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Posts Tagged ‘el sastre de apollinaire’

MÚSICA

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COMETAS

En las paredes de los edificios
hay un mapa de lágrimas errantes,
una frontera de hollín,
unas ramas de encina.

Llorar en la ciudad
es un negocio inútil.

Huir al extrarradio,
un sueño de cometas.

Has mirado hacia atrás:
el sol es la cabeza
de un caracol gigante.

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PANORAMA

Los ojos
en la boca del metro:
un hombre juega con el móvil,
una madre tose,
hay un perro con jersey.

La anestesia del humo
no les basta.

Lloran porque esperar
es una herida en espirales
y jamás cicatriza.

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POEMAS A ELEGIR

Te libera el silencio.
Poco a poco construyes
la cárcel del lenguaje.
Al final,
la mordaza absoluta
del poema acabado.

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xxxxxx. . . . .

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Te condena el silencio.
Poco a poco respiras
el aire del lenguaje.
Al final,
el espacio infinito
del poema acabado.

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NOCTURNO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDormir es regresar.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMaría Zambrano

Quien duerme confía en el futuro,
arroja la conciencia
en otra realidad también borrosa
donde no es necesario
juntar más de una pieza
para sentir el cuerpo.

Quien duerme regresa
donde no hay nada hecho,
ni alfabeto ni engaño.

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PADRE

Un hombre en gabardina
ha regresado.

Trae consigo el cansancio
desde la juventud.

Va dejando
pedacitos de pan en la escalera
y así recordar el camino de ida.

Su olor
a embutido y trastienda
nunca ha muerto del todo.

No logro juntar trozos de su vida
en una sola frase que conjure el vacío.

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LA NOCHE DUPLICADA

xxxxxIII

No hay descanso para los lentos de corazón,
máquina para los agotados,
olvida la flema endurecida,
la cima del desorden,
los huecos de la infelicidad,
el despeñadero de la indecisión,
olvídalos, finge en tu maleta sin fondo,
descoloca los libros,
estira tus dedos de pasillo sin luz,
quema tu casa para salvar el mundo.

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MÚSICA

xxxxxIV

Aquí el paisaje es atonal, .cada .casa .tiene .su .hundimiento, los
xxxxxinstrumentos, .una .tecla .migratoria, un .arpa .en .el .pico,
xxxxxcada mano, una concertina para cortar el aire.

Detrás .del .hierro .y .de .la .fe .hay .animales .que .brillan, .cada
xxxxxmetal .tiene .su .almanaque, las .cruces, su .cuero, la .parti-
xxxxxtura, el vinagre y las moscas.

Aquí nada se repite, cada persona tiene un corredor para marchar-
xxxxxse, cada sombra una puerta, un .carcelero .desnudo rezando
xxxxxque .pide .un .tenedor .para .los .suicidas y un corcho en los
xxxxxdesagües.

Detrás de cada mueble hay .otro .mueble .con .que .hacer inventa-
xxxxxrio, un pájaro que entona una liturgia de cristal.

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xxxxxVI

Desde .este .ventanuco .hay .cuatro .formas .de .hacer .sonar .la
xxxxxnieve.

El chelo, con tres cuerdas, ordena .las .pisadas .de los pájaros, el
xxxxxpiano de .teclas .sumergidas .resuena .a .cobertizo .que .se
xxxxxhunde, el .clarinete .olvida .el .color, el hambre, la vergüen-
xxxxxza, entra la corriente por los pasillos y se templa el violín.

Aquí se hace sonar la nieve hasta el fin de los tiempos.

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Martín Coble, Pablo. Música. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2021.

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IGNORANCIA

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IGNORANCIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxComprender cansa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJoan Margarit.

Es mejor no entender,
quedarse en la intuición
de tres o cuatro cifras,
mirar tu cuerpo abstracto,
no pensar en las leyes
que juntan las moléculas,
tenerte fragmentada, dibujar
una tangente de ignorancia.

Comprender no sirve para amarte.

Ni unas letras cansadas
para escribir tu nombre.

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Martín Coble, Pablo. Música. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2021.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (121)

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Pues acaba de llegarme a casa una de las novedades de la editorial El Sastre de Apollinaire, ‘Música’, de Pablo Martín Coble.

Lo primero es darle las gracias a la editorial. Y ya saben, de aquí a nada intentaré contar o mostrar algo del libro.

LLEGADAS

diciembre 31, 2018 Deja un comentario

 

Este año han llegado a casa varios libros y algunos discos, y quiero dejar constancia públicamente del agradecimiento hacia quienes han hecho que mi biblioteca y mi discoteca particulares hayan aumentado en cantidad y calidad.

Gracias por sus libros a Vicente Velasco, a Carlos Vitales, a José Luis Martínez Valero, a Ramón Bascuñana, a Natxo Vidal, a Manuel Rico, a Eugenio Sánchez Salinas, a Alfredo Rodríguez, a Sandro Luna, a Óscar Navarro, a Luis Sánchez, a Javier Sánchez Menéndez, a la editorial El Sastre de Apollinaire, a Joaquín Calderón y a Pedro Gascón.
Además, no quiero olvidarme de los regalos musicales que me han hecho Paco Cifuentes y Lichis.
Por supuesto, también a Alberto Alcalá, a Ferrán Exceso, al niño de la hipoteca, al Kanka, al Manin y a Álvaro Ruiz, por contar conmigo cada vez que pasan por Murcia y traen su música a esta ciudad.
Y, por último, quiero agradecerle a María Marín que contara conmigo para presentar su primer libro.

Gracias a todos.

 

LA DENSIDAD DE LOS ESPEJOS

En diciembre del año pasado, la editorial El sastre de Apollinaire publicaba la edición (ampliada y) definitiva de ‘La densidad de los espejos’, de Manuel Rico, que incluye como epílogo el texto que Manuel Vázquez Montalbán publicó el 1 de noviembre de 1997 en el suplemento Babelia del diario El País, en el que se puede leer:
La densidad de los espejos fue premio Juan Ramón Jiménez, uno de los más serios premios de poesía de España y aprece publicado en la colección dirigida por otro poeta, Juan Cobos Wilkins. Premiar este libro representó en su día una ratificación de la poesía desadjetivada en tiempos en que la poesía española pasa por una de sus etapas más ricas e interesantes, pero también más tontas. Entretenida en antologías convertidas en razzias de ausencias, militantes en causas tribales poscómicas, la poesía de vez en cuando tiene que autoconcederse treguas y premiar a un poeta verdadero. Es el caso. Poeta de la memoria más que de la experiencia, aunque toda experiencia pase por el trámite de la estilización subjetiva antes de ser memoria. Rico construye una verdadera narración poética a partir del espejo como interlocutor traidor. «Es la luz enquistada que nos habla de otros» y entre ellos está el uno mismo, esa mismidad que como en los boleros se busca toda una vida y no se encuentra. El espejo como luz de terror que conduce al conocimiento de sí mismo para la muerte, aunque el poeta renuncie a la morbosidad de esa evidencia y reclame del espejo la noción neoplatónica de las dos caras, la una vuelta hacia la representación del paso del tiempo, de la vejez, de la muerte, y la otra hacia la inteligencia, la introspección, la situación entre los otros, la historia.
xxxNo hay memoria personal sin subjetividad, pero no hay memoria personal orientada si no asume la Historia, incluso sin entusiasmo, porque tal vez pasaron los tiempos en que se asumía la Historia con entusiasmo. La Historia…, «…esa región terrible que extendieron los siglos / el fuego del origen, la huella o el estigma en que reconocernos. / Lefevbre, Pirenne, Hobsbawn y tantos otros / arañaron los muros que habían decretado / los propietarios de la muerte», la Historia tal vez aporte como mejor herencia la pulsión de buscar lo imposible para conseguir lo posible. El poeta, que ha comenzado su viaje ante el espejo traidor contándose su historia y que ha abordado la relación entre historia personal e Historia, llega a la asunción de su conciencia, es decir, de su consciencia construida como las esculturas y los poemas vaciando volúmenes, masas verbales, creencias…, «…gestos y palabras que hoy sientes inquilinas». El poeta-personaje que una noche de 1969 abandonó disidente el salón donde su padre contemplaba fascinado la llegada yanqui a la luna termina su relato casi refugiado en una casa de campo que fue el sueño de su padre…, «…custodiando los restos / de un universo roto por otras exigencias».

 

 

Y aquí dejo cuatro poemas del libro.

 

 

AQUEL JUNIO MALDITO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvive en este mundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcual si fuera la casa de tu padre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNazim Hikmet

Fue una primavera mejor de lo esperado.
Muchos años después, quizá una eternidad
más tarde de tu sueño
—roto, como la juventud, por tiempos de ceniza—,
volvió la claridad: Madrid era una fiesta.
Otra vez era abril y era en mil novecientos
setenta y nueve: yo te supe, padre,
redimido, cercano a la quimera
que fermentó en tu noche de terror y de frío.

Fue un abril diferente sin embargo.
Las esquinas ardían de palabras
ocultas desde antiguo en desvanes en sombra.
Bebiste de su luz. No estabas solo.
Contigo la bebimos los más jóvenes.
Tu mirada de asombro aún puedo contemplarla
en esa latitud, que a la muerte traiciona,
de la fotografía:
la tengo frente a mí.
Es un dolor de piedra contra la madrugada.

Mas huyeron los días de aquella primavera
hasta estancar la luz en un junio maldito.
Fue en la noche, cuando huelen
las madreselvas y los amantes buscan
la oscuridad del descampado, las viejas estaciones solitarias
y el verano prepara su cielo más estricto.

El aire, en un instante, mudó en nieve. Y el abismo
se apropió de tu voz y la hizo suya.
La primera conciencia de la muerte
vino, padre, a traición, a visitarme,
y volvieron el frío y la ceniza,
y viajaste a esa patria
donde las flores muertas nos hablan del vacío.

Han pasado los años, muchos años.
Todavía huelo los algodones
y el aire absorto de la madrugada,
y escucho todavía tu voz quebrada y última, esa voz
que me arrancaba el mundo
que los dos levantamos contra la soledad, contra el silencio
de los días difíciles, que me entregaba
una orfandad adulta tan de pronto,
un desierto de sueños, el llanto seco
frente al absurdo.

Pero hoy, padre, regresas. Sin avisarme, abriendo el toldo
de esta noche penúltima del año,
como si nada hubiera ocurrido entre nosotros, como
si en este tiempo interminable
se hubiera convertido mi orfandad
en un lugar soñado.

 

 

 

 

IMBORRABLE AMOR

Aún recuerdo el humo de la ciudad lejana.
También la habitación donde mis manos
buscaron en tu carne la salvación huidiza
contra el miedo y la hora.
La piel era la tierra
donde aprender las trampas de los amantes,
el refugio en precario
frente al cierzo que en los amaneceres
afilaba las calles, dejaba en las aceras
su noticia de frío y de derrota.
Allí cultivaríamos
la pasión del encuentro para desvanecer
la voz acostumbrada al desamparo.

Habitamos, insomnes, en falsos domicilios,
celebramos los cuerpos, buscamos cavidades
donde aventar la niebla: barrio de San Lorenzo,
allá donde Madrid se disolvía
hacia un norte de trenes fugitivos,
o la hierba agostada en el jardín de julio
al pie de la ventana de aquel piso en Aluche,
custodiados
por un absurdo cristo y el retrato
borroso de la Piaff, o aquel apartamento
en La Esperanza, agonizaban tardes
de tinta y de palabras que, sin remedio, urdían
un final anunciado en lechos desabridos
que olían a tabaco y a sueños sobre todo.

Llevábamos el mundo prendido a nuestra carne.
A tientas descubríamos, en el ardor sin tregua
de la noche, los misterios negados
y sonaba la música, era la voz de arena
de algún juglar herido
por la ofendida luz de Sudamérica,
mordíamos
turbios amaneceres industriales, huelgas
generales, muerte
y desamparo, lluvia, siempre lluvia, ¿por qué
retorna tu piel nueva adherida a la lluvia?

Me sabes todavía a la lana de entonces,
a libros de poetas derrotados,
a aquel silencio turbio
de noche amenazada, a tarde de domingo
interminable.

 

 

 

 

CONTRA CIERTO DESCRÉDITO

Sé que hoy el descrédito, ese oficio
que sutilmente enhebran
críticos eminentes, literatos
largamente instruidos en desmemorias varias,
se cierne sobre un tiempo
que nos hizo de viento mutilado.

Haber nacido en mil
novecientos cincuenta y dos y en un lugar proscrito
de la ciudad olvidadiza, haber tenido
la mirada culpable y un atisbo de ira
cuando sólo en la ira
podían las palabras tener la plenitud que les fue hurtada
puede ser el estigma del que nadie nos salve.

No vuelvas la mirada, no interrogues
a los supervivientes de tu noche, no les dejes
ni siquiera el aroma
que aún conservas de la flor desgajada
de aquella juventud dudosamente joven.

Duerme si puedes. Y, ante todo, olvida.
En la luz de la tarde tiembla
un resplandor muy viejo,
una brizna de mar, y es la llanura
una respiración que nos acoge
y en los árboles ocres se dibuja el otoño.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs fácil
soñar así, engañarte, llegar a la certeza
que este tiempo requiere: no es la claridad muerta
que alza en los vertederos de la ciudad sin nombre
su deslealtad de humo
lo que contemplas. Ni la sombra antigua
de quien camina, y es hueco, y te ignora
porque aprendió a ignorar, a no saberse, a ser ajeno
a la voz donde cuece el desamparo.

Ensaya, cada noche, ante el espejo.
Bebe hasta la embriaguez si no te embriaga
la desmemoria.
xxxxxxxixxxxxxxxOlvida como quien cumple
el pacto nunca escrito con quienes inventaron
el disfraz y la lámpara
de luz ambigua.
En cada amanecer te esperan
para abrazarte, viven
lejos de los desagües, aprendieron
la densidad oscura de una lengua para el engaño,
la falsedad que desde lejos llega
envuelta en una música que sientes apacible.

Tal vez en esa tierra
donde dicen que hay dioses y seres misteriosos
te aguarde, hospitalaria,
la mentira más dulce. Prepara
tu menguado equipaje, aprende
palabras no malditas, entierra
tu inútil debilidad entre las piedras, diles
a tus antepasados que fueron flor equívoca,
innecesaria voz, historia vana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY camina.
Ve hacia el norte sobre todo. Si algo aprendiste
de ese largo sendero que a tu espalda se pierde,
es que en el sur aguardan
las miradas heridas y, a veces, el espanto.

 

 

 

 

AROMAS

xxxxxI

Llega hasta mí un rescoldo,
una brizna de olor, una fragancia
de pronto y no esperada.

Se acrecienta y se extiende
en este territorio donde hilvana
pequeñas reincidencias que son luz y significan:
el pasado se apropia del presente, deja un rastro
como una nebulosa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY allí te atreves
a descubrirte en los aromas.

 

 

xxxxxII

Ese olor algo acre
a madera de cómoda
que alberga oscuridades, flecos
de antiguas colchas, señas, contraseñas,
bolas de naftalina, pañuelos
y jabones, nos habla de la cueva
donde la carne duerme
o vive la pereza, ese tesoro
que en tu cuarto se oculta
es un olor que siempre me acompaña.

 

 

xxxxxIII

Esa fragancia en que respiras
memoria de trigal y de granero,
sin saberlo te ofrece
el amor a una piel no fronteriza,
las tardes descubiertas en la flor de su sexo,
—adolescente todavía y entregado—,
la luz de ese tiempo de cegueras y fiebres,
las siestas clandestinas, los domingos
de un verano que tuvo
noticias de la carne, algo rural entonces,
soñada y perseguida.

 

 

xxxxxIV

Llegan a mí.
xxxxxxxxxxxxCon la traición en ciernes
se elevan propietarios del paisaje
donde se bebe el polvo, el poso oscuro
del presente.
xxxxxxxxxxxxxSu asedio me interroga.

Porque nada es la voz si no se arraiga
en lo que fuera voz en otros años.
Nada la luz si sus destellos
no buscan con pasión casi enfermiza
la raíz de su brillo
en otra luz que no es sino
ella misma con algún año menos.
Nada el alcohol sin la gris referencia
de otras noches por el tiempo empañadas
de una magia imprecisa: la que tiembla
en el dudoso extremo de tu pluma.

 

 

xxxxxV

De todo cuanto fue quedan rescoldos
aún temblando en la tarde.
Renacen de improviso, se revelan
en el caz de un olor, en la mirada
de quien no te conoce, en el diamante
no esperado de la escarcha de enero.

Pongamos otro ejemplo: la quietud
—que es quietud y a la vez desasosiego—
de la huerta bajo las luces últimas
de la tarde de agosto, cuando el aire
carecía de límites y el brillo de lo insólito
se alzaba sobre el pueblo que retuvo
el final de una infancia
inconsciente y efímera,
a todas las infancias parecida.

 

 

xxxxxVI

El humo. Olor a leña ardiendo en el hogar.
O a tabaco de pipa. O a mentol algo triste.
O a puta y escalera, por ejemplo.
O a los cines de invierno
y de sesión continua, por ejemplo.

 

 

xxxxxVII

La hierba muy temprana. Humedecida
en el amanecer. Olor a campo virgen
en los viejos jardines
de la Universitaria: jeans apresurados,
blusones transparentes
de sedas orientales, la carne abotonada
a la altura del pecho, llegan con el olor
de la hierba segada, en la premura
de un empeño aprendido en el tumulto
de una mañana
entre miedo y deseo construida
que en la tarde mudó
la piel en pólvora, en centauros
de caballos muy tristes y uniformes.

 

 

xxxxxVIII

La proximidad de esta barriada
propicia al heroísmo se vislumbra de lejos,
a miles de kilómetros quizá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTan sólo
—y tan poco— se precisa
reconocer en el aire el olor de la lana
humedecida por la lluvia, por ejemplo.
En su entretela, en la urdimbre
de su fragancia asoma
el universo escueto y manejable
de lo que fuera cotidiano,
de lo que no prescribe por ser parte,
andamio o esqueleto de tu vida.

 

 

xxxxxIX

Olores, luces, vínculos, señas
de identidad, pájaros
en cuyas alas permanece
tu huella todavía y donde existes
acaso no completo pero sí perfilado
para el ojo interior que no claudica:
esa lente deforme
que llamamos memoria.

 

 

 

Rico, Manuel. La densidad de los espejos. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2017.

 

TODO LO Q YO EXISTO NO EXISTE

 

HE SALIDO A MANCHAR mi espacio en el mundo.

acércate a un sueño despierto, idormido ien iel itiempo ino lle-
garás ia iningún isitio, iel imundo ise estira hacia ningún lugar,
los párpados vuelan a ningún lugar isobre ilos rescoldos de tus
caricias.

quiero q te des cuenta de cuando no estoy cerca, de cuando no
estoy protestando, de cuando no estoy empezando de cero.

quiero q te des cuenta ide iq iel iParaíso ino iestá iperdido, isino
olvidado iy iescondido ibajo ialguna serpiente enrollada; trataré
de dejar el espejo a un lado y idejar ide ilado iel miedo q he he-
redado.

he isalido ia imanchar ilo iq ies mío en este mundo y me han de-
tenido, iy ime ida iigual, ipq ihasta q no te oiga ipronunciar esas
palabras, no tendré la certeza de q te las crees.

y no, no puedo vivir sin dolor, páginas ien iblanco q me reflejan
un ivacío iintroductor ia ila inovela ide iAllan Poe en la q yo soy
uno de los muchos icuervos iprodigiosos iq imueren en el inten-
to de avisar a Odín de sus hazañas, ientre iel ipensamiento y la
memoria, la cabeza de la guerra y su poesía.

 

 

 

 

EFECTO MARIPOSA de las piscinas al abrirse.

desangrado cadáver debajo de la moqueta, la ilucha ide una cu-
caracha dada la vuelta para ponerse en pie.

y ives ia iUlrike iMeinhof imirando isentada idesde isu sillón, su-
surrándome ial ioído iq ino ihay inada iq iperder, iq ila lucha por
las libertades está ganada ipor encima de legalidades e indicios
morales.

la acción posterior a la reacción, ila paradoja del espontaneísmo
revolucionario, iel iefecto icuaternario idel isusurro ide iMeinhof,
un caos q se ordena solo, irestos de una supernova q se convier-
ten en un sistema solar.

 

 

 

 

MIENTRAS EN MI CAMA YAZCO, ilos ilibros icaen isobre iicomo
murciélagos a la noche.

a imi ilado ila ieterna idurmiente itocada ipor la santa negra, q se
divorció de Cupido no hace tanto.

trampa del destino q hace q un poeta se vuelva asesino.

marcado como las reses, isuplicado ichopo, ileve irisa del amor q
nunca es cierto, típico como nieve en invierno.

todo iclaro iya, ibuscaba iel icielo ien la boca, pechos, coño de las
mujeres.

ahora ime itengo q iconformar icon iacariciar ilibros isobre iDafne
y Apolo.

ahora me destroza la vida sus sueños de malicia.

pero ahí sigue a mi lado, pudriéndose poco a poco.

el olor envuelve la habitación pero yo no quiero salir de ella.

brisa iprecisa, xinsumisa, xuna iespecie ide idiosa iexpulsada idel
Paraíso por culpa de su tristeza maquillada en sonrisa.

un beso q ha matado despacio.

 

 

 

 

OLVIDO.

olvido las tartas de mis cumpleaños.

olvido cada instante de paz q hubo entre nosotros dos.

casi tengo q inventármelo.

como los alemanes olvidan la guerra y el nazismo, icomo olvi-
dan 40 años de comunismo i(mientras ahora son los reyes del
banco central europeo)

pues yo también olvido.

olvido mi condición, olvido mis verdades.

olvido quien soy y me meto en el papel de santo.

olvido la miseria a ratos, olvido a los refugiados.

olvido ila iluz ien itus iojos ial idifuminarse entre la muerte de
animales inocentes en una ibarbarie ide sufrimiento económi-
camente barato.

olvido la programación televisiva para poder dormir.

olvido las serpientes de colas ruidosas q me han picado la sen-
tencia de muerte.

olvido tus penas para poder convivir con ellas.

olvido para callar, para silenciar.

pero también recuerdo, y cuando recuerdo todo se complica.

 

 

 

 

¿Q ES LO Q SOY? alma entre hayedos, estanque con musgo verde
sobre un mar de hojas marrones.

cándido ibeso iescondido ien iun iportal io icandidiasis vaginal mo-
lesta.

«¿q es lo q soy?», ime ipregunto imientras iclavo imis ipupilas ien
el iespejo, ipirata ide aguas bravas y barquitos de papel, héroe de
capa caída.

q soy yo sino esperanza negra, un guiño al futuro incierto.

q soy yo sino el aura impura de los hombres mentirosos.

merezco imis ipenas imás iprofundas, ilos icortes icon imis sueños
rotos ide icristal, isus heridas abiertas, en las q supongo q puedes
entrar a ojear.

 

 

 

 

ME ENFRIÉ debajo de tus sábanas y ahora te imploro.

oh Nagasaki, en tu silencio te añoramos; los hijos de la des-
trucción esperamos tu doctrina con avidez.

 

 

 

 

QUIERO LEER TU PIEL en braille, escuchar lo q me cuenta en el
amparo de la oscuridad, pq eres ese tipo de persona q al fondo
de la niebla le esperan machos cabríos a dos patas.

tú, q llevaste el mal a tu familia, q te cortaste la ceja un día de
verano en una noche de sudores fríos, q comiste cerebro y q
mataste al dios de tu abuela.

tú, q has llevado la desgracia a tu casa, con excusas revolucio-
narias para poder agarrar la enfermedad de la rabia y conver-
tirla en tu forma de vida sana, fitness.

quiero follarte lento, mirándote a la cara, y q me devores el
alma.

 

 

 

 

ASPIRANTE A PRINCESA, memento mori, el universo cae sobre ti
en forma de cintarazos.

la iestatua ide ila ilibertad isujetando iun ihelado q se va derritien-
do, niños q piden el fin del sarcasmo negro en las aulas.

carne fresca y pálida, manzanas.

 

 

 

Martínez Rodríguez, Víctor. Todo lo q yo existo no existe. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2017.

 

SORPRESAS (MÁS, QUIERO DECIR)

Ojalá alguno de los textos que voy colgando en el blog sirvan para que alguien descubra a un autor y se haga con el libro (o el disco, si es alguno de los músicos de los que subo material suyo) y así ayude tanto al autor como a la editorial.

Que ¿por qué he empezado así este post? Pues porque el blog me ha dado otra sorpresa: acabo de recibir un ejemplar de un libro a cuyo autor desconozco completamente y de una editorial de la que aún no tenía nada en mi biblioteca.

El libro en cuestión es ‘Todo lo q yo existo no existe’, de la madrileña editorial El sastre de Apollinaire.

 

 

 

Aquí dejo, para empezar, los poemas que más me han gustado en la primera lectura.

 

 

ESTOY SIENDO FOTOGRAFIADO por iDiane iArbus y ipuedo to-
car icon imis idedos ibidimensionales el isentimiento iajeno ien
mi propio retrato; sé q te gustaría escuchar mi voz, pero ahora
mismo eso es imposible, ime itienen dos igrillos las cuerdas vo-
cales cortadas al tráfico de palabras.

bueno, ¡y q? las ipalabras ino ison ilo iq idicen, o no saben lo q
dicen, o no quieren decir nada de lo q dicen.
a mi lado derecho una cortina caída.

 

 

 

 

RENUNCIO AL BLANCO DE MIS OJOS, renuncio a la luminosidad
vacía.

miro identro ide ilas iconjeturas que se me asignan y me duermo
como las rocas.

renuncio a mi disfraz liberador.

quien ilogra iver imejor a través de su idisfraz, quien logra afron-
tar mejor el intríngulis de la vida detrás de una careta, ino ha de
ser juzgado ni mirado con desdén, itodos ilos izapatos ide cristal
se acaban rompiendo.

renuncio a los eléctricos cuadrados luminosos, ime ivoy ial mon-
te iFuji, ial ibosque ide ilos isuicidios ia ipasar iun fin de semana
leyendo mensajes positivos.

renuncio a la vida, de forma q la vivo diferente cada día.

 

 

 

 

DESCANSA EN GUERRA, ifiel iseguidor de los tumultos, descansa
en iguerra, ifiel iseguidor idel icaos, idescansa ien iguerra, pájaro
negro q vuela amenazante sobre mi cabeza.

las ivueltas ide ila irueda ino ison imedibles ipor ikilómetros, ilas
vueltas de la rueda se miden por destinos arrebatados.

ya ino iimporta iir ia icasa, idescansa ien iguerra, icubículo ide vi-
vencias.

ladrillo ia iladrillo, ise iva iformando ila cueva artificial con el fue-
go ien iuna ipared ipara ipoder descansar al calor de la piedra en
invierno y al frío de la sombra en verano.

las icuevas illenas ide idibujos ien isus iparedes atraen al hombre
como a las polillas la luz.

el icomienzo idel ifinal, idescansa ien iguerra, rendidos los distur-
bios ien ilas icapitales ide icada icomarca, ilos ilobos ia mi puerta
descansan en guerra esperando a q salga alguien.

 

 

 

 

AMO EL SABOR
de plegarias insanas
q nunca atiendo.

 

 

 

 

DONDE HABITA mi sentido de la inocencia idespierta en el patio
de columnas de aquel palacio.

donde ihabitan ilas imusas ia ilas iq itorturo itodos ilos días para
crear de forma patológica.

donde existen ilos imonstruos ide itres icabezas y pájaros con el
pecho abierto q esconden esmeraldas.

donde ihabita iel iduende icamuflado, en los vidrios verdes de la
absenta, en los cogollos de la marihuana.

donde los conejos se esconden en mundos infinitos.

donde habita dios en su infinita ignorancia.

donde ise iqueman ilos ienseres de una casa estudiada por arqui-
tectos q no son sólo técnicos, sino artistas.

donde habitan los artistas de todas las ciencias.

todos los sitios menos Babilonia.

 

 

 

Martínez Rodríguez, Víctor. Todo lo q yo existo no existe. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2017.

 

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