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Posts Tagged ‘editorial huacanamo’

SOBRE FAMILIAS E INCENDIOS

septiembre 15, 2021 Deja un comentario

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[infancia II]

cuando era inocente
(alguna vez lo fui)
vivía en una casa en las afueras

era una casa como dios manda

una casa con patio gatos perros
y unos padres que no me merecía

la humedad subía por las paredes
yo compartía cuarto con mi hermano
y mentiras con el resto del mundo

guardaba mis secretos bajo llave

mi padre guardaba los suyos
en una caja de zapatos
encima del armario

mi madre no tenía secretos
¿para qué?
sólo fotos de familia
y falsas esperanzas

éramos una familia ejemplar
siempre supimos guardar las distancias

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[golondrina]

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAl comienzo de la última primavera había
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxllegado .hasta ..una .cajita .de .cerillas .que .llevaba
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsiempre en el bolsillo recordando el poema de mi amigo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe .gustaba .el .idioma .extranjero .de .la .ilustración
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy la pequeña golondrina entre las letras, pero sobre todo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconfiaba plenamente en su contenido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNacho Fernández

rectangular de brillantes colores rojo amarillo
y sobre el amarillo ella refrenando su vuelo
trade-mark svalan die schawalbe the swallow
de zwalun golondrina fósforos de madera
y si le das la vuelta rojo intenso sangrante
fósforos de seguridad las advertencias de siempre
una ciudad un teléfono mantener en lugar seco
y fuera del alcance de los niños aprox. 240 fósforos
doscientas cuarenta oportunidades de incendiar
mi soledad a oscuras

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Bascuñana, Ramón. El gesto del escriba (Antología 1999-2007). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2009.

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EL GESTO DEL ESCRIBA (ANTOLOGÍA 1999-2007)

septiembre 11, 2021 Deja un comentario

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[Para siempre y por siempre]

Para siempre y por siempre
sin una alternativa, sin un porqué
a mano, o sin una mano que oprima,
que deslice y hunda con certeza un cuchillo
en la carne del verso entregado.
No siempre así, pero en cierta manera.
Que sangren las palabras.
Que se desangren hasta ya no más nunca,
hasta caer por su propio peso
como hojas muertas, enteramente muertas,
pálidas, casi transparentes, secas,
sobre el folio en blanco de nuestra dicha,
gélida piel del invierno
en lo más crudo del crudo invierno.

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COMO EL TEMBLOR DEL VINO

Como el temblor del vino
es el escalofrío
que recorre mi espalda
cuando alzo la copa
y brindo por los años
que esperan, todavía,
Besarnos en los labios
con su leve caricia.

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APOLO PERSIGUIENDO A DAFNE

Yo te persigo, amor, aunque tú sabes
la maldición que pesa en nuestra contra.
Yo te persigo, amor, y al alcanzarte
tu carne será un tacto de madera.
El Amor es así, su sino es ése.
Es el Amor una categoría
del amplio espectro de las ilusiones.
Nada más alcanzarlo se transforma.
O, puede ser peor, se desvanece.

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LA VIDA EN UN ACTO

Hay un prólogo que apenas interesa
y un epílogo que ya no nos importa.
Entre ambos, la vida en un acto.
El texto, además de borroso, enrevesado.
El desarrollo, previsible y monótono:
cada día es igual y distinto a cada día.
El decorado es siempre lo de menos.
No es mucho, pero basta para ir improvisando.
Si prescindimos de ciertos detalles,
parece una comedia, pero no hay que fiarse.
El autor tiene apego a la tragedia
y a los golpes de efecto en momentos puntuales.
Aunque el ritmo nos parezca pausado,
todo sucede demasiado deprisa.
No hay tiempo para irse por las ramas
ni para preguntar lo que parece obvio:
el porqué, los motivos, las razones.
Es fácil, disfruta de la obra mientras dure.
Vive la vida a fondo, no hay tiempo para ensayos.

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EL FUGITIVO

Con los brazos abiertos te recibe
una nueva ciudad desconocida.
Eliges un hotel para el olvido
y sabes que será como las otras.
La vida es un ritual que se repite
y es el hombre animal de costumbres.
Habrá vino, amantes de una noche,
y ocasiones para cantar victoria.
Mas un día cualquiera en una esquina
volverás a cruzarte con tu sombra
y emprenderás el viaje nuevamente.
Otra ciudad vendrá cuando abandones
esta nueva ciudad donde persigues
escapar del intruso que te habita,
aunque sabes lo inútil del empeño.
Escapar de nosotros es un sueño
que desemboca siempre en pesadilla.
Mas, de momento, la ciudad es nueva
y te recibe con los brazos abiertos.

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REGRESO A LA CIUDAD EN SOMBRAS

Después de tanto tiempo, un ángel
de piedra ilumina el regreso.
Olmos del olvido, álamos altivos.
La ciudad, silencio de campanas
y murmullo de hiedra por los muros.
Calles donde la soledad parece otra.
Plaza con fondo de catedral gótica,
serena y mayestática y agónica,
en el tedio provinciano. Algunas
mesas vacías a primera hora. Sol
de otoño que entibia los recuerdos
como agua dormida en un estanque.
Qué extraño sentir lo que siento.

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TODO LO QUE TENGO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo lo que he perdido
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlo perdí a sabiendas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy lo que no gané
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxfue por pereza.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCristina Peri Rossi

La realidad y el deseo, un porvenir incierto,
un aire decadente, tímido, hipocondríaco,
un padre que no estaba nunca satisfecho,
una madre que habla por los codos, un afán
desmedido por juntar palabras y hacer versos,
una infancia perdida, una muerte segura,
un espejo que miente lo justo y necesario
cada vez que pregunto y me contesta,
una pluma de garza para escribir mis sueños,
un billete de ida a cualquier parte,
un mapa del tesoro, una agenda con nombres
de amigos que hace siglos que no llamo,
un libro de aventuras y otro de desventuras,
una cuenta corriente con números en rojo,
un cuaderno de notas donde anotar olvidos,
un recuerdo prestado y otro nuevo,
unos años de más y unos kilos de más,
algunos sueños menos, menos pretensiones,
y muchas menos ganas de comerme el mundo,
un clavel y una espada, un laurel y una sierpe,
y una lista imposible de amantes de una noche,
un cuerpo astral y otro que han de comerse los gusanos,
la piel a tiras, pájaros en la cabeza,
los pies de barro para andar por casa,
una licenciatura que adorna mi despacho,
diplomas, premios, trofeos, condecoraciones,
una mesa y seis sillas que compré en las rebajas,
un corazón cansado de latir en silencio,
dos manos, un reloj que da la hora, veinticuatro
horas al día, doce mese al año para perder
el tiempo y todo el tiempo del mundo
para perderlo, un amor desmedido por la noche,
mil y una noches sin preguntas y mil y una
preguntas sin respuesta, la eternidad a mano,
una sonrisa (siempre la misma) para dar las gracias,
un juego de lágrimas de repuesto,
un juego de llaves para abrir el recuerdo,
un ángel de la guarda que sufre mal de altura,
un suicidio pendiente, una cuenta pendiente,
un oso de peluche independiente y contestatario,
una lengua de fuego para quemar el bosque
de tu cuerpo, el sándalo nuevo de tus ojos,
fotografías de alguien que fui, pero que desconozco,
palabras que me ayudan a nombrar el mundo,
la historia secreta de una estatua en un parque
susurrada al oído por el viento de marzo,
el azul de la nostalgia, el verde de los celos,
el verano que cabe por la ventana de atrás,
el mar que entra por la ventana abierta,
la huella de tu ausencia entre las sábanas,
los libros donde escondo la vida, los versos
donde a veces la busco, y la vida, la vida,
esa falsa moneda arrojada a la fuente
donde muere el deseo ahogado en la derrota.

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[sobre un tema de borges]

alquilar una vida ajena
y en un hotel una habitación
con vistas al patio interior
de la mala conciencia guardar
la culpa en los cajones beber
las horas a la espera del final
adecuado y en eso que llamen
a la puerta los sicarios

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EL ÁGAPE

Llegan los invitados
al ágape del gozo.
Música de violines
o cuarteto de cuerda.
Leve rumor de velas,
que encendidas titilan.
La mesa está servida
para los comensales.
Sobre el mantel de encaje,
en fina porcelana,
las mejores viandas.
Y en las copas talladas,
escancia el camarero
el vino de la vida.
Disfruta del instante,
del vino y la comida.
Acabada la cena,
pasarán la factura.

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BALADA DEL CAFÉ TRISTE

De noche nunca cierra.
Algunos clientes tienen horarios fijos,
otros parecen haber nacido allí.
En la barra, si levantas un vaso
deja pintado en ella un beso de agua.
De muerte prematura, se agotan las botellas.
Grotescos rostros, maquillados por Ensor,
envejecen a razón de diez años por hora.
Esperan. No saben qué ni a quién.
No a Godot, desde luego.
Es moneda corriente la tristeza.
Se bebe a cortos sorbos y, al acabarla,
en la copa brilla el hielo obsceno de un mal pensamiento.
En el juke-box suena mi corazón
en forma de Old man river.
Se juega a parecer lo que no somos.
Punto y aparte es, aquí, el tiempo. Oculta Shangri-La.
Por una copa ganas o pierdes
el cielo o el infierno.
Incluye el precio regresar mañana.

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AL MODO DE EUGENIO MONTALE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIncierto es el destino de la obra de arte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlberto García Ulecia

Encomiendo a mis posibles
herederos literarios (siempre
los hay a nuestro pesar) que pongan
uno sobre otro cada uno de mis versos
y cada uno de los segundos de mi vida
y les prendan fuego. Mejor arder
hasta la ceniza que el viento del olvido
dispersa que malvivir en el recuerdo
del porcentaje de mis sueños.

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EL GESTO DEL ESCRIBA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTraslada estaciones de un lugar a otro
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsin importarle el gesto del escriba.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJenaro Talens

El escriba es esclavo de sus gestos.
Anota silencioso todo cuanto
le dictan reyes y legisladores.
No cuestiona las leyes ni los hechos
aunque sean injustos. No protesta
contra nada. Ni siquiera se opone
a la pena de muerte ni a la firma
de tratados de guerra denigrantes.
Ejerce su trabajo sin dejarse
arrastrar por la turbia corriente
de las emociones. Nada perturba
sus noches y sus días. Nada altera
los rasgos de su rostro. En su gesto,
de clara indiferencia por los hechos
y por la vida ajena, se percibe
el profundo egoísmo de los hombres.

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AHORA que la muerte me escribe cartas,
ahora que ya tengo edad para recibir mensajes y congregar
xxxmultitudes,
ahora que nieva sobre los templos y sobre las sombras de los
xxxtemplos que el tiempo alarga antes del crepúsculo de los
xxxespejos donde nadie se mira,
donde nadie se doblega ni sufre en sus ojos la compasión del
xxxotro reflejado, del otro igual,
donde nadie es dos veces uno mismo y distinto, ave y reptil,
xxxdonde fui,
xxxdonde soy,
xxxdonde seré,
o donde espero ser el niño que no fui, siempre soñando, soñando
xxxsiempre parques con senderos de musgo y estatuas de
xxxcristal y fuentes donde el agua bendita del deseo se bebe
xxxa tragos cortos, a cortos tragos,
sin compasión ya para quien soy ahora que la muerte me escribe
xxxcartas y tengo edad para congregar multitudes en los
xxxtanatorios y en los recitales,
sin compasión para el adolescente de los domingos perdidos y
xxxlos lunes disciplinados y los martes tranquilos, tediosos y
xxxperfectos,
sin compasión ni pena para quien ha malgastado los días del
xxxfuturo en las estancias del tedio,
para quien ha dormido en los sótanos del mar,
para quien ha dormido dentro de una botella arrojada por la
xxxborda, arrojada por la ventana de la ciénaga de la desidia,
para quien escribe en las servilletas del recuerdo versos y
xxxletanías que el tiempo alarga antes del crepúsculo de la
xxxvejez, antes de la aurora del nunca ya, del ya nunca seré
xxxcomo ahora soy,
que es una forma de no ser nunca, de nunca ser ahora que la
xxxmuerte ha decidido mandarme cartas de recomendación,
xxxcartas de amor, cartas de despedida, de bienvenida, de
xxxbueno ya veremos,
pero la muerte no ve más allá de las tumbas blanqueadas por el
xxxdinero de la mala conciencia,
más allá de los mausoleos familiares, de los sepulcros de
xxxencargo y de los plácidos cementerios de la luna,
más allá de los espejos que desdoblan y multiplican la realidad,
más allá del más allá del más allá de un ahora mismo que ya no
xxxes ahora mismo ahora mismo
porque ahora mismo el instante se pudre al pronunciarlo dos
xxxveces seguidas en un mismo presente.

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LAS TARDES de Baudelaire se filtran a través de la ausencia
xxxde los pliegues de tu piel.
Bebo los vientos inhóspitos en tu boca de óxido y nicotina,
bebo agua mineral y vino de la discordia en la palma de tu mano
xxxmientras Narciso me promete suicidios de un minuto
xxxdesde el suplemento literario de una revista del corazón,
bebo aguardiente
y trago saliva en cada beso tuyo,
y me trago el orgullo y las palabras y los remordimientos y el
xxxpasado que siempre vuelve de la mano de las fotografías
xxxy los viejos diarios que escribí en un tiempo sin bordes,
xxxen un tiempo borroso, en un tiempo de lluvia en los
xxxjazmines,
y me trago de golpe aquella adolescencia de parques disolutos,
xxxde noches como cuervos picoteando la herida de los
xxxastros, de versos y resaca a la luz de un secreto que
xxxmordía las sombras,
como muerdo tu cuello cada vez que me das ala espalda de tu
xxxausencia en este lecho de horas que se enfrían y sábanas
xxxheladas por el miedo,
mientras llueve en septiembre y llueve en el pasado, en los
xxxjazmines, en las tumbas y en los museos,
y la lluvia difumina las formas del paisaje,
los rasgos de los rostros de los seres queridos,
la tinta de los versos mojados escritos en los bordes de mis
xxxlibros de texto, en los bordes de la piel de mis amantes de
xxxentonces, en las cortezas de los árboles, en el yeso de las
xxxparedes de mi cuarto,
en todas partes y en ninguna parte, entonces.

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NO HA DE PERDURAR la sangre aunque la sangre se vierta
xxxde padres a hijos.
No ha de perdurar el fulgor de la porcelana en la mesa de la
xxxhumillación cotidiana.
No perdurará el nombre del profeta.
Callará el oráculo sus profecías.
La sibila permanecerá muda por los siglos.
Ni en el agua ni en el fuego levantará el hombre su voz.
El silencio alzará sus manos, clamará en el desierto inesperado,
xxxsujetará la columna central del templo de los sueños.
El hombre habitará el silencio de las correspondencias
y beberá el licor de las noches frías, de las noches que se alargan
xxxpor el desierto sin nombre del profeta,
y comerá los alimentos de la emancipación, los alimentos
xxxprohibidos por el código de los traidores, por el código
xxxde los prisioneros y las normas sociales establecidas,
comerá el cadáver del enemigo admirado,
comerá el corazón de la noche profanada,
comerá los ojos del ciego que no veía más allá del aburrimiento
xxxde los calendarios,
devorará las entrañas del poema y beberá la sangre que no ha de
xxxperdurar aunque se vierta de padres a hijos.

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Bascuñana, Ramón. El gesto del escriba (Antología 1999-2007). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2009.

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POEMAS DE ‘GASOLINA’, DE GREGORY CORSO, TRADUCIDOS POR ROGER WOLFE

noviembre 12, 2019 Deja un comentario

 

EN LA FUGAZ MANO DEL TIEMPO

En la escalinata del resplandeciente manicomio
oigo la campana cuyo son hirsuto reverbera por el bosque
y toca a muerto por mi mundo
Y trepando comparezco en una reunión de fogosos caballeros
que sin verme despliegan estrategias dibujadas en pieles de cordero
y con dedos protegidos por sus mallas datan mi llegada
tiempo atrás atrás atrás cuando en los negros escalones de la lírica Roma de Nerón viene a pararme
cargando entre mis brazos al filósofo de las endechas
y el postrero toque de diana de la loca historia
Ahora mi presencia es conocida
mi llegada la marcan iluminadas manchas
Abiertos los grandes ventanales del Paraíso
Convertidas en radiante polvo las cortinas del Pretérito
Entran volando estas bandadas de pájaros multicolores
La luz la luz alada oh maravilla de la luz
El tiempo me toma de la mano
nacido el 26 de marzo de 1930 me arrebata a más de cien por hora
para sobrevolar conmigo el vasto mercado de la elección
¿y qué elegir? ¿qué elegir?
Oh – – – y abandono mi cuarto anaranjado de los mitos
sin haber podido guardar mis juguetes de Zeus bajo llave
Elijo el cuarto de la calle Bleecker
Una madre aún bebé me embute en la boca un pálido pecho milanés
Mamo y me revuelvo y gimiendo exclamo oh madre del Olimpo
extraño es para mí este pecho
Nieves
Décadas de asfalto helado caballos condenados
Endebles sueños .Oscuros corredores del colegio público 42 .Tejados .Palomas con buches como cuellos de rata
Arrebatado a más de cien por hora volando por encima
de estas más que verosímiles calles de la Mafia
impío me desprendo de mis alas hermesianas
Oh Tiempo ten piedad de mí
arrójame debajo de esa humanidad de coches
entrégame como alimento a gigantescos rascacielos grises
ofrece a tus puentes mi exhausto corazón
pues desecho aquí mi lira de órfica inutilidad

Y en castigo por mi acto de traición he de subir ahora estos peldaños locos y radiantes
y penetrar en esta sala de luz paradisíaca
y efímera
El Tiempo
largo largo perro que de su propia cola la órbita persigue
se acerca y me agarra de la mano
y me conduce a una vida sometida a condiciones

 

 

 

 

EN LAS PAREDES
DE UN SOMBRÍO CUARTO DE ALQUILER

Cuelgo viejas fotos de mis novias de la infancia,
y me siento aquí, desconsolado, un codo en la mesa,
la barbilla en una mano, contemplando
xxxxxxxlos altivos ojos de Helen,
xxxxxxxla débil boca de Jane,
xxxxxxxel dorado pelo de Susan.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO GÁNGSTER

Esperando junto a la ventana,
mis pies envueltos en cadáveres
de traficantes de licores en Chicago,
soy el último gángster, por fin seguro,
esperando aquí, junto a esta ventana blindada.

Miro a la calle y reconozco
a los dos matones de St. Louis.
Los he visto ir envejeciendo
con pistolas que se oxidan
en sus manos devoradas por la artritis.

 

 

 

 

ECHO DE MENOS
A MIS QUERIDOS GATOS

Mis manos del color de la acuarela ahora están sin gatos
y estoy aquí sentado a oscuras solo
mi cabeza en forma de ventana se inclina bajo el peso
de tristes colgaduras
Estoy sin gatos casi ya muy cerca de la muerte
a mis espaldas cuelga del tabique el que quedaba
muerto por mi mano entumecida por alcoholes
Y en todas las demás paredes desde el ático al subsuelo
cuelga esta triste vida mía de los gatos

 

 

 

 

ANOCHE ME DI UNA VUELTA CON UN COCHE

Anoche me di una vuelta con un coche
—aunque no sé conducir
ni soy propietario de automóvil—
y estuve circulando por ahí, y atropellando
xxxxxxxxa gente a la que quiero.
xxxxxxxxPor un sitio pasé a 180.

 

En Hedgeville me detuve
xxxxxxxxy me eché a dormir en el asiento
xxxxxxxxde atrás…, entusiasmado
xxxxxxxxcon mi flamante nueva vida.

 

 

 

 

LLEGASTE LA ÚLTIMA TEMPORADA

Llegaste y amasaste dulces de a penique con los dedos
Yo te robé y te deglutí
y mis pies aplastaron tu envoltorio en mil y pico calles
Me echaste los dientes a perder
Me sacaste granos en la cara
Nunca fuiste cosa saludable
Nunca fuiste lo que se dice vitamina
Me ensuciaste las manos
y como eras más pegajosa que el engrudo
no había manera de limpiarse…
Me manchaste bien manchado, desde luego.

 

 

 

 

SUICIDIO EN GREENWICH VILLAGE

Brazos extendidos,
manos asidas del alféizar,
una mujer mira al vacío
y —pensando en Bartok y en Van Gogh
y las tiras cómicas del New Yorker
pega el salto.

Se la llevan con un ejemplar del Daily News
tapándole la cara,
y un tendero echa agua caliente por la acera.

 

 

 

 

ESTABA CORTADO, AQUEL CABALLO

En un cuarto una cuchara en una llama
calentaba su deseo más oculto.

Cuando la mezcla estaba bien cocida echó de prisa
mano al cinturón, antes de que el jaco se perdiera.

El cinturón se lo enrolló en el brazo,
y limpió la aguja, para quitar la porquería.

Luego tiró del cinturón, buscándose una vena.
Siguió tirando hasta sentir que le dolía.

Con mano quieta esperó a que saliera el bulto,
y con él llegara el sueño que tanto deseaba.

Y asomó el bultito, y le enchufó el gozo de la aguja.
Pero estaba cortado, aquel caballo, y no hubo fiesta.

Se desplomó en el suelo sin que se oyera nada,
y la cabeza le giraba como si fuera un carrusel.

Y se rascó de arriba abajo, entre temblores, y se tiró del pelo,
y vomitó suspiros; otra cosa no llevaba dentro.

Se revolvió gimiendo en medio de la noche.
Pobre alma más colgada no pudo haberla nunca.

 

 

 

 

EL NÚMERO DOCE DE ASH STREET PLACE

Esa casa es un fantasma de lo que un día fue hermoso;

como a un pájaro haciendo un solitario

un aura de pena limpia la rodea.

x
Hay un viejo sentado siempre al lado de una vela.

Le veo mover las manos, de las que un goteo

de colores le chorrea; colores aplastados

como flores prensadas que de un libro cayeran.

x
Pasé junto a su ventana un día;

lo vi algo más de cerca…

¡Tenía como mínimo cien años!

Le pregunté si llovería,

y me dijo «No», dejando que un goterón de púrpura

cayera en una de mis manos.

x
Al marcharme le dije que no me parecía

que se hubiera comportado bien conmigo…;

porque aquel color ardía.

 

 

 

 

TÚ, DE CUYA MADRE EL AMANTE ERA HIERBA

Tú, de cuya madre el amante era hierba en la más verde estación,
nacerás, hijo bastardo, entre sus cálidas y verdes manos,
y serás quien le evite ser efímero,
y aunque no tenga tiempo de enseñarte el sol y la lluvia y el viento,
te mecerá y te volverá a mecer en sus cálidas y verdes manos
hasta que la estación, celosa, lo asesine.
¡El invierno siempre llega!
No tendrás años para hollar la nieve que lo entierra;
tu madre te llevará en la cabeza
y te alzará al viento
y el viento te ululará en los oídos,
en un lugar donde la hierba nunca crece.
Las más lentas nubes serán la guía de tu madre.
Y ella las seguirá, conducidas por la niebla, hasta dar con el asfalto,
y allí, al final del viaje,
serás un huérfano en el asfalto de la urbe…,
donde la hierba nunca crece, ni se demoran las nubes.
Y tu madre…; tu madre volverá a otra estación,
a otro amante de hierba, que tampoco durará.
El invierno persigue a tu madre, y la quiere sólo para él;
y sus celos nos convierten a todos en bastardos.

 

 

 

 

IGLESIA DE SAN LUCAS: MISA POR DYLAN THOMAS

El tabernero del White House
se reclinaba nervioso contra la vidriera,
moviendo los pies, y Cummings pasó penando.

Dos turistas se susurraban al oído.
Y entró entonces una mujer de Swansea…

Dos lugareños del Village —pueblo de neón—
la sujetaron por debajo de los brazos
y la ayudaron a sentarse en la primera fila.
La mujer alzó el rostro, esforzándose por ver…;
pero los restos mortales ya no estaban.

La misa terminó entre ilimitables bisbiseos.

El primero en marcharse fue un príncipe de Ceilán.
Se paró un momento junto a la verja de la iglesia
y allí se congregó a charlas algún grupillo.

Al otro lado de la calle los chiquillos del colegio
jugaban al balón.
La pelota rodó hasta los pies del tabernero,
que le dio un vigoroso puntapié
y regresó con lento paso a su taberna.

 

 

 

 

CAMBRIDGE: PRIMERAS IMPRESIONES

xxxxx1

No es fácil caminar
xxxxxxxxpor estas callejuelas de Cambridge.
Las mejores moquetas son a veces
las que hacen que te cueste andar.

Pero enmascarado me cuelo sin ser visto en el desfile
y avanzo con más facilidad.
¡Qué hermoso es caminar tras un heraldo!

Mis tretas, sin embargo, vuelven torpe mi marcha.
Perdido el paso, quedo en evidencia.
Los centinelas, de pies como ceniza,
xxxxxxxxmontan guardia demasiado adusta
xxxxxxxxen todas las esquinas del lugar.
Sus toques de trompeta alteran
los ritmos que intento escuchar mientras camino.

 

 

xxxxx2

Pero Cambridge no es todo boato y majestad;
al margen del desfile, observo cómo
xxxxxxxxla rítmica embajada
xxxxxxxx—calle Brattle y todos sus aditamentos—
interrumpe sus sones envarados,
abandona su marcha real,
enrolla todas las alfombras
y se retira.

Estoy en casa, pero estas calles son extrañas.
Mientras camino
sorprendo a Cambridge en raro jubileo:
xxxxxxxxVivaldi, Getz, Bach y Dizzy,
xxxxxxxxen melodía en conjunto contenida,
xxxxxxxxemergen como volutas de humo ensortijado
xxxxxxxxde los portales y los sótanos,
saltando entre castaños por Longfellow,
bajando a la carrera por Hawthorne,
retorciéndose de un extremo a otro de Lowell
y volando como locos sobre Dana.

 

 

xxxxx3

Llega la mañana, y es terrible caminar.
Una vez más, los centinelas montan guardia;
xxxxxxxxsus trompetas, como un flautista de Hamelín,
xxxxxxxxlimpian las calles de jubilosas ratas nocturnas,
y en seguida se extiende de nuevo la moqueta.

 

 

xxxxx4

Mentía, ese bellaco que me hablaba
de las supuestas visiones de Melville
cuando pululaba al alba por la calle Brattle,
alejado de moquetas y desfiles.
Yo llevo días paseándome por esta calle
xxxxxxxxy nunca he visto, entre lo oscuro,
xxxxxxxxni un rayo de luz.

Me dijo: «Recórrete esa loca vía revolucionaria, la vieja
xxxxxxxxcalle Brattle,
y vas a ver las más grandes visiones nunca vistas,
¡como el Melville viendo la visión de Moby Dick en Brattle!
¡Viendo la visión en plena calle!».

 

 

xxxxx5

Cansado de mis deambuleos
y de no ver nunca nada,
me asomo ahora a la ventana
xxxxxxxxxxxxde alguien lo bastante amable
xxxxxxxxxxxxcomo para dejarme mirar.

La verdad es que Cambridge, vista desde aquí,
no está nada mal.
Y está muy bien saber
xxxxxxxxxxxxque desde esta ventana puedo regresar
xxxxxxxxxxxxen busca de libros, latas de cerveza
y amores del pasado.
Y a todos ellos exprimirles sueños suficientes
xxxxxxxxxxxxcomo para marcharme a hurtadillas
por la puerta de atrás.

 

 

 

Corso, Gregory. Gasolina (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2010.

 

GASOLINA

 

EL PUMA DEL ZOO DE CHAPULTEPEC

Largo liso lento raudo suave gato,
¿qué partitura, qué coreografía interpretaste
xxxcuando hicieron descender el último telón?
¿Es posible que el peso de tu gracia
xxxquede aquí abandonada, en este escenario de tres metros por tres?
¿Te concederán quizás unas segunda oportunidad
para correr danzando por las sierras?
Qué triste se te ve; mirándote me acuerdo
xxxde Ulaniva,
xxxencerrada en un minúsculo cuarto de alquiler
xxxen Nueva York, en la calle 17 Este,
xxxen el sector portorriqueño.

 

 

 

 

VEINTICINCO AÑOS TENGO

Con este amor y esta locura
por Shelley Chatterton Rimbaud
y la cháchara ansiosa de mi juventud
lo exclamo abriéndome de oreja a oreja:
¡ODIO A ESOS POETAS VIEJOS!
Especialmente a los que se retractan
y consultan a otros de los suyos,
mascullando en baja voz sus años juveniles
mientras dicen: yo lo hacía eso entonces;
xxxxxxixxxxxxxxpero era entonces, eso;
xxxxxxixxxxxxxxera entonces.
Yo a esos viejos los aquietaría
diciéndoles que soy su amigo
y que lo que ellos fueron una vez
pueden volver a serlo sirviéndose de mí.
Luego, por la noche, aprovechando
la confiada hospitalidad de sus hogares,
arrancaría sus lenguas llenas de perdones
y les arrebataría todos sus poemas.

 

 

 

 

TRES

xxxxx1

El cantor callejero ha enfermado
y se acurruca en el portal, con el corazón en la mano.

Una tonada menos entre el bullicio de la noche.

 

 

xxxxx2

Al otro lado de la cerca
entierra sus tijeras el anciano jardinero.
Un muchacho nuevo
se ocupa de podar el seto.

 

 

xxxxx3

La muerte es humana; y por eso mismo llora
y se mete en el cine todo el día
cuando un niño fallece.

 

 

 

 

HOLA

Es desastroso ser un ciervo herido.
Yo de todos los heridos soy el que peor está,
y los lobos merodean;
y además tengo mis fallos.
¡Mi carne cuelga del Anzuelo Inevitable!
Muchas cosas vi de niño que no quería ser.
¿Soy ahora esa persona que no quería ser?
¿Ese hombre que habla solo?
¿Del que se ríen todos los vecinos?
¿Soy yo el que en los museos
duerme tirado en las escalinatas?
¿Llevo la ropa de un hombre fracasado?
¿Soy acaso el loco?
En la triunfante serenata de las cosas,
¿soy yo el pasaje tantas veces suprimido?

 

 

 

 

HOMBRE NEOYORQUINO

Ha venido a Cambridge
y está parado ante mi puerta.
Es un hombre neoyorquino;
tiene ojos grandes de neón,
y por el suelo vierte jazz
con la mirada.
Pero ¿está realmente ahí?
Podría ser la radio,
o un organillero
que estuviera alucinando.

O yo mismo,
parado ante mi propia puerta
envuelto en jazz
y tan asustado que no llamo.

 

 

 

 

ESTO ES AMÉRICA

Esto es América y me lo estoy pasando en grande

con cantidad de música y de locos

xxxxxxxcon bocas que no saben cantar

y esa mujer a la que amo

xxxxxxxy todas las demás a las que no, y me lo hago

con toda hembra de diez hasta cincuenta

xxxxxxx—las de cincuenta son lo más

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsto es América y no veas si no queda

xxxxxxxpara divertirse

xxxxxxxy lunáticos en cantidad

Muchos no cantan un carajo

y otros muchos sí

xxxxxxx—pero a quién le importa eso

xxxxxxxxxxxxxxMe importa a mí

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn California le vertí al oído el canto

de mi occidental cultura a un mejicano agonizante

xxxxxxxque no me oía

y se murió mirándome y en la cara una sonrisa

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl hijoputa tenía tres dientes de oro

xxxxxxxtreinta gramos de maría

xxxxxxxel bolsillo lleno de peyote

xxxxxxxy una cría de catorce por mujer

 

 

 

 

EL NAUFRAGIO DEL NORDLING

Una noche cincuenta hombres se alejaron nadando de Dios

y se ahogaron.

Por la mañana Dios, abandonado,

metió en el mar el dedo,

sacó cincuenta almas,

y señaló a la eternidad.

 

 

 

 

HOMBRE SENTADO JUNTO A MI VENTANA

El tiempo posado en la invernal quietud de unos jardines

nada significa cuando caes en la cuenta

de que ves pasar las estaciones solo;

de que estás viendo tu dedo trazar tus pensamientos

en la superficie de una piedra.

 

 

 

 

UN VIEJO DIJO QUE VIO UNA VEZ A EMILY DICKINSON

Un rostro desgraciado —tensa cara blanca y opulenta,

como la de una hermosa dama muerta— se volvió hacia mí.

Con largas manos se aferraba el cuello,

y su sedosa cabellera negra

pendía como murciélagos dormidos.

Pero no era a mí a quien miraba.

.
Cuando me alejé la vi, mirando aún al mismo sitio…;

pero allí no había nada.

Nada, quiero decir, que pudiera ver yo.

 

 

 

 

LA FUGITIVA

Desde que se fugó de casa

alguien muy raro la persigue;

ha sido su constante paranoia.

Como un insecto, se aplasta contra el suelo.

Y la sigue a todas partes, vaya adonde vaya.

.
A sus espaldas, a lo lejos,

la voz de su madre, que no deja de llamarla:

pero no se puede dar la vuelta.

 

 

 

Corso, Gregory. Gasolina (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2010.

 

SEIS POEMAS DE ‘QUIÉNES FUIMOS’

 

CICLO

Se ha inaugurado una era
de mayores y más sofisticados simulacros.
Con todo, continuamos varados
en la misma zona de peligro.

(Se sigue apreciando
el mismo cansancio
en los rostros de la gente)

Tal vez tengamos
que aprender del cangrejo
y esperar una nueva marea
donde escondernos.

 

 

 

 

LUCHA, AZAR Y FE

Ante cualquier expectativa,
el implacable
xxxxxxxxxxxxxcarácter
del azar.

 

 

 

 

LIMPIEZA GENERAL

Echamos de menos
los objetos que tiramos a la basura
tanto como a los amigos
que dejaron de hablarnos.

 

 

 

 

NADA MÁS

No es de recibo sentirnos culpables
de los horrores que suceden a nuestro alrededor,
ni capitalizar el espanto que anega el mundo.

Solo podemos comprometernos
con las pequeñas barbaries
que perpetramos a diario.

 

 

 

 

ENCUENTROS

Por alguna razón
que no sabrían explicar
resolvieron no volver a verse.

No hubo grandes palabras
ni muestras de afecto.

Abandonaron el hotel
con la sensación
de no haber perdido nada.

 

 

 

 

LA DEUDA

No recuerda dónde nació
ni cómo pasaron los años
hasta llegar a este lugar
de paredes blancas
y cuidados jardines.

Las fotos que tiene
sobre la cómoda
no le ayudan a reconocer
a quienes dicen ser su familia.

Solo una imagen,
que tercamente emerge
cada vez que le sobresalta
un cambio brusco de luz,
consigue reconfortarlo:

un niño que mira
por primera vez el mar
y que no debe nada a nadie.

 

 

 

Casares, Pablo. Quiénes fuimos. Barcelona; Ed. Huacanamo, 2011.

 

MENÚ DEL DÍA

Vicente Llorente

 

 

INCIERTOS CONCIERTOS

No sabemos cuánto.
No sabemos hacia dónde.
No sabemos hasta qué punto de nuestro inventario
llegará el fluir cotidiano de la carne
vagando entre los tiempos más remotos
o sucumbiendo ante futuras tempestades.

No sabemos cuándo
una voz quebrada volverá a su holgura
cuándo
el cráter de una bombilla se derrama en fuego
cuándo
sentaremos las bases para decir
alegremente
que no sabemos
y que no importa
si todo cuanto somos resulta no ser.
Resulta ser nada.

¿Para qué escribir?
Si cuando tú lo leas
yo seré yo o seré nieve
sin más señales que una pisada
una huella que pasó por mí
y así sucesivamente.
¿Por qué escribir?

Por que sé
–y no importa–
que a esta hora y en este instante
la mano mía palpita entre las hojas
y vierte sobre el papel
las huellas de una pisada
no sé hacia dónde.

 

 

 

COLEGIO

Yo también fui lo que sois
entusiasmo encerrado en una mochila
en una cárcelde libertad como ésta
pasaron por mis manos cientos de canicas y pelotas
no sé dónde se colaron pero están allá en la memoria
llenas de polvo y tiza con olor a bata de laboratorio
y maestras que incluso hoy amaría
si no fuera porque jugué demasiado al escondite
y no me encuentran desde entonces
ni siquiera mis compañeros.

 

 

 

INFANCIADOLESCENCIADULTA

Vivir en diferentes casas
intentar habitarlas
no significa que te pertenezcan
y mucho menos
podría decirse que te poseen
que te anidan.

Para eso
tendrías que saber dónde está la luz
en lugar de palpar la pared a tientas
y que esa puerta de la derecha
no abre la cocina de aquella otra casa
y que la ventana del pasillo
no da al patio interior de tus padres.

Sin embargo
vivir así es unir tus edades
infanciadolescenciadulta
con esa desfachatez de cama sin vestir
y ese camarote bohemio en tu casa de soltero
o esa paz innegable y casi jubilada
del hogar en obras con tu esposa
y cortinas meciendo la llegada del milagro.

Por todas ellas
te persigue la sombra de la duda:
¡Aquí había un espejo!
¿He limpiado esta semana?
¿Cuántos años tengo?

 

 

 

Llorente, Vicente. Menú del día. Barcelona; Editorial Huacanamo; 2007.

 

ATRAVESANDO LA NOCHE

Atravesando la noche

 

ESCUELA DE LA VIDA

La mirada
al frente,
la sonrisa
a punto,
y los zapatos
limpios.

No lo olvides:

ni una sola pista
a los enemigos.

 

 

 

 

UNA FOTO

A la salida del cine,
en la acera,
cogidos del brazo,
un hombre y una mujer
miran a la cámara
y sonríen.
xxxxxxxxxÉl lleva
gabardina y el pelo para atrás,
pegado al cráneo;
ella, guapísima, un abrigo
largo, oscuro, de satén.

Son mis padres;
y parecen felices.

Yo llegué después.

 

 

 

 

UNOS VIEJOS

Tendrías
que haberlos visto,

ahí,
en el parque,
en el único banco
al sol,

quietos,
como efigies,

observándolo todo,
hasta el más mínimo detalle,
como si fuese irrepetible.

 

 

 

 

VUELVE A INTENTARLO

Esas mañanas de domingo,
en invierno,
a primera hora:

las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros…

xxxxxxxxxxxxxxxComo si la vida
te dijese:
xxxxxxxxxmira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.

 

 

 

 

UN MENDIGO

Parecía
mirarme
desde muy lejos,

pero estábamos
a un metro
escaso
de distancia;

yo de pie.

 

 

 

Iribarren, Karmelo. Atravesando la noche. Barcelona; Ed. Huacanamo, 2009.

 

LAS RENDICIONES

septiembre 24, 2013 Deja un comentario

Las rendiciones

 

ÁRBOLES

Somos hombres rotos
que acaban sus días
con planes sencillos:
marcar las paredes
con cruces pintadas
y andar sin zapatos
por las autopistas.

Somos hombres rotos.
Árboles caídos.

 

 

 

ASUSTADOS

1

La primera ley
de los asustados
recomienda el uso
de caparazones.

2

La segunda ley
de los asustados
es más taxativa:
habla de fogatas,
de mundos en llamas.

 

 

 

CASAS

1

Deambularéis
por una ciudad
de casas partidas
con los pies envueltos
en banderas sucias.

2

Pasaréis las noches
contando fantasmas.

 

 

 

CONTRAMARCHA

No nos demos prisa:
dentro de muy poco
todos los caminos
serán de retorno.

Nuestros pies heridos
seguirán heridos.
Volverán las piedras.

 

 

 

ENEMIGO

Hemos malgastado
demasiado tiempo
en hacernos fuertes
ante un enemigo
que no tiene nombre,
que nunca lo tuvo.

 

 

 

ESTADISTAS

Prestad atención
a los que terminan
todo lo que empiezan.
A los estadistas.
A los asesinos.

Prestad atención
a los que terminan
con todo y con todos.

 

 

 

NIÑOS

En el exterior,
un armazón de uñas
y piel de elefante.

En el interior,
un bosque de huesos
y niños perdidos.

 

 

 

PANDORA

Escribid un libro
que encierre otro libro
donde las palabras
contengan palabras
que nos vuelvan locos.

Cajas de Pandora
abismadas unas
dentro de las otras.

 

 

 

ZAPATOS

1

Que nuestros zapatos
eludan los charcos
y los lodazales.

2

Que nuestros zapatos
suscriban la furia
de nuestro esqueleto.

 

 

 

Gros, Sergi. Las rendiciones. Barcelona; Ed. Huacanamo, 2009.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (IX)

Han llegado dos libros nuevos a mi biblioteca y han sido dos regalos. Uno de ellos me lo esperaba, porque me dijo que me facilitaría un ejemplar (es que el libro está editado en Mexico), pero el otro ha sido una auténtica sorpresa. Y digo que ha sido una sorpresa porque al poeta en cuestión sólo lo había visto una vez: en Madrid, cuando Cris y yo participamos en la presentación de la antología ‘Esto no rima’ de la editorial Origami, donde compartimos páginas con él.

Y es que ayer, ya lo saben, llevo unos cuanto días a martillo, Pepe Ramos leía por primera vez en Murcia. Les cuento: hace unos meses me enteré por su facebook que una editorial mejicana, Tedium Vitae, había sacado una antología de poetas españoles entre los que se encuentra Pepe Ramos, además de Karmelo Iribarren, Javier Cánaves, Rafael Fombellida, Pablo García Casado, Michel Gaztambide, Raquel Lanseros, Itziar Mínguez, Javier Salvago y Arturo Tendero, y Pepe me dijo que me facilitaría un ejemplar; pero es que además me regaló el último libro que ha publicado (el libro del que les hablaba ayer y que publicó la grandiosa editorial Huacanamo) y creo que la mejor forma de darle las gracias es hacerlo públicamente.

 

'Diez de diez' + 'La ansiedad del escapista'

 

Y aquí tienen dos poemas de ‘La ansiedad del escapista’

 

TEXTO PARA CORONA FÚNEBRE

Me gusta cuando callas
pero esto ya es excesivo.

 

 

 

TANGA

ni tu reputación ni yo estuvimos nunca tan pendientes de un hilo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnadie se dio cuenta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdel bulto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

 

 

 

 

Y en cuanto al libro ‘Diez de diez’, aquí tienen el final del prólogo, escrito por Sergio Ortiz, hablando de la gestación de la antología: “El origen de este proyecto se remonta a una de las primeras ediciones de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que acuden cada año centenares de editoriales españolas. En aquella ocasión tuve la fortuna de conocer en el stand de la editorial Renacimiento (…) a varios de los poetas aquí publicados. Conocí también en esa ocasión una poesía que me cautivó por ser, a un tiempo, íntima y universal.
Aquel fue probablemente el momento en el que empezó a gestarse este libro, que solo pudo ser completado gracias a la colaboración de Karmelo iribarren, quien nos permitió entrar en comunicación con los poetas aquí publicados y de ese modo invitarlos a colaborar en este proyecto.”

Y aquí tienen algunos de los poemas del libro, esos poemas de los que uno se enamora desde la primera lectura.

 

KARMELO IRIBARREN

LOS PARAGUAS, LOS TAXIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Xabier Etxart

Acabo de tirarlo,

35 minutos bajo la tormenta
–esperando un maldito
taxi–
han podido con él.

Pero cómo se ha portado.

Esa es la diferencia:
los taxis son como ciertos amigos,
nunca están cuando más los necesitas.

Los paraguas, en cambio, mueren por ti.

 

 

 

JAVIER CÁNAVES

NI LOS MÁS RENOMBRADOS

No se trata de un vómito,
aunque a veces produzca
ganas de vomitar.

No es una confesión,
pues la sinceridad
no tiene sitio aquí.

No es cuestión de crear
mundos nuevos. Con este
estamos bien servidos.

No consiste en juntar
bellas palabras huecas,
que ya no somos críos.

No te puedo ofrecer
una definición
exacta y convincente.

No debes preocuparte.
Ni los más renombrados
se pusieron de acuerdo.

 

 

 

MICHEL GAZTAMBIDE

REVELACIÓN

¿La vida?

Detrás, el voraz incendio.
Delante, un profundo
mar.

Y no sabes nadar.

 

 

 

ITZIAR MÍNGUEZ

00:05

Me desvela el ruido celestial
Del camión de la basura

Qué certera metáfora de la vida
El enorme lobo de metal
Quijote de ciudad
Aullando a la luna

Mientras
Dormimos los hombres
O mordemos la almohada
O mojamos las sábanas
Despojados de lo que sobra
Con tanta falta de algo
Que no sabemos qué es

Recuerdo entonces
Que hace tres días que no bajo la basura
Tal vez
Por falta de autoridad moral
O porque tampoco sé
Qué hacer conmigo

 

LA ANSIEDAD DEL ESCAPISTA

Pues sí, después de estar estos últimos días presentándoles algunos poemas de Pepe Ramos, hoy es el día. Esta noche tendremos el placer de disfrutar de la presentación del nuevo libro de Pepe Ramos, ‘La ansiedad del escapista’, publicado por la editorial Huacanamo. Le pedí al autor un par de poemas del libro para dejarlos aquí como reclamo para la lectura de esta noche y éstos han sido los dos que me ha enviado para invitarles a ustedes a que vayan a verlo. Disfrútenlos.

 

Pepe Ramos 'La ansiedad del escapista'

 

ONÍRICAN EXPRESS

Tengo un sueño recurrente, un sueño profundamente arraigado en el consumismo:

Sueño cada noche que despierto en un centro comercial diferente pero a la vez idéntico a sus semejantes. Sueño que empujo carritos que levitan sobre la niebla, con mostradores atendidos por ángeles, expositores que ofrecen mercancías de colores nunca vistos antes. Sueño que compro —y si el sueño es muy vívido incluso hurto— kimonos azules, huevos de animales mitológicos, paracaídas… objetos que solo tienen valor para seguidores de Freud o Lacan, objetos inútiles en la vigilia.

A veces me despierto y acudo a comprar a centros comerciales que parecen diferentes pero son idénticos a sus semejantes. Empujo carritos con artrosis entre mostradores atendidos por súcubos y expositores de mercancías de colores inasibles para la retina. Inevitablemente compro —porque despierto temo robar— trajes azules, huevos en oferta, paraguas, muebles levemente suecos, yogures desnatados, tiritas, fundas para las fundas y somníferos con los que sueño que despierto en un centro comercial diferente pero a la vez idéntico a sus semejantes y empujo carritos que levitan sobre la niebla.

 

 

 

PLEGARIA PARA UNA PIJA

A ti, muestrario de cirugías
posibles y no tanto,
que transmutas
fondos de cohesión
en fondo de armario.

A ti, Vuitton verbenero.

A ti, trajechaqueta.

A ti, secuoya codiciosa
únicamente datable
contando anillos de boda,
consumada inversionista
en apellidos compuestos.

Qué le vas a hacer si tú
naciste en buena familia,
si todo ante ti se vuelve sur,
si eres demócrata por imperativo fiscal,
supremacía sin diplomacia
pero garante a la vez
de las buenas formas,
de la cuenta helvética y el sablazo,
del feng shui para especuladores.

Una de las dos Españas
ahora es tu campo de golf.

Tú que encarnas el imperativo,
tú que meas Chanel a tu pesar
—porque sabemos que meas—,
desciende de tu todotirano,
alza tu mirada altiva
sobre el horizonte recalificado

y mediamelénamela.

 

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