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INFIERNO SOSTENIDO

 

REPORTAJE POÉTICO

La fotografía de Dios
bien pudiera ser un primer plano de Hiroshima.
¿Quién puede contar hoy
las sílabas de cien mil muertos?

La poesía es sólo un ábum
con un montón de recortes,
al fin y al cabo todos los escritores
duermen plastificados,
incluso mis amigos,
los que están y no están,
los que posaron conmigo
y a veces reconozco.

Quizás escribo para eso,
para retener el tiempo
y no conocer nunca
el nombre de mi enemigo.

La fotografía de Dios
bien pudiera ser el primer plano de un soneto:
catorce endecasílabos,
catorce funcionarios de una penitenciaría.
Me siento incómodo en este reportaje,
inconexo, incoloro e insípido,
como el agua,
agua peligrosa para la fotografía.

Inodoro… Inodoro no,
el olor es sinónimo de poesía:
siempre me cautivaron
las flores de Baudelaire,
la aurora de Lorca
y la hierba de Whitman.

La fotografía de Dios
bien pudiera ser la mente de un esquizofrénico,
amanece y me acuesto,
arde nieve en el Polo Sur,
enciendo un cigarro con hielo,
de caminar tengo callos en la cabeza,
he encontrado un álbum para dormir,
alguien pasará la página
y recordará si mereció la pena.
El reportaje de Dios
bien pudiera ser Él mismo.

 

 

 

 

RESURRECCIÓN

Cristo ha vuelto.
Atónito observa cómo el maná
se vende por gramos en todas las esquinas
y los milagros se saldan en televisión.

¡Padre! ¿A quién has perdonado?
¿Por qué me has enviado al infierno?

Se duerme y tiene un sueño:
no existe dios.

Cristo es un hombre
en cualquier ciudad del mundo
y nadie, ni siquiera su padre,
le ofrece una cruz para salvarse.

 

 

 

 

TRINCHERAS

En todas las trincheras
hay una cicatriz abierta y desoída,
un estuche de sueños con metralla,
alguien que falta a la mesa
y que cogía el tren a menos cuarto.
Una victoria que nunca será nuestra
ni suya, porque víctimas y verdugos se confunden.
Hay un olor a desencuentro,
a futuros inciertos,
a orfanatos de ira.

En todas las trincheras
hay un silencio pegajoso,
un viento de lejos que delata
la cremallera rota de un almacén de miedos.
Hay siempre un hombre muerto
que vale más que todas las ideas.

 

 

 

 

WALL STREET

La bolsa de Nueva York
nos engaña multiplicando los inviernos
y contratando ángeles caídos
que fabrican inmensos hormigueros.
La bolsa es un enjambre furioso
de pulido parquet, estampas de Circe,
arrecifes de coral y podridas encías de niño.

La bolsa alquila la libertad
en la quebrada del Yuro,
en el último piso de cualquier rascacielos,
en alguna esquina de la India
o en un rincón de Tierra Santa.

Sus columnas de cieno y fango
soportan un millón de muertos cada año
y en sus brazos se posan los dólares
que caen fluctuantes de la billetera de Ares.

Bolsa de Nueva York,
depósito de sangre y huesos,
donde los hombres Versace juegan a ser dioses.

 

 

 

Santos Payán, Óscar. Infierno sostenido. Almería; El Gaviero Ediciones, 2006.

 

EL CICLO DE HIPERMURIEL

 

LA CAJERA MURIEL

estoy pensando en la cajera sedente
ella es lo verdadero de la sincronía del mundo
con su rayo láser ávido de códigos
me murmura complacida las ofertas
y cómo suma los dígitos arrastrando
entre lo dócil y el hastío
el tesoro precioso de mi dulce integral
a través de la máquina que le computa
el precio exacto de toda mi tarde
dice tres
y nunca nunca fue este número más mágico
la cajera extraordinaria teclea el sumatorio
de la monotonía y dice tres
y mira entonces justo antes de que se produzca
el cotidiano milagro de que mi dulce integral
sea mío para siempre
de repente ella mira otra tarde
sale de lo mío a lo del otro
le susurra las mismas ofertas
le marca el tetrabrik con el ojo de su láser
abriendo en fin el cajón místico del hiper
con un movimiento suyo de mercado
los billetes ordenados repiten la cara de ella sin gestos
y me voy por esas puertas
que se abren sólo con el aura
dejándola mientras su láser que suena
va marcando otra tarde

 

 

 

 

LA REPONEDORA MURIEL

sólo tú haces de un día vacío todo el día
eres el demiurgo sencillo de un universo diminuto
arrastrando en el círculo sexto sección láctea
todo el palé de la tristeza
repones el ansia con el ansia
y el tiempo con el tiempo
sólo tú tienes la contradicción misma
de los dioses
te vanaglorias de un orden
que será siempre destrozado
y al levantarte con el cuerpo tan antiguo
miras los pasillos inexactos
sección deseo llena de realidad
sección verdad llena de historia
a una simple voz tuya todas las bandejas dicen carne
los mostradores revelan la verdad subconsciente de sus 10ºC
se alinean las hileras
surgen anaqueles rebosantes de todo lo que pueda desearse
sólo tú tienes como todas las mañanas
tres horas justas para crear un día

 

 

 

 

LA CARNICERA MURIEL

entre las vísceras y los tendones de la carne
me rompes la cadena de frío
me aplicas a los ojos hinchados
la sanación de tu ternera de primera
respiro sólo si me dejas
con las costillas puestas en tu bandeja terrible
haces de mis entrañas la más fina casquería
y buscarte
buscarte
entre las piezas retiradas del mercado
en ese contenedor de recortes y de restos
que conforman tu yo hecho pedazos
pero en el que adivino exquisito
el cadáver de tus ojos
la línea desigual de tu cuchillo
y el golpe seco de un tórax recién abierto

 

 

 

 

LA CHARCUTERA MURIEL

yo te cedí mi ansia vital
pero tú la pasaste por el cortador en el que los clientes
quieren el pavo muy fino
no hubo gestos ni palabras
sé que sabes detectar la muerte
porque eres experta en el fiambre
experta en desnudar la pieza hasta el final
para luego seccionarla
eso mismo hiciste con tus manos fragmentadas
las líneas de la vida como tiras de salami
hacia ninguna parte
nunca un queso fue tan blanco
ni una pieza fue tan digna
como cuando la pesabas tú
en tu balanza egipcia hacia el más allá
sabías el peso exacto de las cosas
con tan sólo mirarlas
pero justo cuando el turno se hizo mi número
tu hora ya había llegado
no miraste
pero mi corazón embutido ya estaba en el vaso
donde te dejaste el alma

 

 

 

 

LA ENCARGADA MURIEL

con el gesto decidido pones cara de importancia
sabes que eres un atlas con un mundo hecho de equívocos
tu trabajo es contentar a los que compran
cambiar los precios hacerte oferta
en la punta de la pirámide de tu sistema
tan templo palacial eres la sacerdotisa
adivinas qué se esconde tras los dioses
con tu nombre destellándote en el pecho
alguien te llama en off desde la altura
voz impersonal que sólo tienen
las encargadas tristes de la megafonía
tu cara se adivina religiosa
llegas al departamento nivel alto
a la capilla sixtina del consumo
el dios acerca su índice euribor
a tu índice machacado por todos los trabajos del mundo
te toca con su verdad y los precios tiemblan
el suavizante marca tan blanca
sube cincuenta
tu pistola que dispara los precios se carga de nuevo
con una tinta más nueva que nunca
sobre el pecho indefenso de las botellas

 

 

 

 

LA PESCADERA MURIEL

vives del hielo para conservar lo que muere fácilmente
en tus manos se deshacen las espinas dorsales del mundo
me sacaste del océano
capté el anzuelo de la muerte
comí el gusano que me diste
en el cubo en el que iba sedal al cuello
tan invertebrada por tu mano
otros gemían en estertores finales
golpeaban con todas las aletas
pensaban en sangre sólo en sangre
nos pusieron en el hielo mostrando abiertamente
el espectáculo subacuático del desastre
pasamos a ser ya muertos los tan perecederos
y con esa misma mano que cortó la cabeza
y que arrastró nuestra espina tan frágil
ofrecías gentilmente la terrible mercancía
porque la muerte reciente es para ti
una garantía de la máxima frescura

 

 

 

 

LA PANADERA MURIEL

sólo discutimos el precio de la barra
—una baguette es como el alma —dijiste
se despedaza por la mitad con sólo mirarla
por eso siempre es mejor integral
—¿el alma? —dije yo
—la baguette —dijo ella
su cara llevaba toda la temperatura del horno
el delantal reflectaba el blanco todavía no inventado
en ninguna cosa blanca
a la temperatura justa en la que se hacen las palmeras
yo ya pedía los trozos que ella dejaba
para internar en su bosque a todos mis pulgarcitos
pero cuando llegaba a la casa de lo eternamente dulce
chilló el horno sus trescientos grados
de repente
yo era un cruasán recién nacido
levantado sólo por su propia levadura
tranquilamente me tapé de azúcar glaseada
y olvidé que un día para hacerme
me pusiste en bandeja
los trescientos grados de tu tristeza

 

 

 

Eloy-García, María. Cuánto dura cuanto. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

CUÁNTO DURA CUANTO

 

DE CUANDO DESCUBRÍ QUE LA VECINA DEL TERCERO B ES LA FILOSOFÍA

hoy me he levantado tan preclara
tan nítida en la posible arborescencia de los días completos
tan exacta en la permutación que de doscientas cosas me pasen
tan ciega de mundo tan sutil
tan abismo en la sima
tan horizontal en la cama
tan vertical en todo lo que haré vertical
tan agotada de haberlo visto todo
que puedo decir sin mucho esfuerzo
que llegué a entender por fin a la vecina del tercero B
cuando todas las mañanas dice
con ese tono de primer alumno de la escuela de platón

—aquí estamos, tendiendo

y pensé xxxxxx
tendiendo todos con nuestro propio peso
dejando que las cosas sean
entonces
ella cerró su ventana que chirría como una negación
y yo me dispuse a ser de nuevo tiempo
cerré también mi ventana
y nada nuevo sucedió en el interior

 

 

 

 

EL BIEN INMUEBLE

la nostalgia vive en el sexto piso
tira un papel por la ventana
y por un segundo
se confunde con el vuelo migratorio
de un pájaro que quiere aparearse
la mierda que lanza desde su arriba
cae sobre la raya en medio
de un preso en libertad condicional
que no recuerda cómo se iba a su casa
aquí el niño que lo ve todo
crea en ese momento en la parte izquierda del cerebro
un comienzo de neura
que asociará a la placidez veinte años más tarde
la bondad vive en el tercero
tiene una casa confortable pero incómoda
el odio tiene siempre un perro en la puerta del cuarto
pero la decoración de su casa es impecable
la timidez que vive en el quinto
ve por la mirilla de su puerta blindada
la cabeza distorsionada de un gordo que es el mundo
en el noveno vive la veneración
la soltera que comparte piso con la envidia
el del octavo que es el tiempo
se quedó justamente encerrado en el ascensor
aquel día que viniste a mi casa
y yo soy ese edificio
pero nunca subo al décimo
la casa de la perfección que es una déspota
suelo sin embargo quedarme en el primero
del que nunca sé salir
allí vive el hastío que nunca pagó la comunidad
la memoria
que vive en el segundo
tiene el síndrome de diógenes
todo lo que sube a su casa
es digno de ser guardado
cualquier tontería tiene la dignidad de un tesoro
pero nunca recuerda al que se olvidó de ella
ese día subiré al séptimo
porque es justo allí donde habita el olvido

 

 

 

 

LA PELUQUERA

en la peluquería se desentraña el cardado de la soledad
el pasador de la tristeza sujeta
con los bigudíes del olvido
la permanente rizada del tiempo
entonces las peluquera que no pudo cepillarse
al encargado de la pequeña empresa de su vida
y que bajó en la próxima parada
pasa como de puntillas por el escaparate abierto
de productos suavizantes
el tiempo deviene devenga intereses al olvido
bajo el secador de pie la señora
rebaja las canas a la muerte
una abogada penalista con las puntas abiertas
diluye la pena
en el tinte caoba que le trae diligente
la mano imperfecta de la manicura
pienso en la tibia tristeza de cada día
mientras el peluquero desliza las tijeras abiertas
por la nuca rasurada de la nostalgia
respondo a la pregunta fotocopiada de mi deseo
dije lavar cortar y marcar
pero podía haber dicho
estar mirar y acabar

 

 

 

 

LA RANURA

las ranuras existen para que podamos inventar
el todo por la parte
en cada ranura hay un intento de compensar el universo
de habitar como minúsculo paraíso
lo que hubiéramos querido que fuesen
los inmensos puntos cardinales
me gusta lo que hay entre el norte y el sur
pueden ser kilómetros o milímetros
es como si yo dijese que vivo en el sur del sur
y mis cosas están orientadas al norte
y miro al oeste y cada cosa que hago es una línea
y miro una distancia y calculo una capacidad
y estoy compuesta de una serie infinita
de microorganismos que se reorganizan
en el espacio que les doy para ser
las ranuras
son la metáfora del resto del paisaje
su insinuación
y mi primera idea de cómo son las cosas
tras la ranura no hay nada verdadero
porque lo completo es un engaño
y las verdades no son una usted los puntos numerados
para hallar la figura del siguiente dibujo
la verdad es que el dibujo es
invéntelo

 

 

 

Eloy-García, María. Cuánto dura cuanto. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

EL DESTINO

 

Durante siglos los hombres y los dioses fueron representados con una ausencia total de expresión, como si el trasvase de la carne o la energía hacia la dura piedra no pudiera contemplar la inclusión de emociones o gestos propios de la materia viva. Esto pasó en Egipto o en la Alta Edad Media, por ejemplo. Las formas se geometrizan y se busca una pátina de hielo que induzca a la veneración y al terror, a la certeza de que no vemos un objeto animado sino un receptáculo de piedra para una idea que transita fuera. Más allá de nuestro horizonte. Esa expresión vacía de expresión recibe el nombre de hieratismo. El hombre o dios representado es al mismo tiempo todos los hombres o todos los dioses. Imposible penetrar en sus adentros: su rostro es un muro infranqueable. De igual modo ese muro dimana hacia el exterior, quien mira uno de estos rostros hieráticos en busca de signos de lo humano, de un camino hacia lo vivo, acaba perdiéndose en un laberinto helado.
xxxUn paso intermedio entre la carne viva y la matemática. La cabeza del apóstol en la talla bizantina. El rictus del jugador de póquer durante la mano decisiva.
xxxExactamente. El jugador de póquer tiende a abolir su condición de carne y busca volverse abstracto, geométrico. Cualquier señal que denote sus emociones puede ser fatal para sus intereses en la partida. La cara de póquer actúa bajo el mismo mecanismo que los rostros esculpidos babilónicos, busca construir un muro que oculte el interior y que provoque desconcierto laberíntico en el que observa. Por eso el buen jugador de póquer anhela la hibridación de su carne con la pura matemática. Ganar o perder depende en gran medida de lo alto y profundo que sea ese muro. De lo perfectos que sean los ángulos y las líneas. Entendemos entonces que el mejor jugador es aquel cuyo cuerpo más se acerca a un maniquí construido a base de módulos poligonales: su cabeza es una esfera, sus brazos varios cilindros articulados, su torso una pirámide truncada, etc. Como los jugadores de cartas que pintó Cezanne, pero vivos.
xxxPodríamos decir que el rostro del jugador es un reflejo de la naturaleza misma del juego. Es de carne, con todas las limitaciones humanas que ello conlleva, pero al mismo tiempo tiende irremisiblemente a la cifra abstracta. Oscuro polinomio que respira. El jugador, como el póquer en sí, se debate constantemente en el umbral entra lo incontrolable y lo exacto. El azar y la estadística. El vaivén emocional y la máscara de piedra.
xxxObservemos una partida. La mesa es un óvalo, los naipes son pequeños rectángulos y las fichas circulares están marcadas con números múltiplos de diez. Los jugadores son de carne, seis cabezas, doce manos, sesenta dedos. Un crupier, dos manos, diez dedos, cincuenta y dos cartas. Si entornamos los ojos no podremos distinguir un rostro de otro. Lo humano apenas insinuado, como una máscara bajo la máscara. A esa inmutabilidad se le llama disciplina: que ni tu expresión ni tus movimientos delaten tu jugada.
xxxEl crupier es un autómata, un médium. Poco menos que una sombra o un susurro. Reparte dos cartas a cada uno tras haber quemado la primera del montón. Quemar: ceniza sin retorno: arden los vasos sanguíneos que alimentan el ojo que mira las dos cartas en la mano. Procesa y calcula. Observa y espera. Apuestan. Cien. Doscientos. Sube. Iguala. Abandona. Estás en el reino de las estatuas, el blanco nuclear de los naipes es el blanco del mármol que cbre tu rostro.
xxxTus cartas: K♥ y 10♥.
xxxLas leyes de la probabilidad auguran muchas opciones de ganar. Pareja, trío, póquer, doble pareja y ful bastante altos. Proyecto de escalera. Proyecto de color. Doblas tu apuesta y esperas reacciones. Tres abandonan, dos igualan sin inmutarse. Lees en sus gestos un laberinto confuso de hielo. No han dudado ni un instante. Procesas: por lógica los tres que se han tirado no deben poseer ninguna figura, como mucho una J. Aumentan tus posibilidades. El crupier recoge las fichas, quema otra carta y muestra tres cartas boca arriba.
xxxThe flop: 7♥ 7♦ 4♥
xxxEl primer jugador pasa. El segundo eleva tu apuesta anterior cinco veces. Va fuerte. Quiere intimidar. Dos posibles lecturas: va de farol y quiere que todos abandonen ante tal agresividad, o bien, lleva uno o dos 7, pareja de 4 o una pareja alta y quiere que alguien muerda el anzuelo para arrancarle una buena suma. Es nuestro turno. No llevamos nada. Sólo humo, pilares de agua para un futuro castillo de nieve. Nada. La matemática ahora empieza a servir de poco, la carne va agrietando el velo de escarcha que la cubría. La duda corroe desde la punta de los dedos hasta el centro del cerebro. Nada de esto debe transparentarse, si antes se tardó diez segundos en subir la apuesta ese es el tiempo que se tiene para actuar. El pensamiento es una dinamo enloquecida. Por dentro. Fuera debemos seguir siendo una figura de Cezanne, un faraón de alabastro. Decidimos comprobar hasta dónde nuestro rival puede llevar su supuesto farol. Doblamos su apuesta. El tercero en discordia abandona abrumado por nuestra escalada febril. Quedamos dos. Ahora el nudo gordiano se estrecha en el corazón del otro. Las mismas dudas y ansiedades que antes nos atenazaban son ahora el ejército que puebla su cuerpo. Sin embargo: disciplina, ni un gesto trasluce su lucha. Decide igualar la apuesta. Disciplina: que no note que nuestra jugada era un farol. Hieratismo. El crupier recoge las fichas. Quema otra. Muestra una nueva carta boca arriba.
xxxThe turn: A♠.
xxxSeguimos sin tener nada. El As añade más incertidumbre y posibilidades de perder. Esperamos el movimiento del contrario. Un par de suaves golpes con la palma de su mano sobre el tapete. El As lo ha amedrentado, seguramente contempla la posibilidad de que tú hayas ido subiendo las apuestas con una pareja de ases que sería difícil de batir. Él debe tener alguna combinación ganadora con las cartas del flop. Estamos perdidos. Sólo nos queda encomendarnos a la lotería, al puro azar de la última carta en juego. Nuestro destino está en las manos del crupier. Pasamos. Enfermo terminal, moribundo, cadáver. Nos agarramos con fuerza a ese mínimo aliento que nos regalan. El crupier quema una carta y coloca boca arriba la última y definitiva.
xxxThe river: J♥.
xxxLa fortuna sonríe en tu espejo con sus dientes de oro. Color a la K. Pocas jugadas mejores. La disciplina te obliga a que no note tu alivio. Estatua griega arcaica, casi un ídolo cicládico, así debes ser. Su turno. Apuesta un triple. Ni mucho ni poco, como una leve tentación. Esa apuesta no dice nada. De repente un brillo desconocido en sus ojos, como una grieta en la porcelana. Algo hay. Tienes diez segundos para descifrarlo. Nueve. Ocho. Nuestra jugada es brillante e inesperada, casi nadie habría aguantado un proyecto de color hasta la última carta, subiendo tanto la apuesta. Siete. Seis. Pareja alta pierde. Doble pareja pierde. Trío pierde. Cinco. Cuatro. Ful gana. Póquer gana. Tres. Subamos la apuesta hasta el límite y que la cuerda de su jugada se rompa de tanta tensión. Llevémoslo a la frontera donde el hielo se derrite ante el miedo. Dos. uno. Apuesto todo. Doble o nada. Pronuncias esas palabras y entonces es cuando consigues traducir el brillo extraño de su mirada. Has caído en la trampa. Eres una estatua rota.
xxxSus cartas: 7♣ y 7♠.
xxxPóquer de 7. Tu cuenta a cero. El azar y la matemática, las leyes de la carne. Has sido derrotado en todos los ámbitos. Kurós griego mutilado, bajo la arena del desierto. Algo así, bajo la rígida máscara del dios no había nada, sólo humo, proyectos de lodo bajo la lluvia. Las leyes divinas son papel mojado. Nada. La ley no escrita de la sangre acaba definiendo el lugar que ocupa nuestro cuerpo en el espacio. Lo dijo Mallarmé: una tirada de dados nunca abolirá el azar.

 

 

 

Quinto, Raúl. Idioteca. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

‘IDIOTECA’, DE RAÚL QUINTO

Le tenía muchas ganas a este libro de Raúl Quinto. Recuerdo hace unos años una visita a casa del escritor Javier Moreno y lo enganchado que me decía que estaba al libro, que era magnífico. Así que en cuanto he tenido la oportunidad, esta ‘Idioteca’ ha entrado a formar parte de mi biblioteca.

Y lo primero que se agradece del libro es que uno tenga que masticar mentalmente todos y cada uno de los textos, lejos de esos libros facilones y simplistas que llenan las librerías. Es magnífico ver cómo Raúl Quinto va uniendo ideas y la mayoría de las veces acaba noqueándote con los finales.

 

 

El libro se abre con un prólogo de Alberto Santamaría que, bajo el título de ‘Fantasmas idiotas -doce maneras de decir idioteca-‘, abre algunas puertas por las que asomarse al libro. Aquí dejo cinco de ellas:

“SIETE. Imágenes y lenguaje. Imágenes, lenguaje y su forma de establecer un vínculo con la realidad, con el “original”. Pero, ¿dónde está el original? ¿Importa tanto lo real? La écfrasis. El modo de relatar una imagen que se perdió en el tiempo, una imagen que sólo existe como lenguaje. De eso también nos habla Raúl Quinto. Nos recuerda el intento de El Greco de hacer una copia de un original perdido de Antífilo, para acto seguido volver a plantear el tema: ¿son un lenguaje las imágenes? ¿Y la representación? Es simple y maravilloso el modo de Raúl Quinto de atacar el tema: un limón. Sólo le hace falta un limón. Un simple limón puede introducirnos en las entrañas de la representación. Me explico. Itten les da a probar el limón a sus alumnos y ahora les pide otro ejercicio de representación desde la nueva perspectiva adquirida. […] Lo que pintan ahora es la vastedad del campo a través, lo desaprendido.

OCHO. Esta Idioteca es una suerte de recorrido por el presente. Pero todo presente es móvil, variable, un terreno movedizo. Ya no se trata simplemente del ansia culturalista de mezclar alta y baja cultura sino de algo más complejo: contemplar las imágenes de nuestro mundo todas situadas en un mismo plano —más allá de la historia, más allá de academicismos— para establecer un orden dentro de un plano de tiempos sin orden. La historia del arte como ficción. Ése es otro regalo que incluye este libro. Imágenes que se independizan de su historia. Esta Idioteca podría tener algo del Baudelaire pintor de la vida moderna, tal vez, pero va más allá de un espacio temporal. La imagen de Eleusis junto a la atmósfera psicotrópica de Timothy Leary lo dice todo. Ahora el chamán es el camello que abastece la fiesta rave, nos dice.

DIEZ. Queremos volver a la realidad, grita uno de los fantasmas creados por Raúl Quinto. Lo pregunta, lo exige, pero de antemano sabemos que de la realidad sólo tenemos el imaginario que hemos creado a su alrededor como una gruesa capa de grasa. En realidad todo retorno no sería más que un volver sobre sí mismo y sobre sus imágenes y eso es, claro, una Idioteca. Idiôtés significa simple, incapaz de ser más de lo que es, incapaz de ser otro. Por eso decimos que la realidad es idiota, porque no es más que lo que fenoménicamente es y aparece. Por ello necesitamos unas Idioteca, un espacio donde las imágenes desdoblen libremente la estupidez de lo real. Por eso necesitamos el arte y todo el imaginario literario y visual que nos rodea y que nos ha rodeado a lo largo de los siglos. Los habitantes de las cuevas de Altamira, por ejemplo, pintaron bisontes porque necesitaban recrearse con algo más que con el simple objeto real (y estúpido) al que trataban de dar caza, su objeto de deseo. O tal vez no.

ONCE. Introducirse en esta Idioteca, que ahora tiene el lector en sus manos, es como entrar en un viaje alucinado, en una fascinante conjunción de tiempos, en un museo sin paredes, en una furgoneta llena de pasado y presente, en un cine donde el Coyote protagoniza junto Brueghel una película gore, en donde alguien manda un mensaje en una botella, en donde Newton y William Blake son apariciones perfectamente trenzadas sobre un estadio de fútbol, en donde Nick Cave espera en alguna frontera, en donde Fuseli dibuja su pesadilla sobre la camilla en la que una mujer intenta dormir rodeada de electrodos, en donde… Podría leerse de múltiples formas este libro, y regresarse una y otra vez a él como quien regresa a un museo para ver de nuevo el mismo cuadro, aquel que ha visto tantas veces, y darse cuenta de que nunca es el mismo, o como el que ve de nuevo una vieja película —esa que ha visto ya varias veces—, pero ante la cual siempre tiene la sensación de estar viendo otra cosa. Y sin embargo, no muta el objeto —el mismo siempre: el cuadro, la película, la imagen—, sino el relato que nosotros creamos y en el cual nosotros nos miramos. Esto es la Idioteca: un relato entendido como una forma de mirar y habitar las imágenes.

DOCE. No lo duden. Entren en este museo. Habítenlo. Rasguen sus paredes. Recórranlo. Nada hay en él que nos deje indiferentes. Pero no lo olviden: nadie sale ileso de su propia Idioteca.”

 

Y aquí tienen algunos de los textos que forman parte de esta Idioteca de Raúl Quinto.

 

 

04. ARENA Y DISTORSIÓN

Uno. Goya es sin lugar a dudas uno de los pintores clave en el desarrollo de la plástica occidental. Su obra trascurre, como un pequeño universo, por los diferentes estilos y épocas que le tocó vivir o inventar; desde sus tapices de barroco helado a las primeras formas del romanticismo. Pintor extraño, anticipó más que convenció, e igual que los cañonazos de los ejércitos napoleónicos despertaron a Europa a una nueva época, con él se inicia de manera traumática lo que conocemos como arte moderno. No deja de sorprender que, efectivamente, ya esté en Goya todo lo que vendrá después, todo el arte moderno.
xxxLo vemos en sus pinturas negras, tal vez la serie más paradigmática de cuantas realizara, la más moderna, la más oculta también. De entre todas esas paredes pintadas me quedo con un rincón, otro pequeño universo donde está todo Goya, y donde seguramente estamos todos nosotros: Perro ahogándose en la arena. En esta obra ya está Turner, la paleta de Paul Klee, el Colour Field Painting de los años 50. La pintura más radical de todo el siglo XIX se gestó en sus albores, a solas, en la oscuridad de la Quinta del Sordo. Un campo de color, absoluto, y en un ángulo, casi desapareciendo, la cabeza de un perro, la arena que es el símbolo de lo temporal, de la furia del desierto que a todos nos persigue, intenta ahogar al animal que apenas respira. Escojo unas palabras: angustia, desesperación. El absoluto intenta acabar con la individualidad, las fuerzas de la naturaleza o de la mente intentan arrasar la finitud de un cuerpo. En esa pintura está todo el hombre moderno.
xxxEl perro y la arena, de noche, iluminados por la inestable luz de un candil acometerían una danza terrible. Pienso en Goya preso de su sordera observando el movimiento de la luz sobre esta pintura, por momentos parece que el perro se hunde más, que la arena desborda su marco. Es la danza del desespero. En la cabeza de Goya retumba el sonido de la arena cayendo, alimentándose.
xxxDos. Sonic Youth aparece en Nueva York a principios de los años 80, al amparo de lo que se llamó NoWave, corriente que desde postulados netamente punk y experimentales buscaba oponerse a la llamada Nueva Ola. Era un movimiento pseudoartístico, sin concesiones al aspecto comercial de la industria. Sonic Youth explotaron sin complejos las posibilidades del ruido como módulo constructor de música; en ese sentido no sólo desarrollan la herencia punk o las semillas de terciopelo del grupo de Lou Reed, sino que se abastecen de los hallazgos de la música concreta y del arte conceptual, de John Cage a algunas de las obras del Nuevo Realismo, pudiéndonos remontar incluso a las vanguardias clásicas y las óperas del ruido compuestas por el futurista Luigi Russollo.
xxxSonic Youth recoge una cosecha extrema y le da forma, adaptándola, a media que avanza su discografía, a patrones más reconocibles de la música rock. Al mismo tiempo anticipa el sonido que durante la década de los 90 definirá gran parte de la mal llamada música indie. No podemos entender a superventas como Radiohead o Nirvana si antes Sonic Youth no hubiera actuado como quitanieves.
xxxEvol es el título de su tercer disco, love escrito al revés, homofonías con la palabra maldad, y entre sus cortes una canción: shadow of a doubt. Propongo escucharla sin atender al significado real de su letra, como solo sonido, como puro acontecimiento, sin otro referente que el que se genere en el momento exacto de su escucha.
xxxTres. Existe una posibilidad remota, imposible, a la que me aferro con todas mis fuerzas: mientras Goya pinta su perro en la arena lo que escucha en su cabeza es shadow of a doubt, de hecho lo que hace Goya con su pintura es glosar la canción de Sonic Youth.
xxxEl tiempo no es un impedimento. Si el tiempo es curvo, si pueden existir los agujeros de gusano, por qué no va a atravesar una aguja, como quien cose una tela doblada, dos instantes creativos similares aunque separados por casi doscientos años. Las dos obras son lo mismo, una está hecha a base de color, la otra a base de sonido, las dos son formas de la desesperación. Goya y Sonic Youth son intercambiables, al menos durante un instante. Si radiografiamos la arena que ahoga al perro escuchamos el punteo monótono de Lee Ranaldo, si nos dejamos arrastrar por la cadencia de la voz de Kim Gordon vemos la mirada abismal del perro.
xxxPropongo un experimento: sentarse en el Museo del Prado frente a la pintura de Goya durante todo el horario que la pinacoteca permanezca abierta, mirarla fijamente, mientras en unos auriculares escuchamos como un bucle interminable la canción de Sonic Youth. El resultado no es previsible: puede que nos convirtamos en el perro, o tal vez en la arena.
xxxEl efecto inmediato es la desaparición de todo lo que no sea pintura y sonido. De esta manera es imposible percibir ciertos cambios, pero éstos suceden. Sucede, por ejemplo, que las agujas de nuestro reloj comienzan a girar hacia atrás, a la velocidad del vértigo; y que el tiempo, por un instante, deja de existir, como si se hubieran descosido sus costuras. Al final de la experiencia, podemos intuir que la sombra que el sujeto proyecte sobre la pintura al levantarse será, literalmente, la sombra de una duda.

 

 

 

 

10. EL COYOTE

Niños catódicos, oídme. Lo que ahora contempláis no sería sin un pasado. Anotad los nombres de Tex Avery y de Chuck Jones. Quiero hablaros de su revolución, de la última frontera, de un arte que llegó más allá de Dadá o del Surrealismo, de una realidad que dinamitó las convenciones físicas y mentales de nuestro pequeño mundo. No es Einstein, ni es Lacan. Son los dibujos animados. Un par de brochazos de pintura negra que en un muro generaban un túnel del que salían trenes y autobuses, un cuerpo que podía caer al vacío mientras sus dos globos oculares permanecían un instante flotando en el aire. De todo eso se trata.
xxxDe Tex Avery, el verdadero padre de toda esta locura. Tex Avery, que tenía un solo ojo, como Odín o las tres Parcas, porque un día un clip metálico salió volando inexplicablemente hasta dejarlo tuerto. Tex Avery, que creó dioses de la calamidad y el caos desde un estudio devorado por las termitas. Porky el cerdo, Lucas el pato, Bugs Bunny el conejo. Las nuevas formas físicas, la arbitrariedad e intermitencia de la ley de la gravedad, las múltiples formas de tortura reversible, los gags y la lógica desquiciada de este universo cromático e infinito. Tex Avery al que la Warner Bros no tardó en poner de patitas en la calle.
xxxPero dejó su mala semilla en esos estudios, en Chuck Jones, sin ir más lejos.
xxxImaginaos a este dibujante que venía del estilizado infantilismo de Disney, qué tuvo que sucederle para que de su pincel naciera la más brutal cacería simbólica de la Historia de la creación. En 1949, cuando Mao tomó el poder en China, mientras se iba desperezando la guerra Fría, Chuck Jones dio vida al Coyote y al Correcaminos. Ese es su legado. Los arquetipos universales de la eterna persecución, de los deseos que se escapan irremisiblemente, de la piedra de Sísifo que nos aplasta una y otra vez cuando estamos a punto de rozar nuestro sueño.
xxxEl inmenso océano bajo la línea esquemática del horizonte. La profundidad insondable bajo lo bidimensional del logotipo. Dos símbolos.
xxxUno. El Correcaminos, animal mitológico inspirado en el Geococcyx californianus, cuya velocidad es proverbial. No hay mayor aceleración posible. Su inercia desafía el continuo espacio-tiempo. El movimiento hiperbólico de sus patas las vuelve invisibles, incluso puede que dejen de existir en este plano durante la carrera. Un reto para el ojo. Una estela de polvo, como la cola de un cometa, es la única señal de su paso. Corre y corre, quién sabe hacia dónde. No habla, nadie dice nada en ese planeta, tan sólo hace bip bip, como un teléfono móvil al recibir un sms, como un viejo Chrysler apartando el ganado de la carretera. Bip bip quiere decir que se acerca, que viene, que pronto nos habrá dejado atrás. Una velocidad no cuantificable en términos newtonianos, algo más parecido al descenso de las estrellas o al parpadeo irresistible de los dioses. Eso es el Correcaminos, lo inalcanzable, lo sumamente fugaz.
xxxAunque no sería nada sin el Coyote.
xxxDos. De nombre Wyle, animal basado en el Canis latrans, es decir, perro que ladra, perro que aúlla en el desierto americano. Animal tótem para los indios navajo, prohibido lastimarlo so pena de maldición. Pero Chuck Jones no era navajo ni su coyote un espíritu tribal. El Coyote es un siervo del hambre, un esclavo encadenado a la obsesión. como el capitán Ahab, y el Correcaminos es su ballena blanca. Wyle E. Coyote. Hambre y tecnología punta. El cánido de la era post-industrial, de la era de la venta por catálogo, de la teletienda e Internet. El perro que anticipó en 1949 el perro que somos hoy. Mirad, niños y niñas, el Coyote se sirve de los avances de la ciencia práctica para cazar a su presa, pero la ciencia siempre acaba volviéndose contra él. La quimera no debe ser alcanzada y los medios para llegar a ella siempre serán medios para la propia destrucción. Eso fue así con Prometeo, y con Fausto, y con el doctor Frankenstein. El Coyote es sólo uno más. ACME es el fuego, la criatura monstruosa que se pierde en los desiertos polares. ¿Me seguís? El Correcaminos no es sin el Coyote y el Coyote no es sin ACME.
xxxEl Coyote y ACME son también las dos caras de la pesadilla americana, lo que va del exterminio indio a los satélites de la NASA. Eso lo leyó perfectamente Joseph Beuys, un artista alemán con sombrero y chaleco, que en 1974 se encerró tres días en los sótanos del World Trade Center de Nueva York con un coyote. Un Canis latrans. Un perro que ladra en las entrañas del capitalismo. Veintisiete años y cinco meses antes de que dos aviones echaran abajo los cimientos de la edad contemporánea, digno de un corto de Tex Avery. En fin. Niños y niñas. ACME fabrica corazones, cucharas, pequeñas bombas teledirigidas; pero ACME no concede forma a los deseos. Mirad al viejo Wyle E. Coyote desenvolviendo el último paquete que la compañía ha dejado en su buzón, extiende el manual de instrucciones como si fuera el mapa de un tesoro, cada pieza en su sitio, tornillos, muelles, engranajes, un mecano asesino para congelar el tiempo. Un antídoto contra lo sobrenatural. Ahí lo tenéis. Oímos el bip bip. Se acerca lo imposible. El coyote de Paulov comienza a salivar, a entornar los ojos anticipando el dolor que vendrá. Porque el dolor viene siempre. El fracaso y la esperanza. La humillación. Siempre, un episodio tras otro. Hasta el fin de los días.

 

 

 

 

14. LA ÚLTIMA CENA

Hasta las narices del arte abstracto, defecamos sobre su lírica endiablada. Hasta las narices también del arte figurativo, nido de estalinistas y pequeño burgueses pagados de sí mismos. Queremos volver a la realidad. Dilapidar herencias. A principios de siglo hubo un terremoto y la ciudad del arte se hundió, todo roto, escombro y polvo; para salir de la ruina entre la mano blanca de Malevitch y la mano sucia de Duchamp nosotros preferimos la sucia. Entre el absurdo dadá y el hiperpensamiento preferimos lo primero. Pero ojo, tenemos la cabeza sobre los hombros, hemos vivido dos posguerras, visto el crecimiento de la serpiente capitalista, contado las monedas. Hemos sido la ciudad. Entonces lo nuestro es un ejercicio espiritual de reciclaje urbano, las sombras de la industria, los ecos de la publicidad, la ciudad y sus sonidos son la materia real sobre la que actuamos. Hartos de abstracciones y representaciones estúpidas de lo real. Queremos la realidad.
xxx27 de octubre de 1960. Algo así pudo haber dicho Pierre Restany, crítico y principal teórico del Nuevo Realismo.
xxxPasamos lista y ahí están todos: Christo, que pasó de empaquetar maniquíes a hacer lo propio con el Reichstag alemán, con playas vírgenes de Australia. Más grande, más monedas. Jacques Villeglé y Mimmo Rotella, rasgando, pegando, mezclando, las imágenes de los carteles de cine y la publicidad callejera. César, que lo comprimía todo, como la chatarra en los desguaces, cubos irregulares de algo que en tiempos fue útil, una lavadora, un bote de aceite para coches, esas cosas. Pura realidad comprimida. Arman, acumulando basura y ensamblándola en pequeñas piezas, los restos, los ecos de la ciudad, dijimos, como Gerard Deschamps, fanatizado por los tejidos industriales, ropas, sábanas, toldos para tiendas de campaña, todo ensamblado, pintado de rosa, expuesto en composición inverosímil. Ahí está, la realidad. En los almuerzos congelados, casi totemizados, de Daniel Spoerri. En las máquinas construidas con desechos de Jean Tinqueley. Máquinas que no sirven para nada. Solamente hechas con pedazos de la realidad, funcionando, inútiles. Niké de Saint Phalle exorcizando su género. Françoise Dufrêne recitando poemas sin palabras, no hay más lenguaje que el ruido de la calle, que el corazón ebrio de las ciudades. Uno tras otro. Míralos. Menuda tropa, los nuevos realistas. Y al frente de todos Yves Klein.
xxxHagamos un paréntesis. Yves Klein lo vale. Al fin y al cabo éste era la musa del crítico Restany, o fue al revés. Ni idea. El caso es que el Nuevo Realismo nunca habría tenido la fuerza que tuvo si entre sus fundadores no hubiera estado él. Azul Klein. Ya me entienden. En sus primeros tiempos de éxito patentó un azul extremo, mezcla de un relámpago y un océano glacial. Hay gente que asegura que realmente mezcló ambas cosas en su paleta. Todo es posible, Klein era aficionado a la brujería, miembro de los herméticos rosacruces. Un día sobrevolaron el cielo de París cientos de globos de ese color inaudito. Otro día organizó una exposición en la Galería Clert con el ilustrativo título de Vacío. En la galería no había nada. Klein vendió casi toda la obra expuesta. Un éxito. Al día siguiente arrojó al Sena el oro que le habían pagado por sus fragmentos de la nada. Así era Yves Klein. Cuerpos desnudos de mujeres embadurnadas de pintura como pinceles de carne sobre el lienzo. Azul del infierno, de las entrañas de algún animal extraterrestre. El cuerpo humano y el azul Klein son la medida de todas las cosas. El cuerpo, los lanzallamas, la caligrafía del fuego. Esas cosas por las que el amigo Yves se convirtió en una estrella.
xxxDigamos que, un año después de la fundación del grupo, Klein se desmarcó de ellos. 1961. Y entonces su estrella ardió con más ímpetu, entró en supernova, luz cegadora. Tanto que en 1962 fallece de un ataque al coraón. Ha muerto el padre y la madre del arte después del arte.
xxxPero el show debe continuar.
xxxFama, focos, aplausos. Todo el mundo habla del Nuevo Realismo. Pero. La llama se va apagando. Es tan difícil mantener cohesionado a un grupo tan grande, cuando cada uno de sus miembros ya ha conseguido el objetivo de la visibilidad, de que suene más su nombre que el nombre de la tribu. Ir viéndolo. Constatar la descomposición. Entonces hay dos opciones: 1) dejarlo correr y que la degradación paulatina arrastre al olvido todo fruto del pasado. 2) matarlo con nuestras propias manos y ofrendarle un funeral como se merece.
xxxMatemos a nuestra propia criatura, y démosle al mundo un espectáculo inolvidable.
xxx1970. Diez años después. En Milán. La fiesta del fin.
xxxEstán todos los que pueden, son legión.
xxxChristo quiere empaquetarnla estatua ecuestre del rey Víctor Manuel II, pero una turba de mutilados de guerra se lo impide. De acuerdo. Si no puede ser el rey, que sea Leonardo da Vinci, ahí lo tienes, empaquetado. Cuando llega la noche un grupo neofascista le prende fuego al papel de estraza. una escultura de fuego, piensa Christo, el mejor homenaje a su amigo muerto. Arde como un espectro en mitad de la plaza. Lentamente.
xxxLa única mujer del grupo, Niké de Saint Phalle, tiene en el corazón un templo pagano, durante años ha construido agresivos ídolos de fertilidad, ahora ubica una llama en un altar, tan simple, en ausencia del dios reclamando su aliento. Un funeral es una ceremonia. Un rito. Un grito. Mimmo Rotella no puede declamar sus poemas sonoros a base de aullidos, su oración estridente y sucia, por culpa de los empujones y los insultos de los indignados milaneses. Para otro día Mimmo, la gente está cabreada. Para arreglarlo o terminar de llevar al límite al público, Arman reparte pequeñas acumulaciones entre los asistentes: basura ensamblada. Como en las comuniones o bautizos, nadie se va sin su presente. Un funeral también es una celebración.
xxxLlega el momento de los discursos. Françoise Dufrêne da un recital de poesía sonora, versos compuestos por ruido, pedorretas, susurros, gárgaras. Poesía elegíaca, coplas a la muerte del arte. Todo huele a ritual. Una bomba que estalla poco a poco. Declama el último verso. Silencio sumo. El impresionante catafalco del fondo se desmorona, y, como una chica sorpresa del interior de una tarta, emerge Vittoria, la última obra del constructor de máquinas imposibles Jean Tingueley: un gigantesco falo de oro, decorado con parras y relleno de petardos y explosivos. Que arda. Que explote. Es el último día de los nuevos realistas, el último día sobre la faz alelada de la tierra. La última noche para el arte posible.
xxxLa última cena.
xxxEn el restaurante BIFFI, sito en Filodramatici, número 2. Están todos, falta Klein. Comen, charlan, ríen, conscientes de que el acto de cenar es en sí mismo un fúnebre tributo a su arte, una obra más en su escalada hacia el cero absoluto. Pierre Restany lleva una tiara papal sobre la cabeza, es lógico, sobre su piedra se edificó la iglesia del Nuevo Realismo, él fue quien se inventó el artilugio, le dio nombre, sustancia, lo sacó a pasear por las páginas de periódicos y simposios. Su santidad Pierre Restany. No hay arte moderno sin crítica. La crítica es otro tipo de arte, arte metaconceptual tal vez. Si el arte es nada, la crítica erige estructuras, esqueletos, armazones para sostener el aire. Y entonces el aire pesa. Su santidad Pierre Restany, bendice la mesa.
xxxLa última cena, a unas manzanas de la de Leonardo. Ayer, hoy, siempre, todo mezclado.
xxxUn solo instante posa sus ojos en cada uno de los comensales. Son diez años empaquetando, acumulando, extendiendo el azul eléctrico por el universo. Diez años recitando poemas sin lenguaje, fabricando máquinas inverosímiles, pegando prendas a tablas de madera, esculpiendo vaginas monstruosas. Fijando, monumentalizando el instante cotidiano. Diez años, que son la mitad que nada. En fin. Acaba la cena. Que nadie mueva un plato. Daniel Spoerri lleva todo el funeral aguardando esto. Inmortalizar el instante. Que sea esto la gran pirámide que permanezca cuando el olvido haya arrastrado las razones de la vida. Que permanezca así. La disposición de los cubiertos, los vasos, ceniceros, migas de pan, el desorden meticuloso de la realidad, ahora es una obra de arte. La mesa exacta, los restos de comida, expuestos para siempre en galerías y museos. Haced esto en conmemoración mía. Ha muerto el Nuevo Realismo. Viva la cruda realidad.

 

 

 

 

16. LA MELODÍA

A vueltas con el tópico romántico. Ahí está. Al borde de un precipicio, un tipo asomado a un océano de niebla. Si da un paso más será devorado por el abismo. Está de espaldas a ti y a mí, de espaldas al mundo entero, viste de forma elegante y el viento de las alturas lo despeina. Míralo, lo puedes encontrar en cada libro de texto. Es el romántico que adora los desastres naturales y la pequeñez del ser humano en el naufragio helado. El hombre como materialización carnal de los sentimientos desatados. El romántico que ama la muerte, y la busca, y la besa. Un viajero ante la inmensidad de un mar de niebla. A un solo paso del abismo. Ahí está. Y si el abismo es la locura y también es la misma muerte, sus imanes; si resulta que sólo la música es comparable al sentimiento en sí, a la pasión como forma. Si todo eso es el romanticismo, entonces está claro que nuestro hombre es Robert Schumann.
xxxSchumann. Compositor alemán que ha pasado a la posteridad como uno de los padres de la crítica musical moderna, dicen que descubrió a Brahms y a Chopin. Muy bien. Abandonó una carrera mediocre como concertista para dedicarse a escribir música. Acertó. Convenimos en que es uno de los grandes. De acuerdo, Robert Schumann merece un busto en el paseo de la fama, pero también en el parnaso de los agrandes trastornos. El abismo, ya sabes. Crisis nerviosas y alucinaciones, durante años, minando su cuerpo poco a poco como el veneno de una viuda negra. Así pasó su vida: cuando la esquizofrenia amainaba surgía el genio demoledor de su talento y el universo se achicaba para cederle espacio. Construía un mundo paralelo de belleza y sudor. También se sumergía en los libros para encontrar respuestas, libros de ciencia y ocultismo que fueran capaces de decirle algo. Schumann el romántico, el loco, el espiritista.
xxxRecuerda que a mediados del siglo XIX hacían furor en los círculos burgueses de medio mundo las teorías de Allan Kardec: los espíritus se comunican y tienen cosas que enseñarnos, decía, y la música estimula el contacto. De hecho Schumann aseguraba que su música era el idioma que le permitía conversar con el más allá. Además gustaba de frecuentar las llamadas mesas parlantes, algo así como la ouija. Algo para hablar con los muertos. Al parecer un día un espíritu le marcó el primer compás para el primer movimiento de la Quinta de Beethoven, la ejecución posterior fue maravillosa. En otra ocasión estuvo charlando con su difunto colega Franz Schubert, el resto de la mesa no entendió una palabra de su jerga. Demasiados tecnicismos y chistes del oficio. Otro día pasó lo mismo con Mendelssohn. Anécdotas fantasmales para aburrir, sin duda.
xxxPero centrémonos en el final de la historia, acerquemos ahí la lupa.
xxxVayamos a febrero de 1854, cuando Robert Schumann da el pequeño paso hacia el mar de niebla. De noche. Decenas de ángeles planean sobre su cama y en sus oídos trona la música perfecta, la banda sonora del paraíso. A la mañana siguiente no son ángeles sino demonios, y su música es terrible y dolorosa. Hienas y tigres salivan y gruñen a los pies de la cama. Tan pronto el horror enseña sus fauces como vuelven los ángeles armónicos. Así durante tres días. Cuando cesa la tormenta Schumann coge papel y pluma, y comienza a escribir la música que los espíritus le dictan. Consigue terminar un concierto para violín entre continuas recaídas. Será lo última que escriba. Esa misma tarde desaparece entre la lluvia de Dresde, un pescador halla su cuerpo en las frías aguas del Rin. no estaba muerto, pero el abismo se lo había tragado para siempre. Un par de años después murió de sífilis en una institución psiquiátrica a las afueras de Bonn. Shumann el romántico, el poeta, el suicida.
xxxFue autor de centenares de obras, para piano, para violoncello, para pequeñas orquestas… aunque a nosotros nos interesa aquel concierto para violín que escribió en los días de la fiebre. Dicen que el albacea de sus últimos trabajos, el violinista Josef Joachim, tras echarle un vistazo al concierto, entendió que aquello era un delirio imposible, un galimatías sin ton ni son que lo único que podía hacer era manchar el prestigio del maestro. Nada, esa partitura permanecerá bajo llave al menos cien años. Y poco a poco se irá convirtiendo en un rumor, en un sabes que dicen que Schumann escribió algo con la tinta de un muerto o bajo la hipnosis de un brujo, o en un conoces la historia del concierto que compuso en sueños…, polvo sobre el pentagrama, óxido en el atril. Durante tanto tiempo.
xxxHasta que un día.
xxxCasi un siglo después. La violinista judía Yeli Aranyi, a la postre sobrina nieta de Josef Joachim, convoca a la prensa y comunica que Robert Schumann se le ha aparecido en una sesión de es`piritismo para pedirle que toque su concierto maldito. El mundo debe conocer la melodía del abismo. Es absolutamente necesario. Al momento se genera una gran expectación, tanta que hasta el III Reich quiere ser protagonista. Claro está. El gobierno nazi prohíbe a Yuli Aranyi tocar el concierto, una perra judía no puede estrenar la obra perdida de un gran maestro alemán. No hay más que discutir. Yehudi Menuhim también será vetado. Debe caer en las manos idóneas. Nada de pusilánimes y bolcheviques. la partitura acabará llegando a un director de orquesta adicto al régimen, alguien que inicia y acaba sus conciertos con el brazo en alto, George Kulenkampff.
xxxEstamos en 1937. Kulenkampff opina que es imposible tocar algo así, parece escrita por el mismo demonio, fíjate, necesita un par de arreglos aquí, otro un poco más allá, y aquí y en esta escala y en cuarenta sitios distintos si queremos ofrecer algo inteligible. Se pone manos a la obra con un par de amigos músicos y nazis como él. Cirujanos plásticos del sonido. Creen que ya está lista. La sala está abarrotada la noche del estreno, es una premiere mundial de un descubrimiento asombroso. Yeli Aranyi mientras tanto se exilia en Londres. El concierto de Kulenkampff es otro éxito de propaganda nazi, hasta Goebbels le felicita personalmente.
xxxPero esa no era la música que los espíritus dictaron a Robert Schumann.
xxxEra otra cosa. Muy mala a tenor de las críticas demoledoras. Ese Schumann estaba loco, su concierto es intraducible, bastante hemos hecho con maquillar sus defectos más evidentes, se dicen los tres cirujanos. Otra cosa. Todavía nadie ha conseguido tocar la partitura original, sin cambios. Yeli Aranyi lo intentó la nochevieja de 1937 en Londres, y su impericia logró que fuera un espanto. A grandes rasgos aquí acaba la historia del concierto maldito de Schumann. El romántico, el misterioso, el ininteligible.
xxxO no.
xxxSe habla de otra sesión de espiritismo en la que Josef Joachim se le apareció a un músico sin nombre, o tal vez fue el mismo Schumann, el caso es que el espíritu volvió a hablar del concierto. De lo que allí se dijo sólo tenemos versiones encontradas, seguramente distorsionados relatos de una verdad que únicamente conocen sus protagonistas. Sea como sea podemos intentar hilar alguna que otra conclusión provisional, a la espera de que un día se puedan contrastar por nuevas fuentes o nuevas sesiones de ouija.
xxxÉstas son las conclusiones:
xxxPrimera posibilidad. El concierto que conocemos fue escrito en realidad por Yeli Aranyi para buscar la celebridad que su mediocre virtud como intérprete le negaba, mientras que el original o bien nunca existió o a día de hoy todavía sigue guardado bajo siete llaves.
xxxSegunda posibilidad. El concierto no fue dictado por los ángeles de aquellos días febriles, y por tanto no era la notación de su música perfecta, al contrario, fueron los demonios: la partitura refleja fielmente esa música torturada y dañina.
xxxTercera posibilidad. El concierto necesita de instrumentos angélicos o, en su defecto, infernales para ser interpretado con rigor, de no ser así el resultado es una pobre y cacofónica aproximación.
xxxCuarta posibilidad. En sus momentos de escalada febril Schumann no estuvo acosado por visiones del mundo espiritual, sino que abrió una brecha en el espacio-tiempo hacia el más allá temporal. Lo que en verdad vio fueron conciertos de música orquestal contemporánea. No entendió nada de lo que escuchó. Como si secuestras a Velázquez y lo dejas en el MOMA. De esa confusión nació la partitura.
xxxQuinta posibilidad. Que siendo conscientes de su leyenda, su mujer, sus amigos y él mismo quisieron adornarla con un poco de amor prohibido, algo de locura, un intento de suicidio, el ingreso en un psiquiátrico y una obra maldita. Tópicos sobre más tópicos. Ahí está. El viajero ante el mar de niebla se da la vuelta y nos guiña un ojo.

 

 

 

 

22. IDIOTECA.

Uno. Usted está leyendo un libro. Fuera de estas páginas el mundo también está escrito, hilado en sutiles correspondencias. Ahora mismo poco importa eso. Hace sol ahí fuera. Es de noche. Un ligero olor a café, el susurro mate de los coches en la calle. Tal vez un pájaro o un niño. Eso está ahí, pero usted lee. Las razones por las que ha decidido ocupar su tiempo con este libro son un misterio. Esas razones son el motor oculto que mueve el corazón de la literatura.
xxxTodo eso puede.
xxxUn libro es sólo un objeto manchado de palabras. El objeto que ahora tiene entre las manos, el que marca el leve sudor de sus huellas dactilares: la segregación de su cuerpo se filtra por la página y la oscurece levemente. y también ocurre al revés, si el libro es bueno su tinta le emborronará los ojos como el rímel tras el llanto. Algo parecido a un espejo.
xxxTodo eso puede estar ocurriendo.
xxxLo típico. Usted lee el libro y el  libro lo lee a usted, mientras el mundo los lee a ambos. Piensa: el movimiento de mis ojos en la página es como el de las olas yendo y viniendo de la orilla, su trazo de espuma desaparece como la línea escrita al final de la página. También aquí crece la marea casi sin percibirlo. Arde, sí, pero también es agua. Habrá quien diga que esa tensión es lo que produce el arte. Que el arte es una mancha de petróleo ardiendo en el fondo del océano. Vale. Lo que sea. El movimiento de los ojos de izquierda a derecha, como un gusano de seda que devora palabras, y el siguiente renglón, y el espacio en blanco, y el punto. El punto genera una pausa, reacomoda el ojo, el pensamiento. Así. Usted está leyendo este libro, usted lee la palabra libro escrita en este libro. La palabra palabra. Siente la reverberación. Fuera de estas páginas todo es más confuso, aquí al menos sabe que el camino es de izquierda a derecha, frase tras frase.
xxxUsted también cree que cualquier amenaza dentro del libro se acaba al cerrarlo. Pero en el fondo reconoce su error: lo que hemos leído nunca nos abandona. Este texto ya es un parásito alojado en su cerebro, del mismo modo en que usted es un parásito dentro de estas palabras. Un parásito dentro de la palabra parásito. Ahora sabe que ya no va a cerrar el libro, no puede. Porque todo esto le incumbe. O quién sabe, lo mismo esta porquería no es para tanto, lo mismo no es más que un cúmulo de idioteces medianamente ordenadas. Claro. Por supuesto. Como la vida.
xxxDos. Jeremy Bentham fue un filósofo inglés del XVIII. El siglo de las luces es también el siglo de los umbrales, a todas partes. Y precisamente ahí estaba Bentham. Un niño prodigio insoportable con una sola idea entre ceja y ceja: cambiar el mundo. Sí. Veía el universo social como un esqueje al que convertir en un bonsái. Suyas son muchas de las certezas morales que hoy nadie discute. Certezas o cortezas, tan arraigadas y tan superficiales. Decía Jeremy: lo que es útil es aquello que proporciona mayor felicidad a mayor número de individuos. El progreso. La absurda cadena del bien común. El capitalismo. Esas cosas. Bentham tenía instrumentos para medir la felicidad. No iba de farol. En su testamento especificó que deseaba que embalsamaran su cuerpo y lo dejaran expuesto en su colegio universitario de Londres. Ahí está su esqueleto vestido, con una cabeza de cera y un sombrero horrible. En su cráneo se golpea el siglo XXI, como dentro de una celda acolchada. Jeremy Bentham ahora es un objeto al que podemos mirar y que seguramente, desde su nada, también nos vigila a nosotros.
xxxEl filósofo disecado.
xxxSobre el año 1791 el rey Jorge III le encargó el diseño de un nuevo tipo de centro penitenciario, algo que estuviera de acuerdo a los nuevos tiempos. Las nuevas libertades, los nuevos crímenes. Él concibió una cárcel perfecta donde los presos acabarían vigilándose ellos mismos. Habría un solo guardián en el centro, o nadie, tras las persianas venecianas de una torreta. Desde allí las celdas como en una colmena circular, un anillo, o una órbita alrededor de un ojo. Nunca verían al guardián, y el guardián podría verlos a todos a la vez. Incluso, ya lo hemos dicho, podría no estar, y el invento seguiría funcionando. O eso pensaba su creador. Esta era la idea del panóptico. Intuimos que una idioteca deberá por fuerza imitar este modelo. Jeremy Bentham sería un idiota más dentro de nuestra cárcel-museo.
xxxTres. Una idioteca. Una cárcel-museo. Una colección de idioteces, o de idiotas. Un museo o un sanatorio en forma de panóptico. Y en cada celda un idiota. Algo así como Arkham Asylum, ya saben, la famosa cárcel manicomio donde están encerrados los enemigos psicópatas de Batman. Allí hay una celda especial para el Joker, otra para Dos Caras, una sin espejos para el Espantapájaros y así sucesivamente. Bien. En nuestra idioteca hay sitio para mucha gente. Así a primera vista me ha parecido ver a Goya y a Lovecraft, un par de celdas más arriba Tex Avery se pinta el ojo que le falta y en la de al lado Robert Schumann intenta resolver un crucigrama sin sentido. En la torreta está usted. Yves Klein lleva un lanzallamas e incendia una y otra vez su colchón. Fuseli interpreta a tres voces una escena de Macbeth. Euronymus hace punto y Andrés Iniesta da vueltas dentro de un balón invisible. Celda a celda. Herschell Gordon Lewis baila un vals con una muñeca de trapo. Y en la torreta estoy yo. Nick Cave juega al póker con su sombra y seis celdas más abajo David Belle rebota contra el muro como una bola de pinball. Fíjate en Bruegel desenroscándose la cabeza, a sus pies tiene otra sin boca ni ojos. Luis Buñuel duerme y probablemente sueña con Luis Buñuel. Timothy Leary escribe en el suelo un nueva evangelio apócrifo. Itten descubre que su sangre es amarilla e incandescente. Y Zeuxis es el único que mira fiamente la torreta.
xxxAunque allí no haya nadie.
xxxDijimos idiotas, idioteces, pero no es tan sencillo. El análisis etimológico de la raíz griega de la palabra idioteca nos dice que idios significa uno mismo. Entonces una idioteca es una cárcel-museo de uno mismo. Es un espejo roto en mil pedazos recompuesto en la bóveda del cerebro. El que está dentro de la torreta es el mismo que aquellos que están en las celdas. Usted. Yo. Nadie. Por eso Zeuxis mira a la torreta y ríe, porque sabe que esto no es más que un autorretrato. Ridículo. Idiota. Veraz.
xxxCuatro. Tema: Idiotheque. Intérprete: Radiohead. Álbum: Kid-A. Traducción: alguien.
xxx¿Quién está en un búnker? Las mujeres y los niños primero, y los niños primero, y los niños. Me río hasta que mi cabeza se desmonta. Trago hasta explotar. ¿Quién está en un búnker? He visto demasiado ya, tú no has visto lo suficiente, no lo has visto. Yo voy a reírme hasta que mi cabeza se desmonte. Las mujeres y los niños primero, y los niños primero, los niños. Aquí se me permite todo lo que quiera todo el tiempo. Aquí se me permite todo lo que quiera todo el tiempo. Viene la era glacial, viene la era glacial. Déjame escuchar a ambas partes. Déjame escuchar a los dos. Viene la era glacial. Arrojadlos al fuego, arrojadlos a. No somos alarmistas. No somos alarmistas. Esto está ocurriendo de verdad. Está ocurriendo. No somos alarmistas. Está ocurriendo de verdad. Los teléfonos móviles chirrían. Cojamos la pasta y huyamos. Cojamos la pasta. Aquí sigo con vida. Todo lo que quiera. Todo el tiempo. El primero de los niños.
xxxCinco. Extractos de una (la única) reseña sobre este libro aparecida en un blog creado ex profeso para ello. La página no permite dejar comentarios. Nadie firma la crítica.
xxx“…la letra de Thom Yorke que fue compuesta, como las demás del disco, siguiendo el método dadaísta de recortar frases y juntarlas al azar puede recordarnos la propia estructura fragmentaria y por momentos caótica del libro. Como si el autor, igual que los pupilos de Tzara o que el mismo Thom Yorke, hubiese mezclado los temas sin ton ni son y los hubiera sacado como un conejo absurdo y roto de una chistera […] se autodenomina el primero de los niños, su libro sólo es un juego, un entretenimiento cuyo único fin es el juego mismo […] un libro que pareciera escrito por un maniquí drogado […] este Borges de gominola que sólo se parece al maestro en dar palos de ciego […] lo nefando de […] lo atroz […] cualquier lector inteligente se daría cuenta de que todo es una gran mentira, un fraude. Leer este libro es lo mismo que bajarse de internet una película clásica y al abrir el archivo descubrir que es un fake, que en vez de John Ford tenemos una porno de bajo presupuesto…”
xxxSeis. Llegados a este punto no hay excusas. Usted sigue leyendo. Siente que este libro estaba en blanco y que son sus pupilas las que escriben cada una de las páginas. Que volverán a estar en blanco si usted decide cerrarlo. Las pupilas, las páginas. No es un libro escrito para usted, es un libro escrito por usted, en este instante. Alguien lee por encima de su hombro y no es esta la frase que asimila su cerebro. Usted lee la palabra FIN y él no ve los créditos ascendiendo en la pantalla negra, no escucha la música desenredándose el pelo en sus oídos, no lee las palabras de agradecimiento del autor a los que confiaron o le apoyaron, los lugares donde fueron escritos cada uno de los textos, las referencias reales y las inventadas. No ve las tomas falsas. O sí. Podría ser que el otro lea todo al revés y que donde decía final él lea comienzo, y donde pone nunca él vea siempre. Y que usted no sea más que un personaje de este libro, el que lee por encima de su propio hombro.
xxxSiete. La chica del tarot ha dejado de repartir cartas. Nada de lo que ha dicho puede tomarse en serio, sus respuestas han sido un interrogante mayor. Éste es el momento de apagar la televisión. Que no haya nada más que oscuridad, sin asideros. Así. Ya está. Contemos hasta tres y tomemos aire. Es hora de cerrar el libro.

 

 

 

Quinto, Raúl. Idioteca. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

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