Archivo

Posts Tagged ‘editorial sloper’

PANTALONES LARGOS

 

PANTALONES LARGOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCaía la niebla sobre París […]
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl Sena se asfixiaba en el amarradero […]
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa niebla entraba en la boca, en los pulmones,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo si el aire llorara.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAdam Zagajewski

xxxAl abrir la puerta, una nubecilla de humo me esperaba en la escalera. Detrás, el gesto torcido de Ray antes de salir a escena.
xxxLos actores necesitan trabajar con un conflicto. Si no hay conflicto, no hay nada. Ni guion. Ni personajes. Ni escena. Nada. Eso lo sabe Ray aunque no es actor. O tal vez sí lo sea. Tal vez en la medida en que lo somos todos. Tal vez más. A mí me recuerda a Johnny Depp o a Skeet Ulrich. ¿No? Sí. Es clavado a Skeet Ulrich. Al menos en aquella época. También os puede recordar a una estrella del rock. O a un artista serbio. O a un fotógrafo de modelos. O a un modelo de fotografías. Al menos en aquella época. Me temo que Ray podría haber sido todo eso y más. Pero decidió ser escritor. Y guionista. Y director. Y venir a mi casa a aquellas horas de la noche porque, por lo visto, no estaba dispuesto a pasar por alto aquel agravio.
xxx—No has venido a la presentación.
xxxShhhh. Lo agarré del antebrazo con tal fuerza que —pensé— le iba a arrancar los tatuajes y le tapé la boca. Por nada del mundo quería que el renacuajo se despertara. Después tiré de él hacia el salón y lo empujé dentro con rotundidad. Se me antojó poca cosa. Cayó de rodillas y se golpeó la cabeza contra el sofá. Cerré la puerta de una patada y corrí las cortinas. Parecía bebido.
xxx—No has venido a la presentación —repitió.
xxxClaro que no, Ray. No he ido a tu maldita presentación. Ya sé que eres una leyenda viva y todo eso. Maldita sea. Esos pantalones negros tan ceñidos dicen que eres una leyenda. Y esos jodidos botines. ¿Son de color vino? Joder, Ray, ellos también dicen que eres una leyenda. Mis amigos dicen que eres una leyenda. De hecho, muchos te seguían como verdaderos fanáticos. Les molaban tus novelas y tu rollo. No sé si por ese orden. Lo de Christina lo entendían menos pero les encantaba el apellido. Venga, tío. No me mires así. Qué esperabas que hiciese. Tengo al crío enfermo y no podía dejarlo con nadie. Además, no te voy a mentir. Hoy echaban en la tele un reportaje que me interesaba mucho. ¿Sabías que en Tokio combaten la soledad con cafés en los que uno puede alquilar gatos por horas y jugar con ellos allí mismo? ¿O que tienen un nombre para la muerte por excceso de trabajo?
xxx—Karoshi.
xxxSí, Karoshi. Ya sé que te fascina Tokio y toda esa mierda, Ray. A mí también, joder. No te sientas tan especial. ¿Sabes cuántas novelas o películas llevan la palabra «Tokio» en su título? Leí ese libro, por cierto. No te voy a mentir. Me dejó tibio. Y luego, leí Héroes. Y luego, Caídos del cielo. Y luego, Ya solo habla de amor. Y luego, casi me suicido. Y, con todo, luego leí El hombre que inventó Manhattan. Y entre tanto vi La pistola de mi hermano, Teresa, el cuerpo de Cristo y La mujer del anarquista. Si hasta me vi la puta Master Class esa sobre improvisación que diste. ¿No la recuerdas? Sí, hombre, en aquel programa de televisión modernito de la 2. Joder, Ray, pero en qué estabas pensando. Me da igual que fuese por hacerle (o devolverle) el favor a algún amigo. Fue como ver agonizar una trucha en el suelo de un tiovivo. Por Dios. A mí también me flipa el patinaje sobre hielo y William Carlos Williams pero… Quién es de Algete ¿En serio? Bah. Bah.
xxx—Ésta te va a gustar.
xxxMira, Ray, no te lo tomes a mal. Me la suda el New York Times. Escribes bien y todo eso. Pero te he dado muchas oportunidades y no te perdono que me hayas aburrido tanto. Estamos en época de pantalones largos, ¿recuerdas? La vida es corta y tengo un millón de problemas encima. Y debajo. Y en la habitación del fondo. Especialmente en la habitación del fondo.
xxx—Hazme caso. Parece que no esté escrita por mí. Te gustará —repitió.
xxx¿No me estás escuchando? Te digo que tengo una vida muy jodida y poco tiempo para leer. Tengo una mujer enfermiza, un perro epiléptico y un niño que vomita cada quince minutos. Y lo peor es que no saben lo que tiene. ¿Me explico? Así que cuando me pongo a leer quiero que sea bueno. Quiero que sea cojonudo. No espero que lo entiendas.
xxx—Te entiendo.
xxxQué vas a entender tú. Estoy hasta la polla de ti y de los tuyos, joder. Que si leo seis periódicos. En inglés. Que si no tengo móvil. Que si ahora voy a traducir un escrito prepúber de Thomas Bernhard. Que si ahora me obligan a hacer el chimpancé. Oh. Qué putada. Oh. Pobrecito. Oh. Que estoy de promoción. Que si me van a traducir al hebreo. Que si cómo has podido vivir ignorando a Walter Benjamin. Que si tienes que leer a este. Que si tienes que leer a aquel. Harto. Me tenéis harto. Además, ¿por qué carajo escribís libros de trescientas, cuatrocientas y seiscientas páginas? ¿Tan importantes os creéis? ¿No sabéis contar una puta buena historia en doscientas? ¿Qué ha sido del Ray que prefería hablar de otros escritores antes que de él?
xxx—Sigue aquí.
xxxPues eso, Ray, qué cojones haces aquí. ¿No ha ido bien? Lo dudo mucho. Habrá ido mucha gente con ganas de aprender la diferencia entre rendición y derrota. Ya sabes, gente interesante. Gente del tipo que, cito, está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. Ya me entiendes.
xxx—Ahora es diferente. Lo que quiero es volver al hotel y descansar.
xxxShhhh. Calla. ¿Oyes eso? Es mi hígado retorciéndose. ¿Tú estás cansado? No me jodas, Ray. ¿Cuántas horas has dormido en esta última semana, eh? ¿Cuántos kilómetros llevan tus piernas? ¿Y tus brazos, cuánto peso han cargado? ¿Tu jefe te humilla? ¿Te ha rechazado tu mujer? ¿Cuántas veces? ¿Has ido a urgencias, quizás? ¿Has temido por la vida de tu hijo? ¿Él también vomita y tienes que inyectarle metoclopramida? No me jodas, tío. Descansar.
xxx—No voy a pedir perdón por mi suerte. ¿Lo haces tú por tus desgracias? Solo creo que te gustaría. La novela, digo. Te oigo y cada vez lo tengo más claro. ¿Puedo fumar?
xxxNo, no puedes fumar, Ray. En esta casa antes se fumaba. Y se follaba. Y se bailaba al ritmo de la Hot 8 Brass Band. Pero ahora mi mujer tiene los bronquios delicados y un sueño muy ligero. No te costará visualizar mi día a día. Me gustaría decirte que siento no haber podido asistir a la presentación de tu maldito libro. Me gustaría decirte que me encanta tu obra. Pero no puedo, Ray. No puedo. No digo que no seas bueno, solo que no eres mi tacita de té. ¿Recuerdas?
xxx—Podré vivir con eso.
xxxApuesto a que sí, Ray. De verdad. No es nada personal. Pero no puedo con los autores cuyas vidas intuyo más interesantes que sus novelas. Una biografía tuya sí que me leía, ¿ves?
xxx—Pero no si la escribo yo.
xxxExacto. Biografía. No autobiografía. Venga, Ray. Qué es lo que quieres saber realmente. Se está haciendo tarde. ¿Quieres saber los gustos literarios de este insignificante escritor? ¿El libro que tengo en la mesilla de noche? Pues la verdad es que ninguno. No puedo leer en la cama porque despierto a mi mujer y no quiero molestarla. Y durante el resto del día me es totalmente imposible. Así que me meto en el baño en torno a las cinco de la madrugada y no salgo hasta las seis y media. Me gustan los rusos y Roque Dalton. Me gustan Lorca, Luis Rosales, Cheever, Flanney O’Connor, Fitzgerald, Pound. Me gustan Whitman, Emily Dickinson, Cernuda y Gil de Biedma. Hemingway, Houellebecq, Nothomb, Rimbaud. No sé, me gustan Rilke, Dylan Thomas, Fante, Conrad, Wilde, Shakespeare. Me gustan Idea Vilariño y Ángel González, Cavafis y esa poeta polaca de nombre impronunciable. Luego están Olivier Adam, Stendhal, Pavese, Kobayashi, algunas cosas de MUrakami, Alberto Olmos y casi todo lo de Iván Onia y José Pedro García Parejo. Estos te digo ahora. Dentro de un rato pueden ser otros.
xxx—No conozco a los dos últimos.
xxxSon autores locales, Ray. Si es que eso existe. Y no van por ahí lamiendo culos. Ya los conocerás, espero. Es cuestión de tiempo. Muchas gracias por la visita pero a menos que me quieras contar un cuento mientras me duermo, ha llegado la hora de que te vayas.
xxxVenga, pero qué hostias haces. Lo decía de broma. ¿Vas a contarme el cuento de verdad? Bueno, si insistes, toma, léeme alguno de Cheever. Deja que me ponga el pijama y me tumbe en el sofá. Es agradable que te lean a media voz. Mi padre lo hacía. No solo antes de ir a dormir. También por las tardes, al volver del colegio. En fin, Ray, no te voy a mentir. En aquellos tiempos ya prefería la voz de una mujer caliente. Y ahora también.
xxx—Cierra los ojos de una puta vez y déjate llevar.
xxxDe acuerdo, Ray. Ya voy. Léeme El tren de las cinco cuarenta y ocho.
xxxOkey, amigo. Dice así:
xxxNuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo pueda mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba, después de un beso, de una charla, de un buen vino, aunque de eso ya casi no nos queda.

 

 

 

Torrero, Carlos. Lejos del champagne. Palma de Mallorca; Ed. Sloper, 2019.

 

CÁLCULO DEL FRÍO

 

CÁLCULO DEL FRÍO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY ahora, cuando estamos a punto de acabar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtal vez usted pueda decirme
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor qué se queda a oscuras la ciudad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando el sol cae oblicuo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo una lanza,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy es verano.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxChantal Maillard

xxx«¿Quiere respuestas antes de que pregunte?», dijo Google.
xxxPues sí. Odio los perros y los perros me odian. Dígame por qué. Dígame, también, por qué hay tanto
cretino por metro cuadrado en esta ciudad. Por qué tienen hijos que a su vez tienen hijos igual de cretinos. Dígame por qué sueño con mulatas francesas de ojos verdes y pechos como zepelines que huelen a champú. Dígame por qué nos ha tocado a nosotros. Dígame —por el mismo precio— por qué nadie lo vio venir. O por qué hay tantos silencios. O por qué un poema se abandona. Sí, dígame por qué.
xxxDe repente el ordenador hiperventiló por última vez. Y murió. Me quedé con la mirada raptada durante unos minutos. La pantalla en negro. Puro vacío. Ceros y unos, qué se puede esperar.
xxxDespués recogí los restos de tarta y confeti. Y decidí echar un vistazo a las habitaciones. Bajé por las escaleras sorteando los globos que aún habían sobrevivido al culo de tía Angelines y me asomé, primero, a la que una vez fue nuestra habitación de matrimonio. Se diría que Sara dormía profundamente gracias al Diazepam. Sin embargo, me pareció que balbuceaba algo. Algo que al principio me pareció imposible descifrar. Lo repetía como un mantra.
xxx—La minano niee
xxx—Naa minna no nnenea
xxx—Lamina no niee
xxx—Naaminna nonnenea
xxxMe acerqué más. Casi tenía mi oreja en sus labios.
xxx—La niña no sonríe
xxx—La niña no pestañea
xxx—La niña no sonríe
xxx—La niña no pestañea
xxxUna y otra vez. Y, en efecto, fue así como comenzó el infierno.
xxxRetrocedí unos metros hasta sentarme en la mecedora que una vez fue mi armario. Y no pude evitar recordar la noche en que Sara y yo nos conocimos. Nuestra historia no es la típica historia de chico conoce chica mayor que él. Chica se deja palpar las tetas por encima del bañador mojado. Chico se enamora de chica. Chica dice «yo te esperaré». Chica no espera. Chica se casa con el amor de su vida que es higienista dental, habla cinco idiomas, practica artes marciales y toca el piano. Chica se divorcia. Chica es moderna y ya no necesita un hombre. Chica empieza a votar a partido animalista. Chica accidentalmente se descubre canas en los bajos y dice «Oh». Y dice «Oh, Dios». Y dice «Oh, Dios mío». Chica vuelve en verano a la playa de su infancia. Chico está allí, contra todo pronóstico, esperando como el jodido Noah, diario de. Chico también peina canas pero ahora tiene bigote, gafas Persol de cristal ahumado y mandíbula modelo Viggo Mortensen. Chica sonríe. Chico va a casa de su futura esposa. Chico conoce a suegro. Suegro lo recibe con una mano en la Biblia y —en la otra— una escopeta. Y una cabeza de ciervo boquea sobre la chimenea. Y suegra no habla. Y cuñados no hablan. Y chico sale corriendo a los quince minutos.
xxxYo me quedé.
xxx—Soy abogada —me dijo. Y normalmente, eso me hubiera hecho perder el interés. Pero continuó con un «no soy de esa clase de mujeres». «No de las que cambia el rumbo para ver flores, atardeceres y caballos». «No de las que te untan la tostada de mantequilla y te acarician el pelo». «No de las que sale con escritores perdedores que se llaman a sí mismos escritores perdedores». «En definitiva, no de las que se dejan dar por culo».
xxxY, claro, me enamoré.
xxxOnce años más tarde Sara dice que es una mala madre. Sara dice que se quiere morir. Sara dice que si pudiera volver atrás… Sara dice que quiere escapar. Yo digo lo mismo, solo que lo vuelco en poemas de mierda y eso me ayuda.
xxxSalí de la habitación y entré en la de Carlota. la arropé, le limpié las babas, hundí mi nariz en su pijama y recé para que el día siguiente fuese mejor. Mejor para todos.
xxxSubí a la cocina y me eché un trago de ron miel con un par de hielos que olían a pescado. Mientras paladeaba aquel veneno, reparé en la puerta del frigorífico.
xxxBajo un panfleto de comida para llevar, justo entre el imán de Nueva York y el de Kiev, asomaba un trozo de papel. Lo cogí y fui hacia el salón. Me senté en el sofá, que a la vez es mi cama, y me puse las gafas.
xxxQuerida hija, tal vez lo ignores o —más probablemente— jamás lo recuerdes, pero a tu corta edad ya has cumplido muchos de los sueños que obsesionan a gran parte de los hombres que conozco. Esto es: te pasas las mañanas asustando gaviotas, vuelves de la playa en volandas a casa con el delicioso traje de la desnudez. He visto cómo te abandonabas al tintineo de los mástiles y a tomar el pecho. A demanda. 
xxxCréeme. Muchos matarían.
xxxJoder, pensé. Es como sumergir la cabeza en una palangana con jarabe de azúcar invertido. Debo escribir más. tal vez mañana. Siempre mañana.
xxxCogí el ordenador portátil, lo enchufé a la pared para evitar disgustos y segundos después ya estaba navegando por la red. Se hacía tarde y debía, como cada noche, seguir indagando en el síndrome de Moebius y sus malditos silencios. Sara me lo agradecería. Sin embargo, decidí que un paseo por http://www.chocoylatinas.com me vendría mejor. Por la mañana, nos esperaba otro maratón de pruebas y hospitales inútiles.
xxxCon el trabajo hecho, miré a mi alrededor. Había restos de papel regalo por todas partes y colgando del techo —en letras mayúsculas de colores—: FELIZ CUMPLEAÑOS CARLOTA.
xxx«Confirme que es usted humano», dijo Google.
xxxPues sí. Pero dígame por qué.

 

 

 

Torrero, Carlos. Lejos del champagne. Palma de Mallorca; Ed. Sloper, 2019.

 

EPÍLOGO PARA PUPITRES

 

EPÍLOGO PARA PUPITRES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSomeday my pain
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSomeday my pain will mark you
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHarness your blame
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHarness your blame, walk through

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBon Iver – The Wolves

xxxAnne Mendiburu ha aceptado tu solicitud de amistad. Ahora eres amigo de Anne Mendiburu. ¡Envía un mensaje para saludarla!
xxxLa primera vez que te vi fue a la salida de misa de doce. La última, a cuatro patas, arañando el suelo con los dientes. Y jadeabas. Y tu espalda se retorcía como el cuello de un cisne. Y resoplabas. Y tus uñas, de polvo acrílico, se destruían. Y decías: «Ah». Y decías: «Uff». Y decías, naturalmente: «Dime cosas sucias».
xxxDetrás, Gonzalo Montelongo, ¿recuerdas?, el puto Dinamito y su sonrisa de hereje, mecha en tu culo, con los ojos en blanco.
xxxVeo, por tu foto de perfil, que no has cambiado nada. Muy elegante lo del plátano. Bonito juego óptico. Me preocupa lo que queda fuera de campo, dentro de la garganta. ¿De verdad es el plátano entero?
xxxTal vez me recuerdes, me sentaba a tu lado en Historia del Arte, cuando intercambiábamos el aula con los de Ciencias Mixtas. ¿No? Es cierto. En C.O.U. Teníamos de profesor al Pumuki y el tipo de las arregló para que todos acabásemos el curso queriendo ser profesores de Arte. Aquella voz tan envolvente, el sonido metálico de las diapositivas al pasar, la penumbra, Botticelli, tus manos, Gauguin, Bernini, tus piernas, Franz Marc y sus caballos azules… en fin, no creo que olvide, jamás, aquellas clases. Ni yo, ni el puto Dinamito, claro, que desde el otro lado se ponía las botas bajo tu falda, sin prisas. Cómo pudisteis hacerme algo así. A quemarropa. No creo que ignorases lo que me hacías sentir.
xxx¿Acaso no recibiste aquella nota con esa canción que te escribí?
xxxDe tanto morderme la palabra
xxxpara no besarte
xxxme quedé mudo.
xxxPara después seguir tu boca como un mapa
xxxdeseando que mi lengua
xxxgeográfica
xxxy la Historia de tus labios,
xxxfueran una misma asignatura.
xxxClaro que la recibiste, te la dejé en la mochila, mientras tú preguntabas las dimensiones de aquel cuadro, el Matrimonio Arnolfini. «¿Tan pequeño?», dijiste, y te echaste a reír.
xxxAhora creo que tiene varios críos, un lémur de cola anillada como mascota, una foca por mujer, está gordo, calvo y trabaja en una inmobiliaria. Gonzalo, digo. Y te aseguro que yo no he sido.
xxxReconozco que durante años coqueteé con la idea de querer ser yo el último que lo viese con vida. Robarle los cordones a sus J’hayber Olympo —esos jodidos cordones extra largos, que se ataba a la pantorrilla como una sandalia romana. Y ahorcarle. Especialmente, cuando fanfarroneaba. «No sabes cómo la come Anne», decía. «Cualquiera diría que es vasca», decía. «No me imagino ninguna situación, por buena que sea, que no mejore con una mamada de Anne», decía.
xxxEn fin, te escribo para pedirte perdón por lo que voy a hacer. El caso es que tengo fotos. Fotos de aquella noche. Fotos de la fiesta en casa de los Montelongo. Fotos de la habitación. Fotos de tus rodillas, juntas, sobre el parqué. Fotos de cómo te atragantabas. Y las voy a publicar. Os etiquetaré a los dos y a todo el que fue a nuestro instituto, familiares, amigos, uno por uno, sin prisas. Y arruinaré vuestras vidas. Acaso por unos días. Pero así estaremos en paz. Espero que lo entiendas. Por mí no te preocupes, no me puede ir peor.

xxxEnviar xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo enviar

 

 

 

Torrero, Carlos. Lejos del champagne. Palma de Mallorca; Ed. Sloper, 2019.

 

ARMISTICIO (2008-2018)

 

OMENAGE A LOS POETAS

Siempre habrá un estudiante dislocado,
un tipo que se sepa ya tu chiste,
un cartel de se vende o se traspasa.

Y no es que existan cosas que no cambian,
es que hay cosas que cambian y no importa.

El amor no ha dejado de mutar
y sin embargo míranos aquí;
cantando con los mismos artificios
baratos que otros muchos
ya usaron (y mejor). Es lamentable.

Es lamentable, sí, pero es humano
y en ser humanos somos los mejores
por mucho que le pese a la robótica.

Así se acaba el mundo, sin un bang
y sin un gimoteo:

se acaba entretenido en el asunto
de vivir, de ir viviendo sin causarles
demasiadas molestias a los padres,
a los hijos, a quien se nos acerque.

¿Vendrá la claridad del cielo un día?

Es igual: al final todo es lo mismo.

 

 

 

 

NO QUIERO

Yo no quiero una calle en mi ciudad
ni en la ciudad feliz donde fui joven
ni en esta otra ciudad donde me muero.
Y no, no soy modesto, ni me abruma
la idea (bien bonita, la verdad)
de tener una calle corta y fea
o que la gente escupa sobre el suelo
de mi nombre o que un niño flaco acabe
debajo de las ruedas de un camión
que reparte butano en esa calle.

Lo que a mí me fastidia es que, hoy en día,
si le ponen tu nombre a cualquier sitio,
la huella que se imprime en internet
al rastrear tu nombre son ofertas
de pisos y de plazas de garaje.

 

 

 

 

CONTRA LA LITERATURA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Alberto de la Rocha

No hay nada más inútil que escribir.
Nada más dependiente que los libros.
Pero Alberto me llama y me pregunta
¿Qué te está pareciendo mi novela?
Y yo le digo bien, salvo este punto
y el momento en que dice esto y aquello
y él escucha y anota y bien parece
que aquí estamos haciendo algo importante.

Quién pudiera vivir fuera de un libro,
juntar en un hatillo las palabras
y haciéndose a la mar decir: «Adiós,
me voy para morir entre las fauces
de una auténtica bestia, les regalo
la curva de mi espalda, mis bolígrafos,
el impreciso sueño de la gloria,
la implacable derrota de mi olvido».

 

 

 

 

EN UNA BIBLIOTECA EN SALAMANCA

Me pregunto qué esperan sobre el conglomerado,
qué les han prometido para arquearse así,
rindiendo pleitesía, cargados de esperanza.

Ignoran que las minas de sus lápices
se han roto imperceptiblemente; ignoran
que en esta biblioteca no te puedes
dejar aconsejar, que no hay amigos
y nunca los habrá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxLeen. Estudian,
y aunque yo no lo quiera me recuerdan
a mi infancia en el pueblo los domingos,
viendo cómo salían de la misa.

Sí: yo también envidio vuestra fe;
vuestra creencia vaga en el mañana.

Vuestra forma sincera de desearos suerte.

 

 

 

Clark, Ben. Armisticio (2008-2018). Palma de Mallorca; Ed. Sloper, 2019.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más