar vivo,
aún, después de todo.
Y parece motivo suficiente
para que un hombre tiemble de emoción.

 

 

 

LA LLAMADA DE LA SELVA

Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía
con el que yo he jugado algunas tardes.
Sin apretar los dientes me tiraba del brazo,
paseaba conmigo, se sentaba a mis pies
en los fríos inviernos.
En los días aciagos, por probar su obediencia,
le lanzaba mi alma, y ella me la traía
dulcemente empapada en su aliento doméstico.
Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía,
que hace tiempo ha adoptado
esta fea costumbre de morder a su amo.

 

 

 

LAS ÚLTIMAS CENAS

Lo que ahora nos une es una fecha
pactada cada mes, poco más que un esfuerzo
por seguir la amistad. Lo que ahora nos une
no es aquel entusiasmo, esa antigua alegría de estar juntos.
Y cuando os digo esto me salís
con que las cosas cambian, con que a todos nos pesan
otra edad y otros frenos: las mujeres, los hijos,
madrugar, el trabajo; hasta a veces el hígado de alguno
se interpone en los planes
con que aún procuramos engañar la ilusión.

Ha llegado muy pronto ese momento
que juramos mil veces retrasar, este momento
en que estar entre amigos es hablar con nostalgia
de lo que fue en su día ser amigos;
y en estas cenas frías de los jueves
todo el mundo recuerda aquellas cenas
gloriosas de los sábados. Se iluminan los ojos
con las viejas historias –esas locas hazañas,
con alcohol y mujeres, que hoy parecen ajenas y propician
una dulce arrogancia en las voces de todos–,
y renace el orgullo en cada uno
por la amistad del otro, cuando recuerda alguien
aquel honor de hombres agraviados
que defendimos juntos ciertas noches
peleando. Y entre tantas victorias
–recordamos ahora con la sonrisa triste–,
llegamos a pensar que también venceríamos
sobre el destino incluso, sin saber que el destino
no se rinde a la fuerza ni al empeño,
ni que tantos propósitos en las cenas del sábado,
todo aquello que íbamos
a hacer con las mujeres y la vida,
sería más bien esto que los jueves
no deja de asombrarnos que hayan hecho
la vida y las mujeres con nosotros.

 

 

 

MIS TERRORES FAVORITOS

No le temo a la muerte, lo que temo
es sólo el deterioro, que nos niegue
su favor nuestro cuerpo y así haga
que todos los favores se nos nieguen.
Aunque a veces asuste o importune
hay grandeza en la muerte, pues sin ella
este mundo sería como un juego
donde no se permiten las apuestas
y no importan victorias ni derrotas.
Yo prefiero los juegos peligrosos
porque el riesgo es la puerta de la gloria,
y el temor a perder, la garantía
de que no cabrá el tedio entre las reglas.
No le temo a la muerte, lo que odio
es sólo el deterioro, que la vida
nos inyecte en la vena sin reservas
esa droga del juego, y que enseguida
nos condene sin cartas a mirar
cómo siguen los otros la partida.

 

 

 

AJUSTE DE CUENTAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Abelardo Linares

Te llamamos Deseo, y ese nombre
va encubriendo tu alma de canalla.
Se ha escrito que por ti se mueve el mundo,
y es posible que el mundo a ti te deba
sus andares grotescos de borracho.
Tienes fama también de constructor,
pero no has levantado ni una choza
sin derribar primero un edificio.
Tu pasión verdadera son las ventas,
y todo lo que vendes lleva oculto
un preciso reloj con dinamita.
Con algunos has sido generoso,
mas tu gesto recuerda al de ese tipo
que regala heroína en un colegio.
Hay incluso quien piensa que eres bueno
porque ve que fomentas la ilusión:
y el malestar, el daño, la impotencia.
Por tu poder podrías ser un dios,
el budismo te tiene por demonio,
como demonio tientas implacable
e implacable condenas a un infierno
al que cree en tus promesas de tramposo.
Y encima tu oratoria te ha buscado
un extraño prestigio entre poetas
que te tratan de forma piadosa:
impío hijo de puta que jamás
tuviste compasión de mi cansancio.

 

 

 

ÉCHALE A ÉL LA CULPA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Álvarez y Carmen Marí

Hoy te has ido de fiesta con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.

Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso…
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.

Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.

Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando llegues a casa; y que es el amor
–ese tipo grotesco y marrullero–
el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.

 

 

 

LA HISTORIA INTERMINABLE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Marzal y Felipe Benítez Reyes

La discoteca flota como un barco,
y tú tomas pastillas con alcohol.
Todo el mundo lo sabe,
todo el mundo te mira de esa forma,
y tus propios amigos ni se enteran.
Estás sudando, tiemblas, los dientes apretados,
los pómulos ardiendo, y las pupilas
desenfocan un mundo de penumbre y de brillos.
Tú sabes que te espían, disimulan muy mal,
aunque bailen lo sabes,
aunque algunos retiren la mirada
cuando a veces los retas con la tuya.
Es preciso que escapes hacia el baño
y procures andar con cierto aplomo:
como hienas escrutan en tus gestos
cualquier debilidad.
No puedes orinar, el prepucio te escuece,
y sientes en el pene un cosquilleo
que te hace pensar en las hormigas
y desear a muerte a una mujer.
La cabina cerrada te protege un instante,
la música te llega desde el centro
de tu propio cerebro, y puedes escuchar
cómo crece ese odio que te tienen.
Buscas otra pastilla en el bolsillo,
es amarga y redonda como el odio,
y sigues escuchando claramente
todas y cada una de las conversaciones
de esa gente sin alma que te mira.
Todos hablan de ti, y tú sigues oyendo
cómo suena el desprecio, y qué extraño ruido
hace el asco al crecer en sus entrañas.
Sales luego a la pista, disimulas bailando,
tus amigos te miran y sonríen.
Empiezas a temer una traición.
Dirías que tu alma es una rata
completamente abierta a la luz de un quirófano,
todos hurgan en ella,
y hasta sientes el frío de las pinzas
que rebuscan con asco en su interior
una prueba que firme tu sentencia.
Si te marchas a casa han de seguirte,
ya lo han hecho otras veces,
bucean en el whisky que te bebes
y aprenden a vivir entre tus tripas
cual si fueran pirañas en un río de sangre.
¡Si arrancándote el tímpano
se apagaran sus risas, las palabras de burla,
ese ruido que hace al crecer el desprecio!
Quisieras que la tierra te tragara
y sueñas con insectos sin dormir.
Estar vivo te asusta, y te envuelve
esa cosa terrible que es el miedo
cuando nace de dentro de sí mismo
sin motivo ni causa, ese miedo que es miedo
a que el miedo te venza. El verdadero miedo
que es ahora otro ruido en tu cabeza.
Tomas otra pastilla y te deseas suerte:
sabes que alguna esconde un paraíso
en el que tú has estado muchas veces,
y serías capaz,
por volver a encontrarlo un solo instante,
de pasar mil infiernos como éste.
Intentas convencerte de que todo es mentira,
de que el odio y la burla, el desprecio y el miedo,
son sólo paranoias
que habrán de esfumarse, como las otras veces,
con el día que llega.
Pero el infierno crece alrededor de ti
y su hedor contamina cada palmo de aire.
Ya no pueden tardar, parece que se animan
los unos a los otros, y tu cara de imbécil
les exige venganza. Ojalá ya no tarden.
Que te escupan ya pronto uno por uno
en el centro del alma,
porque en esa saliva corrompida
podrás lavar de nuevo
el asco que ahora sientes de ti mismo,
y esperar a otro sábado,
y volverlo a intentar.

 

 

Gallego, Vicente. La plata de los días. Madrid; Ed. Visor, 1996.

 

MAÑANA ES EL DÍA: PACO CIFUENTES EN MURCIA

paco cifuentes

 

Hace ya un año, justo con el disco recién salido del horno, Paco tuvo a bien mandárnoslo a casa y ya en su momento hice algún comentario (pueden leerlo aquí) sobre esa grandiosa mezcla de verso y música que es ‘Mientras todo arde‘. Y digo verso porque la mayoría de las canciones son poemas musicados por Paco; ahí están las adaptaciones al universo propio de Paco Cifuentes de poemas de David J. Calzado, Roberto Terán, Lara Moreno, Tito Muñoz, Leo Minax, Juan José Tellez y Felipe Benítez Reyes. Si quieren dejarse deslumbrar por este sevillano que ya ha empezado a pisar tierras sudamericanas, mañana puede ser una muy buena excusa.

 

mientras todo arde

 

Y aprovechando la ocasión voy a dejarles aquí un par de vídeos en los que pueden ver a Paco Cifuentes acompañado a la guitarra por Felipe Benítez Reyes.

 

 

 

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