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SIDERMITAS & BALBUCEOS

 

De SIDERMITAS

 

Eran una
sola resonancia
de infinitas voces
retumbando en el caos.

Labios vendados / almas
vendadas

y en la boca-túnel
la herida.

 

 

 

 

Un hilo se soltó
allá lejos
y una inquietante disonancia
golpeó el espacio

y era túnelxxxxxxxxxxluego grutaxxxxxxy túnel
otra vezxxxxxxxxiixxxy
penetraste enxxxiixxxaquella oscuridad

 

 

 

 

Mira, ya oscureció, dijo.
Era de madrugada.

Esperaba que el pánico acudiese
pero no. No hubo interrupción.
El músculo seguía latiendo
con un ruido sordo como de piedras
que al caer en la boca —ahora tan estrecha—
del túnel
cegaba la abertura.

 

 

 

 

Eran las bocas sin bocas de los muertos
que enfurecidos aullaban
Eran sus manos sin manos
las que nos abatían
Tan incierto el arraigo xxxxtan roja la pizarra

 

 

 

 

Vendados pies y manos.
Cuerpo como lanzadera.
No nos han preparado para este juego.

 

 

 

 

Éramos diez
o veinte
o ciento veinte —es difícil contar
con la sangre en los ojos—
Les temblaban las manos
al apuntar.

xxxxxxxxxxxNo dictaban las reglas
un dios ni un hombre sabio sino
una simple alambrada.

 

 

 

 

Un día
tan sólo xxxxxxxha durado
la historia de los hombres.

x
Si el amor fuese eterno
si al menos el
x
xxxxxxxxxxx—¿amor?

 

 

 

 

Y he aquí que el mar — animal
bondadoso — hendidura dúctil —
devuelve a las orillas
nuestros cuerpos desnudos.

 

 

 

 

Tenéis el alma herida xxxxxla savia
se os escapa xxxxxxxpor los siete
orific
xxixxios

Haz un nudo en la carne / Haz
un nudo-universo
sobre el miedo.

La brecha abre al núcleo

¡Suéltala, sidermita! Suelta
la cuerda. T
xxxxxxxxxxorna

al oscuro principio
de la llaga.

 

 

 

 

BALBUCEOS

 

EN una de las que serían sus últimas noches de libertad, Friedrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20
de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal, que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad.

La Historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

 

 

 

 

RECLUIDO en un torreón a las orillas del río Neckar, en los últimos años de su vida, Friedrich Hölderlin, según se cuenta, a cualquier pregunta que se le hiciese, contestaba invariablemente «pallaksch, pallaksch», una expresión con la que se remeda el balbuceo de los niños pequeños. Celan alude a ello en el poema «Tubinga. Enero»: Si viniera, / si viniera un hombre, / si viniera un hombre al mundo, hoy, con / la barba de luz de / los patriarcas: / debería, / si hablara de este / tiempo, / debería / sólo balbucir y balbucir, / siempre-, siempre- / asíasí. («Pallaksch. Pallaksch.») Era un mes de enero cuando los altos mandos de las SS se reunieron en tubinga para decretar el exterminio del pueblo judío. Hay épocas, en efecto, en que la boca de un sabio no podría sino balbucir. Pero

¿y en qué época no? ¿La historia de la humanidad no es acaso toda entera, desde sus inicios, la historia de un crimen? Las naciones europeas no cesan de recordarse mutuamente el holocausto judío, pero ¿fue éste el único? ¿En qué ciudad se decretó el genocidio de Namibia (1904-1908)? ¿En qué mes el de Armenia (1915-1923), el de Ucrania (1929), el de España (1936-1975), el de la Franja de Gaza? ¿Lo recordamos?

Tan sólo en los últimos sesenta años, con implicación directa o indirecta de los gobiernos de Occidente, fueron masacrados

siete millones de vietnamitas
dos millones de camboyanos
dos millones de kurdos
quinientos mil serbios
un millón doscientos mil argelinos
setenta mil haitianos
ochocientos mil tutsis y hutus
doscientos mil guatemaltecos
trescientos mil libaneses
un número aún creciente de palestinos

x
¿los recordamos?

x

Y aunque así fuese, ¿nos sentiríamos concernidos? Cuanta más alta sea la cifra más espectacular será el suceso y, por lo tanto, menos habrá de implicarnos: el dolor siempre acude en singular. Sumamos y redondeamos como para ajustar la tasa de sufrimiento. ¿Puede acaso sumarse el sufrimiento? ¿Será más el dolor de todo un pueblo que el de cada uno de sus miembros? ¿Cómo sufre «un pueblo»? ¿Existe el Pueblo o la Nación independientemente de su gente? Y

cada uno de los seres que padecen ¿no será siempre el mismo, una y otra vez, infinitamente?

Ahora, cuando todo es aquí, irremediablemente aquí y ahora, ante la permisión del horror yo digo:

Si viniera,
si una mujer viniera, ahora,
si una mujer viniera al mundo con
la espiga de luz de
las matriarcas: debería
si hablara de este
tiempo
debería
tan sólo balbucir, balbucir
y así tal vez
tal vez así
asíasí
tal vez

 

 

 

 

SOBRE el puente Mirabeau, Celan se inclina. Contempla las aguas oscuras. Sus remolinos. A finales de abril la noche aún es fría. El metal de la baranda le abrasa las manos. Dice Algo sobrevivió en medio de las ruinas. Algo accesible y cercano: el lenguaje

¿Que lenguaje?

La lengua tiembla al imaginar cómo se sirvieron de ella nuestras naciones para programar el exterminio de las tribus africanas. Qué palabras justificaron durante el segundo Reich las primeras alambradas y los primeros experimentos étnicos con los pueblos nama y herero. Con qué discursos celebraron los belgas la usurpación de los territorios congoleños y la masacre de su gente. Qué silencios encubrieron las mutilaciones, las torturas y vejaciones que infligieron los británicos a kikuyus y masáis y qué argucias emplearon para desplazarlos en masa de Kenia y de Tanzania.

Pallaksch. Pallaksch.

¿Cómo narrar la actual desolación de las costas de Ghana, de Benín, de Liberia, donde el aire dibuja con plomo y mercurio, sobre un mar sin peces, manzanas envenenadas?

¿Cómo contar la matanza de Odioma (2006) en el delta del Níger sumergido bajo el manto hediondo del petróleo holandés?

En 1995 Ken Saro-Wiwa fue ahorcado por alzar la voz en defensa del pueblo ogoni. Desde su celda se le oía cantar.

¿Cuántos cantaron que no se oyeron? ¿Cuántos cantan ahora, en este instante?

x
La lengua inventa expresiones, lugares comunes: «genocidio», «exterminio», «masacre», «desastre» para disimular en el concepto lo que de ella se desborda.

La lengua falsea. La lengua miente.

En el mes de enero del año 2011 Susana Chávez fue asesinada en Ciudad Juárez. Su cuerpo mutilado. Su cabeza introducida en una bolsa de basura. A salvo sus poemas.

En su torreón sobre el río Neckar, Hölderlin balbucea.
Tiene sesenta y tres años y el aliento corto.
Es enero en Tubinga. Hace frío.

Pallaksch, pallaksch—. También la lengua tirita.

 

 

 

 

DIEZ millones.
Un número.
Un número tan sólo
para diez
millones
de casas incendiadas
de cuerpos mutilados
de gritos
silenciados
uno
a
uno
en boca que arde y
no entiende.

1
0

o
0
0

0
0
0

siete
veces
el signo de la nada sobre
diez
millones
de historias
que nunca contará
la lengua de los otros.

Dos palabras.
Cuatro sílabas.

Un globo que soltamos
al final de la fiesta.
La piñata que espera
el golpe de una mano
nunca
inocente.

 

 

 

 

PERO he aquí que diez
millones de tigres
elefantes
y ballenas
de aves
y de lobos de
reptiles
diez millones
por diez
millones de panteras
de seres voladores
animales que duermen
con los ojos abiertos
insectos, musarañas
y grandes paquidermos
diez millones por diez
millones de hormigas,
de abejas y de búfalos,
diez millones de seres
unidos por un fin
en la tregua del hambre
barrieron los humanos
como si fuese arena
y empujándoles hasta
los confines del mundo
devolvieron
al caos
lo que le pertenece.

(Sobrevivió una anciana.
Viste la piel de un perro vagabundo.
Sin luces, balbucea.
No tiene descendencia.)

 

 

 

 

¿QUE qué pasó? Señora, eso aquí nadie lo pregunta.
El diablo se escapó y anduvo por los poblados.
Durante cien días anduvo entre nosotros con
el machete afilado.
No, Señora, aquí nadie pregunta.
Quien no aprende a perdonar
no tendrá paz dentro de sí.

x

xxxxxxxxxxxxxxxx(le respondió a la periodista la
xxxxxxxxxsuperviviente de un genocidio).

 

 

 

 

LA superficie no resiste. Huyo hacia delante llevando el dolor cosido a los talones. Ninguna acequia en la que ahogarlo, ninguna huella en la que perderlo. Decido enfrentarlo como se enfrenta al cielo la llanura: a descubierto.

Habré de perderme a mí ya que en el se aloja todo dolor. Digo dolor para nombrarlo, exorcizarlo, y en el nombre me digo para exorcizar al . Escribo el para que ruede hacia la página, pero se me pega a los dedos y no acierto, no acierto a diluir en la tinta el llanto. A sacudidas me digo, a sacudidas la letra y luego

contra lo irremediable me alzo.
Alzo el grito.
Contra lo irremediable.

Vago por el mundo dejando un rastro de gritos. Cada saludo un grito, cada sonrisa un grito. Mi sonrisa oculta el primer grito del mundo, el único, el mismo, aquel que brota en el final, cuando ya nada importa.

Intrusa de mi mundo y del ajeno, no hallo lugar para el descanso.

La fe de los comienzos, no.
El perdón
no.
xxxxxxxxxxxxSólo
xxxxxxxxxxxxel balbuceo.

La salvación
no.
xxxxxxxxxxxxSólo
xxxxxxxxxxxxel balbuceo.

Después del grito
el balbuceo.

Asolada
el balbuceo.

Mis pasos doblándose hacia dentro.
La mente desposeída de estrategias.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSólo
el balbuceo.

Dolor, ni tan siquiera —palabra sin sentido—. No abro las cortinas. Ninguna cortina. La habitación a oscuras. Málaga, Damasco, Delhi, en todas las ciudades la vida me es ajena. Todas las ventanas son la misma ventana. Todas las aceras reciben el mismo cuerpo. La misma soledad cayendo, excesiva. Morir es un exceso. Me ex-

cedo. Balbuceo.

Sigo alimentándome tan sólo para poder decir el exceso.
A contra-vida.
Abajo.

Y a nadie que esté vivo ha de importarle lo que digo.
No es más que un murmullo soterrado, apenas inquietante.

 

 

 

 

EL campo de Kobe, al sudeste de Etiopía.
Los campos saharauis de Tinduf.
Los campos de Saklepeha, en Liberia.
Los campos de Bahai, Ereba, Guerida, Forshana Goz-
Beida y Nigrana, Djabal y Goz Amer, en el Chad.
Los campos de Kibati, Bulenbgo, Buhimba y
Mugunga, en la República congoleña. Los de Mweso y
Masisi.
El campo somalí de Dadaab, al nordeste de Kenia. Los
de Hagadera, Ifo, Dagahale, en su frontera.
El campo de Domeez, en el Kurdistán iraquí.
El campo sirio de Za’atari, en Jordania. El de
Muraiyeb al Fohud y el de Anmar al Hmud.
La Franja de Gaza.

Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa,
duerme como aquel monje su sueño de
trescientos años oyendo cantar a un pájaro.
Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla.

 

 

 

 

A LOS CAMPOS provisionales de Chhattisgarh, de Bhairamgarh, de Gedam, de Bijapur no se llega huyendo de otra gente, sino empujado con violencia por la propia para que no se estorbe o se entorpezca el beneficio de unos cuantos. Desiertos e piedra estéril a cambio de las tierras confiscadas, de los que si se sale será para acabar en otros guetos: zhopadpatti, shanty towns, slums, bustees, poblados de detritus y hojalata que atraviesan las ciudades bordeando las vías de los trenes, zona franca de miseria de la que no se escapa.

Vi una fogata. Y a una niña oscura en brazos de su padre. Ella le sonreía mientras él la miraba. Y las llamas ardían más rojas y más vivas en los ojos del padre que en la propia hoguera. Yo pasaba en un coche.

 

 

 

 

HOCICOS temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. —El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. —Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro para contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.

 

 

 

 

NO nos enseñaron a desconfiar de los buenos.

La tierra yerma se estremece. Bajo su piel el pueblo de las ratas huye en desbandada.

 

 

 

 

NUNCA suficientemente desolados para tocar fondo y arañar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permitidos en la fase más leve del sueño.

Soportados por millones de esclavos que arrojados al frío olvidaron su origen y sus cuentos para no recordar el trayecto de ser otro a ser nadie, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un grito. Quién pudiese aún vivir en la inocencia, sin preguntas, sin temor y sin vergüenza.

 

 

 

 

DESANDAR lo andado. Aspirar a encontrar un pueblo sabio, un pueblo antiguo, un pueblo elefante, cuya fuerza no estuviese al servicio de la agresión, la conquista o el poder, que tan sólo exigiese que se respetara su derecho de paso: el camino sagrado por el que la manada atraviesa los territorios sin dañarlos.

Hallar un pueblo sabio. Desear salvar la tierra si tan sólo se hallase uno.

 

 

 

Maillard, Chantal. La herida en la lengua. Barcelona; Tusquets editores, 2015.

 

POLVO DE AVISPAS

 

Dex P O L V O X D E X A V I S P A S

Me llamo Desamparo
Duermo de pie como las bestias

 

*

 

Cada mañana
junto a las alpargatas
mi vida

 

*

 

De esta oscuridad a otra oscuridad
un camino de piedras

*

 

Prolongado invierno. La espalda
tan encorvada y lenta.

 

*

 

Ya todo es sombra
Hago hatillo de pérdidas

 

*

 

La mano helada
busca refugio en el bolsillo
El mí a la intemperie

 

*

 

Caminar aventando el miedo
sin apenas pasado entre las alas

 

*

 

Arañas tenebrosas asoman en mis manos
Ayer resplandeció el erial que tengo por dominio

 

*

 

Abejas zumbando en la flores de olivo
¿Quién necesita un mantra?

 

*

 

Viento nocturno
Si lo real es permanencia
nada es real

 

 

 

Maillard, Chantal. La herida en la lengua. Barcelona; Tusquets editores, 2015.

 

LA HERIDA EN LA LENGUA

 

De A D H E R E N C I A S

 

Lágrimas no. Tan
sólo xxxxa veces xxxxun
sobresalto
proyecta al cuerpo contra el muro
(de una casa por dentro
—o fuera, es lo mismo)

x
Ah, y también la náusea.
Al abrir los ojos
xxxxxxxxxxxxxxcada mañana
la náusea

x
y la marea del miedo
subiendo entre los juncos.

 

 

 

 

Dormir

como
hacia el origen

antes de la escritura
antes de la palabra

cuerpo dichoso si tan sólo
posible fuese nunca
despertar

 

 

 

 

La verdad no xxixxx¡el aire!

Para abrirxxxxiixxxa
xxxxxxxxxxxxxxxxg
xxxxxxxxxxxxxxxxu
xxxxxxxxxxxxxxxxj
xxxxxxxxxxxxxxxxe
xxxxxxxxxxxxxxxxr
xxxxxxxxxxxxxxxxo
xxxxxxxxxxxxxxxxs

por los que introducir
la cabeza xxxxxxxxy mirar

hacia otro lado.

 

 

 

 

Abierta
como una caja de Pandora
la mente. Sus detritus.

x
El oído aséptico, perforado, oblicuo.
La escucha atravesando los múltiples discursos.

x
Y el corazón
xxxxxxxxxxxdesposeído.

 

 

 

 

De L A X A G U J A / M E R O D E O S

 

No somos nunca lo que fuimos.

x
Asistiendo
a lo solo
que va de sí

x
no somos
vamos siendo
aquello que hemos despreciado.

 

 

 

 

Subvertir dice
el territorio del logos. Un
nuevo aprendizaje
del mundo —¿mundo?— de
la realidad —¿?— de
la conciencia —¿?— de
eso —¿?

x
Basta. Dejémoslo así
por ahora.

 

 

 

 

Oídme. xxxxxxxVengo
de inhóspitos parajes.
Territorios que nadie querría
haber hollado.
Para hablar necesito la fuerza
que no tengo.
Son tantos los obstáculos.
Aquel lugar abajo sin cerrar
este de aquí por nuestro siempre
hambrientoxxxxy aquél
xxxxxxxxxxxxxxaún tan otro.

Oídme. xxxxxxxSoy de aquellas
que vagan en los límites.
Quien me escuche sin ansia entenderá.
No somos libres de enseñarle
a nadie
lo que importa.

 

 

 

 

Oídme. xxxxxxxHablo
de cosas muy concretas.

Hace tiempo me atrajo la eufonía
confortante de las palabras xxxxxsu
cadencia y el brillo
impertinente del espíritu —¿espíritu?—
en la cuerda floja de la nada.
Fui de aquéllos.
Fortalecí el ansia de saber porque el yo
se refuerza sabiendo y
quería ser más.
Pero al fin sigue siendo nada
el yo bajo el decir

Os hablo de cosas muy concretas.
Quien habla es lo de menos.

 

 

 

 

De E L X D E S G A R R O

 

Ofuscada xxxxxdis
traída de la acción
rutina

x
araña errática

x
en su afán por
seguir tejiendo

x
acierta

x
justo allí
donde el desgarro.

 

 

 

Maillard, Chantal. La herida en la lengua. Barcelona; Tusquets editores, 2015.

 

ÁNIMA MÍA

Maleta y zapatos

 

SI SÉ LO QUE ESCRIBIR, JAMÁS ESCRIBO

Si sé lo que escribir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxjamás escribo.
Si escribo es por saber lo que sabré,
aquello que aparece
xxxxxxxxxxxxxxxxxxal descubierto,
mientras uno lo escribe,
y se desnuda
sólo para nosotros,
y no aparece más en los desnudo.

Si sé lo que decir,
xxxxxxxxxxxxxxxxno digo nada.
Igual que nada pienso,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi sé lo que pensar.
Si digo, es por asombro
de adónde me conduce estar diciéndome.

Si sé lo que sentir,
xxxxxxxxxxxxxxxxx¿para qué amarte?,
cuando lo tuyo propio es la sorpresa
de permitirme amarte en este tránsito.

Si supiera escribir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxno escribiría.
¿Para qué ser escriba de alguien mío
que impone que yo viva a su dictado?

Si escribo, es por probarle a mi ignorante
el ánimo interior de su ignorancia,
la fuerza capital que hay en la búsqueda.

Nunca saber,
xxxxxxxxxxxxy siempre estar diciendo.
Nunca escribir,
xxxxxxxxxxxxxxy siempre estar intentándolo.

Todo es incertidumbre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy suspensivo.

 

 

 

 

MUNDO MÍO

Quiero llegar al mundo por mí mismo.
Por mí mismo a mi mundo.
No me sirven
otros mundos ajenos,
están lejos de mí, de quien me habita.

No habito en un universos de un extraño:
para extraña me basta esta extrañeza,
mi propia extranjería me es bastante.

Hoy quiero sólo el mío,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel mundo propio,
el que no existe en nadie,
el que nadie querría, si está cuerdo,
el que a nadie le sirve sino a mí,
el insensato mundo que he inventado,
para caber en él mientras me invento,
con el descalabro rigor que me autoriza.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn ese mundo mío,
tan viejo como el mundo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsoy mi predecesor,
pero es tan joven
xxxxxxxxxxxxxxxxque aún está por nacer,
es inminente,
xxxxxxxxxxxxxy en él soy mi heredero.

Quiero tan sólo el mundo
que se pueda decir con mis palabras justas.
Ningún otro sabría dónde nace,
dónde muere y concluye.
Lo sólito privado para el uno
que me asiste en la vida, y que se basta
para no ser bastante mientras vive.
Lo exclusivo recóndito más íntimo.
Lo predilecto hermano que me abraza.

Allí yo soy quien funda mundos vuestros
donde vivir muriendo con vosotros.

 

 

 

 

SANACIÓN

Me curo de vivir en lo que escribo,
y en lo que vivo sano de escribir.
Son dos fervores
y una misma dolencia.
Me prescribo palabras,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmi narcótico:
sin ellas, mi no-mismo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxestá enfermo de mí.

La alegría, si no escribo alegría, no es perfecta,
y cuando ya lo he escrito, se me brinda
la realidad, alegre, para el brindis.
Parece, por tan pura,
pura superstición, pero yo expío
no sé bien nunca qué,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpago una deuda
que contraje en mis sueños.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSoy dichoso,
con la dicha infantil del absoluto,
si el ángel de un poema se me anuncia.

Cuando llegan las nubes, me repito:
no han llegado las nubes. Y no llegan.
Cuando busco la lluvia, me aconsejo:
la lluvia ya está aquí, y aunque no llueve
me mojo con la lluvia.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe persuado
de que cumplo en mi vida, con la vida,
si advienen las palabras.

Se vive de ilusión.

Curo con tal que escriba que me curo.

Mi no-mismo y mi yo son mis ilusos.

 

 

 

 

UNOS BUENOS ZAPATOS SON EL MUNDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Chema López

Son los de estar en mí como a mis anchas,
los hice con la piel que fui mudando,
los de mi propio paso a la deriva,
los de sentir mi suelo vuelto carne,
los de írseme los pies por esos mundos.

Son de gamuza azul, los de serpiente,
para ir reptando en pos de mi alegría.
Son zapatos de baile mis zapatos:
quien no quiera bailar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque se retire.
Quien no quiera gastarlos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque se aparte.

Están desparejados, no importa,
estos zapatos de mis ilusiones:
paseo si imagino que paseo,
igual que cuando marcho paseando.

Estos zapatos son de siete leguas.
De tanto ser zapatos, son mis botas.
Mi solo andar sediento por las dunas.
Los de irme a caminar sobre las aguas.

La mano los trazó para la mano.
Los hizo a la medida de su boca,
para el capricho de unos ojos límpidos.
Para que secundasen sus ideas:
los zapatos conformes son mi cuerpo.

Son zapatos de boda con el mundo,
los de mis esponsales con la música
que emana de existir.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstán lustrosos:
los ha lustrado el niño pensamiento.

El siempre partidario de ir descalzo.

 

 

 

 

AYUNANDO

A veces nos conviene desasirnos,
quitarnos de la boca lo más propio.
Negarnos la apetencia nos afirma.
Perdernos al albur,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdesalojarnos,
desahuciarnos de casa por un fuego
que limpie de impurezas nuestra casa.

Dejarnos ir, en ondas,
declinar de quien somos y quien fuimos.
A veces nos ayuda el renunciar
a nuestras certidumbres, proceder
por un afilamiento,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxadelgazarnos
de nuestras ilusiones.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa templanza
de estar entre las cosas sin anhelo,
para anhelar estar entre las cosas.

A veces el vacío
en el que se diría que flotamos
es todo lo más pleno que nos colma.

Muchas veces conviene ser mendigo
de nuestra realidad,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxquedar ayunos
de lo que más amamos y nos ama.
Permanecer a un lado,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmirándonos pasar,
dándonos la limosna de no darnos
más limosna que la de seguir vivos.

Conviene endurecer,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxfraguar sutiles.
Y regresar al mundo, voraces,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon más ansias.

 

 

 

 

¿QUÉ ME LEVANTA EN MEDIO DE LA NOCHE?

¿Qué me levanta en medio de la noche,
mientras que me desvelo en duermevela,
y me hace transcribir, como un poseso,
el jeroglífico en donde me pregunto
qué me levanta en medio de la noche?

¿Quién me dicta
lo que escribo al dictado de unos ecos
que utilizan mi voz para decirse?

¿Desde cuál ultratumba de mí mismo
se me alecciona en sombras,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxse me aturde:
la ultratumba del niño, la ultratumba
feroz de adolescencia, la del muerto
que aguarda en ultratumba a que yo llegue?

¿De qué orquesta de ahogados se levanta
la discordante música que suena,
ese murmullo grave que me acuna?

Es absurdo
sufrir la ocupación por unas voces,
que no son yo,
xxxxxxxxxxxxxy lo son, y que me habitan.

Como absurda resulta esta alegría
de que algo me levante, sin porqué,
en mitad de la noche y que me dicte,
para ser el calígrafo de nadie.

Para ser
el oráculo de todos mis fantasmas.

 

 

 

 

PEREZOSO EN LA ARENA

Permanecer tendido en esta playa
es un universal de la alegría.

Porque ha existido siempre,
porque es una
e idéntica a sí misma entre lo eterno,
con cada vez que ocurre
acontece el milagro de lo incólume.

Estaba la mañana en su apogeo,
con todo el esplendor de su detalle.

El sol se desleía en lava ardiente
y era lo que el sudor le reclamaba:
que el fuego,
xxxxxxxxxxxxun ángel más,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcauterizase,
por mis poros abiertos esta vida.

El mar era un espejo de ternura:
la que a mí me embargó,
como en destello,
mientras miraba el mar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxenternecido,
la carne inmemorial que unge la carne.

Una brisa traía, alquitranada,
el perfume de un mundo satisfecho.

Yo era el testigo fiel conmigo mismo.
Y fui para conmigo el partidario.

Algo mío pervive, muy conforme,
en la arena del tiempo minuciosa.

No importa que ahora sueñe
en la vigilia,
o que haya despertado
y ande muerto.

Mi pereza sagrada es hoy bastante.
Mi pereza radiante basta y sobra.

 

 

 

 

MATERIA OSCURA

Los nuevos sacerdotes, los arúspices
que escarban en el vientre del espacio,
que leen en los posos estelares
diagnostican que la materia oscura,
la materia hipotética cuya forma ignoramos,
ocupa el veintidós
por ciento del total del universo.

Hay un setenta y cuatro
por ciento de una fuerza,
no menos hipotética y no menos oscura,
que impregna todo el cosmos,
y expande el universo acelerándolo,
una fuerza mayor de la que nada
sabemos por ahora.

El resto, un delicado cuatro por ciento frágil,
es lo que vislumbramos
como nuestro universo conocido.

De manera que soy
universal al ciento por ciento de mi ser.
Una materia oscura me da forma.
Me desconozco pleno. Lo que intuyo
de mí son conjeturas, y no hay pruebas
de que me intuya bien.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUna energía,
que es más de lo que veis,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy toda ignota,
me empuja, en ondas tercas, hacia el mundo.

Mi cuerpo pesa en mí más que yo peso.
Mi instinto sabe más de cuanto sé.
Irradio, de ignorancia, una luz negra.

Se diría que opaco,
y transparento.

Bienvenida a mi hogar, materia oscura.
Los dos vertemos sombras.

Me estoy yendo de mí,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacelerándome.
Cada vez más veloz,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxme expando lejos.

 

 

 

 

DICHO EN SILENCIO Y ESCUCHADO

Nada dicen jamás las elocuencias,
cuando se habla de amor,
cuando el amor exige ser hablado.

Sólo el silencio alcanza la elocuencia
que al amor corresponde,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel timbre justo
con que correspondemos al amor.

Todo cuanto se dice acaba en eco,
por eso dice más lo que se calla.
Lo que callamos juntos nos define,
como el amor da voz a lo que somos.

Te quiero -escucha bien-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen lo que digo,
y sobre todo vivo en lo que callo,
porque dice mejor lo que más quiero.

Silente sé que escuchas lo que escucho.
Tácito, sé que tú me sabes, tácita.

Te querrá mi mudez como ella explica.
Tú entiendes más allá:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme sobrentiendes.

Quiero ser imprudente en mi cautela.
Mi palabra por fin se despalabra
de todo su rumor,
xxxxxxxxxxxxxxxxxpara servirte.
Mi palabra de honor te está rendida.

Esta boca fue mía y hoy es tuya,
como tuyo es también mi estar ausente.
Como también son tuyas mis mudanzas.

Tuyos, de nadie más, son los sigilos,
para tanto silencio enamorado.

 

 

 

 

TEA

Hay un instante de gloria sensorial
en que todo es un lecho de pura brasa viva.
Se inmola la blancura incandescente,
sobre su altar en ascuas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy me asombro.

Se atiene a su ardimiento nuestra hoguera.

Es un instante de majestad sin llamas,
sin otra duración que la del fuego
quemando hacia la entraña de sí mismo.

El momento pregnante está ocurriendo:
le ha entrado por el nervio hasta la esencia,
a este tronco tenaz toda la lumbre.

Me remito a ese instante. Me confío.

Lo que queda del árbol sin el árbol,
lo que recuerda al bosque sin el bosque,
aún se mantiene en pie contra su suerte.

Hay que hacerse matar como lo impone
esta tea en su luz soliviantada.

A esa indocilidad nos encomiendo,
con esa obcecación ardo en mi quema.

 

 

 

 

MÍNIMO RENACER

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Cabrera

Hay un cuajo de luz
lechosa en la mañana,
un coágulo
que usurpa, blanquecino, todo el cielo.

Fuera abanica un viento muy salobre.
Viene languideciendo en humedades
que lánguidas presagian el otoño.

Veo ropa tendida, la funámbula,
artista del alambre en sus vaivenes.
Las síncopas del aire le han prestado
a su naturaleza
una desarmonía muy juiciosa.
Flamea como un látigo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy de pronto,
queda atónita en vuelo.

Hay sábanas azules, prendas niñas,
todo ropa interior, que es cualquier prenda,
porque ampara la piel, lo más profundo;
porque templa la voz, lo más privado.

Mira el botín completo de estas vidas.
Aquí no anda la sangre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero anduvo.
Las heces y el sudor,
el peso enfermo de las sombras tristes,
la sal de los amantes y la hiel,
la herrumbre de las máquinas del hombre:
aquí se vertió todo, a mayor gloria
del obsceno dios mundo con sus máculas.

Pero ha ocurrido el agua, y nada es viejo.
Ha acontecido el sol, y ha inaugurado
el entero destino, cera virgen.
Ondea ya, desnudo,
en la ropa tendida, y entendida,
a la espera de un cuerpo que la ultraje.

Estoy flojo
de mis entendederas,
pero en mis tendederos estoy fuerte.

A punto de estrenarme,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde nacer,
recién lavado y tierno para el mundo.

 

 

 

 

A PRIMA MADRUGADA

Hay algo mayestático en el hecho
de adueñarse del tiempo en la alta noche,
de alzarse desde el sueño a la vigilia,
para predisponernos valerosos
a la interioridad,
al gozo de uno mismo en su desvelo,
al duelo de uno solo con su espíritu.
Un algo mayestático,
por íntimo.

Se diría que todo,
en el afuera,
trasmina su perfume,
a través de lo oscuro, a mi ventana.

Toda esta vecindad de lo que existe
se encuentra acomodada en su letargo,
y rendida a mis pies.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo parece
que ha virado a su centro hasta encontrarse.

Hay algo voluptuoso en madrugar:
como un dispendio de salud al aire.
Otro vivir de vida anticipada.

Cada cosa ha viajado a su matriz,
y allí late completa:
los hombres, en el útero
de sus sábanas blancas;
los objetos, bajo el caparazón
que nos los vuelve objetos;
y yo enseñoreando de este tránsito,
camino de la luz,
despierto sobre el ápice
de mi conciencia alerta.
En posesión de mí,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxpatrón del alba.

 

 

 

 

OTRO CANTAR

Éste es otro cantar:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxel que yo canto,
y no acaba de ser el canto mío.
Se dice en esta voz,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxpero es un préstamo.
Por tanta intimidad,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxya no es de nadie.

No sé cantar, ni sé,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxpero me basta
el desentono propio en que murmuro.
Si otro gallo cantara, ¿yo qué haría?
¿Cómo iba a darle sed a esta agua muda?

Escucho mi canción, y la obedezco.
La canto a mi dolor, y así se espanta.
Qué bien me satisfago
con este no estar siempre en mis cabales.

Tiempo habrá de venir
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde ser ninguno.
Vendrá un tiempo después
-no tengo duda-

de no poder decir la boca mía.

 

 

 

 

MAÑANAS DE COLGAR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Sergio Barrera

Mañanas de colgar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxlas hacendosas
mañanas de uno mismo,
con la obra siempre en marcha,
laborando
en ordenar el mundo:
y no se ordena.

Mañanas de arrumbar lo arrinconado.
Mañanas de prender
una pira con todo lo que ha muerto.
No hay nada que se esconda en los baúles.
Que en la memoria no se enquiste nada.

De hacer, por las mañanas, agujeros.
Mañanas de sudor, para lo físico
con que eleva puntales nuestro espíritu.
Aquel clavo no saca ningún clavo:
en su punta, clavel,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxflorezco el día.

De fresar a cuchilla los metales
que nos quitan el sueño,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsiempre en círculos.
Vivir despide esquirlas a la boca.

Mañanas de colgar y ser colgadas:
acomoda tu cáncamo,
como el mejor recuerdo, en la pared,
para que se sostenga y nos sustente.
Si está el tapiz dispuesto
sobre el muro,
no hay nada que temer.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstamos listos,
para tanto que puede nuestra mano,
por tanto como mana de esta fuerza.

Mañanas de colgar
xxxxxxxxxxxxxxxxxx-qué bien compuesto-

nuestro mejor retrato en la mañana.

 

 

 

 

CASA EN ESPERA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Francisco Brines

xxDebe de estar ahora toda en luz,
dispuesta en claridad desde el principio:
la casa sin nosotros,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxy anfitriona.

xxDebe de estar ahora tan silente,
tan embebida en su estatismo alerta,
que podría auscultarse la armonía
de cuanto en ella late y ha latido.
xxEl rítmico alentar de lo que es mueble
y de lo inamovible, que respiran.

xxDebe de entrarle fiel, por los balcones,
la efusión del jardín,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon sus cien verdes
de clorofila invicta,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxy cien aromas.

xxAún se podrá arquear, entre sus muros,
disipada en el aire electrizado,
la energía de amor que de allí emana,
la energía de amor que nos congrega.

xxTodo lo bien vivido está en las casas,
dándoles fundamento hacia sí mismas,
xxmoviendo a nuestro ser como es debido.

xxNo hay quien no tienda a un punto umbilical,
a un ámbito que le haga amar la vida.

Una casa en espera me ata al mundo,
xxy a mayor atadura, más me ordena.

Es mi lugar matriz:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxsoy huésped suyo.

xxAunque lo arruine el tiempo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxestaré en casa.

Yo también tengo un eje moral gravitatorio.

 

 

 

Marzal, Carlos. Ánima mía. Barcelona; Ed. Tusquets, 2009.

 

CARLOS MARZAL

Plaza de la catedral

 

POR SI NO LO SABÍAS
xxxxx(Del autor)

Quien escribió estas líneas,
el tipo que ha venido
con su huesos a dar en esta página,
-por si no lo sabías- no es tu benefactor,
no es un filántropo, no siente compasión
por quien ahora le mira más allá de este libro.
Conque ni semejante, ni hermano, ni otras estupideces.
Tiene un arma en la mano y lo que quiere
es descargarla entera en tu cabeza.
(Y eso tampoco significa mucho
para él ni para nadie.) Así que ya lo sabes:
nunca le dés la espalda,
no le profeses nunca gratitud.
Lo que él quiere de ti sólo es tu miedo,
lo que vino a robarte es tu dolor,
a cambio del dolor que él ha sentido.
Y cuando te lo aprendas será tarde.

 

 

 

 

SOMBRAS CHINESCAS

Cuando salimos, espalda contra espalda,
de aquel maldito banco,
y los coches patrulla nos aguardaban fuera;
antes de que empezara
aquel fuego cruzado del infierno
pude verlos allí, por un momento, solos.

En una noche hostil, bajo niebla africana,
al ver cómo el avión se deslizaba torpe
pista del aeropuerto arriba, hasta perderse
-y no era yo quien iba junto a ella-,
creí volver a verlos, al fondo, agazapados.

O cuando mi montura se desplomó, escupiendo
sangre por los ollares, y silbaron las balas
en el Desfiladero de la Muerte,
y estuve convencido de que el Sur
ya no sería el Sur tras esa guerra,
y maldije a los yanquis y juré no rendirme,
en ese mismo instante, los divisé a lo lejos.

Mientras me vaciaba sobre el rostro
de una de las dos negras vestidas de enfermera,
y la otra, endemoniada,
calmaba mi demonio a latigazos,
los observé, espectrales,
un grupo en la tiniebla, sin pronunciar palabra.

Y la feliz mañana en que el Profeta
tendió otra vez su mano sobre el mar,
y aquellas aguas rojas volvieron a cerrarse
y sepultaron carros, ejércitos, escudos.

Y en la playa de Omaha, y a bordo del Nautilus,
y al perseguir a la Ballena Blanca,
y al cantar y bailar, calado hasta los cuernos,
con aquella farola de un callejón sin nombre,
y al morder otro cuello de nácar
y degustar la sangre de mujer londinense…

Siempre frente a nosotros, alineados y mudos,
un bosque de cabezas culpables que nos juzga,
una tropa incapaz, carne de desaliento,
un batallón que busca dar consuelo a sus vidas
a través de las vidas que jamás ha emprendido.
Siempre del otro bando, en la otra orilla,
ellos, los que no actúan,
los que alguna vez piensan
que el precio de su vida es como el precio
que vuelven a pagar por su butaca.

 

 

 

 

EPITAFIO PARA WILLIAM CUTHBERT FAULKNER

xxxxxxxxxxxxxxxxxPara Ramiro Fonte, de Oxford, Mississippi

Aspiró a la holgazanería y la contemplación;
él, que escribió infatigable.
Hizo de casi todo en este perro mundo.
La vida, observada tras su lente de aumento,
aparece siniestra con frecuencia,
un perverso lugar donde sucede
algo que no sabemos explicar ni explicarnos.
Bebió más de la cuenta,
amó, montó a caballo.
Su recuerdo y su prosa
son un puerto, un emblema
y un dique contra ese perro mundo,
para los holgazanes y los contemplativos.

 

 

 

 

JUEGO DE NIÑOS

Cuatro o cinco palabras aprendidas
en la noche del tiempo, siendo niños,
nada más que esas cuatro o esas cinco
palabras aprendidas son precisas,
para nombrar los dos o tres asuntos
que merecen nombrarse en esta vida.

El resto es lo que queda cuando a la poesía
le hemos quitado todo lo que es la poesía.

 

 

 

 

LOS ÁNGELES HERMÉTICOS

xxxxxYa se durmió la sangre vida arriba.
xxxxxSoledad de futuro, sin futuro.

Cuando se nos imponen las palabras,
no siempre hay que saber por qué se imponen
ni hay siempre que saber qué es lo que han dicho.
Hablan en ti de aquello que soñabas,
y más allá de ti sueñan contigo.
Eres culpable de cualquier sospecha
que puedan imputarte por su causa.
Cualquier evocación y cualquier crimen
que no hayas perpetrado en las palabras
son tus evocaciones y tus crímenes.

Es extraño vivir con las palabras,
que aumentan la extrañeza del asunto.
No son como la vida, y la construyen.
No explican su misterio, y lo pretenden.
Quisieran preservarnos, y fracasan.

La voz, en ocasiones, se parece al silencio,
y en ocasiones hablas si estás mudo.
Hay siempre una frontera, y no existe frontera
para hablar de la vida con palabras.

(Este camino lleva a un precipicio.
No avances. Retrocede.
No insistas en la niebla.
Más allá hay dragones.)

xxxxxYa se durmió la sangre vida arriba.
xxxxxSoledad de futuro, sin futuro.

 

 

 

 

LA GLORIA NECESARIA

Es sólo una palabra. Como todo.
Y como todo, como cualquier palabra,
tiene un incierto cuerpo evanescente.
La gloria de tus ojos, la gloriosa
historia incomprensible de los hombres,
y el cielo de los héroes, en la gloria
dormidos para siempre, y otras glorias.

A finales del XX, donde estamos,
hay quien teme nombrar esa palabra.
No son tiempos gloriosos. Ningún tiempo
parece que lo sea. Cualquier gloria
requiere cierto olvido y la distancia.
Habrá quien piense que hablo de la fama,
o que conjuro el éxito, que son
tan sólo una azarosa unión de confusiones.

La gloria, en un poeta, es haber dicho,
con exactas palabras para el dolor del hombre,
algo que lo acompañe en la noche futura,
y que secretamente el hombre lo agradezca.

No temerá la gloria sólo quien crea en ella.
Sólo quien no la tema merecerá esa gloria.
Quien la merezca, sólo, nos hablará en la noche.

 

 

 

 

LA OSCURIDAD DEL BORRADOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOscuro el borrador y el verso claro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLope de Vega.

Estas palabras aspiran a la luz.
Pero sé que la luz y las palabras
son iluminaciones en la sombra.
Por mucho que refuljan,
por más que nos alumbren,
por más puentes que tiendan en lo oscuro,
las palabras son siempre tenebrosas.
Callan lo que afirman decir,
y a menudo confiesan
lo que dicen guardar bajo secreto.

Tras de cualquier palabra que persiga la luz,
hay noche y hay insomnio,
hay miedo, indefensión.
Eso las ennoblece,
nos las vuelve cercanas, aunque no
les otorga la luz, ni las transforma
en dignas, por eternas, de leerse.

Ahora bien, las palabras
crecen hacia la luz. Deben hacerlo.
Por más oscuro
que sea el borrador de nuestras vidas
y el papel tenebroso que se nos ha asignado,
nuestras palabras deben crecer hacia la luz.

 

 

 

 

LA MATERIA DEL TIEMPO

Tal vez no exista el tiempo -eso dicen algunos.
El presente, tal vez, contenga todo
el futuro que aguarda y el pasado
en donde fuimos otros. Eso dicen.
El tiempo, para mí, que sé que las palabras
son un juego cualquiera con que pasar el tiempo,
está hecho de los rostros de los desconocidos
en andenes, y de lunas de espejos
en donde mi fantasma se detuvo,
de mentiras que no distingo ya de la verdad,
del antiguo dolor, que no ha de ser nombrado,
quienes amé y perdí, derrumbadero abajo,
confusión y derrota, niebla y ruido.
El tiempo es lo que invento para escapar a tiempo.

No sé cómo hay quien piensa que el tiempo no es real.
(Algunos, por hablar, inventan un absurdo demonio,
al que terminan regalando el alma.)

El tiempo no es un sueño, y para demostrarlo
aquí está el mismo tiempo, que convierte
estas palabras y a quien las pronuncie
en carne de un olvido sin remedio.

 

 

 

 

DERIVAS

xxxxxxxxxA Celina, Emilia y Pere Rovira

Vagar por la ciudad sin hacer nada,
en la deriva de una tarde absurda,
es una ocupación como cualquiera,
y que, como cualquiera, nos ayuda
a no entender la tarde, a no entender
esa ciudad, a no entender ninguna
de todas nuestras vidas toleradas.

(El sol ya ha declinado. Por las turbias
aguas de nuestra tarde, cada cual
naufraga en solitario. La locura
tiene un orden, un ritmo y un idioma.)

Nada son las ideas, las lecturas,
las experiencias y las ilusiones
en el sinrumbo de esta singladura.
Ninguna tarde lleva a ningún puerto,
en ningún puerto atraca la fortuna
que no recuerdo bien dónde perdimos,
en la deriva de otra tarde absurda.

Pero ¿quién dijo que las tardes deben
tener sentido? Que yo sepa, nunca
se dijo en mi presencia. ¿Quién ha dicho
que se nos vaya a conceder la música
por la que el mundo gira? ¿Quién ha dicho
que esa música exista y que su pura
melodía redima del dolor?

Las tardes -esta tarde- nos expulsan
del jardín de la infancia. El corazón
no obtiene por moneda la ternura
que alguien le prometía. ¿Y quién nos dijo
que nuestro amor y los jardines duran?
Tener razón es triste, y aún más triste
es que de esa razón no exista duda.

Eso ocurre en la tarde. No se entiende,
pero sucede igual. En la impostura
de la ciudad y de nosotros mismos,
el corazón y el mundo con su música
y el amor y la infancia y sus fantasmas
y el jardín y el dolor y la ternura,
se pierden vida abajo, a la deriva,
rumbo a una noche un poco más absurda.

 

 

 

 

LA EDAD DEL PARAÍSO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA César Simón

Supongamos que exista -argumentaste-
ese lugar que el hombre ha ambicionado,
desde que al primer hombre le ofendió
la luz, que se perdía; el tiempo, que no vuelve;
la belleza, que exalta, pero que no apacigua;
o la felicidad, que, aunque la merezcamos,
parece inmerecida; ese lugar que es suma
de todas nuestras cuentas pendientes con la vida,
ese lugar en donde
los días no nos dejan su rencorosa huella,
y todo allí es ameno, y se escucha la música,
y no hay cuerpos enfermos, ni hay tentación
ni hay fieras.
xxxxxxxxxxxxSupongamos.

Vayamos más allá. Imaginemos
-y es mucho imaginar-
que se te concediera la ocasión
de acceder a ese llámalo Cielo,
o Arcadia, o Nolugar,
o Tapiado Jardín, o Paraíso,
y que fueses capaz de permitirte
-y que te permitieran
escoger tú la edad con que vivir,
o, más exactamente, perdurar,
en esa paz ajena al rapto de esta vida.
Supónlo.
xxxxxxxxxImagínatelo,
y dime ¿con cuál de las edades
de toda nuestra edad desearías
habitar para siempre el Paraíso?
¿Querrías regresar a la inocencia
tenaz y sostenida de la infancia,
en donde fuimos dioses y demonios
al tiempo y sin saberlo?
¿O volver a arriesgar en la estación violenta
llamada juventud, que nos abrasa
sólo con pronunciarla? ¿No te hechiza,
acaso, el equilibrio de la mediana edad,
cuando lo que ya sabes,
cuando lo que te queda por conocer aún,
ni te arrebata el sueño ni te aflige?
¿O por qué no escoger la carta venerable
de una vejez ya de vuelta de todo:
la madurez ingrata,
la juventud candente, la infancia sin memoria?

Me dejó sin aliento la pregunta,
y no por lo intrincado de su formulación,
tampoco por su tema, aventurado, abtruso,
sino por el momento en que la realizaron:
estábamos bebiendo, y la noche fluía,
por entre la terraza de aquel bar,
igual que un río en paz con su conciencia.
(La buena educación no nos permite
colocar a la gente en aprietos nocturnos,
sugerirle que ordene la vida, el universo,
en una improvisada  charla de café.)
Salí del paso con un par de bromas
y el fluir de la noche prosiguió hacia su nada.
Sin embargo, hoy regreso
hasta aquella reunión y sus preguntas,
no sé si por un caprichoso azar de la memoria,
o si porque contraje esta pequeña deuda,
para conmigo mismo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSupongamos.

¿Qué es ese Nolugar,
ese Jardín, Qué es ese Paraíso?
Parece en los relatos
un limbo insoportable de fantasmas,
un lugar en el cual no existe la inquietud,
porque no existe nada de lo cual inquietarse.
Y, dime, en ese caso,
¿a qué viene desear otra infancia,
una sabia vejez? La juventud candente,
dime, ¿a quién le importa?
Ahora bien, si ese Cielo,
fuese un trasunto nuevo de esta vida,
una nueva ocasión donde enmendar
nuestro propio fracaso, en el fracaso
total de la existencia; otro momento,
para poder decir lo nunca dicho,
otra noche en su cama hasta matarnos,
otro viaje, otro trago y otro precio,
ya veis, a fin de cuentas, otra vida
sin fin y sin castigos; en ese caso, pues,
poco me importa volver para ser niño
otras mil veces más, o regresar
como cualquier anciano, como un joven sin tregua,
porque regresaría incluso como un perro
tirado en la basura.

Pero de lo contrario no contéis conmigo,
pasad la página, apagad la luz,
conceded mi rincón a quien quiera ocuparlo,
y a mí perdedme luego,
en ese otro lugar en donde nada existe
y que es más viejo aún que el Paraíso.

 

 

 

 

LLENO DE RUIDO Y FURIA

En otra esquina más del laberinto,
una cualquiera, en otra arruga más
de la desfigurada cara de este mundo,
nuestros pasos se cruzan sin saberlo.

Alguien pierde la historia de su historia,
por no pararse a tiempo en un escaparate,
mientras, al otro lado de aquel mismo cristal,
alguien ya se ha dolido
de una definitiva carencia incomprensible.
En una calle anónima, un sujeto en la sombra
nos perdona la vida, después de haber pensado:
Hoy has vuelto a nacer, hijo de puta,
y el caminante próximo es la víctima.
Una voz al azar en un transporte público
no sabe, compungida,
explicarse por qué alguien sobre el que habla
estuvo en un lugar que jamás frecuentó,
en el instante exacto en que estalló la bomba.
Un teléfono suena,
en la casa vacía suena y suena,
y quién sabe qué vidas ya se han precipitado
en quién sabe qué pozos
de qué impensable noche.

A veces he querido
traducir ese rostro con expresión idiota
con que el mundo nos mira y lo miramos,
y termino contándome, idiota, alguna historia,
cuyo humor no he aprendido a traducir aún.
Ya saben: el coche mortuorio,
parado a nuestro lado, en el semáforo,
en el centro de un día que esplende, indiferente.
O aquella, tortuosa, de hospital:
un tipo muy contento, tras un feliz diagnóstico,
entra en un ascensor donde alguien llora.

 

 

 

Marzal, Carlos. Los países nocturnos. Barcelona; Ed. Tusquets, 1996.

 

LOS PAÍSES NOCTURNOS

Carlos Marzal

 

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Todo lo que ha empezado ya no importa,
lo que estrené dejó de interesarme,
regalos abiertos de nuestras ilusiones,
inocencia perdida a quién le importa cuándo.
El principio es el fin, y cualquier medio
para empezar de nuevo nos es lícito.
Las palabras se agotan al pensarlas,
los libros se terminan en sus títulos,
qué cansancio insistir, nos han anticipado
cuál será el desenlace de la trama.
No hay posible sorpresa, y lo que nos aguarda
son unos aburridos minutos de basura.

 

 

 

 

SANGRE JOVEN

Quiero tu sangre joven, que es querer
todo lo que la vida aún no ha podido hacerte.
De lo que me alimento
es de esa inútil sangre esperanzada,
de cuanto sé que ignoras hasta hoy,
y que más nos valdría que no supieses nunca.
De esa manera, por obra de tu sangre,
creo en lo que no creo, y olvido lo que sé
que te ha de suceder. Quiero esa risa
que aún no ha tenido tiempo de hacerse más prudente,
de pensarse dos veces si reír
es celebrar el mundo o lamentar su estado.
Envidio el que no hayas vendido
ninguna alma al diablo, y que bailes con él
a la luz de la luna, a veces, sin conciencia.
Juego contigo, porque no sabes reglas,
ni tan siquiera las de tu propio juego,
y mientras las aprendes
soy el que ya no soy desde ya no sé cuándo.
Quiero la impunidad con que te entregas
a la tarea de vivir la vida,
sin paz, sin horizonte, sin infierno,
que son el argumento de las vidas ajenas.
Viéndote hacerlo, se diría
que desconozco todo lo que conozco.

Así es tu sangre.
xxxxxxxxxxxxxxxYa sabes lo que busco.
Qué tristeza que el tiempo, o yo, o tú misma
tengamos que matar, en ti, toda tu sangre.

 

 

 

 

EL ANIMAL DORMIDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis García Montero

Has llegado en la noche,
como otras tantas noches,
hasta la casa apuntalada en sombras.
La puerta ha clausurado el alba amenazante,
y, tú mismo una sombra, te desvistes
con las voces aún y el sabor de esa noche
hurgando en la memoria.

La habitación todavía es más ciega,
y la invade, corpórea,
la familiar tibieza de una niebla invisible.
Has tumbado tu noche, tu cansancio y tu cuerpo,
junto al cansado cuerpo de su noche.
Quién sabe qué fantasmas la estarán visitando,
con quién departirá
en la hora puntual de los demonios,
por qué tierras salvajes de los sueños
andará extraviada y sin echarte en falta.
Toda la suma de casualidades,
de planes no cumplidos,
de rutas postergadas, de incertezas,
y que llevan por fin hasta esta noche,
resulta un laberinto incomprensible.

Mientras rumias un violento deseo,
ella duerme a tu lado,
flota sobre las aguas del lago de la noche,
ajena a tus preguntas sin respuesta,
y su respiración, en esas aguas,
es el fiel testimonio de que hay vida,
de que aún no te has ahogado.

Qué está ella haciendo aquí,
qué estoy haciendo.
El lago no responde desde sus aguas frías.
No creo que mañana obtenga la respuesta.
Mientras tanto,
ya me he acercado al animal dormido,
su orilla me ha abrazado,
y sin más tiempo para pedir ayuda
nos hemos ido al fondo de la noche.

 

 

 

 

LA LLUVIA EN REGENT’S PARK

Debe de estar lloviendo en Regent’s Park.
Y una suave neblina hará que se extravíe
la hierba en el perfil del horizonte,
los robles a lo lejos, las flores, los arriates.
Pausada, compasiva, descenderá la lluvia
hoy sobre el corazón de la ciudad,
su angustia, su estruendo,
sobre el mínimo infierno inabarcable
de cada pobre diablo.
Igual que aquella tarde en la que fui feliz,
igual que aquella luvia
que me purificó, caritativa.

En las horas peores,
cuando el desierto avanza,
y no hay robles, ni hay hierba, cuando pienso
que no saldré jamás del laberinto,
y siento el alma sucia,
y el cuerpo, que se arrastra,
cobarde, entre la biografía,
la lluvia, en el recuerdo, me limpia, me acaricia,
me vuelve a hacer aún digno,
aún merecedor
de algún día de gloria de la vida.
La amable, la misericordiosa,
la dulce lluvia inglesa.

 

 

 

 

LA MAGIA DE LOS DÍAS

La magia de los días no se encuentra
oculta en la excepción de nuestros días mágicos.
La magia no reside en las ciudades
que, mágicas, preserva la memoria,
porque en ellas vivió nuestro fantasma
y, en aquel tiempo ardido, ardió feliz.
No has de buscar la magia de tus días
en la noche feroz y su embeleso,
en citas victoriosas,
en batallas de cama hasta crucificarte.
La magia, en la aventura, es transparente,
y no hay que ser un mago para verla.
Las mañanas radiantes, los caballos,
los barcos que se pierden en la bruma
son mágicos por sí.

A través de los días, es casi imperceptible
la magia de los días. Vive en lo rutinario,
monótona y sin voz entre lo oscuro.
Lo mágico consiste en proseguir
con la respiración, aliento por aliento,
en la perseverancia que nos mantiene en pie,
en la conciencia absurda que nos muestra
como una inútil pieza prescindible
del engranaje absurdo de este mundo.

Es mágico el afecto renovado
que algunos nos profesan, y permite
distraer por instantes
el curso, enfurecido, de la vida.

Recuérdalo a menudo
-y recordar es mágico-:
recuerda que tus días
se esfumarán al fin entre tus dedos,
como por arte de una magia negra.

 

 

 

 

OMNIA SECUNDUM LITEM FIUNT

Contra nosotros mismos, y contra la idea
que de nuestro demonio hemos formado,
para que de él se sirvan los demás,
para que nos sirvamos. Contra la vieja sangre
que quiere destruirte. A contratiempo,
contra el tiempo, que ya se ha terminado
aun antes de empezar. Y contra las inútiles
lecciones del dolor. Contra el azar ya escrito,
inapelable. Y contra la ciudad de las ciudades,
que es la ciudad del alma. Contra lo que ahora olvido,
contra lo que podría recordar y contra
el fracasado propósito de esta enumeración,
que es encerrar el mundo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo es contienda,
todo nos duele y ya nos abandona,
y todo permanece y es lo mismo.

Salvar la piel un día es un milagro.

 

 

 

 

LA FIEBRE

Fue demasiado tarde desde siempre.
La bala de tu muerte está en camino.
No te ilumina el sol que te ilumina.
Ya has vuelto de los viajes no emprendidos.
Principio y fin están igual de lejos.
El orden y el desorden son lo mismo.
Debajo de la tierra sientes vértigo.
Esta calle te lleva a ningún sitio.
De lo que nunca has hecho tienen pruebas.
La fiebre es un certero sinsentido.

Anochece. Es de día. Y todo esto
otros, mucho mejor, ya lo han escrito.

 

 

 

 

CAUTELA

Tu infierno aún tiene un escalón no descendido.
Hay muertes que no has muerto todavía.
Por poco que imagines, si imaginas,
sabes que no has llegado tarde al infortunio.
Las fuentes del dolor no se han secado.
En el ojo del miedo aún hay más miedo.
Ni los tuyos ni tú estáis a salvo ahora
de todo lo que fuera está aguardando.
Aún puede hacer más frío. Aún hay más noche
dentro de la noche, y el desierto
se renueva detrás de aquel desierto.

 

 

 

 

EL SUR IRREPARABLE

Todos los sures adonde no has viajado
ya no serán el Sur, aunque los veas,
porque no has sido nunca,
a este lado de ti y en este espejo,
esos otros viajeros de ti mismo.
Y el Sur al que viajaste no es el Sur
adonde tú has viajado: se quemó
con lo que pudo ser y lo que ha sido.

Una idéntica hoguera de fuego irreparable
consume el desconcierto: hay mil caminos
por cada uno de los que emprendiste; hay mil noches
por cada noche memorable tuya; hay mil palabras
por las que tú has callado y las que has dicho;
hay mil rostros perdidos
por cada rostro que recuerdes hoy,
y ya no existe arreglo para nada,
ya nadie puede desandar los rostros,
o desdecir las noches,
o desencaminar cualquier palabra.

A este lado de ti y en este espejo
todo lo que sucede es para siempre,
todo lo que sucede es en el Sur.

 

 

 

 

DESPUÉS DE LAS NOTICIAS DE SU MUERTE
XXXXXXXXXX(J.G. de B.)

xxxxxxxxxxxxxx¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxL.C.

Qué curiosa, cuando muere un poeta -es decir,
cuando termina el tiempo del hombre que trazó
los versos de un poema que no muere en el tiempo-,
qué curiosa y qué estúpida
la forma en que la tribu lo despide.

Toda la estupidez habitual y la curiosidad
aumentan en su caso. Pues a quien los demonios
quieren perder, hoy día, no le otorgan desdicha,
ni amor insatisfecho, ni amor correspondido que se apague,
sino que lo convierten en carne de periódico.
Lo peor de la muerte no es nuestra muerte misma,
sino que nuestra muerte sea noticia
a juicio de unos cuantos. Quienes todo lo ignoran,
pero de todo escriben,
remueven las cenizas de no importa qué muerto,
en nombre de un deber para con sus lectores,
que nadie solicita. Esos que nunca leen, esos mismos
que piensan que un poema es la efusión de un tipo
que contrajo fiebres del sentimiento siendo joven,
en ciertas ocasiones -con cadáver por medio, si es posible-,
se descubren como incondicionales de la Literatura,
que escriben con mayúscula.

Toda la estupidez, repito, se acrecienta en su caso.
Por si no fuera poco el castigo diario
del diario papel de los periódicos, algún antiguo amigo,
antiguo compañero de aquel antiguo viaje,
aprovechó el momento para corroborar lo ya sabido:
que sólo los cobardes atacan a los muertos,
y que la estupidez es para algunos
el único caudal que atesoran los años.

Después de las noticias de su muerte,
su muerte era noticia -parecía-, a pesar de su obra,
y no gracias a ella. Al fin y al cabo, sólo su enfermedad,
o su reputación de bebedor, o lo que fornicaba,
interesaron a la gran mayoría a quien nada interesa.

De esta crónica extensa se desprende
-querría desprenderse- un deseo futuro,
que quizá algunos cuantos sí compartan,
aunque no todos tienen derecho a compartirlo.
No ayuda a bien morir, sino a no ser estúpido
en la muerte de otros.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando muera un poeta
-es decir, cuando termine el tiempo
de quien trazó unos versos que al tiempo sobreviven-,
quienes lo conocieron,
pero no lo apreciaban, que callen y demuestren
el respeto que a los muertos se debe;
que sus viejos lectores agradezcan
la eternidad privada de su propia memoria;
y que el resto, es decir, casi todos,
nos hagan el favor de estar callados,
pues, si algo necesitan los poetas
-y los poetas muertos siguen siéndolo-,
es que se callen en las ocasiones
los que siempre callados estuvieron.

Y para terminar, que quien dio pie a estas líneas
pueda gozar en muerte lo que la muerte debe
tener de recompensa:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno escuchar a los vivos,
incluida esta crónica.

 

 

 

Marzal, Carlos. Los países nocturnos. Barcelona; Ed. Tusquets, 1996.

 

BALADA O EPIGRAMA

Balada o epigrama

 

BALADA O EPIGRAMA

Tú que has sido disc-jockey más o menos,
por el sueño de tu generación,
sabrás seguramente que la vida
es un disco con dos revoluciones
que dura siempre, amor, nunca se raya,
nunca se raya, amor, nunca se raya,
nunca se raya, amor,
nunca se raya.

 

 

García Montero, Luis. Poesía (1980-2005). Barcelona; Ed. Tusquets, 2008.

 

COMPLETAMENTE VIERNES

Completamente viernes

 

MARTES Y LETRAS

Un asiento sin nadie en una conferencia
tiene ojos y mira con un frío absoluto.
Sobre todo si estás al otro lado
del azul de los mapas,
separada de mí por ciudades nocturnas,
el campo de las nubes, la luz de algún navío
y costas dibujadas con espuma
y casas con piscina.

Cruza un avión
el rojo turbio del amanecer
igual que el sueño cruza por tu noche,
cercano y lejanísimo,
en busca de otra tierra que no es mía,
aunque está junto a mí.
A veces me pregunto si yo soy
el que hace de mí cuando vivo en tus sueños.

El agua ya servida. Me deja frente al público
el verbo exagerado de mi presentador.
Es un martes de octubre. Debo hablar
sobre la utilidad de los poetas
y en la silla vacía no se sienta
ni el silencio de Bécquer encerrado en un álbum,
ni la desguarecida multitud
que Baudelaire metió en una botella,
como se mete un barco,
como se mete el humo,
el rojo turbio del amanecer.

En la silla vacía se sienta tu recuerdo
y la imaginación del viento norte
que ahora te persigue, las calles que te miran
y los escaparates
en los que te descubres reflejada.
Yo estoy donde tú estás, pero en la vida
hay cosas que no pueden compartirse.
Por eso sigo aquí y voy contigo,
cercano y lejanísimo,
en busca de otro mundo que no es mío,
aunque está junto a mí.

La poesía es la voz del que se sabe
vivo y mortal, lo dice Blas de Otero,
y en conclusión, señores, el poema
no nace del esfuerzo de hablar solo,
es la necesidad de estarle hablando
a una silla vacía.

 

 

MIÉRCOLES. DÍA DEL ESPECTADOR

No se descarta que al salir del cine
una pareja cuente con nuevos enemigos.
La película es mala,
las sombras buscan cuerpos para encontrar deseos,
se oyen voces de actores,
imágenes dudosas,
pero los labios son materia viva
en las butacas observadas
y los botones pierden su vergüenza.
Suena un disparo inútil,
la camisa deshecha,
la mano que naufraga entre los muslos.
Se persiguen dos coches por tus hombros
y estalla un edificio,
una lengua de fuego en la ventana,
llamas que desesperan vientre abajo,
el pelo negro por la mano abierta,
negro como la vida en la pantalla,
como el silencio del actor que mira,
del acomodador,
del público encendido.
Ya no tienen edad para estas cosas,
comenta el matrimonio de la última fila.
Y pienso que es verdad. No se descarta,
no se descarta que al salir del cine
una pareja cuente con nuevos enemigos.

 

 

POÉTICA

Hay momentos también en que dejamos
las palabras de amor y los silencios
para hablar de poesía.
Tú descansas la voz en el pasado
y recuerdas el título de un libro,
la historia de unos versos,
la noche juvenil de algunos cantautores,
la importancia que tienen
poetas y banderas en tu vida.
Yo te hablo de comas y mayúsculas,
de imágenes que sobran o que faltan,
de la necesidad de conseguir un ritmo
que sujete la historia,
igual que con las manos se sujetan
la humedad y los muros de un castillo de arena.
Y recuerdo también algunos versos
en noches donde comas y mayúsculas,
metáforas y ritmos,
calentaron mi casa,
me hicieron compañía,
supieron convencerme
con tu mismo poder de seducción.

Ya sé que otros poetas
se visten de poeta,
van a las oficinas del silencio,
administran los bancos del fulgor,
calculan con esencias
los saldos de sus fondos interiores,
son antorcha de reyes y de dioses
o son lengua de infierno.

Será que tienen alma.
Yo me conformo con tenerte a ti
y con tener conciencia.

 

 

LA NOCHE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora la sentimos inagotable
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo un antiguo vino
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy nadie puede contemplarla sin vértigo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el tiempo la ha cargado de eternidad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJorge Luis Borges

Con sus conspiraciones,
con los sueños que nunca se recuerdan
y con los recordados,
con el insomnio de las cañerías,
con la inquietud que tiembla un segundo después
del aullido de un lobo
o el aviso alrmado de los perros,
con la sombra que cruza por el jardín vacío,
con la luna maldita, con el amor, los hombres
levantaron la noche.

Con las ventanas de los rascacielos,
con la oración del monje,
con la ropa cansada de la puta,
con la orquesta de jazz en aquel sótano
de la ciudad dormida,
con el postigo en la tormenta,
con los versos de Borges
y con las confesiones del borracho,
con la luna de junio, con el odio,
levantaron la noche.

Y también con la Estrella Polar sobre los barcos,
con las meditaciones del filósofo,
con las tribus sentadas a la hoguera,
con la perversidad del confidente,
y con el tiempo detenido
en el primer abrazo, en las primeras lágrimas,
en los primeros nombres del interrogatorio,
con la luz amarilla,
con el silencio de los hospitales, levantaron la noche.

También con tu desnudo. Esta definitiva
perfección de la noche en tu desnudo
me confirma la frágil certeza del destino,
pues toda la intención del universo
fue llamarnos aquí.
En una noche blanca están todas las noches
y el tiempo inevitable ha sucedido
para dejar tu sueño en esta cama
y para que yo vea en tus ojos el fuego
de una noche infinita.

 

 

LA POESÍA

La poesía es inútil, sólo sirve
para cortarle la cabeza a un rey
o para seducir a una muchacha.

Quizás sirve también,
si es que el agua es la muerte,
para rayar el agua con un sueño.
Y si el tiempo le otorga su única materia,
posiblemente sirva de navaja,
porque es mejor un corte limpio
cuando abrimos la piel de la memoria.
Con un cristal partido,
el deseo
hace heridas más sucias.

La poesía eres tú
un corte limpio,
una raya en el agua
-si es que el agua es razón de la existencia-,

la mujer que se deja seducir
para cortarle la cabeza a un rey.

 

 

García Montero, Luis. Completamente viernes. Barcelona; Ed. Tusquets, 1998.

 

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