Archivo

Posts Tagged ‘editorial hiperión’

‘LA CAMARERA DEL CINE DORÉ Y OTROS POEMAS’, DE CARLOS MARTÍNEZ AGUIRRE

 

EL AMOR ES UN GÉNERO LITERARIO

He pensado escribirte como si no existiera
aún el feminismo. Como si nuestro tiempo
no fuera el fin de siglo, ni nadie conociese
la igualdad de los sexos, ni causara extrañeza
oír que te dijera que el amor que yo siento
por ti jamás podrías sentirlo tú por nadie.
Tal vez el amor sea sólo literatura
que cambia con el tiempo. Supongo que nosotros
no amamos como Shakespeare, ni Shakespeare como Dante,
ni Dante como Safo, ni Safo como nadie.

 

 

 

 

EL FANTASMA DE UN ÁTOMO DE URANIO
XXEVOCA SU RUPTURA SENTIMENTAL

Tú te alejaste de mí…
y yo arrasé Nagasaky.

 

 

 

 

REFLEXIONES (O CASI) DE UN SKIN-HEAD

Cuando escucho la palabra cultura
la mano se me va hacia la pistola.
En general ante cualquier palabra
la mano se me va hacia la pistola.
Aunque la mayoría de las veces
no tengo que esperar a las palabras.

 

 

 

 

Martínez Aguirre, Carlos. La camarera del cine Doré y otros poemas. Madrid; Ed. Hiperión, 1997.

 

KEMI

 

KEMI

xxxxxI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGolfo de Botnia

El agua congelada.
El cielo blanco.
Sé que enfrente está Suecia,
pero no la distingo;
hay mucha niebla.
Me encuentro dentro de una enorme caja.
Ninguna coordenada
fija mi posición.
Tanta blancura ciega.
Me ensordece el silencio.
Hablo y mi voz se adentra
en el inmenso espacio de la nada.
Soy el único objeto.
Mi ropa y piel limitan
con lo desconocido.

 

 

xxxxxII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHotel Palomestari

Bajé a la calle para dirigirme al coche.
Lo tenía aparcado detrás del hotel,
sobre un montón de nieve.
El frío era intenso.
Leves copos bailaban una coreografía de silencio
hasta posarse en mi cazadora térmica.
La ciudad estaba vacía.
Junto a las farolas, en medio de la acera,
montañas de nieve despejaban el camino a los transeúntes
que por el día andaban,
amaban y llevaban sus vidas a cuestas.
Caminaba despacio por un suelo helado, resbaladizo.
Apenas veía.
Los escaparates estaban apagados.
Los letreros de neón parecían payasos inertes,
sin gracia, provistos de trajes negros.
De pronto escuché una música en medio de la nada.
Me paré.
Las notas, leves, procedían de una tienda de zapatos.
Y allí estaba yo,
en la frontera entre Finlandia y Suecia,
escuchando country bajo la nevada.
La extrañeza me apretó el corazón.
¿Qué hacía yo tan lejos?
¿Qué razón justificaba mi presencia a ese lado del mundo?
Si desaparecía, nadie se daría cuenta,
no habría testigos.
La música seguiría sonando,
tan inútil, como entonces.
Llegué al vehículo.
Despejé a patadas la nieve que lo estaba sepultando.
Retiré con los guantes el enchufe
que lo mantenía unido a la corriente
para evitar que el motor se congelara.
Cuando emprendí el regreso me paré en la esquina de la calle.
Sabía por qué me encontraba allí.
La música dejó de constituir un peligro,
una banda sonora que anunciase mi ausencia.
Tú me estabas esperando,
con el cabello húmedo,
en la sauna templada de nuestra habitación.

 

 

 

G. García, Ariadna. La Guerra de Invierno. Madrid; Ed. Hiperión, 2013.

 

LA GUERRA DE INVIERNO

 

LA GUERRA DE INVIERNO

xxxxxx(1939-1940)

xxxxxI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFrente de Kollaa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIstmo de Karelia

Simo Häyha no es un francotirador corriente. Los rusos lo
apodan “La muerte blanca”. Su nombre está en la lista de
soldados a los que buscar para su ejecución. Su certeza en el
tiro merma al Ejército Rojo. Elimina a los hombres y des-
uella la moral de la tropa. Ha sobrevivido a varios intentos
de asesinato, a la caza salvaje de otros depredadores. Pero
aún no existe la bala que se cobre su pieza. Ahora está tum-
bado sobre la nieve. Su mano derecha acaricia el gatillo de
un fusil H-28, el arma con que cada verano salía al monte
con su padre, antes de que Stalin invadiese su mundo. Tam-
bién pescaban en los lagos de Karelia. Y a la noche, encen-
dían un fuego que convocaba a su alrededor a toda la familia,
e incluso a los amigos. Allí cenaban, al calor de las llamas y
de la compañía, como si nadie en la Tierra estuviera de paso.
Donde había canciones, hoy ruge el tableteo constante de las
ametralladoras. Por eso “La muerte blanca” clava la vista en
el lago congelado, por donde espera que aparezcan las orugas
soviéticas que huyen de las carreteras llenas de minas. No
trata de defender una frontera, sino su propia infancia.

 

 

xxxxxIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFrente del lago Ladoga.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIstmo de Karelia

El palacio de hielo es un clamor cuando se anuncia mi nom-
bre por la megafonía: Birger Wasenius. Yo no miro a las gra-
das, xdonde xxque xmis xcompatriotas xagitan xbanderas,
recuerdan mis medallas en los Juegos Olímpicos de Invierno
del año 36 (en Alemania), y sienten un vínculo especial con-
migo, con mis gestos y músculos, con cada una de las letras
que contienen mi nombre; un afecto que ignoro si sabré co-
rresponder. Yo ime icentro ien ila ipista. iMe iaíslo. No existe
nada fuera de mi cabeza. Ni siquiera mis rivales: el resto de
patinadores. Cierro los ojos. Veo mi carrera. Los abro. Me
mido con el hielo. Lo Desafío. El hielo y yo. El frío contra
mi potencia. Un disparo. Explotan las voces de la gente, y el
cuerpo sale en busca del destino. Por delante, 1500 metros,
un futuro de gloria hacia el que avanzo. Las aspas de mis
brazos me propulsan a gran velocidad. Tomo distancia. Soy
un poderoso molino de tendones y sangre. Me persiguen.
Escucho los jadeos a mi espalda, la cuchilladas que los pa-
tines infligen al suelo, las órdenes en ruso, los ladridos. Pero
no me detengo. El sol arde en mis piernas. Me deslizo más
rápido. Una vuelta. Faltan 500 metros. Dejo atrás una granja
de renos, un río helado y una pieza de artillería; rota e inútil
como un cadáver. Otro tiro. Sobre la superficie, el reflejo de
mi figura. Dos patinadores. La misma fuerza. También el
mismo miedo. Ya no escucho las voces de las gradas. Sólo el
sonido de mi respiración. Todavía me buscan. No distingo
la meta en este bosque. Un árbol sigue a otro. Me he perdido.
Con los disparos se desprende la nieve de los árboles. Gano
segundos que no sé de qué me servirán en esta huida. Co-
rrespondí al afecto de mis compatriotas. Seguro que se sien-
ten orgullosos de mí, que sueñan con mi vida, con este
cuerpo ágil y veloz que está siendo abatido en este instante.

 

 

xxxxxV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMar Báltico

Varios minadores finlandeses salen del archipiélago de
Turku. Se dirigen a mar abierto, donde se libran dos com-
bates. Hay dos guerras en una. En el nivel superior: destruc-
tores, icargueros iy icorbetas iemulan ial isol ia icañonazos,
incendian el aire, toda forma de vida humana o animal. Bajo
la superficie líquida: la guerra es silenciosa, parece que trans-
curre como a cámara lenta, en un mundo dotado de otras
leyes marciales. Cientos de submarinos se evitan en el agua.
Su misión no consiste en lanzar torpedos. El juego es más
sutil debajo de las olas, más elegante, incluso: consiste en
poner trampas. A la suciedad, el ruido, el olor nauseabundo
de la pólvora mezclada con la sangre y el fuel, en el piso de
arriba, se contrapone abajo la limpieza de las operaciones, el
mutismo de los tubos lanzamisiles, acallado en ocasiones por
los coros solemnes de las tripulaciones de ambas flotas. Un
par de sumergibles avanzan en dirección opuesta. Son cetá-
ceos de acero. Uno pertenece a la Flota Roja del Báltico. Un
S-2 comandado por Gavriil Nikolajeritj. El otro es un im-
ponente minador finlandés de la clase Vatahinen. Ochenta
soldados hunden sus vidas bajo toneladas de agua. La oscu-
ridad y el frío los envuelven. A varias millas de Tallín, Esto-
nia, icomienzan ia iascender, icomo imedusas, ilas iboyas
explosivas finlandesas. El hielo las detiene. Allí se quedarán,
pequeños globos, hasta que un leve peso las detone. En el
mar de Aland, el submarino ruso realiza tareas de reconoci-
miento. Busca bases secretas frente a la costa sueca. Su mi-
sión es sencilla. A bordo de la nave, varios jóvenes aprenden
el oficio de la guerra, el manejo de la maquinaria y de sus
emociones. Controlan la presión del casco con la misma efi-
cacia que dominan sus nervios. Por eso, cuando la hélice roce
la mina que parta el sumergible en dos, no maldecirán ni llo-
rarán su suerte. Pensarán, con orgullo patrio, que se les ha
otorgado un gran honor: el descanso perpetuo en una tumba
helada.

 

 

xxxxxVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFrente de Tolvajärvi.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIstmo de Karelia.

El deshielo del lago, en primavera, humillará a las aguas, que,
con pudicia, como si traicionasen el secreto de un niño o la
confesión de un sicario, desvelarán los horrores de la guerra.
Esto que flota inerte entre cascotes de hielo es un cadáver.
Cantarán de plano al mundo. Y estos bultos de aquí, que la
corriente mece bajo la niebla helada, son los restos de miles
de ilusiones que duermen boca abajo.

 

 

 

G. García, Ariadna. La Guerra de Invierno. Madrid; Ed. Hiperión, 2013.

 

VENDRÁN MESES CON ERRE

ivan-tubau-vendran-meses-con-erre

 

CINCO, SIETE, CINCO: HAIKU

2

Como una mano,
la blusa de algodón
roza el pezón.

 

3

En tu piel clara,
las dos manchas oscuras
de tus pezones.

 

5

Piel de gallina:
pasan tus tetas tiernas
sobre mi espalda.

 

 

 

 

RUBAIYYAT DE CAMBRIDGE

1

El cielo eres tú ahora,
tus labios y mis labios
que se buscan, se encuentran,
se mojan y se muerden.
No hay ningún otro cielo
fuera de este lugar,
y es bueno que al morir
lo hayamos visitado.

 

3

Muérdeme, lame, liba
y dame queso tierno
y cobijo y perfume
debajo de tu axila.
Si los dioses nos llaman,
diles: vuelvan mañana;
todavía nos quedan
ostras y vino blanco.

 

4

La hora que ha de venir
está lejos aún,
pero en este minuto
ya pensamos en ella.
De la vida sabemos
que terminará un día
y a cada dentellada
nos queda un trozo menos

 

12

Detectad si queréis
un tufo metafísico
en mi terco deseo
de gozar de la vida:
sé que cada placer
que me doy o me dais
será el último acaso.
Otro vaso de vino.

 

 

 

 

SEXO DE ÁNGELES

2

En tu boca recuerdo
el olor del tabaco
y tu aliento me trae
los aromas del vino
y el sabor marinero
de la ostra y su perla
si lentamente lamo
tu oscura flor mojada.

 

 

 

 

LA PIEL

2

Sabe la piel que es piel
cuando toca otra piel.

 

4

Hoy estreno mi piel
sólo para tu mano.

 

6

Cuán terrible la vida
de un hombre cuya piel
nadie toca jamás.

 

 

 

 

LA HUELLA DE TU CUERPO EN MI MEMORIA

2

La memoria de todo tu cuerpo
horada el mío de tarde en tarde
como cuando de pronto en invierno
el recuerdo preciso de un instante de estío
tare la bocanada cálida que ya anuncia
la primavera.

 

 

 

 

MAITHUNA EN EL VALLE DE ULZAMA

1

Antes de que dijeras
una palabra
toda tu piel lo había
dicho ya todo.

 

 

 

 

OCCIDENTALIA

LA CASADA INFIEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Rita

Era noche de San Juan
y casi por compromiso
te dije que no tenía
prisa y tú me contestaste
que no me tenías miedo.

 

HIDROGRAFÍA

Me agrada ver có-
mo te gusta que
resbale el agua por
todo tu cuerpo cuan-
do sales de la du-
cha.

 

 

 

Tubau, Iván. Vendrán meses con erre. Madrid; Ed. Hiperión, 1991.

 

JOSÉ ANTONIO GABRIEL Y GALÁN

Puede leerse en el prólogo de ‘Un país como éste no es el mío’, prologo escrito por Fernando Savater:

“Es sin duda muy difícil ser cuando lo que uno es ‒mejor, ese proyecto por el que uno quiere llegar a ser lo que es‒ no tiene existencia paladinamente reconocida en el registro oficial de lo posible; es difícil ser cuando ni la soledad nos devuelve certificación de nuestros propios rasgos ni cabe esperar compañía alguna que suscriba suficientemente el debido reconocimiento.
(…) Lo que más nos dificultaba el ser eran las definiciones incesantes que caían a todas horas sobre nosotros, los sellos súbitos que estampillaban nuestro deambular de espectros, lo muy completo de las descripciones administrativas con cuyo acoso era prudente en cada caso contar. Ciertamente se nos dificultaba el ser, pero se nos obligaba a estar  y a estar ante todo conscientes del cómo y dónde estábamos.
xxEn lo único que llegamos a ser maestros fue en los malos usos de la paciencia. (…) Fue la nuestra la paciencia devastada de quien ya no tiene ante los días más exigencia que la de que pasen sin dejar rastro, la paciencia mendaz y traidora de quien todo lo remite a un futuro cuyo solo espejismo en el horizonte vacía el presente hasta la médula. Fue la paciencia del sobrino endeudado que acecha la interminable agonía de su avaro tío en espera de una herencia que los ratones ya han roído hace tiempo: ¡y ni siquiera tiene la audacia asesina de enenenarle de una vez el caldo cotidiano! Hicimos de la paciencia un uso tal que nos desautoriza para participar sinceramente en cualquier fiesta durante los próximos mil años…
xxEl poeta recogió las palabras usadas y zurció con impetuoso desánimo el mosaico del miedo. Ha estado atento, asustado como todos, paciente hasta el asco, ni mejor ni peor que los otros, pero infinitamente atento. Desde el corazón de su tierra natal nos grita sin sarcasmo, quizá sin remordimiento, que este país no es ciertamente el suyo. Estaba aquí, como nosotros: pero al enseñarnos el rostro de la supuesta patria como una tierra de nadie, nos desarma de amarras y lastres, nos empuja hacia ese desierto que también puede ser vivido como hogar.”

 

josé antonio gabriel y galán

 

 

I

Fortuita la luz y apareció
el depredador sin más signos que sus parcas palabras.
Algo hubo en sus gestos que cerró las bahías.
Hacia el anochecer se colmaba de citas
xxxxxxxxxxx(y el reparto
xxxxxxxxxxxde armas).
Mejor le comprendimos los más jóvenes
con su extremado código de peligros anuales.

Las provincias cedieron a su amenaza de extinción.

 

 

Recorrió los confines, quijadas de caballo
entre la arena o mitades de obuses,
conectó con los muertos,
como viejos amigos.
Su calma impenetrable sembró la alarma al fin en las ciudades
donde nuestras hermanas vivían displicentes.
Desenterró sombríos memoriales y despojos,
todos cerramos filas detrás de aquel enigma
que anunciaba costumbres más prudentes.

Jamás se detenía el depredador.

 

 

Los rostros desvaídos de las ventanas desconfiaban.
Nos enseñó una nueva forma de marchar,
las manos enguantadas
y la inmensa tormenta de los ojos
comenzó a retumbar en nuestro ánimo.
Mostró el depredador sus lejanías,
nunca se vio su risa,
sediento y contenido,
pocos pudieron aproximarle.

Él saludaba en nombre del año de la victoria.

 

 

 

 

VII

(II)

Y si alguien se atreve en estos tiempos
a exhibir su alegría
que lo tumben de un tiro entre los ojos
públicamente.

 

 

 

 

XI

(III)

Mirando atentamente, ¿qué garantías hay
de volver algún día?

 

 

 

 

XII

(I)

Ha pasado tanto tiempo
y sólo ahora caemos en la cuenta.

 

 

 

 

XV

(II)

Hubo de establecerse el toque de incomunicación.
Les hemos ordenado
un sistema prudente y vertical,
oleaginoso y místico,
en el sentido en que la vida calla,
la vida,
esa zahína indiferencia.

Y las conversaciones acaban convirtiéndose en harapos.

 

 

(IV)

El pueblo catatónico:
“No moverse es la fuerza.”

Las antesalas de los despachos abarrotadas,
las antesalas innombrables.
El olvido
juega en la muerte
el papel de rufián.

 

 

 

 

XVI

(I)

Cogimos a trescientos cincuenta y nos dijeron:
“Ejecutemos a trescientos
y el resto
una vez libre
dará fe.”
Cuantos aquella noche
gozaron de una carne de hembra a bajo precio
susurraban raras casualidades,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrevelando
una cierta impotencia frente al pánico.

 

 

Los relojes daban muestras de incertidumbre
ni una luz se movía en los vagones,
así es que resistamos
este futuro impávido,
jamás penséis pedir ayuda
o aventuraros en la noche,
pues sólo los vencidos con su presencia,
etcétera.

 

 

Pero él, inminente, aún aprovecha
las luces amarillas
para obtener los últimos informes,
él piensa por nosotros con años de adelanto,
y sabe, en su pirámide,
en su ciego sarcófago,
que nadie debe escapar.

 

 

 

 

XV

(III)

Os negamos toda esperanza,
podemos controlar la sangre y el antojo,
plantaros soledad de cipreses y alerces,
desecar vuestros pueblos súbitamente,
nuestro representante en cada aldea o barrio
es un resucitado de la guerra.

 

 

 

 

XIV

Vuestros gestos caducos,
ásperos eslabones de la esterilidad y el desencanto,
nuestra historia es muy simple,
la que es, la que viene,
perded toda esperanza de retorno,
jamás olvidaréis esta ciudadanía,
los pueblos que se pudren poco a poco
necesitan espejos y promesas,
no empleéis la avidez del enemigo,
la lucha de clases ha acabado,
hay quienes ya nacieron con la guerra perdida.

 

 

Así en la anochecida
nos veréis descender hacia vuestros elogios,
perfumados, ahistóricos,
juntos recorreremos la elevación que fluye
lejos del desacato,
aquella arquitectura irreparable,

porque nuestro poder será la paz,
el poder que se exilia cada tarde,
y hay que estar preparados
allí donde los niños persiguen venturosos sus crímenes futuros.

 

 

 

 

XIII

¿Qué puedo decir yo?
La paz que os pertenece siempre nos fue
provisional.
Imágenes
que cualquiera puede apropiarse con el paso del tiempo,
son antiguos colores los que expresan
ya un cierto ahogo.

 

 

Delegaciones
tal vez un poco escépticas
recorren las provincias repitiendo
no sin cierta ternura ante la ausencia:
“Soportad la unidad, ahora
solamente exigida, un día
apreciaréis la justificación.”

¿Qué mensajeros se han enviado a veces,
qué cruce de correos adversarios?

 

 

La indecisión malvive
horadada por una tristeza inexplicable,
un consorcio de inválidos que logra
sostener la producción,
los rebaños cuando bajan ardiendo,
los signos de una espera cuya finalidad resulta imaginaria,
polvo de los sombreros como escamas de búfalo,
el ritmo de erección de monolitos ha descendido
sin órdenes expresas.

 

 

Esa paz y estas llaves gratuitas
desmontan la paciencia de los que antaño fueron
la más feroz vanguardia,
impune víctor.
Los años ensordecen, las bodegas
cuentan en sus catálogos con cosechas excelsas,
las viñas andan algo descuidadas.

 

 

La costumbre hizo bajar la voz.
¿Aceptarán los pueblos
este nuestro descenso a la nostalgia añeja?

 

 

Nuestra unión es si acaso
punto de referencia para provocaciones
cada vez más lacónicas:
¡oigan los evadidos,
los sin rostro,
estilitas,
ciegos de Bakunin,
nobles proscritos,
rojos tricéfalos!
Como si muchas eras
hubiesen sido derrotadas epidérmicamente
ya nadie se refiere a momentos históricos,
fracciones de comida,
lenguas secas.

 

 

Quizá nos olvidamos de las grandes ciudades,
pero allí, si se quiere,
las leyes pesan más que el horizonte.
¡Reformemos las leyes,
aún es tiempo!
No hay azar en los juicios,
los intestinos suben hasta los hospitales,
largos como infelices solos de trompeta.

 

 

Aun con nuestros errores,
¿aceptaréis que amamos esta tierra
como la más sublime y lucrativa?

 

 

 

 

XII

(II)

No acabábamos nunca
de rematar las cosas,
todo seguía su curso,
siempre y por siempre,
así.

Los muertos ya dejaron
de ser nuestros,
de nadie.
Si alguna vez
alguien sucumbe en algún descampado
o al salir de una fábrica o un pozo
no podréis achacarlo a nuestras armas,
sino a la paz.

 

 

 

 

XI

(III)

Primero la arbitrariedad,
luego las leyes,
un enjambre de leyes, remolinos
engullendo sospechas,
impuestos y tributos.

 

 

 

 

VII

(¿Quién habla
con quién
sobre qué?)

Un gran principio de violencia
ha dominado nuestras costumbres,
ciertamente.

 

 

 

Gabriel y Galán, José Antonio. Un país como éste no es el mío. Madrid; Ed. Hiperión, 1978.

 

DESPUÉS DEL RECITAL DE POESÍA PALESTINA EN ITACA

septiembre 9, 2015 Deja un comentario

Lo de ayer fue de esas cosas que ponen los pelos de punta.

 

José Daniel Espejo

La apertura teórica de José Daniel Espejo fue sencillamente maravillosa. La disección del problema palestino y de cómo se refleja éste en la poesía (no sólo en la palestina) fue apabullante.

 

Manu Pineda

La experiencia vital de Manu Pineda hizo que la mitad del auditorio saliera con la piel de gallina.

 

Héctor Castilla

Y yo sólo estuve allí para leer. Así que aquí tienen la selección de poemas que hice.

 

 

IBRAHIM TUQAN (Poeta palestino nacido en 1905)

¡VOSOTROS…!

Vosotros, los devotos patriotas.
Vosotros, los que cargáis con “la cuestión”.
Vosotros, los que obráis sin hablar…
¡bendiga Dios vuestros potentes brazos!
¡Cuántas “declaraciones” vuestras valen por un ejército
potente, con sus pertrechos bélicos a rastras!
¡Cuántos “congresos” vuestros nos devuelven
un glorioso pasado de conquistas omeyas!
Con las floridas fiestas  que se vienen,
el final del país está a la puerta.
Reconocemos ‒sí‒ vuestros “favores”,
pero un deseo en el alma aún nos late:
¡Ya que nos queda un trozo de país,
sentaos, no sea que vuele, como el resto!

 

 

 

ABU – SALMA (Poeta plenamente palestino, aunque nacido en Damasco en 1907)

TE AMÉ MÁS

Cada vez que luché por ti, te amé más.
¿Qué otro suelo hay, de almizcle y ámbar?
¿Y qué otro horizonte, perfumado?
Cada vez que tu tierra defendí,
la rama de la existencia reverdecía,
y por encima de las cumbres, Palestina,
mis alas se extendían.

xxxxx* * *

¡Palestina de nombre, inspirador y mágico!
La morenez se muestra en tus mejillas:
la belleza es morena.
Y leo aún en tus ojos el poema de Abqar,
mientras las olas de Acre rompen en sus orillas.

xxxxx* * *

¿Acaso el limonero floreció del llanto que nos queda?
Los pájaros del pino no abrazan ya a la aurora
ni nocturnas estrellas velan sobre el Carmelo.
Los huertos, sin nosotros, se echaron a llorar
y empobrecieron los jardines.
Y las cepas rojizas se han partido en mil velos.

xxxxx* * *

¡Ah, mira, Palestina, la imagen admirable de tu cuerpo
vengándose, en el fuego de la revolución y el éxodo!
Solamente una patria es liberada, si el pueblo se libera.

xxxxx* * *

Todos los hombres tienen una casa,
un laúd y unos sueños.
Pero yo, con la historia de mi país a cuestas,
tropiezo. Sigo lleno de polvo, desgreñado,
por todos los caminos.

xxxxx* * *

Cada vez que tu nombre aleteó sobre mí,
fue el poema más poema.
Mis palabras siembran de anhelos todos los campamentos,
son antorchas por todos los exilios y desiertos.

xxxxx* * *

¡Palestina!
¡No hay nada más querido, más dulce ni más puro!
¡Cada vez que por ti luché, te amé más!

 

 

 

FADWA TUQAN (Poeta palestina nacida en 1914)

CANCIONCILLAS PARA LOS COMANDOS

xxx1
PARTO

El viento arrastra el polen,
y nuestra tierra se sacude de noche en los temblores del parto.
Y el verdugo se engaña a sí mismo,
contándose la historia de la incapacidad,
la historia de la ruina y los escombros.

¡Joven mañana nuestra!… Cuéntale tú al verdugo
cómo son los temblores del parto;
cuéntale cómo nacen las margaritas
del dolor de la tierra,
y cómo se levanta la mañana
del clavel de la sangre en las heridas.

 

xxx2
CUANDO LLUEVEN LAS MALAS NOTICIAS

El viento en las montañas trenza el humo,
y por sendas de noche y de tormenta
llueven rocas y piedras:
en la ceniza, negras;
en la humareda, negras.
¡Que lluevan como quieran esas rocas!
¡Que lluevan como quieran esas piedras!
El río sigue corriendo hacia su desembocadura,
y pasado el recodo de las sendas, en la amplia distancia,
espera la mañana.
Espera la mañana por nosotros.

 

xxx3
COMO NACE LA CANCION

Cogemos las canciones
de tu cansado y derretido corazón,
y bajo el denso mar de la tinieblas,
con amorosa luz,
holocaustos e inciensos, las amasamos.
Insuflamos en ellas la fuerza del pedernal y de la roca,
y luego las tornamos a tu límpido y puro corazón,
¡oh, pueblo combatiente y pacientero!

 

xxx4
ME BASTA CON SEGUIR EN TU REGAZO

Me basta con morir encima de ella,
con enterrarme en ella;
bajo su tierra fértil disolverme, acabar,
y brotar hecha yerba de su suelo;
hecha flor, con la que juegue
la mano de algún niño crecido en mi país.
Me basta con seguir en el regazo de mi tierra:
polvo, azahar y yerba.

 

xxx5
ENAMORADO DE SU MUERTE

Se me llevan los sueños al sonreír la aurora.
Veo volar a mi pájaro,
dejarme antes de tiempo;
írseme de la mano en el remolino de los vientos,
empujarlos, para luego caer
desde las auroras de la lucha.

……………………………………………………………………..

Y las rocas, abriéndole sus brazos como arroyos de seda,
recogen a mi pájaro
que abandonóme antes de tiempo,
y las patrias recobran a su hijo.
Para su viejo corazón, aún vivo,
lo recobran.

xxxxx* * *

¡Oh, coral con las ramas extendidas
a ambos lados del camino!
Estoy enamorado de mi muerte
al tiempo de mi entrega redentora.
Estoy enamorado de mi muerte
bajo tu roja sombra sumergida.

 

 

 

ABDEL‒WAHHAB AL‒BAYATI (Poeta iraquí nacido en 1926)

LA GLORIA PARA LOS NIÑOS Y LOS OLIVOS

La gloria para los mártires, de mi pueblo, y los vivos,
para los desgarrados contumaces.
La gloria para los niños en la noche sufriente,
y en las tiendas.
La gloria para los olivos en la tierra de la paz,
para los pájaros pequeños, que buscan en el polvo
de mi campo, para la tropa atada a las fronteras
de mi grande país
‒tropa del Arabismo, salvadora‒.
La gloria para los poetas y escritores, amados de la Vida,
sumergidos ahora en la lucha final,
golpeadores del brazo de los tiranos.
La gloria para los que yacen en los lechos del llanto.
Y para las mujeres, las proletarias,
y las madres.

 

 

 

BLAND AL‒HAYDARI (Poeta iraquí nacido en 1926)

PASTILLAS PARA DORMIR

Párate y lee
No pases
Párate… ¡Cuidado!

…………..

¿Qué hay en los periódicos de hoy?
Un anuncio en color rojo
¡Coge una pastilla para dormir
coge una pastilla
una pastilla para dormir!
………….. No dormiré
………….. No tomaré precauciones
Dormiré sin necesidad de pastillas

xxxxx* * *

Irradia la luz roja
Un niño le… Dame una pastilla
Un hombre lee… Dame una pas…
Una niña lee… Una pastilla… una pastilla
Mi madre desearía leer
¡ay, madre mía!
No leeremos… No leeremos… No
Dormiremos sin necesidad de pastilla

xxxxx* * *

Párate
Párate…
¿Qué hay en los periódicos de hoy?
Nixon lanza un discurso en el Congreso
sobre el bien y la paz del mundo
¡Qué!…
Hay unas declaraciones del Papa Pablo
sobre el bien y la paz del mundo

……………

¡Dormid en paz,
tinieblas de Jerusalén!
Porque el mundo conversa sobre el bien y la paz,
con los cadáveres de los niños muertos en el Vietnam.
¡Dormid en paz!
Pues que la línea roja,
como el color rojo,
como la luz roja,
piden una pastilla para dormir.

Párate
Párate…
¿Qué hay en los periódicos de hoy?
Nixon lanza un discurso en el Congreso
Las declaraciones del Papa Pablo
Un banco que se arruina
Una danza en las plazas de ejecución.
Pero el mundo, en los periódicos de hoy,
habla de bien y paz,
de pastillas para dormir
para los muertos de Vietnam,
para los muertos de Jerusalén.
Un niño lee… Dame una pastilla
Un hombre lee.. Dame una pas…
Una niña lee… Una pastilla… una pastilla
Mi madre desearía…
¡Duerme en paz, madre mía!
El mundo sigue hablando
aún de bien y paz.

xxxxx* * *

‒Dame una pastilla para dormir
‒¡Toma una pastilla, hijo mío, para que duermas!

xxxxx* * *

Agoniza, rueda,
la voz del vendedor,
tiembla la calle.
Son algo formidable,
formidable,
las pastillas para dormir
¡Coge una pastilla para dormir!

……………

‒Dame una pastilla… Dormiré
Una pastilla para que duerma

……………

Y se duerme la calle.
Son algo formidable… formidable,
las pastillas para dormir.

 

 

 

HARUN HASHEM RASHID (Poeta palestino nacido en 1927)

LAS CAMPANAS
(Fragmento primero)

En este país de gentes omnipotentes,
no podemos,
no seguiremos,
ya, tranquilos:
Ni en Gaza
ni en Naplusa
ni en Yanín.

xxxxx* * *

Por Jafa
Por Hayfa
Por Ramla y por Lidda.
Por todos los caminos
de la tierra ocupada,
dicen a voz en grito:

No era un estado…
Este Israel,
no era un estado.

 

 

 

MUHAMMAD AL‒FAYTURI (Poeta sudanés nacido en 1930)

FRAGMENTOS PALESTINOS

¡Que siga cada héroe en su sitio!
¡Que caiga fulminada la traición!
¡Que enmudezca el cobarde reaccionarismo!
Pues el pueblo la afrenta lavará.

xxxxx* * *

Resonó el añafil de la venganza.
¡Raja de veinte años!
La estrella de Israel domina el alminar.
¿Quién, así, patria mía,
se alzará para orar?
Si pezuñas judías pisan el techo
de la mezquita del Aqsa.
Si cascos de soldados hacen sombra
al obispo, al devoto y al diácono.
Encarcelan el nombre de Dios
y cocean la misa.
¿Quién, así, patria mía,
puede cerrar los ojos al desbordarse de las campanas?

xxxxx* * *

¿Quién es ese apretado contra el muro
como un castillo armado?
Sus ojos son dos rocas en tu ribera enorme
que luchan desde antiguo contra olas y vientos.
Sus dos manos vigilan una y otra colina.
Ruidosa risotada es su mirada
en lo alto de las cabezas de sus asesinos.
Altivo es como ejército de copiosas banderas.
¿Quién es ese apretado contra el muro
como castillo armado
que resiste a los invasores, obstinado?
¿Que si estrecha el cerco
y el humo de la matanza ensangrienta el horizonte
lucha de casa en casa?
Por las divinas calles de Jerusalén
amarillea el viento ceniciento
y el perfume de Raquel la judía.
Por donde caminaron los profetas,
la tierra báñase de sangre.

 

 

 

SALEM YUBRAN (Poeta palestino nacido en 1938)

NO ES TIEMPO DE MADRIGALES

La carne de mi padre y de mi madre
se quema,
y la de mis hermanos.
¿Y me pides, no obstante,
que le dedique versos a tu belleza?

 

 

 

SAMIH AL‒QASEM (Poeta palestino nacido en 1939)

CARTA DESDE EL ZOCO DE LOS CESANTES

Tal vez pierda, como pretendes, mi sustento.
Tal vez haya de poner a la venta mis ropas y mis muebles.
Tal vez tenga que trabajar como cantero,
como mozo de cuerda
o barrendero.
Tal vez sirva en los vertederos de las fábricas.
Tal vez por los corrales busque granos.
Tal vez vaya apagándome, famélico y desnudo.
¡Enemigo del sol!
Mas no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.

Tal vez me puedas arrancar hasta el último palmo de mis tierras.
Tal vez mi mocedad alimente la cárcel.
Tal vez robes la herencia de mi abuelo:
los muebles,
las vajillas
y los cántaros.
Tal vez quemes mis versos y mis libros.
Tal vez mi carne arrojes a los perros.
Tal vez en nuestra aldea permanezcas
como una espantosa pesadilla.
¡Enemigo del sol!
Mas no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.

Tal vez apagues la antorcha de mi noche.
Tal vez me falte el beso de mi madre.
Tal vez insulte un niño, y una niña,
a mi pueblo y mi padre.
Tal vez mi historia la falsee un cobarde,
y transforme en arañas mis corderos.
Tal vez dejes privados a mis hijos de su traje de fiesta.
Tal vez a mis amigos les engañes con un rostro prestado.
Tal vez alces, rodeándome,
muros, muros y muros.
Y tal vez contra viles visiones crucifiques mis días.
¡Enemigo del sol!
Mas no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.
¡Enemigo del sol!
Los puertos se engalanan, y hay presagios de albricias,
albórbolas y fiestas,
clamores y bullicio,
heroicos himnos brillan en las gargantas.
Y allá, en el horizonte,
desafía una vela al viento y el oleaje,
atraviesa los riegos.
Es la vuelta de Ulises
desde el Mar Tenebroso.
Es la vuelta del sol, de mi hombre emigrado.
Y juro por los ojos de los dos
que no transigiré.
Que hasta el último pulso de mis venas,
resistiré.
¡Enemigo del sol!
¡Resistiré!

 

 

 

AMAL YARRAH (Poeta siria)

APUNTES DE LA GUERRA DE JUNIO

1
El estanque estaba lleno de patos.
El niño tiró una piedra, y el estanque se transformó en blancas alas.
Las ondas de la esperanza perdida se queman bajo el sauce.
El jardín está lleno de mujeres y niños,
pero los hombre no volvieron aún de la guerra.
2
Estoy desesperada.
Vivo en uno de los viejos barrios de la ciudad.
Las gentes de todas las casas forman una sola familia
que se prestan unos a otros el pan a la tarde
y se reúnen por la noche junto al que tiene televisión.
Y que todos los jueves
preparan una fiesta en la que bailan las niñas.
Empezó la guerra,
y hoy no ha venido aún el que quiere mi alma.
Empezó la guerra;
Ayer despedimos a un mozo del barrio,
y hoy no vino mi amado todavía.
Yo estoy desesperada:
Lloran todas las cosas.
El cielo arde. La tierra arde.
Y en los ojos de los niños anida un terror loco.
3
La guerra continúa todavía,
y tú sigues aún lejos de la familia blanca.
Mi melena siente nostalgia de tus dedos,
y mis cejas calientes,
de tus labios.
Me quedo mirando fija, temerosa, en un rincón del cuarto:
Yen mi oído resuenan solamente explosiones.
También yo estoy a punto de estallar
de lo que te deseo.
4
Lloraron las mujeres
en el barrio, los viejos y los niños.
Con las cabezas bajas, y una horrible vergüenza en los ojos,
retornaron los hombres, algunos.
Retornaron los hombres:
Con la escopeta a rastras,
las ropas desgarradas,
sin suelas los zapatos.
¡Y cuánto me alegré, cómo canté,
porque en la larga fila no volvía
mi amado,
para vivir por siempre aquella vil derrota!
5
Y todas las mañanas
visitaré tu tumba.
Te dejaré un clavel.
¡Te gustaban tantísimo, amor mío, los claveles!

 

 

 

MAHMUD DARWISH (Poeta palestino nacido en 1942)

CARNET DE IDENTIDAD

Escribe
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano.
¿Te enfadarás por ello?

xxxxx* * *

Escribe
que soy árabe,
y con misa camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

xxxxx* * *

Escribe
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espero, pacientero, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la yerba.
Mi padre…
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿te complace?…
Soy nombre sin apodo.

xxxxx* * *

Escribe
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en las calles.
Y cuyos hombres todos
están en la cantera o en el campo…
¿Te enfadarás por ello?

xxxxx* * *

Escribe
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Que sólo nos dejaste
estas rocas…
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice?…

Escribe, pues…
Escribe
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!…
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!

 

 

 

ONCE ASTROS

VI

La verdad tiene dos caras
y la nieve es negra
La verdad tiene dos caras y la nieve es negra sobre nuestra ciudad.
No podemos desesperarnos más de lo que lo hicimos,
y el final camina hacia las murallas, seguro de sus pasos
sobre estas baldosas mojadas de lágrimas, seguro de sus pasos.
¿Quién pondrá nuestras banderas a media asta, nosotros o ellos? ¿Y quién
nos leerá el pacto de  paz, oh rey de la agonía?
Todo está preparado para nosotros. ¿Quién despojará nuestros nombres
de nuestra identidad, tú o ellos? ¿Y quién sembrará en nosotros
el sermón del errante: “Hemos sido incapaces de romper el cerco.
Entreguemos las llaves de nuestro paraíso al emisario de la paz y estaremos a salvo…”
La verdad tiene dos caras. El emblema sagrado era una espada para nosotros
y contra nosotros. ¿Qué has hecho con nuestra fortaleza antes de este día?
Tú no has luchado porque temías el martirio, pero tu trono será tu ataúd.
Porta el ataúd para conservar el trono, oh rey de la espera.
Este viaje nos dejará cual puñado de polvo.
¿Quién enterrará nuestros días después de nosotros, tú o ellos? ¿Y quién
izará sus banderas sobre nuestras murallas, tú o
un jinete desesperado? ¿Quién colgará sus campanas sobre nuestro viaje,
tú o un pobre guardián? Todo está preparado para nosotros,
¿Por qué prolongar el fin, oh rey de la agonía?

 

 

 

NOS FALTA UN PRESENTE

Partamos tal como somos:
una dama libre
y su amigo fiel.
Partamos juntos en dos direcciones.
Partamos como somos, unidos
y separados.
Nada nos causa dolor,
ni el divorcio de las palomas ni el frío en las manos
ni el viento en torno a la iglesia.
Los almendros no han florecido del todo.
Sonríe para que sigan floreciendo
entre las mariposas de tus hoyuelos.

Dentro de poco tendremos otro presente.
Si te das la vuelta no verás
sino exilio detrás de ti:
tu dormitorio,
el sauce de la plaza,
el río, tras los edificios de cristal
y el café de nuestras citas… todo, todo
preparado para convertirse en exilio.
¡Seamos buenos!

Partamos tal como somos:
una mujer libre
y un amigo fiel a sus flautas.
No tenemos suficiente edad para envejecer juntos,
ir a paso lento al cine,
ver el epílogo de la guerra entre Atenas y sus vecinos
y asistir dentro de poco
a la ceremonia de paz entre Roma y Cartago.
Dentro de poco los pájaros emigrarán de un tiempo a otro.
¿Este camino no es más que polvo
en forma de sentido? ¿Nos ha conducido
a un viaje efímero entre dos mitos?
¿Es necesario y somos necesarios,
como un extraño que se ve en los espejos de su extrañeza?
“No, éste no es mi camino a mi cuerpo”.
“No hay soluciones culturales para las preocupaciones existenciales”.
“Allá donde estés, mi cielo es
verdadero”.
“¿Quién soy para devolverte el sol y la luna precedentes?”.
Seamos buenos…

Partamos tal como somos:
una amante libre
y su poeta.
No ha caído suficiente
nieve de diciembre. Sonríe
y caerá como copos de algodón sobre las oraciones del cristiano.
Dentro de poco regresaremos a nuestro mañana, tras nosotros,
allí donde éramos dos niños al comienzo del amor
jugando a Romeo y Julieta
para aprender el léxico de Shakespeare…
Las mariposas volaron del sueño
como el espejismo de una paz rápida.
Nos coronaron con dos estrellas
y nos mataron en el combate por el nombre
entre dos ventanas.
Partamos, pues,
y seamos buenos.

Partamos tal como somos:
una mujer libre
y su amigo fiel.
Partamos tal como somos. De
Babilonia vinimos con el viento
y hacia Babilonia vamos…
Mi viaje no es suficiente
para que, sobre mis huellas, los pinos se conviertan
en panegíricos del lugar meridional.
Nosotros somos buenos aquí. El viento del norte
es nuestro viento y meridionales son las canciones.
¿Soy yo otra tú
y tú otro yo?
Éste no es mi camino a la tierra de mi libertad.
Éste no es mi camino a mi cuerpo
y no seré “yo” dos veces
ahora que mi pasado ha ocupado el lugar de mi mañana
y me he escindido en dos mujeres.
No soy oriental
ni occidental.
No soy un olivo que ha dado sombra a dos aleyas.
Partamos, pues.
“No hay soluciones colectivas para las obsesiones personales”.
No es suficiente que estemos juntos
para estar juntos…
Nos falta un presente para ver
dónde estamos. Partamos tal como somos,
una mujer libre
y su viejo amigo.
Partamos juntos
y seamos buenos…

 

 

 

 

Todos los poemas pertenecen al libro ‘El Poema es Filistín (Palestina en la poesía árabe actual)’ (Ed. Molinos del río, 1980), menos los dos últimos poemas que pertenecen a ‘Once astros’ (Ediciones Mundo árabe e Islam, 2000) y ‘El lecho de una extraña’ (Ed. Hiperión, 2005).

 

DELFÍN

Graffiti Cartagena

 

Saltamos de la cama
con la resignación de quien conoce
el día que le espera
metida en el bolsillo
del pijama.

xxxxxxxxxxSin tiempo,
como los fugitivos,
preparo el desayuno
mientras miras tu rostro,
un poco más cansado
que ayer por la mañana,
bajo la luz del baño,
y los comercios abren
al público sus venas.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxSalimos a la calle
y empieza un día más.

Nos metemos, si hay sitio,
en autobuses llenos
donde se aprieta el odio
por la falta de lluvia.

Te dejo en el trabajo
y es como si tuviese
un esguince gritando
en el tendón del alma.

Los usuarios del metro
fabrican, con miradas
profundas como arpones,
un número impreciso
de espacios virtuales,
arquitecturas falsas,
laberintos de humo
en donde reinventar,
por escasos minutos,
el guión de sus vidas:
mosaico de instantáneas
con propensión al cáncer.

Fuman sus corazones
y el ácido del tiempo
escarba por el álbum
de sus tristes memorias.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPor mi parte,
cuando llega la tarde,
me pregunto qué harás.
Te imagino ya en casa
tumbada en el sofá
con el pijama puesto
escuchando tus compacts
en el disc-man.
xxxxxxxxxxxxxxMi vida
no es la misma a tu lado.
No se confeccionó
con una miscelánea de retales,
no es la estela apagada
de un buque, ni el andén
caducado del metro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEs un timón
que estalla en la tormenta,
una rosa de pólvora,
un verbo musculoso,
textura de diamante.

Entonces llego a casa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxy tapizamos
nuestras bocas a besos.
Preparamos la cena
guardando las distancias
a la sartén, atentas
a los malabarismos del aceite.

Las horas
xxxxxxxxxparecen
xxxxxxxxxxxxxxxxxminutos.

La jornada no pesa
cuando nuestras miradas
se filman mutuamente,
y me acerco a tu cuerpo
con un poco de luz entre las manos:
erupciones de alondras
nos recorren las venas
y el pulso del amor
golpea la carótida del cuarto.

 

 

 

G. García, Ariadna. Napalm. Cortometraje poético. Madrid; Ed. Hiperión, 2001.

 

LOS QUE VIVEN CONMIGO

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

Como no iba diciendo

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más