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DOS POEMAS DE ‘EL RITUAL DE LO HABITUAL’

Carmen

 

05. Sor Juana: miembro de las Hermanas de la Caridad, destinada en el orfanato de Santa Florentina, en Murcia

Ellos lo saben todo.
Excepto a quién llamar
si en medio de una pesadilla
se despiertan por la noche.
Esa culpa.
La niña rubia da miedo:
se ríe como las viejas del burdel,
desdentada a los once años;
y la sudamericana que sale
cantando a la calle
no sé si es más lista
o más tonta que el resto
de los pequeños.

Aquí sólo sonríen los bebés:
los recién llegados,
pero a los dos días
ya saben dónde están:
están en el sitio
donde fueron abandonados;
esa consciencia del no-ser-para-nadie
es lo que se les mete en los ojos,
esa culpa.

Me llaman hermana.
¿Qué simboliza tanto dolor?
¿De qué es arcano el huérfano?
A veces, no lo soporto;
entonces no rezo, no sirve.
Me pongo a pelar patatas
y les hago ración doble.
No engordan nunca.

 

 

 

 

09. Belén: estrella mediática, trabaja en una cadena televisiva española de ámbito nacional

Aun en las masas proletarias,
hay gente que adopta
la cosmovisión burguesa
y actúa en contra, es decir, traiciona
los intereses de su clase.

¿Sabes? tanto trabajo no sirve
ni para echarse una chuleta
el domingo a la boca.
Vamos como los animales:
de la alcoba al fogón rascándonos las manos
hasta que los sabañones sangran.
De canija soñaba con tener una casa
en un sitio mejor y con verde;
ya estaba cansada en el sueño,
así que imagínate ahora.

El visón abriga más que el conejo,
la leche fresca sienta mejor que el café,
y la fruta de temporada
genera pieles traslúcidas.
Cuánto dinero. Cuándo
proletarios del mundo unidos.
¿Sabes? el país se escandaliza
de mi analfabetismo.
El país no ha contabilizado el número
de bibliotecas de las afueras,
el número de jardines botánicos,
el de parques con árboles, el de Museos
de las afueras. Yo sí.
Con esta mano,
con este dedo, corazón.

 

 

 

Morano, Cristina. El ritual de lo habitual. Madrid; Ed. amargord, 2010.

 

ARTES Y RITUALES

Cris'

 

Ya les comentaba ayer que esta tarde estará Cristina Morano leyendo en el Museo Ramón Gaya de la ciudad de Murcia. Por si aún no saben quién es Cristina Morano aquí les dejo una pequeña nota bio-bibliográfica:

Cristina Morano (Madrid, 1967). Escritora y diseñadora gráfica.
Ha publicado los libros ‘Las rutas del nómada’, Aula de Poesía de la Universidad de Murcia, 1999; ‘La insolencia’, Madrid, Universidad Popular José Hierro, 2001; ‘El arte de agarrarse’, Ed. La Bella Varsovia, Córdoba; con prólogos de Julia Otxoa y Pablo Gª Casado, ‘El ritual de lo habitual’, Ed. Amargord; y el artículo sobre las mujeres de Cartagena, dentro de la serie “Radiografía de la mujer española” de la revista “Yo Dona”. Ha sido antologada en “La manera de recogerse el pelo. Generación blogger”, del antólogo David González, Madrid, Bartleby Ediciones 2010; y en “Esto no rima” antología de poesía indignada del 15M, recopilada por Abel Aparicio. Como diseñadora gráfica trabajó durante 14 años (1998-2012) en la agencia Tropa, colaborando en el diseño de, entre otros, los catálogos ‘Desde el puente de los años’, sobre Paul Celan y su esposa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid; el libro conmemorativo del Centenario de Carmen Conde para el Ministerio de Cultura; el catálogo de ‘Sutura, hibridación y reciclaje’, colaboración entre David Delfín y ORLAN para el Espacio AV; y en la serie de libros del Centenario de Ramón Gaya.

 

Y aquí tienen un par de poemas de sus últimos dos libros publicados.

 

LEONES DE BOLSILLO

Antes de que derriben las antiguas
últimas tiendas de la calle Platería,
los gatos y los perros las ocupan,
familias al completo de esas bestias sin dueño
marcan la calle y luego juegan
o duermen al primer sol del verano,
hasta que los pequeños habitantes
y sus coches invaden la ciudad
sin que su suelo deje de ser su territorio.

Amo la obligación de madrugar
a tales horas, el dolor de espalda,
la náusea hasta el primer café con leche
de la jornada, cada sensación
que me distingue como predador
famélico buscando su alimento;
antes de que las cosas agoten la mañana,
y nos vuelvan un ser pensante y aturdido.
El único momento en que el futuro
descansa por entero en mis colmillos.

 

 

 

10. RIPLEY: LA GATA DE LA AUTORA

Les concedo la puerta blanca,
no la transpongo nunca. Pero mi hogar
es mucho mayor que eso:
su horizonte sónico comprende
desde los semáforos de Gran Vía
hasta el pobre río con sus árboles
y esas flechas de pájaros
que cruzan de súbito el paisaje.

Porque no entienden la casa
me encuentran Misterio.
Porque me ajeno calculando
la trayectoria del mirlo
después de la ventana,
o en la medianoche alcanzo la polilla.
Porque sus ojos necesitan luz
me llaman Arcano.
Como si fuera uno de sus dioses
–el Divino Cazador del Insecto–
me alimentan.
xxxxxxxxxxxxxMe dan
sueño. Y el sueño es también la casa,
sus medidas comprenden mis fauces,
la musculatura exacta y las vibrisas
por donde reverberan ellos
a través del asfalto y de los parques.
Porque tengo mi sueño en mis manos
me suponen Sensualidad.

 

MÁS EVENTOS PARA ESTA SEMANA

Poesía en el maercado

 

 

Otro de los eventos que no deberían perderse esta semana es la lectura que se llevará a cabo este sábado 8 de diciembre en el Aula de cultura gastronómica ‘Raimundo González Frutos’ (en la primera planta del Mercado de Verónicas), y es que allí estará Cristina Morano recitando sus poemas y llevando a cabo una intervención poética que apenas tres personas conocemos…yo de ustedes no me lo perdería.

Y aquí tienen uno de los poemas de Cristina, perteneciente al su libro ‘El ritual de lo habitual’, publicado en 2010.

 

LA MENDIGA: ANCIANA GITANA QUE PEDÍA LIMOSNA EN LOS AÑOS 90 EN UNA DE LAS ESQUINAS DEL CORTE INGLÉS DE MURCIA

No los veis, pero son legión
mis hijos.
Esto sabéis de mí: que me dais dinero;
esto no: que me dais información.
Decidme, ¿qué es el poder?
En 5 kilómetros a la redonda
no hay ningún otro mendigo
salvo yo; las aceras
que rodean el inmenso Corte Inglés
en sus cuatro fachadas
están limpias de pobres.
Sólo a mí dais limosna,
sólo yo fiscalizo las vueltas de la compra
o la moneda que no entró en el parking.
No veis que son legión
mis hijos:
xxxxxxxxxel del tirón al bolso,
el carterista, la que empuja
y la que os camela distrayendo; tantos.

Diariamente, este Corte Inglés recibe
16 millones de euros
sólo en compras en efectivo;
a mí me dais el cambio que ha sobrado
en casi todas esas transacciones.
Por lástima.
Del resto se encargan mis hijos,
son legión y no los veis.
Decidme qué es el poder.

 

EL RITUAL DE LO HABITUAL

 

A finales de 2010, Cristina Morano volvía a sacar uno de esos libros que todos hubiéramos querido escribir, un libro que lleva por título ‘El ritual de lo habitual’, que publicó la madrileña editorial amargord y que tuve el orgullo de prologar.

Este es un libro atravesado por el concepto de ‘obediencia’, por el ritual entendido como costumbre y por el problema de la definición del concepto de ‘poder’. Un libro del que pueden encontrar numerosas reseñas en la web: como la de Alberto García-Teresa en ‘Culturamas’, o esta otra de María Solís también en ‘Culturamas’; o esta entrevista en el periódico ‘La Verdad’, o la entrevista para el podcast de ‘Letras en vena’.

 

El libro en cuestión se presentó en Madrid el 28 de febrero de 2011 en ‘La casa del libro’ en Madrid y lo presentó José Ángel Barrueco, y si se preguntan qué dijo el presentador aquí lo tienen:

“En El arte de agarrarse, el anterior libro de Cristina Morano, a mi entender una poeta con mayúsculas, leemos estos dos versos en el arranque de un poema:

Vengo a la herida,
la describo.

Y eso es, precisamente, lo que ha vuelto a hacer la autora en este libro, El ritual de lo habitual, cuyo título se corresponde con el de un álbum de Jane’s Addiction: lo que ha hecho es acercarse a las heridas, hurgar en ellas con pericia, describirlas con maestría…

El ritual de lo habitual, aunque es un poemario, podría haber sido un libro de relatos a la manera minimalista de Raymond Carver, o una de esas películas independientes del cine norteamericano, fragmentadas en episodios, y cada uno de ellos protagonizado por un personaje distinto.

Porque en sus páginas se nos cuentan historias. Historias de mujeres. Historias de mujeres reales, famosas o inspiradas en lo que ella ha oído en las calles o visto en las noticias. Los títulos de cada poema son extensos: confieren un nombre o un apodo a cada mujer, aluden a su profesión o a su característica más destacable. Los nombres de esas mujeres contienen su importancia, porque mediante esos nombres ella las vuelve más cercanas, logra que vivan en el papel, que respiren entre líneas: Sabrina, Nieves, Ana, Maruja, Francisca…

Están, por un lado, las mujeres célebres. De ellas, Cristina jamás revela el apellido, pero nos proporciona los suficientes datos para que sepamos sus identidades. Por ejemplo: Nieves Álvarez, Elena Salgado, Sylvia Plath…

Están, por el otro, las mujeres anónimas. Las mujeres fuertes, las que luchan a diario entre sus trabajos brutales y su cargamento de hijos, facturas y responsabilidades: Emilia, Asifa, Ileana…

Si las juntamos a todas, el lector percibirá una honda preocupación por las múltiples aristas laborales en las que la mujer actual trata de sobrevivir: tenemos a la modelo, a la poeta, al ama de casa, a la recolectora de fresas, a la mendiga, a la estudiante… Un abanico de posibilidades, de vidas y de tramas, que le sirve a Cristina para ejecutar su danza alrededor de varios temas de suma importancia: el abuso de poder, la injusticia, la obediencia ciega…

Cristina Morano ha escrito poesía de la auténtica, de la que duele, con elementos y ambientes muy difíciles de capturar en un poema: la épica de los centros comerciales, la política, o esa trabajadora sometida y brutalizada…
Son ejemplares, por citar dos casos, los poemas dedicados a Maruja, una estudiante de peluquería, y a la estrella mediática Belén Esteban. Porque, en ambos retratos, Cristina nos descubre sus heridas. Observen la precisión con la que, en cuatro versos, describe a Belén Esteban:

De canija soñaba con tener una casa
en un sitio mejor y con verde;
ya estaba cansada en el sueño,
así que imagínate ahora.

O veamos el modo en que sintetiza a esa estudiante de peluquería en los siguientes versos:

¿O seguirán pasando las horas
hacia ese sábado de chandal y perros
en los centros comerciales?
A los cuarenta todavía
tenemos cara de niñas.

Resulta refrescante, además, la manera en la que Cristina introduce en los poemas citas de Allen Ginsberg o Anne Sexton, alusiones a J. G. Ballard o a Jim Carroll, letras de canciones de Burning o frases de películas.

De manera que se dan la mano la cultura popular, las vidas desgraciadas y las cuitas de las celebridades, y todo ello sin desatender ese análisis del poder y de la obediencia. Manejar tantas referencias y tantas críticas al sistema que ha tratado de subyugar a la mujer no es fácil: y, en la empresa, ella sale victoriosa.
Por eso me parece explosivo este poemario breve, fantástico, único en su especie, titulado El ritual de lo habitual.”

 

Y aquí les dejo uno de los poemas del libro.

 

09. Belén: estrella mediática, trabaja en una cadena televisiva española de ámbito nacional

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y actúa en contra, es decir, traiciona
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así que imagínate ahora.

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El país no ha contabilizado el número
de bibliotecas de las afueras,
el número de jardines botánicos,
el de parques con árboles, el de Museos
de las afueras. Yo sí.
Con esta mano,
con este dedo, corazón.

 

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