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NUNCA SERÁ BASTANTE (POEMAS CASI DE AMOR)

 

ALAS

Una mujer camina sola y disputa al viento
su vuelo de melena invicta. Sea esta la hora
en que salgo de casa con su perfume bajo el brazo,
con restos de carmín en la memoria
y de rímel corrido por la dicha. Una mujer
camina sola y lleva prisa, lleva néctar
en derredor de su cintura y noches
de delirio incendiando la mirada, lleva tatuado
un cuerpo donde fue polisemia, torrencial. Sea
este el momento en que renuncio
al chantaje de la añoranza y decido
volver al libro que dejé en la mesilla. A las puertas
del cine una mujer espera, a nadie busca
cuando otea el largo horizonte
que le ofrecen la tarde y mi ternura.

 

 

 

 

LAS YEGUAS no comprenden el sol
en que te bañas. Cae la luz a plomo,
distante entre los juncos la brisa
te desnuda. Y en cada poro
de tu piel se detiene la tarde, a las puertas
del vientre. Cae la luz y al tiempo
resbala por tus pechos donde dibuja
el río la orilla del goce. En el rostro
del agua hay un rumor de dedos
que roza tu mirada. Dónde
van tus pupilas y por qué veredas.
En la ribera escucho su cuerpo
sin palabras. Y cae la tarde,
horizontal la noche espera.

 

 

 

 

ES LÓBREGO el pasillo, me temo
que sin fondo. Una voz que me ignora
trae, como la nieve, el alfabeto

de un tiempo prometido, esparce
por el aire un rumor de ventanas
que no comprendo. Avanzo
a tientas tras un hilo de placer
por donde viene entera

su saliva. Me temo que sin fondo. Los labios
que comienzan me saben raros, como
si fueran míos, todo perfil
la voz que tomo y es el túnel suyo.

También recuerdo cómo temblaban sus ingles,
mi sudada inquietud en el umbral
del paraíso.

 

 

 

 

UNA MUJER sin prisa me recorre
por la noche cerrada donde
el ardor nos procura. Por caminos que jamás

transitara, sus dedos como peces
son raíles que aciertan con mi pulso
anterior al desplome. Su suspiro, como
recién creado entre
las flores últimas, pregunta por la lluvia
y su salmodia, va hacia lo intrincado.

Como un niño en el bosque  —y más
adentro aún se queda.

 

 

 

 

POR UNA SERIE de malentendidos
creíamos que la felicidad era la belleza,
que era nuestra, que un vuelco al corazón
bastaba, aún con el estrago. Suponíamos,
con la simplicidad del deseo cuando
no importa sobre quién, que al amarnos
la belleza se daba, a cuerpo gentil,
por derechura. Y dice Santa Teresa:
en lo que he vivido he visto tantas mudanzas
que no sé vivir. Y en esas andamos.

 

 

 

 

CONVIVENCIA Y CONCIENCIA

La cercanía hace daño, el roce. A tu lado, de vuelta
al piso, mi maldad de ayer me carcomía, pero
todos tenemos algo que ocultar, la mayoría
mucho, seguramente demasiado. Mejor
no menearlo ahora. Mientras doblas la ropa
advierto cómo mimas las sábanas que bordaste
cuando tuvimos casa. Poner al menos
las cosas en su sitio, mostrar el daño —para qué
la culpa—, la armonía se va y de qué manera.

 

 

 

 

NO TE HE QUERIDO nunca como debiera, te acompaño
en la alegría y te deseo mucho y a veces
te acaricio, es verdad, con ternura, e incluso
te echo en falta a menudo, en cuanto estás
lejos o no te veo y necesito reunir a tu lado
mi silencio, que es nuestro silencio. Me encuentro
a gusto entre tus brazos, tus manías, tal
y como van las cosas. También estás en mí secreta
y aun así sé que no te he querido como tendría
que quererte, que no seré capaz de hacerlo.

 

 

 

Herrero, Fermín. Nunca será bastante (poemas casi de amor). Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

NOSOTROS, ISLA

Como se puede leer en la web de Enclave de libros, “el más perdurable de los clasicismos estéticos se basa en reconocer en la naturaleza las raíces de nuestros pensamientos y creaciones. Lo sabe bien la poeta zaragozana Marta Fuembuena Loscertales, quien, en su último libro, explora el sentido atemporal de la colectividad, del nosotros, en un mundo actual en el que la individualidad, la isla, parece ser la única representación posible y la medida egoísta de todo; y lo hace con un lenguaje depurado, carente de accesorios inútiles, también renovando o creando unas normas gramaticales propias. Al fin, la poesía de Fuembuena es conciencia del mundo y, por tanto, del lenguaje.”

 

 

Y aquí tienen algunos poemas del libro.

 

 

CONTAMINACIÓN A PARTIR DEL SUELO

Salen los límites de las personas a zanjar este desierto
en las migajas de unas calles encerradas en sí mismas

Oíd el chasquido de sus huesos frente a la acera
Oíd la quietud con la que se incineran en los parques
en la baldosa-tumba
en la mirada ajena
en el blanco que les impide avanzar

 

 

 

 

ESPERA EN SIMULACRO

Aquellos que sacaban los buitres a paseo
esos
están escaseando
Nos sorprende más la manera en que se descuelga una araña
que nuestras propias caídas

La liberación está cerca y no lo saben

A las puertas de uno mismo no se espera
se muere

Si pudiéramos encontrar la sombra de la que carecemos
no sucumbiríamos airosos
venceríamos demacrados

 

 

 

 

NO ESPERAR, ESPERARSE, NO

Pensar en lo que piensa otra persona
es un acto de cobardía
no de imaginación

La imaginación ha de ser original abstracta desconsiderada

Pesada y obsesiva
para que permanezca

 

 

 

 

MARE NOSTRUM

Tírate al mar
arrójate tu propia agua salada
un antídoto
la inexperiencia

Por si asomaras la cabeza
y hubiera un hombre dentro

 

 

 

 

EXPENDEDURÍA POÉTICA

El amor
sólo el amor puede salvar el mundo
repites una y otra vez
mientras un susurro de nada podría devolverte a la vida

 

 

 

 

DENTRO DE LA EXTRAÑA PRESENCIA

Esperar en la mañana
la máquina cortavientos
las encías inflamadas
y la consecuente sangre en el lavabo

Abrir grande la cueva bucal
blanco impoluto
blanco de nadie

Presumir del recuento en los desastres
de la sonrisa fallida
y de los dinosaurios que se han ido colocando en cualquier carretera

Abrir la boca de nuevo
no para gozar
sino para callarse

 

 

 

 

NADA ES DE TODOS

Insiste
ha de saberlo
Se derramará o se volatizará
Tú insiste
tiene que saberlo
verlo
reconocerlo

(Y lo dice)

Insiste
ha de saberlo

Confiésale que es posible entretenerse entre las ruinas

 

 

 

Fuembuena Loscertales, Marta. Nosotros, isla. Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

LA PERIFERIA DEL GESTO

 

ademán

Está en la periferia del gesto,
(en las calles desiertas que transito
a las seis de la madrugada, ahora
abarrotadas de clientes que arrastran
trozos de su alma en bolsas de plástico
con colores brillantes)
y se expresa en mi mano aferrando
con firmeza la correa de mi mochila.

Está en la periferia del gesto
(abrir la persiana del día,
ver en el parque a dos mujeres
haciendo algo así como gimnasia,
saludarlas, cuando atienden
sorprendidas por el ruido, ver,
divertido, como ellas saludan también)
y se concreta en mi mano libre
posándose suave en la piel de su cintura.
Está en la periferia del gesto
(vuelvo en un tren atestado,
como tantas veces, y J.J. Cale
canta Cocaine dentro del túnel
y dentro de mis oídos, con su voz
cansada de todas las tablas
que yo nunca voy a pisar)
y se materializa con mi mano izquierda
crispándose en acordes perfectos
en el reflejo de la ventanilla del vagón.

Está en la periferia del gesto
(pasé mucho tiempo
sin saber reconocerme en nadie,
ni siquiera en el extraño
que me mira desconcertado
desde el espejo. Ahora
no sabría reconocerme sin ella)
y se condensa en tics aprendidos
encima y debajo de una sábana.

 

 

 

 

así

Es un poco así:

ella alza el rostro y te das cuenta
de que se acabaron las estrellas
en el paseo de la fama
de las madrugadas.

Se anuda el pelo detrás de la cabeza
y te apetece masticar tu propia alma
hasta que se ablande y tapar con eso
todos los agujeros de bala.

Pasa la página de un libro
y te obliga a seguir el rastro
que deja impreso en la nieve
con sus botas de piel de amanecer.

Anuda sus brazos entorno a mi cuello
y se quedan los platos sin fregar,
las calles vacías, los coches
en doble fila. Y los pasaportes
en los cajones.

Es tanto así.

 

 

 

 

varado

Llega un hombre y se apoya,
varado contra la esquina. Sube
la solapa de su abrigo,
enciende un cigarrillo.

Un veterano de abordajes
y detonaciones. Ya duelen
los huesos, ya siguen las cicatrices
con su escozor sempiterno,
ya entonan los pulmones
la balada del chirrido.

Una vía de agua se le abre
en un lagrimal. Se obliga
a pensar que lo causa el humo
que asciende rozando su iris vencido.

Se enjuga la sal con el dorso
de una mano de nueces y raíces,
sabiendo que llora
por aquel gesto de sus brazos
remando contra su cintura.

Ni siquiera hace frío.

 

 

 

 

la espera

Nos mata el gesto de indolencia
de los amados. Y la velocidad
de las balas.

Nos mata la caída —el último tramo—.
Y las expectativas afiladas como cuchillas.

Nos mata la espera, el silencio,
la falta de aire o de agua. O su exceso.

Nos mata el viento moviendo las copas
de los árboles. Y el tintineo
de las copas vacías formando en la barra.

Y los ceniceros llenos.

Nos matan las manos vacías de cuerpos,
las bocas llenas de necedades,
las agujetas en los músculos de la sonrisa.

Nos mata el mar, nos mata el medio metro
de tierra, nos mata la distancia
y el alma podrida de la muchedumbre.

El rincón nos mata y su reverso
afilado convertido en esquina. Las heridas
que nunca llegan a cicatrices nos matan.

Nos mata la indiferencia
y con ella matamos a otros.

 

 

 

 

Roma

Lleva puestos unos botines negros
—no son los que yo le regalé—
y camina un metro delante de mí,
hablando por su teléfono móvil.

Se ha quejado toda la mañana
de un persistente dolor de cabeza.

Creo que son el par que compró en Roma.

Gesticula con su interlocutor
y me tiende la mano. Intento
acompasar mi zancada
a la síncopa de sus tacones.

Al llegar a un semáforo
me ofrece sus labios
y seguimos caminando calle abajo
como si ni siquiera fuese invierno.

 

 

 

 

cargador

La mayoría nunca supo
del sabor de la pólvora en el paladar,
ni siquiera
de la sangre en la comisura de los labios.
Casi todo es píxel, alta definición
y sonido envolvente.
Ni romper el cristal de un puñetazo
para coger el martillo que hay dentro.
Por eso los tibios. Por eso
son casi siempre más que los malos.
Y peores. Y más obedientes. Y luego nosotros,
los que no sabemos lo que somos
pero nos creemos buenos. Buenos
en eso de mirar para otro lado.
Hace frío, pienso en ti
y me cruzo con tantas personas
que es imposible que todas lleguen a mañana.
Casi seguro que yo entro, también,
en el cálculo de probabilidades
de cada uno de ellos.
Pero espero llegarte a pasado mañana
aunque sea con el labio roto,
aunque sea con el cargador vacío.

 

 

 

 

camino de regreso

xxxxx1

Tocarte y disipar
la niebla y el humo
y la penumbra.
Acontecer la luz.

 

 

xxxxx2

Tocarte y cerrarse
la grieta del abismo
y del sueño.
Olvidar el vértigo.

 

 

xxxxx3

Tocarte o no tocarte
pero saberte
al alcance de la mano.
Firmar la paz con el desasosiego.

 

 

xxxxx4

Tocarte y enterrar
mis manos en tu carne.
Saberme capaz
de lluvia y temblor.

 

 

xxxxx5

Tocarte y derrumbar
los muros del laberinto.
Orientar en ese norte
el camino de regreso.

 

 

xxxxx6

Tocarte y conjurar
la caligrafía del agua en la ventana
como lengua materna.

 

 

xxxxx7

Tocarte y salivar.
Tocarte y morder.
Tocarte y no querer
dejar de tocarte.

 

 

xxxxx8

Tocarte y sembrar,
sabiendo que el tacto sabe,
la simiente de otro roce,
la semilla de otra caricia.

 

 

 

Yeste, David. La periferia del gesto. Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

 

 

P. D. Aquí pueden leerla reseña que Ariadna G. García publicó en su blog sobre ‘La periferia del gesto’.

 

¿Y SI ESCRIBES UN HAIKU?

Hace nada me llegó a casa este ‘¿Y si escribes un haiku?’, publicado por La Garúa.

Con Josep M. Rodríguez como ideólogo de esta antología de poetas que nunca habían publicado haikus, el libro se abre con una pequeña antología que pone zancadillas a quienes nunca se han adentrado en el mundo del haiku para investigar esta forma poética y buscar teoría y autores y libros.

 

 

Aquí dejo una selección de los que más me han gustado.

 

 

MERCEDES ROFFÉ

crece la noche
y el río se columpia
entre dos lunas

 

 

 

 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

Cruje la espiga.
Mi padre en los bancales
de la mañana.

 

 

 

 

VICENTE GALLEGO

Perdona, flor,
te corté para el vaso
y el agua clara.

 

 

 

 

OLGA NOVO

Igual ca un fósil
No futuro lonxano
Eu xa te amaba.

 

 

Igual que un fósil
En el futuro lejano
Yo ya te amaba

 

 

 

 

ÁLVARO GARCÍA

Con luz de junio
es incomunicable
este dolor.

 

 

 

 

PABLO GARCÍA CASADO

Melancolía.
Cintas de cine porno
de los 80.

 

 

 

 

ÁNGELO NÉSTORE

Hoy cavo un foso
sin pensar que me asomo
a un precipicio.

 

 

 

 

IOANA GRUIA

Pasa la vida,
la que pudo haber sido
y la que fue.

 

 

 

 

ESTHER ZARRALUKI

Abrí la puerta
hacia el dolor del mundo.
Es tan hermoso.

 

 

 

Rodríguez, Josep M. (ed.). ¿Y si escribes un haiku? Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

HISTORIA DE LA MÚSICA SOBRENATURAL

Vuelvo cada cierto tiempo a echarle un vistazo a esta ‘Historia de la música sobrenatural’ porque, al contrario de lo que yo hacía, Sergi Gros adelgaza los poemas casi hasta su más mínima expresión rechazando la narratividad. La superficialidad no tiene cabida en estos poemas en los que, con tan solo la médula, la intensidad de los mismos es grandiosa.
No puedo mostrar los ecos que cada poema tiene en el libro, pero puedo dejar aquí algunos textos para que vean lo que digo.

 

 

 

3xxxxComo la fuerza que se transfiere
xxxxxentre dos cuerpos comunicantes.

xxxxxComo las puntas de un gran incendio.

xxxxxTan brutal e imprevisible
xxxxxcomo una especie invasora.

xxxxxSin requerimientos.

xxxxxSin contemplaciones.

 

 

 

 

7xxxxAlgún tipo de retribución
xxxxxpor nuestra militancia
xxxxxnocturna.

xxxxxUn dolor secretísimo.

xxxxxCierta flor
xxxxxde tu reino.

 

 

 

 

17xxxDos ciudades vinculadas
xxixxxúnica y exclusivamente
xxixxxpor nuestra voz.

xxixxxTus reclamos. Mis respuestas.

xxixxxNuestra primera canción
xxixxxcomo fantasmas.

xxixxxNuestra voz
xxixxxsobre el mar.

 

 

 

 

21xxxCada omisión. Cada añadidura.

xxixxxTodas las magníficas palabras
xxixxxque recibes por la noche
xxixxxy que no puedes
xxixxxretener.

xxixxxTodas las voces
xxixxxdetrás del fuego.

 

 

 

 

22xxxNingún lenguaje que pueda plasmar
xxixxxnuestra antigua obsesión
xxixxxpor el combate.

xxixxxNuestro menosprecio
xxixxxpor la mansedumbre.

xxixxxNuestra devoción
xxixxxpor la sangre
xxixxxajena.

 

 

 

 

25xxxSobre las maravillosas ruinas
xxixxxde nuestra ingenuidad.

xxixxxContra las mismas fuerzas
xxixxxque torcieron la luz.

xxixxxSobre pedestales
xxixxxdemasiado
xxixxxendebles.

 

 

 

 

30xxxComo aquellas barcas que no aceptan
xxixxxningún rumbo y que siempre terminan
xxixxxen el fuego.

xxixxxComo aquellos fuegos que empiezan a
xxixxxdesaparecer y vulneran el interior de los
xxixxxhombres.

 

 

 

 

32xxxFuera del extraordinario alcance
xxixxxde tus castigos y tus recompensas.

xxixxxEn una tierra de nadie
xxixxxdonde nada permanece.

xxixxxSalvo algunas sombras.

xxixxxSalvo ciertas voces.

 

 

 

 

37xxxY regresar a las fuentes exactas
xxixxxdonde obtuviste tu primer consuelo.

xxixxxComo quien alcanza
xxixxxun segundo umbral.

xxixxxComo quien piensa
xxixxxen un rostro
xxixxxausente.

 

 

 

Gros, Sergi. Historia de la música sobrenatural. Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXVIII)

 

Acaba de llegarme a casa uno de esos regalos que de vez en cuando me dejan sin habla.

Lo que ven en la imagen es el nuevo libro de Sergi Gros, ‘Historia de la música sobrenatural’, maravillosamente editado por la editorial La Garúa, que acaba de cambiar el diseño de sus libros, dando otro salto cualitativo más en su historia. Y digo que este es uno de esos regalos me dejan sin palabras porque con el autor nunca he coincidido personalmente, porque cada vez que ha tenido un proyecto me lo ha comentado vía redes sociales, y porque ya sólo el hecho de que haya tenido a bien enviarme un ejemplar de este último libro que ha publicado para que acompañe en mi biblioteca al que ya le publicaron en la editorial Huacanamo, implica que se ha portado conmigo mejor que muchos conocidos con los que llevo coincidiendo años.

Gracias, públicamente, por semejante detalle.

 

Y en cuanto pueda dejaré aquí —ya saben— alguna muestra del libro.

 

LA MUJER CÍCLICA

 

TRES CAMINOS

El primer camino es una trampa que desciende hacia el sur. Es un camino radical. El camino (y no el viajero) aspira al hundimiento. A medida que el viajero avanza, sus pies se hunden y le duele la raíz de la piel y del pelo, y también la raíz de los árboles, en la tierra, contra el barro. Siente la simultaneidad de su dolor y el dolor de la materia, viva o inerte. Aunque no se le ve desaparecer, en cierto punto se esfuma como alguien quemado por la luz.

El segundo camino tiene forma de tenia. Es un huésped, un camino interior. No tiene dirección cardinal: su movimiento es el pliegue, se enerva, se retuerce por dentro. El camino se apropia del viajero, se alimenta de lo que ingiere por contacto, apenas con el roce de su piel ganchuda y membranosa. El viajero siente la disyunción dentro de sí, la separación de su cuerpo y el cuerpo del camino. Los más afortunados logran expulsar el camino por la boca. Los menos afortunados logran ser expulsados por el camino, y entonces se convierten en un residuo, en una excrecencia.

El tercer camino es el que mejor conozco. Es un camino doble. Una bifurcación. Una lengua astillada. Sin embargo, el viajero lo percibe como unidad. Tan distinto del segundo camino que podría ser casi su antítesis. Es parecido a una voz lejana o a un eco. Yuxtapuesto a lo propio. Adherido en ciertos puntos. Sin equivalencia material. Por eso el viajero cree que es uno. Sin embargo, hay indicios que señalan su duplicidad, el alejamiento de las dos partes, la ruptura. Esos síntomas el viajero los recibe con angustia, a través de sueños y preguntas que resuenan con una coda lúbrica y martilleante. A lo largo de la vida del viajero, el carácter doble del camino se va espesando, se tensa hasta quebrarse. La quiebra devuelve la longitud a la imagen del viajero, que asustado como un niño de cría ve cómo su vida ha sido vivida por un hilo en fuga que se pierde. Lo que le queda, entonces, es un silbido. Un perezoso sufrimiento de cobaya doméstica.

 

 

 

 

TENTATIVAS DE UN CUERPO

(III)

en tus ojos
construí mi casa,
muerte más cierta que mi vida,
alejamiento

ahora escribo tu ascenso
en esta purga de luces desmedidas

mi cuerpo es la razón,
la única razón
que me ocupa
y me basta

 

 

 

 

SIBILA

Sibila, creo que voy a perder las palabras. No hay voz ni umbral que puedan recoger lo que he visto. La azul menstruación de la tierra. La alargada estentórea herida de la especie. No veo la guerra sino la espina de la guerra, el residuo, la columna de humo que escapa hacia el cielo. ¿Cómo, entonces, atraparla en un nombre?

La vida es monódica, pero mis manos son dobles y disyuntas. También mi música es doble y disyunta. Si uno mis manos y mi música, todas ellas, sin número, recorren el mismo trazado unificado. Arquitectura de sombras, hecha para ser desmontada y superpuesta. Hecha para orar cada una de sus escalas interrumpidas.

Lo que me asusta no es callar, es no saber encontrar la palabra que atenaza mi deseo. Porque aquello que he visto, por terrible que parezca, lo he deseado. He deseado el nido y la masacre: desprender así el infinito. He pensado: si todo ardiera. Con esa estúpida lesión de anonadada, inventándome también la huida, la negación de la negación.

He deseado a veces que mueran los otros, que los otros resuciten. Por decir esa locura, sibila, he espantado a las madres que también desearon alguna vez que sus hijos murieran. He deseado la vida en absoluto y en absoluto la muerte. Monstruo cazado por sus propias fauces. Animal que corre en la noche con la cabeza cortada.

 

 

 

 

ANUNCIACIÓN

(I)

cómo sentir necesidad de amar
cuando el amor es este rito
insuficiente
mi hambre
es de ahogo

 

 

(II)

ya no
ya basta
dejé mi cuerpo sembrado en la tierra
dejé mi amor de animal indolente
su acecho de cazador
su miedo de presa
pero ya no
ya basta

 

 

(III)

si puedo morir en la poesía
tal vez la bestia no amordace
todavía
mi cuello
si puedo escribir
xxxxxxxxestoy muerta
en un poema
¿tal vez
así
xxxsolo así
me salve?

 

 

(IV)

y si al final es cierto
y no supe desear
más que esta música arenosa
la soledad del lobo
su aullido de manada dividida
el roce de sus uñas contra la estepa

 

 

 

 

ALEJANDRA PIZARNIK

y si el fondo no existe
y en su lugar
una trampilla
morosamente perforada
parpadea

 

 

 

 

ISABELLE EBERHARDT

(Proscenio)

x
Estoy viajando por el desierto.

Luces verdes saturadas. Signos hechos de tierra. Huellas. Calor. Ausencia de sombra.

No hablo de un personaje interior. Mis paisajes interiores están llenos de imágenes, de golpes, de lluvia. Tienen ruido. Metralla. Briznas. Música arrogante e inconclusa.

Estoy hablando del desierto. Fuera de mí. El desierto real. No lo metafórico. No lo auspiciado, como un nudo inextricable, en el sueño del lenguaje.

Estoy huyendo en el desierto. No hay fuego, no hay barcos surcando la arena, arrastrando la cola de las alimañas.

No parezco un pájaro de plumaje seco. No parezco la voz incendiaria de un hombre que camina.

Estoy viajando por el desierto. Cuando digo esta frase, hay algo que se rompe.

Porque nadie me ve caminando por el desierto ahora.

Me ven sentada ante un papel, escribiendo.

No ven al cuerpo desplazarse, buscar con su rodaje la textura efímera de las dunas.

 

 

 

 

ANNA O.

En momentos de claridad total, se quejaba de las profundas tinieblas que invadían su cabeza, de que no podía pensar, se volvía ciega y sorda, tenía dos yoes, el suyo real y uno malo que la constreñía a un comportamiento díscolo, etc. A las siestas caía en una somnolencia que duraba más o menos hasta pasada una hora de la puesta del sol; luego despertaba, se quejaba de que algo la martirizaba, o más bien repetía siempre el infinitivo: «Martirizar, martirizar». Después, simultánea a la formación de las contracturas, sobrevino una profunda desorganización funcional del lenguaje. Primero se observó que le faltaban palabras, y poco a poco se incrementó. Luego, su lenguaje perdió toda gramática, toda sintaxis, la conjugación íntegra del verbo; por último lo construía todo mal, las más de las veces con un infinitivo creado a partir de formas débiles del participio y el pretérito, sin artículo. En un desarrollo ulterior, también le faltaron casi por completo las palabras, las rebuscaba trabajosamente entre cuatro o cinco lenguas y entonces apenas sí se la entendía. En sus intentos de escribir (al principio, hasta que la contractura se lo impidió por completo), lo hacía en ese mismo dialecto.


xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJoseph Breuer, El caso de Anna O.

 

(I) Los gatos de Nápoles devoran el cadáver de mi padre.

Los gatos de Nápoles devoran el cadáver del padre. El animal desgarra, la piel queda roída y debajo de la piel asoma el músculo. Principio de movimiento que en el cuerpo de Anna se vuelve espasmo. Se vuelve parálisis

Anna O. abre una puerta. La puerta se abre en ella. Cae la armadura: está a disposición. Enferma y dispuesta. Pandora lleva en sí una diáspora, es diáspora, partículas que huyen del exilio.

Anna O. lo pierde todo, deja que todo en ella se pierda. Sin visión. Sin oído. Sin lengua. El útero, dicen los hombres, el útero sostiene y embrolla. Superpone una capa a la suya, el triple desván que se decanta en su cuerpo para llevársela.

 

 

(II)Las serpientes negras avanzan sobre mí.

Sueña, Tiresias. Dijiste que mi cuerpo sería un raíl. No adivinas siquiera el hambre salvaje, el salvaje atropello. Cuerda contra cuerda, redoble y piel demudada. Creí oírte decir: las mujeres son lamias, se sientan en las esquinas, esperan la visita de un extraño para alargar su cuerpo y hacer de él un bosque pulsional y un crematorio.

Se llama deseo, Tiresias. Abocada en la merma y el exceso, el deseo se pierde. Estática inconclusa. Sin deseo es más honda mi ceguera, más grave aún mi resonancia. ¿Cárcel dónde? Aquí, donde el cuerpo se revuelve, donde todo es tensión y moradura y estremecimiento. Temblor de los párpados. Placer nunca hubo, pero una vez dejé que el viento sacudiera levemente mi falda y entonces la caricia de la tela en el muslo y el aluvión de sangre en la mejilla y el ruego intenso sí intenso de que el viento regresara.

 

 

 

 

LA MUERTE DE MARINA TSVETÁIEVA

He muerto x voz nervada x dispongo de alas muy estrechas x sé ver la diferencia entre los distintos grados de penumbra x el amor me alimentó cuando quise comerlo x abracé el accidente y la mentira xxx estuve como un centinela en las junturas inmóviles x miré sin mirar xxx atendía al olfato xxx sigilosa xxx rumiante clavé mis manos en el hollín x bebí del vino agolpado en mi boca x mezclado con la sangre x al fin habrá un consuelo x alguien me necesitará x la casa ahora me busca

 

 

 

 

LUCIA JOYCE Y VIOLET GIBSON

Lucia dice: Hace frío en la sala de curas.

Violet dice: Con estas manos ajadas disparé a Benito Mussolini.

Lucia dice: Pasearé sola por los jardines del hospital. Recordaré cómo era moverse entre las plantas libres. Cómo era arrastrar la vida hacia mi fémur. Rotación y armonía. Desmembrada ahora.

Violet dice: Yo pude haber salvado a toda Europa. Mujer de nariz ganchuda y ojos exiguos. Exiguo también el gesto de las manos: comprensión y ráfaga. ¿Has tratado alguna vez de matar a un hombre?

Lucia dice: En una ocasión maté a una mujer ante un cristal. No lo atravesó con sus piernas porque yo la detuve. Mi madre mató a un amante enfermo. Mi padre nos mató a todos en sus libros.

Violet dice: ¿A cuántos hombres mató Mussolini? ¿A cuántas mujeres?

Lucia dice: Desunir recovecos. Cómo era contorsionarse y cómo era mirar al fondo de una roca con los pies antes que con los ojos. Lanzar mirada estrábica, perder la visión. Mirar con los pies la arista de un diamante al multiplicarse, ¿hacia dónde lleva el hueco? ¿Hacia dónde camino en el diamante? ¿Son pirámides las que avanzan?

Violet dice: Si volviera a tener un arma entre las manos… ¿No fue mi padre quien me enseñó a manejarla?

Lucia dice: Papá es un agujero. Papá agujero furioso. Ciego. Parcheado. Padre parcheado. papá me coge en brazos de niña, dice mi nombre. Parcheado. Agujerea mi nombre. papá me mira con su único ojo fiero y me transcribe. Aguja sobre la piel, papá perfora transcribiéndome. Mamá no me transcribe. Me pinza por el muslo como un cangrejo, me extrae de sí. Vidamuerte equivalen. Rubor de perdida.

Violet dice: Aquel hombre de músculos rollizos paseando sobre Roma. Aquel hombre que eran todos y cualquier hombre. Podría ser cualquier hombre y podría haber sido cualquier otra mano la que apretase el gatillo pero fue su mandíbula y fue mi mano la que disparó.

Lucia dice: Papá es una avispa. Papá vuela a lomos de mi avispa. Panel de cota, panel de sudario. Papá, Samuel. Quiénes fuimos una vez y hablamos alrededor de una mesa.Había caldo, carne hervida y vino casi transparente. Ajuar para la más bella rociada de avispas. Lucia, acércate a mí con tu cintura, con tus pies y ojos reversibles. Yo me agitaba.

Violet dice: Todo queda siempre en un intento. Todo queda y se recubre. Ellos pasan un trapo por la superficie mancillada y nosotras aquí, en esta clausura. Hacer un recuerdo de lo que acontecerá. dame la mano, Lucia.

Lucia dice: Aprieta el gatillo.

 

 

 

 

CANCIÓN DE LA MUJER DESCONFIADA

Ella dice: «Mientras yo dormía,
alguien se acordó de mí para matarme.»
Dice: «No hay más auxilio,
ni más cerro, ni más navaja
que la memoria.»
Dice: «Estoy convencida de que se puede
ahorcar a alguien sin usar los dedos.»
Dice: «Pensar es peligroso.»
Dice: «Cuando reposamos
el mundo termina, no hay estrépito
que suene tan atronador
como un cuerpo dormido.»
Dice: «Podrían exportar mi sangre
con un solo guiño de la mente.»
Dice: «Que mis pies estén anclados
en el suelo
no significa presencia.»
Dice: «Tú ahora podrías estar hablando
con un cerebro insidioso,
con un trozo de lumbre
que te arrastra.»
Dice: «No hay garantía alguna
de que siga viva,
el pulso puede ser la desinencia
inacabable
de mi muerte.»
Dice: «Serré mis dientes
para que no se los llevaran.»
Dice: «Podrías ser tú
quien me ha matado.»
Dice: «Podrías ser tú
el lenguaje que me expolia.»
Dice: «Podrías ser tú
la sombra estéril.»
Dice: «Podrías ser tú la fiebre,
la ceniza,
la reunión de palabras que recorren
el arco de mi boca
cuando hablo.»
Dice: «Podrías ser tú.
Yo podría ser tú.
En mí. Fuera.»

 

 

 

López Manrique, Laia. La mujer cíclica. Barcelona; Ed. La Garúa, 2014.

 

TALLER CÉZANNE

 

VISITACIÓ

Una línia que senyala l’horitzó,
un mezzo del cammin. Marca els límits.
Hi ha una línia que existeix i m’acompanya,
la frontera de l’abans i del després. Se’m desvetllà
en la visitació i al llibre que vaig rebre’n,
guiatge per al càntic enmig del laberint.

He cavat fins les arrels de la sang closa,
el pensament estalonat, esclau i carceller.
res no ha variat el fons del meu paisatge.
Només la línia persisteix en un joc d’ombres
on tot se m’ha esvaït
sense horitzons, ni límits, ni fronteres.

 

 

VISITACIÓN

Una línea señala el horizonte,
un mezzo del cammin. Marca los límites.
Hay una línea que existe y me acompaña,
la frontera que separa el antes y el después
revelada en la visitación de la entrega del libro,
guía para el cántico dentro del laberinto.

He cavado hasta las raíces de la sangre cercada,
cercado el pensamiento, carcelero y esclavo.
El fondo del paisaje permanece inmutable.
Sólo persiste la línea en un juego de sombras
donde todo se ha desvanecido
sin horizontes, sin límites, sin fronteras.

 

 

 

 

FRÀGIL

La lletra trencadissa.
El cor de vidre net i transparent.
Tot és tan frágil que s’esberla en alenar.

 

 

FRÁGIL

La letra quebradiza.
El corazón de vidrio limpio y transparente.
Todo es tan frágil que se rasga al respirar.

 

 

 

 

ADVENIMENT DE LA FEBRE

Tot és cos
quan sobreïx el desig que impulsa el rapte
per la força obscura d’unes mans que encerclen
l’alçaprem esdevingut el lloc de fuga.

Tot és cos
quan sobrevé l’adveniment de la febre,
l’esclat en què culmina aquest rosec
que s’escampa arreu des del cervell
sense passar de llarg cap raconada.
Urpada i liquació.

Tot és cos
quan sobreïx la febre que abrusa fins la cendra.

 

xxxxxxxxiixxxxxxxPaul Cézanne, L’enlèvement

 

 

ADVENIMIENTO DE LA FIEBRE

Todo es cuerpo
cuando el deseo desbordante impulsa el rapto
por la fuerza oscura de las manos que sitian
un cuerpo transformado en epicentro.

Todo es cuerpo
cuando el advenimiento de la fiebre asalta,
el estallido culminante en desazón
que invade por doquier
llegando hasta los últimos reductos.
Desgarro y licuación.

Todo es cuerpo
saciado por la fiebre que abrasa la ceniza.

 

xxxxxxxxiixxxxxxxPaul Cézanne, L’enlèvement

 

 

 

 

RETROBAMENT

Davant del mirall
em retrobo en la calma i en la solitud
de retorn vers el mateix destí,
el mirall de la solitud meva.

 

 

REENCUENTRO

Frente al espejo
me reencuentro en calma y soledad
regresando hacia el mismo destino,
el reflejo de la soledad mía.

 

 

 

 

TALLER CÉZANNE

No canviïs de lloc fruites i objectes,
ni el blau polsós de la paret amb les ombres marcades.
El temps va fent la seva.
El que abans era un punt de descurança
ara forma part del decorat.
Tant se val que grinyoli la fusta dels graons.
La tauleta, les teles, el pitxer blau amb flors:
tot és en ordre a l’hora del crepuscle.
Tingues cura que les pomes no es podreixin.
La sentor es barreja amb la volior del jardí.
Fan olor de tu.
xxxxxxxxxxxxxxEstima’m.
Procura que no es trenqui. És fràgil,
la natura morta de l’amor.

 

iixxxxxxxCézanne, Nature mort avec l’amour en plâtre

 

 

TALLER CÉZANNE

No cambies de lugar la fruta y los objetos
ni el azul polvoriento en la pared marcando siluetas.
El tiempo va realizando su trabajo.
Lo que fue indicio de abandono
ahora forma parte de la decoración.
No importa el gemido de madera en los peldaños.
La mesita, las telas, el jarrón azul con las flores:
todo está en orden al llegar el crepúsculo.
Cuida que las manzanas no se pudran.
El olor se entremezcla con la fragancia del jardín.
Huelen a ti.
xxxxxxxxxxxÁmame.
Procura no quebrarla. Es frágil,
la naturaleza muerta del amor.

 

iixxxxxxxCézanne, Nature mort avec l’amour en plâtre

 

 

 

Panyella, Vinyet. Taller Cézanne. Barcelona; Ed. La Garúa, 2007.

 

UNA EXTRAÑA ALEGRÍA DE VIVIR

diciembre 12, 2016 Deja un comentario

sandro-penna-carlos-vitale-una-extrana-alegria-de-vivir-la-garua

 

Hace ya unos años apareció en la catalana editorial La Garúa, esta traducción hecha por Carlos Vitale de una selección de poemas de Sandro Penna.

Este poeta nacido en Perugia en 1906, heterodoxo, homosexual, ajeno a capillas y escuelas, fue estimado por Pier Paolo Pasolini como el grande poeta italiano del siglo XX (y hay que recordar que entonces vivía nada menos que Eugenio Montale).

Dos características sobresalen —como podemos continuar leyendo en el texto de apertura del libro— en la obra de Sandro Penna. A la primera podríamos denominarla “estructural” o “formal”: es absolutamente imposible encontrar una “historia interna”; los libros de Penna están totalmente privados de concatenaciones o desarrollos, sus poemas son una serie de episodios o de pensamientos que convergen en un único punto: la celebración de la vida en su estado físico o en sus relaciones más elementales. La segunda peculiaridad de los poemas de Penna es que toda su obra está recorrida de modo casi obsesivo por un solo argumento: el erótico, convirtiéndolo quizá en el más notable poeta de amor de la poesía italiana del siglo XX, sólo que el de Penna es —como dijeron eufemísticamente sus primeros críticos— un “indisciplinado eros”.

 

Pues aquí tienen algunos poemas del libro en la magnífica traducción de Carlos Vitale.

 

LA vida… es acordarse de un triste
despertar en un tren al alba: haber visto
fuera la luz incierta: haber sentido
en el cuerpo roto la melancolía
virgen y áspera del aire punzante.

Pero recordar la liberación
imprevista es más dulce: cerca de mí
un marinero joven: el azul
y el blanco de su uniforme, y fuera
un mar todo fresco de color.

 

 

 

 

SOL sin sombras sobre viriles cuerpos
abandonados. Calla toda virtud.

Lenta el alma se hunde —con el mar—
dentro de un brillante sueño. De pronto
saltan —jóvenes islotes— los sentidos.

Pero el pecado ya no existe.

 

 

 

 

MI Amor estaba desnudo
a la orilla de un mar sonoro.
Estábamos a su lado
—favorables y calmos—
el tiempo y yo.

Luego lo robó una casa.
Me lo manchó una tinta. Yo permanezco
a la orilla de un mar sonoro.

 

 

 

 

LLUEVE sobre la ciudad. Llueve sobre el campo
donde encontré, en el sol, al dichoso amigo.

Él, en la edad gentil, tiene el corazón vago.
Y en mí ciertamente no piensa. Pero inocentes
pecados en mí la lluvia reaviva.

 

 

 

 

LA luna de septiembre sobre el oscuro
valle adormece el canto de los campesinos.

Una cadencia insiste: casi lenta
respiración de animal, en el silencio,
zarpa el valle si la luna sube.

Otro respira aquí, dulce animal
también él silencioso. Pero un tumulto
de vida en mí repite antigua vida.

Más vivo que así no estaré jamás.

 

 

 

 

YO en la rada seguía a un chico encantado
sólo de sí, entre escasas luces. Sólo yo
mantenía al chico suspendido en el mundo.

 

 

 

 

DESPUÉS vuelto el rostro hacia la almohada
sonreía a sí mismo, con beato
rubor.

 

 

 

 

Y luego estoy solo. Queda
la dulce compañía
de luminosas e ingenuas mentiras.

 

 

 

 

QUIZÁ la juventud sea sólo este
perenne amar los sentidos y no arrepentirse.

 

 

 

 

MORALISTAS

El mundo que os parece de cadenas
está todo tejido de armonías profundas.

 

 

 

 

¡SIEMPRE chicos en mis poesías!
Pero yo no sé hablar de otras cosas.
Las otras cosas son todas tediosas.
Yo no puedo cantaros Obras Pías.

 

 

 

Penna, Sandro. Una extraña alegría de vivir (Trad. Carlos Vitale). Barcelona; Ed. La Garúa, 2004.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XLIV)

carlos-vitale-sandro-penna

 

Acaba de llegarme la joya que pueden ver en la imagen: poemas de Sandro Penna traducidos por Carlos Vitale, uno de los mejores escritores y traductores de este país. Ojalá este país lo tratase con la mitad del buen gusto con que él hace las cosas.

En unos días subiré algunos poemas del libro.

 

TALLE DEL AIRE

septiembre 17, 2015 Deja un comentario

Chimeneas en la playa

 

TALLE DEL AIRE

RONDA

La noche busca,
toda la noche, el blanco
de tu ventana.

 

 

PACIENCIA

Tan lento el mar
de aquel día lejano,
acaba de llegar.

 

 

DIANA

xxxxxxxxxxxxA Manuel Ulacia

Grillo, sílaba negra:
bajo la mata verde
cantan los astros.

 

 

OLLÍN
(Variación sobre Gilberto Owen)

Tan grande el mar
y tan sonoro,
en breve caracol
dejó escrito
la sola línea de su grito.

 

 

VIENTO

El viento suena,
caracol de papel
la tarde entera.

 

 

FÉNIX

Sobre las aguas
donde yace tu nombre,
alzóse un pájaro.

 

 

CENIZAS DE UN DIARIO

Veloz grafía,
páginas de una vida:
rastros del fuego.

 

La palabra muerte
y la palabra amor
y la palabra.

 

Caja cerrada,
ni Pandora ni Sísifo,
y sopla el viento.

 

Verdad a solas,
escritura de la noche,
disipaciones.

 

También el fuego
para todas mis páginas.
Aquí se queman.

 

Esto que arde
¿tan sólo es el reflejo
de una sombra?

 

 

 

Malpartida, Juan. Huellas (Poesía 1990-2012). Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

JUAN MALPARTIDA

septiembre 16, 2015 Deja un comentario

Malpartida

 

LA POLILLA

Mientras camino por el cuarto,
una polilla roe la madera.
Yo persigo palabras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxen silencio,
persigo en el silencio, la palabra,
la oscura a lomos de la nada.

Ciega en la madera del techo,
su voluntad, al fin y al cabo,
es tan extraña como mi designio.
Hoy, el mismo espacio nos acoge.
Yo limo palabras, y en su hueco
me contemplo. A veces ella calla
y, en su reverso, oigo
los pulsos de la sangre royendo sin descanso
la madera del tiempo.

 

 

 

 

APRENDIZAJE

Las cosas son más claras en la sombra;
y ahora que el sol es menos altivo
las plantas del jardín parecen más
lo que son, sin la tiranía
de una luz demasiado ufana.

Mis propios sentimientos
se agrupan en el teatro de la tarde
mientras se apaga el sol
sobre sus huesos.

Y no está mal, me digo, si consideramos
que, aunque llegue la noche, la palabra,
hija de reinos en discordia,
encenderá la casa que habitamos.

 

 

 

 

EL POZO

xxxxxI

El tiempo, voz que cae en la memoria,
alcanza un horizonte que me ignora
y deja, sobre la tarde ósea,
una dura materia oscurecida.
Lo que miro se desvanece, lo que miro:
el mar retrocedido a sus orígenes,
vuelto una sola hoja sin rumor.
Oscuro rodar de las horas,
el recuerdo de tus palabras
aliado a la tarde insondable,
la ausencia de tus palabras labrando
la otra cara del ser.

Anclada en el jardín, la marejada
ruge toda la noche
mientras camino por los cienos
circulares de los nombres y hago recuento
en las cumbres peladas del insomnio:
pasillos de otra casa, calles de una ciudad
devorada e inventada cada día,
conversaciones como el pan tangibles
ahora ya reflejos,
metamorfosis del instante
más allá de los cuerpos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo es tiempo,
tiempo es el agua que toda la tarde
mientras escribo,
horada la acequia, inunda mi oído,
las raíces aéreas del lenguaje
y mi mano bajo la lámpara.
Pero mi mano piensa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy sus sombras tibias
se derraman, se vuelven,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxven
el mundo inmarcesible,
la hora que no vuelve.

 

xxxxxII

Desde el campus a la Gran Vía
aquella manifestación del setenta y cinco
contra el general y los generales,
en la que caíste bajo las patas
de los caballos, es un ejército de sombras
tragado por la boca de la historia,
sus voces, sus consignas,
las ilusiones, plenas de bilis e inocencia
rodaban, como rueda la tarde ahora,
buscando no sé qué y nada nunca,
buscaban la vida, tan grande como ajena,
vida que un solo día no tolera
en sus ansias de ser el puro instante,
quimera palpitante sobre una mañana
violenta a la búsqueda de sí.
Cada noche, en los errantes cuartos de hotel,
voraz sobre las páginas del libro,
soñabas con cambiar la vida:
una semilla de infierno plantada
en el corazón sin medida de la adolescencia,
ángel caído entre dos fechas a la deriva;
el muchacho que ve en su nombre
‒incierto, como todos los nombres y sus rostros‒
el desplazamiento tectónico del ser,
una falla entre tu frente y la mía,
una caída sin fondo en mí mismo.

De niño, en el pozo de casa,
echaba el cubo al círculo de agua y su golpe
en lo oscuro abría mis oídos
a una existencia intacta, todavía cercana
y ya al otro lado para siempre
(¿o quizás ese lado es el punto
donde giran los cuerpos en la noche,
la piedra en la que el tiempo se detiene,
aquí, aquí, aquí: ahora, nunca, siempre?).

Las palabras también bajan al pozo
por las columnas de los días,
por espirales de aire (cometas
abatidos de pronto sobre el polvo),
a una oscuridad sin ojos:
bajan y ya no oigo salvo el eco
confuso de una voz
que ya nunca será del todo mía.
Frágil hilo de sangre,
la maroma de entonces es la misma de ahora.
Las manos girando en la boca oscura,
puerta de la nada,
y el rumor del agua que cae
mientras sube el cilindro bamboleante
al brocal del pozo:
horizonte de luz que se derrama.

A veces, con temor y sigilo, me asomaba
y veía al otro, la mano de sombra
que desde más allá de mí
mantenía en tensión la cuerda
por la que aún camino. La soltará un día,
sin saberlo, y me iré,
como se fueron todos.

 

xxxxxIII

No cambiamos la vida
‒apenas mareé mi conciencia desvivida‒,
pero la vida, siendo la misma fue diversa,
un rostro que se busca y que se inventa,
elusivo, alusivo, paradoja andante.
Ah, la vida, palabra apenas dicha
que yo engordaba en las conversaciones
inacabables de los bares,
y l llegar a mi cuarto
tenía que dejar fuera, fantasma
de jergas habitadas por el viento.
Las palabras: relámpagos sobre la mesa
apresados en consignas y fórmulas,
los ojos encendidos, dialécticos,
rigurosos como el honor
en una comedia barroca,
abstractas palabras, ensangrentadas,
siempre por nuestra propia sangre
diluida en alcoholes dudosos.

Si tanta pasión puse en la política
fue porque tú frecuentabas las asambleas.
Si escribí en el muro de la comisaría
“muera la muerte” fue porque en tus ojos vi
la irrepetible herida del tiempo,
la siempre esquiva, la resurrecta,
la de cada cual, la manoseada,
la que tiene tu cara:
la vida misteriosa, viva, muerta,
la vida pensada con los sentidos,
la que habla cuando tú te callas,
la que no eres tú y te da la vida,
la que no palpita bajo mi piel
y alimenta mis horas.

Más allá de los libros, eras
respiración mecida
a cuya sombra la memoria se impregnaba
de un remoto saber hecho tacto.

Por el camino de ir yo regreso
al presente tenaz del mediodía:
escalera de pasos inventados,
a cada paso
xxxxxxxxxxxel peso de ser,
la gravitación del deseo
mientras en el jardín tu cuerpo,
tendido al sol sobre la hierba,
teje el espacio sin saberlo:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxun hilo
por el que voy y vengo de este mundo al otro.

Regreso al presente: el niño sube del pozo
entre espirales de ecos y reflejos
a un pleno día corporal.
El muchacho, intocable pero audible,
habla con el hombre maduro que,
con paciente impaciencia, escribe
y arroja, sobre la tarde de agosto,
un cubo de agua fresca.

El tiempo toca la puerta.

 

 

 

 

PIEDRA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Jordi Doce

“Dormíamos. Al fondo, el fanal de la luna
y, de pronto, rajada por un hacha
de luz, se abrió la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMis oídos
oyeron lo inaudible, lo sin nombre,
una gota ebria de sangre, los latidos
y el chasquido de los cuerpos envueltos
en metales, vidrios y gelatinas:
fragmentos que mi fiebre
reúne vanamente.
Yo colectaba rosas en verano.
Sólo un año antes, mis padres y mis hermanas
bailaron en mi boda.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxContra el muro,
los huesos triturados de mi esposo.
Envuelto en barro y en astillas,
la carne de mi carne,
apenas una sílaba que subrayaba
la sorda querencia de ser.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa historia
cubrirá con palabras a mis muertos,
olvidará las manos que cortaban el pan
y la boca que en la noche narraba
el cuento sin fin de la infancia;
o tal vez no fue historia
tu mirada sin tiempo en la ventana.

Vinieron a matarnos o a salvarnos.
¿Quiénes? ¿En nombre de qué Dios,
de qué Lengua o Frontera? El fanal de la luna
cayó en nuestra casa, su luz
brilló sobre los cuerpos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxyesca del ser
que la tierra consume.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa inocencia
de quién en los hogares de anestesia,
de quién la culpa, la estadística, el recuento,
de quién la tesis cum laude y la mano de tierra.

Han pasado los años desde entonces.
En lo que fue mi casa erigieron, los vecinos,
el monumento epónimo de los ausentes:
la piedra que habla sola. Yo presido
la Fundación de Drina contra la Guerra. ¿Quién?
es la pregunta que el tiempo despliega
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy arrastra
bajo los puentes. ‘Yo misma’, me digo,
mientras afirmo mi inocencia”.

 

 

 

 

RUEGO

Le pido que me de la mano,
que ponga ojos a la piedra,
que diga lo que a nadie dice,
que no haga, en tantos momentos,
como si no me conociera,
le pido sol y pan y agua,
le pido que encienda la lámpara,
que al tiempo roce su presencia,
que me haga ver en este lado
el otro lado donde canta
la rima errante que nos sueña;
ante las palabras de vidrio,
otro saber que reconcilie;
en este cuarto de cemento,
el rumor lento de los pinos,
y frente al mar, el mar le pido
para el desierto de mi frente.
No siendo fórmula ni cielo,
no siendo ley ni sustento,
a ti, tan próxima y lejana,
te pido siempre lo imposible,
este minuto que no pasa.

 

 

 

 

PESADILLA

El hielo es un recuerdo poderoso;
inmóviles presencias de la nada
en un sueño de fiebre inacabable.

 

 

 

 

REMEDIO

Sonora enredadera,
la risa que canta en el patio
ya corona mi frente.

 

 

 

 

REFLEJO

Este día, ya hundido en las sombras,
el rumor de los pasos en la calle,
y mi espera sembrada de ventisca
¿le suceden a alguien o es el recuerdo
de otro lugar y otra tarde pasada
que en mi presente vive su nostalgia?

 

 

 

 

A UN MAR FUTURO

xxxxx8

xxCuesta a veces pensar que uno se hace viejo. Y no sólo por la monserga escatológica que alía cuna y sepultura, sino porque es fácil distraerse.

xxLa distracción abre la puerta cuántica de las edades.

xxViajaba hoy en el Metro, desde la estación de Moncloa, como un jovenzuelo cargado de libros escolares, suspendido entre los graffiti y las voces del vagón,

xxy al llegar a Antón Martín,

xxunos ojos que al mirarlos me miraban me devolvieron más de cincuenta años.

xxSabemos algo de lo que hace el tiempo con nosotros. Sin embargo, ignoramos qué hacemos en el tiempo. Nuestra pequeña contribución, cuyo arco inmenso es el deseo, es un enigma. Le dibujamos un rostro, y él lo borra.

xxEl tiempo tiene sus manías. Avanza llevándoselo todo por delante, es la principal. Enamorado de las cifras altas, le pone mala cara a nuestras restas positivas. Nos busca hasta encontrarnos cuando nos distraemos y respiramos ingrávidos por los veinte. Nos sitúa ante una empinada cuesta o frente a unos ojos tan bellos, tan crueles, que al mirarlos mirarte descifras el número exacto de tus días.

 

xxxxx15 (NARCISO)

xxA ver, a ver, me digo, mientras subo las escaleras de mi casa o mientras bajo las escaleras para salir a la calle, a ver, a ver, me digo al sentarme en esta mesa a escribir, al abrir un nuevo o viejo libro. Ah, aquella vieja bacteria, o aquella célula eucariota, tan lejana y sin embargo aquí mismo tras unos millones de años de evolución y ardua contabilidad de artísticas sumas y restas. Y ahora, miren el ojo, desde la retina compuesta de calcita del trilobites, al de la mosca: barroca catedral en cuyo centro baila un delicioso grano de azúcar. Y dicen que es sólo por vivir, complejidades del gen para mantener su élan afirmativo pese a quien pese, aunque bach y el tiempo que proust recobró en la ebullición de los signos… A ver, me digo mientras cierro los ojos y caigo en los brazos de la primera muchacha, en el paleolítico. A ver, esta tarde en la que decido no hacer nada, salvo reírme de Buda, de Sócrates, de Cristo, del progreso y de la nostalgia, de las mañanas de domingo del franquismo, de los libros que he coleccionado como si fueran la eternidad en pedazos, sabiendo que la eternidad es opuesta al tiempo, que es el vivir. Y luego sufro por el pájaro que se posa en mi balcón, y por el buey cuyo fragmento he devorado al mediodía, y por el hambre de los animales y el hambre del hombre. Un día los árboles, cansados de nuestras aceras y asfaltos nos ahogarán: se confabularán para no producir oxígeno, ese detritus que respiramos a pleno pulmón. Los árboles y las plantas suspenderán un rato su vieja tarea de fotosíntesis, y al fin se quedarán solos, sin los animales, cierto, sin el hombre, verdísimos al fin de clorofila, ocupando los nichos que antes hemos explotado. Alguna flor echará de menos al insecto, a la boca que traga y defeca donde nuevamente germina, pero a cambio se extenderán por el planeta, ya sin tráfico, ni ruidos, ni cortadoras de césped. A ver, a ver, me digo. Pero me compadezco mientras bajo a la calle a buscar una botella de vino y un poco de jamón, me compadezco porque los genes se han empeñado en dotarnos de una laringe más baja, con ese huesito hioides, en fin, para que hablemos y así, de unos a otros nos pasemos la información, sujeta a la memoria y al error, a las lenguas y a las mutaciones, las correcciones, las notas a pie de página, los diálogos y sus comentarios ergotistas, el verso yámbico, el juglaresco, la boba admiración de los conceptos, la música que recrea y enamora, la energía igual a la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz, la dilatación del tiempo, en fin: ¿sabe el gen que con una cierta organización de la materia y del lenguaje, con nuestros dos pares de veintitrés cromosomas, se está contemplando en las fluidas aguas del tiempo? Ah, qué tarde tan melancólica.

 

 

 

 

ARENA

Y este viento que pasa,
que vuelve y me rodea,
que busca mis raíces
para desenterrarme.

 

 

 

 

ORILLA

El amargo sabor de no saber
si este mar que se aleja
lo hace para volver.

 

 

 

 

CUATRO POEMAS

xxALQUILER

Entras en una casa con muebles extraños,
y ese olor del pariente fallecido
mientras el heredero te pide credenciales
que la usura ignoraba.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAtrás, los tuyos:
tu ex mujer, el niño como una herida
que agrandará la noche,
los numerosos libros y sus sombras.
Cuando te quedas solo,
con el mudo contrato entre las manos,
piensas en todo aquello que ha sido tu vida,
como quien frente al mar se desmemoria.
Cada imagen que surge
contra la extensa tarde de ceniza,
socava tu presente.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEn el mismo lugar,
el rumor circular de tus pasos:
absorto en la mecánica
de levantar las cosas para hundirlas.

 

 

 

 

SINCERIDAD

Así, sin conocernos mucho,
sostenidos en la red de breves encuentros
en un bar, en el parque,
o en aquella playa, un poco bebidos,
en la que hablamos a medias de todo.
Nunca te hice preguntas
suponiendo que había una verdad
de fondo, ni tú confesaste nada.
La música, la historia y los perros
recorrieron nuestras conversaciones.
Tras meses de tu ausencia creo comprender
que nada quedó sin ser dicho,
y los límites ‒tan sutiles‒
sólo fueron la forma de decir
lo que sabías,
tu difícil poética
de que nada en el fondo permanece,
de que la verdad reside
en la manera
de agavillar el tiempo
para soltarlo así, y que perdure,
en la memoria.
Y el convencimiento de que la soledad
acompaña, rige las efusiones,
rima con la fatal conciencia
de ser uno, de ser dos, y ninguno.

 

 

 

 

HISTORIA, 1936

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Fernando Lafuente

“Un día sin horas,
julio del treinta y seis,
mi hermano y yo girábamos,
subidos en la noria.
Más aire el aire,
en la rotonda azul de nuestra infancia.
De pronto se paró la rueda
y desde arriba
miramos el bullir inquieto de la gente,
la estampida radial de la locura,
y los cuerpos sordamente caídos,
como tocados por la nada.
Horas más tarde nos bajaron,
y por primera vez
vi en tus ojos un miedo indescifrable.
Pegados a las sombras anduvimos
por la oscura trama de la historia,
buscando desde entonces
una casa redonda
mecida por el aire.”

 

 

 

Malpartida, Juan. Huellas (Poesía 1990-2012). Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

HUELLAS

septiembre 14, 2015 Deja un comentario

Juan Malpartida 'Huellas'

 

RAÍZ DE LA MEMORIA

La luz se adensa: sombra
en tu vientre,
xxxxxxxxxxxxxhúmeda noche
donde bebe mi silencio
las palabras de tu cuerpo.

 

 

 

 

EXTENSIÓN DEL VACÍO

xxxxxxIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Charo Malpartida

Mi hija venía del colegio,
sus trenzas por el aire.
Yo, desde la ventana,
sin corazón la aguardo.

Un largo viaje, le digo.
Mira en mis ojos
el camino de nadie.

 

 

 

 

DÍPTICO

xxxxxI

Siete de la tarde y el mar inmenso:
lo que en mi oído suena rima es

de otro mar, espuma, piedra o nube
que como flecha del aire se pierde

entre los ecos de una sola sílaba
que a la deriva muerde las arenas.

Como quien camina, la tarde engendra,
en su propia luz oscura, la noche.

Contemplo la escritura de las algas
barridas por las columnas del agua,

fija en los jirones rojos del cielo,
ya púrpura o añil, negra quietud,

igual a sí misma y siempre diversa
entre las rápidas constelaciones.

 

xxxxxII

Al tiempo, la ciudad a mis espaldas
alza sus luces, el sordo rumor

que el deseo y la distancia despierta,
la llamada que viene desde lejos,

la sospecha nacida de la carne,
de otro mar y otro tiempo que aquí laten.

Algo distinto dice mi canción,
como quien camina sobre su voz

y sabe que es aire, verde escritura
del sueño y escalera sin peldaños,

por donde tú caminas al encuentro
mientras yo trazo la tensa maroma

desde el tráfago del mundo y la nada,
lugar donde sin saberlo me sueñas.

 

 

 

 

EL SUEÑO DE SÍSIFO

xxxxxI

xxSe aprieta la ciudad contra tus senos para contemplar el vacío, y busca desaguar sus pesadillas por los ríos de sombra que corren bajo nuestros pies. Está creciendo una ciudad en el brazo que apoyaste sobre mi hombro. Siento el hormigueo de su labor de zapa instalando una valla publivía sobre los labios que pronuncian el deseo. Un alcalde tras otro inaugura plazas en tus caderas, y edifican, en la blancura de tu garganta, ménsulas bajo las que ruge un minotauro celeste. Corren los caballos enloquecidos por las noches del sábado. Y alguien descifra las constelaciones en los vidrios rotos del alcohol. Alguien se asoma a la ventana de un décimo piso, alguien mira la luz de una habitación. Hay un mendigo que lee con lupa un periódico de hace años, y lechos, piras, sombras, un pájaro muerto en la boca del nostálgico, un comprador de oro, una ambulancia de cuidados intensivos y su sirena agitándose (del amarillo al rojo) como un buque que se hunde en el atasco del semáforo. En la acera, dos jóvenes se besan. Suena la sirena y fluye el tráfico mientras ellos están allí, sostenidos por un hilo invisible.

xxHay un rumor, pero no es del mar, creciendo en estas horas inciertas.

xxxxxII

xxOcho millones de ratas pululan por el inconsciente de los hoteles y hospitales de Madrid. En ocasiones alcanzan la superficie y algunas suben por las medias de malla negra de la enfermera de guardia. Yo vi una rata alzar su hocico a los pies de mi cama. Había una rata aquella noche entre tu cuerpo y el mío: una palabra letal invadió el aire de nuestras costillas y volvimos hacia la noche con una sílaba bajo los párpados, incendiando los pasillos de la memoria con un fuego frío. Nacidos bajo el signo de Saturno, levantamos la mirada en la proa del barco. Y no miréis hacia, dijeron como si supieran. Hemos edificado ciudades sobre tus pechos, hemos horadado tu vientre para instalar tamos de vías, escaleras metálicas para descender a tus venas. Estamos secando lagos movedizos que nos recuerdan el mar. Hoy inauguramos una arista nueva: desde su perfil de níquel alguien mira las siete cuarenta y cinco, cuarenta y seis, cuarenta y siete. Ocho millones de ratas se agitan en mis sueños.

xxxxxIII

xxEs necesario ser absolutamente moderno, dijo Arthur Rimbaud y se perdió entre Adén y Harar. Una temporada en el infierno ya es cosa de turistas. “Arthur Rimbaud Grand Hotel”. Oigo pasos, como de alguien que se aleja. Un cuerpo se aleja mientras crece la cuenta de los árboles y de las vitaminas, la cuenta de nuestra porción de ozono perdida, la cuenta de los orgasmos, la cifra exacta que debe alcanzar nuestra felicidad. Un cuerpo se aleja mientras se pone al día la cuenta de las eloísas y abelardos, tristanes e isoldas. Alguien está contando mi respiración. Pero una sola resta vendrá que hará estallar todas vuestras sumas.

xxxxxIV

xxNo tiene centro la ergástula, laberinto que contra un muro dibuja la ceniza de sus límites. Por eso deambular es todo, y pararse en las aceras, como a la orilla de un gran mar donde rugen olas motorizadas. Un termómetro callejero toma la temperatura a la ciudad,, un reloj sin cuerpo marca un número afilado y exacto, siempre el mismo. Un maniquí despatarrado muestra un sexo inexistente. De pronto, el cristal de la boutique grita, ulula (chichara mecánica) ante la herida constelada que un ladrón perpetró en su pecho. Se detiene el peregrino en el umbral del pub, ensancha el aire en sus pulmones y empuja, desde el frío de invierno, la puerta fosforescente. Se apoya en la barra, como los marineros en la baranda. Está creciendo el desierto, piensa mientras caliente entre sus manos la copa. Desde el no sé quien levanta su mirada y ella ¿desde dónde? le sonríe. Al caminante, como en el vuelco al moribundo, se le agolpa toda la vida en el vaso. Bebe. ¿Quién mira? ¿Cuál es el nombre de esta mirada? ¿Cómo se llama la agitación de los días, este murmullo de la sangre? Una mano a otra se enlaza, y horas después, los dos nombres dibujan signos rápidos en los espejos del agua. Un árbol se incendia junto a su abrazo, y en una habitación cercana al desamparo, ambos rememoran sobre la piel el día remoto en que se conocieron. No tiene centro la ciudad (tu cuerpo dibuja las líneas del cielo); no tiene tiempo la hora en los relojes (en tu vientre late el sol y la noche de la sangre). Aquí, bajo el calor de tus labios y de tu sueño, se oye el rumor de otra ciudad bajo el arco impalpable del deseo.

 

 

 

 

EL FANTASMA Y SUS APARICIONES

xxxxxII

Toda la noche con el rostro en sombra
porque la palabra se resiste a ser dicha.
Todas las palabras con la voz en sombra
porque la vida se resiste a ser dicha.

 

 

 

 

PIEDRA CONTRA PIEDRA EL VACÍO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Luna

xxNací en la calle del Muro, muros árabes que cercaban en otro tiempo la ciudad. Yo jugaba entre las torres. ¿Era el preso o el guardián? Por el largo callejón, a la Puerta del Mar se llegaba.
xxPara jugar luego (¿cómo decirlo?) construí murallas de palabras, y seguí, como en la infancia, de un lado y otro del signo. La mar un día todo lo arrasó: muros y torres, nombres y niño.
xxDe pronto, y después de mil años, me hallé en lo blanco, contemplando un rostro enigmático y sabiéndome mortal.

 

 

 

 

DIARIO DE BITÁCORA
(Mar de fondo)

Lo irreal es demasiado táctil
y ha cercado a las cosas de un temblor
de platino y quijada antigua. Su sombra,
sobre el perfil del cuarto,
tiene más cuerpo
que estas manos empeñadas
en acariciar un rostro
ya desvanecido en el tacto.

 

 

 

 

LA RESTA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Gil-Albert, in memoriam

No es saber más lo que de verdad importa, ni visitar países ni acumular camas que calientan la fiebre y enfrían el cuerpo. No es hablar más cerca hablar más alto. No hay más luz ni más azules porque cuentes astros y acumules viento. Sin intimidad no hay universo.

 

 

 

 

PARA OÍR SU VOZ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Denis Long

xxxxxI

Para oír su voz,
para que la mano sobre la piedra
despertara del otro lado,
para que el roce de la mano
descubra entre sus líneas
el bosque de hayas.
Vine aquí para oír su voz.

 

xxxxxII

La lluvia barrió la terraza,
silbó el viento bajo la puerta
y el día se volvió sobre sí mismo.
No coincidía. No el agua ni el viento:
la mirada quemando en lo mirado
y el tiempo abriéndose sobre la hoja.
Crujió la leña en el fuego y un pájaro
gritó en el aire. Mi memoria
se hundía, más acá del mundo,
al borde de todo y de nada.
¿Dónde vive lo vivido? ¿Por qué
golpea el viento en los cristales?
Dibujé una puerta, se abrió la puerta
y no había nadie. Entré en la casa
para escribir estas palabras,
para labrar los muros lentamente
rozando una cosa con otra,
para oír su voz,
la memoria de este día de lluvia
sobre el momentáneo silencio
de la mirada.

 

xxxxxIII

Arriba, las nubes lentamente se recogen;
sobre la mesa, el sol garabatea.
La tela del día se tensa y desaparece.
Se alza en la línea de flotación
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde la ventana
‒asidero de nieblas y de pájaros‒
la horda de polígonos de los tejados.
Lo que veo
xxxxxxxxxxla memoria lo reconstruye,
y la mirada, como el agua entre las piedras,
no acaba de ver lo mirado:
en sí duda y se reescribe. Más allá de mí
las cosas persisten en su indolencia.

En sombras el sol ha dibujado
los reflejos de mi paciencia. Tal vez nunca,
este incendiado atardecer de siempre,
pase a través de mí y no tropiece.

 

xxxxxIV

La tarde y sus rojos tejados,
el recuerdo de un día dividido
mientras la ciudad se petrificaba,
los signos que la nada envuelven,
la montaña invisible, el mar,
los libros, la muerte, lo no llegado,
la conciencia disuelta
en la irrealidad de lo real,
la irrealidad hecha marea
en la ondulación de tu cuerpo,
la tarde y el azul del cielo,
el rumor de unos pasos.
Acerca más cerca tu oído:
la página del crujiviento,
el craquelador de la nada:
redes que se sumergen
para ver lo invisible,
la eternidad de cada día,
hilo negro en la constelación blanca,
buzo del aire, el tiempo.

 

xxxxxV

Sin proponérselo llegó la noche,
con los ojos cerrados me deslizo
por el agua de un sueño no soñado:
nadie está solo en este mundo,
me digo, mientras palpito a solas en mi cuarto;
nadie es una sola mano
en el aire de nada. Percibir
es entrar en el bosque. Nadie
ha nacido solo, nadie ha muerto
alejado del mundo. Si por un instante
rozas la piel del tiempo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel mundo reverbera,
parpadea el mar de Shanghai
sobre el pretil de mi ventana;
si como la noche llegó respiro
entonces tú aún no te has ido
y es tuya la voz que canta en la noche,
el soliloquio multimundo, el agua
de un sueño que despierta,
para que el roce de la mano
descubra entre sus líneas
el bosque de hayas.
Vine aquí para oír su voz.

 

 

 

 

TEJIDO AL SOL

xxxxxVI

Escribe con las palabras que puedas llevar mientras caminas, y el camino es largo;

escribe como si indicaras la hora sabiendo la extrema movilidad del tiempo;

escribe como quien dice adiós, como quien no ha llegado siquiera al papel en donde escribe;

escribe sin escribir, sin decir palabra, de ti mismo, en ti mismo, de nadie;

escribe sabiendo que tu última palabra no es la palabra última porque más allá de ella hay mil palabras y una más;

escribe para pasar el tiempo y que el tiempo pase sin saber a dónde;

escribe porque en la palabra mar hay agua y es un vacío, y esto enseña a vivir y también a morir;

escribe, no para decir palabras sino para que ellas te digan;

escribe ‒como esta tarde que al caer se tensa y se extiende‒ la palabra del otro lado, la que dibuja el vacío de la palabra, un poco de sonido entre dos tiempos a la deriva.

 

 

 

Malpartida, Juan. Huellas (Poesía 1990-2012). Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

PRESENTACIÓN DE ‘LA IMAGEN Y SU SEMEJANZA’ EN MURCIA

La imagen y su semejanza

 

Mañana se presenta en Murcia el nuevo libro de poesía de Javier Moreno, ‘La imagen y su semejanza’; libro que le ha publicado la editorial La Garúa, con una magnífica portada de Cristina Morano.

Si quieren tener motivos para ir a la presentación sólo tienen que leer esta disección que hace Diego Sánchez Aguilar.

 

LA IMAGEN Y SU SEMEJANZA

Como decía hace unos días, ya tengo en casa el nuevo libro de Javier Moreno, ‘La imagen y su semejanza’.

El libro, que ha sido publicado por La Garúa y que tiene una magnífica portada diseñada por Cristina Morano, es un repaso a casi toda su trayectoria poética. Pero es que, además, incluye dos libros inéditos hasta la fecha.

De esos dos libros inéditos voy a dejar hoy aquí un par de poemas de cada uno de ellos.

 

Atrapado en ella

 

RECUERDOS de nube
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdices
xxxxxxxxxxxxxxxy esculpes el cielo
xxxxxxxxxxxxxxxa ras de labio

Grita azul
tu silencio un pájaro…

Escribes recuerdos de nube
xxxxxxsiempre
y cierras con un beso el párpado
xxxxxxxxxxxxxdel niño de ante-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxmañana

 

 

 

 

TE DIGO y ya
eres rastro eco
de otra palabra
que quién dijo…
Forma
con fondo de agua
Superficie la más
profunda tú:
xxxxxxxxxxxxxxubne:
xxxxxxxnueb: nbeu: eubn:
xxxxxxxnebu: eunb:
xxxxxxxbuen: ebun: benu:
unbe: nbue: uebn: bnue: ebnu:
xxxxxxbeun: neub: enbu:
xxxxxxuneb: uben: enub: uenb:
xxxxxxxxxxxxbune: bneu:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnube:

continua danza de máscaras
sobre ningún rostro

 

 

 

 

SI dices FLOR
se derrama la llama
de una velaxxxxxxxxxxxxxcae
al fondo
del abismo
salpica la luz
que petalea y deslumbra
un qué

 

 

 

 

INMERSIÓN hasta el fondo
de tu mirada. Ahí ves
entre aromas de limonero
el cadáver y el gusano
creciendo en su entraña
Mientras el viento trenza
a tus pies la savia
del vinagrillo

Tomar en tus manos la semilla
del cardo
Dejarla más tarde
xxxxxxxxxxxxxxxxtal tu cabello
interpretar el viento

Y entonces decirte:
Finalmente
la esperanza
La esperanza sola
es tu hipótesis de trabajo

 

 

 

Moreno, Javier. La imagen y su semejanza. Barcelona; Ed. La Garúa, 2015.

 

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