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LGC1

Hoy dejo aquí algunos poemas que aparecieron en el primer número de la ya extinta revista de poesía La Galla Ciencia.

 

 

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

COMO ASEGURABA KARL KRAUS, PUEDE QUE LA MUJER
SEA UN SATISFACTORIO SUCEDÁNEO DE LA MASTURBACIÓN,
PERO ESO REQUIERE UNA IMAGINACIÓN DESBORDANTE 
Y COMO DICE SAINT-SIMON —AUNQUE CREO QUE ÉL
SE REFIERE A LA DUQUESA DE BERRY—, ERA LA SIRENA
DE LOS POETAS, CON TODOS SUS ENCANTOS Y TODOS
XXXXXXXXXXXxxXXXXXSUS PELIGROS

Devórame, hija de la gran puta.
Mientras me corro sentir tus dientes de odio
y esos ojos obscuros como topacios fríos.
Chúpamela con esos labios
párpados de la Muerte.
Que sea lo último que vea.
Devórame así,
sin quitarte esa falda
viciosa, esa bisutería infernal.

Besar tus ojos, oler tu pelo,
esas axilas donde sombrea un vello mal rasurado,
morder ese vientre omnipotente,
esos muslos ambiciosos.
Así, como estás.
Entrar en tu coño
como debieron adentrarse
en la luz de Asia los caballos de Alejandro.

Y entonces te das cuenta:
No le hablas a nadie. Estás hablando
solo. Ella no te escucha.
No huele, no respira, su carne no se estremece.
Es una fotografía.
El cartel de una película.

Pero hay algo en esa fotografía…
Como una mano de hielo que te estrujara
las tripas.
Una belleza nueva. La Belleza de este
siglo.
Brutal. Pero te excita.
Despreciable. Pero la
deseas.
Y ahí está. Esperándote.
Para que te encanalles en la vulgaridad,
busques a ese que también eres tú
en el sabor de lo sucio, lo turbio, lo bestial.

Diosa de polígono
industrial, ninfa de hamburguesería, sirena
de botellón.
Dido de grandes superficies
y parkings monstruosos.
Tan brutalmente hembra te deseo.
Esa Nada de su mirada es hermosa,
sin futuro ni pasado.
Pero Helena de Troya cuando brillan
sus muslos
en la luz de un water de discoteca,
sobre el capó de un coche bajo la Luna.

Ah la Echegui en esa fotografía.
Su talento de actriz
+ el rugido de su cuerpo
+ mise en scène por Bigas Luna
+ eso que los arrastraba
más allá de ellos mismos; esa fuerza
letal
de la sexualidad nueva, ese insecto atrapado en ámbar.
Ah la Echegui en ese cartel.
Hija del photoshop que para siempre
así la entrega a nuestros sueños más lascivos.
Neón en vena.
Esa Diosa asesina.
Una fotografía ante la que soñar
con placeres feroces.
Y masturbarse, masturbarse, masturbarse.
Oh sagrado sightseeing.

 

 

 

 

ROGER WOLFE

MONÓLOGO DE JOHN DILLINGER,
xxxxxATRACADOR DE BANCOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando salga de aquí voy a ser el hijoputa más malo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque hayáis visto nunca.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Dillinger
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(al ser recluido en la cárcel estatal de Indiana)

Si me jalo un par de cajas de pastillas y la palmo aquí dentro,
¿quién le da agua y comida al chuquel
hasta que llegue alguien y me encuentren tieso?
Ni espicharla me deja el perro.

Casa por la ventana, vaciar cuentas bancarias,
o dar un palo gordo. Alguien me habló de Australia.
Pero no dejan fumar ni en el váter. Y además…
El perro, claro. El perro.

Casa por la ventana, vaciar cuentas bancarias,
tiros en la calle, un camino lleno de polvo.
Me llevo conmigo al perro. Dillinger en Villadiego.
Nos veremos en el infierno.

Me gusta hacerle frente al subidón del miedo.
Trepa por el plexo solar comiéndote por dentro
como un atracón de anfetas. Mil veces mejor que un orgasmo,
¡y mucho más intenso!

Abrazar la locura. Puede pasar cualquier cosa.
Da igual, porque es el fin, es el final del mundo.
Ascuas de ira y mala hostia, mala hostia llevo dentro.
Esto acaba de empezar.

Hacedme más daño. ¡Hacedme mucho más daño!
¡Hacedme mucho más daño! ¡Seguro que podéis!
Para que me jodáis y CREZCA LA ESTATURA DE MI ODIO
la estatura de mi odio.

QUERÉIS hijos de puta. ¡Lo pedís a gritos!
No entendéis otro palique. OS GUSTA el horror.
Siempre que no salpique, no salpique demasiado;
ésa es la jodienda conmigo.

El mundo está lleno de enanos que por su cara bonita
creen tener el dominio de la palabra «no».
Pero eso no dura, no dura toda la vida.
Es un mortífero bumerán.
Os lo voy a meter por el recto y enderezarlo.

 

 

 

 

KATY PARRA

EL ÚLTIMO DISCURSO DE LOS PÁJAROS

Dejarás que se quede sin nombrarla
entre tus soledades y tus libros.

Voy recorriendo calles,
rutas que amortajaron a otros hombres
con el mismo fusil,
contra el triste sudario que heredé
de mi hermano.

Esta ciudad será, posiblemente,
un hermoso lugar para quedarse
a descubrir el mundo,
a explorar su belleza más indómita
bajo la insuficiencia de un paraguas,
sin otra pretensión que resistir
el último discurso de los pájaros.

He llegado hasta aquí para salvarme
—no sé si de morir o seguir vivo—.
La muerte es una amante desquiciada,
adicta a sorprender a su adversario
y sé bien que me aguarda rigurosa
en cada tentación de este otoño afligido,
sobre un papel sin patria.
Ha llegado con tiempo suficiente,
para expoliar la noche con sus ojos
y ser imprescindible,
hermosa, como el beso prometido.
Comienza a ser inútil esta tregua.
Sus buitres, como intrépidos vasallos,
siguen embalsamando la lluvia que no cesa,
la lluvia que envilece a la cigarra
y enciende entre otros muertos la hora de volver.

Voy recorriendo calles, y su sombra
avanza como un hijo bastardo tras de mí,
aullando como un perro.
Me acorrala y después
me deja respirar. Sabe que así
podrá seguir jugando conmigo a la ruleta.

 

 

 

 

CRISTINA MORANO

EL CORTE INGLÉS

xxxxx1

No todo era perfecto, a veces
no sabíamos qué decir,
se nos quedaban cosas colgando entre los ojos
como cuerdas de ropa puesta al sol.
Otras veces comprábamos comida
en El Corte Inglés los fines de semana
y sus radiantes avenidas
parecían medirse en nuestros pasos.

 

 

xxxxx2

Al Corte Inglés yo le he robado
unas gafas de sol color castaño,
libros, una docena de cucharillas.
Todo a las diez de la mañana
cuando los dependientes están de mala hostia,
y aún medio dormidos recorren los pasillos.
Es el mejor momento, más tarde la decencia
o la costumbre del trabajo
convertirán a todos —a ellos y a nosotros—
en perros adiestrados, pero por la mañana,
aún somos, en ayunas,
esas maldescansadas ratas sucias,
libres que todavía saben
descolocar estanterías.

 

 

xxxxx3

Cuando mi esposo y yo, el uno junto al otro,
aunque yo levemente adelantada
pues él entre la gente se aturulla,
vamos a hacer la compra al Corte Inglés,
sin rumbo por las caudalosas
arterias de sus plantas, yo le digo:
El aire está lleno de esperanzas.

 

 

xxxxx4

El Corte Inglés abarca al mundo,
lo dispersa en sí, lo desfigura,
engulle sus contornos
en sus inabarcables sucursales
con el poder astral de sus muestrarios.
Pero yo soy mayor que él,
mi pobreza es mayor que sus ofertas,
y mi soledad seguirá
perforándose a sí misma
en donde brille el légamo
del fondo del pozo de sus beneficios.

 

 

 

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

NO soy esta que veis palidecer
bajo el fémur tibio del fluorescente.
Tampoco la mujer que oye dar las tres
como el gong del martillo absolutorio
o la bala de un fusil encasquillado.
Ni la que escribe frases sin amor
y firma igual que quien mata una mosca.
Ocupo mi silla antes de que el sol
me bendiga la frente con un beso
y salgo a la calle infiel y huérfana.
Toso el virus de la resignación
cuando el mar es un rumor clandestino
y los lirios burlas del carcelero.
Soy quien sueña llegar a la vejez
para dejarse adoptar por gallinas
y vivir en la luz de las mañanas
que ahora abandono en la casa de empeños.

 

 

 

 

ANTONIO PRAENA

COMEBOLSAS

Tampoco en estas cosas es lo mismo:
los ricos, sola y buena;
los pobres, con alcohol y muy mezclada.
Las comebolsas lo saben:
te miran el reloj y los zapatos
y, si encima conduces un buen coche,
se te pegan al cuerpo y no te dejan
hasta que las invitas a unas rayas.
De pasta andan muy cortas,
por eso dejan a los tíos
más chulos en la pista
y se vienen contigo.

Las he visto muy jóvenes
montarse con un viejo en un Mercedes
camino de una noche más oscura.
A mí, concretamente,
las que visten peor me ponen mucho.
Un hotel de extrarradio les parece gran cosa.
Jamás se han visto en otra y es la tuya;
medio gramo y ya vuelan
dos gramos y te dejan medio muerto.
Las puedes encontrar siempre los viernes.
El sábado en la noche y el domingo
lo pasan en el barrio, con su novio,
curándose la culpa y la tristeza.

 

 

 

 

ANTONIO LUCAS

FUERA DE SITIO

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.
Imagina la vida como no es ahora,
no quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro.
Y después cualquier cosa.

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.
Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

 

 

 

 

ALBERTO CHESSA

TRAS EL ESCAPARATE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Martín

El maniquí leía Fuga de la muerte tras el escaparate.
Aunque me reconcomen los escaparates, me paré.
Lo observé. Era alto y rubio, atlético. Vestido
A la moda primaveral. Elegante a la fuerza.
De pronto, dejó de leer y me miró él a mí.
Primero despertó mi compasión, aunque tan frágil
Que al instante sentía más bien un cierto terror libidinoso.
Me encontraba a la vez seducido y cautivo.
Con el valor que no tenía, me giré, le di la espalda.
Iba ya a reanudar mi camino cuando un ruido me detuvo.
El ruido propio de los pelotones de fusilamiento.
No quise darme otra vez la vuelta.
No quise mirar de frente.
Tan sólo recordé que era invierno y que el maniquí
(Qué cosas) es probable que tuviera frío.

 

 

 

 

JOSÉ ALCARAZ

LAS MÁSCARAS DEL VIAJERO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Alejandro Hermosilla

Sólo quien se desnuda está viajando,
quien arroja sus máscaras al suelo
y, al contrario, parece llevar más,
porque al final de sí descubre a todos
y de todos arrastra las facciones,
de todos, desvestido ya, los pliegues.
Son las máscaras las que se refugian
tras él, ojos ajenos los que cubren,
nublados, su semblante, mientras mira
cómo el viento lo empuja, de qué forma
levanta polvaredas, escondiéndolo
del resto, despejando los caminos.

 

 

 

 

ELENA MEDEL

UN CUERVO EN LA VENTANA DE RAYMOND CARVER

Nadie se posa en el alféizar —son veintiocho años
de espacio adolescente—,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,

un pájaro,
mi habitación adolescente.

Y qué ocurriría si yo escribiese aún
—si me preguntan, respondo que ya no—
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la
oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.

¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?

Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

 

 

 

 

BEATRIZ MIRALLES

EN ESTE POEMA mi cuerpo será la orilla
de tu cuerpo. La desnudez sobre mi piel
cubrirá tu piel, el tacto y la memoria.
Así ocurrirás dentro de mis manos,
lo anoto,
como si al fin pudieras sucederme.

 

 

 

 

TINO MOLINA

PUZLE INACABADO

Aquel torrente
cesó con tan inocente arma.
Como niños, en el suelo buscábamos
el color acertado, la misma curva
en cada pieza. Nada más había.

Tú lo compraste
esa misma mañana en la que el tedio
nos vino a visitar
y, ya cumplida su función,
no volvimos a distraernos
con su inocente juego.

Quedó tendido sobre el tapiz verde.
Con las piezas extendidas, ahí sigue,
todavía, esperando
las manos que atrapen su contorno.

Extraño dios de la tristeza,
a veces no lo vemos,
pero qué ligero es tu afán
entre los hombres,
qué vanos son tus negocios
si con un puzle nos basta
para firmar el armisticio.

 

 

 

 

GÜNTER EICH (Traducido por Jorge de Arco)

PRUDENCIA

Los castaños ya florecen.
Lo tengo en cuenta,
pero me abstengo de opinar.

 

 

 

 

C. K. WILIAMS (Traducido por Miguel Merino)

OLMOS

Llevan los tres hombres la mañana entera derribando los olmos
xxxxxenfermos que bordean las amplias aceras.

Las despiadadas sierras mecánicas plañen tenazmente variaciones de
xxxxxsus lacerantes escalas operísticas

y en la calle las cuchillas a gasoil despedazan los desbrozos
xxxxxresoplando febrilmente y sin cesar.

Uno tras otro cargan los camiones con los someros despojos,
xxxxxuniformados e inertes, de duramen,

de pequeñas ramas y hojarasca, y pronto queda el tronco desbrozado.
xxxxxEs como si hubieran cercenado el espejismo de la realidad.

Las filas de desnudos edificios de enfrente lo observan pensativos, sus
xxxxxdivagaciones más acuciantes de lo habitual:

«La espiral del tiempo», piensan, cargado el misterio de una tímida
xxxxxclaridad. «Es la espiral del tiempo…»

Toda la tarde, hasta entrada la desolada noche, las agitadas mentes
xxxxxrumian: «Es la insolente y desmesurada  espiral del tiempo…»

 

 

 

 

PAULO LEMINSKI (Traducido por Aníbal Cristobo)

NADA tan común
que no pueda llamarle
mío

nada tan mío
que no pueda decirle
nuestro

nada tan blando
que no pueda decirle
hueso

nada tan duro
que no pueda decir
puedo

 

CHATTERTON

Elena Medel

 

JERICÓ

Al cerrarse la puerta
(…)
derrumbó nuestra casa.

Tú de repente en tres maletas:
una tuya, una mía, otra pequeña inútil ‒hasta entonces
compartida‒ como apoyo.

Nuestro piso de alquiler con dos habitaciones
era un hospital de tuberías.

Pantalones demasiado grandes;
mes de calendario.

Al abrirse la puerta
la almohada cobró su forma:
a mitad de proezas, el armario vacío.

Quédate, queda
mi piso de alquiler con dos habitaciones
ahora un coleccionista de material quirúrgico.

Nosotros de repente en tres maletas:
¿lo habías pensado ya?

Un piso de alquiler con dos habitaciones
es vientre de ballena.

Después de crecer
mi hogar lo levantaré sobre las ruinas.

 

 

 

 

EXPULSIÓN DE LOS MERCADERES DEL TEMPLO

Bienvenido, hueco; bienvenidas,
fechas señaladas, vidas de tres o cuatro
años en cajas
de cartón. Tanto entregué que se marcha conmigo.
Ni un vacío: vidas de tres o cuatro años,
sus siluetas marcando la pared.

Después, allí donde me hablaban
los encajes, allí donde me hablaban, el edificio
y su diccionario ‒cuánto dejarían escapar‒ los pintaron
de blanco. Me acusaron del comercio.
Pequeñas cajas, ¿qué pensasteis de mí?

El poema se prende entre una casa y otra
y entre una casa y otra, de esta manera,
se empieza otra vez.

Bienvenida, pródiga:
¿qué pensaron que haría? Me libré
de los templos. Sonreídme, decid
adiós al hueco: dadnos hoy
la boca que sople y apague el volcán.

 

 

 

 

LOS MORTALES SE NUTREN DE TRABAJO Y SALARIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Friedrich Hölderlin)

Es miércoles. Es noviembre. Hace
frío,

y en el restaurante frente a la estación
cinco mujeres rápidas apuran sus bandejas.
Bajo el abrigo, la maleta ‒las otras dos
protegen el respaldo‒, cuatro mujeres
en orden
a las cuatro de la tarde
disuelven su consuelo en el café de un euro.

Comida rápida,
paño de las mujeres solas.

Oh pollo deconstruido, oh pan de Latinoamérica;
oh almuerzo y microondas, manás de los autónomos,
himno de los estómagos vacíos; ahora pienso
en nuestras digestiones. Pienso en la hipermetropía:
en quién ser y hacia dónde
nos dirigen las mujeres. Pienso:

madre,
luna rota de arlequín.

Mis tres horas de sueño acodadas en la ventanilla,
la bandeja de plástico, la merienda barata
‒dos mujeres impacientes a las
cuatro y media de la tarde‒ porque yo
no guardo los domingos. De repente, a la altura
de Parla, a una yema de dedo,

(Madrid,
Puerta de Atocha)

llega el canto a nosotros, los viajeros, tren de alta velocidad,
y el punto que es Parla, o que más bien representa en la mente del infógrafo
‒azul, redondo‒ Parla, suena a la voz de una mujer a las cinco de la tarde,
realidad al margen de estos dos bocados y
de repente
el paisaje en tránsito con el que soñaron los estetas:

un cielo puro verde
y un suelo puro azul.

Hasta aquí
de cómo las mortales
quedaron por escrito.

He corregido este poema
cuando nada sobre lo que hablaba
existía ya. He corregido este poema
en autobuses baratos;
he corregido en el lugar en el que corregía
hace diez años.

Es noviembre. Es miércoles. Al menos
todo en orden: hace
frío.

 

 

 

 

UNA PLEGARIA POR LAS MUJERES SOLTERAS

Ángel
de los pisos de soltero,
ángel de las solteras
que duermen varias noches en un piso de soltero,

¿lo sabías?

Antes del amor el hombre
se entrena golpeando.
Su hogar lo construye con el ruido:
tan firmes las paredes
tan familiares tan firmes las paredes,
los cimientos de su casa los ha hundido daño a daño.

Ángel del sexo
con los inquilinos de pisos de soltero,
ángel del no querer oír
de las solteras,

¿lo sabías?

Después del amor
el hombre se incorpora para escoger un disco
y suena una canción y susurra
me gusta esta canción:
para entonces está otra vez dentro de ella.
Luego habla de su hogar en otra parte
y de quienes viven en él ‒sin él, en ese hogar más suyo: enseña fotos‒
y la mujer lo abraza y él susurra
me gusta estar contigo.
Y la mujer oye.

Ángel del suelo sin barrer
de los pisos de soltero,
ángel de las solteras
que pasean desnudas por los pisos de soltero,

¿lo sabías?

Antes del amor la mujer predijo su futuro. Junto a él,
en su sofá, ella se fijó en sus libros. Debe de ser bueno
un hombre que lee así. (Pero también antes del amor
los amigos del hombre predijeron su futuro).
Debe de ser bueno
un piso en el que distingues dónde pisaste la otra noche
y dónde pisó la otra anterior.

Ángel del frigorífico vacío
de los pisos de soltero,
de las solteras que se conforman
y desayunarán solas, más tarde,

¿tú lo sabías?

Después del amor la mujer se ducha mientras
el hombre fuma en el pequeño salón de su piso
de soltero. Se despiden,
dos amigos: ella viste la ropa de la noche
anterior, él se avergüenza.

Pero tú

ya lo sabías.

 

 

 

 

CHATTERTON

Mentí durante diecisiete años. Mentí después
en todos mis poemas. He mentido durante los diez
años siguientes. Acércate, soy
como tú. Escucha cómo late mi corazón
perverso: mudanzas en platitos
de papilla de mamá. Aliméntame,
compréndeme, yo vestía unas ropas que nunca fueron mías,
yo escribía en un idioma ajeno, pequeña, tonta,
qué mal memoricé: con mis poemas levanté un imperio.
Pero todo acabó. ¿Quién soy ahora?
Engañaste durante diecisiete años; antes de los míos
comencé yo a mentir. Un abanico con telas del Oriente
para mi hermana. Para mi madre araña compraré moldes de costura.
Tabaco que recubra los pulmones de mi padre. ¿Quién soy realmente
ahora? He soñado contigo algunas noches.
Te prometo que si salgo visitaré tu tumba. Ahora sí que
no miento. Ahora sí que no.

 

 

 

 

POEMA DE DESPEDIDA PARA MI HERMANA

En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá
de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de seguridad,
una cámara para que el momento exista
tras el regreso. ¿Tú qué prefieres? Wislawa, por favor, reza
por ella. De pequeña te confundían con un niño
por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una cicatriz en el labio superior
porque te caíste al servirnos la merienda. Al crecer te cambiaron el nombre:
alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas
las conoces xxxxxxxxxxxxtan sabia como un dios.

Bestia del norte, ahora vivirás a ciento ochenta grados: cuando yo actúe,
tú en mi oposición. Del dolor ‒tú también, Celan, reza por ella‒,
aquí no nos enteraremos: finge que todo marcha bien. También yo fingiría
que todo marcha bien. Podría aconsejarte. De pequeña
te confundían con un animal porque golpeabas con furia
y después rumiabas estiércol y perdón. Tienes aún el deje de quien hace
y luego piensa. Al crecer te dejaste la melena larguísima. Quién te imaginara
en aquellos días salvajes como ahora xxxxxxxxxxquién te imaginaría
en aquellos días salvaje como un dios.

Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi adolescencia
para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú qué prefieres
guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado su suela
demasiado fina. El dolor, te lo recuerdo: representa
bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una de esas fábricas
que encadenan turnos y humo. Tus ojos
azules encendidos. Como un niño que sangra y como un
animal que muerde: así te exigen otros
así te exigen xxxxinmisericorde como un dios.
Quizá algún día desconozcas esta lengua.
Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella.

 

 

 

 

A VIRGINIA MADRE DOS HIJOS, COMPAÑERA DE PRIMARIA DE LA AUTORA

Ocupáis tres asientos frente a mí en el autobús que se desplaza
desde nuestro barrio alejado del centro
al centro;
al centro de nuestra localidad minúscula, entiéndase, no al centro de las cosas, no a la esencia misma ni a la materia nuclear donde la vida

bang

donde la vida

se expande y obedece a todos los fenómenos ‒etcétera‒ que dicta
la astrofísica. Lo proclaman las asignaturas que rodeábamos porque éramos de letras; lo proclaman los inexpugnables mecanismos que atañen a vocablos tan comunes
como universo, vida, muerte, amor.

Ocupáis tres asientos frente a mí
en la parte trasera del transporte público: el niño a la derecha, en el centro la niña, la madre a la izquierda.

Ahora tú, hija pequeña de Virginia: chándal rosa gastado ‒igual
que los plumieres de tu madre‒ con un personaje
que mi edad y condición soltera ignoran.

Ahora tú, hijo mayor de Virginia, intuyo en tu barbilla y tus orejas
los rasgos que heredaste de tu padre, y me pregunto
si Virginia los maldice
‒Virginia, ¿los maldices?‒
a la hora del baño.

Pero tú, Virginia, tan rubia, ¿lo recuerdas?
Allá donde entonces combatíamos piojos

ahora

bang

ahora

escondemos el tiempo.

Aquí tú lees una revista, Virginia, aquí tú no me reconoces: ¿te sirven los consejos del cuché,
oh tú, tan rubia e inocente?
Virginia, siempre con mi edad y ahora con dos hijos, sin anillo en el dedo, con un bolso colmado de galletas:
Virginia, hijo mayor de Virginia, hija pequeña de Virginia,
años luz xxxxxxxxcaídos
años luz xxxxxxxxquebrados en la comisura de los labios,
cerrad los ojos y pedid un deseo
frente a mí

en el autobús destartalado que nos salva del barrio periférico y nos acerca
al centro, lejos de los bancos en los que los adolescentes beben y las noches golpean los jardines,
cierra los ojos, Virginia,
porque en estos veintiocho minutos de trayecto he pensado en nosotras,
en ti que no me reconoces veinte años más tarde, en tus canas donde la gente que nunca te habló, en tus canas donde la gente
reía y se burlaba.

Cristal del autobús junto a Virginia, espejito de ambas,
tus uñas rojas comidas al fregar los platos, una gota de laca roja en tu dedo anular,
oh Virginia, oh rubia e inocente,
yo he pensado en nosotras,

bang

yo he pensado en nosotras.

No sé si sabes a lo que me refiero.

Te estoy hablando del fracaso.

 

 

 

 

Medel, Elena. Chatterton. Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

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REVISTA MÜSU Nº5 VERANO 2004 -poesía-

septiembre 15, 2014 Deja un comentario

müsu 1

 

 

Aquí tienen una amplia selección de la sección de poesía de esta revista coordinada por Mertxe Manso y Elena Medel, ilustrada por Laia Arqueros y maquetada por labellavarsovia.

 

 

ANA MERINO

LOS SUEÑOS DEL PRISIONERO

La ciudad carcelaria ha cerrado sus puertas
y te has quedado dentro
acariciando el frío que hiela sus almenas.

Esta vez soñarás con la verdad metida
en un frasquito azul
y el abrazo vacío del que se siente solo.

Pensarás que en ti habita
la esencia del dolor
como un duende sin alas
que espera que el futuro
le deje conceder algún deseo.

La ciudad carcelaria
a veces se apodera del temblor de tus labios
cuando lloras dormido
y nadie te cobija en su regazo.

Te van a despertar
las palabras que escribes
convertidas en hormigas.
Las verás deshacer cada párrafo
y en hileras muy finas
recorrer las paredes de tu celda.

Esta vez soñarás que la ciudad no existe
y los poemas son el único lenguaje
que te queda.

A veces las palabras
anidan por si solas detrás de tu garganta
y dicen lo que piensas,
entonces se te olvida
que arrastras las cadenas
de una ciudad sin alma
donde sólo tus sueños
reconocen sus calles.

A veces nos miramos,
te apoyas en mi cuerpo
de gárgola deforme
y duermes como un ángel,
y yo que estoy despierta para siempre
te envidio cuando sueñas.

 

 

PIEDRA, PAPEL O TIJERA

Piedra
fría,
rincón silencioso
junto al regazo de los muertos.

Papel
para escribir
unas breves líneas,
la despedida apresurada
del viajero.

Tijera
para cortarle la lengua al mar
cuando suspira.

Tijera
para cortar los sueños
de los ahogados.

Papel
para escribir sus nombres.

Estrecho de piedra,
barquito de papel
arrecifes de tijera.

Un poema triste
para los que se quedaron sin aire
en las orillas.

Lágrimas de piedra
pateras de papel
y la boca del mar
con dientes de tijera.

 

 

 

 

MARÍA ELOY-GARCÍA

HIPERSUMMA

superhipermercado
tu summa teológica son los cinco caminos por los que se llega a la estática cajera
cordero degollado en bandejas reciclables
san juan lo hubiera aceptado
ascesis de barrio
grados de perfección hacia tus pulchrum detergentes
mi escolástica es tu cobijo de superficie inabarcable
movimiento primero de oferta
para la causa eficiente de nuestra demanda
mortales y solos
perfección-gobierno del mundo
ente sumo si azar no cabe
catedral de los oligoelementos
se sabe que dios eres
verum tetrabrik verum salami
es tu luz sobrenatural
el brillo que desprende un torrente de monedas

 

 

LA VIDA CÁMBRICA

he visto organismos anaerobios
en oficina sin aire con burbujas de lípidos vivos
y las fangosas comunidades de microbios
que se reproducen con la dureza antiquísima de la partición
luego medusas primigenias no muy lejos del lodo
con bocas tan antiguas
que no conocen la lengua para pronunciarse
y al fin el primer homínido
canal vertebral estrecho
tórax delgado
señales nerviosas tan limitadas que no hay control de la respiración
para decir yo mismo
estúpido bipedismo por el que abandonamos la mirada de la tierra
arduos instrumentales líticos
que nos hicieron pulimentar para siempre
con lo felices que éramos cuando la carroña
después el idioma por el que nos fuimos hablando y hablando
a repoblar las partes más distintas del planeta
hasta ahora en que la paleontología es un invento tan bien pulimentado
con departamento de humanidades primer piso quinta puerta
donde se especula la historia de lo que éramos
con el prejuicio insalvable de lo que somos

 

 

DE LO QUE CUENTAN LAS TABLILLAS EN LINEAL A

ya sé
ya sé de qué te conozco
tú eras una bacteria entonces de esas
con élitros ojazos que sorbían la orilla precámbrica
de centroeuropa
allá por el proterozoico
¿te acuerdas?
hace dos millones quinientos mil años
y estás igual
ya sé de qué te conozco
tu colectivo era el único sedentario
así que el primer bronce lo hiciste
con una simple mueca neolítica
todo tu campo era una urna
ya sé quién eres
eres el hombre
a fin de cuentas
nada nuevo

 

 

LA MEGALÓMANA

vivir en tu arriba
vecina cíclope de ojo mirilla
inscribiendo cuadrados en el círculo
qué coreografía la de tu planta
distorsionados vecinos de cabezas inmensas
lanzados cada día de sus casas
por la ley de la simple monotonía
tras ellos tu ojo de inventar conjeturas

vivir en tu arriba
gestando agujeros para mirar siempre
a qué horas de sencillas preferencias
de hipótesis empíricas de tercer piso
te lleva la tierna megalomanía

mirarte en tu arriba
más allá
grúas bestiales destrozando bloques que no sabes
con la silueta todavía
de escaleras subiendo por la pared intacta
y una puerta magritte por la que se ve el todo
ese que nunca percibieron
tus ojos sin estéreo
porque más allá del tercero
el mundo no existía

 

 

 

 

IVÁN VÉLEZ

SANGRE FRÍA

Un escuálido reptil
incubó escamas de metralla
en el colchón del turbio placer,
arañas sobre los puños cerrados.

Y la miel no ahoga el rescoldo.

Las rodillas mueren a la sombra
de huecas catedrales,
rueda el metal de la borrasca
por un pañuelo astillado.

Y la miel no ahoga el rescoldo.

 

 

EL ALQUIMISTA

Dentro de la burbuja,
carcoma mordisqueando lucidez.
Amanecer de nervios y siluetas,
mares de esfuerzos.

Mujeres negando sus suaves rasgos
al mundo.

A través de las lentes de hielo
el paranoico es ternura, belleza violenta,
y su sombra color ámbar,
engaño para el asfalto
de gorriones persiguiendo niños.

Astillas de un guiñol abarquillado
clavadas en los dedos
y nadie que pueda curarlos
pues no quedan ya costureras del delirio
para sanarlos con su hábil urdimbre.

Amanecer de cucañas envenenadas
que juegan al escondite
incordiando las miradas
en la penumbra espoleada de bombillas
de risa enferma.

La geografía incógnita del pirómano
se convierte en simulacro de lenguas
al recibir su caricia.

Simulando bienestar nos apartamos
de la espiral kamikaze
que desciende por la espalda del sueño.

 

 

LICÁNTROPO

Una gota de sangre
resbala
por el frío letal
de la bala de plata.

Plena luna,
láctea luna.

Un disparo se desvanece
entre el musgo
del caserón,
y en el parque,
el silencio se cuela
en las rendijas del chirriar
de un columpio abandonado.

Sin niña ya,
sin rodillas de mercromina
bajo sus tiernos,
deliciosos muslos.

 

 

 

 

ALBERTO SANTAMARÍA

MI CUERPO ES TU CASA
[NACE MI CUERPO DEL NOMBRE ESCONDIDO EN LOS BUZONES]

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSobre las putas / me quedo frito
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSr. Chinarro

A veces, dices, reconozco
tu voz al otro lado, reconozco el gesto de tus llaves
cerca de la puerta ese ruido de cerezas metálicas
que se agolpan involuntarias en mi nombre,
a veces, dice, reconoces mis pasos y su instinto,
el tacto de tu mano que no acierta a elegir su orden,
‒torpe es el deseo que busco‒.

Recuerdo, dices,
el olor a ciudad en llamas,
‒es sábado, y la luz en los parques se enciende‒;
son tus labios dos cuerpos desnudos que luchan
solos en la arena. Dos cuerpos: formas del racimo
y de la voluntad, que se hunden
en el eterno impulso de un quinto sin ascensor.
‒Las parejas se asoman al lento gemir de los bancos‒.
Formas, dices, ahora que llego
sin aliento al límite de tu aliento,
y me llevas enfermo con tus ojos a la cama
y muestras heroica y débil la frontera de tu rutina.
‒Y cada paso se repite, como una señal‒

A veces, reconozco en mi casa un cuerpo
donde cada imagen que cuelga
es una guerra remota, una factura escrita
en las huertas del sueño,
y cada grieta un grito acallado en el hueso
más hondo de las manos, y cada mano
una puerta que busca ansiosa la luz en otra parte.

A veces, dices, oyes vagar un cuerpo entre nosotros,
un fantasma,
y luego desciendes de ese coche y descubres
la lejana sed de una palabra,
los hombros tallados a mordiscos,
el seco temblor de tus límites.

A veces, dices,
reconoces en otros cuerpos
el terrible sabor de mi casa.

 

 

SANSONITE A MITAD DE PRECIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY de repente,
xxxxxxno sé qué hacer con tanta soledad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxKarmelo C. Iribarren

Ahora desayuno en una terraza: croissant, café, naranjas,
y observo desde estas hojas aquella lejana habitación
de mil novecientos noventa y siete.
Qué triste soledad me empuja al recuerdo
de nuestra vida en estas calles. Comprabas tabaco
en ese pequeño estanco, en esa esquina
esperabas el taxi y donde pedías pan
y fruta de temporada es ahora
una enorme tienda de maletas. Sansonite a mitad de precio.
Qué enfermedad es ésta que me hace reír
al saber que me dejaste sin dinero, sin coche,
sin hambre, y sin maletas, y lo que es peor,
sin lugares a los que viajar, sin proyectos.
Qué enfermedad es ésta que sube hasta mi lengua
y que busca tu cuerpo, una respuesta.
Qué terrible broma del tiempo es ésta.
“Su cuenta, caballero”, dice el camarero. Qué triste
soledad de me lleva a las viejas aceras conocidas,
pobladas por antiguos rostros que son yo
y van conmigo. Compraré una maleta lo sabes,
para atravesar la ciudad y recoger fríos
restos de mi cuerpo, de tu olvido
en los portales. Recoger aquel rojo
sabor del whisky en tus labios a las doce,
mi dolorosa manía de madrugar en domingo,
el olor del autobús lleno de bañistas, tu pelo
cuando Los Reginas nos llevaban en barco hasta la playa.
Recoger sobre todo el color del humo en tus labios
al decir mi nombre,
y agarrarme la cintura al salir a la calle.
Compraré una maleta, lo sabes. Es la cuenta que he de pagar
por tanta felicidad en tu nombre. Por tanta soledad este domingo,
por mi costumbre del whisky antes de las doce.

Ya lo sabía antes de pedir croissant, café, naranjas.

Son estas terrazas en el desayuno
amargos balcones al tiempo.

 

 

 

 

LUIS BAGUÉ QUÍLEZ

GLORIA

Gena Rowlands fuma junto a la ventanilla.
Su gabardina cruda,
que tantas veces barrió el asfalto de Manhattan,
ya no es sino un jirón de antigua sombra.
De nuevo llegará tarde.
Otra vez es culpa del maldito reloj,
del tráfico imposible en Central Park,
de los charcos que deja esta lluvia
sobre la piel marchita de las avenidas.
Las volutas de humo se enredan en sus dedos.
Sigue apoyada en el viejo Ford,
que le recuerda trágicamente sus arrugas.
Está bien. No piensa esperar más.
Aplasta un cigarro con el tacón del zapato.

No sabe que detrás de la puerta
le aguarda el milagro de una vida distinta.

 

 

LAS VÍRGENES SUICIDAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxVirgen suicida.
xxxxxxxixxxxxxxxxEs inútil seguir
xxxxxxxen ese viaje al holocausto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCruel Crux

Yo conocí a Lux Lisbon.
Recuerdo haberla visto
mirar vestidos en los escaparates
y esperar mucho tiempo un autobús
bajo el sol declinante de noviembre.
También coincidí con sus hermanas,
y puedo decir que eran bonitas
‒pero eso es ya sabido‒,
que les gustaba el licor de melocotón
y que, entrada la noche,
resultaban incluso algo vulgares.
Sus vidas se me antojan ahora
un cristal empañado, constelado de vaho,
desde el cual las veíamos difuminarse
hasta desaparecer
como una mancha de aguarrás sobre las manos.

En la última fila de algún cine,
yo acompañé a Lux Lisbon
por el extraño limbo de nuestra adolescencia.

 

 

ANTOINE DOINEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxQue reste-t-il
xxxxxxxxxxxxxxxde nos amours?
xxxxxxxxxxxxxxxxCharles Trenet

París era una fiesta
con lluvia y con paraguas,
con zapatos y lágrimas
perdidas en el metro.
¿Qué queda ya de nuestro amor?
Yo te buscaba entonces
en la puerta del cine;
te ponía mi bufanda
o mi mejor sonrisa,
te pintaba los ojos con un beso.
¿Qué queda ya de nuestro amor?
Sólo la Torre Eiffel,
la soledad de los parques en junio
y tantas noches consumidas
en fugas hacia ninguna parte.
Mi nombre, Antoine Doinel,
un nombre que no es nadie,
unas breves cenizas
marchitas en la piel del celuloide
y amarillas por el polen del tiempo.
¿Qué queda aún de nuestro amor?

 

 

AL CUADRO DE UNA JOVEN CON CIUDAD AL FONDO

Lejana como las aves en la noche
sospechas la ciudad a tus espaldas.
Y quisieras comprender la soledad:
el porqué de este horizonte sin aristas,
la brisa imperceptible que humedece las calles,
las lágrimas altivas de neón en los párpados.

Y no sabes que la lejanía que contemplas
es patria y margen, es destino y exilio.
Me gustaría decirte que tras esa alambrada
hay sombras que te acechan en cada jardín,
en la cola del cine,
en la respiración de los semáforos.

Si te detienes a escuchar el tibio murmullo
de unos pasos sobre el gris del asfalto,
igual que nieve enferma,
advertirás que en ciertas avenidas
también habitan labios y palomas.

Porque la ciudad no es sólo un bosque de ceniza.
A veces la ciudad tiene un alma encendida.

Pero al final la soledad no importa,
pues tu vida depende de un pincel
y el lienzo te condena
a esa rara mirada que hiere tus pupilas.

 

 

 

 

MARTA LÓPEZ VILAR

LO EXACTO

Esta vez comienza la noche
a olvidar la exacta medida del olvido.
Basta el silencio, una palabra florecida en la memoria
para que regreses.

 

 

LOS CIEN OJOS

Es la aurora quien nos observa con los cien
ojos de Argos, quien recorre
uno a uno tus cuerpos fatigados y dormidos,
tu brillo constelado entre la cama.
Dentro de ti se despierta un cauce
de olvido y de memoria
del que yo bebería cada amanecer
si no durmieras.

 

 

ENCUENTROS

Ahora, qué triste tu cuerpo tras la ropa,
rodeado de gente,
fluyendo en el silencio de los cuerpos más lejanos.

 

 

CONVERSACIÓN A SOLAS

Hablo de tu cuerpo y el mío
renaciendo de este hielo que enfurece
al saber que todo se concluye
aunque el dolor nunca termine
de calmarse en la memoria.

 

 

 

 

ALEJANDRA VANESSA

PRODUKT OF HUNGARY

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy mi gorría

hombres pequeños del mundo y mujeres altas,
no dañéis a las poetas porque ellas vendrán
a examinar vuestras necedades
con unicum y sus zapatos blancos nuevos.

 

 

MUJERES

sushi
paté pasta a la carbonara
fideos gordos con marisco estofado
para la cena
aperitivo merienda
después del desayuno
y más más cenas
‒con pata a la cuchiflé‒
de todos los gustos:
agria amarga dulce extra dulce
picante extra de extra picante
cumplida la caducidad
de todos los nombres:
alejandra elena ana
judit teresa
di modesto
y
mujeres el título mujeres

 

 

HOMBRES

mierda
mierda en los quicios
en las aceras en los árboles
en el parque
dos manzanas más abajo
en la puerta del colegio
en mis tacones
no los he vuelto a usar
de todos los colores
marrón marrón claro marrón
oscuro intermedio rojiza
parda amarillenta
ocre
de todos los nombres
paco juan javier
modesto óscar pedro
luis
y así mientras aguante tu razón

 

 

ENSAYOS PARA LEER UN POEMA

xxxxx> ¡te quiero!

xxxxx> te quiero…

xxxxx(el amante dispone su brazo izquierdo a modo de hamlet)
xxxxx> te-qui-e-rooo…

xxxxx> ¿te quiero?

xxxxx> ¡¡TE QUIERO!!

xxxxx> te quiero

Da igual cómo te lo digan.

 

FRACTAL 2012

noviembre 5, 2012 4 comentarios

El viernes y el sábado no subí nada al blog porque Cris y yo estábamos en Albacete, disfrutando de la segunda edición Festival Fractal de Poesía Joven. Es cierto que nos perdimos la presentación de la antología publicada para esta segunda edición y el primero de los recitales (el que dieron Maurice Chandler, María Moreno y Javier Temprado el jueves en el Café Época), pero asistimos a todo lo que desde Fractal estaba previsto durante el viernes y el sábado.

Una de las razones por la que fuimos al Festival Fractal fue porque el año pasado Cris y yo participamos en él y fuimos incluidos en la primera de las antologías que han publicado (una antología en la que compartíamos espacio con poetas de la talla de Pablo García Casado, Joaquín Pérez Azaústre, Elena Medel, Javier Moreno, Ben Clark, Ángel Paniagua, Alberto Chessa, Raquel Lanseros, Alberto Santamaría, Raúl Quinto, Ana Gorría o Luna Miguel); la otra razón es que uno de los organizadores y su compañera nos insistieron tanto que no pudimos negarnos a estar con ellos un par de días.

 

 

El cartel de este año, que demostraba que Fractal quería mayor fusión entre las distintas disciplinas artísticas, ha corrido a cargo de Chema Arake y era éste:

 

 

Y la antología publicada este año, y preparada por Rubén Martín Díaz, incluye a Jesús Bernal, Mercedes Díaz Villarías, Juan Andrés García Román, Sara Herrera Peralta, Javier Lorenzo Candel, Luis Martínez-Falero, José Martínez Ros, José Ignacio Montoto Mariscal, Antonio Praena, David Eloy Rodríguez, Elena Román, Basilio Sánchez, Estelle Talavera, Javier Temprado y Arturo Tendero.

 

 

Fue genial asistir a la inauguración de la exposición conjunta de fotopoesía, escultura y libros de artista albergada en el Museo Provincial de Albacete; digo que fue genial porque quedó demostrado que los políticos son iguales en cualquier parte del territorio nacional: un cúmulo de excusas baratas, tópicos y demagogia  de supermercado; y fue genial porque algunas de las fotografías y las esculturas nos parecieron absolutamente geniales, así como muchos de los poemas visuales creados por alumnos de la Escuela de Arte de Albacete. Aquí tienen a Andrés García Cerdán dando paso a la inauguración de la exposición:

 

 

Por la noche, en el Viktor’s Café asistimos al recital que ofrecieron Matías Miguel Clemente y Javier Moreno. Matías Miguel Clemente fue un descubrimiento del que habíamos oído hablar y que nos impresionó con su búsqueda de los límites. De Javier Moreno, que leyó poemas de su último libro, ‘Cadenas de búsqueda‘, no puedo decir nada en este blog que no sea que Javier me parece uno de los mejores poetas que hay en este país (a la misma altura que su vertiente de escritor). Aquí los tienen en acción.

 

 

 

 

 

Y aquí dejo un poema de cada uno de ellos:

 

predolor

no quiero hablar del dolor para eso ya están las agujas y los pies
descalzos y los padres y alguna materia viscosa no quiero hablar
sino del predolor de lo anterior  de  la  hacienda  de  lo  pretallado
y de lo que hizo al  hierro  volverse  amarillo  y  pudrirse  debajo
de las manos aquellas que labraron a golpes de cuello una savia
que no absorbe y quiero hablarlo desde una silenciosa caravana
de cometas que amenace con cumplir su neura de mudanza
aleteando desde el  cielo con lámparas de infierno  y peregrinos

hablaré desde allí de lo que se hizo antes del dolor lo haré
y lo haré bien  porque  la piel desertizada  sabe lo que pasa antes
lo que inaugura lo que predestina y rige la piedra y su chispa

 

(Matías Miguel Clemente)

 

 

LUBINA SALVAJE

Fui al mercado, caminando deprisa a través del frío
de diciembre hasta la pescadería. Allí pregunté por la lubina
y, a pesar del precio, opté por la salvaje
Me gustó la reciedumbre de sus escamas
su color oscuro, como si todavía guardase algo de la profundidad
del mar pegada a su piel. Y salí del mercado con mi lubina
bajo el brazo, y al llegar a casa me di cuenta de que no
cabría de ninguna manera en la vaporera
Así que me puse manos a la obra, tomé el cuchillo
más grande de casa y me dispuse a trocearla
Era una tarea de pescadero. Algo difícil abrirla
longitudinalmente, hacer que el filo
hendiese la carne tangente a la espina
cortar la cabeza
Tuve que ayudarme del mazo del mortero
para seccionar la enorme cola
Las escamas parecían de acero
Comenzaba a sudar, a pesar del frío
Entendí que ser salvaje era una cualidad de algunos cuerpos
una resistencia a ser atravesados por personas
que leen y hacen versos
Y entonces sentí por un momento envidia de aquella lubina
de aquel ser salvaje

 

(Javier Moreno)

 

 

 

El sábado por la mañana empezaron a torcerse las cosas (visto desde fuera por alguien que ha asistido los dos años seguidos al Festival). Y es que una de las mejores ideas del Festival, las ‘Cañas poéticas‘ –un evento en el ‘Shangri-Lá Bar’ en el que los asistentes leen poemas que no sean suyos y a ser posible que se encuentren en la antología que publica Fractal mientras se remoja todo en cerveza– fueron este año un caos organizativo, un evento deslabazado al que sólo asistió durante todo el evento uno de los organizadores…sí, lo han adivinado: Andrés García Cerdán.

Ya por la tarde, en el Café Indiano, asistimos a la presentación de tres libros premiados en el último año de tres autores albaceteños (Antonio Rodríguez, Javier Lorenzo Candel y Rubén Martín Díaz), que junto a Arturo Tendero ofrecieron una lectura poética excesivamente reposada a mi parecer. Después, una Mesa Redonda bajo el título ‘Poesía y crisis’ que moderó la poeta Cristina Morano, mostró a unos autores que se fueron demasiado por las ramas ante preguntas directas como el planteamiento de los temas clásicos en la poesía actual que los poetas de la mesa contestaron refugiándose en los autores clásicos y en la tradición y sin contestar a la pregunta de si el planteamiento debe cambiar o no.

 

 

 

Y casi para terminar el Festival llegó la bomba del mismo, un evento ante el que los amantes y los curiosos de la poesía deberían estar haciendo cola, un acto en el que se pudo palpar lo que cierto amigo dice que le falta a la mayoría de la poesía española actual: volar. Pues bien, si hubieran visto el recital que se llevó a cabo como penúltimo evento de este Festival Fractal, habrían escuchado, visto y sentido en cada poro de su piel cómo la poesía puede volar hasta cotas insospechadas. El recital en cuestión lo dio Juan Carlos Mestre y sé a quién se le saltaron las lágrimas viendo a este poeta que este país ignora enciclopédicamente. Joder, qué amor a la palabra, qué lucha a brazo partido ante quienes pretenden robarnos el significado de los más altos términos, qué musicalidad en la sabiduría…joder, qué gustazo haberlo visto, haberlo escuchado y haberlo disfrutado como pude hacerlo el sábado en Albacete.

 

 

 

 

 

La despedida definitiva se llevó a cabo en el ‘Torito Bar’ y corrió a cargo de La Cooperativa DJ. Esa es una de las mejores maneras de terminar una fiesta como Fractal Poesía (no se imaginan la sed que dan estas cosas).

Eso sí, aunque fue un placer reencontrarse con Luis Merino, con Antonio Rodríguez o con Constantino Molina, y conocer a jóvenes poetas como Javier Temprado, esperamos que el año que viene se solventen hechos como que de todos los organizadores sólo uno estuviera en todos y cada uno de los eventos (no como ocurrió el año pasado), porque si no es así, el evento podría terminar muriendo de agotamiento por culpa de muchos de los males que aquejan al mundo poético español. Desde aquí espero que todo se solucione y vaya mejor el año que viene, porque es este un festival que merece la pena.

 

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