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Posts Tagged ‘editorial huerga y fierro’

LA IMPEDIMENTA

septiembre 17, 2021 Deja un comentario

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NUNCA REAL Y SIEMPRE VERDADERO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Aguilar

Siempre pensé que el cielo estaría vacío.
Entré al fin en el cielo
Y no estaba vacío.
Pero aquello que vi a mí me vació.
Fue un mediodía sin agujas,
El momento en que puede verse
A las palabras
Alejarse de sus significados.
Tenía peces por todo el cuerpo
Y restos de grava en el arco ciliar.
Recordé lo que dijo Baudelaire:
El niño rompe los juguetes
Para buscar su alma dentro.
No supe, sin embargo, su de quién, qué alma busca:
¿La del juguete o bien la suya propia?
El sueño más perfecto es el desgarro,
Dije yo para quien tuviera entendederas.
Pero allí nadie hablaba endecasílabos

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SINOPSIS DE LA HIPNOSIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Miguel Ataz

¿He escrito ya que las amistades envejcen?

Lo más triste
de que nos visite un fantasma
es que no nos reconozca.

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POEMA DE LOS ESCOMBROS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Isabel Navarro

Pensaba que me habían abatido,
que un pulgar uñicorto me hacía en la frente la señal de la cruz
mientras dos zepelines ardían en el cielo.
Cuando supe que no era así
me levanté y anduve por la calle
besando a enfermas y enfermeras,
a traicionados y traidores,
a los que en un retablo nos miran a la cara,
a los que son tan hombres que ahogan su dolor en agua fresca,
a los que aman las ruinas y a los que reconstruyen ruinas,
a la madre y al hijo,
al hijo muerto y a la madre:

xxxxxSí, conocí a su hijo, señora.
xxxxxFue valiente y cobarde,
xxxxxbueno y malo.
xxxxxFue un hombre.
xxxxxLa vida se hace tarde,
xxxxxla vida se hace años y más años,
xxxxxy se hace viento y frío.
xxxxxY la única manera de no morir de frío,
xxxxxla única manera de no morir de vida
xxxxxes nombrándolo todo con las manos.
xxxxxMe dijo cuando lo besé: no me beses a mí,
xxxxxbesa a mi madre.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY todo lo demás no importa

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EL RAPTO DE EUROPA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Kepa Fenollar

Cuando un día escribí: Hay barcos que se hunden en la orilla, aún
no había encallado en las costas de Giglio el crucero Concordia,
esa fatamorgana e días de calina, ese monstruo derrengado,
varado en plena costa; más que semihundido, como asomando
desde la profundidad, a la manera que se erigía o deserigía la
estatua de la Libertad en aquella película: tal si perteneciera de
suyo a aquel lugar, y esa y no otra fuese su natural fisionomía.

Cuando una vez escribí aquello, el capitán no había aún aban-
donado a todos a su suerte, ni el cadáver de la nave seguía su
proceso de inmersión, dejando ver (en fin) que las piscinas de
cubierta son siempre el último lugar al que agrieta el salitre; ni
la rapiña de cabezas jibarizadas había convertido el domicilio
social del trasatlántico en darwinismo social.

Cuando escribí que hay barcos que se hunden en la orilla, to-
davía ignoraba que las fotos digitales también amarillean. Que
a esta Europa, que se derrite como Groenlandia, se le están
cayendo todas las metáforas.

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EL CASTIGO SIN VENGANZA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Felipe Cabrerizo

Una sola secuencia, y como extra.
Un minuto en pantalla, o tal vez menos.
Pero era mi oportunidad, lo supe:
nadie que viera luego la película
olvidaría jamás aquella cara.

Soldado roto de aquel mismo tercio
en que Lope de Vega malanduvo,
tenía que arrastrare en formación,
flojas las piernas, de regreso a España,
sudor y sangre seca, ojos ardiendo,
alegría no obstante por volver.

…Y nadie me olvidó, bien es verdad.
Aunque tampoco pudo recordarme.
Mi minuto de gloria, claramente
sobreactuado, en el cajón sin fondo
de fotogramas sin positivar.

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A VIEW FROM THE BRIDGE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ramón Asunción

tiró la foto desde el puente

la ciudad
como cualquier paisaje
es un rostro
y ese día mostraba arrugas
ojeras
niebla en las mejillas

…y dos torres
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxgemelas
y ominosas como cualquier fantasma

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EL CANT DE LA SIBIL·LA

el día del fin del mundo
terminé de leer la prensa
robé la impedimenta a los soldados
vendí mi muerte a cambio de unas chanclas
y me arrullé con mi hijo musitando
todos los nombres que no le había puesto

si el mundo se acabó yo no lo sé
soñaba con el fin del mundo

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PANTA REI

Se me llenan de piedra los ojos
cuando miro el mar.
¿Cuánto silencio cabe en un vistazo?

La fachada murmura
mientras vuelvo a trazar en mi mente
el lento discurrir de la fachada.

El reloj de este mar no da las horas:
las esconde

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HASTA AYER

Hasta ayer no sabía que un fantasma sangraba.
Hasta ayer la memoria era una fiesta
de disfraces en la que yo fungía de arlequín.
La vida hoy destiñe sobre el verso que se ensoñaba puro
y, al asomarse al blanco del papel,
sólo pregunta: pero, ¿quién anda ahí?

Hay veces que un color quisiera ser volumen,
que no nos da pudor escribir del otoño,
que nos vemos venir desde muy lejos
y nuestros pasos suenan a campanas
y los muñecos juegan con nosotros.

Sin memoria no hay sueño, hoy lo he sabido.
Por eso hoy pienso tanto en la felicidad,
porque la ignoro. Porque dejó tan solo un coágulo de sangre.

Hasta ayer no sabía que un fantasma sangraba.
Hasta ayer ignoraba que un nonato,
cuando desnace, esculpe en los espejos
las letras del desnombre

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Chessa, Alberto. La impedimenta. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2017.

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VENTANA DE EMERGENCIAS

septiembre 13, 2021 Deja un comentario

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FRONTERAS

No hay fronteras
cuando cerramos los ojos.

Desaparecen.
Es un misterio.

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FE

Ni mucha ni poca,
os soy sincero.
La justa
para ir tirando.
La justa
para no liarme
a tiros un viernes
en la cola del supermercado.

Así que si un día de estos
me veis guiñándole el ojo
a la cajera, no lo dudéis:
salid corriendo.

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LA TIERRA QUE NOS PROMETIERON

La Tierra sería un buen lugar para vivir
si no fuera por tanto cabrón como anda suelto.
Como un cáncer, su metástasis se expande.
Se reproducen por esporas,
se atrincheran en las comisuras del alma.
Construyendo infinitos canales
hacia la banalidad y la desidia.
Se esconden tras las leyes del mercado
y solo salen a la calle cuando el sol luce
(o, en su defecto, las putas estadísticas).
Menos mal que, de vez en cuando,
viene de frente un poema y nos salva,
llagando donde más supuran los cabrones.
La poesía.
La única arma eficaz para matar dragones.
(Si han entendido otra cosa, también me vale).
La poesía. Bendita redención.

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LA ÚLTIMA DE MI MADRE

Lábrate un futuro poco a poco.
Escoge muy bien siempre a tus enemigos,
te encuentres donde te encuentres.
No olvides nunca desayunar. Ah, y peinarte.
Escribe cosas bonitas, por favor.
Que todo el mundo pueda entenderlas.
Y, sobre todo, hijo mío:
puesto que ya has demostrado con creces
que serás un prefecto inútil
y que no ganarás un chavo con eso de la poesía,
espabílate, al menos por una vez.
Arrímate lo que puedas. Hazte amigo
de algún director ejecutivo de un banco
o, en su defecto, candidato a Presidente del Gobierno.

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NUNCA busques supervivientes
entre las ruinas.
Podrías encontrar
a quien menos te lo esperes.

A ti mismo,
por poner un ejemplo.

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DE LOS IDIOTAS SE APRENDE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPero incluso entre las guerras a veces hay pausas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWislawa Szymborska

Aprendo mucho de los idiotas.
Les presto una atención exagerada.
Para no resbalar nunca, como ellos.

Pero he de reconocerlo: les profeso pánico,
un pánico atroz.
Nunca sabes por dónde van a surgir,
de qué esquina, de qué casa.
Ellos te odian tanto como tú a ellos.
Huelen tu miedo y eso les excita,
les hace superiores.
Tus dudas les conceden el poder.

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SPAM

Millares de hologramas
con las manos atadas
protestan en la plaza
a un televisor de plasma
con barba de pobre
y cejas de triste.

Mientras tanto, en Europa
cierran las fronteras al spam.
Lo dicen las estadísticas:
el noventa y nueve por ciento somos spam.

Bienvenido al nuevo orden mundial.
Bienvenido a su bandeja de indeseados.

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RENDEZ-VOUS

Vas por la calle, ensimismado
como siempre con dos o tres cosas,
esas que piensas importantes
y que, al final del día, carecen de fundamento.
Tal vez, es probable, vayas tarareando una canción
de camino al trabajo.
Y, de pronto, el azar te coloca
justo en la acera contraria,
con unos horribles pantalones
marineros, a una de ellas.
No sabrías decir exactamente cuál: eran gemelas.

El Cielo, o lo que quiera que sea eso,
te devuelve una de aquellas diosas
que en tus noches universitarias
te despreció con sabio artificio.
Una sola mueca bastó para entenderos:
por mucho que le pagaras las copas
no estaba dispuesta a abrirte su puerta.

Y ahora la ves pasar.
Es probable, ya lo decimos
(el Azar es un cachondo),
que ni siquiera sea ella
la que dijo que le dabas pena.
Te fijas bien. Ningún residuo
de aquel deseo queda en ella.

Piensas que ha de pesar ahora
más o menos lo mismo que tú.
Y no puedes evitar que se te marque
una sonrisa cruel. Te dices
que te han alegrado el día nefasto
que hasta entonces soportabas.
Por unos minutos, has olvidado
tu insoportable dolor de muelas.
Y tu sonrisa de domingo
se refleja en los escaparates.

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DESPUÉS de un repaso
desangelado a la prensa,
salgo al campo,
me pierdo en el bosque,
recolecto algunos versos
hasta hacer un ramillete
y dejárselo como herencia
a mis hijos nonatos.

Enhorabuena, valientes
hijos de puta. Nos borrasteis
la esperanza y la tierra.

Nos robasteis a los hijos,
antes de engendrarlos.

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GOT ME A MOVIE

xxxxx9

Como en los centros comerciales,
todos los días son lunes.
Algunos vienen con rebajas u ofertas.
Otros no, y pagas el pato por completo.

Es un hecho. Asúmelo.
Intenta hacer de ello una película.

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Gómez Espada, Ángel Manuel. Ventana de emergencias. Madrid; Huerga & Fierro editores, 2018.

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ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

septiembre 9, 2021 Deja un comentario

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ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

Siempre he amado a las chicas que van en bicicleta,
a mis vecinas que salían a correr cuando yo regresaba del trabajo,
a las madres que lloraban al dejar por primera vez a su hijo en la escuela,
a las estudiantes que dibujaban corazones vacíos en las servilletas de las cantinas,
a las suicidas que iban a por ti porque no había otra cosa mejor que hacer en agosto,
a las que ponían lavadoras en mitad de la madrugada,
a las que desplegaban un muestrario de muecas raras cuando descubrían que
xxse les había olvidado echarle azúcar a su café,
a las que en julio fregaban desnudas pero con guantes,
a las que leían poesía y mordían manzanas al mismo tiempo.

Venían de otro planeta,
a consolarme con su presencia por haber nacido en este.
Dios las bendiga.

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Gómez Espada, Ángel Manuel. Ventana de emergencias. Madrid; Huerga & Fierro editores, 2018.

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DE AMICITIA

septiembre 10, 2020 Deja un comentario

 

DE AMICITIA, I

Ya no tengo amigos, los perdí, o les engañé o me engañaron
y los eché de mis días que quedaron vacíos como estrellas en el cielo;
y poco me apena estar solo en las barras de los bares, leyendo
los periódicos y mirando esos corros de adultos que hablan y ríen.

Fundamentalmente era falsa la amistad en cuanto a los altos cometidos
que se le suponen. Frente al amor, que éste sí lo tengo, la amistad
es cosa de hipócritas, de ociosos, de gente vulgar a quien gusta la retórica
y las histriónicas emociones, la gravedad fatua y el alarde febril.

Si no me crees, pon a prueba a tus amigos, que den la vida por ti,
dala tú por ellos sin pensarlo un instante, sin que asome en tus ojos
la mínima duda de que todo no sea una farsa y que tu amigo
es, finalmente, la cosa más odiosa de la creación.

La amistad es asunto de las clases medias, de obreros, de destinos
fáciles, de opiniones comunadas por el miedo, también de escritores
y artistas, de monarcas y del engañoso arte de pasar por el mundo
ayudado del codo ajeno cerrando los ojos a nuestra privada naturaleza.

El amor, en cambio, el sucio amor de los cómplices que se besan
y desnudos sufren en la alcoba, ése es de naturaleza divina y ese sí lo tengo.

 

 

 

 

DE AMICITIA, II

Y, sin embargo, de qué sirve la vida si no vienen los amigos a casa.
Y de qué sirven ellos si, desde la ingrata verdad, jamás llegas a su fondo, a su centro
y es penosa esa dura hipocresía del trato cortés y de la convenida amabilidad.
Está bien que te llamen de vez en cuando, en alegrías o infortunios.
Explicarte reconforta, ayuda la quimera de que quizá algún aprecio despierte
tu suerte por la vida, o las risas al unísono en una noche de fiesta.

Risas destruidas, que van camino del cementerio en la noche estrellada.

 

 

 

Vilas, Manuel. Las arenas de Libia. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 1998.

 

LAS ARENAS DE LIBIA

septiembre 8, 2020 Deja un comentario

 

DESDÉN DEL CIELO

Fue el tiempo mejor de mi vida, y tal vez las mejores
palabras, pues éstas venían del primer deslumbramiento.
Al recobrarlas, recobro a un hombre
cuyo conocimiento y cuya fuerte ilusión sí valió la pena.

Que luego vinieran las sombras
no excusa para que el recuerdo permanezca
intonso, inocente, inalterable,
para que la vida allí reunida,
como ese viaje a París de cuatro noches,
fuera jubilosa y eterna.

Que ya me gustaría a mí
no haber madurado, no haber vivido.
Y quedar como el adolescente,
aniñado y consentido,
de París y su elegía.

 

 

 

 

LA CLASE DE LENGUA

Abatimiento en mitad de una clase de adolescentes.
Quisiera estar en otro lugar, pero en dónde.
Rico y célebre en largos viajes por el mundo.
Tampoco ellos cumplirán sus ilusiones.
Salta a la vista: sin talento, sin inteligencia,
sin familia con posibles, sin belleza,
sórdida clase media-baja de la democracia
a quienes han prometido una educación intrascendente.
Enséñales, al menos, a querer la vida
con fuerza, con justicia, con dignidad,
con las palabras duras que a solas tú aprendiste.
Ayúdales a imaginar la ruina nada discreta
en que acabarán convertidos.
Los tristes negocios de su vida ya son un escándalo.
Diles que sólo la verdad con las palabras justas
defiende de la verdad abandonada a su sombra.

 

 

 

 

OTRA CANCIÓN DESESPERADA

Siento una vaga sed y estoy triste.
El invierno está acabando, da sus últimas batallas
entre las nubes y los mares, y deja los postreros
fríos en las altas montañas, lejanas, sombrías.

Las camas tocadas por el invierno son las del amor.
Así lo fueron para mí, y me acuerdo tanto de ella,
de cómo brillaban sus palabras y lo dulce que era.

Una mujer dulce, del invierno en mi invierno aparecida.
Como si Dios quisiera reír de mí un poco más,
viéndome feliz haciendo las maletas, planeando
románticos viajes a su lado, recogiendo su ropa
interior con delectación de cuarentón
cuyas plegarias han sido oídas en el último momento.

Siento una vaga sed y estoy triste:
Así la sonrisa de ella —la cuenta del hotel
le pareció muy cara—, y nos fuimos,
y yo estuve pensando en su cuerpo todo el viaje.

¿Se puede pensar en un cuerpo como si éste
fuera un laberinto, un problema de incompleta resolución,
una endiablada álgebra, un acertijo inmortal, inmoral?

Los perfumes, sus ropas, sus palabras, sus labios,
su huida, su verdad, su misterio, las heridas
de su corazón juntándose con las mías, su vida
entera, la vida que me enseñó y la que adiviné,
muy enamorado estuve, y casi me muero.

¿Con quién estará ahora? ¿A quién amará?
Adonde ella esté habrá alta vida, dura y salvaje,
futuro, riesgo, enigma, pasión precisada, expuesta.
Adonde ella esté, mejor yo ya no voy,
ya no podría.

Siento una vaga sed y estoy triste.

 

 

 

 

VEINTIDÓS DE FEBRERO: PENSAMIENTOS PARTICULARES
xxxEN EL ANIVERSARIO DE LA RUPTURA ENTRE KAFKA 
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY FELICE BAUER

xxxxxI

La desértica iluminación, el corazón de una mujer,
el ultraje de almas, el mal, sus súbditos, célebres destinos,
consumados y lóbregos y torrenciales amantes,
ni una sola noche me acuesto sin rezarles,
sin abrazar esas figuras defenestradas de los altos limbos
de la vida lejos de Dios, de la vida regalada con liberales racimos.

Nada sacia, nada. Nada es bastante.
Mas no por ello desechemos los placeres convencionales:
un sexo tórrido y velludo, con ese sabor agonizante,
una comida al lado del mar, un baño en el lago de la sierra.

 

 

xxxxxII

He vivido media vida al cuidado de extraordinarias drogas,
en vitales y cultas alienaciones, estudiando, viajando, leyendo,
y ahora no sé cómo hacerme viejo sin terror, sin externos dramas
inútiles e ineficientes,
aceptándome; no sé cómo sobrevivir de aquí hacia adelante.
xxxEl viernes voy al cine,
el sábado me cito con desconocidos. El lunes trabajo,
el domingo no le doy gracias a Dios: qué habría de agradecerle.
xxxAsí es mi vida,
pero, aunque dura y sin interés, no concibo otra mejor y  que me sacie:
de allí el envenenado, portentoso mal que me vence a todas horas.
No creas que tu existencia, insensato vanidoso, es mejor que la mía.
Y de eso se trata, de contarnos la vida con las luces de la muerte.

 

 

xxxxxIII

El amor a las mujeres, a las más insatisfechas, obviamente.
Pero estas te cambian por su padre, que es el único
hombre de su vida, y llevan razón,y se hacen viejas
y se afean por las mañanas como el resto
y buscan lo que un hombre: fama, dinero, y vida eterna.
Pues lo peor de las mujeres es que son como los hombres.
Poco cambian de cintura para arriba, la misma final descortesía,
el malhumor longevo y bárbaro, y también se mueren.
El amor a un perro, que calla y camina.
Imagen de una inocencia que otro Dios alienta,
pero no encuentras tiempo para pedir un milagro.
El amor a un hábito, a una rutina ruinosa y cómica,
el amor a uno mismo, sin demasiada fascinación.
El amor a ellas, de cintura para abajo.
El odio a todo ser que aún siga vivo, tras la juventud.
El odio a uno mismo ofrece más respeto y dignidad.
Amor y odio a uno mismo, ilustres proyectos desbaratados.

 

 

 

 

CONFESIONES

Melancolía de la mitad del célebre camino
de la vida: «lo que no hagas ahora ya nunca
lo harás».
xxxMas ya nada quiero hacer,
sino mirar la decrépita luz de mis pensamientos
y recordar algunos días,
algunas noches de inmerecida ruina,
de inminente olvido.
Nada trajeron los años, frente a lo que pensé.
Las amantes fundaron familias,
—no goza la familia de buena prensa
en las vidas que me gustan—,
inhóspito el corazón, ya no conozco
a nadie.
xxxAtroz se me antoja la vida última
que no tengo, el tiempo, las tardes muertas,
los recuerdos que ya no recuerdo y bien quisiera
para salvarles con diestra inteligencia,
el cuerpo de la nueva mujer con que me acuesto,
y el mustio advenimiento de la infernal soberbia
de querer en un papel grabar las confesiones
no pedidas; mas toda confesión fue género
de ricos, de burgueses dadivosos y aburridos.

Dejé de creer en Dios, y cómo me alegro.
En los hombres, en el amor, en el trabajo,
en todo cuanto supusiera un horizonte claro.
La vida es un arsenal de creencias derrotadas,
y debo haberme vuelto egoísta, y un materialista.

Y aún me seduce, en las noches del lujoso verano,
buscar alguna pasión inconfesable que me haga sentir
el héroe de novela antigua del que por escrito
hago pública renuncia y amojamado vituperio,
sin que éste empañe la lujuria de Dimitri Karamázov.

Al mundo poco le conocí aunque para él
me preparaba leyendo los libros donde dijeron
que él estaba de forma impredeciblemente hermosa.
Una aspirina a la noche con un whisky sin agua,
mirar una eternidad por la ventana,
el descargado e inútil revólver, una antigualla
del año treinta, recuerdo de familia, en la fría mano,
y llorar bajo la quieta oscuridad esta ruina tan adusta.

Me quedó inédita la gloria. Es pena aborrecible.
En alguna vida futura, en fervorosa reencarnación,
exigiré tal conocimiento que no viví a mi pesar sediento.
Mas la gloria en el futuro, según va la democracia,
será a lo mejor calderilla del siglo romántico y vanguardista.

Adiós, adiós a la vida, como dice la letra,
mas no me resigno, algo en mí, restos, poderosos
restos de juventud,me impelen a esconder
el pasado, y salir a la calle a buscar
la santa felicidad, si bien no dure la búsqueda
ni la mitad del tiempo que perdí soñándola desnudo.

 

 

 

 

LAS ANTORCHAS

xxxxxI

Unos pocos en la historia contra los dogmas arcaicos
levantaron sus divinos pensamientos; no podían vivir bajo la férula
voraz de la ignorancia que limita el paraíso de la vida;
pero existe el vulgo, no es retórica quien alimenta su existencia,
existen las gentes grises y las hogueras adonde quemar el pensamiento,
y la carne humana que es más real que el pensamiento y arde mejor,
viéndose su humo en los lejanos pueblos y oliendo hasta los perros
el olor de las brasas y el polvo del alma, su crujir sarnoso, grasiento.

Ningún hombre merece vivir más que aquél a quien privan
de la vida la oscuridad, las ratas masivas de sus semejantes, la ley,
la luz, la justicia, camino del calvario, del patíbulo, puesto su nombre
en boca del populacho adoctrinado en las pocilgas de los reyes.

La ley, la justicia, el bien, el estado, la sociedad, tú mismo,
la risa y el escarnio del que nada hizo sino pensar la otra luz
que en sus ojos los días y la vida ponían caprichosos.

Y el silencio de los temerosos, de los asustados, todo ese vulgo
que miraba a Servet arder como un espantapájaros en el laberinto de su vanidad.

 

 

xxxxxII

Tarde, muy tarde, acabada ya la juventud, la vida va dando esa verdad
de que hablo, esa configuración de la monstruosa normalidad
de la que huye Darío y hace bien y es justo, huir del silencio,
de ese correr como los otros, esa gente hosca y atea
que no entenderá nunca por qué hiciste, escribiste,
te manifestaste si no tenías nada que ganar.
Nada que ganar, y qué han ganado ellos. Y qué se gana aquí,
en este triste horizonte de cipreses, sino toda la impaciencia y toda la amargura.
Mala suerte, pésima, ¿pero no es inherente a la maquinación,
a la libre espera, a la confirmación de que por tu mano elegiste tu destino?

(Aborrece, quien seas, el suplicio que padecieron aquellos
que la legítima sospecha de que la autoridad era un vicio y un arte de ignorantes
declararon en el juicio de los mundos, bajo la lluvia de preceptos humanos).

 

 

 

 

EL TEATRO

Cómo me acuerdo de todos aquellos días en que aún era inocente:
antes de salir a escena, esos grandes instantes de premonición y de deseo.
El lamento por el papel que finalmente nos toca en el sorteo de nada sirve.
Personaje secundario en una comedia de enredo, una obra corta,
representada por aficionados; o en una revista, donde medio emplumados
al lado de la corista decimos una frase frívola en tanto nos castañean
los postizos dientes; o quizá de sementales en un espectáculo de pornografía
anticuada, con una verga oscura y alargada entrando en otro cuerpo
mientras cuatro espectadores ebrios acaban sus brebajes, ríen y fuman
en una discoteca de pueblo, con cuarentones empalmados,
con ratas en los váteres, con las ruedas pinchadas del coche en que vinimos.

 

 

 

 

LOS VIAJES

Ya no viajo, ya no quiero saber aquellas suntuosas estancias
en míticas ciudades en donde supuse sería feliz, único, grande, espléndido.
Ahora se me ve por los pueblos de Aragón, andando por caminos de cabreros,
triste y harapiento, hosco y antiguo, garrulo de manos ásperas y negras
que saluda a los pastores, orina bajo las encinas y se masturba,
con la cara golosa del ayunado, del lelo o del chiflado,
en la noche estrellada, bajo los besos del aire y los rasguños de la luna.
De las arenas de Libia me acuerdo, pero dónde están.

 

 

 

 

FORD FIESTA L

Bajo unos pinos, en el parque de diciembre,
con los cristales empañados, con esa presencia
incómoda del cambio de marchas y del freno de mano,
después de convencerla de que, medio desvestida,
ansiosa, sin el sujetador, se tumbara en el asiento de atrás,
comienza una faena a oscuras, irrespirable el ambiente
de cigarrillos, de frío, de música de John Lennon.

 

 

 

 

DARÍO

¿De qué es ejemplo Darío? ¿De belleza contrariada,
de ejecución de la carne en medio de placeres haraganes?
Hay en sus palabras el delirio infantil de la nochevieja,
la ebriedad del caballero que pierde los papeles y blasfema,
el griterío de los golfos, la parisién cordura de las formas,
hay un hotel con la espada del Cid en la habitación del americano,
hay demasiados dioses para que alguno escuche
y una fúnebre colección de carbunclos, joyas, postrimerías.

Hay, por fin, ese miedo de los fuertes, de los que vivieron
cada día con la ruin sorpresa de que el paraíso es mentira,
de que el cielo es plegaria, de que la oración una cobardía,
de que la resurrección de la carne una errante mitología.

Desde que te fuiste París es una tumba.

 

 

 

 

CATULO

Tu fama de majara, tu fama de cura, tu fama de egocéntrico,
tu fama de que no te quiere nadie, tu fama de escritor de pueblo,
tu fama de perdedor, tu fama, tus vicios, tus poemas
donde dijiste que la culpa es de los otros, y dijeron que no,
que la culpa era sólo tuya. Y qué, si yo me marcho a Nueva York
mañana, si me he cambiado el corte de pelo, llevo gafas,
he perdido siete kilos, me voy con una puta de cien billetes,
hermosa, dura, grande, envidia de quienes atacan mi impudicia,
y cuando regrese, ya veré cómo resuelvo el asunto de mi fama.

 

 

 

 

EL JOVEN Y LA MUERTE

Delicada es la mano de la muerte. Su misterio invita al vivo
a devorar los días, las formas claras que en la tierra prosperan.
Mas aun así es inútil y esa belleza no querida nos espera.

No querer morir, no conformarse con el destino del que gozan
los ya idos, es más hermoso que la viciosa resignación.
En la noche venturosa del gozo y las ciudades, el pacto
con las deidades que han de darnos las gran rareza del inmortal
nos envenena y nos exalta: Dejar la vida para tomar
otra vida humana, mejor, inacabable, llena de mal,
de placeres suntuosos, pérfidos, de egoísmo y hermosura.

 

 

 

 

EN VERUELA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde la Naturaleza en nada avara…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFrancisco de Medrano

Las alamedas del aire enardecido brillan junto a Veruela.
Rareza inmortal mantiene alegres a los pájaros en el nublado cielo.
Ciudad del sauce, juvenil hermosura y vieja fe que ya no vuelve,
seto de abandonadas lágrimas, canción de prometidas rosas.

¿Quién como tú, desde niño, cultivó la muerte y el silencio?
Caballos de la noche, llevadme al pasado del pasado,
bajo esa zarza que brilla sobre el hielo vespertino de Veruela.

Naranjos floridos en mitad de la nieve, así el amor.
Lloran desde las torres injustas y dramáticas los muchachos.
Domingo nocturno en que aquí alcancé ningún secreto
sino la soledad de amar al hombre que en mí hubo.

Desnudo en los actos de amor, en el acto del descubrimiento,
y se llenaba la noche de intensa zozobra, de gozo al fin logrado.
No era fingida la saciedad, sí abrasadora y llena de humo su mano.

Flores esparcidas en el dormitorio han sido las miradas del amor.
Dama desenterrada, hondo árbol de la lengua, abominable entrada
en el bosque armado de la luz y la espuma, hierro en los labios,
el hacha del verdugo, las alabanzas, el disco negro de los besos.

Si creímos, moriremos; si dudamos, moriremos; si amamos, moriremos.
Gozosos van los gladiadores, con andrajos vestidos, a morir inocentes.
Bestias, hombres, flores, relámpagos, qué más da, vida o sueño,
terror o escándalo, a la deriva del tiempo, lento veneno que yo bebí.

Como quien suscita memoria de la muerte en día de celebración.
Como quien ha huido de su humanidad, y es la lluvia del invierno
quien sale a recibirle en un viejo monasterio ya cerrado para siempre.

 

 

 

Vilas, Manuel. Las arenas de Libia. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 1998.

 

EL ESTILO DE NUESTRO TIEMPO

 

EL ESTILO DE NUESTRO TIEMPO

No creáis que el hombre que de su vida habla con cruel acento,
áspera palabra y enemigo gesto de sí mismo es un indeseable.
Este hombre, conocido luego, resulta adorable, simpático, generoso.
No diré entrañable, porque le repelen los títulos del populacho.
Son paradojas del estilo de nuestro tiempo, enigmas de la infelicidad
de los que no cabe asustarse sino leerlos con acerada sonrisa.

Dejad que acaricie a vuestros hijos aunque sus libros sean
los de un ingrato, un viejo inmaduro que ultraja lo sagrado de la vida.
No dejéis de nombrarle hijo predilecto de la villa en que nació:
acudirá al acto, comerá con la mujer del alcalde y dirá amables palabras.

Años lleva este hombre en un cuarto sin luz, en una gran ciudad.
Entiende pocas cosas, no es feliz, y como un perro faldero
acepta la caricia de cualquiera, pero Dios, que creó su corazón
en noche desgraciada, le conduce, por mor de las palabras,
al acto sublime de juzgar las cosas y condenarlas en solitaria guerra.

 

 

 

Vilas, Manuel. Las arenas de Libia. Madrid; Ed. Huerga y Fierro, 1998.

 

TATUAJE

 

TATUAJE

Cuando después de muchos años, por un azar
ingrato, en alguna caja antigua de ti ya olvidada,
te encuentras aquellas fotografías de los años perdidos,
donde aún eras joven y sonreías ilusionado
no sé muy bien por qué o ya no lo recuerdo
(lo que es, sin duda, peor), y comienzas
a pensar que es sórdida y miserable
la experiencia del tiempo como pocas en la vida:
una humillación más, la última que faltaba,
no menos triste y violenta
que las que aún no has olvidado,
seguro que otro crimen sin venganza.
Allí estás en esas fotografías con tipos lamentables,
—darías lo que fuera, tu mano derecha por ejemplo,
por no haberlos encontrado en tu camino—,
con fulanas imposibles, amigas de poetas
que nunca lo fueron, licenciadas en letras,
alguna de las cuales acabó en tu cama.
Todo para mayor escarnio de tu memoria,
porque eso no lo aclara el pie de la fotografía
pero va contigo, allá en tu carne. Desolación
de lo que fui, qué estúpido es el tiempo
y qué inconsistencia, comicidad, burla y agravio
hay en su transcurso, en eso que los metafísicos
llaman, estirados, «el paso del tiempo»,
algo que tú ya no vas a cantar
por la mala vida que has llevado
y por la que aún te queda por llevar.

 

 

 

Vilas, Manuel. Las arenas de Libia. Madrid; Ed. Huerga y Fierro, 1998.

 

TODAS LAS BATALLAS PERDIDAS

 

LA SOLEDAD DE GARFIO

El día en que Peter Pan
abandonó para siempre
el País de Nunca Jamás,
el capitán James Hook
se convirtió en un pirata
triste, viejo y solo.
No tardó demasiado
en morir de pena
en su camarote
del Jolly Roger…

Solo Campanilla
—¡quién lo iba a decir!—
estuvo a su lado.

 

 

 

 

ANGELI DEL FANGO

La noche del 3 al 4
de noviembre de 1966
comenzó a llover copiosamente
sobre Florencia.

En pocas horas, el Arno
se desbordó e inundó
la ciudad
de barro, lodo y cieno.

En el Duomo,
el agua alcanzó una altura
de seis metros;
cuatro en los claustros
de Santa Maria Novella
y los Ognissanti;
las puertas de bronce
del Baptisterio fueron arrancadas.

La riada dañó
—según la UNESCO—
más de mil obras de arte
(321 tablas,
413 lienzos,
11 ciclos de frescos,
70 frescos independientes,
14 grupos escultóricos,
144 esculturas…),
sin contar los libros raros
y manusccritos
de la Biblioteca Nazionale
—700.000—,
ubicada en la ribera del río.

Cientos de estudiantes acudieron
de todos los lugares del mundo
en auxilio de Florencia.

Pasaban los días sumergidos
en aguas pútridas,
a la luz de las velas,
rescatando los fondos bibliográficos
de la maltrecha Biblioteca,
engullida por el aluvión
virulento del Arno.

Para la ciudad,
aquellos jóvenes de entonces
representaban la esperanza;
la Historia les ha dado un nombre
que hoy repetiré de nuevo:
“Ángeles de barro”.

 

 

 

 

POEMA PERDIDO

Hoy he perdido un poema.
Recuerdo haberlo escrito
hace algunos meses,
tras ver una película
que me emocionó,
lo que cada vez
ocurre menos.

Era un buen poema,
hablaba del Sur,
de la vida,
de la muerte,
de la juventud,
de lo que perdemos…

No sé,
quizás fuera este
el poema
que hubiera querido
escribir
y aquel otro
un falso recuerdo
de esos que inventamos
para tener un refugio,
un paraíso,
para ser felices.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO LIBRO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara D. Jesús Jaén Jaro, in memoriam.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTriste ornato carnal, tiempo de los venenos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxotra vez soy mi propio contendiente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy he leído todos los libros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJ. M. Caballero Bonald

Recorro con la mirada
los estantes
de mi antigua biblioteca
y me pregunto:
¿cuál será el elegido?,
¿qué libro no acabaré de leer
jamás?

Y él espera, agazapado,
paciente,
el momento en que
sus páginas
me verán
morir.

 

 

 

Juan Penalva, Joaquín. Todas las batallas perdidas. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2019.

 

CRONOLOGÍA DE TARKOVSKI

 

LOS CUATRO SUEÑOS DE IVÁN

La infancia de Iván
duerme entre las hojas
caídas,
en el silencio
de un bosque
de abedules
que contempla triste
cuanto ocurre
a las orillas
del Dniéper.

Hay niños en todas
las batallas:
en las trincheras,
en los hospitales,
en las fábricas
de Leningrado
y Kirov…
en las fosas comunes.

Ayer jugaban en las playas,
hoy se arrastran por el fango;
antes se divertían en los parques,
ahora palidecen
en los campos de refugiados…
muchos ni siquiera
recuerdan
el último día de paz,
cuando sus progenitores
les protegían la infancia
y les alimentaban los sueños.

¿Qué fue de Lionia Shirokov
y de Volodia Bazharov?
¿Dónde están Kolia Goishik
y Vitia Petrov?
¿A cuántos heridos
vio morir Lina Orlova?
¿Bajo qué tierra están
enterrados Sasha Kotov
y Kostia Pchelko?
¿Cuántas noches sin sueño
para Giorgi Artemenkov
y Kolodia Shipovalov?
¿En qué cajón olvidado
guardan sus medallas
Igor Mijailov
y Mijail Andreyev?

Al partir,
Kolia le dijo a su madre:
“Volveré, y, si muero,
así es la guerra”.
Su único equipaje fue
la tristeza y el recuerdo;
algunos afortunados pudieron
llevar consigo la vida,
pero todos se dejaron
la inocencia
al inicio del camino.

 

 

 

 

DOCTOR KELVIN

Regresas de la muerte
pero ya no eres tú;
abandonas el mundo
de las sombras
convertida en una de ellas,
vestida con tus despojos…
sombras al cabo.

Ahora ya conoces
la verdad,
no eres la mujer
que amé un día,
eres solo un reflejo,
una parte,
una escoria
de mis recuerdos
tuyos.

Ya no te llamas Hari;
ahora,
tu nombre es Solaris.
Y, sin embargo,
¿por qué te sigo amando?,
¿por qué me recuerdas
tanto a ella?

 

 

 

 

LA ZONA PROHIBIDA

Nadie conoce su nombre;
hubo algunos antes que él;
quizás después vendrán otros.
Su destino quedó atado
para siempre
a la Zona,
el único lugar
donde un stalker
preside la marcha,
guía a los viajeros,
conoce las trampas…

Todos buscamos la verdad,
en parajes lejanos,
en mundos perdidos,
en civilizaciones olvidadas,
en libros antiguos…

La Zona era el mayor
de los milagros…
y el mayor de los peligros,
una tierra sin Dios
donde el cazador acecha
y los peregrinos encuentran
la auténtica verdad,
aquella que nunca
podrán descubrir.

La Zona es el paraíso,
lugar sagrado,
y, a un tiempo mismo,
infierno,
lugar maldito.
Solo los más intrépidos stalkers
se atreven a violar el precinto
y a sortear los obstáculos.

Ya no hay vida humana
en la Zona.
Los raíles oxidados
se internan
en un paisaje apocalíptico,
hecho de
silencio,
soledad,
destrucción.

Todo empezó
hace veinte años:
el pueblo fue destruido,
la gente desaparecía…
el gobierno envió al ejército,
pero los soldados
nunca regresaron.

La Zona es el lugar
donde se cumplen
los deseos,
sí, todos los deseos,
incluso los más recónditos
y secretos…,
sobre todo esos,
aquellos que no creíamos tener.

La Zona cambia,
se reinicia
con cada visitante,
se moldea a su imagen
y semejanza,
deja entrever el estado
de ánimo
de quien la profana.

Allí, cada cual encuentra
lo que lleva dentro.

Bienvenidos a la Zona,
yo seré su stalker;
por favor, no se alejen,
manténganse siempre juntos,
no toquen nada
y recuerden que es este
un lugar complejo
lleno de trampas;
todo cuanto ocurre
de ustedes depende.
Cuando crucemos
esta región devastada
de ríos putrefactos,
edificios abandonados,
túneles sombríos,
cuevas inhóspitas
y casas en ruinas…
llegaremos al cuarto,
y allí obtendrán
lo que desean,
aunque no de inmediato.

Recuerden, este es el último
refugio para quien ha perdido
la esperanza,
pero han de tener fe.
Y, sobre todo,
lleven cuidado
con lo que desean,
porque —no les quepa
la menor duda—
lo obtendrán.

 

 

 

Juan Penalva, Joaquín. Cronología de Tarkovski. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

DEL ALMA A LA BOCA

diciembre 19, 2019 Deja un comentario

En junio de 2018 la editorial Huerga & Fierro sacaba esta antología que lleva por nombre ‘Del alma a la boca. 13 poetas madrileñas’. Aquí dejo un breve selección de textos de dicha antología, editada por las poetas e investigadoras Rosa García Rayego y Marisol Sánchez Gómez.

 

 

 

CARMEN PALLARÉS

CINECITTÁ

Abres el día en punto.
Cruzo el dintel funámbulo del sueño
y entro en tu soledad
como a un estudio
donde se está filmando el infinito.
En nuestros ojos tiemblan
las ovaciones del silencio.
Diciembre es otro actor. Y nuestro abrazo
el primer ademán de la mañana.

 

 

 

 

MARÍA ANTONIA ORTEGA

Los antiguos agricultores
construyeron sus viviendas
para ser enterrados debajo.
Pero mi huerto está demasiado cerca
del mar.
Es al que vienen las gaviotas,
y está abandonado con yodo,
tan blanco.
Debajo de mi casa
sólo hay un árbol,
y debajo del árbol
está el Dios de mi juventud,
y más abajo todavía
una mujer que juega sola.

 

 

 

 

ALMUDENA GUZMÁN

Señor,
usted no lo sabe
y sin embargo sus arrugas,
tersándome la mañana,
me han obligado a iniciar una huelga de novios
desde que lo conozco.

Y hoy
—mientras los dos nos mirábamos de reojo,
cada uno en un extremo de la barra—,
mi guedeja más anarquista
ha optado definitivamente por afiliarse a sus ojos.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxx* * *

 

Qué hago yo aquí medio borracha
escuchando a este cretino
que sólo sabe hablarme de la mili,
mientras me tapa baboso la calle y la vida
con su espalda.

Y encima estoy sin tabaco.

(Menos mal que desconecto enseguida
pensando en ese géiser de besos
que le provocaré a usted, sin duda,
cuando su camisa se digne o se resigne
a dejarse desabrochar por mi mano.)

 

 

La lluvia también se acuerda de tu forma de estar
en las cosas pequeñas.

Lleva mucho tiempo ahí fuera
con los ojos suplicantes como un chucho,
sin atreverse a entrar,
pero yo sé que lo daría todo
por quedarse dormida entre tus libros,
por salir con nosotros en la foto enmarcada
de mi mesa de trabajo
o ceñirse resuelta a tu albornoz.

Ella se desliza de hoja en hoja
de palmera
con la misma languidez de tu mano
cuando movías la torre o el alfil.

Antes casi siempre perdías.

Ahora acabas de darme jaque mate.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxx* * *

 

Esperaba tu carta
con la angustia de la nieve
que ve cómo se derrite
y va convirtiéndose en nada.

Esperaba tu carta
y es la poesía quien me ha escrito
después de tantas glaciaciones:
el sobre, tierra de sombra,
las hojas, negro de humo.

En vez de tu letra,
el viento y el musgo en mi cueva
y en la piel de mis huesos.

En vez del olor
del hueco de tu codo
la rosa que muere,
la cita a solas
con el miedo del Neolítico.

 

 

Y era verdad:
el príncipe rojo me esperaba
al otro lado del foso.

Rompió las cadenas
que se entrelazaban
como una hiedra sombría
en el sol de mis trenzas,
desató mi corpiño
y pude aspirar el aire
cuando el hielo
era el único aire de mi pecho.

Por fin un hogar.

Por fin una silla y unas pieles,
una ventana,
para ver desfilar sin estremecerme
al blanco ejército del invierno.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxx* * *

 

Después del amor,
a la luz de una vela,
el príncipe rojo acaricia mi pelo
y me escucha.

Grabando voy en su pecho
con la lengua y las uñas
todas las ofensas.

Afuera gime el viento
pero tampoco habrá piedad para él
por ser el primero
que olvida y hace olvidar.

La lluvia,
calentándose las manos
en el hogar,
y un gato negro en los huesos,
asienten con la cabeza:

ha llegado el tiempo
de abrir las compuertas de la rabia.

 

 

 

 

CRISTINA MORANO

SALIDA DE LAS OFICINAS, 1

Nunca tendréis un tiempo como éste:
la gente por la calle, los hombres y mujeres,
los trazos de cansancio acabando cada rostro
sobre el sudor del maquillaje
y las arrugas del vestido
llevado desde la mañana.

Tan feos y tan comunes volvemos del trabajo,
apenas sacudiéndonos
el inmediato olor del bar
y de sus restos de comida.

No entendemos nada.

No, nada; ningún libro, ni un cuadro ni señal,
ni verso alguno nos haría
ir más allá de esta fatiga.
Sólo esta luz final de las tardes de invierno
nos descubre desamparados
en busca del dinero y del calor,

disputándole el mundo a nuestros perros.

 

 

 

 

MARTA AGUDO

Ser en destrozos.
Adentro el cáncer
xxxxxconcede a la metralla
xxxxxxxxxsu trazo sosegado.
Así,
xxxxxserena y eficaz perduras:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxnaturaleza.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxx* * *

 

Y la naturaleza olvidó
xxxxxque en su rostro
xxxxxxxxxde infinita variedad
xxxxxxxxxxxxxxxhabía sentimiento,
que cada nombre ante su fosa
xxxxxbien vale una excepción.

 

 

SINTAXIS

1. La sintaxis, .la .herencia, .variaciones del tiempo… ¿Se he-
reda .la .estructura .mental .de .lo .escuchado? ¿Hacia dónde,
pues, trazar la fuga?

6. Hay .un .rojo .sanguíneo: .la .transexual .periferia .del len-
guaje. .La .miro, .como .quien .contempla la perfección de un
muerto, como quien roza .el privilegio de la fecha o los saltos
de un día a otro con la dulce fluidez con que ríen los idiotas.

 

 

GEOGRAFÍA

6. El .mundo .y .el .yo, .inicio .y .fin, .la .inverosímil .coordina-
ción entre el tiempo y .las .venas. A .cada .segundo .los .centí-
metros se imponen y la edad convoca a las excusas. La madre
y el bulto del lenguaje. La .gran, .la grande y más grande que-
bradura.

 

 

SECUENCIA

1. Y .miro .mis .dedos .porque .sólo .desde la bruma se avista
la .montaña. Fracasa .la .luz .en .los .balcones. .Pronuncio .mi
nombre: .fonética, .sintaxis, .geografía, .pero .todo .se .altera.
Arruga incipiente que no te dejas nombrar…

 

 

Latidos, respiración, escuadrones de tripas: ¡paradójico há-
xxxbitat del silencio!

El .hábitat .del .silencio o el rumor inaudibe .que .derrocha
xxxcada vida.

La vida: existencia capicúa: nada-vida-nada.

La nada o el trayecto regido por el tiempo.

El tiempo: el despojo.

El despojo o el frescor de un llanto para oxígeno.

Oxígeno dador de existencia que mueve con sintonía ciega
xxxlos brazos del bebé.

El bebé y el imperio de la ocitocina.

La oxitocina: manos que desean manos hambrientas tendidas
xxxhacia el aire. Que nos acepten o la travesía muda del dolor.

El dolor: adicción, lapsus del cerebro.

Cerebro que nace para densificar la carne.

Carne que muta por estrías y traiciones.

La traición o esa última nada.

 

 

 

 

MARTA LÓPEZ VILAR

ADRIANO HABLA AL CUERPO MUERTO DE ANTÍNOO

Ya nada persigo, nada se presenta ante mi puerta.
Ninguna juventud sentí sino la tuya,
ninguna ciudad,ningún otoño desbordó
por mis manos el cabello de la luz,
los misterios del aire.

Duermen contigo aquella sangre derramada
en sueños, la noche sin refugio
con redes de oro, el perfume
cuajado de amapolas en tus labios
mientras yo contemplo la patria destruida de tu cuerpo,
recién abandonado.

Contemplo al dios que me arrojó a la vida
yaciendo en la sombra inmensa
de lo que ya no tendré…

La muerte ha llegado al mundo, mi dios,
y nada ya podrá espantar mi frío.

 

 

LAS HUELLAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo le reprocho a la primavera
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque llegue de nuevo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWislawa Szymborska

Dejo mi palabra hundida en esta primavera.
De ella crecerán las hojas que cubrirán
la puerta de mi casa,
—esta casa, cualquier casa—,
los nombres
que no desaparecen, pero tampoco nombran.

Escribir es despedirse,
sellar con hielo el corazón de un muerto.

 

 

INDEMNE

Descanso tendida a la orilla del mar.
La luz parece no cambiar nunca, atraviesa el viento
apenas sin moverse. Su mano ligera, descarnada,
se agarra al frío erizado de mi piel.
Nace en mi cuerpo la vida, y permanece.
Miro, sin embargo, lo que queda al retirarse cada ola:
pequeñas conchas rotas, algas frágiles,
un trozo de junco partido y seco.
Presencias de que algo ha terminado.
Alguna vez seré simplemente eso, me digo.

Cierro los ojos: alguna vez seré simplemente eso..

 

 

EURÍDICE

Quédate así un instante,
que esta luz que ahora me cubre
la memoria —ese paraje inhóspito y helado—
nunca convertirá en final lo que ahora brilla
como una lluvia débil cayendo de los árboles.

Es la prueba más hermosa
de estar vivos para siempre.
La única, tal vez.

 

 

 

 

SANDRA SANTANA

Sin duda,
sus pequeños cuerpos siempre
estuvieron allí,

pero cuando un agitar
de alas interrumpió
la conversación del desayuno,

me mirasteis en silencio.

El orden inalterable
que garantizaba la noche
transcurrido el día

escapaba, como un agudo avispero
de palabras,
en nuestras voces.

 

 

xxixxPOR QUÉ LAS BRÚJULAS NO FUNCIONAN
EN EL INTERIOR Y CÓMO ADIVINAR HACIA DÓNDE
xxxixxSE DIRIGE LA AGUJA DESDE LA MIRADA

Tratamos de perseguir sus movimientos
pero el final de cada trazo
era vivido como un fracaso total en la búsqueda de la figura.

¿Será la eternidad esquiva —nos preguntamos escépticos—
lo que se oculta tras el color de nuestros actos?

(Y a todos nos pareció entonces que habíamos iniciado un camino
pero al encender la luz
encontramos de nuevo el muro en blanco).

 

 

 

 

BÁRBARA BUTRAGUEÑO

Debe usted saberlo
yo nací lejos del umbral
desconozco así su gesto
el canto sereno
con el que otros hablan
las grandes palabras
que a una se le ahuecan
como pájaros mojados
en la boca

durante años he visto hombres
que manejaban con premura el diccionario
y conocían el sentido exacto
de la palabra culpa

y les bastaba

pero a mí que el vocablo se me enquista
y me cava el pecho como un descendimiento
todo me resulta un vagar empedernido
por el líquido articular del dígase amor propio
dígase egoísmo
dígase umbral eterno entre las cosas.

Yo sólo busco callar el bisbiseo
alcanzar la paz de lo rotundo
hacer callar
al maldito perro
de la indefinición.

Y todo porque
tener un cuerpo limpio
requiere hacer hogar de la virtud
y no morar la periferia

y de ahí este
quemar con pavor los diccionarios
y exigir conocer no ya el sentido:
el intervalo la linde
la fina línea que separa
pongamos el amor del egoísmo
y su oscura simetría.

Mi congoja no es más que una forma cauta de certeza.

 

 

 

 

MARTHA ASUNCIÓN ALONSO

LOST GENERATION

Era un mundo sin protección solar.

Los sueños, las inmensas
antenas parabólicas sobre los tejados,
monos azules
tendidos en patios interiores: mapamundis
proféticos tras las manchas de aceite.
No teníamos miedo.
Fuimos a escuelas donde los maestros
habían llevado luto por nosotros,
que estábamos llamados a heredar
la transparencia.
Dicen que a la salida alguien nos daba
caramelos con droga.
Yo nunca tuve dudas. Era nuestro destino:
ser una nueva raza de gigantes,
hombres libres, mujeres que haríamos
el trabajo de cien hombres.

¿Cómo no ser valientes? Pasábamos
agosto con abuelos
que habían sudado todo el frío del país.
Fumaban y tosían
y aflojaban bombillas porque la luz
no es gratis, no. También tuvimos padres,
una nación sonámbula de padres
que venían del sur.
Por la noche, volvían tarde a casa
y exclamaban: “¡Señor,
ya me sacas al menos dos cabezas!”.

Éramos los mayores.
Crecimos un centímetro diario y
estrenamos mallas, ternura primogénita,
zapatillas Paredes
que atravesaban yonquis en la noche
para aprender francés.
Duendes únicos. Magos
de la calcomanía. Todo se nos quedó
pesquero tan deprisa:
el Colacao, los paraísos para mascotas
olímpicas, los cromos,
la fe de nuestra primera comunión.

Cuando al fin llegó el metro a nuestro barrio,
fue demasiado tarde.

Ya estaba preparado el plan de fuga.

 

 

AZA(HA)R

Pude haberme nacido tantas veces.

Cerca del río Vjosa, por ejemplo, en una kulla albanesa
de otro siglo: vivir tras celosías, siempre pisando alfombras;
rezándole a los cielos
un varón.

Sin embargo, mis padres quisieron parir hijas.

Mis padres eran hijos de una mina y un cuartel en Melilla,
xxxuna tinaja para aceite
con comunista dentro y un obrador
de pan.

Y me logré en Madriz, antes del SIDA, cerca de los gitanos
xxxy los trenes.

Escribo me logré, aunque es plural. Quiero pedir disculpas.

No sé cómo lo hicimos,
pero encontré
tu mano.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXXVII)

Quiero agradecerle públicamente a Antonio Aguilar que quedara conmigo hace unas semanas y, con un café de por medio, me regalara un ejemplar de su último libro, ‘Canciones para el día de después’ (aquí pueden leer una de esas joyas que pertenecen al libro y que ya subí hace algo más de un año).

 

 

STARDUST, ARTE Y CONCLUSIONES

 

ARTE

Entre el despegue y el recelo
el minuto que tarda la noche en transformarse.
La realidad que acostumbras.
La sensación de estar perdido
en más de cien universos distintos.

Si nacieras de nuevo, te dicen,
lucharías por cometer idénticos errores.

Un sin fin de obras de arte, piensas.

 

 

 

 

STARDUST

Olvidó su devenir.
Acampó a sus anchas en el castillo.
El otoño le obligó a tragar carbón e incluso ascuas.

Desplegó su dualidad como si fuera un abanico alado.
Organizó bacanales y orgías (Imaginarias todas ellas).

Su confusión fue tan grande que en un estornudo desbordó el mar
y las dudas quedaron al fondo.
Pero intentó luchar.
Fue el único ejemplar digno de una especie efímera.

Desfiló por las calles vestido de Ziggy Stardust.
Bajo la influencia de susurros cósmicos llegó a la cama.
Space Oddity, pensó, y un mundo nuevo.

El espacio en que todo humano podría vivir a salvo.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxCONCLUSIONES
LOS DOCE MANDAMIENTOS DE MI ABISMO

xxxxxI

Limítate a tenerlo todo y cuando lo tengas, limítate a perderlo.

 

xxxxxII

Estar dispuesto a perder todo puede darte mucho.

 

xxxxxIII

Vive como si fueras a morir mañana.

 

xxxxxIV

La única verdad que existe es la niñez o la locura.

 

xxxxxV

El futuro se vive no se escribe.

 

xxxxxVI

Cada vez que me despierto amanezco en otra vida.

 

xxxxxVII

Realidad, tú que me miras,
¿no te das cuenta que vivo en un lugar mejor?

 

xxxxxVIII

Tanto ahora y tan poco mañana.

 

xxxxxIX

Que no hayas elegido el camino fácil
no significa que seas incapaz de caminar.

 

xxxxxX

La única droga verdadera se llama música
y es más fuerte que el amor.

 

xxxxxXI

Pienso en ti cuando jamás pensaba volver al pensamiento.

 

xxxxxXII

FIN

 

 

 

Sarrión Galdón, David. Geometría del abismo. Madrid; Huerga & Fierro editores, 2017.

 

GEOMETRÍA DEL ABISMO

 

HUMO

Cabe en una funda de lentillas
el espesor que gira en torno a la mañana.

La atmósfera de humo se burla de la noche.

Caen, como aves malheridas,
aquellos que soñaron un final mejor.

Son momentos para la acritud.
Cuando despiertan las palomas
para morirse de frío.
O al adentrarse en la luz para fingir
que todo comienza
destruyéndose a sí mismo.

 

 

 

 

NOCTURNO EN RE MENOR

Hoy llovió.
Sufrí porque no fueran más densas las horas.
Mantuve un receloso sentido del abismo
y conocí la exactitud de un epicentro.

De repente
comenzaron a sonar tambores
para despedir todo un verano.
La multitud lloró,
en un intento vacuo por defenderme,
surgieron voces de la nada
y hubo alguien que silbó
una melodía intrascendente.

 

 

 

 

CAOS

Ultimas la caída de otro mes fatal.
La breve relación que existe entre el caos y la derrota.

Hoy vuelve a resollar tu sed de eternidad.
Se han dispuesto los planetas para sufragar el gasto
de un anecdotario
que tiene subrayado en su memoria cien citas de Pessoa.

El vértigo recuerda un tiempo de reloj.
Valida su existencia el azar
frente a una imagen que se aleja:

La de una vida que ya nunca volverá.

 

 

 

 

ESCRIBE

Escribe que hay una flor cantando en sol
a la deriva por el norte con tu vida.
Escribe, por ejemplo, que hay al menos
dos ataques de ansiedad en la saliva
que gastas con tinta.
Escribe que Jesús ha muerto
y que nadie lo ha crucificado.
Como detuviste aquel penalti
con la punta de la bota izquierda
el ocho de enero de mil novecientos noventa.

Escribe que llovía, que hacía frío, calor,
que había tormenta y que las niñas te miraban.

Escribe que era sábado,
que no entendías la religión,
que la vida no acababa nunca
y que ser capaz
era vivir contra el destino.

 

 

 

 

AVANZAR

Ya sientes las consecuencias de un nuevo amanecer:
Los músculos torpes.
La reacción alerta.
Un grito anclado en la mejilla.

Se escapa para siempre la madrugada mortal.

Perpetua en el recuerdo quedará
la sensación de haber vivido muchos años
en una sola noche.

 

 

 

Sarrión Galdón, David. Geometría del abismo. Madrid; Huerga & Fierro editores, 2017.

 

MURO de escribir cosas que me dicen que existo

 

TE miro cuando duermes

Velo tu suelo pélvico.
Quisiera que tu carne se acordara de mí

y me duele pensar que moriré algún día.

 

 

 

 

ALGUNAS veces vivo.

Me enamora de pronto
la calma de la lluvia cayendo en las baldosas.
Es como un simulacro
que habita en las ciudades,
las ciudades vacías
como un cuadro de Hooper.

Siempre la eternidad
y el laberinto.

 

 

 

 

LA felicidad se vuelve triste.

Triste como una tienda de chinos en las afueras de Marbella
o un descampado con condones usados,
o música de los Andes en la calle Larios
o ancianos que comen yogures caducados en pisos sin ascensor
o jardines copiados de Abu Dabi
o alguna inmobiliaria que quebró después.

 

 

 

 

LOS continentes se mueven
a la misma velocidad con que nos crecen las uñas.
La gente a veces muere sin haber llegado a vivir.

Pudrirse es el destino de todo lo que existe
y la vida es un viaje
que no termina nunca de ser nuestro,
el dolor que aún les duele
a todas las sustancias que han sido separadas,
la luz sobre la hierba,
los ángeles por dentro de sí mismos,
las telarañas de las bicicletas abandonadas,
todas las lluvias que no llovieron nunca,
pudrirse los delfines,
el alma de los pájaros,
la niebla en los estanques
y morirse las dalias en cautividad.

 

 

 

 

Y de qué sirve al fin
los peces uno a uno
los lugares sagrados
como el bosque sin senda
o la ciudad desierta.
Y de qué sirve al fin
haber leído tanto,
haber vivido tanto,
haber amado tanto
de pie sobre este mundo
sin culpa ni pecado,
igual que un cardiograma,
trozos del mismo azogue
o una sutura que une
la dulce luz del sol
y mi tristeza.

 

 

 

 

PORQUE tienen costumbre del calor nuestras almas
me abrazo un rato a la ropa limpia,
gozosamente triste,
sintiendo menos solo el corazón,
como si la vida hubiese pasado en una elipsis sin sentido
y no supiese ya sobrevivir.
Como si haber sido feliz
no me sirviese ahora
para seguir viviendo,
para seguir viviendo,
para seguir viviendo.

 

 

 

 

EN la noche sin nadie
la lluvia cae sola y para sí,
para ningunos ojos
para ninguna dicha
sobre la triste fiesta
de lo que ahora existe.

(Igual que el mar oxida lo que toca)

 

 

 

 

NOS salva cada tarde la lentitud de un beso,
la dulce gravedad con que lo damos,
pensando que la vida es un cuento de Kafka
o es un brote de cáncer que se cura.

x
(A veces vuelvo mucho
a donde nunca he sido)

 

 

 

 

ESCRIBO versos sobre las escaleras que bajan hasta el Duero
“Huele a nobleza de animal vejado”

Mujeres bellas
tienen la enfermedad de estarse quietas
y ver mucho la tele.

Las niñas tristes montan en bicicleta con los ojos cerrados.

A las seis de la mañana cantan los pájaros
y pasan los camiones de la basura.

Todo nos interroga
pero nada responde.

Y vivir es un lujo
que ha pasado de moda.
Luces que al encenderse nos dejan todavía más solos.

Solos
como el calor inútil de una lágrima.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRECUERDO de Mark Strand:
xxxxxxx“Donde quiera que estoy soy aquello que falta”

xxxxxxxxxxxxxxxxRecuerdo de Ledo Ivo: “Tampoco sé
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi Dios es el silencio o la palabra”

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRecuerdo de Dionisia García:
xxxxx“Vamos a desaparecer sin saber qué es la Verdad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy quién la ha encontrado”

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY me pregunto como Elliot:
xxxxxxxixxxxxxxxxx¿Dónde está ahora el conocimiento
xxxxxxxxxxxxxxxxxque hemos perdido en información?

 

 

 

Sánchez Robles, Miguel. Muro de escribir cosas que me dicen que existo. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2017.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXVII)

 

Anteanoche, el escritor Miguel Sánchez Robles me regaló una copia de la magnífica edición del concurso de cuentos Villa de Mazarrón – Antonio Segado del Olmo que se llevó en la edición de 2017 con el relato La vida a ciegas, y un ejemplar de ‘MURO de escribir cosas que me dicen que existo’, premio Pastora Marcela – Campo de Criptana en su edición de 2017 también. Desde aquí mi agradecimiento.

En nada les cuento.

 

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