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SHAKESPEARE – SONETOS ESCOGIDOS

septiembre 13, 2018 Deja un comentario

Magnífico trabajo -como siempre- de Ángel Luis Pujante, mostrando primeras versiones de algunos de los sonetos de Shakespare, publicados entre finales del siglo XIX y principios del XX.

 

 

11.

Al mismo paso que en menguante vayas
podrás en un retoño ir en creciente,
y así la fresca sangre de tu oriente
de tu occidente alegrará las playas.

Esto fuera buen juicio, auge fecundo;
lo otro, loca vejez, glacial rüina.
Bajo la misogámica doctrina
en sesenta años se acababa el mundo.

Muera solo, en su yermo, el rudo, informe,
que Dios no crió para modelo humano,
pero a ti, al darte un patrimonio enorme,
te impuso el darlo y no tenerlo en vano.

Natura te brotó robusto y bello
para que estampes más y siga el sello.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRafael Pombo

 

 

 

 

17.

¿Quién me creyera en tiempo venidero
si extremara en mis versos la verdad?
Igual que en un sepulcro guardar quiero
de tus dotes al menos la mitad.

Si hablara de tus ojos esplendentes,
si pintara al pintarte el ideal,
la edad nueva al juzgar dijera: Mientes:
tanto cielo jamás fue terrenal.

Y en mis mustios papeles tu silueta
fuera chochez de viejo nominada;
tus derechos, vehemencia de poeta
o una vieja canción exagerada.

Mas si en un hijo entonces florecieras,
en él y en mí dos veces revivieras.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFernando Maristany

 

 

 

 

18.

¿Te puedo comparar con el estío?
Tú eres más atractiva y más suave;
el huracán desflora a su albedrío
y el paso del verano es el del ave.

La pupila del cielo es harto cálida,
la faz de oro a menudo palidece,
la más pura belleza queda pálida,
pues todo en la Natura descaece.

Mas tú no puedes nunca marchitarte,
tu belleza jamás se velará,
y la muerte en sus sombras ocultarte,
cuando acabes la senda, no podrá.

Mientras la humanidad no esté extinguida,
tu estío vivirá y te dará vida.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFernando Maristany

 

 

 

 

27.

Llego rendido y busco con presteza
en el lecho reposo dulce y breve;
mas otro viaje ocupa mi cabeza
y, en vez del cuerpo, mi ánimo se mueve.

Entonces en tropel mis pensamientos
van hacia ti volando en gran distancia,
y hallo, al abrir los ojos somnolientos,
cual ciego, todo a obscuras en mi estancia.

Tan sólo ante mis ojos sin pupila
pone el alma tu imagen, como un broche
que en las sombras espléndido rutila
sobre el anciano rostro de la noche.

Ni un día el cuerpo, ni una noche el alma,
gracias a ti y a mí gozan de calma.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGuillermo Belmonte Muller

 

 

 

 

66.

Cansado ya, la muerte sólo quiero,
viendo a lo que aquí el mérito se presta,
y viendo a la miseria en son de fiesta,
y tenido por noble al trapacero;

escupido el honor, y el verdadero
hombre en quien la virtud se manifiesta,
sujeto a la ignorancia, tan funesta;
el mérito, el saber, ante el dinero;

amordazado el arte; la locura
insultando al talento, descocada;
cediendo la verdad a la impostura;

el Bien sirviendo al Mal… Mi alma cansada
buscaría la muerte en su amargura
si no me separase de mi amada.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJaime Martí-Miquel

 

 

 

 

72.

Para que el mundo averiguar no quiera
qué prendas hubo en mí para moverte
a amarme con pasión tan verdadera
más allá de las sombras de la muerte,

ya que decir no puedes en mi abono
nada que a mí me alabe sin mentira,
da mi nombre al olvido y abandono,
ya que al elogio pérfido no aspira;

si no, tendrán tu amor por embustero
y tu afecto leal por extravío;
mi nombre, de mi cuerpo compañero,
debe morir para tu honor y el mío.

Yo estoy de mi vivir avergonzado
y tú, que a un ser indigno has adorado.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJosé Pablo Rivas

 

 

 

 

87.

Eres para mí un bien inmerecido;
conoces tu valor, y es excusado
decir que el compromiso antes creado
roto está, y la amistad que nos ha unido.

Derechos a ese bien nunca he tenido,
fuera de los que tú me habías dado;
ningún merecimiento me ha adornado
para gozar la dicha que he perdido.

Te entregaste a mi fe por ignorancia
de tu valor; hoy ves que no es pequeño,
y entre los dos agrandas la distancia.

Tu posesión ha sido como un sueño,
dulce sueño de gloria y de abundancia
que tiene el ser más pobre y más pequeño.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJaime Martí-Miquel

 

 

 

 

116.

No admito que se pueda destruir
la unión fiel de dos almas. No es amor
el amor que no logra subsistir
o se mengua al herirle el desamor.

El amor verdadero es tan constante
que no hay nada que pueda reducillo;
es la estrella de toda barca errante,
cuya altura se mide, no su brillo.

No es juguete del Tiempo, aunque los labios
y mejillas dobléguense a su suerte;
no le alteran del Tiempo los agravios,
pues su reino no acaba con la muerte.

Y si eso es falso y fuera en mí probado,
ni yo he escrito jamás, ni nadie ha amado.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFernando Maristany

 

 

 

Shakespeare, William. Shakespeare. Sonetos escogidos. Las primeras versiones castellanas. (Ed. Ángel Luis Pujante). Murcia; Ed. Nausícaä, 2009.

 

EXTRAÑA COMO ELÉBORO

agosto 8, 2018 2 comentarios

 

ES COMO VOLVER A LOS VIEJOS BARES

Es como volver
a los viejos bares
xxxxxxxque dan a la playa
xxxxxxxal atardecer.

Es eso y no es nada,
y es ocupar una mesa
xxxxxxxhasta la madrugada.

Una vela, unas rosas
o el vacío de la vida.

Perdernos tras las huellas
de la memoria
infiel,
de la nostalgia frágil
xxxxxxxcomo copa vacía.

O recogernos de día,
abrazados y sucios (el amor sin reproches
xxxxxxxde la primera vez).

 

 

 

 

RUINAS, ES TODO CUANTO QUEDA

xxxxxRuinas.
Es todo cuanto queda.

No queda nada y queda todo,
la música de entonces,
la belleza del sueño.

La magia.
(El sonido del agua en el estanque helado.
El fuerte olor a rosas eterno y tan efímero)

La memoria, el silencio.
Tu tristeza, los pájaros que anidan
en los frisos.

xxxxxLa luz en la alta rama
como flecha de fuego,

el oro de los rayos
que atraviesan el musgo,

la serpiente enroscada
bajo la vid sin fruto.

 

 

 

 

NADA QUEDA DE ENTONCES SINO LA MÚSICA, NADA

xxxxxxxNada queda de entonces
sino la música, nada.
Pues la música es nada.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY lo es todo.

Como el deseo.
(Esa última ola que acaricia hueca
y hiere)

xxxxxxxxVerde ya los labios que ha madurado
la música.

Nada queda de entonces
sino la música, nada.
Pues la música es nada
(y lo es todo)

x
Como el deseo, sí.
Esa llama ya extinguida
que veneraba a la diosa.

O las voces de unas jóvenes
que hacen eco
xxxxxxxxxxxxxxxen tu sueño.

xxxxxxxEl fuego,
o el vuelo de unos pájaros
como roja ceniza.

 

 

 

 

TOMÉ LA ÚLTIMA COPA

Tomé la última copa, o la penúltima,
sin querer regresar.

Perdí mi tren, y era el amanecer
su vagón último doblando la ciudad.

 

 

 

 

EL RETRATO DE CÉLINE

Habla francés con acento italiano.
Sus labios guardan un secreto,
tendida bajo los sauces
o la luz de las velas,

en esa extraña pose.

Desnuda así,
sin piernas.

«Devant lui»
En la línea divisoria,
«o atrapados en la inseguridad de una banal
felicidad» dice E.M. Ciorán.

Un antiguo taller de la Volkswagen
lleno de gatos,
los gatos de París.

 

 

 

 

PEQUEÑO HOMENAJE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(a Maruja Mallo)

De espaldas siempre, desnuda,
con su voz amarillenta, enferma,
repitiendo «mon pere»,
leyendo unos poemas,

o alimentando pájaros,
dibujando negros números,
bañándose en si misma,
visceral y sucia.

Maruja no es Maruja,
es Ana Belu,
es Ives de Lux tocando el clarinete
nombrando lo innombrable,
pequeños desajustes,
la rosa de Estambul,
los muslos de Mary,
los viajes de Rimbaud.

 

 

 

 

DIBUJOS AFRICANOS

Como esos dibujos inacabados —dirías—
en las paredes del metro.

Su corazón inmenso chorreando
humedad.

 

 

 

 

DIECINUEVE PERSONAJES AL AZAR

Frida Kahlo tararea el adagio de Albinioni
mientras hace de vientre
y sueña
una cala en el sur

Seifert mira tras la ventana del café
Slávie
Visitará la tumba
de un poeta amigo
y abrirá
una
botella de borgoña
xxxxxxxal atardecer

Marcel Duchamp escribe a Peggy Guggenheim
desde París una carta en blanco con olor
a ámbar y a melissa

Peggy ama el cuadro «La tempestad»
de Giorgione

Leonora Carrington tenía un hermoso trasero

Escribo a mi madre una carta desde Cádiz
con una foto
estoy pelado al cero

Cruzo la bahía hacia el Puerto
en busca

de unos versos de Alberti
y de una arboleda

con restos de preservativos y botellas
con mensajes dentro

Leo «Larga carta a Francesca» de Colinas
y «Todo cuanto amé» de Siri Hustvedt

Gustavo Adolfo Bécquer acaricia
los pechos de Elisa

las piernas larguísimas de Elisa
llenas de vello

Baudelaire «Maldito vendedor de nubes»

Friedrich está de espaldas a la cámara

Rembrandt juega con la luz
la manosea
la tira al mar

Janis Joplin se mea de gusto
con un texto de Rimbaud

Hemingway entra en París con los aliados

Pollock pinta «La mujer luna»
Tiene un pez en la boca que gotea

Kandinski ama la niebla
donde todo se disipa

Tiépolo toca el laúd

Roberto Juarroz dibuja en el espejo
la figura de un pájaro

Picasso le hace un corte de mangas
a los nazis

Kisling está de espaldas a la cámara
el pantalón lleno de remiendos

Dylan Thomas bebe al son de un blues
en Scollay Square

brinda por Stravinsky
por la luna
eructa bosteza ríe
tararea un fragmento de Aida

 

 

 

 

EL JOVEN POETA

Se ha dejado un leve bigote alejandrino
que hace reír a su amada.

El joven poeta.

Es joven, vigoroso, aunque se cree muy viejo
y eso hace reír a su amada.

Soledad (o Marta, o Petronila)

Pero ella le quiere, a su modo, distinto,
con la risa a su favor.

Una casa en las nubes
que no pueden pagar,
la tristeza aprendida como un juego
de rol.

 

 

 

Sánchez, Ginés. Extraña como eléboro. Murcia; Ed. Nausícäa, 2003.

 

FRACTURAS

Rubén Martín 'Fracturas'

 

OTOÑO

A menudo me empleo en escribir poemas
a resguardo del viento o de la lluvia.
El otoño ha llegado con un pan bajo el brazo
y la solemnidad del que busca un culpable
para justificar el ciclo indiferente de la vida.
Yo acepto el mundo tal y como viene
y recojo las migas que ese rayo de sol
arranca de las nubes y vierte en transparencia.
Apenas ya recuerdo la estela del verano
en el aire viciado de símbolos hostiles.
En mis versos se escriben los restos de una huida.

 

 

 

 

FOTOGRAFÍA

En la fotografía aparezco sentado.
Seguramente, pienso: París era una fiesta
y Hemingway me gusta menos que sus novelas.
Pienso, también, en ese instante muerto
del clic que hace la cámara en las manos
de una joven mujer
xxxxxxxxxxxxxxxxxx(la observo
con ojos generosos).
Detrás, algunos libros colocados sin orden
preceden a la entrada de la tienda:
Shakespeare and company,
la antigua librería en el margen del Sena.
Asoman las palabras, unas cuantas ideas.
La tarde era una historia que merece contarse
y, sin embargo, apenas la recuerdo.
En la degradación del pensamiento
van las horas de todo cuanto he borrado,
de todo cuanto he sido.
¿Quién es aquel que mira más allá del silencio?
Está sentado. No responde a mi nombre.

 

 

 

 

VACÍO

Hay un vacío extraño sobrevolando el llano:
noviembre blanco
en el lomo de un ave que no existe.

 

 

 

 

PEQUEÑA PIEDRA

Pequeña piedra,
a ti, sola materia que retienes
la luz en el instante de mirarte,
luz en la luz, desnuda
se muestra tu belleza, sola tú
en la senda del mundo,
flor obrada de arena, no te inclines
bajo la lluvia,
agua en el agua, tú,
no seas menos, dulce piedra, dulce
brevedad del poema,
tú estás en mí al mirarte, y es por eso
que te escribo, palabra,
pequeña piedra,
piedra obrada de letras.

 

 

 

 

EL LUGAR SE HACE EXTRAÑO

1.

El lugar se hace extraño,
incluso para mí:

ya se trenza la noche
con alambre de espinos,

la luna es un balcón
que da la espalda al día,

el bosquejo de sombras
arde como una lámpara
de aceite.

 

2.

La memoria es un nido
atestado de avispas.

En mi mente cultivo
un panal de recuerdos
que me niega el rechazo
de todas las tormentas
que han sembrado mi vida.

 

3.

Con la intención de un niño
transito los senderos
que anteceden al hombre
y a su estirpe,

bajo al fondo de un tiempo
que no nos pertenece,

me asomo a la pregunta
que es todas las preguntas
de la historia del miedo
y la incredulidad.

 

 

 

Martín Díaz, Rubén. Fracturas. Murcia; Ed. Nausícaä, 2016.

 

LA LLUVIA EN EL CRISTAL

Willie Dixon

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMira la ventana bajo esta lluvia leve.
xxxxxxxxxixxxxxxxxxCada gota escribe su vida breve en el cristal frío.
xxxxxxxxxxxLa historia del mundo –toda– cabe en una tarde de lluvia.

 

 

 

 

Se he detenido frente a sus libros, aspirando su aroma, acariciando
sus lomos ilargo rato. iEscucha isus irelatos iy se conmueve con sus
cantos. iY icomprende ique, iigual ique isus libros, ise ha convertido
en una primera edición, lleno de erratas, de enmiendas y cicatrices,
y amarillo por los años.

 

 

 

 

Un día más no iba a abordar la cuestión de frente, a pecho descubierto,
con xdos xcojones xy xun xarma. xUn día más era obvia su incapacidad
para xamar xhasta xoír xel xcrepitar xde ila carne. Y abrió un libro para
darle vida a una vida. O para devorar un alma.

 

 

 

 

No leería nunca más, hastiado del tormentoso reflejo de su alma.

 

 

 

 

Despavorido, xaterrado, xmandó xcondenar xsu biblioteca, tapiar sus
puertas y ventanas, llena de muertos sabios que hablan, donde todos
los libros aún no escritos duermen, aguardan.

 

 

 

 

Era un hombre común que escribía sólo al morirse un poco.

 

 

 

 

Ha xmuerto xsolo xcomo un perro sin nombre. xLe xacompañaba xsólo
su xviejo xdolor: xuna mujer abierta de patas por el juego y unos hijos
lejanos como países nevados.
Le han enterrado en silencio los suyos –que ya no eran los suyos– con
sus últimas pertenencias: xuna palmada en el hombro, un vaso de ron
y los pasos últimos de la noche camino del alba.
Y xcuando xcae xla noche falta un poco de humo y sobra una silla y un
silencio de betún que no pueden rajar las palabras.
La xrepública xnocturna xpierde xun xsoldado, pasto de médicos curas
y gusanos.

 

 

 

 

Le xllaman xloco. xSostiene que se le apareció el muerto, xun xdía de
semana, xcuando la noche palidecía xcamino de la mañana; xque iallí
estaba el muerto amigo, su presencia, su viejo olor a trasnoche. xJura
que allí estaba el muerto, entre el hedor del humo dudoso, los últimos
cuerpos xque xse xenfríanx en la noche y las golfas tristes de siempre,
embalsamadas con carmín. Le dicen loco.

 

 

 

 

Le llaman viuda aunque nunca casó, porque sabe los secretos que
guardan en su tela las arañas.

 

 

 

 

Tenía oro en el bolsillo, plata en la sien y plomo en el alma. Cuidaba
cicatero de su vida xy nunca miraba el reloj: xtemía que se quedase
con su cara. xEl tiempo, xentre tanto, escribía –penúltimo y cabrón–
las páginas del relato.

 

 

 

 

El servicio de limpieza xencontró aquella mañana xjunto al cuerpo frío
de quien dirigiera tanto tiempo el museo las que habían de ser piedras
del escándalo: ialgunas botellas vacías, iuna camisa rota, unas colillas
con carmín y una nota breve, absurda:

xxxxxxxxxxxxxsólo los necios miden a los hombres
xxxxxxxxxxxxxpor el tamaño de sus esqueletos
xxxxxxxxxxxxxy no por la estatura de sus sueños

 

 

 

 

Se trata –según un viejo poema– del hombre anochecido. xHa olvidado
las sendas del mar y que al andar se hace camino. xNo xtiene inombre,
ni idioma, xni patria, xni estirpe. xSe trata del hombre anochecido. xEs
apenas una mancha oscura xque xemborrona xla limpia aguamarina de
la xtarde. xEs iapenas xun cuerpo trémulo en la soledad amarillenta de
las xluces xeléctricas. xSe xtrata xdel xhombre anochecido. Un hombre
para quien el sol se ha puesto.

 

 

 

Martínez Muñoz, José Antonio. la lluvia en el cristal. Murcia; Ed Nausícaä, 2000.

 

SERRAT EN SET CANÇONS

Antonio Marín Albalate 'Serrat en set cançons'

 

 

LA MORT DE L’AVI

 

LA MUERTE DEL ABUELO

Duele el llanto de esa luna quieta,
Con su anillo de luto, girando
En torno a la barca triste y sola
Del viejo pescador.

Duele la noche misma
Entrando por los agujeros del agua
Y sus pañuelos de verde moho
Y negra lágrima.
Duele la voz, sin rostro, del viento
Arañando como un diamante muy frío
Esa soledad tan seria
De quien ya dejó de respirar.
Duele, como una picadura
El silencio seco de su tabaco,
Y su pipa apagada. Duele.

Duele escribir la palabra desolación,
Ahora que todo es sombra
Grande y pena inyectada
En las venas de los aparejos.
Mar amarga entrando
En el corazón de la nieve.

Duele decir que mañana,
Nadie pensará en el viejo,
Que cuando los niños
Jueguen en la calle, un sol
De olvido hundirá su espada
En las tranquilas aguas
De este pueblo marinero.

Es la vida, amigos, la vida.
La vida de al fin morir.

 

 

 

 

CAMINANT PER L’HERBA

 

CAMINANDO POR LA HIERBA

Atardecía septiembre
Sobre la hierba,
Cuando las hadas
Sorprendieron mis pasos
Por primera vez.

Creedme. Jamás
Tuvo tanta luz
Mi mirada,
Caminando
Sobre el verde.

Por eso vuelvo,
A menudo, al lugar
Donde el aire
Es más dulce,
Para seducir a Venus
A esa hora en que
xxxxxxxxxxxxxxxxBajando
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe una nube,
Viene a provocarme.
O para celebrar
La ascensión
De la yerba
A mi cabeza,
Y ser paisaje.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Serrat en set cançons. Murcia; Ed. Nausícaä, 2001.

 

DONDE ACABA EL HORIZONTE…Y UN POEMA

Antonio Marín Albalate 'donde acaba el horizonte...y un poema'

 

 

SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Alguien muy oscuro tira una línea
De plata paralela a un horizonte
Cuajado de boria y lejanas chalupas
Semejantes a puntos suspensivos.
Una línea de plata profunda
Como el color de sus ojos arrasados
Por el viento. Una línea, alguien…
Toda la soledad del mundo
En esa mirada que apenas sostiene.

 

 

 

SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Alguien, un hombre en solitario, es, nunca una estatua
–Aunque lo parezca a lo largo de las horas por venir
Y a juzgar por el peso de su barba–, y, siempre, siempre,
–Aunque no se llame Job, ni semejante o así–
El perfil de la palabra paciencia.

 

 

 

SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Un hombre, ya sin rostro apenas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue añadir al paisaje
Indaga en el agua, –como un ángel de piedra–,
La inmersión de la luz del crepúsculo
En el blando corazón algológico
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe una muy seria marea.
Su profunda, imposible y submarina belleza.

 

 

 

SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Un hombre con ademán sediento –como de arena–
Sueña que se bebe todo el mar de pronto y canta.
Como un dios oscuro de norays, canta
El cruce casi ebúrneo y copulativo del pico de sal
De una gaviota con el infinito.

 

 

 

COMO LA VOZ SORDA DEL VIENTO Y SU MEMORIA –siempre a temer en cuenta–:
El agua fría y fatal de la noche que se extiende a perpetuidad,
Tiene filos donde herirse seriamente si en ella entra el hombre
Con ojos de estatuay números quebrados.

El agua, sí, el agua oscura y maldita
De los condenados al marfil de los tiburones.
El agua traidora que se aquieta bajo la luna para que se confíen
Los barcos que serán naufragio pasado mañana.
El agua mala de una ciudad fantasma.

Y…temblando, ya definitivamente sobre el papel, un poema.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Donde acaba el horizonte…y un poema. Murcia; Ed. Nausícaä, 1999.

 

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