Archivo

Posts Tagged ‘editorial hiperión’

70 VECES MENTIRA

 

1

Volver es más triste que perderse.

 

3

El Paraíso no existe, pero el Paraíso Perdido sí.

 

4

Todo lo que no es una puerta, es un muro.

 

5

Muchos creen que esto es sólo la primera parte,
pero nadie sabe de qué.

 

7

Esperanza es la palabra de la que uno se acuerda después
de haberse caído en un agujero.

 

8

Tener todas las partes aún no es tenerlo todo.

 

9

Dentro del miedo no hay donde esconderse.

 

15

¿Hay vida antes de la muerte?

 

16

Avanzar es irse quedando solo.

 

17

Un hombre también es todo lo que ha olvidado,
la mujer que no tuvo, el Chagall que no vio,
la suma de los sitios en donde no ha caído.

 

19

Cada hombre cruza
una calle distinta
frente a mi casa.

 

20

El futuro no debería ser arrastrar todo lo que tienes un poco
más adelante. Pero a menudo lo es.

 

21

El dolor nos convierte en nosotros mismos.

 

22

La maravillosa historia de todo lo que no se sabe.

 

23

Todo el mundo se siente solo, excepto los idiotas.

 

24

El hombre que ya no soy tiene sus propios recuerdos.

 

25

Las palabras que son verdad y son mentira.
La palabra jarrón, que no puede romperse contra el suelo;
la palabra cuchillo, que no corta la palma de la mano;
o la palabra sangre, que brota de la herida.

 

27

Las palabras tachadas también son una parte del poema,
lo mismo que las horas de sueño también son una parte del día.

 

34

Miro atrás: todos
los sitios donde estuve
están vacíos.

 

36

A veces, la palabra que lo resume todo es nada.

 

37

Recordar lo que pasó no es tan importante como saber quién eras.

 

38

Quien ama las estatuas tiene que amar también las ruinas,
dice Gottfried Benn.

 

44

Todas las palabras son palabras aproximadas.
Como dice Marguerite Duras:
escribir es intentar adivinar lo que uno escribiría si escribiese.

 

46

Escapar no significa ir a alguna parte.

 

49

A menudo ya es demasiado tarde. A menudo, cuando aprendes
a tragarte el sable el circo ya está en otro sitio.

 

50

A los trece años, a veces te sientes como Robin Hood.
A los treinta, a veces te sientes como los agujeros de la diana.

 

51

Recuerda la parte del juego en la que puedes perder.

 

52

Es una historia extraña:
nosotros ponemos nuestro corazón y ellos sus bisturíes.

 

54

Escribir un poema es como armar un puzzle.
Un poema es poner cada cosa en su sitio.

 

56

No importa cómo es un poema
sino en quién te convierte.

 

58

Sueño contigo
y no sé quién está
dentro de quién.

 

62

No llamar a las cosas por su nombre para que te entiendan.
Un buen poema lo hace todo más claro de lo que realmente es.

 

64

Una mujer que sea lo mismo que la noche
y lo contrario de la oscuridad.

 

66

Ese momento espantoso de la vida cuando aún queda mucho
pero ya no queda nada.

 

68

La vida es extraña: cuanto más vacía, más pesa.

 

70

Un lugar al que ir no es más importante que
un sitio donde esconderse.

 

 

 

Prado, Benjamín. Todos nosotros. Madrid; Ed. Hiperión, 1998.

 

TODOS NOSOTROS

 

TIEMPO MUERTO

Ha sido un día raro. Estás tumbada
junto a mí.
xxxxxxxxxxCasi puedo escuchar la marea
de la sangre en tu piel
y el deseo que llena tus manos de leones.
Luego, apagas la luz.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa noche salta
como un pez de tu corazón al mío.

Y sin embargo hay algo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn realidad
no sé qué es.
xxxxxxxxxxxPero aquí está.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs extraño:
de repente, me digo: —Cada hombre
lleva una pala para cavar su propio Infierno.

Me pregunto qué he visto,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdónde estaba,
la razón; imagino
la tarde entera; el bar cerca de la autopista,
la ciudad
debajo de la lluvia igual que un barco hundido;
y algo que yo te dije
y algo que tú dijiste: —Si no sabes
por qué lo has hecho, nunca sabrás por qué ha pasado.

Pero no veo nada,
xxxxxxxxxxxxxxxxningún dato,
ninguna relación con el Infierno.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEntonces
miro adelante, busco
las palabras que tienen lo que quiero decir.
Y ahí tampoco hay nada:
Hay la azotea roja;
hay el gato que atrapa un pájaro y devora lentamente mis ojos.

Tú sigues a mi lado.
Tu corazón golpea dentro de la mujer
dormida, igual que un perro ladrándole a las tumbas.
Me pregunto,
después de tantas cosas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando cada hora quema
su selva entre mis manos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme pregunto
qué es lo que sé de ti;
si tal vez, como dice Marianne Moore, lo importante
de lo que vemos es lo que no vemos.

Y no encuentro respuestas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNi caminos
por que volver.
xxxxxxxxxxxxxxEnciendo
una luz,
xxxxxxxabro el libro,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxcierro el balcón.
La noche
se reúne a sí misma, se marcha de nosotros
con su cielo vacío,
con su dios que se lleva
algo de nuestras vidas a su ciudad deshecha.

Abro el libro
mientras que en el tejado se mueve la serpiente
azul del agua
xxxxxxxxxxxxy sigues
xxxxxxxxxixxxxxxxxxxjunto a mí
y por tu corazón se alejan los tambores
y escribo la palabra árbol y en ese árbol
crece tranquilamente la palabra naranja.

 

 

 

 

PAREJAS

Por lo mismo que une a Vallejo y los miércoles,
el mercurio y Bob Dylan,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNeruda y las ballenas.
Esas son las razones por las que estás conmigo.

Y también porque sabes todo lo que me importa:
porque entiendes al niño que llora entre los árboles;
a la mujer que sueña con oscuras cocinas,
con cucharas que buscan su corazón partido.

Teresa Rosenvinge: lámpara interminable,
yo pronuncio tu nombre para saber qué somos.
Te llamo bosque azul,
pájaro del océano,
estrella entre dos torres,
luna sobre la isla.

xxxxxxxxxxxxxxxxTú te acercas;
entras en el poema
y desde ese poema abres una ventana,
descuelgas un teléfono,
coges un pez en la palabra río.

Estás aquí
xxxxxxxxxxy fuera se oyen voces,
gente que aún se mueve en donde ya no hay nadie,
una sirena,
xxxxxxxxxxun hombre que a lo lejos
pasa junto a nosotros:
ruidos de algún lugar en el que ya no estamos.

Por lo mismo que Julio Cortázar y el boxeo,
Bukowski y los hoteles pintados de naranja.
Handke y los lanzadores de cuchillo.
Por eso.
Esas son las razones por las que estamos juntos.

 

 

 

 

MATERIAL

No es el azar
que salta de una mano
hasta los dados.

Es como el miedo:
cuando es de noche y puedes
ver los sonidos.

Son las palabras
que tengan dentro al hombre
que las escucha.

La poesía
es fingir que es verdad
lo que es verdad.

 

 

 

 

ROTO

Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
—Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.
Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.

 

 

 

 

MIRANDO FOTOS DE ANNE SEXTON
(1928-1974)

En la primera foto, Anne Sexton mira el mar.
Sabemos que la playa está en Virginia
(Carolina del Norte) y que es el año
48, un día
de su luna de miel.
xxxxxxxxxxxxxxxxxTiene los ojos
casi cerrados mientras oye el ruido
de las olas, el viento que deshace
y vuelve a hacer las dunas,
el agua que se mueve con lentitud,
que traza
líneas,
curvas,
esferas.
El agua que se mueve lo mismo que la mano
de alguien que escribe la palabra océano.

En la segunda imagen
—ahora ya estamos en mil novecientos
setenta y cuatro—, fuma un cigarrillo
cerca de una ventana —por alguna razón
creo que al otro lado del cristal hay un bosque—
y observa las figuras
que forma el humo: peces,
un iceberg,
xxxxxxxxxxuna sirena,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxun ángel
malherido en la nieve.
En esta foto
tiene un aspecto extraño,
parecido al de alguien que corre hacia un volcán,
parecido al de alguien que acabara de soltar un cuchillo.

Pocos
días
después
Anne Sexton
va a matarse
en esa misma casa:
va a dejar
sus anillos
sobre una mesa, en la cocina,
y luego
entrará en el garaje
con un vaso
de vodka
en la mano,
pondrá en marcha el motor
del coche —un Cougar rojo— y encenderá la radio
—¿Te imaginas qué pudo oír? ¿James Taylor?
¿Los Grateful Dead? ¿Pink Floyd?—
y esperará la muerte.

Cierro el libro.
Me miras.
Sé lo que estás pensando.
—La vida es muy difícil.
Una mujer es un reloj de arena.

 

 

 

 

CADA MAÑANA

Cada mañana, Jaime Gil de Biedma
se muere en Barcelona,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxShelley sube
a su barco en la costa de Italia,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRaymond Carver
escribe su poema sobre Antonio Machado.

Cada mañana
Stevenson se inventa La isla del tesoro,
Paul Morand sube a un tren,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBlaise Cendrars va en un barco,
Virginia Woolf camina
cerca de un río y Paul Eluard piensa de pronto:
La tierra es azul como una naranja.

Del otro lado hay gente oscura que nos busca.
Del otro lado hay gente que llama a nuestra casa.
Hay gente que se acerca muy despacio a nosotros
igual que hombres con hachas caminando hacia un bosque.

Cada mañana es la última mañana de Pavese.
Cada mañana, Herman Melville empieza Moby Dick,
Borges se mueve al fondo de los versos de Borges,
Pessoa lee desde dentro de mí a Pessoa.

Del otro lado hay gente que nos sigue.
Del otro lado hay manos que tiran de nosotros.
Gente que nos espera
en noches del tamaño de su miedo a la noche.

Rimbaud besa a Verlaine en un hotel de Francia,
a Steinbeck se le ocurre Las uvas de la ira,
a Vicente Huidobro le parece que escucha
la pequeña cascada que cuenta sus monedas.

Cada mañana
xxxxxxxxxxxxxtoco el oro de Jack London.
Cada noche
veo brillar la bala en el corazón de Lorca.
Cada día
me convierto en mis ojos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsoy las cosas que escucho
como el hombre que tiembla es una parte del frío.

Cada mañana,
xxxxxxxxxxxxxalguien lo descubre:
todo lo que está escrito pertenece al futuro.

 

 

 

Prado, Benjamín. Todos nosotros. Madrid; Ed. Hiperión, 1998.

 

COBIJO CONTRA LA TORMENTA

 

LOS ríos de las ciudades son extraños,
parecen dioses perdidos entre bares azules
y merenderos sucios
y pequeñas terrazas de extrarradio.

Los ríos, como los trenes,
llegan despacio al nombre de las ciudades.
Pero en las noches de verano
el sonido del agua
entras despacio en las habitaciones
y sigue el ritmo lento de los ventiladores
y atraviesa el corazón de los hombres dormidos.

 

 

 

 

SIETE PREGUNTAS PARA KURT COBAIN

¿Existen las preguntas o son sólo
algo como querer atrapar tu propia mano
y encontrar al abrirla una puerta cerrada,
una mano vacía?

¿Cómo era ese lugar:
Jimi Hendrix andaba bajo la niebla púrpura
y Jim Morrison iba en el autobús azul?

¿Escribiste al final aquella frase
de Neil Young: es mejor arder que desvanecerse
porque eras una parte
de esa frase lo mismo que un viajero
forma parte de un tren, aquella frase
igual que un largo tren detenido en la lluvia?

¿Cuál era la respuesta:
llegar tan lejos que te sientas solo;
ver el último ángel —parecido
a la forma del viento encima de unas rosas—
y disparar sobre él, sobre ese dulce
ángel de soledad, mientras el viento
traía el corazón de las rosas cortadas
como botellas rotas en un río?

¿De dónde vienes? ¿Dónde vamos todos nosotros?

 

 

 

 

LA LÁMPARA DE ALBERTI

Todos aquellos años yo pude atravesar los muros,
volver contigo a la ciudad de Antonio
Machado, entrar al huerto
de San Juan de la Cruz, al monasterio
de Bécquer —lentamente
el orden de la nieve
asumía la forma de las cosas. Yo dije:
eso es tu poesía—, a la pequeña
habitación de Lorca
por quien aún guardabas una dulce,
una oscura amistad más allá de la muerte.
¿Te acuerdas de las horas
en el salón de Luisa, leyendo cada tarde
durante meses a Rubén Darío?
La luz azul de la piscina, el golpe
apagado de cuerpos en el agua
subiendo hasta el balcón
y las palabras llenas del ruido de los árboles.

Tú construías islas contra la vida, largas
escaleras al cielo;
siempre encontrabas
una manera de parar la sombra de las torres,
de llamar, por ejemplo, polifemos
encendidos a los Pegasos que dejaban
la estación de autobuses
de una ciudad. Detrás no había nada:
hermosos bosques en la superficie
del agua, que no son parte del río.

Es tarde y la noche se acerca,
mundo lento de hojas húmedas y fieras intuidas.
El atardecer de la vida —dice Joubert—
trae consigo su lámpara.
Tú eres la luz a punto de extinguirse
que convoca a los lobos en el jardín,
incendia los salones vacíos.
Yo no te echo de menos
ni te quiero olvidar.

Recuerdo una mañana en San Roque. Mirábamos
los grandes petroleros bajo el cielo rojo de las refinerías
y dijiste: todos somos Rimbaud,
con nuestro cinturón de monedas de oro
y nuestro viaje hacia ninguna parte.

 

 

 

 

LA NOCHE DEL CONCIERTO DE AEROSMITH

En medio del concierto de Aerosmith
de repente, no sé por qué, —tal vez
es el calor extraño de los focos—, me veo
en una habitación; estoy sentado
junto a la luz azul y pienso: todas
las cosas a mi alrededor se acercan,
quieren entrar al libro,
son igual que esos pájaros, los pájaros tan tristes
que se golpean contra las ventanas
de una casa encendida. Me pregunto
qué va a pasar entonces, qué está pasando ahora
y hay algo raro, algo
parecido a los viajes en tren, la sucesión
de ciudades y cielo, de ciudades
y cielo, de ciudades
y cielo, desde un tren,
de ciudades y cielo.

 

 

 

 

BUKOWSKI EN NUEVA YORK

De acuerdo —dice Ray—, hace ya un año;
pero ahora, cuando leo los mejores
—se refiere a poemas
de Bukowski—, ya sabes, por ejemplo
ese que dice Dios
es un local vacío donde no hay filetes
o el que acaba: haz de todo esto una buena pelea
por los pesos pesados;
bueno, es raro, no logro que parezcan
los poemas de un hombre que ha muerto. Yo me escucho
decirle que está bien
y que todo
consiste
justo en eso,
en saber conservar las cosas que has perdido.

Ray está en Nueva York —aquí es de noche,
dice, y nieva—; su voz
suena extraña: como la de alguien —pienso—
que tuviese las manos en una caja vacía.
Quiere saber
de qué forma
acababa
un poema de Hemingway en Cuba
que siempre le ha gustado.
Hemingway —digo— disparando a los leones
que había dentro de su último sueño. Luego
volvemos —o eso creo— a Bukowski, y él dice:
No importa,
esto
no es más
que el primer año del resto de nuestras vidas.

Miro la calle: el sol
en la autopista
y luego
las montañas azules.
¿Sabes? —dice antes de colgar, riéndose—,
Bukowski es un montón de leones dormidos.

 

 

 

Prado, Benjamín. Cobijo contra la tormenta. Madrid; Ed. Hiperión, 1995.

 

CINTA TRANSPORTADORA

diciembre 22, 2017 Deja un comentario

 

CINTA TRANSPORTADORA

Mi corazón es una tarjeta de embarque
a un cruce de caminos del círculo polar,
a un Gran Silencio que me busca los labios.
Sin gallos que le despierten,
sin kiwis al desayuno. Sin piedad.
Mi corazón es un fósil astral.
Una maleta no reclamada
que gira en la cinta transportadora.

 

 

 

 

WALKING MANHATTAN

Una rosa sobre las ciudades del corazón,
un crisantemo sobre las ciudades del miedo,
un blues en blanco y negro
sobre las ciudades de los sueños.
Escribo Manhattan con mis pies,
limpio la sal de mis heridas
a golpe de soledad.
Estoy tallando carbón bajo el puente de Brooklyn
para regalarle otro diamante al amor que perdí
o me perdió.

 

 

 

 

BOULEVARD CHE GUEVARA

xxxxxComo los balseros, los niños de Argel tienden sus pupi-
las en la cuerda del infinito y la luz amarga del Mediterráneo.
Enfrente, los barcos anclados iesperan su cargamento de gas
o petróleo. Observo idesde ilas irejas ide un palacio otomano
frente a la bahía; ilas familias bajan a la playa. Sólo los niños
varones visten bañador, el resto parecen cebollas de las capas
que acarrean. Mi cabeza es una telaraña de iamor, iun ipenta-
grama icon iforma ide icuadrilátero idonde ipeleo icada noche
con imi isombra. i¿Quién ime iha ihecho itanto idaño ique ino
puedo aparcar en doble vía ese puñal de la memoria?

xxxxxArgel me recuerda a Valparaíso, ia iLisboa iy iOporto, a
Marsella. Barrios trepando por las colinas, calles empinadas;
faltan los tranvías, idesaparecidos hace unos años. Pienso en
Cervantes iregresando iya imanco idesde iLepanto, apresado
por ilos icorsarios iy icautivo ien iesta iciudad idurante icinco
años. iPienso en Albert Camus, ihijo ide icolonos, que pasó su
niñez en uno de los barrios más pobres de esta urbe. Al venir
he releído en el avión una ivieja iedición de El extranjero que
compré ien iuna ilibrería ide iviejo ien iel iTubo ide iZaragoza.
Nunca me sentí extranjero en Iraq, en Palestina, en Argelia, en
Siria, en Jordania. iEn icambio iien iNueva iYork. Y ia iveces,
donde más, en mi tierra.

 

 

 

 

LA OTRA ORILLA

xxxxxLas lágrimas te esperan al cruzar el Jordán. Hay un hueco
en iel iGólgota ipara iti iy iuna itormenta que pronuncia tu nom-
bre. xAcuérdate ide iOrfeo idescendiendo ial iTártaro. x¿Vas ia
encantar icon itu imelancolía ia ilos itres ijueces ide ila Muerte?
¿Detendrás con tu música ila itortura ide ilos icondenados? iNo
vuelvas ila ivista iatrás icuando iregreses ide inuevo hacia la luz
pues ia iEurídice iperderás io, icomo ila imujer de Lot, darás de
comer a palomas sin rumbo.
xxxxx—Esta ies itu ilucha iy itu ihucha —dijiste. Ahorra fuerzas,
besos iy icaricias ipara ilo ique ite iespera. iNo illorarás junto al
Muro xde xlas xLamentaciones, xbajo iel itemplo ide iSalomón,
mientras iotro iMuro ide i600 ikilómetros iy inueve imetros ide
hormigón itraspasa imetro ia imetro, genocida y sonámbulo, el
corazón ide iCisjordania. iNo inecesitas isal ipara iecharte a los
ojos. Con el dolor de estas madres te basta.
xxxxxPalestina.

 

 

 

 

JUÁREZ

Yo soy una de esas mujeres,
de las maquilladoras
enterrada en las fosas
del desierto, con una bata azul
y los ojos abiertos.
Estrangulada, desmembrada,
con mordiscos en los pezones
y en la vagina siete puñaladas.

Al sur de Río Grande las calles tienen ojos,
el alma sonajeros y los machos pistola.
Inmenso como el odio el idioma que hablas
esta noche, al bajar del autobús,
y que quise aprender.

Yo soy uno de esos nombres
en una cruz rosada
bajo la impunidad de las estrellas.
Entre nosotras y la muerte,
al salir del trabajo, sólo estaba el azar.

En Ciudad Juárez cuando discuten
los maridos dicen a sus mujeres:
Te voy a echar al desierto.

 

 

 

Petisme, Ángel. Cinta transportadora. Madrid; Ed. Hiperión, 2009.

 

EL INVERNADERO

 

PROFESORA DE B. U. P.

No esperabas ya verla
y menos en un bar para comidas rápidas
perdido en la autopista.

Bajo el tinte amarillo de su pelo
se ve la huella blanca que la vejez regala
y sus ojos, más francos, han perdido
lo oscuro que tuvieron:
esa tiniebla que ocultaba el iris
que distingues verdoso.

Es difícil pensar que no era así,
creer que la conoces de otras cosas
pasadas. Imaginarla lejos del café
al que ella te ha invitado
y del rumor monótono
entre coches que pasan frente al vidrio
y monedas que pagan lo que deben.

 

 

 

 

FINAL DE ADOLESCENCIA

Dispersa, la estación,
confirma que te encuentras de camino:
tan lejana parece cada cosa
que prefieres quedarte entre la gente,
que esquiven al pasar tu cuerpo inmóvil
como si así lograras
que la huida parezca menos brusca.

No vuelvas a enturbiarte con razones
que son del todo falsas, y lo sabes.
Ya sé que es muy difícil conseguir un trabajo
y que lo de tu piso no es seguro,
pero tienes dinero suficiente
para vivir un tiempo donde quieras.
¿Dónde? sólo importa largarse
de esta ciudad de encanto pervertido:
la humedad de sus calles desoladas
bajo un sol que, aseguras, está muerto.

Los días de diario te supieron a poco,
sus mañanas perdidas casi sin darte cuenta
entre ruidos de obreros,
petardos de lecciones de latín
y deseo hacia chicas jóvenes como tú —o un poco menos.
Hacia las tres
la tarde comenzaba siempre eterna y estéril
frente al televisor o frente a un libro
y esperando una noche que no llega
—noches que fueron un recuento absurdo
de las breves historias de tu vida.

No fue mejor la cosa los fines de semana,
apenas sostenible
su música con forma de reloj en los pubs más ridículos
y los contados cuerpos que te amaron
hasta que amanecía
con olor a tabaco tu cuarto de resaca,
despedidos sin grandes pretensiones
de amistad o placer.
Hubieras preferido a sus acompañantes,
siempre más atractivas y perfectas;
no esas carnes dormidas por su peso excesivo
y breves de palabra.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxNo obstante,
simulaban un mundo acompañado que hubieras asumido
—tan sólo con vender tu futuro de huraño o de poeta—
en el estéril tiempo de diario,
en las tranquilas tardes de diario.

Ya sale el autobús,
olvídate de darle algún sentido
que guarde relación con el pasado.
Confías en que pronto
podrás reír de tanta oscuridad
y recorrer una ciudad distinta
con calles menos húmedas —y un sol más agradable—
que ya no te recuerden a tu infancia.

 

 

 

 

ENCARNA

En el cambio de octavo para B. U. P.
Encarna decidió dejar las clases.
Su padre era granjero
y no pudo pagarle un colegio privado
—al que iban sus amigas—,

tan sólo el instituto
donde no conocía a casi nadie.
Aprovechó un trabajo, que cogió con su hermana,
dando clases de baile para niñas
—sevillanas y cosas del estilo—

que apenas le dejaba tiempo libre
para sus cosas.
Creía que su cuerpo era asqueroso,
que así de gorda nunca haría nada,
y comenzó a tomar adelgazantes,

anfetas y otras cosas del estilo.
Lo último que supe de ella
es que estaba chupada por las clases de baile

y la ingestión brutal de centraminas.
Me acaba de vender algunos libros
en la feria del pueblo.

Yo creo que está bien, algo redonda
y con tres dientes menos,
mas con una sonrisa descarada
como su madre.

 

 

 

 

TERENCE STAMP

Se necesita edad para unas cosas.
Por ejemplo:
Indiferente apura un cigarrillo
y la brasa resalta en los gemelos
—con piedras impecables.

En frente
—casi roza el humo—
Laura Antonelli ríe por cubrir el silencio
tan cargado en la atmósfera del cuarto.

Continúa distante,
apaga el cigarrillo,
el moharé no forma ningún pliegue.
No es real,
tan sólo una película, no sé si de Visconti.

Se necesita edad para unas cosas.
No malgastar palabras, por ejemplo.

 

 

 

 

UNIVERSIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Paco, sin maldad

En las tardes de tedio
paso el tiempo gastando mis monedas
en copias de revistas que no suelo leer:
es que la facultad es aburrida
y a lo largo de todos los pasillos
que se entrecruzan en la hemeroteca,
parece que el monstruo pasa rápido.

Él lo había aprendido y miraba revistas
que estoy seguro, muy seguro,
nada le interesaban.
Buscaba en ellas, y en los libros,
la pregunta apropiada para clase
que no faltó ni un día
—mejor no las transcribo.

Cómo no,
escribía poemas cotidianos
de lucidez extrema:
fábulas de caniches y teléfonos,
pero sin evitar algunos arcaísmos
que hacían el poema intemporal:
“Levantose el ciclamen
y le dijo al camión de la basura:
—y es que cuesta cien duros cada fino,
mas no te engañes,
en el silencio observo nuestro amor.”

Quizá sólo quería
quedar igual de bien con cada profesor.
Me inquieta con sus gafas académicas
y no quiero que nadie en el futuro
apunte lo que diga nuestro amigo,
pues no nos engañemos,
así serán los nuevos profesores.

 

 

 

 

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Mi ventana es perfecta para verte
y avanzar en tus páginas
o en la rápida pluma que dibuja
constantemente cosas:
figuras muy confusas desde aquí,
palabras que procuro imaginar.

Cuando vuelvo de clase
y te veo encerrada entre los libros
pienso que estás perdiendo la sonrisa
con la luz condensada de tu flexo.
No te he visto jugar con las repipis
que saltan en el parque y juegan a la goma
entre zapatos sucios y canciones;
siempre en casa escondida
desgastando tus mundos inventados
e impresos en papel.

No son libros de clase,
veo tu biblioteca desde aquí
—confieso que me ayudan los gemelos—
y hay cosas que envidiar para tu edad:
El Árbol de la Ciencia, Baudelaire,
Valle-Inclán, Luis Cernuda, Garcilaso
y más que no distingo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos tapa tu casete.

Lo que puedo decirte es verdad sólo en parte:
no merecen los libros ser pagados tan caros,
pero que opine otro menos pobre.

 

 

 

 

REPETICIÓN DE UN TEMA

No recoge la cena
y cambia con el mando la película
sin mirar lo que hay puesto.

Está bastante gordo,
extiende su periódico en las iernas
ignorando a los niños.

Ella, por otro lado,
intranquila los manda hacia la cama
frotándose la frente.

Los niños hacen caso
y se quedan los dos en el salón
como al principio, solos.

 

 

 

 

PRIMER VIAJE

Leve como un murmullo de autopista
si ves amanecer
partiendo a una ciudad que no conoces.

No sé si imaginabas la existencia
de un vacío de calles, de tiendas, de colegios.
Tan sólo el horizonte enrojecido
de un sol siempre lejano.

Con la mirada fija en el cristal
trasero, con tus padres charlando de sus cosas,
te dejo que prosigas. No sé por qué te envidio.

 

 

 

 

27

El autobús desierto por el sol
insufrible del verano
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxa esas horas
propicias al café. Te sentaste muy cerca.

Yo miraba tus pechos
bajo la camiseta de tirantes
sin que tú lo supieses.

 

 

 

 

SI HAGO ESTA REFLEXIÓN ME DECEPCIONO

Ya pasan tres minutos con la pluma
—hoy escribo con pluma en vez de boli—
buscando alguna idea. Ninguna me convence
y sé que siento algo
y que lo más seguro
es que sea preciso que lo escriba.

¿Para qué ser sincero
si me van a leer cuatro amiguetes
que poco les importa
y puede resultar más divertido
escribir un poema insustancial?

No veo otra salida
si cada reflexión que me conmueve
ya está escrita en Tratado de Urbanismo.

 

 

 

Pardo, Carlos. El invernadero. Madrid; Ed. Hiperión, 1995.

 

POEMAS DE LA LOCURA

 

xxxxx19

EL PASEO

Hermosos bosques que cubren la ladera,
En la verde pendiente dibujados,
Por cuyas sendas me guío,
Calmado en mi corazón
Dulcemente cada espina
Cuando más oscuro es el sentido
Del dolor del pensamiento y del Arte
Que desde tan antiguo en mí pesan.
Deliciosas imágenes del valle,
Jardines, árboles,
Estrecho puentecillo,
Arroyo que apenas puedo ver,
Qué hermoso en la despejada lejanía
Brilla el soberbio cuadro
De este paisaje que amorosamente
Visito, cuando el tiempo es benigno.
Dulcemente la divinidad nos lleva
Hacia el azul primero,
Luego con nubes dispone
La enorme y cenicienta bóveda,
Y abrasadores rayos y estruendo
De relámpagos, con embeleso de los campos,
Con belleza unida
A la fuente de la primitiva imagen.

 

 

 

 

xxxxx27

LAS DELICIAS DE ESTE MUNDO…

Las delicias de este mundo ya he gozado,
Los días de mi juventud hace tanto, ¡tanto!, que se desvanecieron,
Abril y Mayo y Julio están lejanos,
¡Ya nada soy, ya nada me complace!

 

 

 

 

xxxxx30

A LA MUERTE DE UN NIÑO

Pertenece a los niños la belleza,
Como un retrato de Dios tal vez,
—La paz y el silencio son su naturaleza,
Entregada a la alabanza de los ángeles.

 

 

 

 

xxxxx34

EL VERANO

Fluye el riachuelo por el valle, entre altas montañas
Que hasta muy lejos verdean en la inmensidad de la planicie,
Y extendidos están los árboles con sus hojas,
Tantas que casi ocultan el curso del arroyo.

Alto brilla el magnífico sol del Verano,
Como si apresurase el placer del claro día,
Llegando el anochecer con una fresca brisa,
Que a los hombres invita a consumar el día.

24 de mayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhumildemente
xxxxx1758.xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

xxxxx35

EL VERANO

Pasan los días con susurros de apacibles vientos,
Mas cuando sus nubes arrebatan el esplendor de los campos,
El confín de los valles se une al crepúsculo de las montañas,
Allí, donde las olas de la corriente caen confundiéndose.

Alrededor se muestran las sombras de los bosques,
Por ellas se desliza lejano un arroyo,
Y la lejanía ofrécese como un cuadro en las horas,
En las que el hombre a sí mismo se encuentra.

24 de MayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli
xxx1758.

 

 

 

 

xxxxx46

EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
Y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más alto avanzan.
Así como el cambio existe, así
En el paso de los años se alcanza la permanencia;
La perfección se logra en esta vida
Acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHumildemente
24 de Mayo de 1748xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

xxxxx47

AMISTAD

Cuando conócense los hombres por su valor interno
Pueden con alegría llamarse amigos,
Pues la vida es algo ya tan sabido para ellos
Que sólo en el Espíritu más alta encontrarla pueden.

El Espíritu noble no es a la amistad ajeno,
Los hombres gustan de las armonías
Y a la confianza se sienten inclinados, viviendo para conocer.
También a la Humanidad esto le fue otorgado.

20 de MayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHumildemente
xxx1758.xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

Hölderlin, Friedrich. Poemas de la locura (Trad. Txaro Santoro y José María Álvarez). Madrid; Ed. Hiperión, 1982.

 

‘LA CAMARERA DEL CINE DORÉ Y OTROS POEMAS’, DE CARLOS MARTÍNEZ AGUIRRE

 

EL AMOR ES UN GÉNERO LITERARIO

He pensado escribirte como si no existiera
aún el feminismo. Como si nuestro tiempo
no fuera el fin de siglo, ni nadie conociese
la igualdad de los sexos, ni causara extrañeza
oír que te dijera que el amor que yo siento
por ti jamás podrías sentirlo tú por nadie.
Tal vez el amor sea sólo literatura
que cambia con el tiempo. Supongo que nosotros
no amamos como Shakespeare, ni Shakespeare como Dante,
ni Dante como Safo, ni Safo como nadie.

 

 

 

 

EL FANTASMA DE UN ÁTOMO DE URANIO
XXEVOCA SU RUPTURA SENTIMENTAL

Tú te alejaste de mí…
y yo arrasé Nagasaky.

 

 

 

 

REFLEXIONES (O CASI) DE UN SKIN-HEAD

Cuando escucho la palabra cultura
la mano se me va hacia la pistola.
En general ante cualquier palabra
la mano se me va hacia la pistola.
Aunque la mayoría de las veces
no tengo que esperar a las palabras.

 

 

 

 

Martínez Aguirre, Carlos. La camarera del cine Doré y otros poemas. Madrid; Ed. Hiperión, 1997.

 

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

Como no iba diciendo

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más