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Posts Tagged ‘en defensa del fervor’

LAS SOLUCIONES QUE ACEPTAMOS

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(…) en nuestra época, los valores del Siglo de las Luces triunfan en las instituciones públicas —por lo menos en el mundo occidental—, mientras que en la vida privada nos incordia una insaciabilidad romántica. Consentimos en ser racionales cuando se trata de decisiones públicas y sociales y de intereses colectivos, pero en casa, a solas, no dejamos de buscar el absoluto, y las soluciones que aceptamos en la esfera pública no nos parecen nada satisfactorias.

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Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

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RARAS VECES DUDAN DE SÍ MISMOS

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(…) la ironía, adoptando a menudo la forma de autoironía, por regla general se aplica a la persona que emite juicios o busca la verdad (…), pero no a la verdad o la ley en sí mismas, como suele ocurrir en los autores modernos, que raras veces dudan de sí mismos aunque les encanta hacerlo de todo lo demás.

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Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

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PELIGROS

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(…) uno puede «petrificarse» fácilmente en la ironía y en la cotidianidad vivida de forma vulgar, y creo que éste, y no la soberbia de los sacerdotes, es el verdadero peligro del momento histórico actual (a no ser que nos refiramos a los fundamentalistas religiosos).

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Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

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UN VAGÓN DE METRO Y LA CATEDRAL DE NOTRE-DAME

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Caminar por París como un abogado parisino con la toga ribeteada de verde en el hombro izquierdo o hacerlo como un emigrante son dos cosas distintas. El letrado parisino cruza su ciudad y esa ciudad está jerarquizada, saturada de orden: el presidente y los ministros residen en las nubes, más abajo se ajetrean los juristas y los ingenieros, y cada edificio lleva un letrero con el precio para que se sepa siempre si es mejor invertir en inmuebles o en oro. El emigrante ve otra ciudad, descoyuntada, desgarrada, no sometida a la presión de la jerarquía social. Los carritos de la estación de Saint-Lazare, un obrero junto a la mesa de un café, una mujer embarazada sentada en un banco: he aquí algunos objetos de la visión más interesantes que el palacio del presidente de la República. En la visión no hay ninguna jerarquía. Un vagón de metro reluciente a la luz del sol de primavera —acaba de llover— sobre el viaducto del bulevar Garibaldi vale lo mismo que la catedral de Notre-Dame.

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Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

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COMO UN HUEVO A OTRO HUEVO

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(…) basta con conocer por propia experiencia la gripe y las décimas que la acompañan para saber que los síntomas físicos, si no llegan al extremos de un dolor insoportable o a la pérdida de conciencia, son algo que no sólo padecemos, sino que también interpretamos en el escenario de la vida. Algo semejante —probablemente— pasa con la vejez. La mayoría de los ancianos se conforma con representar esta comedia, al igual que la mayoría de los estudiantes hace descaradamente el papel de estudiante, la gente de mediana edad se comporta como gente de mediana edad, las mujeres son mujeres, los hombres son hombres, y un político se parece a un político como un huevo a otro huevo.

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Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

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DESPUÉS, YA VEREMOS

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Hay autores que usan la ironía para azotar la sociedad de consumo, otros aún luchan contra la religión o contra la burguesía. A veces la ironía expresa algo más: la desorientación en medio de una realidad plural. A menudo simplemente encubre la pobreza de pensamiento. Porque si no se sabe qué hacer, lo mejor es volverse irónico. Después, ya veremos.

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Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

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MINA, DESTRUYE Y CORROE

 

La cultura de masas actual, a veces divertida y no siempre nociva, se caracteriza por no tener ni la menor idea de qué diablos es la vida espiritual. No sólo es incapaz de crearla, sino que la mina, destruye y corroe.

 

 

 

Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

LUCCA

 

ADIÓS A LAS VACACIONES –extracto–

xxxxLucca da la impresión de ser una ciudad homogénea; las fortificaciones centenarias que la ciñen aumentan la sensación de estar ante un fragmento del mundo de antaño que se ha salvado por un milagro. Pero cuando paseábamos por el centro histórico, sobre todo las tardes de julio, lo hacíamos en medio del vacío (las calles no se animaban hasta el anochecer). Parecía una ciudad abandonada por sus habitantes. Probablemente todos se habían trasladado a las playas más cercanas; Lucca está situada cerca de algunos balnearios de renombre: Livorno, donde Słowacki pasó su cuarentena, Viareggio o Forte dei Marmi. De modo que los forasteros del norte también nos sentimos tentados por el mar. Por cada día de monumentos uno de baño, decidimos. Pero no en Viareggio ni en Forte dei Marmi, donde las playas estrechas y aburridas dominan sobre unas aguas tan tersas que parecen el Mar Muerto más que el Mediterráneo, sino un poco más lejos, más allá de la frontera que separa la Toscana de la Liguria, en Bocca di Magra, un pequeño pueblo situado en medio de un paisaje un tanto diferente.
xxxxEl camino a Bocca corre a lo largo de la costa y recuerda el pasillo de un piso muy largo por donde a cada rato desfila alguien con chancletas, un albornoz húmedo y el pelo mojado. Jóvenes a caballo de sus inseparables vespas y ciclomotores, como si los hubieran sacado de una película del neorrealismo italiano, van y vienen a toda prisa entre la playa y la casa, y la casa y la playa. Todas aquellas playas interminables están atiborradas de gente y asediadas, como si la población de Italia se elevara a dos mil millones de personas. A la orilla de la autopista hay un cartel que anuncia el restaurante Shelley, llamado así para recordar que no muy lejos de allí, en Lerici, se halla el último hogar del poeta inglés que se ahogó al naufragar su velero en una tormenta (Shelley, a diferencia de Byron, no sabía nadar; hasta hoy los poetas siguen divididos en los que nadan y los que no se meten en el agua).

 

 

 

Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

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