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Posts Tagged ‘editorial círculo de lectores’

CECILIA

 

DUERMES bajo la piel de tu madre y sus sueños penetran en tus
sueños. Vais a despertar en la misma confusión luminosa.

Aún no sabes quién eres; estás indecisa entre tu madre y un tem-
blor viviente.

 

 

 

 

FLUÍAS en la oscuridad; era más suave que existir.

Ahora, cuando una lágrima demasiado viva podría herir tu ros-
tro,

vas cautelosa hacia ti misma.

 

 

 

 

BAJO los sauces

yo te llevo en mis brazos y te siento vivir.

Después salimos a la luz y, por primera vez,

tú ves el cielo y lo señalas y lo nombras.

x

Es verdad; en el extremo de tus manos,

el cielo es grande y azul.

 

 

 

 

ACERQUÉ mis labios a tus manos y tu piel tenía la suavidad de
los sueños.

Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios.

 

 

 

 

ALGUNAS tardes el crepúsculo no enciende tus cabellos;

no estás en ningún lugar y hablas con palabras cuyo significado
desconoces.

Así es también mi pensamiento.

 

 

 

 

VAS a volver

«cuando nazcan las cerezas y despierte la tórtola».

Has dibujado el mundo en una mentira luminosa.

x

Yo vi los ojos de la tórtola enrojecidos por la ira,

sé que en el lauro habita el ácido prúsico

y que sus frutos inmovilizan el corazón de los pájaros.

x

Pero hay cerezas ocultas en la nieve y

oigo el gemido de la tórtola.

 

 

 

 

LLUEVE en hebras doradas

y envuelven nuestros cuerpos los perfumes de marzo.

x

Sucede como en tus ojos:

llueve a través de la luz.

 

 

 

 

CON tus manos conducidas por una música que vagamente re-
cuerdas,

dices adiós en el umbral. Ah insensata dulzura,

dices adiós en el umbral y de tus manos se desprende

un instante sin límites.

 

 

 

 

OIGO tu llanto.

Subo a las habitaciones donde la sombra pesa en las maderas in-
móviles, ipero ino iestás: isólo están las sábanas que envolvieron
tus sueños.

¿Todo en mí es ya desaparición?

No aún. Más allá del silencio,

oigo otra vez tu llanto.

x

Qué extraña se ha vuelto la existencia:

tú sonríes en el pasado

y yo sé que vivo porque te oigo llorar.

 

 

 

 

CON tu lengua atravesada por una ignorancia luminosa hablas
de una flor invisible. Hablas de ti misma.

Nunca tuve en mis manos

una flor invisible.

 

 

 

 

TUS icabellos ien imis imanos, su resplandor atravesado por en-
jambres invisibles, por instantes que no cesan de abandonarme;

tus cabellos entre dos falsas eternidades.

Ah extrañeza llena de luz: tus cabellos

en mis manos.

 

 

 

 

MIRAS la nieve prendida en las hojas del lauro. iRetienes ien itus
ojos la blancura y la sombra y adviertes el silencio de los pájaros.

Yo sé que los pájaros han huido, ique ino ivan ia ivolver iy que tú
existes más allá de mis límites.

Tú eres la nieve.

 

 

 

 

SOBRE el estanque

las palomas giran en torno a tu cabeza.

Cuando sus alas rozan tus cabellos yo me inclino y veo tu clari-
dad en el agua

y yo estoy en tu claridad y me desconozco:

estoy coronado de palomas

dentro del agua. En ti.

 

 

 

 

SUEÑAS.

Tienes miedo de lo que no existe y oyes gemidos en jardines ne-
gros.

Yo también tengo miedo de mi rostro que se va haciendo invisi-
ble.

Cesa de soñar, o, mejor, sueña los rostros que están fuera de ti:

mírame.

 

 

 

 

TEMES mis manos

pero a veces sonríes y te extravías en ti misma

y, sin saberlo, extiendes la luz en torno a ti

y yo adelanto mis manos y no llego a tocarte; únicamente

acaricio tu luz.

 

 

 

 

DICES: «va a venir la luz». No es su hora

pero tú desconoces la imposibilidad:

piensas la luz.

 

 

 

 

YO ESTARÉ en tu pensamiento, no seré más que una sombra im-
precisa;

habré iexistido ien iun iinstante ien que la alegría y la piedad ar-
dían en tus ojos.

Pero también quiero permanecer desconocido en ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, iy iasí, imper-
ceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estamos ya separados ipor iun ihilo ide isombra iy
cada uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.

 

 

 

 

ERES como una flor ante el abismo, eres

la última flor.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

ARDEN LAS PÉRDIDAS

 

LA LUZ hierve debajo de mis párpados.

De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas mu-
sicales, isurge una tempestad. Desciende el llanto a las antiguas
celdas, advierto látigos vivientes

y la mirada inmóvil de las bestias, isu iaguja ifría ien mi corazón.

Todo ies ipresagio. iLa luz es médula de sombra: van a morir los
insectos en las bujías del amanecer. Así

arden en mí los significados.

 

 

 

 

HE TIRADO al abismo el hueso de la misericordia; ino es nece-
sario cuando el dolor es parte de la serenidad, ipero la lucidez
trabaja en mí como un alcohol enloquecido.

Sé que las uñas crecen en la muerte. No

baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al
expulsar la falsedad, nos desollamos y

no viene nadie. No

hay sombras ni agonía. Bien:

no haya más que luz. Así es

la última ebriedad: partes iguales

de vértigo y olvido.

 

 

 

 

EN LOS desvanes habitados por palomas cuyas alas tiemblan
entre tinieblas y cristales

veo la pureza de rostros que se forman en la lluvia y

lágrimas sobre úlceras amarillas.

x

Son los desvanes de la infancia. Estoy

atravesando olvido.

 

 

 

 

EN LAS iglesias y en las clínicas

vi columnas de luz y uñas de acero

y resistí asido a las manos de mi madre.

x

Ahora

aparto crespones y cánulas hipodérmicas:

busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra.

 

 

 

 

OIGO la lluvia de otro tiempo; humedece

lienzos inmóviles.

x

Fuera de mi pensamiento, extensa

en el pasado, cunde

aún la tormenta.

xxxxxxxxxxxxxxxxAsí

enloquezco en la verdad.

 

 

 

 

LA MEMORIA es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday pone su
rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.

 

 

 

 

UNA pasión fría endurece mis lágrimas.

Pesan las piedras en mis ojos: alguien

me destruye o me ama.

 

 

 

 

SOBRE  mi carne pasa, grave de amor, la misma lengua que silba
en mi vejez y me despierto

envuelto en coágulos de sombra

y se desprende de la noche

una flor negra y húmeda de llanto.

 

 

 

 

MIRO mi desnudez. Contemplo

la aparición de las heridas blancas.

x

Envuelto en sábanas mortales,

bebo en las aguas femeninas

la dulzura y la sombra.

 

 

 

 

PUSE mis manos en un rostro y las retiré heridas por el amor.
Ahora,

el olvido acaricia mis manos.

 

 

 

 

PALOMAS. Atraviesan la inexistencia.

Hay huellas de pastor frente al abismo. Cóncavas.

Todo se explica en la imposibilidad.

x

Hay úlceras en la pureza, vamos

de lo visible a lo invisible.

x

En este error descansa nuestro corazón.

 

 

 

 

ARDEN las pérdidas. Ya ardían

en la cabeza de mi madre. Antes

ardió la verdad y ardió

también mi pensamiento. Ahora

mi pasión es la indiferencia.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEscucho

en la madera dientes invisibles.

 

 

 

 

HE ATRAVESADO las creencias. Durante mucho tiempo

nevó sin esperanza.

Había madres que enloquecían al amanecer: oigo sus gritos
amarillos.

x

Aún nieva. Creo en la desaparición.

Creo en la ira.

 

 

 

 

DE LAS violentas humedades, de

los lugares donde se entrecruzan

residuos de tormentas y sollozos,

viene

esta pena arterial, iesta memoria

despedazada.

xxxxxxxxxxxxxxxAún enloquecen

aquellas madres en mis venas.

 

 

 

 

HASTA los signos vienen

las sombras torturadas.

x

Pienso en el día en que los caballos aprendieron a llorar.

 

 

 

 

¿QUIÉN viene

dando gritos, anuncia

aquel verano, enciende

lámparas negras, silba

en la pureza azul de los cuchillos?

 

 

 

 

VI

cuerpos al borde de

las acequias frías.

x

Amortajados

en la luz.

 

 

 

 

BAJO la actividad de las hormigas

había párpados y había

agua mortal en las cunetas.

x

Aún en mi corazón

hay hormigas.

 

 

 

 

NO HAY ya más que rostros invisibles.

x

Me he extenuado inútilmente

en los recuerdos y las sombras.

 

 

 

 

QUIZÁ me sucedo en mí mismo. iNo iiquién ipero alguien ha
muerto en mí. También ayer olía la desaparición iy iestaba iame-
nazado por la luz, ipero hoy es otro el icuchillo idelante ide imis
ojos.

x

No iquiero iser imi ipropio iextraño, estoy entorpecido por las vi-
siones. Es difícil.

poner luz todos los días en las venas iy itrabajar en la retracción
de rostros desconocidos hasta que se convierten en rostros ama-
dos y después llorar porque voy a abandonarlos io iporque iellos
van a abandonarme.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQué

estupidez tener miedo al borde de la falsedad iy iqué icansancio

abandonar la inexistencia y

morir después todos los días.

 

 

 

 

VI las bestias expulsadas del corazón de mi madre. iNo ihay idis-
tinción entre mi carne y su tristeza.

¿Y esto es la vida? iNo ilo isé. Sé que se extingue como los círcu-
los del agua. ¿Qué hacer entonces, indecisos entre la agonía y la
serenidad? No sé. Descanso

en la ignorancia fría.

Hay una música en mí, iesto ies icierto, iy itodavía ime pregunto
qué significa este placer sin esperanza. iHay música ante el abis-
mo, sí, y, más lejos, otra vez la campana de la inieve iy, iaún, mi
oído ávido sobre el caldero de las penas, pero

¿qué significa finalmente

este placer sin esperanza?

Ya he hablado del que vigila en mí cuando yo duermo, idel ides-
conocido oculto en la memoria. ¿También él va a morir?

No sé. Carece

desesperadamente de importancia.

 

 

 

 

SIENTO el crepúsculo en mis manos. Llega ia itravés idel ilaurel
enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ini ser feliz ni recor-
dar.

Sólo quiero sentir esta luz en mis manos

y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pe-
sar en mi corazón

y que los pájaros pasen iante imis iojos y yo no advierta que se
han ido.

x

Hay

grietas y sombras en paredes blancas y pronto habrá más grie-
tas y más sombras y finalmente no habrá paredes blancas.

Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemi-
dos. Van

a cesar todas las preguntas. Un sol tardío pesa en mis manos in-
móviles y a mi quietud vienen a la ivez isuavemente, icomo iuna
sola sustancia, el pensamiento y su desaparición.

Es la agonía y la serenidad.

Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. iEn cualquier
caso, ya

la única sabiduría es el olvido.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

LÁPIDAS

 

TRAS asistir a la ejecución de las alondras has descendido aún
xxxhasta encontrar tu rostro dividido entre el agua y la profun-
xxxdidad.

Te has inclinado sobre tu propia belleza y con tus dedos ágiles
xxxacaricias la piel de la mentira:

ah tempestad de oro en tus oídos, mástiles en tu alma, profe-
xxxcías…

Mas las hormigas se dirigen hacia tus llagas y allí procrean sin
xxxdescanso

y hay azufre en las tazas donde debiera hervir la misericordia.

x
Es esbelta la sombra, es hermoso el abismo:

ten cuidado, hijo mío, con ciertas alas que rozan tu corazón.

 

 

 

 

ASEDIADOS por ángeles y ceniza cárdena enmudecéis hasta ad-
xxxvertir la inexistencia.

x
y el viento entra en vuestro espíritu.

x
Respiráis iel idesprecio, la iebriedad idel ihinojo ibajo ila illuvia:
xxxblancos en la demencia como los ojos de los asnos en el ins-
xxxtante de la muerte,

x
ah desconocidos semejantes a mi corazón.

 

 

 

 

PUEDES gemir en la lucidez,

ah solitario, pero entonces líbrate

de ser veraz en el dolor. La lengua

se agota en la verdad. A veces llega

el incesante, el que enloquece: habla

y se oye su voz, mas no en tus labios:

habla la desnudez, habla el olvido.

 

 

 

 

NO HAY salud, no .hay .descanso. .El .animal .oscuro .viene .en .me-
dio .de .vientos .y .hay extracción de hombres .bajo .los números de
la .desgracia. .No .hay .salud, .no .hay .descanso. .Crece .un .negro
bramido y tú te interpones los estambres más tristes (bajo un sol in-
cesante, en .un .cuenco .de .llanto, en la raíz morada del augurio) y
las .madres .insomnes, .las .que .habitan .las .celdas del relámpago,
deslizan sus miradas en un bosque de lápidas.

¿Gimen aún los pájaros? .Todo .está .ensangrentado. .Sordo .en .el
fondo .de .la .música, ¿debo .insistir .aún? Hay vigilancia en los jar-
dines .interpuestos .entre .mi .espíritu .y .la precisión de los espías.
Hay vigilancia en las iglesias.

Guárdate .de .la .calcinación .y .del .incesto; .guárdate, .digo, de ti
misma, España.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Canción de los espías)

 

 

 

 

ERAN idías iatravesados ipor ilos isímbolos. iTuve un cordero ne-
gro. He olvidado su mirada y su nombre.

Al confluir cerca de mi casa, las isebes idefinían isendas ique, en-
trecruzándose sin conducir a ininguna iparte, icerraban iminúscu-
los ipraderíos ia ilos ique iyo acudía con mi cordero. Jugaba a ex-
traviarme en el pequeño laberinto, pero sólo hasta que el silencio
hacía ibrotar iel itemor icomo una gusanera dentro de mi vientre.
Sucedía una y otra vez; yo sabía que el miedo iba a entrar en mí,
pero yo iba a las praderas.

Finalmente, iel icordero ifue ienviado a la carnicería, y yo aprendí
que quienes me amaban también ipodían idecidir isobre ila iadmi-
nistración de la muerte.

 

 

 

 

LAS carreteras no eran caminos para entrar en la ciudad sino ac-
cesos a los establos y ilas ifábricas. iLos iarrieros idel ivino ianun-
ciaban el día con látigos y blasfemias iy las caravanas de cultiva-
dores avanzaban por largos túneles de escarcha. Por la blancura
cruzan los carros rebosantes (aquel gemido en nuestras casas, el
aura iroja ide ila iazucarera iy ila isirena despertando días, su voz
como banderas desgarradas) y los boyeros parameses, ácidos en
el amanecer. iCruzan iy ila imelancolía ientra ien ilos patios. Pone
sus imanos ien imi ialma y, en ese instante, se iluminan pómulos,
lágrimas negras de ferroviarios.

 

 

 

 

JUNIO en los ríos extendidos como sucias iespadas. iVi iel iagua
sobre el agua; illuvia isin itérmino isobre ilas tablas del Besnega.
Aquellas flores en la boca de las adolescentes. iY ilas ihermanas,
su alarido en torno a sábanas ihabitadas ipor los cuerpos desnu-
dos, isábanas agredidas por uñas sin descanso, blancas entre las
manos de los obreros reunidos por la muerte y la lluvia.

(Ésta es la historia de los ahogados ofrecidos a la indiferencia en
la ilatitud idel iverano, ijóvenes iamnistiados ipor iel agua bajo la
mirada blanca de los asnos.)

 

 

 

 

CONVOCADA por las mujeres, la madrugada cunde como ramos
frescos: icuñadas ifértiles, imadres imarcadas ipor la persecución.
Hay un friso de ortigas en el perfil de ila imañana; ilienzos iretor-
cidos en exceso por manos encendidas en la lejía y la desespera-
ción.

Y vino el día. Era un irumor ibajo ilos ipárpados iy iera iel isonido
del iamanecer. iAgua iy icristal ien ilos oídos infantiles. Llega una
gente traslúcida y sus canciones humedecen las maderas del sue-
ño, ihumedecen ila madera de los dormitorios cerrados a la espe-
ranza.

Siento las oraciones, isu ilentitud, como serpientes bellísimas que
pasaran sobre mi corazón.

 

 

 

 

LA COMPASIÓN y ila ivergüenza ipasan isobre imi ialma. La me-
moria desciende a los portales de la maledicencia iy allí contem-
pla la cal y los geranios, ilas ancianas en círculos, el ademán del
mariquita que, icada día, imaldecido por tres lenguas frenéticas,
deposita ciruelas en las manos ávidas. Grandes, dóciles mujeres
peinan cabellos aceitados y el calor pesa en sus cuerpos.

El día es grande y la ibaraja ireposa en el halda de las ancianas.
Hasta que llega el gavilán esbelto y fúnebre, el portador de dis-
cordia. Luego suceden las invocaciones y las blasfemias femeni-
nas. Hay un vértigo de uñas ien itorno a rostros iluminados por
la sangre y una flor desgarrada sobre las baldosas frías.

(Llanto y clavel de las mujeres útiles, llanto en el arrabal de San
Lorenzo.)

 

 

 

 

LLEGAN LOS NÚMEROS

En tus dos lenguas hoy estuve triste;

en la que habla de misericordia

y en la que arde ilícita.

x

En dos alambres puse mi esperanza.

x

Estoy viendo dos muertes en mi vida.

 

 

 

 

SOY el que ya comienza a no existir

y el que solloza todavía.

x

Qué cansancio ser dos inútilmente.

 

 

 

 

LOS inocentes son seducidos en los patios y las vecinas hablan
xxde la resurrección de la carne.

Mis hijas lloran en sus manos y su llanto es verde.

¿Qué día es éste que no acaba?

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

EXENTOS II Pasión de la mirada

 

VIVO sin padre y sin especie; callo
porque no encuentro en el osario ciego
del sonido aquéllas como frutos
antiguos, las adánicas, redondas
palabras oferentes. Van perdidas
las prietas de salud; quedan vestigios:
astillas, soledad, tierras, estatuas.

 

 

 

 

EN ESTA majestad de la madera
el oro canta. Y el dolor. Estatuas.
Es llama inmóvil, turbulencia augusta,
agua sin manantial. Aquí la muerte
se reconcilia con la luz. Estatuas.
Máscaras ciegas de la eternidad.

 

 

 

 

LA QUE habla en volumen, la que mide
el destino con su sola existencia;
aquélla, corporal, que se desnuda
y se extiende en la luz, aquélla, esta
castidad mineral, no solicita
pensamiento, no ve, pero, en la noche,
alimenta mis ojos, me acompaña.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

BLUES CASTELLANO

 

DESPUÉS DE VEINTE AÑOS

Cuando yo tenía catorce años,
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y loas hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa oficina
olía mal y daba pena.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLuego,
llegaban las mujeres.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSe ponían
a fregar en silencio.

x
Veinte años.
xxxxxxxxxxxxHe sido
escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos:

x
Tierra incansable,
xxxxxxxxxxxxxxxxxfirma
la paz que sabes.
xxxxxxxxxxxxxxxxxDanos
nuestra existencia a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnosotros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmismos.

 

 

 

 

MALOS RECUERDOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa vergüenza es un sentimiento
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrevolucionario.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxKarl Marx

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
xxxxxxxxxxxElla gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor.)

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.

x

Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…».

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere.»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar

y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

x

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

 

 

 

 

SABOR A LEGUMBRES

Las legumbres hervidas, golpeadas
a fuego en las cazuelas, espesaron
una parte del agua, retuvieron
otra parte consigo.

Después que estáis sentados a la mesa
los míos de la sangre —cinco— pienso
que es posible que coman en el mundo
muchas gentes, hoy, esto.

Ahora que tenemos sobre la lengua la misma pasta de la tierra,
puedo olvidar mi corazón y resistir las cucharas.

Yo siento
en el silencio machacado
algo maravilloso:
cinco seres humanos
comprender la vida a través del mismo sabor.

 

 

 

 

COMUNICACIÓN DE MALES

Mi hija tuvo miedo de mí, y yo que era
el que la amenazaba y ofendía,
sentí al miedo existir.

Debo decirles que yo era injusto:
mi pequeña, mi amor, el ser humano
que se sube a mis brazos y ríe sobre mi corazón,
no había hecho ninguna cosa mala.

No ha sido a causa de mi amor
por lo que sentí el miedo de mi hija,
sino porque aquel miedo estaba en mí
como la luz o el movimiento de la tierra.

 

 

 

 

¿OCULTAR ESTO?

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa conciencia estéril no es más que un momento
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[…] de la conciencia desdichada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHenri Lefebvre

Sé que pronto algún rostro golpeado
vendrá a mirarme y abrirá la boca
y de ella y los ojos fluirá
la pasta roja, la que amo, río
espeso de la tierra, interminable.

Al hombre cuyo oficio y vigilancia
es la vida, feroz como el mercurio
una bolsa de pena lo acompaña.
Está cansado sobre el propio rastro
como un ave de plomo. Dormiría
sobre todas las cosas: las miserias
y las humillaciones y el olvido.

Pero si cierra el vigilante, cierra
la dentadura sobre la conciencia
y no ve el rostro nunca y el espanto
oprímele los ojos y se oculta
entre los paños de la soledad,
entonces, nada más, se ensucia, llora
y no sale de su caja amarilla.
El hombre cuyo oficio y vigilancia
es la vida ¿qué hará, cómo podría
subirse encima de la enfermedad,
comprender y luchar?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBajé los ojos
ante el mundo. Cubrí con una sombra
mi vergüenza y mi pena. Me dispuse
a una fraternidad sin esperanza.

 

 

 

 

GEOLOGÍA

Algunas veces salgo hacia las montañas
a mirar a lo lejos.

Piso unas formas donde tierra vieja
se pone hermosa con el sol y veo
subir la sombra por los cuestros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAndo
mucho tiempo en silencio.

x
Pero hay días que ando por estas lomas,
y miro hacia las montañas,
y ni allí hay libertad.

Y me vuelvo. Yo sé bien que es inútil
buscarla como a una llave perdida,
y que también es inútil
mirar al fondo de mi corazón.

 

 

 

 

PAISAJE

Vi
montes sin una flor, lápidas rojas,
pueblos
vacíos
y la sombra que baja. Pero hierve
la luz en los espinos. No comprendo. Sólo
veo belleza.
xxxxxxxxxxxDesconfío.

 

 

 

 

BLUES DEL NACIMIENTO

Nació mi hija con el rostro ensangrentado
y no me la dejaron ver despacio.
Nació mi hija con el rostro ensangrentado
pero me la quitaron de las manos.

Mi hija ya va a hacer tres años
y habla conmigo y ve mi rostro.
Mi hija ya va a hacer tres años
y canta y piensa pero ve mi rostro.

Yo ahora ya no me pregunto
por qué se ama a un rostro ensangrentado.

 

 

 

 

BLUES DEL AMO

Va a hacer diecinueve años
que trabajo para un amo.
Hace diecinueve años que me da la comida
y todavía no he visto su rostro.

No he visto al amo en diecinueve años
pero todos los días yo me miro a mí mismo
y ya voy sabiendo poco a poco
cómo es el rostro de mi amo.

Va a hacer diecinueve años
que salgo de mi casa y hace frío
y luego entro en la suya y me pone una luz
amarilla encima de la cabeza
y todo el día escribo dieciséis
y mil y dos y ya no puedo más
y luego salgo al aire y es de noche
y vuelvo a casa y no puedo vivir.

Cuando vea a mi amo le preguntaré
lo que son mil y dieciséis
y por qué me pone una luz encima de la cabeza.

Cuando esté un día delante de mi amo,
veré su rostro, miraré en su rostro
hasta borrarlo de él y de mí mismo.

 

 

 

 

BLUES DE LA CASA

En mi casa están vacías las paredes
y yo sufro mirando la cal fría.
Mi casa tiene puertas y ventanas:
no puedo soportar tanto agujero.

Aquí vive mi madre con sus lentes.
Aquí está mi mujer con sus cabellos.
Aquí viven mis hijas con sus ojos.
¿Por qué sufro mirando las paredes?

El mundo es grande. Dentro de una casa
no cabrá nunca. El mundo es grande.
Dentro de una casa —el mundo es grande—
no es bueno que haya tanto sufrimiento.

 

 

 

 

BLUES DEL MOSTRADOR

Llegó con el papel entre las manos
y me miró con sus ojos cansados.
Llegó con el papel y con sus manos
y yo sentí su mirada en mi vida.

Cuando venga otro día con sus manos
y su papel a mirarme en silencio,
espero comprender por qué me mira,
por qué es viejo y es grande y por qué pesan
en mi corazón unos ojos cansados.

 

 

 

 

BLUES DE LAS PREGUNTAS

Hace tiempo que estoy entristecido
porque mis palabras no entran en tu corazón.
Muchos días estoy entristecido
porque tu silencio entra en mi corazón.

Hay veces que estoy triste a tu lado
porque tú sólo me amas con amor.
Muchos días estoy triste a tu lado
porque tú no me amas con amistad.

Todos los hombres aman mucho la libertad.
¿Sabes tú lo que es vivir ante una puerta cerrada?
Yo amo la libertad y te amo a ti.
¿Sabes tú lo que es vivir ante un rostro cerrado?

 

 

 

 

BLUES DE LA ESCALERA

Por la escalera sube una mujer
con un caldero lleno de penas.
Por la escalera sube la mujer.
con el caldero de las penas.

Encontré a una mujer en la escalera
y ella bajó sus ojos ante mí.
Encontré la mujer con el caldero.

Ya nunca tendré paz en la escalera.

 

 

 

 

HABLO CON MI MADRE

Mamá: ahora eres silenciosa como la ropa
del que no está con nosotros.
Te miro el borde blanco de los párpados
y no puedo pensar.

Mamá: quiero olvidar todas las cosas
en el fondo de una respiración que canta.
Pasa tus manos grandes por mi nuca
todos los días para que no vuelva
la soledad.

Yo sé que en cada rostro se ve el mundo.
No busques más en las paredes, madre.
Mira despacio el rostro que tú amas:
mira mi rostro en cada rostro humano.

He sentido tus manos.
Perdido en el fondo de los seres humanos te he sentido
como tú sentías mis manos antes de nacer.

Mamá, no vuelvas más a ocultarme la tierra.
Ésta es mi condición.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY mi esperanza.

 

 

 

 

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

 

 

 

 

LIBERTAD EN LA CAMA

Todos los días salgo de la cama
y digo adiós a mi compañera.
Vean: cuando me pongo
los pantalones,
me quito
la
libertad.

Cuando llega la noche, otra vez
vuelvo a la cama y duermo.

A veces sueño que me llevan con las manos atadas,
pero entonces me despierto y siento la oscuridad,
y, con el mismo valor, el cuerpo de mi mujer y el mío.

 

 

 

 

ESTAR EN TI

Yo no entro en ti para que tú te pierdas
bajo la fuerza de mi amor;
yo no entro en ti para perderme
en tu existencia ni en la mía;
yo te amo y entro en tu corazón
para vivir con tu naturaleza,
para que tú te extiendas en mi vida.

Ni tú ni yo. Ni tú ni yo.
Ni tus cabellos esparcidos aunque los amo tanto.
Sólo esta oscura compañía.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora
siento la libertad.
xxxxxxxxxxxxxxxxEsparce
tus cabellos.
xxxxxxxxxxxxEsparce tus cabellos.

 

 

 

 

CAIGO SOBRE UNA SILLA

Cuando yo caigo sobre una silla
y mi cabeza roza la muerte;
cuando cojo con mis manos la tiniebla
de las cazuelas, o cuando contemplo
los documentos representativos
de la tristeza, es
la amistad quien me sostiene.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

EXENTOS I

 

TENÍAIS para uniros
únicamente kilómetros
de tierras rojas y un río
que desciende cada vez más despacio.

Pasaron treinta días.
Cambió el color de la tierra.
También creció la lentitud del río.

Ahora estás esperando
en medio del campo y sientes
la serenidad de los árboles
y la vibración de los pájaros.

Miras los montes, miras el aire
y se te representa la justicia de las cosas,
es decir,
la poesía de las cosas.

Y tú bien sabes por dónde
tu compañera va a llegar,
por dónde anda hacia ti,
de qué pueblo desciende.

Y, de pronto, la ves
sobre el camino: tiene
forma de juventud, parece
un chiquillo que, de pronto, ha adquirido
serenidad de madre.

Andas cien pasos.
xxxxxxxxixxxxxxxxxYa ves
cómo le tiemblan los extremos de la boca
porque te ama y porque tiene miedo.

Y ahora ya la has rodeado con tus brazos
y tocas la dura suavidad de los hombros
y trozos, frescos unos y abrasadores otros, de su cuerpo.

Y de pronto te das cuenta de que huele mucho
a ella misma y a mujer y a algo
desconocido aún, y lo respiras.

Entonces los dos os sentáis en la tierra
y pones la cabeza sobre su pecho
y la oyes vivir.

Te sentirás seguro en el mundo.
Habrás sabido que no hay soledad pero que hay
algo más fuerte y más útil y hermoso.

Conocerás el destino
y crecerá tu paz al acercarse la noche
y al ir sabiendo que la vida es
una inmensa, profunda compañía.

 

 

 

 

MI JUVENTUD, un rostro junto al mar
que no es mi rostro, pero su sonrisa
es mi sonrisa.

Mi juventud se extiende junto al mar
y yo me siento dulcemente olvidado.

Temo que mire demasiado tiempo
la belleza del agua y que ya quiera
cerrar los ojos y mirar en sí,
y que me encuentre dentro de sus ojos.

 

 

 

 

EXISTÍAN tus manos.

Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.

Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.

Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.

 

 

 

 

SÉ QUE el único canto,
el único digno de los cantos antiguos,
la única poesía,
es la que calla y aún ama este mundo,
esta soledad que enloquece y despoja.

 

 

 

 

MADRE: quiero olvidar
esta creencia sin descanso. Nadie
ha visto un corazón habitado:
¿por qué este pensamiento irreparable,
esta creencia sin descanso?

Estar desesperado,
estar químicamente desesperado,
no es un destino ni una verdad.
Es horrible y sencillo
y más que la muerte. Madre:
dame tus manos, lava
mi corazón, haz algo.

 

 

 

 

YO ME callo, yo espero
hasta que mi pasión
y mi poesía y mi esperanza
sean como la que anda por la calle;
hasta que pueda ver con los cerrados
el dolor que ya veo con los ojos abiertos.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

SUBLEVACIÓN INMÓVIL

 

CONSISTENCIA de fuego
rodeada de llanto.

Lo primero que se ama
son los ojos: encienden
su luz en la existencia
reunida mirándose.

Pero la luz
es causa mortal. Herido
de transparencia, mi
corazón se oculta en la belleza.

 

 

 

 

SI MIS manos cogiesen tu cabeza
y yo mirase en ti tan hondamente
que te pudiera atravesar la frente,
poner los ojos sobre tu tristeza,

¡qué confidencia de naturaleza
—se me haría la vida transparente—
saber en ti, hallar súbitamente
origen de dolor a la belleza!

Y levantar con lentitud sagrada
mi corazón entonces y ponerlo
en esta ola de descubrimiento

a esperar que se cumpla tu mirada;
a ver el mundo resistir, a verlo
hacer banderas con el sufrimiento.

 

 

 

 

SI SUPIERA de dónde tu cabeza
toma su gesto de torcaz amarga,
o supiera qué cinta es la más larga,
la de tu ansia o la de tu tristeza;

si yo viera de dónde tu belleza
coge su tensa, silenciosa carga,
o me dijesen qué pasión descarga
desde tus ojos su naturaleza,

oh, guardiana veloz, te entregaría
una parte de mí para quedarme
en unidad con lo que es más mío.

Aunque es la verdad que todavía
no sé de qué materia despojarme;
si de este dolor, si de este frío.

 

 

 

 

COMO la tierra silenciosa espera
un labrador, apasionadamente,
así. Yo tengo el corazón caliente
de esperar bajo el sol a que Dios quiera.

A que quiera venir. Si Dios viniera,
si viniera Él aquí, si de repente…
¿Por qué pensaré en Dios tan dulcemente
cuando tengo en la vida quien me quiera?

Y me pongo a soñar, y se me llena
de sueño el corazón, y me parece
que cantan sobre mí. Pura, serena,

gira la tierra lenta del verano.
Desde la gana de vivir me crece
un ansia de llamar a Dios hermano.

 

 

 

 

CUAJADO en la luz, hirviendo,
después de mucha tierra deshabitada de pájaros,
surge un pueblo.

En abrasada gleba
guardan a sus muertos, mas
el silencio y la arcilla
se levantan y entran
en la vida.

Pensaba la belleza. Veo ahora
silencio edificado, corazones
amontonados por el amor.

Veo la vida en el centro de la luz; ya sé
que la belleza no necesita ser pensada.

 

 

 

 

DE LA quietud, un pájaro,
a impulso de su canto,
pensativo se alza.

Y, de pronto,
ya no hay pájaro: lluvia,
cristal vivo, hacia arriba
crece.
xxxxxxAlguien tiende
su mano silenciosa,

alguien está diciendo
adiós, adiós sin palabras.

x
xxxxxxxxxxxxxxx(For children, Bela Bartok)

 

 

 

 

FRUTO de oscuridad,
veo una mujer. Desnuda,
sucia y desnuda, roja,
distinta a la esperanza.

Y, de pronto, hay un gesto
de paloma en el aire:
sus hombros se estremecen
bajo un manto de música.

Alta en la luz, dorada,
una cabeza vive,
busca mis ojos, piensa
en el mundo.

x
xxxxxxxxxxxxxxx(Deux femmes nues enlacées, Picasso)

 

 

 

 

SI, SANGRIENTO, un hijo desgajado,
recién vivo, cantase; si pudiera
una tumba cantar, echar afuera
el hervor germinal del enterrado;

si pudieran volver, cruzar a nado
el abismo y cantar; si existiera
el sonido del tiempo; si se oyera
cantar un día a los que no han cantado…

Oh razón inmortal de la belleza:
aunque sea colgada del espanto,
volver al hombre de donde ha salido.

Coge, Bela, mi pena y mi cabeza
por si hace falta en el metal del canto
compañía y dolor a tu sonido.

x
xxxxxxxxxxxxxxx(Divertimento, Bela Bartok)

 

 

 

 

EN SU tumba cargada de fuego,
el animal nacido
del pensamiento, el dios
fugitivo, vive
oculto en la belleza.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Altamira)

 

 

 

 

ÉSTA es la tierra, donde el sufrimiento
es la medida de los hombres. Dan
pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.

La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede el pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.

Los que vivimos para dar alcance
a tan inmensa luz que hoy no podría
un dios mirarla sin quedarse ciego,

aún tendremos que agotar el lance:
arrojar al silencio la agonía
como quien tira el corazón al fuego.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

PRIMEROS POEMAS

 

HAY caminos de amargura
de mi boca a tus mejillas.
La desnudez de tus pechos
pone en mis manos ceniza.

Acaso entre tu mirada
y mi voz los muertos vibran.

 

 

 

 

REINA de mi sangre, voluntad de amargura,
juventud derrotada por un reino de sombra,
te meces en mis brazos como un mar; incesante
como el mar me nombras.

En mí acaba tu cuerpo. Hay palabras oscuras
habitando tus ojos. Desnúdate en mis manos.

Viene la noche. Es
la hora de perderme en tu cabello y tu llanto.

 

 

 

 

AQUÍ hubo un amor, hubo una impura
floración de la sangre enamorada,
pero la sangre más desesperada
no tiene un fuego en que incendiar tu hondura.

Como un ángel te vas; como la oscura
juventud del dolor; como una espada
de amargura y de viento, derrotada
por el hierro y la sed de la ternura.

En ti acaba la noche, en tu ribera,
el agua amante y la pasión mordida,
y, en tu boca, mi boca verdadera.

Únicamente porque muere, canta
mi palabra desnuda y retorcida:
hacia ti, como un puño, se levanta.

 

 

 

 

ES UN hombre. Va solo por el campo.
Oye su corazón, cómo golpea,
y, de pronto, el hombre se detiene
y se pone a llorar sobre la tierra.

Juventud del dolor. Crece la savia
verde y amarga de la primavera.

Hacia el ocaso va. Un pájaro triste
canta entre las ramas negras.

Ya el hombre apenas llora. Se pregunta
por el sabor a muerto de su lengua.

 

 

 

 

JUNIO, aquí estás, como un perro
cálido de suaves ojos.
Llegas y toda la tierra
se llena de luz y sueño.
También, igual que una calle
sola, bajo el mediodía,
de pronto en gritos se incendia;
igual, digo, que una calle
sin tiempo, loca de luz,
sola, suena acuchillada,
tu nombre, Junio, de perro
trabaja en mi corazón
y de repente comienza
la tempestad del recuerdo.

 

 

 

 

¿QUÉ harás a estas horas con tus manos?
¿A qué materias estarás cercana?
A la desolación de tu ventana,
¿trae la oscuridad ruidos humanos?

Me ocurre como todos los veranos:
me crece el corazón, me da la gana.
¡Vivir tan duramente la semana
y ahora no poder! ¡Ah ciudadanos!

Son las once en la noche. A lo mejor
es más tarde en la vida. Yo no veo
ninguna solución. Todo es peor.

Y tú, reina mortal, ¿en qué cal viva
pondrás los ojos a dormir? Paseo
como un perro; con sed, a la deriva.

 

 

 

 

A TI, muchacha, que, de pronto, estrenas
la juventud caliente de la risa,
a ti te estoy diciendo: eres preciosa
en cierta soledad, en ciertas venas.

Crece la muerte con la vida. Apenas
le llega al corazón alguna brisa,
pero tu crecerías más deprisa;
la alegría que tú desencadenas.

Préstame, amiga, préstame temprano
tus ojos y tus pechos. Duramente
por la boca te sale mucha vida.

Esta hora es feroz. Dame la mano;
alcánzame una muerte sonriente;
pon tus labios desnudos en mi herida.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

NOCILLA DREAM

Nocilla dream

 

 

13

Hace mucho tiempo [tanto que parecen siglos] hubo un escritor muy importante y famoso llamado Italo Calvino que nos invitó a pensar una ciudad muy bella constituida únicamente por sus canalizaciones de agua. Una maraña de tuberías que [según Italo Calvino] partiendo del suelo suben verticales por lo que serían los edificios, para ramificarse horizontalmente en cada planta en la que se hallaría cada piso. Al final de las tuberías pueden verse lavabos blancos, duchas y bañeras donde inocentemente mujeres disfrutan porque sí del agua. La explicación [según Italo Calvino] es que esas mujeres son ninfas que encontraron en estas tuberías el medio óptimo para desplazarse y así vivir sin obstáculos en su natural acuático medio. A lo que no nos invitó fue a pensar que dentro de cada uno de nosotros existe otra ciudad si cabe aún más compleja; el sistema de venas, vasos y arterias por las que circula el torrente sanguíneo, una ciudad que no posee ni grifos, ni aberturas, ni desagües, sólo un canal sin fin cuya circularidad y constante retorno consolida un “yo” con el que salvarnos de la fatal dispersión de nuestra identidad en el Universo. Un desierto que no avanza, un tiempo mineralizado y detenido llevamos dentro. De ahí que el “yo” consista en una hipótesis inamovible que al nacer se nos asigna y que hasta el final sin éxito intentamos demostrar.

 

 

 

16

No tienen mucho que ver las palabras organización y organismo. Organismo es un ente, sea mineral, animal, vegetal o socio-cultural, que vive y se desarrolla por sí mismo, siguiendo únicamente dictados casi siempre espontáneos, complejos e internos; puede considerarse en todos los casos como un ser vivo. Una organización es una entidad burocrática, sea mineral, animal, vegetal o socio-cultural, dependiente de otras que le dictan su desarrollo desde el exterior; en ningún caso puede llegar a considerarse como un ser vivo.

 

 

 

31

Como no pasaba ningún coche, Falconetti extendió el mantel en mitad de la carretera en vez de en la cuneta, justo al lado de un bache de gran diámetro que utilizó para estabilizar el macuto. Es como tener una mesa de 418 kilómetros de longitud, se dijo. En el ejército le habían enseñado a hacer estas cosas: redefinir lo absurdo en su beneficio. Sabía perfectamente que era ésa la base de la supervivencia. Después de preparar los liofilizados permaneció sentado, tomando el sol en el centro de aquel rombo que dibujaban el Este y el Oeste en sus respectivos puntos de fuga. Pensó en las Nike que había dejado colgando. En qué sería de ellas. En qué pensarían los habitantes de la Tierra cuando las encontraran 2.000 años más tarde; quizá, se dirían, “restos de una civilización anterior”, que es lo que él piensa siempre que se sienta a la mesa de una cafetería y aún hay restos del último cliente. Extrajo del macuto un libro, La increíble historia de Cristóbal Colón contada a los niños, que había sustraído en la biblioteca del cuartel de Apple Fork. Allí leyó que para llegar a saber que la Tierra es redonda no hace falta dar la vuelta. Basta con quedarse sentado en un punto fijo y ver cómo son los otros quienes dan vueltas. Comenzó a llover.

 

 

 

46

Pero entre los estados de Albacete y Almería, España, conectando 2 desiertos de piedra beige, casi blanca, a los cuales separa un río caudaloso que viene del norte, hay una carretera muy poco transitada en la que sólo existe una gasolinera que permutó el letrero de Campsa por el de Cepsa aprovechando el cambio de ubicación, allá en el 85, de todo aquel pueblo que quedó cubierto por las aguas del pantano. Acaba de entrar una furgoneta; la tasa es de un vehículo por semana. Fernando, con el pelo a la taza, Adidas Saigon, y pantalón de tergal, se acerca, ¿Cuánto? Pero confunden dólares con euros y no contestan nada comprensible. Son 3 rubias norteamericanas, las tablas de surf van en el techo. Fernando les da conversación y ellas en un español-chicano le cuentan que van al Campeonato Internacional de Surf de Tapia, un pueblo que, señalado en el mapa por el dedo de Christina, está en el sur de la Península porque tiene el mapa al revés. ¡Ah, no, está en Asturias, pegado a Galicia!, les dice Fernando girándolo, y sonríe. Queremos cumplir el último sueño de nuestra amiga, Kelly, competir contra los Chinos. ¿Los chinos?, pregunta Fernando. Sí, vienen del sureste de China, son los mejores del mundo. Ah, bueno, contesta, y mete la manguera en el surtidor que a su vez le contesta, Buen viaje, gracias. Apoyado en el cartel de Wynn’s, con la mano izquierda de visera, las ve alejarse en una nube de polvo. De golpe frenan y dan marcha atrás, la nube ahora va en sentido contrario, y él piensa, ¡Kitt, te necesito! Acodada en la ventanilla, la copiloto señala con el índice de la otra mano el estampado de la camiseta de Fernando, SURFIN’ BICHOS. Ya a la venta su LP El Fotógrafo del Cielo, y dice, ¿Nos la vendes? Y él sin pensarlo: Os la doy, tengo más. Ahora sí que las ve alejarse. La misma nube de polvo alcanza su pecho desnudo y beige como el desierto. Se sienta en la cabina y coge de nuevo la guitarra, una Les Paul negra con raspador blanco. Juguetea con las cuerdas, piensa en que las surferas ahora estarán bordeando el pantano, donde en estas fechas de sequía siempre asoma la punta del campanario, donde en los árboles de la calle principal según dicen los buceadores cuelgan algas y anidan peces, donde los surtidores de la gasolinera contendrán aún el plomo de aquella Super tan espesa, el brillo en el ADN del chapapote que le fascina, la proteína del planeta. Salen unos cuantos acordes de la caseta que no encuentran en el llano obstáculo que los amortigüe. A esta canción la llamaré Los Diarios de Petróleo, piensa. Sonríe cuando ve rodar a lo lejos un grupo de bolas de papel de periódico del tamaño de un balón de playa. Las sigue con la mirada.

 

 

 

56

Faltaba un poco de energía para que el modelo propuesto como explicación a la reacción nuclear de la desintegración beta fuera exacto. Nadie sabía dónde iba a parar esa energía. Pero los científicos poseen una creatividad demasiado fantástica como para detenerse en menudencias, y así, en 1925, el físico teórico Wolfgang Pauli postuló la existencia de una nueva partícula casi fantasma llamada neutrino, sin masa y sin carga eléctrica, que sería la que se llevaría la misteriosa energía que faltaba. Se pusieron a buscarla. Inicialmente se construyó un detector de neutrinos en Dakota del Sur, y hace 5 años otro en las cercanías de Pekín, siempre en las profundidades de alguna mina para evitar contaminaciones de otras partículas que llegan del sol. Consiste en un grandísimo estanque de agua, como un edificio de 6 pisos, en el cual cualquier impureza que se colase, animal, vegetal o mineral, arruinaría el proyecto, y que, efectivamente, detecta 1 o 2 neutrinos por año. Visto de un golpe, su color es azulado, más azul que cualquier playa marina que se haya visto. Hace tiempo que a Chii-Teen, el físico al cargo, dentro de ese búnker de purísima agua le parece ver racimos de algas que después desaparecen. Pero hoy ha visto la cola de una sirena.

 

 

 

60

Madrid. Un barrio céntrico. Es un cuarto ppiso de un edificio en algunas zonas apuntalado y en un claro estado de abandono. En su interior, desde hace 8 años, permanecen 120 cuadros de la pintora norteamericana surrealista Margaret Marley Modlin. Murió en 1998; su marido lo hizo 2 años después y el único hijo de ambos 2 años más tarde que el padre. El último trabajo de Margaret está en el mismo lugar y punto inacabado en el cual lo dejó. Cuando ella murió, su marido, Elmer, entró en un bucle de melancólica descomposición y quiso dejarlo todo tal y como estaba cuando ella vivía. Él había sido actor en Hollywood, y ella profesora de Bellas Artes en la Universidad de Santa Bárbara, California. Él, tras haber participado activamente en la culminación de la bomba de Nagasaki, renegó de su pasado encabezando actos de protesta contra la policía militar norteamericana por todo el país; ya no obtuvo ni un solo papel más en Hollywood. Aconsejados por Henry Miller, íntimo de la familia, eligieron España para refugiarse. 1972. Ella se encierra en el piso de Madrid a pintar y sólo sale 3 veces hasta el momento de su muerte: cuando expuso, 2 veces, y en su propio entierro. El marido y el hijo hacen las tareas domésticas, las relaciones sociales y se ganan la vida como pueden a fin de que ella continúe pintando. Sus cuadros tienen una clara tendencia al surrealismo de Chirico, espacios amplios que no juegan con la escala sino con los puntos de fuga de lo inanimado, y ahí ella inserta, no a personas, sino arquetipos de personas, y eso, más que surreal, es pura mística: el ser humano y el punto en que desaparece. Como ella, que murió sin dejar rastro. Sólo en uno de sus cuadros hay un árbol.

 

 

 

70

Detrás del acúmulo de casetas de obra, a unos 100 metros más o menos de la de Peter y 120 de la de Françoise, existen unos bloques de edificios de 4 o 5 plantas cuyas fachadas han sido tomadas por estudiantes de arquitectura de la Escuela de París 7. Peter observa cada día cómo estos estudiantes van conformando lo que constituye su proyecto fin de carrera. Se trata también de casetas de obra, como las de su campamento, pero nuevas, de chapa y colores vivos, que están siendo apoyadas sobre unas pequeñas plataformas puestas a tal efecto en las fachadas de los edificios. Parecen incrustadas, comenta Louise, una ex alcohólica de las casetas de la zona sur. O como si flotaran, dice Françoise, mientras se mira las imperfecciones de sus pies. Peter está fascinado ante una hibridación de tal magnitud y osadía; permanece en silencio mientras mira ese enjambre de cubos sobresalientes que le da a aquellos bloques de pisos una nueva configuración como de videojuego Tetris. Ante esto, no hay galería ni Louvre que valga, le comenta el director del proyecto a un vecino, Esto es puro urbanismo genéticamente modificado. Los estudiantes lo plantean como una acción que sintetiza el riesgo creativo que supone proponer nuevas formas de habitar la ciudad creando espacios tangenciales, que emergen como a otra dimensión agujereando el vertical mapa, y la denuncia por reducción al absurdo de la imposibilidad de adquirir una vivienda hoy por hoy en París. Excusándose en tal espectáculo, Louise ha vuelto a beber. Lo hizo la otra noche, ante la fogata que encienden en mitad del campamento, donde han improvisado un ágora en la que espontáneamente se reúnen desde hace años grupos de las ciento y pico casetas. Como los estudiantes están a pie de obra, a veces se les hace tarde y de vez en cuando son invitados a cenar y beber alrededor de la hoguera. Hablan mucho y desglosan el proyecto ante la mirada atenta e incrédula de los veteranos casetistas. Varios platos de sopa y vino de mesa van pasando hasta las tantas. Un hombre mayor llamado Tierry, dice, Qué bonito, ahora las casas, con esas cosas colgando, parecen cajas de regalos. Y otro dice otra cosa aún más atrevida, y así. Y tú qué dices, Peter, le pregunta Françoise. Nada, responde mirando la caduca verticalidad de las llamas. Pero lo que en realidad piensa es que hace 46 años las viviendas eran muy diferentes a como lo son hoy en día, y sin embargo su caseta, de una antigüedad de 46 años, y las que hoy están poniendo estos chicos apenas se diferencian en nada.

 

 

 

Fernández Mallo, Agustín. Nocilla dream. Barcelona; Ed. Círculo de lectores, 2007.

 

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