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Posts Tagged ‘editorial planeta’

LA VOZ DE MALLICK

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Wataksi
ráfaga japonesa
xxxxxxxxxxxxxxxxte quiero
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxporque llevas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla toalla
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxal toallero
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el cuchillo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxal corazón del enemigo

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 4.

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A mi celda azul y soltera
llega la mansedumbre
del cantar de los esclavos negros.
Los esclavos abren sus bocas para pedir pan
y su hambre
xxxxxxxxxxxxse disfraza
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde música:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 6.

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ooh Señooor
xno nos olvides:
xxhaz que el lunes
xxxlos látigos de nuestros amos
xxxxnos acaricien
xxxxxcon dulzura de mujer cansada y satisfecha:
xxxxxxhaz también
xxxxxxxque las gabardinas Burberry
xxxxxxxxheredadas de nuestros
xxxxxxxxxamados abuelos
xxxxxxxxxxduren otro invierno:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 7.

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siempre ofrecen la otra mejilla
xy es el Señor quien los hiere
xxcon dardos y saliva y gemidos y muerte
xxxmíralos
xxxxcantando mejor que los ángeles
xxxxx¿por qué no gritan una ira santa?
xxxxxx¿por qué no maldicen al Señor?
xxxxxxx¿por qué no blasfeman
xxxxxxxxpara hacerle bajar a Ookunohari?
xxxxxxxxx¿por qué no roban el oro de Su trono?
xxxxxxxxxx¿por qué no golpean al Señor
xxxxxxxxxxxpara ver si ofrece la otra mejilla?

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 10.

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mira a los hombres negros
xya no tienen mejillas que ofrecer
xxmíralos
xxxmañana
xxxxllegarán a los campos de algodón
xxxxxcuando las estrellas más despistadas o perezosas
xxxxxxno hayan abandonado aún el cielo
xxxxxxxellos
xxxxxxxxbajas sus cabezas rizadas
xxxxxxxxxlas manos juntas como arañas copulando
xxxxxxxxxxensangrentarán los campos con sudor
xxxxxxxxxxxporque ya no tienen sangre

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 11.

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pocos instantes después de haber proferido
tu Palabra maldita:
xManarán de ti
xxnubes de murciélagos que anidaban en tu espíritu
xxxy centenares de espantapájaros de oro
porque aquellos que como tú
son en vida fuentes de pecado
serán fuentes de horror a la hora de la muerte.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 25.

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xhombres inocentes y hombres asesinos
xxtodos somos el mismo hombre
xxxy todos confesamos crímenes atroces:
xxxxlos esclavos negros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconfiesan que conservan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla fe
y yo confieso
xxxxxxxxxxxxxque quemé la fe
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy luego vendí sus cenizas

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 35.

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me compadecí de mis ojos
y suspiré
y poco tiempo después
xx(una era más tarde en el reloj de mi hambre renacida)
mis ojos agradecieron mi compasión
distinguiendo allá en lo alto del cielo
un brillante COMETA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 57.

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al instante
xreconocí en el cometa
xxla SEÑAL que ya no esperaba
xxxy supe que iba a indicarme
xxxxla meta
xxxxxde mi salvaje peregrinación por la nada más vacía
una tiniebla
que ahondaba en mí
huyó del alba
antes de que el alba viniera

xxxxxxxxxxxxxxxxxxM. 58

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Casariego Córdoba, Pedro. Poemas encadenados. Barcelona; Ed. Planeta, 2020.

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LA RISA DE DIOS

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Nuestras palabras
nos impiden hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras.

xxxxxxxxxxxxN. 0.

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Juro
que cuando vi
por primera vez
a Nadezhda Zelova
el azul era más blanco
que el blanco más puro.
Pero ignoro
lo que eso significa.

xxxxxxxxxxxxN. 6.

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Cuando se negaron
a admitir a Markowitz
en El Ojo Tuerto
por no haber sido pirata
y Markowitz
ahogó a Stirling
con sus manos de hierro
supe que tendríamos problemas.

xxxxxxxxxxxxN. 8.

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Markowitz
encendió la luz
y la oscuridad
se durmió.
Discutíamos en voz baja
y pensé
que la araña más grande
semejaba una fortaleza
más bien pequeña.

xxxxxxxxxxxxN. 11.

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Pronto descubrimos
que las supuestas arañas
no eran sino
manchas mecánicas
de tinta china
y Nadezhda atrapó
uno de aquellos ingenios
con la seda de su pañuelo.

xxxxxxxxxxxxN. 12.

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La mayor
de las falsas arañas
escribió un adjetivo y medio
con su propia sustancia
en la pared sur
del cuarto secreto
y no pude por menos
de elogiar
su inimitable caligrafía.

xxxxxxxxxxxxN. 14.

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Podríamos
haber buscado a la araña
partiendo del rastro de asombro
que dejó en los ojos de Markowitz
pero el cuarto iluminado
encerraba
misterios y misterios
que no nos permitían salir.

xxxxxxxxxxxxN. 21.

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Imaginábamos
manchas de tinta simpática
xxxpegasos
xxxxxxleviatanes
xxxxxxxxxy quimeras
xxxciudadelas
xxxxxxy puentes levadizos
y no nos cansábamos de imaginar.

xxxxxxxxxxxxN. 30.

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Markowitz
xxxnos pedía
xxxxxxa punta de daga
xxxxxxxxxy cuchillo
que no lo dejáramos : : : :
xxxxxxxxxixxxxxxxx: solo :
xxxxxxxxxxxxxxxxxx: : : :

xxxxxxxxxxxxN. 72.

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xxxxxxxxxSalgamos
xxxxxxya han olvidado
xxxque Stirling existió
que Stirling existía
xxxxxxcomo
xxxxxxxxxxxxexiste
xxxxxxxxxxxxxxxxxxmi angustia.

xxxxxxxxxxxxN. 101.

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Mi angustia
es el eco
de la risa de Dios.

xxxxxxxxxxxxN. 102.

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Casariego Córdoba, Pedro. Poemas encadenados. Barcelona; Ed. Planeta, 2020.

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EL HIDROAVIÓN DE K.

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A la izquierda
del intrépido funcionario
se eleva una colina verde
de folletos propagandísticos
folletos que danzan
en torno a una única
frase
doctrinal y pedagógica:
Drogas menores
Para los menores de edad.
Esta locución
repetida en todas las escuelas
californianas
a la hora de la comida.

xxxxxxxxxxxxxxC. 57.

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En Buck Square
el hombre moreno
xxxvendedor de estupefacientes
espera con impaciencia
el regreso de su ayudante
xxxBill Verschuren
xxxse ha atrevido a interrumpir
xxxun paseo de trabajo
xxxal estilo californiano
xxxpara.
xxxSabed
xxxque el papión sagrado
xxxvive tan sólo
xxxen la calenturienta imaginación
xxxde cierto escritor fracasado.

xxxxxxxxxxxxxxC. 86.

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Escritor fracasado
que forzó la puerta principal
de mi pequeño
piso de soltero
para llevarse

de las hojas
que yo había mecanografiado
con mi Riemman eléctrica
xxxuna Mae nueva
y sustituirlas
por otros tantos folios
impregnados de la más despreciable
literatura onírica.

xxxxxxxxxxxxxxC. 87.

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El parecido
xxxmuy superficial
que guardan los folios
abandonados a su suerte
en mi piso de Richworld
con aquellos que me fueron robados
folios pertenecientes
al texto provisional
de la obra
xxxPhil K.
a la que consagro actualmente
lo que el pretencioso
escritor fracasado llamaría
mi tiempo original.

xxxxxxxxxxxxxxC. 88.

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Desde la dorada
tribuna Lishman
del Club de Literatos Famosos
propongo internar
al escritor fracasado
en el Hospital Psiquiátrico
de Deshabituación
junto a los toxicómanos
que no lo son aún
junto a los enfermos
más peligrosos.

xxxxxxxxxxxxxxC. 92.

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Conozco
a todas
las secretarias aromáticas
de labios azules
que viven en California
y os aseguro
que Marie no es más que
el nombre de un sueño
del escritor fracasado.
Despidámonos
de ella
para siempre.

xxxxxxxxxxxxxxC. 94.

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El escritor fracasado
mintió más de dos veces
al referir
cierto sueño
de Kierkegaard.
Voy a contaros
ese mismo sueño:
xxxLlueve.
xxxLa mujer de Laos
xxxse acurruca
xxxovillo de piel azul.
xxxPaisaje
xxxde charcos amarillos.
xxxEl cielo
xxxes una fotografía
xxxdel cielo del año anterior.

xxxxxxxxxxxxxxC. 96.

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Lo que el escritor fracasado
hubiera escrito
si
xxxxxxxxxx:

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xxxxxxx.
xxxxxxxxxxxxx.

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xxxxxxxxxx.
xxxxxxxxxxx.

x

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx.

Profetizar es fácil
xxxpara un profeta.

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Casariego Córdoba, Pedro. Poemas encadenados. Barcelona; Ed. Planeta, 2020.

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LA CANCIÓN DE VAN HORNE

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Mientras uno de los individuos
de nacionalidad china
derramaba líquido inflamable
en el salón de actos número 16
Manfred Zimmermann
de soltero Manfred Lane
uno de los secretarios más inteligentes
de la firma
32 años doctor por Princeton
muy aficionado al tenis
abrió fuego con la metralleta reglamentaria
haciendo blanco
en dedo pulgar mano derecha tórax abdomen.
Brillante ráfaga
¿desea ingresar en el Cuerpo de Policía?
dijo luego John Matson
el jefe
el bromista J. Matson
de Denver
xxxxxxxxxxantiguo Colorado.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxV. H. 17.

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Afectado por la onda expansiva
de la potente bomba de mano
que él mismo había arrojado
el individuo al que
por comodidad
llamaremos W. Wang
quedó tendido cuan largo era
sobre la mullida alfombra rosa del recibidor
momento que aprovechó
Manfred Zimmermann
para descargar un fuerte golpe
en la nuca del asesino
con el viejo pisapapeles.
Zimmermann se hace luego
con el fusil ametrallador de Wang
y dispara sobre
tórax abdomen dedo pulgar mano derecha
el rostro imperceptiblemente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcontraído.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxV. H. 26.

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Manfred Zimmermann dispara al
dedo pulgar mano derecha de Wang
advirtiendo a continuación
que el dedo pulgar
tocado en su base
se ha desprendido del conjunto de la mano.
Presa del lógico nerviosismo
dominado por un impulso irracional
Zimmermann coge el dedo pulgar de Wang
y lo tira lanza arroja
por una de las ventanas
de la cara sur del edificio Zimmermann
ventanas desnudas tras la bomba.
El dedo se dirige
hacia los balcones
de los pisos más bajos de la calle Stirling
sin encontrar obstáculos
que se opongan a su vuelo.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxV. H. 27.

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Todos hemos comprobado
la extraordinaria cabida
de los bolsillos de Vanderbilt.
Los múltiples bolsillos
bajo los ojos de Vanderbilt
podrían contener
una docena de artículos de regalo.
Algunos creen
que Rip deseaba extraer
su gruesa billetera de tratante de ganado.
Quizá sí quizá no.
Vanderbilt sacó la Magnum
y no rectificó
no está dispuesto
a aceptar un solo corte
en la película de su vida.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxV. H. 76.

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El Matson Square Garden
se tambalea
el Matson Square Garden
es ahora un grito
mil rugidos.
El boxeador de calzón azul
se tambalea
todos se tambalean
sobre sus asientos
el boxeador de calzón azul
dobla sus rodillas
sus rodillas besan la lona
y Vanderbilt distingue
su propio rostro tumefacto.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxV. H. 101.

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La canción de Van Horne

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dice tan poco acerca de Van Horne.

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xxxxxxxxxxxxxxxxxxV. H. 001.

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Casariego Córdoba, Pedro. Poemas encadenados. Barcelona; Ed. Planeta, 2020.

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CHAMPAGNE

 

Ella bebe champán y yo bebo whisky. El champán se bebe cuando no hace falta beber, sólo por lucir la mano dentro de un líquido, por beberse la propia mano, mientras que el whisky lo bebemos los hombres solitarios porque «es la sangre de los cobardes» y Bukowski no está aquí para mear en la nuca a todo este personal elegante que viene en busca de mi ingenio porque Sisita no me ama.
xxxEs malo que una mujer no te ame, pero hay algo peor: que te quiera como a un buen amigo. De modo que prefiero recordar nuestra juventud, cuando todos éramos más cínicos y ellas más folladoras, porque creían que la neogynona limpiaba los pecados. (…)
xxx—Seamos innobles en la zona noble —digo, y consigo que la gente se suelte un poco, la noche entre en nosotros como una droga y Madrid parezca la ciudad/acorazado que no es, aunque veo bahías de luz por todas partes y blancos yates amurados, balanceándose en el cielo como si fueran el Palace y el Ritz.

 

 

 

Umbral, Francisco. Un ser de lejanías. Barcelona; Ed. Planeta, 2001.

 

DESORDENADA BIBLIOTECA

 

xxxNi el más ordenado ha puesto jamás orden en los libros, porque ya digo que si son buenos viven su vida por los anaqueles y si son malos se mueren solos, se can solos de la estantería, los huele un momento la gata, los aspira la aspiradora y desaparecen en el Panteón de Hombres ilustres de la Mediocridad.
(…)Siempre estoy leyendo un libro que no es el que debiera, pero el que debiera no lo encuentro y, además, resulta que me gusta más éste (…).
xxxA los libros, como a los gatos, hay que renunciar a domesticarlos.

 

 

 

Umbral, Francisco. Un ser de lejanías. Barcelona; Ed. Planeta, 2001.

 

TIGRES BLANCOS

 

Mi amigo el doctor Soberón me lleva a un circo de Ventas (él ha sido médico de circo toda su vida) a ver 16 tigres blancos, cosa que no existía, o eso creía yo. Amo los tigres como Borges, pero no los exploto tanto. Efectivamente, son unos deslumbrantes ejemplares blancos con rayas negras. Sin duda proceden de Alaska o, al menos, del norte de Canadá. Son como reyes bárbaros y armónicos o como esclavos bellísimos, criaturas de furia y armiño. Se podría hacer un poema a cada uno de estos animales, como Rilke se lo hizo a una pantera de zoo (y era ella la que nos veía a nosotros entre rejas). No me gustan, empero, los grandes animales encerrados. Ni los pequeños. A mi gata no le pongo ni una cinta al cuello. Los bichos son naturaleza y hay que dejarles naturales. Lo que nos dan es un pedazo de universo vivo. ¿Por qué complicar eso?

 

 

 

Umbral, Francisco. Un ser de lejanías. Barcelona; Ed. Planeta, 2001.

 

ALMAS QUE ME HABITAN UNOS DÍAS

 

xxxCuerpos de mujer, cuerpos como almas que me habitan unos días, como si ellas los hubiesen enviado a hacerme compañía, mientras se quedan quizá en su verdadero cuerpo actual, ya ceniciento o desnivelado, ángel sin alas. Lámpara de un alto cuerpo, oro o nieve, que ilumina unas semanas de mi presente con luz que no tuvo nunca cuando real e inmediata. A esa luz vive uno, escribe uno, luz baja de la mujer íntima, soledad populosa de nadas, cada una con su nombre,cuerpo que voy haciendo realísimo a fuerza de recordar cicatrices, llagas, lozanías, pétalos, ligeras arrugas de flor o deslumbrantes muslos de materia pura. Una mujer desnudísima y mía ha cruzado esta página y nadie la hemos visto, y no digo su nombre porque no vuelva la cabeza y no sea ella, como en los sueños.

 

 

 

Umbral, Francisco. Un ser de lejanías. Barcelona; Ed. Planeta, 2001.

 

DESAPRENDIZAJES

diciembre 16, 2016 Deja un comentario

j-m-caballero-bonald-desaprendizajes

 

SU OSCURIDAD, SU LUZ

Vengo de una tierra que nunca ha sido capaz de atajar los escarnios perpetrados por sus propios moradores. Vilezas e imposturas que se han transmitido como lacras endémicas hasta hoy mismo, en una gradual propagación contaminante. Gente soez que de la religión hace una treta y de la vanagloria un catecismo; gente que enarbola la egolatría a modo de trofeo y gusta de mostrar su condición como sostén de la banalidad. Ninguno de sus lerdos narcisismos concuerda con sus más inequívocos modales, mientras todas sus faramallas remiten al mismo barrizal de fingimientos. El majadero es allí un cofrade eminente, y el badulaque el jefe de la tribu. Los más divulgados atributos de su naturaleza son también los más falibles. Pues ¿qué son sino innobles perifollos los gracejos, los regocijos, las alharacas? La verdadera contrapartida coincide con la índole de los ensimismados, los introvertidos, los melancólicos, únicos pobladores legítimos de esa tierra tan de continuo maltratada. Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

 

 

 

 

OPERA OMNIA

Ese libro que por desgana o convicción no se escribió nunca pertenece a la historia universal de la literatura. Sus innominados nutrientes se hacinan en la fosa común de la inmortalidad. Nunca visibles pero sí latentes, lo tácito concierne a los recóndito, articula un sentido nunca exteriorizado en virtud de su preservación. La síntesis sólo ocasionalmente se opone a lo múltiple, de modo que ese texto no existente propone una lectura que ronda el absoluto. Acaso sea creíble por lo insólita semejante contribución a los trabajos de la inteligencia; acaso sea viable prever cómo el silencio se constriñe hasta hacer fascinante la desmesura de la nada. Pero hay algo empero más poderoso que esa desmesura: la carencia de todo sustentáculo usual, la incorregible privación de aquello que podría haber suplido taxativamente al ornamento del vacío, algo parecido a una contradicción en términos, la luz oscura de los gnósticos. En el puro recinto de la literatura, los temas siempre son superfluos, amén de innecesarios; no atañen para nada a la sustancia generadora de una explicación del mundo que repudia el sostén ilustrativo de la palabra. En ese libro no escrito está implícita la definitoria capacidad iluminadora de quien no lo escribió.

 

 

 

 

TOCA LA MANO EL MUNDO

Las manos contribuyen a mantener la condición universal de los saberes. En la experiencia táctil se articula el dominio absoluto de ese otro conocimiento que engloba las incontables trazas de la realidad. Cada objeto existente ingresa en la multitud de los reconocibles con sólo ser tocado y esa sabiduría viene a constituir una facultad congénita no manifestada sino a través de minuciosos arbitrios intuitivos. El tacto se convierte así en un resorte idóneo para discernir los acopios o las pérdidas, las desventuras o los regocijos. Sólo los ciegos son capaces de captar semejantes retribuciones. Toca la mano el mundo y quien lo hace redescubre el mundo. El cuerpo predilecto o malquerido, el árbol en su edad consecutiva, la oveja o la garduña, la obsidiana o la rascadera, traspasan sus informaciones a la piel omnisciente y allí subsisten con la misma intensidad que esos recuerdos cuya preservación estriba en regresar a sus orígenes. Toda emoción tangible se parece a una herida: convierte en cicatriz su propensión a hurgar en las texturas mistéricas del fondo. Huelga decir que quienes logren la potestad de tocar lo invisible serán un día como dioses.

 

 

 

 

MALDITA FLOR EFÍMERA INCOLORA COMO UNA LÁGRIMA

Como quien vuelve del riguroso mar de Ulises después de haber cruzado el desvío circular de la memoria, así arribó un día a la casa de la playa la portadora del talismán. Venía envuelta en un halo marchito que le otorgaba el don de la ingravidez y la convertía juntamente en ella y su enemiga, en su propia salvadora y en la usuaria de su perdición. Era la pugnaz impartidora del verbo y la amordazada, la que nunca sería llamada por su nombre y la que ya no volvería a surgir del mar en calidad de diosa investida de poderes. Maldita flor acuática embutida en la noche, maldita desposesión de los deseos. Pero ella continuaba transitando a solas por los parajes litorales, acaso regresando desde el tramo final del extravío, mientras todas las puertas se desencajaban de sus goznes y dejaban como una excedencia de vacío en la imperfecta oscuridad. Maldita flor efímera incolora como una lágrima.

 

 

 

 

LLEGAN DESDE EL FUTURO

Llegan desde el futuro edictos deplorables. Todo lo que era puro se ha de volver obsceno. Aquello que alguna vez fue consagrado por el dictamen de la libertad acabará descomponiéndose entre espantosos cautiverios. La lozanía devendrá de repente en un imprecatorio almacén de desperdicios y la decencia que surgió de los estudios nobles será pasto de la villanía de estólidos e iletrados. Nada más repulsivo que negar la llegada de esa tortuosa horda de coetáneos que irán desvalijando los últimos baluartes de la probidad. Vuelve a oírse el tropel irremediable de clérigos, prebostes, patriotas convenientemente adiestrados en la eliminación de discordantes. A nadie se le oculta que los detrimentos de la felicidad avanzan cada noche un poco más por la demarcación de la falacia. La benevolencia de los pocos terminará abatida por las consecutivas restricciones de los muchos. Pero hay algo que en modo alguno podrá ser desalojado de sus indómitas despensas. Devolverá la vida a cada uno, según su obstinación, la facultad de discernir entre uno y otro veredicto. Y esa será como una contraofensiva que habrá de conducir expresamente a la justicia universal.

 

 

 

 

 

HE LEÍDO TODOS LOS LIBROS

En noches de tormenta clamorosa, justo a la hora en que cohabitan los demonios familiares con las criaturas de los bosques, las bibliotecas suelen experimentar una sacudida sísmica no del todo inmoderada. El fenómeno apenas es percibido por quienes gozan de un innato repudio por los fárragos intempestivos. Se instala entonces en las estanterías una subrepticia agitación contaminante y hay un desgaste general aferrado a los anaqueles incluso con cierta propensión demoledora. Chirrían las hojas de los libros como élitros descompensados por el moho; entrechocan unas con otras las tipografías como cuerpos desvencijados; compiten los papeles como náufragos en busca de su tabla. Pero hay algo que supone una eventualidad aún más perturbadora: la ubicación de las palabras en la interioridad de cada libro. ¿Cómo se altera, cómo se verifica la distorsión de los sintagmas, en qué momento se interfieren las significaciones textuales? Nada se opone ya a que esas grafías intercambiables acaben confluyendo en un difuso elenco argumental. Los libros descoyuntan así sus contenidos en los momentos más ineludibles y de esa sola actividad arranca el orden que precede a una nueva instauración del caos. Aquel que lea alguno de esos libros, habrá leído todos los libros.

 

 

 

 

PERNOCTACIONES

He llegado solo o con quien yo más quería a sitios cuyos nombres ardieron, ay, con la decrépita hojarasca de la memoria. Todo ocurría como en el voluble ritual de una arcaica creencia itinerante. No sin recelo entraba en la efímera habitación, veía desde la ventana un cúmulo de calles ateridas por los despojamientos de la interinidad, olía nuevas fragancias transitivas en alféizares, cortinas, almohadas. Y ya se oía de inmediato el llamamiento de la puta noche, sus vacilantes correntías, sus despojos, sus repulsivos légamos, las polícromas luces engañosas, la seducción de los mostradores, los arduos vericuetos urbanos indistintamente anexos al edén y a sus introvertidos albañales. ¿En qué acabaron tantas fortunas, infortunios, flores del mal, buenaventuras? El locuaz mapa de España es rico en pertenencias nominales, esos topónimos sonoros, agrestes, mayestáticos, entre cuyas grafías se han ido acumulando tantas pernoctaciones que han desbordado y mucho sus propios envoltorios. Si lo que permanece lo fundan los poetas, yo he fundado la noche tantas veces como sobreviví a sus hospedajes.

 

 

 

 

DEJEMOS HABLAR AL VIENTO

La ausencia de pronósticos facilita que el viento se desvíe de su ruta por no usados atajos. Es una compulsión intempestiva que persiste hasta alcanzar esa afanosa concurrencia donde la privación de parapetos propicia el vendaval, tristes liturgias que resuenan de pronto a intermitencias despiadadas mientras se aferran vanamente a los muros ingrávidos del aire. Pero ¿en qué incautas premuras de la sensibilidad ocurre verdaderamente la conversación del viento con el viento? Nunca será azaroso que las desapacibles urdimbres invernales circunden sin aviso la casa en que se hospeda el inocente. No hay desacuerdos entre ese lugar y quien lo habita, pues la intemperie o sus irrevocables inclemencias se acomodan sucesivamente a la vida interior del hospedado. Hay que esperar empero a que vuelva a arraigar en la memoria la borrasca veraz de lo vivido. Dejemos hablar al viento.

 

 

 

 

POBLACIÓN DE RECLUSOS

Los cautivos dilapidan sus días sin advertir que el tiempo arrastra sus despojos por unas calles que ya han sido devueltas al desierto del que procedían. Todo está desguazándose entre los sumideros de la libertad, mientras la vida es ya como una extenuante privación que conculca la arcaica ley de los relojes. Se juntan mientras tanto las más torvas texturas de lo negro tratando de acentuar la ejecutoria del hastío. Nombres perdidos, entumecidos rostros, manos furtivas que van oscureciéndose en una incorregible moratoria por todos los espacios habitables. Circula la penuria por las galerías y un estruendo ruin de cerraduras contamina las celdas donde se hacina el infortunio. Que se olviden de ti, olvidarte de ellos, horrible noria vespertina que interminablemente obstruye el circular trayecto de las comunicantes soledades. ¿Eso que repta como un gusano atroz por la solería es acaso la muerte? ¿Esa traza que queda entre las mugrientas llagas de los baldosines es acaso la muerte que así se anuncia para aterrorizar a quienes abominan de la sombra? He aquí las ubres marchitas de la noche, chorreantes venenos que embadurnan los muros de esa tétrica historia carcelaria que protagonizamos entre todos.

 

 

 

 

TODO LO QUE NO PESA SE REÚNE PARA CAER

Ando forcejeando entre miedos indistinguibles y lisérgicas nocturnidades y variantes pobres de la conformidad. Ando bajo la incertidumbre del intruso emplazado en la balanza funeral del tiempo, siento la compulsión de unas discordias que se han ido hacinando debajo de la espera. No tardes en venir, amigo mío, ven a la luz del día. Acuérdate, si es que aún puedes acordarte, de aquel maldito híbrido de espantajo y buitre, aquel zafio enemigo de la felicidad recién llegado del más torvo confín de la estulticia, a cuyo alrededor reptaban esas confusas tretas que envenenan la historia. No te dejes tentar por el olvido, amigo el que yo más quería, ayúdame a abolir lo que la atroz azada de la edad ha ido desencajando de sus goznes o convirtiendo en estorbos de no se sabe qué fragosidades. ¿Podré un día dotar de ingravidez esas palabras que fueron desplomándose como hojas caedizas de la desmemoria? El peso de la vida concierne a esa acumulativa indensidad de todo lo que ha ido amortiguando el poder del vacío. Avisa a los compañeros que aquí estoy esperándolos, o acaso subsistiendo entre un sinnúmero de evocaciones que remiten a una vaga invasión de hojas caducas. Todo lo que no pesa se reúne para caer.

 

 

 

 

AFUERAS DEL EDÉN

Las armas se conservan en una inmensurable espelunca que circunvala el mundo. Desmantelan las frágiles resistencias del mundo, suplantan sus historias, las falsean y expanden, las uncen a una larga concatenación de furias, éxodos, mortandades, estragos. Las armas se atesoran en subsuelos, hoteles de lujo, factorías, salas de juntas, y son en su momento transferidas a las previamente designadas zonas aprovechables, aptas para reactivar las benéficas lacras de la devastación. Brilla en lo lóbrego el horror de las despedazadas inminencias y allí mismo, entre los artefactos que los inicuos dioses evalúan según sus rendimientos, cunde inflexible la atroz premonición de la barbarie, palpitan los escombros que han sido previamente computados en las noches terribles de los asesinos. No importa que el artificiero coincida con el mandatario, no importa que el piadoso sea a la vez el exterminador. Porque ¿pervive algún vestigio, algún despojo primordial de la justicia exonerado de tan desoladoras estrategias, ya cuando el espanto consiste en la conjugación de todos los azotes de la vida? Llueve a torrentes sobre las torturas, la casa del hombre, el hambre de los niños. Y así hasta que las industrias aniquilantes regidas por los grandes depredadores se alían en la sistemática y pavorosa destrucción de las afueras del Edén.

 

 

 

 

RAYA DE LA VIDA

En el trayecto que recorre Max Estrella entre la taberna y el portal de su casa están implícitos todos los caminos alegóricos de la vida. Los fracasos, las pérdidas subsecuentes, las frustraciones, las demasías etílicas, no son más que piedras refractarias contra las que rebota la ofuscación de la pobreza hasta hacerse magnánima. Max Estrella portaba en la mirada el caballeresco estandarte de la razón de la sinrazón y padecía con perseverante impiedad dolencias majestuosas. El alcohol flotaba entre él y don Latino como una bandada de pájaros necrófagos y la vida era una interminable sucesión de hermosuras menoscabadas por la desdicha. Murió porque no tuvo otra opción más dramática para proclamar quién era.

 

 

 

Caballero Bonald, J. M. Desaprendizajes. Barcelona; Ed. Planeta, 2015.

 

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