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DÉCADA

 

(CÓMO AGUARDAR LA NOCHE)

Soltar esa guitarra, por inútil.
Calentar agua en la tetera
observando el vapor con gesto absorto.
Renunciar a los libros
o posponer su bálsamo.

No pensar nada trascendente.
No insistir demasiado en la masturbación,
o insistir
con calma, sin urgencias
que enciendan la nostalgia.
Descartar
las ventanas, por tristes y promiscuas.

Padecer cada esquina de la tarde,
su obesa indiferencia.

Esperar.

Sólo después, a su debido tiempo,
acometer con rabia las venganzas o las deudas
y cabalgar la bestia de la noche.

 

 

 

 

(LA NOCHE ENTRE PARÉNTESIS)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Bur

La noche entre paréntesis
y su adictivo roce
bastaron para hacerme conocer
el ansia elemental,
latidos de unas ropas,
la rápida tristeza de una vela,
música cómplice, un rincón,
el peso y la medida del olvido.

 

 

 

 

(CONTINUIDAD DE LOS PATIOS)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Félix Romeo

Allá, entonces, todos nos pegábamos.
Llovían puños rojos
y el uniforme ondeaba hecho jirones,
la vida o la pelota. O ser cobarde.
Señalar con el dedo a los más débiles.
Burlarse de los tontos, perseguir a los listos.
Rencorosa amistad para quienes tuvieran
buenas notas, juguetes, una amiga.
Indiferencia, claro,
para el que no supiese matemáticas
ni luciese las zapatillas nuevas
de su padre más rico que otros padres.
Silencio o puñetazo. Puñetazo y callar.
Allá todos nosotros combatíamos
cada blanca mañana,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxhasta que el obvio
mordisco de los años me condujo
a abandonar el patio y esa gente.

Aquí, ahora, todos nos pegamos.

 

 

 

 

(CLAUDIA EN LA BIBLIOTECA)

xxxxxxxxxxxxxxxxPara Rafael Espejo

Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta cuando curvas las rodillas
y se tensan tus muslos
debajo del vaquero. Muerte lenta
contemplar, sin tocarlo,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que describir los pechos:
¿quién se atreve a cruzar los toboganes
que unen la palabra con su tema?

Así que huyo
y finjo distracción.
Si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.

 

 

 

 

(A UNA BAILARINA DE TANGO)

Con dos copas
ella siempre bailaba,
yo por norma
no solía moverme de la barra.
Era raro que fuéramos puntuales.
Nos gustaba pelear bajo la luna.
Era pálida, odiaba el maquillaje.
Color tacón de aguja
sus ojos perforaban los ajenos.
Tenía una virtud insuperable:
sonreía sin miedo.
De mí le interesaba, me parece,
la manera que tengo de ser lento
y a la vez imprudente.
Nos quisimos un tiempo
o dos, quizá. No sé.
Fue el amor de mi vida para siempre
y luego no lo fue.

 

 

 

 

(BANQUETE)

Si atravieso la última espiral,
complétame la fuga con un beso
por debajo del lóbulo: con eso
vendería mis bienes por el mal.
Qué sencillo este juego, la moral
se muere entre tus piernas por exceso,
entrego la conciencia y luego ingreso
en tu nerviosa boca de panal.
Inventar un idioma que se calle.
Malhablarnos. Hacer de ti a mordiscos
mi mejor apetito hasta que estalle
la tacaña razón de los ariscos,
la obsesión por cuidar cada detalle,
el miedo a que el placer nos deje bizcos.

 

 

 

 

(EL TOBOGÁN)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara mi hermano Diego

Ya comienzo a notar
una aceleración ajena de los años.
No digo que presienta la vejez
(aunque la veo)
ni inventaré precoces experiencias.
Es algo diferente:
un vislumbre borroso, una antesala
del tobogán, siempre más corto
de lo que el niño desearía
y más veloz de lo que el hombre espera.

Si ya he dejado atrás al niño
(quizá lo cargo a hombros)
hoy tengo frente a mí al hombre que seré.
Soy, como dicen, joven, y no obstante
ya comienzo a notar esta aceleración
extraña, que no es mía, que es del tiempo
y planea arrastrarme, sin consultar conmigo,
hasta un parque de arena y hierba seca
donde, obligado a ser el niño que dejé,
subo la escalerilla y caigo
al encuentro del hombre que me espera,
familiar, con los brazos abiertos.

 

 

 

 

(PALABRAS A UNA HIJA QUE NO TENGO)

Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
(no está el mundo como para negarse)
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula
y llegada la hora quiero que escribas «mar»
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando cruces por fin la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que en el fondo no soy un optimista:
de lo contrario tú no estarías ahí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo.

 

 

 

Neuman, Andrés. Década (Poesía 1997-2007). Barcelona; Ed. El acantilado, 2008.

 

MÍSTICA ABAJO

 

(CATEDRAL VULNERABLE)

Su belleza es el don de lo perdido:
hace ya mucho tiempo que los fieles
dejaron esta casa.
Desde entonces sus muros indefensos,
sus piedras literales,
su eternidad mordida, corporal
se entienden con el viento y con las lluvias.
Ahora, al ser tan débil, su música es humana.

 

 

 

 

(PLEGARIA DEL QUE ATERRIZA)

Cielo, yo que no creo que en ti floten mensajes
y que leo en el alma (y digo alma)
cómo nada más alto nos protege
que el placer, la conciencia y la alegría,
yo te prometo, cielo,si aterrizamos sanos
que guardaré este miedo que hace temblar mi pulso
mientras escribo en manos de la furia del aire.
Lo guardaré, si llego, no para fabular
razones superiores ni para desafiarlas
sino por recordarte siempre, cielo,
liso, llano y azul como ahora te alcanzo,
hermoso, intrascendente, un simple gas que agita
la luz y me conmueve
como sólo un viajero transitorio,
como sólo un mortal puede saberlo.

 

 

 

 

(MUJER LEYENDO)

Admirar es el verbo
que dice en su doblez
lo que despierta en mí tu quieta pose.
Esa misma doblez está en tus pechos
porque elevas el libro y lo sostienes
juntando bien los brazos, plegando la atención.
Me tienta imaginar el personaje
al que estás abrazando, en qué adjetivos
prefieres detenerte. Me entretengo
calculando la pausa, la cadencia
con que pasas las páginas; sonrío
al comprobar que eres una lectora lenta,
con rodeos de asombro o de pregunta.
Quién pudiera de ti recibir esos ojos
con el mismo deseo, con idéntica hondura.
Eres lo que hace falta. Belleza meditando.
Carne con su temblor y su sintaxis.
Ese lugar en que la inteligencia
y la sensualidad se hacen un nudo.

 

 

 

 

(LA ESTANCIA Y LOS TRASLADOS)

Artesana, de par en par te ofrezco
mi morada hasta el último postigo.
Mi morada, aunque no sus posesiones:
no necesitas préstamos ni herencias,
tú habitas lo que tocas con lo tuyo,
lo tuyo es suficiente y lo trasladas.
En ti tendré mi viaje por la tierra
igual que en mí hallarás la casa móvil.

«Yo prefiero mil veces», me susurras,
«una puerta entornada que un castillo».
Admiro ese misterio
con que todo en ti piensa o se distrae.
Tú también nos das forma y aquí dentro
la mitad de mis voces son las tuyas.

Eso sí, cuando salgas,
cuando sea que cruces el umbral
porque así lo decide tu camino
apágame las lámparas despacio
y enséñame por dónde sale el sol.

 

 

 

Neuman, Andrés. Mística abajo. Barcelona; Ed. El acantilado, 2008.

 

EL EQUILIBRISTA

 

Cada vez que nace un héroe, muere un ciudadano.

 

xxxxx*

 

Qué increíble progreso supondría reemplazar lo políticamente correcto por lo moralmente profundo.

 

xxxxx*

 

Las ideas actúan. Por eso no todas las opiniones son respetables.

 

xxxxx*

 

Si no aceptamos nuestros demonios, sólo podremos aspirar a ser pésimas buenas personas.

 

xxxxx*

 

Mucho más que nuestras opiniones, nos delatan nuestras conjeturas.

 

xxxxx*

 

Hedonista y reflexivo.

 

xxxxx*

 

El odio es vírico. La envidia, crónica.

 

xxxxx*

 

A veces nuestro enemigo interior es lo mejor de nosotros mismos.

 

xxxxx*

 

La juventud no es insultante sólo por la actitud de quienes la poseen, sino por las melancolías de quienes la contemplan.

 

xxxxx*

 

No confundir la moral con quienes la defienden.

 

xxxxx*

 

La plenitud contempla el placer durante el placer.

 

xxxxx*

 

La entrega permanente es egoísta. La generosidad también consiste en permitir que nos ofrezcan.

 

xxxxx*

 

Procurar no hacer nunca daño a nadie. Pero dar la impresión de ser muy capaz de hacerlo.

 

xxxxx*

 

Noticia trágica: el sentido del humor tampoco nos hace invulnerables.

 

xxxxx*

 

¿Leemos los periódicos para informarnos? ¿O lo hacemos con el secreto fin de confirmar nuestra idea de la realidad?

 

xxxxx*

 

¿La tradición como ancla o como trampolín?

 

xxxxx*

 

Terminar una obra es una proeza. La única mayor es empezarla.

 

xxxxx*

 

La disciplina es una estética.

 

xxxxx*

 

El sentido no precede a la obra: es su conquista.

 

xxxxx*

 

Todo crítico o artista que pregona el apocalipsis se postula en secreto como superviviente.

 

xxxxx*

 

El erotismo es una posibilidad; la pornografía, un hecho consumado. La diferencia no es moral sino lingüística.

 

xxxxx*

 

Don de la soledad: escribimos porque estallamos de urgencia por decirle algo a alguien, y no encontramos a quién.

 

xxxxx*

 

Los poetas sólo aspiramos al mismo trato que reciben los demás ciudadanos: pagadnos.

 

 

 

Neuman, Andrés. El equilibrista. Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

MANO INVISIBLE (y II)

mano-invisible-adam-zagajewski

 

xxxxxxxxxII
JARDÍN BOTÁNICO

En el Jardín Botánico de Cracovia
me topé con un árbol asiático
de nombre metasecuoya china, un árbol bello,
de hojas digitadas, deshilachadas, agujadas.
Pero ¿por qué metasecuoya? ¿Por qué no simplemente secuoya?

¿Crece por encima de sí misma?
¿Descuella sobre otros árboles?
¿Será que las plantas ya han empezado a usar
la jerga pretenciosa
de los sabios de algunas universidades?

 

 

 

 

PERDIDOS

Perdidos, perdidos en grises pasillos. Por la noche
las bombillas silban como los pitidos de barcas hundiéndose.
Leemos libros olvidados por sus autores.
No existe la verdad, repiten los sabios.
Las tardes de verano: un festival de vencejos,
en los suburbios estallan las peonías.
Parece que las calles se acortan
por el calor, por la facilidad de la visión.
Lentamente, avanza el otoño sin hacer ruido.
Pero a veces emergemos por un momento
y sucede que brilla la puesta de sol
y aparece una seguridad pasajera,
casi una fe.

 

 

 

 

UN GRAN POETA NOS DEJA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Pensando en C. M.]

Realmente nada cambia
en la habitual luz del día
cuando un gran poeta nos deja.
En las coronas de viejos olmos
siguen discutiendo con pasión
los grises gorriones y los delicados estorninos.

Cuando un gran poeta nos deja
la ciudad no se detiene, el metro y los tranvías
siguen buscando el moderno Grial.
En la biblioteca una chica guapa
busca en vano un poema que
le diga la verdad de todo.

Al mediodía se extiende el mismo bullicio de siempre,
por la noche domina un recogimiento silencioso;
entre las estrellas, una eterna inquietud.
Pronto abrirán las discotecas,
se abrirá la indiferencia
a pesar de que acaba de morir un gran poeta.

Pero cuando nos despedimos de alguien que amamos
por un largo tiempo o para siempre,
sentimos de repente que nos faltan las palabras
y que ahora tenemos que hablar nosotros solos,
ya nadie va a hacerlo por nosotros
porque nos ha dejado un gran poeta.

 

 

 

 

COMO EL REY DE ASINÉ

“Como el rey de Asiné en Seferis”, pensé,
recordando aquel increíble poema:
calor, un mar tranquilo, la nada bajo la máscara dorada,
dos personas en canoa, las rocas silenciosas,
un mundo sólido, y por otra parte sólo
“Asiné” y su soberano, una palabra en toda la Ilíada,
la mención más breve en el catálogo de embarcaciones.

Yo también busqué más de una vez a los ausentes,
en tantas ciudades, en el avión, en las ruinas
de alzamientos frustrados, de confederaciones,
durante una excursión malograda a Siracusa,
en los largos paseos por París,
a la orilla del mar en el que había
de hundirse todo el continente.

“Como el rey de Asiné en Seferis”, pensé,
nada bajo la máscara dorada, una viva ausencia,
pero este vacío puede rellenarse en cualquier
momento, puede suceder perfectamente
que el rey de repente vuelva y el oro brille triunfal.
En el jardín se mece un húmedo grosellero,
sopla el viento. Has de saber que esperamos. Seguimos esperando.

 

 

 

 

LLEGÓ LA PRIMAVERA

Las naciones estaban cansadas de tantas guerras
y yacían tranquilas en lechos matrimoniales,
extensos como la cuenca del Danubio.
Empezaba la primavera, los primeros éxtasis.
En las ramas todavía desnudas de los árboles
arrullaban unas tórtolas turcas.
Nadie sabía qué hacer, qué pensar.
Éramos huérfanos porque el invierno
no nos dejó testamento;
una mariposa joven aprendía a volar
de manera caótica, desde el principio.
Las mariposas no tienen tradición.
Y nosotros tenemos que morir.
“Ésta es una manera poco elegante
de terminar el poema
—protesta R., y añade—:
el poema debería terminar
mejor que la vida. Para eso es”.

 

 

 

 

METÁFORA

“Toda metáfora es un fracaso”, dijo aquel
poeta muy viejo en el bar del hotel,
dirigiéndose a unos estudiantes fascinados.
El poeta muy viejo estaba de buen humor
y con una copa de vino en la mano dijo:
“Éste es el problema fundamental de la encarnación,
las cosas que amamos, las cosas invisibles
toman cuerpo, evidentemente, en lo que podemos
ver y decir, pero nunca de manera
absoluta, uno a uno, lo que significa
que siempre es o demasiado poco
o demasiado, los puntos quedan en la superficie,
sobresalen dedos, botones, paraguas, uñas,
cartas sin recoger en un sobre azul de correo aéreo,
queda una sensación de insatisfacción o de exceso,
alguien calla ominosamente, otro pide
ayuda, se rompe el hielo, viene una ambulancia,
por desgracia demasiado tarde, pero atención,
gracias a esto, gracias a esta desproporción,
gracias a esta inexplicable fisura,
nosotros podemos seguir persiguiendo la quimera de la metáfora,
durante toda la vida avanzamos en la oscuridad,
en un bosque oscuro, siguiendo la pista de la traslación,
imperfecta, como mi discurso, que ahora
está llegando a su fin, aunque seguramente
podría añadir muchas más cosas,
pero tengo miedo, estoy ya
un poco cansado, y me parece
oír cómo me llama el sueño”.

 

 

 

 

MURO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIn memoriam Henryk Bereska

Parecía un joven,
siempre tenía nuevos proyectos, propuestas;
trabajaba sin descanso.
Le gustaba hablar de la ventana
de su anterior casa en Berlín,
la ventana del este desde la que durante años
pudo observar el Muro y Occidente,
un país misterioso, inaccesible.
El Muro cubierto de nieve, de escarcha,
liso en mayo, mojado por la lluvia,
oscureciéndose entrado el otoño;
el Muro, la cosa en sí misma,
un adorno de la filosofía del idealismo alemán.
Cuando llegó die Wende, o sea, ‘el cambio’,
Henryk rejuveneció todavía más,
decidió empezar una nueva vida,
la vida de un hombre libre,
de un habitante de un país libre.
Nunca pudo comprender a los que
lamentaban el final de una dictadura.
Estaba lleno de un entusiasmo moderado,
aunque el vecino del pueblo donde tenía
su casa de verano, un ex oficial de la Stasi,
no despertaba su afecto. Evidentemente.
Viajaba por Europa, en Polonia
le correspondieron honores y distinciones.
Parecía que iba a vivir muchos años más,
que como recompensa a aquella ventana del este
recibiría muchos años adicionales.
Pero otras fueron las decisiones. Otro el veredicto.
No hubo premios, ni castigo,
sólo nieve, escarcha y niebla.

 

 

 

 

NO PENSABA EN LA ESTÉTICA

Cuando en los años ochenta mi padre copiaba
para sus amigos mi poema “Ir a Lvov”
(me lo explicó pasado mucho, mucho tiempo,
un poco cohibido), no pensaba quizá en la estética,
en las metáforas, sílabas, en un sentido más profundo,
sólo en la ciudad que amó y perdió, en la ciudad
donde quedaron detenidas, como un rehén,
su juventud, su revelación, el encuentro con el mundo,
y seguramente golpeaba las teclas de su antigua y fiel
máquina de escribir con tanta fuerza que, si hubiéramos
conocido mejor las leyes de la conservación de la energía,
sobre esta base podríamos
reconstruir al menos una calle
de su primer entusiasmo.

 

 

 

 

POETAS FOTOGRAFIADOS

Poetas fotografiados,
pero nunca
cuando ven realmente,
poetas fotografiados,
estantes con libros como fondo,
pero nunca en la oscuridad,
nunca en silencio,
en la noche, en la incertidumbre,
cuando vacilan,
cuando la felicidad, como el fósforo,
cubre la cerilla.
Poetas sonrientes,
tranquilos, cultos.
Poetas fotografiados
cuando no son poetas.
Si supiéramos
qué es la música.
Si lo entendiéramos.

 

 

 

 

MI PADRE YA NO ME RECONOCE

Mi padre ya no me reconoce. Ni tan sólo
quedan aquellos destellos de la conciencia
con los que hasta no hace mucho podíamos consolarnos.
Está sumido en la oscuridad, acostado, duerme, dormita
como si ya nos hubiera dejado.
Y, con todo, aún hay breves momentos
en los que aparece su auténtica cara.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Mano invisible (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2012.

 

MANO INVISIBLE

mano-invisible-adam-zagajewski

 

xxxixxxxI
NUEVO HOTEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Cracovia]

En febrero los álamos, helados, son aún
más delgados que en verano. Mi familia
está dispersada por toda la tierra, bajo tierra,
en varios países, en poemas,en cuadros.

Es mediodía, estoy en la plaza Na Groblach.
A veces venía por aquí para visitar (un poco
por obligación) a mis tíos.
Ellos no se quejaban ni siquiera del destino

o del sistema, sólo que sus caras recordaban
una librería de viejo vacía.
Ahora en esa casa viven otras personas,
desconocidas, el olor de una vida ajena.

Cerca de allí construyeron un nuevo hotel,
habitaciones claras, desayunos sin duda comme il faut,
zumo, café y tostadas, vidrio, cemento,
olvido, y, de repente, sin saber cómo,
un momento de una penetrante alegría.

 

 

 

 

CAFETERÍA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[En Berlín]

En esta cafetería que se llama como un escritor francés,
en una ciudad extranjera, leí Bajo el volcán,
esta vez con menos entusiasmo. “Realmente, uno tiene que curarse”,
pensé. Quizá haya llegado a convertirme en un filisteo.
México estaba muy lejos y sus enormes estrellas
iluminaban, pero no para mí. Era el Día de Muertos.
La fiesta de las metáforas y la luz. La muerte como protagonista.
Algunas personas en las mesas de al lado, varios destinos:
Reflexión, Tristeza, Sentido Común. Cónsul, Yvonne.
Llovía. Noté una pequeña felicidad. Alguien entró,
alguien salió, alguien finalmente dio con el perpetuum mobile.
Estaba en un país libre. En un país que se quedó solo.
No pasaba nada, los cañones habían callado.
La música no diferenciaba a nadie; la música pop que fluía
de los altavoces iba repitiendo: “Aún pasarán muchas cosas”.
Nadie sabía qué hacer, adónde ir, por qué.
Pensé en ti, en nuestra intimidad, en cómo
huelen tus cabellos cuando empieza el otoño.
En el aeropuerto se elevó en el aire un avión
como un discípulo aplicado que cree
en lo que dijeron los antiguos maestros.
Los astronautas soviéticos afirmaban no haber encontrado
a Dios en el espacio, pero ¿lo habían buscado?

 

 

 

 

JARDÍN DE LUXEMBURGO

Las casas de París no temen al viento ni a la imaginación
(son sólidos pisapapeles,
el contrapeso de los sueños).

En el río compiten barcos blancos llenos de una multitud
que reclama un saludo de los que están en la orilla;
esa multitud está de un humor excelente y liquida el pasado.

De un taxi sale una pareja de turistas ricos
con ropas brillantes; los esperan camareros
con unas levitas que la moda no ha transformado.

Mientras, el Jardín de Luxemburgo empieza a vaciarse
y se transforma en un gigantesco herbario silencioso;

no recuerda a todos los que pasaron
por sus caminos sin percibir que ya no vivían.

Aquí vivió Mickiewicz, y allí August Strindberg
trabajó en la piedra filosofal
que no llegó a encontrar.

Está anocheciendo, viene una noche seria por el este,
recelosa y taciturna.
La noche viene de Asia y no hace preguntas.
Qué bello es lo extraño, qué fría la felicidad.

Se encienden luces amarillas en las ventanas sobre el Sena
(he aquí algo realmente misterioso: la vida de otras personas).

Lo sé, en esta ciudad ya no existe el secreto.
Pero existen los plátanos, las plazas y los cafés, las calles afectuosas
y la mirada clara de las nubes que se va apagando lentamente.

 

 

 

 

EL BELLO GARONA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Para Agnès y Patrice Moyon]

Porque no fluías a través de mi infancia.
Porque no nadé en tus corrientes.
Porque incluso aquí, bajo la mano de un arqueólogo,
crece el mismo casco y la antigua esvástica
de la peor Roma. Porque podrías haber sido
mi hermana, mi prisión, mi
salvación, la felicidad de un día de verano.
Porque eres memoria, y tus
vocales entonan una canción
que no queremos entender.

 

 

 

 

SOÑÉ CON MI CIUDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Escribí este poema en las sesiones
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdel Congreso sobre Herbert en Siena]

Soñé con mi antigua ciudad,
hablaba la lengua de los niños y de los humillados,
argumentaba con diferentes voces, apresurándose
y gritando como las personas llanas que de repente
están ante la presencia de un alto funcionario:
“No hay justicia—gritaba—. Nos lo han quitado
todo—se quejaba en voz alta—.
Nadie se acuerda de nosotros, nadie”;
vi a feministas de ojos negros,
se agolpaban nobles de olvidados abolengos,
jueces con togas que habían sido cosidas con ortigas
y judíos piadosos, cansados;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero lento, inexorable,
se acerca el gris amanecer y los oradores empalidecieron,
se apagaron, obedientemente volvieron a los cuarteles
como coroneles de soldaditos de plomo.
Y entonces oí unas palabras del todo diferentes:
“Pero los milagros existen, no todos creen en ellos,
pero los milagros ocurren…”. Y al despertarme,
cuando salí lenta y penosamente del búnker de aquel sueño
entendí que allí todavía duraban las disputas,
que todavía  no se había solucionado nada…

 

 

 

 

CLASES DE PIANO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Tengo ocho años]

Clases de música con los vecinos, los señores J.
Estoy por primera vez en su casa,
huele diferente a la nuestra (la nuestra no huele,
así me lo parece).Aquí alfombras por todas partes,
gruesas alfombras persas. Sé que son armenios,
pero no sé qué significa eso. Los armenios tienen alfombras,

en el aire todavía se pasea polvo que ha llegado
de Lvov, polvo medieval.
Nosotros nos tenemos alfombras, ni Edades Medias.
No sé quiénes somos, quizá errantes.
A veces pienso que no existimos. Sólo los otros existen.
En la casa de nuestros vecinos hay una acústica excelente.

Hay silencio en esa casa. En la habitación está el piano
como una fiera perezosa, domada,y en él,
en el mismo centro, descansa la negra bola de la música.
La señora J. me dijo justo al acabar la primera
o la segunda clase que sería mejor que estudiara lenguas,
porque no mostraba dotes para la música.
No muestro dotes para la música.
Mejor que estudie lenguas.
La música siempre estará en algún otro lugar,
inalcanzable, siempre en una casa ajena.
La bola negra estará escondida en algún otro lugar,
pero quizá habrá nuevos encuentros, nuevos descubrimientos.

Volví a casa con la cabeza baja,
algo triste, algo contento, a la casa
que no olía a Persia, con cuadros de aficionados,
acuarelas, y pensé, con amargura, con satisfacción,
que sólo me quedaba la lengua, sólo las palabras, los cuadros,
sólo el mundo.

 

 

 

 

CASA FAMILIAR

Vienes aquí como un extraño,
pero ésta es tu casa familiar.
Los groselleros, los manzanos y los cerezos no te reconocen.
Un árbol magnánimo prepara con tranquilidad
un nuevo lanzamiento de nueces,
y el sol, como un estudiante de primero nervioso,
está ocupado en colorear atentamente las sombras.
El comedor imita la cripta de un sepulcro,
aquí ya no hay ningún eco conocido,
las antiguas conversaciones no han perdurado.
Allí, donde seguramente se concibió
tu vida, tartamudea un televisor ajeno.
Y en el sótano se encuentra el almacén de la oscuridad,
desde que te fuiste todas las noches
se han apiñado como el estambre de un viejo jersey
en el que anidan gatos salvajes.
Vienes aquí como un extraño,
pero ésta es tu casa familiar.

 

 

 

 

IMPOSIBLE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[5414 S. Blackstone, Chicago]

Cuán difícil es intentar escribir, da igual
si en casa, en el avión, sobre el océano,
sobre una selva negra, en un atardecer silencioso.
Empezar siempre de nuevo, despertarse
para una gran carrera y al cabo de un cuarto
renunciar afligido, rendirse.
Espero que al menos tú me escuches,
porque, como bien sabes, los teóricos nos aseguran
sin parar, casi cada día, que todo lo entendimos
mal, que como siempre no captamos
el sentido más profundo, no leímos
los libros adecuados, que, por desgracia,
no sacamos las conclusiones debidas.
Afirman: la poesía es en principio imposible,
un poemas es como una sala donde las caras se difuminan
en la niebla dorada de los focos, donde el salvaje
murmullo de la multitud airada apaga
las voces individuales, indefensas.
Así pues, ¿qué? Las palabras elegantes se apagan pronto,
y las normales seguro que no convencen a muchos.
Todo parece mostrar que el silentium
sólo puede contar con un puñado de fieles.
A veces tengo envidia de los poetas muertos:
ellos ya no tienen “días malos”, no conocen
“la melancolía”, se despidieron del “vacío”,
de la “retórica”, de la lluvia, de la tensión baja,
dejaron de seguir las “reseñas penetrantes”
y no obstante siguen hablándonos.
Sus dudas se fueron con ellos,
su entusiasmo vive.

 

 

 

 

27 DE ENERO

Un día helado. Un sol frío. Un blanco aliento.
Pero aquel viernes no estábamos seguros
de qué teníamos que celebrar y qué lamentar,
porque se conmemoraba a la vez
el Día en Memoria de las Víctimas del Holocausto
y el solemne aniversario de Mozart.
Nuestra memoria no sabía qué hacer.
Nuestra imaginación estaba perdida.
La vela en el alféizar lloraba
(nos pidieron que encendiéramos velas),
pero de los altavoces llegaba la música tranquila
del joven Mozart, rococó,
la época de las pelucas argentadas, y no de los cabellos grises
que conocimos en Auschwitz,
época de grandes vestidos, y no de la desnudez,
de la esperanza, y no de la desesperación.
Nuestra memoria no sabía qué hacer,
la imaginación se perdía en conjeturas.

 

 

 

 

TERMINÓ LA REVOLUCIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[En recuerdo de los tristes revolucionarios
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde Julian Kornhauser]

Terminó la revolución. En los parques se podía pasear
libremente, los perros daban regulares vueltas
como dirigidos por una mano invisible.
Hacía buen tiempo, caía una lluvia como diamantes,
las mujeres con sus vestidos estivales, los niños como siempre
un poco enfurruñados,melocotones en la mesa.
En el café estaba sentado un hombre viejo y lloraba.
Tronaban los motores de los coches deportivos,
gritaban los periódicos y, en general, hay que decir
que la vida mostraba una tendencia ascendente,
por utilizar un término neutro
y no ofender ni a los vencidos ni a los vencedores,
ni a aquellos que todavía no sabían
en qué bando se encontraban,
es decir, prácticamente todos nosotros
que escribimos y leemos estas palabras.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Mano invisible (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2012.

 

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