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Posts Tagged ‘editorial hispánica’

LA TIERRA AMENAZADA

 

Carreño

 

CAMPOS DEL FRENTE

xxSon los campos.
Los campos ahora de nadie;
de la guerra.

xxEl llano se queda triste.
Dura y antigua la sierra.

xxRocas y surcos perdidos,
hoy sólo campos de guerra.

xxNo pasa nadie por ellos.
De vez en cuando se quedan
como ajenos a las balas
que en el aire van secretas.

xxPor ellos, vamos luchando.
¡Campos de España en la guerra!

 

 

 

 

EL BARRO

xxEl barro no es un caballo,
un caballo hermoso, entero.
El barro es un buey muy grande,
pero ciego.
xxTengo manchadas las manos
de este barro sucio, espeso.
…Mis horas son como un árbol
que está caído en el suelo.
xxAquí está el barro, parece
que me resbala por dentro.
¡Barro es todo, todo barro,
desde la tierra hasta el cielo!

 

 

 

 

EL VINO

xxEl vino, ¿qué será el vino
cuando se bebe en la guerra?
Tiene dentro una memoria,
la sombra de una conciencia.
Beberlo es como un dolor,
un dolor que se sintiera
dulcemente como un eco
donde el alma se despierta.
xxSi viérais qué flor caliente
pone en el pecho a cualquiera,
y cómo tiene, sombría
de sueños la cabellera.
xxNo sé qué tierra aparece,
no sé qué agua se refleja,
no sé qué aroma de plantas
regadas, verde gotea.
xxBeberlo es casi soñar
cuando uno vive en la guerra.

 

 

 

 

EL DESAPARECIDO

xxAy, que nadie caminaba.

…y aquel soldado pasó,
ya de noche, entre las jaras.

xxSu rostro moreno y serio
que la luna iluminaba.
y aquel andar duro y noble
de su tierra castellana.

xxYa nadie le ha vuelto a ver.
Ay, que nadie caminaba.

 

 

 

 

CANCIÓN IRÓNICA DEL INVIERNO

xxEl invierno es como un lobo
que a la Sierra se ha subido.

xxEl viento corre asustado,
por los pinares perdido.

xxY van los ecos lejanos
por las aguas de los ríos.

xxEl viento corre asustado,
y hace frío.

 

 

 

 

PAISAJE EN FORMA DE PINAR

xxEste pinar de la sierra,
este pinarillo verde,
helado bajo la luna
tiene un aire que semuere.

xxApenas si se le oye
en la noche, lentamente,
moviendo dulce las ramas
pesadas de blanca nieve.

xxEste pinar de la sierra
que yo cruzo tantas veces.

 

 

 

 

EL SOLDADO Y SU MUERTO

xxHermano. Mi triste hermano.
Hombre a hombre, ahora te veo.
…No sé que siento pasar
de irremediable por dentro.

xxLos dos estamos aquí.
Los dos en tu cementerio.
Los dos estamos aquí.
Yo dolorido. Tú, muerto.

xxYo, sobre el suelo, penando.
Tú, cadáver, tierra adentro.

xxMi estatura es mi estatura.
La tuya es campo desierto.
Con el polvo de tu tumba
Trabaja mi pensamiento.

xx…Los dos estamos aquí.
¡Oh, qué minuto tremendo!
…¡Está tu carne tan cerca
y, hombre a hombre, no la veo!

xxLa tierra -¡siempre es la tierra!-
pone su olvido por medio.

 

 

 

 

CANCIÓN DE LA SUERTE

xxAy, que ha pasado mi suerte
como una yegua espantada,
galopando duramente
entre la luna y el agua.

xxVa la sombra de mi vida
como un fuego, huracanada.
Mi suerte sin su jinete,
golpe que no va a nada.

xxLa Muerte deja en el frío
su negra luz de fantasma.
Y una avecilla se pierde,
lentas de dolor las alas.

xx¿Adónde va mi destino?
Caballo en la madrugada.

xx¿Adónde va mi destino?
Silbo frío. Es una bala.

 

 

 

 

RECUERDO DE LOS MUERTOS

xxEstá la encina, solitaria y triste,
en la parda quietud de aquel terreno.
En el campo de peña miserable,
es un árbol desnudo, gris, tremendo.

xxLa única voz de los peñascos mudos
que ponen su dolor junto a los cielos.
La única voz que nace de esta tierra
es su tronco desierto, adusto, ciego.

xxYo pienso en hombres que aquí luchan.
Yo pienso en hombres que aquí han muerto.

xxVuelvo a mirar la encina solitaria,
los campos que se pierden a lo lejos.
Miro en los aires nubes que van sombrías,
miro el mudo torrente de los cielos.

xxAquí, sobre la tierra dura,
aquí sobre la tierra, han muerto.
Hombres que agonizaron, que perdían
la forma de su sangre sobre el suelo.

xxAquí, sobre los altos riscos
que en siglos y por siglos son misterio.
Aquí, sin árboles, sin hierba,
en la peña desnuda, están sus huesos.

 

 

 

 

EL PAREDÓN DE PIEDRA

xxOscura angustia tienes,
tú, paredón de piedra.
Tu mole silenciosa,
bajada a tajo, es ciega.
xxEres como un dolor
atroz, roca siniestra,
que te agolpas sombría
como una frente muerta.
xxAnte tu borde mudo
algo de mí se despierta;
algo quisiera ser
tu delirio o tu fuerza,
cuajada eternamente
en esta gris materia.
xxAquí estás tú, tremendo
de silencio y de piedra,
encerrado en el peso
sordo de tu tormenta,
pugnando con lo oscuro
que trabaja en la tierra.
xxOh, paredón sombrío,
catástrofe de piedra.
Oh, paredón sin nadie,
triste como la tierra.

 

 

 

 

CARNAVAL EN LAS ALAMBRADAS

xxBebamos. Bebemos
¡Que baile! ¡Que baile!

xxAlegre el recuerdo
ha saltado al aire.

xx¡Que baile! ¡Que baile!
Y, ¿quién baila? Nadie.

xxSolo el parapeto.
¿Quién hay adelante?

xxLa muerte sin rostro
pasa abstracta, grave.

xxSilencio. La piedra.
…Ya no canta nadie.

 

 

 

Suárez Carreño, José. La tierra amenazada. Madrid; Ed. hispánica, 1943.

 

SOLEDADES EN VUELO

Clotet

 

A ORILLAS DEL SILENCIO

xxxxx1

xixPUEBLO

Sumiso pueblo esquivo -cal y nube-,
hoy como ayer alta estación del tiempo,
humillado en el cielo de tu olvido,
mas tan firme en tu pie breve y lunado
para poder sentir tus soledades.
Renaces como un alba sostenida
por esas puras alas de tu espíritu,
caricia y voz de tantas arduas noches
de baja tierra y dura geografía.
Allá la torre -tantas blancas torres,
cerco sin fin de lúcida agonía-
vuela sobre los yelos gemidores
como una queja cándida de niño.
Al sol difícil, mayo prolongado,
abrillantas tu lánguida blancura,
verdecida de valles, verdecida
de una doliente flora de granito.
Tu vertical presencia se levanta
a colinas remotas, tierna espiga
de una estival cosecha de luceros.
Embebido en erráticos rabeles
-¿dónde el lejano gozo que los tañe?-,
danzas al sol, y de la fosca nieve
sabes hacer bordones de nostalgia.
Esa belleza inmóvil que te ronda,
vuelo de eternidad, cumbre de hastío,
donde convergen tiempos y distancias,
se vuelca en ti, movilidad rendida,
te viste la emoción de su trasmundo.
De papel -o de piedra- risa alada,
como una flor tronchada de hondos huertos
entrañables, qué leve arquitectura
tu sonrisa, tu luz, tu voz, tu sueño.
Sumiso pueblo esquivo -cal y nube-,
hoy como ayer un agua fugitiva
tras cada posesión; tras cada goce
un aguijón de cálidos beleños.
Hoy como ayer, mañana como siempre,
tan cierto amor que crece en el olvido.

 

 

xxxxx2

xxMONTAÑA

A solas con el dulce amanecer,
tanta mojada piedra por jardines
difíciles, y frondas milagrosas
de cielo y tierra, en lívidos cristales,
con nieve rosa y árbol conmovido.
Con árboles que ascienden de su tronco
como lentos mensajes de las sombras,
en el vivo relámpago de abril.
Qué celeste pincel muda el desmayo
de tanta espesa noche acumulada,
de tanto duro sueño torvo y frío.
Amanecer de vida fugitiva,
llena los ojos, riega los desvelos,
los abre a su escultórica armonía.
Ya la sorpresa cede al calendario
-que pinta allá en la tierra exactitudes-,
y la impaciente luz alza sus alas
en una curva unánime de trinos.
Mas nuevas soledades más altivas
ciñen la clara voz de cada aurora;
soledades labradas en los brazos
de la mañana vertical, madura,
vigilantes, en cerco de fulgores,
con espadas de espinas y de nieves.
Los árboles, suspensos en el oro
de su propio temblor, vuelan, deliran,
y a su sombra se ordena, vacilante,
toda la piedra azul de la mañana.
Mañana rumorosa de colmenas
doradas, de anchos mares esculpidos,
que te enciende, montaña, que te afirma,
que te envuelve, y aquí en tu alada cumbre
-redondo sol sobre tu helado olvido-,
te fija unos momento, para luego
pulir tu flor, tus árboles henchidos
-alborada segunda de tu día-,
con manos de suavísimos cendales.

 

 

 

 

DE LA VOZ CONFIDENTE

xxxxx6

A LUIS FELIPE VIVANCO
xxPor su ‘Tiempo de dolor’.

¿Ha brotado una nueva tierra más bella y pura,
de más hondos paisajes, de una luz más serena?
Todo nace adiestrado por la voz que enajena,
pule, acaricia y sume lo rebelde en clausura

de soñados espejos, que, al morir, se depura,
para ser en su puesto de diamante o de arena
-nuevo don del confín, de la lumbre que estrena-
chopo fiel, gentil flor, imposible ternura.

Todo brota, o desciende por la escala del trino,
desbordada presencia, voladora armonía,
ya la sangre cristal y el dolor primavera.

Todo  pulsa, en remota soledad, su destino,
para alzar en la frágil transparencia del día,
su humano ardor, en celo de mítica frontera.

 

 

 

Pérez Clotet, Pedro. Soledades en vuelo. Madrid; Ed. hispánica, 1945.

 

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