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Posts Tagged ‘ernesto cardenal’

POEMAS – WILLIAM CARLOS WILLIAMS

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ESTO ES SOLO DECIR

Me he comido
las ciruelas
que estaban en
la hielera,

las cuales
probablemente tú
guardabas para
el desayuno.

Perdóname,
estaban ricas,
tan dulces
y heladas.

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LA CARRETILLA ROJA

tanto depende
de

una carretilla
roja

reluciente de gotas
de lluvia

junto a las gallinas
blancas.

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RETRATO PROLETARIO

Una joven alta sin sombrero
con delantal

Su pelo recogido atrás parada
en la calle

Un pie en calcetín la punta
en la acera

Su zapato en la mano. Mirando
atentamente adentro

Le saca la plantilla de papel
para dar con el clavo

Que la ha estado lastimando.

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MAÑANA DE ENERO

FRAGMENTO

xxxxxI

yo he descubierto que la mayor parte de
las bellezas del viaje se deben a
las horas extrañas en las que vemos:

las cúpulas de la iglesia de
los Padres Paulinos en Wechawken
contra un alba humeante —el corazón agitado—
son bellas como las de San Pedro
divisadas después de años de anticipación.

.

xxxxxXV

Todo
Todo esto—
xxxxxxxxxxxxxfue por ti, vieja.
Quise escribir un poema
que tú pudieras entender.
Porque ¿a mí de qué me sirve
si tú no lo entiendes?
xxxxxxxPero tienes que esforzarte—
Pero—
xxxxxxxBueno, ¿tú sabes cómo
las muchachitas retozan riendo
en Park Avenue de noche
cuando debieran estar en casa acostadas?
Bueno,
es lo mismo conmigo en cierta manera.

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DANZA RUSA

Si yo cuando mi esposa está dormida
y el bebé y Catalina
están dormidos
y el sol es un blanco disco de fuego
entre nieblas de seda
sobre árboles brillantes,—
si yo en mi cuarto norte
danzara desnudo, grotescamente
ante mi espejo
agitando mi camisa alrededor de mi cabeza
y cantando bajo para mí mismo:
“Estoy solo, solo.
Nací para estar solo,
y estoy mejor así!”
Si yo admiro mis brazos, mi cara,
mi hombros, flancos, nalgas
contra las amarillas persianas corridas,—
¿Quién diría que yo no soy
el feliz genio de mi hogar?

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Williams, William Carlos. Poemas (Trad. José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal). Madrid; Ed. Visor, 1985.

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DEDICACIÓN DE UN LOTE DE TERRENO

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DEDICACIÓN DE UN LOTE DE TERRENO

Este lote de terreno
frente a las aguas de esta ensenada
es dedicado a la viviente presencia de
Emily Dickinson Wellcome
que nació en Inglaterra, se casó;
perdió a su marido y con
su hijo de cinco años
se embarcó para New York en un velero;
fue llevada a las Azores
llegó al garete a los bancos de Fire Island,
se halló a su segundo marido
en una pensión de Brooklyn,
se fue con él a Puerto Rico
tuvo tres hijos más, perdió
a su segundo marido, vivió una vida dura
por ocho años en Santo Tomás,
Puerto Rico, Santo Domingo, siguió
a su hijo mayor a New York,
perdió su hija, perdió al «tierno»,
cogió los dos muchachos del
mayor de su segundo matrimonio
hizo de madre— estando ellos
sin madre— peleó por ellos
contra la otra abuela
y las tías, los trajo aquí
verano tras verano, se defendió
aquí contra los ladrones,
tormentas, sol, incendios,
contra las moscas, contra las
que venían a husmear, contra
sequías, contra malezas, crecidas del mar,
vecinos, comadrejas que robaban sus pollos,
contra la debilidad de sus propias manos,
contra la creciente fuerza de
los muchachos, contra el viento, contra
las piedras, contra los transgresores,
contra las rentas, contra su propio juicio.

Ella cavó esta tierra con sus manos,
fue mandona en este tramo de hierba,
insolente con el mayor hasta que
lo hizo comprarlo, vivió aquí quince años, alcanzó
una final soledad y—

Si no puedes traer a este lugar
más que tu carroña, vete de aquí.

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Williams, William Carlos. Poemas (Trad. José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal). Madrid; Ed. Visor, 1985.

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POEMAS DE AMOR Y ODIO

Así, como poemas “de amor y odio”, llamaba el propio Ernesto Cardenal a sus epigramas. Aquí, una selección de ellos.

 

 

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica…
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.

 

 

 

 

Otros podrán ganar mucho dinero
pero yo he sacrificado ese dinero
por escribirte estos cantos a ti
o a otra que cantaré en vez de ti
o a nadie.

 

 

 

 

Yo he repartido papeletas clandestinas,
gritado: ¡VIVA LA LIBERTAD! en plena calle
desafiando a los guardias armados.
Yo participé en la rebelión de abril:
pero palidezco cuando paso por tu casa
y tu sola mirada me hace temblar.

 

 

 

 

Imitación de Propercio

Yo no canto la defensa de Stalingrado
ni la campaña de Egipto
ni el desembarco de Sicilia
ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:

Yo sólo canto la conquista de una muchacha.

Ni con las joyas de la Joyería Morlock
ni con perfumes de Dreyfus
ni con orquídeas dentro de su caja de mica
ni con cadillac
sino solamente con mis poemas la conquisté.

Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los
xxxmillones de Somoza.

 

 

 

 

Tú no mereces siquiera un epigrama.

 

 

 

 

Todavía recuerdo aquella calle de faroles amarillos,
con aquella luna llena entre los alambres eléctricos,
y aquella estrella en la esquina, una radio lejana,
La torre de la Merced que daba aquellas once:
y la luz de oro de tu puerta abierta, en esa calle.

 

 

 

 

Se oyeron unos tiros anoche.
Se oyeron del lado del Cementerio.
Nadie sabe a quién mataron, o a quiénes.
Nadie sabe nada.
Se oyeron unos tiros anoche.
Eso es todo.

 

 

 

 

Tú eres sola entre las multitudes
como son sola la luna
y solo el sol en el cielo.

Ayer estabas en el estadio
en medio de miles de gentes
y te divisé desde que entré
igual que si hubieras estado sola
en un estadio vacío.

 

 

 

 

Pero en la noche vos tu arroz y tus frijoles fritos,
con una cuajada fresca, y una tortilla caliente,
o un plátano asado,
xxxxxxxxxxxlos comés sin guardaespaldas.
Y tu jícara de tiste no la prueba primero un ayudante.
Y después tocás si querés en tu guitarra una canción ranchera,
y no dormís rodeado de reflectores y alambradas y torreones.

 

 

 

 

Ayer te vi en la calle, Myriam, y
te vi tan bella, Myria, que
(¡cómo te explico qué bella te vi!)
ni tú, Myriam, te puedes ver tan bella ni
imaginar que puedas ser tan bella para mí.
Y tan bella te vi que me parece que
ninguna mujer es más bella que tú
ni ningún enamorado ve ninguna mujer
tan bella, Myriam, como yo te veo a ti
y ni tú misma, Myriam, eres quizás tan bella
¡porque no puede ser real tanta belleza!
como yo te vi de bella ayer en la calle,
o como hoy me parece, Myriam, que te vi.

 

 

 

 

Hay un lugar junto a la laguna de Tiscapa
—un banco debajo de un árbol de quelite—
que tú conoces (aquella a quien escribo
estos versos, sabrá que son para ella).
Y tú recuerdas aquel banco y aquel quelite:
la luna reflejada en la laguna de Tiscapa,
las luces del palacio del dictador,
las ranas cantando abajo en la laguna.
Todavía está aquel árbol de quelite;
todavía brillan las mismas luces;
en la laguna de Tiscapa se refleja la luna;
pero aquel banco esta noche estará vacío,
o con otra pareja que no somos nosotros.

 

 

 

 

Somoza desveliza la estatua de Somoza en el estadio Somoza

No es que yo crea que el pueblo me erigió esta estatua
porque yo sé mejor que vosotros que la ordené yo mismo.
Ni tampoco que pretenda pasar con ella a la posteridad
porque yo sé que el pueblo la derribará un día.
Ni que haya querido erigirme a mí mismo en vida
el monumento que muerto no me erigiréis vosotros:
sino que erigí esta estatua porque sé que la odiáis.

 

 

 

 

Epitafio para Joaquín Pasos

Aquí pasaba a pie por estas calles, sin empleo ni puesto
y sin un peso.
Sólo poetas, putas y picados conocieron sus versos.
Nunca estuvo en el extranjero.
Estuvo preso.
Ahora está muerto.
No tiene ningún monumento.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPero
recordadle cuando tengáis puentes de concreto,
grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
buenos gobiernos.
Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo
en el que un día se escribirán los tratados de comercio,
la Constitución, las cartas de amor, y los decretos.

 

 

 

 

La Guardia Nacional anda buscando a un hombre.
Un hombre espera esta noche llegar a la frontera.
El nombre de ese hombre no se sabe.
Hay mucho hombres más enterrados en una zanja.
El número y el nombre de esos hombres no se sabe.
Ni se sabe el lugar ni el número de las zanjas.
La guardia nacional anda buscando a un hombre.
Un hombre espera esta noche salir de Nicaragua.

 

 

 

 

Tal vez nos casemos este año,
amor mío, y tengamos una casita.
Y tal vez se publique mi libro,
o nos vayamos los dos al extranjero.
Tal vez caiga Somoza, amor mío.

 

 

 

 

Cuando los dorados corteses florecieron
nosotros dos estábamos enamorados.
Todavía tienen flores los corteses
y nosotros ya somos dos extraños.

 

 

 

 

Las pesadas gotas parecen
pasos subiendo la grada
y el viento golpeando la puerta
una mujer que va a entrar.

 

 

 

Cardenal, Ernesto. Epigramas. Madrid; Ed. Trotta, 2001.

 

TRES EPIGRAMAS DE ERNESTO CARDENAL

 

Hay un lugar junto a la laguna de Tiscapa
—un banco debajo de un árbol de quelite—
que tú conoces (aquella a quien escribo
estos versos, sabrá que son para ella).
Y tú recuerdas aquel banco y aquel quelite:
la luna reflejada en la laguna de Tiscapa,
las luces del palacio del dictador,
las ranas cantando abajo en la laguna.
Todavía está aquel árbol de quelite;
todavía brillan las mismas luces;
en la laguna de Tiscapa se refleja la luna;
pero aquel banco esta noche estará vacío,
o con otra pareja que no somos nosotros.

 

 

 

 

Epitafio para la tumba de Adolfo Báez Bone

Te mataron y no nos dijeron dónde enterraron tu cuerpo,
pero desde entonces todo el territorio nacional es tu sepulcro;
o más bien: en cada palmo del territorio nacional en que
xxxno está tu cuerpo, tú resucitaste.

Creyeron que te mataban con una orden de ¡fuego!
Creyeron que te enterraban
y lo que hacían era enterrar una semilla.

 

 

 

 

Todas las tardes paseaba con su madre por la Landstrasse
y en la esquina de la Schmiedtor, todas las tardes,
estaba Hitler esperándola, para verla pasar.
Los taxis y los ómnibus iban llenos de besos
y los novios alquilaban botes en el Danubio.
Pero él no sabía bailar. Nunca se atrevió a hablarle.
Después pasaba sin su madre, con un cadete.
Y después no volvió a pasar.
De ahí más tarde la Gestapo, la anexión de Austria,
la Guerra Mundial.

 

 

 

Cardenal, Ernesto. Epigramas. Madrid; Ed. Trotta, 2001.

 

EPIGRAMAS

Comenzábamos el mes con la noticia de la muerte de Ernesto Cardenal. Hoy dejo aquí algunos poemas de uno de sus primeros libros: ‘Epigramas’, poemas de amor y odio, como él mismo ha dicho.

 

 

De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
de estas carreras de caballos,
no quedará nada para la posteridad
sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia (si acaso)
y el nombre de Claudia que yo puse en estos versos
y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
del olvido, y los incluyo también en mis versos
para ridiculizarlos.

 

 

 

 

Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano.

 

 

 

 

Ésta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
y leas estas líneas que el autor escribió para ti
y tú no lo sepas.

 

 

 

 

Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí este artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.

 

 

 

 

Tú has trabajado veinte años
para reunir veinte millones de pesos,
pero nosotros daríamos veinte millones de pesos
para no trabajar como tú has trabajado.

 

 

 

 

De pronto suena en la noche una sirena
de alarma, larga, larga,
el aullido lúgubre de la sirena
de incendio o de la ambulancia blanca de la muerte,
como el grito de la cegua en la noche,
que se acerca y se acerca sobre las calles
y las casas y sube, sube, y baja
y crece, crece, baja y se aleja
creciendo y bajando. No es incendio ni muerte:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs Somoza que pasa.

 

 

 

 

Si tú estás en Nueva York
en Nueva York no hay nadie más
y si no estás en Nueva York
en Nueva York no hay nadie.

 

 

 

 

Recuerda tantas muchachas bellas que han existido:
todas las bellezas de Troya, y las de Acaya,
y las de Tebas, y de la Roma de Propercio.
Y muchas de ellas dejaron pasar el amor,
y murieron, y hace siglos que no existen.
Tú que eres bella ahora en las calles de Managua,
un día serás como ellas de un tiempo lejano,
cuando las gasolineras sean ruinas románticas.

¡Acuérdate de las bellezas de las calles de Troya!

 

 

 

 

Nuestros poemas no se pueden publicar todavía.
Circulan de mano en mano, manuscritos,
o copiados en mimeógrafo. Pero un día
se olvidará el nombre del dictador
contra el que fueron escritos,
y seguirán siendo leídos.

 

 

 

 

Uno se despierta con cañonazos
en la mañana llena de aviones.
Pareciera que fuera revolución:
pero es el cumpleaños del tirano.

 

 

 

 

Suena como una música la lluvia
afuera en los charcos del patio
y las sábanas están frescas
pero tú no estás en mi cama.

 

 

 

 

Viniste a visitarme en sueños
pero el vacío que dejaste cuando te fuiste
fue realidad.

 

 

 

 

La persona más próxima a mí
eres tú, a la que sin embargo
no veo desde hace tanto tiempo
más que en sueños.

 

 

 

 

¿Has oído gritar de noche al oso-caballo
xxxxxxxxxxoo-oo-oo-oo
o al coyote-solo en la noche de luna
xxxxxxxxxxuuuuuuuuuuuuuuuú?
Pues eso mismo son estos versos.

 

 

 

Cardenal, Ernesto. Epigramas. Madrid; Ed. Trotta, 2001.

 

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