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Posts Tagged ‘eva vaz’

RUIDO DE VENENOS

 

LA MADRE MUERTA

Otra vez huérfana.
¿qué madre me aliviará ahora
tu ausencia?
Otra vez me crece dentro
el monstruo del silencio devorando todo
lo que no te dije.
Conozco la asfixia de ese animal,
cómo aprieta mi garganta y me hace
nudos en las manos.
Pero nuevamente llegué tarde.
La muerte siempre me coge fuera.
¿Qué hacía yo mientras tanto?
¿A quién amaría yo como tú me enseñaste
mientras enlutecías por dentro?

El vértigo de la muerte te alcanzó,
brutal, como una sombra que se adelanta
a la persona.

¿Cómo pude yo imaginar tu cuerpo,
como una tierra de muertos
devorando ferozmente tus órganos
con una bulimia implacable?

¿Cómo pude yo saber que el lodo de la muerte
enfangaba tus pulmones, el hígado,
toda la belleza limpia de tus entrañas?
¿Cómo pude yo sospechar que la tierra
se arrancaba un trozo de sí
para hacerte un sitio a solas?

Ese Dios no te merece.

Eras la más sabia congregadora
de amor, como una metástasis de calor,
pariéndonos a diario en la tierra común
que soñabas para vivirnos juntos y para siempre.

Sé que te has puesto dormida y en paz.
Que te volviste pequeñita y leve,
un puñadito de ceniza. Una pizca.
Después de tu estertor
yo te habría besado la frente
y retirado el pelo de la cara.
Yo te amaba.
Yo te amaba.

Dime qué clase de morfina
me aliviará tu hueco de hielo.
Te has muerto tan resuelta
como hacías tu vida y la de todos.

Yo te quería desde el interior de mi hueso
porque fuiste la mujer más fuerte y tierna
que acogió mi lomo leve.
Sin ti, el mundo es menos vivible.
Vuelvo a la orfandad.
Otra vez te mueres, madre,
y ahora sé que será para siempre.

Para siempre es sólo la muerte.

 

 

 

 

A LOS TRES AÑOS Y MIEDO

Eva improvisa un castillo de arena
con una fiambrera.
Ahora todo le vale.
Prepara viajes a sus muñecos
en los zapatos monovolumen de su padre
o en el número veintisiete que ya le va quedando justo.

Yo la ayudo en su arquitectura de flan pétreo
y le traigo conchitas.
Le incrusto ventanas, ventanitas,
puertas, balcones, terrazas…

Eva, fácil y desbordada,
me dice:
Ya, mamá, ya…
que se te va a escapar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla princesa.

 

 

 

 

ÁNGEL NO EXTERMINADOR

Sé que estaré herida para siempre
en esta guerra sin muertos
que es vivir y vivirte
interrumpida, semanal, mensual,
según contrato,
y apareces siendo otra.
No crezcas a escondidas,
¿no ves que muero gota a gota?
Ocurre ahora.

Tu infancia se acelera
como un vértigo de pájaros ciegos
y yo no tengo cielo.
Los dañados en esta guerra de la vida
estamos mutilados para siempre
y no somos cielo de nadie.

Ten piedad, hija mía,
en esta guerra civil
de sangre contra la misma sangre.

Crece,
pero sin que yo me dé cuenta.

 

 

 

 

EL HUNDIMIENTO

Fue el instante de la lucidez antes de
la muerte. La rama verde.
Un instante: el amor, la vida, el embalse,
aquella cama silvestre ajena al desastre:
no íbamos a morir.
Y tú te hundiste dentro de mí
y los dos nos hundimos en el agua,
ahogándose en una cotidianeidad paliativa
hasta la muerte. La muerte inexorable,
la muerte paladeando lujuriosa
la membrana impermeable y nutricia
de nuestra familia.
Un huevo huero.
xxxxxxxxxxxxxxxxNada.

Hoy he vuelto a hacer el amor urgente
de la adolescencia. Él se ha hundido en mí
como un agua limpia disolviendo todos los coágulos.
Parecían medusas muertas.

Y ahora tú y yo somos dos extraños.

Y ahora nuestra vida no es más
que un tema de conversación.

Ni eso.

 

 

 

 

TERCERA PLANTA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBaja a mi habitación.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstuve pensando en ti.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY estuve a punto de seducirme
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa mí mismo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLeonard Cohen

Sube a mi habitación, amor,
sabes que allí está la verdad.

Una mujer y un hombre
que comparten mucho más
que el miedo a la muerte.

Sube a mi habitación, amor,
no sea que la muerte se acerque
y nos coja
rezándole a otro Dios.

Un hombre encuentra
a una mujer desnuda
sobre la cama.

Ven aquí, amor,
vamos a matarnos de mentira.

 

 

 

 

JUEGO DE NIÑOS

¿A qué estás jugando ahora?
¿Qué soliloquio mantienen tus muñecas?
¿De qué hablan Epi y Blas?

¿Se aman tus padres?

 

 

 

 

ESTAFA

Escucho a Nick Drake
en una compañía de seguros
y te has venido a mis dedos
como una nube dorada.
Me acuerdo de cuando hablábamos
de nuestra música: te brillaban los ojos.
Eso era verdad.

Entonces eras una presencia exótica
con una maleza hermosa de cabello rubio
y largos huesos como hilos transparentes.

Ocupabas la estancia en la que estuvieras
con tu resplandor estético y tu misterio.
Era imposible no verte en mi cama.

Los secretos de tu vida eran intrascendentes,
insignificante tu procedencia o sexualidad,
tus amantes. Tu homoerotismo.
Eras joven y hermoso: habría sido criminal
no enamorarse de ti.

Luego ocurrió.

Ocurrieron tus amantes ilustres…

Allá donde ibas, dejabas
un estanque de polvos.
¿Te llamarán ahora tus insignes?
¿Ya se olvidaron de ti?

Ven aquí, ve, ven a mí,
quítate el disfraz y confiesa que
eres una mentira,
que nunca exististe,

que me quieres.

 

 

 

 

CEMENTO

Somos la placenta de la tierra,
el rumor del útero primigenio,
somos la sangre del sistema límbico
y un ruido de heroínas en los tiempos.

Somos el silencio de los libros,
las páginas en blanco de la historia,
la costilla de menos,
el rostro escondido,
las costureras silentes de la historia.
Somos un grito que no se oye
y una nana de seda para los niños.

Somos el alimento del mundo,
la mano derecha y la mano izquierda,
el corazón abierto
y los ojos saturados tantas veces.

Somos el estiércol,
pero del estiércol también nace
la vida.

 

 

 

 

POESÍA PARA UN LUNES

Vuelve el lunes tras el hiato;
vuelve con los ojos llenos de sueño
y con menos sueños posibles,
vuelve funcionarial, rutinario,
como la tormenta tras el rayo,
como un matrimonio.

¿Dónde están las buenas noticias?

El lunes huele a detergente,
a vacío,
a comida congelada.

Los lunes nunca hacemos el amor.

Lunes, tediosa palabra de orden
depurativo y famélico.

No hay poesía los lunes. Ni pescado fresco.

Es lunes, pero te quiero
y eso me salva del mundo.

 

 

 

 

LLUVIA ÁCIDA

Hubo un hombre con el que
hablaba de política y bebía vino.
A la segunda botella
subíamos a la habitación
sin política ni vino.
Sin ganas.
Y comenzábamos a follar.

Ese tío
follaba despiadado y bestial
y sudaba gotas como golpes.

Córrete ya.
xxxxxxxxCórrete ya.

Iba deprisa
y el sudor me golpeaba
los ojos,
la piel,
mi pelo.

Córrete ya.
xxxxxxxxCórrete ya.

Me quemó la piel.

 

 

 

Vaz, Eva. Ruido de venenos. Huelva; Ed. Crecida, 2013.

 

DOS POEMAS DE ‘RUIDO DE VENENOS’, DE EVA VAZ

 

ENTELEQUIA

Hubo magia. Eso dicen,
pero yo estaba fuera,
en el día siguiente:

el 7 de enero.

En mí habita el horror de los regalos.
La muñeca sin párpados,
la caja vacía,
las pilas descargadas.
Estoy en la fractura de las muñecas rotas.
En mí, el caramelo envenenado,
la barba postiza.

Soy lo que sobra,
lo que no se recicla, lo que se amontona,
la basura:
una mujer, no joven.
Nadie.
El despojo de este país,
otro olvido,
un tumor social.

En realidad no existo: soy una invención
basada en hechos reales.

De mí habla la mitad de un telediario,
titulares, cifras, porcentajes.

Pero soy un número goloso,
venid a lamerme, perritos,
chupad mis lamentos,
jugad con ellos entre ministros.

Os dejo la desesperación:
haced un buen caldo con mis miserias.

Sois unos cabrones.

 

 

 

 

EL PLACER Y EL SIMULACRO

Todos te prometen
un éxtasis único
y acabas masturbándote
a escondidas.

 

 

 

Vaz, Eva. Ruido de venenos. Huelva; Ed. Crecida, 2013.

 

LA HISTORIA DE SEIS MUJERES

 

LA HISTORIA DE LA MUJER AMANTE

Comenzaré dándote
a probar
el sabor salado
de mi sexo
abierto:
el espectáculo grandioso
de una flor
carnívora.

Luego alejaremos
mi dulce fractura
de tu sed.

Descenderé, entonces,
hacia tu infierno,
y allí me dedicaré
a tu envergadura.
Con mis pechos,
con mis manos,
con mi boca,
bailando
ese ritmo
primitivo
que ennoblece
tu tercer brazo.
Durante,
como actrices secundarias,
mis pechos recios e
inflexibles
te acariciarán constantes,
disciplinadas.

Y justo antes
de alimentarme
con el remate salvaje
de tu lascivia,
te permitiré el
acceso
a mis labios
brillantes
y felices.

Y bailaremos,
bailaremos
esa música,
bailaremos
esa canción
de amor.
Y bailaremos,
bailaremos
hasta perder
la conciencia.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA MUJER DEL SEXO GRANDE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Kim Pérez
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Presidenta de la Asociación
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde identidad de género)
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“(…) mientras, como
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxintérprete de esta retirada,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa mi alrededor oía:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Maricón, y Maricón!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon fuerza tan grande,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque empecé a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcreérmelo.

Yo no me he cambiado
el sexo.
Mi sexo fue cambiado,
dañado
malnombrado
maltratado
el día en que descubrí
la dictadura de la testosterona,
la pérdida definitiva
de la infancia
y su pacífica androginia.
Cuando la H de Hombre,
la M de Macho-Mayor
vistió mi armario
y estudió leyes.
Cuando acepté que soy
muy tierna
y muy agresivo.

Con la V de varoncito,
de Viril,
de Vena,
me dejé abrir una dulce
fractura
en el centro de aquel
prolapso,
de aquel clítoris
gigante
que miraba al cielo
clamando paz,
cuando veía aquellos hombres
de miembros magnos.

Aquellos machos-malos-mulos
sin misericordia
humillaron
mi sexo tierno
abierto
al Amor.

Me he cambiado el artículo,
y el nombre.
El sexo
sigue siendo
el mismo.
Mi dulce fractura
por fin sonríe,
Vertical,
como siempre soñé.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA MUJER ENFERMA

Dime qué más quieres
de mi cuerpo,
si dividiste y pervertiste
mis células,
otorgándoles la entidad
que a mí me expropiaste,
dejándome al cambio
un tumor fementido y criminal
en los conductos por los que
no mamarán mis hijos.

Dime qué más quieres
de mi carne,
si me amputaste los pechos,
los músculos,
los ganglios envenenados,
si me seccionaste los nervios
y me dejaste el corazón
en la epidermis del esternón.
Tan expuesto y vulnerable.

Dime qué más quieres
de mis venas,
si te apropiaste de mi sangre
como un cacique
y me dejaste
una sangre sucedánea y débil.

Dime qué más quieres
de mi materia,
si me arrancaste los cabellos
y castigaste mis ovarios
sin la magia de mis hormonas.

Dime qué más quieres
de mis sobras,
si violaste mi derecho a ser madre,
preñándome el útero con un
hijo del diablo,
con otro cáncer.

Dime qué más quieres
de mis tejidos,
si me robaste el útero
y me dejaste una metástasis,
soberana de un pueblo
de muertos.

Dime qué me has dejado,
qué queda debajo de tus estragos,
de tus estadios,
qué hay después de la devastación
anónima de tu exceso de tejidos.
¿Qué tras el cáncer?

¿QUÉ MAS QUIERES
DE UN
CADÁVER?

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA MUJER DE LAS CICATRICES

Con once años
me arañé la cara
hasta sangrar.
Con un tenedor.
Mi madre me gritó:
NO. En la cara no.
SE VE.

Más tarde utilicé mis uñas
en la llaga,
en el mismo sitio.
La excitación
me hizo perder la conciencia.

Mi cuerpo es el mejor sitio
para mi dolor.

En estos años he aprendido
a seleccionar
mis útiles,
a rebuscar en mi cuerpo
espacios donde asignar
aperturas.

He depurado el estilo
de mis marcas:
la carne rota
es la más bella imagen
a la que mis ojos
tienen acceso.
Venas, arterias, tendones
abiertos como
flores carnívoras.

Mi cuerpo es el mejor sitio
para mi dolor.

Dame litio para estabilizar
mi conducta,
dame sangre para
arrebatarla.
Déjame abrir un último
surco.
Permite la excitación ilimitada
de saborear mi propia
sangre.

“Trastorno límite de la personalidad:
responde a los criterios internacionales
de diagnósticos acordes
al DSM-IV.
No confundido en el criterio 5 del TDL”.

No comprendéis que
lacerarme
es amarme.
Desgarrar
es mitigar mi infinito
dolor emocional.

Mi madre se ha olvidado
de mirar
mis heridas.

La indiferencia es un dolor
más intenso.
Deja cicatrices atroces.

El recuerdo no es un buen sitio
para el dolor.
Yo no resisto
ese
dolor.

Y yo tengo demasiados
recuerdos…

Dame la cuchilla…

La oxidada.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA MUJER INTERNAUTA

Debería haberte dicho
que estoy sola,
que vivo sola, espantablemente
sola,
que nunca intenté suicidarme
porque no habría nadie
para salvarme.

Debería haberte dicho
que mi voz es amable,
pero no soporto mi aliento
pobre y vacío
como el limbo
de un reciénnacido.

Debería haberte dicho
que mi vida emocional
la enterré con mi padre,
que todos mis amantes
son apodos toscos,
asépticos, con el carácter
Times new roman.

Debería haberte dicho
que soy muy espiritual,
pero no sé lo que es
un orgasmo,
que colecciono cajas
vacías.

Debería haberte dicho
que mi cuerpo es demasiado
grande
para sentirme una mujer
tan pequeña.
Porque peso más de
cien kilos
y no puedo ver
mi sexo
lamentable y descuidado.

Debería haberte dicho
que duermo sentada
para no asfixiarme con mi propia carne,
que el único anillo
me lo pusieron en el
estómago
para comer en
platos pequeños.

Debería haberte dicho
todas estas miserias.

Debería haberte dicho
mi verdadero
nombre.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE UNA NIÑA

xxxxxI

De niña, yo recuerdo
a mi madre,
corriendo despacio
hacia el balcón.
Amenazaba volar desde el séptimo.
Mi padre corría detrás,
más deprisa,
para verla planear.
O acompañarla en el
vuelo.
Para no manchar
de rojo
el jardín.

 

 

xxxxxII

De niña, yo recuerdo
las excursiones de los domingos:
viajábamos a un hospital con vallas y jardines,
íbamos a ver al abuelo
de segunda categoría.
Me decían que el abuelo
no llevaba mi sangre
y yo me alegraba porque
estaba malo
bebía mucho
y estuvo en la guerra
con los que ganaron.
Un domingo fuimos al parque.
Mi madre me dijo que
el abuelo se había muerto
de un calambre.
No me entraron ganas
de llorar.

 

 

xxxxxIII

De niña, yo recuerdo
a mi abuela.
Olía a ropa planchada
y sus ojos miopes eran
casi blancos de lo claros.
Luego comenzó a repetir
las mismas preguntas.
Me decía que yo era su
niño muerto
o su madre.
Preciosa y estética,
la abuela
llegó a olvidarse
de respirar.
Y yo no pude…
debió ser el cadáver
más lindo
que nunca hubiese.

 

 

xxxxxIV

De niña, yo recuerdo
a un hombre educado,
me llevó adonde los buzones.
Buscaba un señor.
Aquel hombre se acercaba
mucho, por detrás.
Parecía que no sabía leer.
Me hizo llorar mucho
y no se lo conté a nadie.

 

 

xxxxxV

De niña, yo recuerdo
que mis padres
me decían
que yo era
una niña
muy rara.
Que no era una buena
hija,
cada vez que intentaba
abrirme
las venas.
Y les manchaba
la alfombra
de sangre.

 

 

xxxxxVI

Ahora, de mujer,
soy capaz de escribir
todo esto.
Y hacerlo bello.
Y hacer de mis tripas
un corazón precioso
de material sintético.
Y reservar el corazón
auténtico
para las grandes
ocasiones:
para mi niña.
Ahora,
de niña.

 

 

 

Vaz, Eva. La otra mujer. Salamanca; Ed. Celya, 2003.

 

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LA HISTORIA DE LAS DOS MUJERES

 

LA HISTORIA DE LAS DOS MUJERES

Tengo tres hijos
y una amiga que me ama
distinto:
mi amiga me ama despacio,
sin daño,
y provoca incendios que no destruyen.

Tengo un gobierno de hormonas
que contradicen sus órdenes
y desean con A.

Tengo el amor de mi amiga,
dócil y generoso,
y ya no quiero
la violencia de aquellos falos
perforando mis órganos,
ni la torpeza
de aquellas manos rústicas.

Tengo los brazos de mi amiga,
delicados,
adorando mis pechos.
Tengo sus labios de hembra
convulsionando
mis labios de hembra.

Tengo una linda fractura,
lasciva y trabajadora,
llorando permanentemente
de placer,
cuando mi amiga,
mi ángel lésbico,
se adentra en mis
oscuridades
y se queda explorando
mi humanidad con H.

Tengo tres hijos
y una amiga que me ama
distinto:
Tengo algunos problemas.
Pero tengo a mi amiga.
Y me ama.

 

 

 

Vaz, Eva. La otra mujer. Salamanca; Ed. Celya, 2003.

 

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LA OTRA MUJER

 

LA HISTORIA DE LA MUJER DEL INTERNAUTA

Vulnerable,
ayer te vi:
sentado,
frente al monitor,
el pijama en los tobillos,
la mano engolfada en el miembro
nervioso y derecho
ante la imagen
bidimensional
de una tetona en edad legal
mostrando el esplendor
de un coñito depilado,
suculento y hospitalario.

Luego me vi:
mi cuerpo en el espejo,
un cuerpo que me duele,
un cuerpo-miseria,
GRAVE.

Tardamos el mismo tiempo
en descargar:
tú, el semen furtivo;
yo, mis cuchillas como lágrimas.

Tú pagaste el ordenador.
Yo no podía hacer
NADA.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE UNA MUJER EN REBAJAS

Explícame qué extraña dependencia
me llama desde tu cuerpo
hacia el mismo centro del terror.

O qué veneno expide tu miembro
que me enloquece el deseo
de tus balas en mi cuerpo.
Explícame cuál es el verbo que
debo conjugar:
Yo amo.
Tú dañas.
Él goza.

Explícame qué dolor a hembra
te arrastra hacia mi vida
para destrozarla
o por qué yo lo necesito.

Explícame por qué mi celo
está tan ciego
como mi forma de adorarte,
y por qué te deja entrar y
romper,
romper,
y luego llorar dentro
y yo fuera,
cuando te siento derrumbado
a mi lado
pero tan lejos.

O por qué siempre me prometo
que será la última vez
que te permita
el acceso directo
a la ruina de mi conciencia,
a la amarga fractura
de mi estima.

Explícame qué es lo que me ocurre
si no es que soy
una mujer
locamente
enamorada:
UNA MUJER EN REBAJAS.
UNA MUJER REBAJADA.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA SEÑORITA DE COMPAÑÍA

Nunca imaginarás
cómo me excitan
tus miradas perturbadas.
Cómo me inquieta
la esquizofrenia de tus actos.
Cómo me atrae
tu adicción al sexo
subterráneo.

Nunca comprenderás
por qué me divierte
abrirte la boca,
abrirte el sexo,
la cartera,
mientras imagino
a tu hembra
en la cocina,
a tu hija
invirtiendo lo mismo
por algo de farlopa,
un par de copas
o un par de
mentiras.

Nunca verás cómo
te veo:
viniendo,
con el sexo hambriento,
olisqueando mis bajos,
apetitosos
en tu conciencia oscura.

Nunca comprenderás
cuánto me excita
el importe.

En mano.

Me hace sentir
poderosa.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA CHICA QUE COMÍA SUEÑOS

Yo sólo tenía
un cuerpo de
once años.
Y mi entrenadora
me quería niña.

Más niña, más.
Más alto.
Más.
Más hueso.
Más cerca del cielo.
Más.
Y yo me fui acercando.
Más y más
a los infiernos.
Y allí ingresé,
tan pronto,
tan escasa y pequeña.

Me arrancó de mis
once años.
La entrenadora.
Me reclutó en aquel gimnasio
y allí dejé tres meses
de mis once años.
Entrenando.
Llorando.
Entrenando.
Soñando.
Entrenando.
Entrenando.

Custodiaba mis raciones.
La entrenadora.
Abría mi bolsita de alimentos
y la expurgaba
como una madre
despioja a sus crías.
Luego la llenaba
de triunfos inventados:
cada ayuno una medalla.
Más ayuno,
más alto,
más cerca del cielo.
Más.

Un día registró,
la entrenadora,
mi bolsita de sueños,
y halló
chocolatinas.
Luego me echó
con los ojos llenos de fuego.
Y me devolvió a
la vida,
sin sueños
ni victorias.
Sin entrenadora.
Con la bolsita vacía.
Y el dolor.

Con treinta y seis kilos
ingresé en el infierno,
famélica y endeble
como pajaritos
recién nacidos.

Y la bolsita llena de gozo,
como un osario.
Toda hueso,
con once años.

No he vuelto a probar
el chocolate.
Me produce arcadas
y un dolor fino
que me hiere el pellejo
y hasta el mismo
alma.
Ahora sólo necesito
extirpar el recuerdo.
Y el chocolate no sirve.

El medacepán hace
milagros.

Ahora, con treinta años,
en la bolsita de sueños
escondo
psicotrópicos.

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA MUJER DEL PERRITO

A las 20.30h. ya tendré dispuestas
las pastillas,
los pañuelos ordenados,
las ventanas cerradas.

A las 21.00h. él abrirá la puerta.
El perrito saltará hacia EL AMO.
Yo bendeciré su regreso.
A pesar de todo.

A las 21.30h. comenzarán
los gritos.
Yo preguntaré cuánto ha perdido.
Él preguntará en qué me he convertido.
Y los gritos
responderán a todas las
preguntas.

Yo le gritaré con mis piernas
cansadas,
con las manos rajadas y rotas
de esa lejía.
Con las raíces
desteñidas.
Y otras cosas.

A las 21.45h. comenzarán los golpes
en la mesa,
las cabezadas impotentes,
los puñetazos en la nada, desviados
de la trayectoria directa
hacia mi cara.

A las 22.00h. los vecinos habrán subido
el volumen de sus televisores.
Yo me esconderé con el perrito,
como siempre hacían los niños.
Abriré la puerta,
pero ninguno marcharemos,
como sí hicieron los niños.

A laas 22.30h. me arrancará el perrito
y llorará con él.
Yo me desmoronaré sobre la cama
y comenzaré a llorar,
sin freno.

Le habré dejado
hecha
la cena.

 

 

 

Vaz, Eva. La otra mujer. Salamanca; Ed. Celya, 2003.

 

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QUÉ SERÁ SER TÚ

septiembre 14, 2019 1 comentario

Hará un año y medio, más o menos, salió a la calle este ‘Qué será ser tú’, publicado por la Universidad de Sevilla y en el que aparecen Begoña Abad, Matías Escalera, Isla Correyero, Conrado Santamaría, Isabel Pérez Montalbán, David González, Marta Navarro, Begoña Paz, Inma Luna, Cristina Morano, Mª Ángeles Pérez López, Enrique Falcón, Nuria Ruiz de Viñaspre, Gsús Bonilla, Eva Vaz, María Eloy-García, María García Zambrano, Alicia Es. Martínez Juan, Txus García, Miriam Reyes, José Daniel Espejo, Iván rafael, Jorge M. Molinero, Deborah Vukusic, Olalla Castro, Alberto García-Teresa, Andrea Mazas, Carmen Beltrán, Alba González Sanz y María Sánchez.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

DAVID GONZÁLEZ

EN BANDEJA DE PLATA

xxxxxPor la subida
xxxxxde juan bautista
xxxxxuna detrás de otra
xxxxxcargadas como burras
xxxxxcon bolsas de la compra
xxxxxdos en cada mano
xxxxxasí suben cada mañana
xxxxxlas mujeres de mi barrio
xxxxxmuchas de mi edad
xxxxxpor la cuesta
xxxxxde juan bautista

xxxxxlenta
yxxxxpenosamente:

xxxxxburras de carga
xxxxxcon bolsas de la compra
xxxxxcuyas asas de plástico
xxxxxse clavan en la carne
xxxxxcortándoles la respiración
xxxxxde la sangre de los dedos
xxxxxasí suben cada tarde
xxxxxen fila india
xxxxxpor la cuesta
xxxxxde juan bautista
xxxxxlas mujeres de mi barrio
xxxxxalgunas del tiempo de mi madre:

xxxxxlenta
yxxxxtrabajosamente:

¿xxxxdónde
¿xxxxdónde están
¿xxxxdónde están los hombres
xxxxxxxxxxxxxxxxxxsus hombres

xxxxxes lo que me pregunto
xxxxxmientras les doy alcance
xxxxxcon mis largas zancadas
yxxxxlas adelanto
xxxxxcargado yo también
xxxxxcon mis propias bolsas de la compra:

¿xxxxdónde
¿xxxxdónde estaba yo cuando Chica
¿xxxxdóndexxxxxxixxxxcuando Manuela:

¿xxxxdónde:

 

 

 

 

BEGOÑA PAZ

SEMÁFORO EN ROJO

Semáforo en rojo. Miras al frente. Al otro lado de
la vía la valla está cambiando. No es difícil imaginar
a qué. Una mujer desnuda anunciando un
detergente, una mujer desnuda anunciando una
aspiradora, una mujer desnuda anunciando un
perfume. Aciertas. Poco a poco se va formando
la imagen de una mujer desnuda dentro de un
coche. La mujer eres tú.

 

 

 

 

GSÚS BONILLA

UN CACHO TELA

Un pingo
oxxxxxuna rodilla

ése era el útil
que mi madre
usaba a la edad
de 9 años
para que reluciera
el suelo de la casa
en la que empezó
a asistir

Asistir:
así se denominaba por la
gente sin recursos
a quitar la mierda de la
gente pudiente,
ahora, viejita ya
le ha dado por llamar
a las cosas por su nombre

y me lo cuenta.

Así está ella
que vuelve a ser joven,

como un trapo.

 

 

 

 

EVA VAZ

EL LABERINTO DE LAS HERENCIAS

Madre, de los cuatro hermanos,
yo heredé el menor número
de centímetros
y la mayor resistencia
para tumbarme, dejar de sonreír,
contener el miedo, estirar los brazos y
mirar dentro del cielo
o del botiquín.
Pero ando derecha por el mundo, madre,
y por la izquierda, como el padre.
Heredé la misma forma de tu risa
y la misma textura de tus lágrimas.
No heredé tu gusto por el victimismo,
pero sí tu tendencia natural para manipular
de forma invisible.
Heredé un trozo de vuestras casas
de protección oficial,
los balcones, supongo,
y tu entusiasmo por aprender.
Y no sé si fueron aquellas tardes
de plancha, con la abuela,
cuando hablabais de “la vida”
como una enfermedad incurable.
El caso es que dejaste para mí la peor
de tus herencias.
Este cortocircuito en el cableado
de mis neurotransmisores,
este nudo en las venas,
esta maraña de nervios
mal ordenados hacia mi cerebro,
estas ganas horrorosas
de llorar
o morir
a cualquier hora.
Esta vida sentida como
un clown ciclotímico.
Si no te hubieras muerto, madre,
compartiríamos benzodiacepinas
y platos pequeños para nuestro
fino esqueleto.
Si no te hubieras muerto,
te habría gustado mi vida,
mi hombre y mi hija.
Y habrías llegado a quererme.
Y puede, incluso, que algún neurotransmisor
hubiera recuperado su dirección.
Pero aquel quirófano
hizo realidad tu sueño
de aliviar el peso de tu vida.
Y tuve que heredar, también,
el mismo psiquiatra.
Él me ha enseñado a perdonarte
la herencia,
a emocionarme con lo pequeño,
a ingresar en la vida
con el mundo en las neuronas
y la serotonina inservible.
Y no te apures, madre,
si me tocó a mí
tu desarraigo crónico,
la fatiga de mis venas
huérfanas.
Tengo el corazón de hueso
y aprendí a flotar
antes que a nadar.
Madre, también he heredado
tu botiquín
y las mismas drogas que
te calmaban
tres veces al día.
Todavía tengo fuerza,
madre,
para darte
LAS GRACIAS.

 

 

 

 

TXUS GARCÍA

COSTILLA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa mujer es una burra tozuda, un gusano terrible
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen el corazón del hombre, hija de la mentira,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcentinela del infierno, ella ha expulsado
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa Adán del Paraíso.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSan Juan Damasceno

Hembra monstruosa
belleza repulsiva
gorgona medusa
Edith estatua salina
Ártemis descabezada
Venus sanguinaria
defecto de la naturaleza
hombrecillo defectuoso mutilado*
apóstata impura gentil
sucia infiel prostituta
bruja víbora mala bestia
egoísta mezquina hipócrita
maldita malvada neurótica
súcubo mal espíritu lamia
triste Perséfone estúpida
cabeza del crimen
arma del diablo**
esperpento cíclope aberración
residuo Lilith clandestina
aprovechada furia sádica
mentirosa histrión arbitraria
pestilente ponzoña sicaria
inmunda Circe histérica
soberana peste
dardo del demonio***
viciosa sibila Salomé
morbosa arisca corrupta
oculta indigna pérfida

mujer quimérica
diosa

te amo.

 

*Santo Tomás de Aquino
**San Antonino de Florencia
***San Juan Crisóstomo de Antioquía

 

 

HAY DÍAS QUE APESTAN…

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlors, ô ma beauté! Dites à la vermine
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQui vous mangera de baisers,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue j’ai gardé la forme et l’essence divine
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe mes amours décomposés!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCharles Baudelaire

Hay días que apestan a calcetín sudado a colcha de pensión barata
a moho en el pan bimbo a nevera mal cerrada a basura del vecino
a cenicero abarrotado a cebolla frita a cal viva
a carne en descomposición a perro sucio mojado
a cuero cabelludo a ropa vieja a sudor a rancio
a lumpen hembra
a brutal patriarcado
a asco
a gouffre ennui abisme
a spleen de París
hay días.

Otra
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmujer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmuerta.

 

 

 

 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

SOBRE LA MADRUGADA EN LAS PROVINCIAS

Mirando un documento aún en blanco
mi hijo y yo esperamos la primera luz del día
guardando todo el silencio de que somos capaces.
No estamos aprendiendo nada
produciendo nada
ni siquiera ordenando o limpiando la casa
y el aire que respiramos
está bastante sucio. Vivimos
la leve madrugada en las provincias,
Siberia de los barrios dormitorio
la tele está encendida sin volumen
qué habrá de distinguirnos a nosotros
de todo el ruido blanco.

Mirando un documento aún vacío
qué raro el pensamiento de que ahí
arranca algún camino y que en él
podría reencontrarme con vosotros
pisar algún espacio hecho de música
bailar foxtrot vinícola sudar
y no tener más sueño.

 

 

CLAVOS

A Conchi la sacaron de su casa
después de separarse. No pidió
ayuda ni contó lo que pasaba,
cogió a sus dos niñas de las manos
y despareció. Muy pocas cosas
quedaron en el piso tras su marcha:
dibujos en la puerta del armario empotrado,
los clavos del salón, ya sin los cuadros.
La luz del extrarradio atraviesa las rendijas
de las persianas bajadas, y los roza
como relojes de sol, de un tiempo perdido
en un espacio desierto, comido por el polvo.

¿Alguien las echa de menos? y ¿dónde están?
son preguntas que este poema
no puede contestar. Nadie lo sabe,
y los clavos desnudos
no ofrecen muchos datos
a la investigación. Sobre todo
porque no existe en absoluto
ninguna investigación. Perdurar, dejar huella,
ser recordados no son cosas
al alcance de todos. Los cuadros de Conchi,
al igual que sus niñas,al igual que su amor
dejaron una sombra en la pared
y luego fueron nada. Poemas.
Frases de pasada de vecinos cansados.
Cartas devueltas. Clavos
y gracias.

 

 

 

 

IVÁN RAFAEL

EL TRONO

Si no reconozco como legítimo ningún trono
es por culpa de mi madre.

Ella
colocaba en la mesa de luis catorce
la mantelería isabelina,
la porcelana ming
y los cubiertos de plata de cuando carolo
o del regalo de boda,
por lo menos.

Ella ordenaba según derecho hereditario
las sillas protocolarias en orden de jerarquía
comenzando
por las acolchadas y tapizadas del salón,
siguiendo por las de madera
rechapada de la cocina,
para terminar,
solo si el número de comensales lo exigía,
por las de plástico plegables del trastero.

Por eso,
si no reconozco como legítimo ningún trono
es por culpa de mi madre,
de ella
la Reina que se sentaba
siempre
la última
y en un taburete.

 

 

 

 

CARMEN BELTRÁN

POLÍGONO

Las ocho menos diez
siempre cinco minutos tarde
enfilo al polígono
está hacia el este
siempre es de luz el camino
a la espalda
mis hijas duermen
mis sueños también.

 

 

¿CÓMO SUENA UN SER HUMANO

¿Cómo suena un ser humano
al romperse?
una mujer que quisiera
que el estruendo
no desmereciera a su dolor
que quisiera por un momento
que ese terrible ruido
lo comentaran en las tiendas
lo buscaran con los ojos los niños
obligara a los vecinos a
levantarse y asomarse
por la ventana
¿cómo suena una persona
al quebrarse?
¿qué sonido produce
desear terriblemente
la propia muerte?
¿cómo suena un hombre
que olvida la esperanza?
¿cómo es?
¿quién lo sabe?
¿quién lo traducirá?
¿quién lo convertirá
en la canción más terrible
esa que todo el mundo oye
y finge no entender?

 

MENTIRAS, POEMAS Y HOTELES

noviembre 17, 2017 Deja un comentario

 

SEXO, MENTIRAS Y FACEBOOK

“Tu sexo alimenta mi sueño”,
te escribía yo, sin saber que, en realidad,
escupías en el sexo de otra.
Sexo, veneno y sangre,
entre lobos estremecidos a
dentelladas no hermosas.

“Tu silencio es una niebla
que mi voz no rompe”,
te escribía yo llorando
en medio del ruido de silencios.
Y tú estallando en mitad de la noche,
llorando los silencios de aquella
mientras yo aparecía en tu vida
cantando nanas estúpidas
para dormir a los amantes
que no se conocen.

Un coño emputecido
—febril urgencia entre mis muslos—,
un coño desinhibido,
un coño bien enseñado,
detonante de tu semen y mis lágrimas.
Una simple paja
cuando venías, ya de mañana
y el alcohol y el solipsismo de la noche
te pedían mi triste sexo
en un privado.

Ahora sal, jodido demonio,
estoy cansada.
Podría matarte por facebook
pero te has adelantado
y me has matado tú a mí.

Sé que cuando vuelves a casa
repasas mis fotos.
Que me sigues
a escondidas.
Que no puedo salir
de tu vida.
Que no te excitas
si no es con drogas
o conmigo.

Y que ella no te da
lo que necesitas.

Y que no sabe nada.

 

 

 

 

TU POEMA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Manu Anarte

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Y todo tu único patrimonio fue siempre
xxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxtan sólo la más vulgar de tus derrotas”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIsmael Cabezas

Tu rencor visceral
sobrepasa tu tamaño.
Yo, sin embargo ni me acuerdo
de lo que tanto me reprochas:
mi soberbia, mi desprecio intelectual.

Es lícito que te creas con mundo,
tú sabes qué decirle a Pilar
o a Fermín (que te caló en un vistazo).
Aún así me rindo a tu conquista,
De eso sabes, el hombre de mundo,
el hombre de la vida rota,
con todas tus derrotas tatuadas
con sus nombres perfectos.
Pero la verdad de tu vida es
la soledad.

Querías un poema, como si fuera
una medalla: un poema sobre ti.
Aquí lo tienes ¿te gusta?

Si lloras esta noche,
no estaré para beberme
tus fracasos,
como lágrimas de ácido sulfúrico.

Creo que me gusta
que me odies.
Así terminaremos con esta sinrazón
tan intensa y tan vacía.
Soy ese cactus y todas sus espinas:
gobierna mi imperio de aloe vera.

Te quiero y eso que no te lo mereces.
Realmente no te conozco para que crezcan
estos reproches. Porque aquí el rencor se mastica.

¿Cuándo volveré a besarte?

Voy contando las horas.

 

 

 

 

LOS CLONES

Teníamos dos amigos.
Ellos querían ser nosotros.
Creen haberlo conseguido
e, incluso, creen ser una versión
mejorada.
No nos hablamos.
Pero sé que nos espían.

Querían ser nosotros:
a veces no puedo conmigo misma,
y a ti, cariño, a veces
no te soporto.

 

 

 

 

LEYENDO A MAR 20 AÑOS DESPUÉS

Entonces no estábamos heridas de mundo,
sólo heridas superficiales
y todo el mundo por hacer,
tan grande y tan bonito.

Pero ahora estamos tan rotas
como muñecas muertas:
ya no podemos llorar,
y por eso escribimos;
es gratuito y necesario.

Tu camino y mi camino
se han cruzado en una alianza
infecciosa. Mal caldo éste.
Y me hiere verme en tus ojos,
porque el fracaso no es bonito ni joven.

Pero aquí estamos, con tantos años malhechos
y estos poemas de sangre,
como una ruina que encuentras otra ruina
en un vertedero.

Has sufrido: lo veo cuando te ríes.
Yo también.
Sólo soy una perra de tres patas
con cicatrices de tiempo.
Pero antes no, no estábamos
rotas de fracaso,
y hoy competimos por ser las más
golpeadas;
¿Dónde aprendimos esta competencia?
¿De qué sirve ser la que más sufre?

Y las expectativas… No viajamos.
Tuvimos hijos,
trabajamos tanto que se nos olvidó
la vida, ésa con tantas promesas.
Ahora vivimos pero se nos olvidó
ser felices.

Y éramos tan buenas chicas…
Ahora no lo sé, dime, Mar,
¿seguimos siendo buenas chicas?

¿Podremos seguir siendo amigas?

 

 

 

 

HOTEL VIVIR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ismael Cabezas

Ya no necesito agendas.
Llevo un libro de poesía en el bolso
con papeles donde anoto
las citas del psicólogo
o algún esquema sobre la terapia.
Papeles como un ojos abierto.
En ellos anoto lo anónimo.
Lo insignificante cargado de significado.
Metáforas de Szymborska
o de los yonkis de Isla,
como heroicos autómatas
de la supervivencia crónica.
Papeles que hablan más de las esquinas
que del centro:
esta forma mía de leer
la vida ajena en los tendederos
o en los gestos de la gente cuando ríen
o cuando comen sin dirigirse la mirada ni la palabra.
La vida en minúsculas,
la que no se ve o se olvida.
Vidas sin fotos ni voz.
Vidas que no brillan.
Gente demasiado doméstica
que se llaman “cari” o “gordi” o cosas peores.
Gente corriente que se sienta
a tu lado en el médico
o delante de ti en el supermercado.

En un libro de poesía:
en mi bolso,
la vida,

todos los días.

 

 

 

Vaz, Eva. Trabajo sucio. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2016.

 

‘TRABAJO SUCIO’, DE EVA VAZ

noviembre 12, 2017 Deja un comentario

 

Antes de ayer, mientras esperaba con M a que comenzara la presentación del nuevo libro de Javier Moreno, estuvimos echando un vistazo por la sección de poesía de la librería en la que se llevaría a cabo la presentación, cogí el último libro de Eva Vaz, ‘Trabajo sucio’, publicado por La Isla de Siltolá, y con leer un solo poema decidí llevármelo.
El poema en cuestión era éste:

 

 

BRUXISMO

Vivir apretando y rechinando
los dientes
es como cargar con 90 kgs. de peso
sobre mis mandíbulas.

Mis dientes son pequeñas astillas,
gastadas como piedras de arena.
Menudos y devastados.

Tengo que llevar una férula dental,
una brida,
un bozal,
un trozo de plástico
que te escupiría ahora mismo
como un reproche inaudito.

Trituraría tus paabras
como bolas de cristal
rompiendo mis dientes planos
como lijas de carne.

Te escupiría con los maxilares de piedra
porque no tengo dientes
pero sí veneno y calcio.

Me duelen las encías
por no sangrar de pasado:
cada diente es una miseria,
una piedra más en la maleta,
dentro de mi boca.

Bruxismo: parafunción mandibuar
del comportamiento bruxópata.

El recuerdo y el asco
de tus dientes perfectos.
Mi forma de sacarle los dientes
al mundo, así,
como un potaje cálcico.

Sé que me estoy quedando sin dientes,
pero nunca, oídme, nunca,
me quedaré
sin voz.

 

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