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ESCRITOS DE UN VIEJO INDECENTE

noviembre 29, 2013 Deja un comentario

escritos de un viejo indecente


xxno sé si fueron aquellos caracoles chinos de culitos redondos o si fue el turco del alfiler de corbata púrpura o si fue simplemente que yo tenía que irme a la cama con ella siete u ocho o nueve veces ppor semana, o algo más, algo más, algo, pero estuve una vez casado con una mujer, una chica, que iba a heredar un millón de dólares. sólo faltaba que se muriera alguien, pero en aquella parte de Texas no hay contaminación y comen bien y beben de lo mejor y van al médico por un arañazo o un estornudo. ella era ninfomaníaca, tenía no sé qué en el cuello, y, para decirlo de una vez y claro, fueron mis poemas, ella creía que mis poemas eran lo más grande desde Black, no, quiero decir Blake… Blake. y algunos lo son. o algo más. ella escribía. yo no sabía que tenía un millón. yo sencillamente estaba sentado allí en una habitación en N. Kingsley Dr., recién salido del hospital donde había ingresado con hemorragias, por arriba y por abajo, mi sangre por todo el hospital general del condado, y ellos diciéndome después de nueve pintas de sangre y nueve pintas de glucosa: “untrago más y muere”. vaya modo de hablarle a un suicida. sentado en aquella habitación noche tras noche rodeado de latas de cerveza llenas y vacías, escribiendo poemas, fumando puros baratos, muy pálido y débil, esperando que cayera la barrera final.
xxentretanto, las cartas. yo las contestaba. después de decirme lo extraordinarios que eran mis poemas, me incluyó unos cuantos suyos (no demasiado malos) y luego llegó el asunto: “ningún hombre se casará conmigo. por mi cuello. no puedo girarlo”. seguí oyendo esto: ” ningún hombre se casará conmigo, ningún hombre se casará conmigo. ningún hombre se casará conmigo”. así que lo hice una noche borracho: “¡por amor de Dios, ya me casaré yo! cálmate”. mandé la carta y me olvidé. pero ella no. ella había estado mandándome fotos en las que tenía muy buena pinta. luego, después de decirle aquello, llegaron algunas fotos realmente horribles. contemplé aquellas fotos y REALMENTE me emborraché con ellas. caí de rodillas en el centro de la alfombra. estaba aterrado. decía: “me sacrificaré. si un hombre puede hacer feliz a una sola persona en la vida, su vida está justificada”. demonios, tenía que buscarme algún tipo de consuelo. en fin, miraba una de aquellas fotografías y se me encogía el alma. y gritaba y allá se iba una lata de cerveza entera.
xxo quizás no fuesen aquellos caracoles chinos de culito redondo. quizás fuese la clase de arte. veamos, veamos.
xxbueno, ella salió de un autobús. mamá no lo sabía, papá no lo sabía. el abuelo no lo sabía. estaban en algún sitio de vacaciones y ella sólo quería un pequeño cambio. me encontré con ella en la estación de autobús. es decir, me senté allí borracho esperando que una mujer a la que jamás había visto saliese de un autobús, esperando a una mujer con la que jamás había hablado, para casarme con ella. estaba loco. yo no pertenecía a las calles. sonó el altavoz. era su autobús. miré a la gente que salía. y ahí llega esa linda y atractiva rubia de tacones altos, toda culo y meneo y joven, joven, veintitrés, y no tenía nada en el cuello. ¿podía ser aquélla? ¿habría perdido el autobús? me acerqué.
xx–¿eres Bárbara? –pregunté.
xx–sí –dijo ella–. y tú eres Bukowski, supongo.
xx–supongo que lo soy. ¿nos vamos?
xx–de acuerdo.
xxentramos en el viejo coche y la llevé a mi casa.
xx–estuve a punto de bajar del autobús y dar la vuelta.
xx–no te lo reprocho.
xxentramos y bebimos algo más pero ella dijo que no se iría a la cama conmigo hasta que nos casáramos. así que dormimos un poco y luego yo llevé el coche hasta Las Vegas, y de vuelta, nos casamos. conduje hasta Las Vegas y de vuelta sin descansar y luego nos metimos en la cama y mereció la pena. la PRIMERA vez. ella me había dicho que era ninfomaníaca, pero yo no lo había creído. después de la tercera o cuarta ronda empecé a creerlo. comprendí que me había metido en un lío. todos los hombres se creen que pueden domesticar a una ninfomaníaca, pero sólo conduce a la tumba… para el hombre.

 

 

 

Bukowski, Charles. Escritos de un viejo indecente (Trad. J. M. Alvarez y Ángela Pérez). Barcelona; Ed. Anagrama, 2005.

 

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