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DOS POEMAS DE ‘SIN PORQUÉ’

septiembre 5, 2020 Deja un comentario

 

xxxxx3

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA María Elena Rodríguez-Ventura

Ser un perro los lunes
y los miércoles,
solo un hombre los martes
y los jueves,
no ser nada los viernes,
y en sábado y domingo
ser, por ejemplo, un dios.
Un dios que no supiera
que lo es,
pero hubiera encontrado
el hueso que buscaba.

 

 

 

 

xxxxx7

Leer solo los libros
con páginas en blanco,
en donde no hay palabras
que puedan engañarte,
ni historias tan reales
que son imaginarias
o versos que precisen
ser escritos.
Cuando pasas las páginas,
qué libertad entonces:
el blanco te ilumina,
el vacío te llama,
el no esperar ya nada
te permite leer
lo que no ha sido escrito.

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Sin porqué (edición de Ricardo Virtanen). Madrid; Ed. Cátedra, 2020.

 

YO ERA UN TONTO Y LO QUE HE VISTO ME HA HECHO DOS TONTOS

 

CITA TRISTE DE CHARLOT

Mi corbata, mis guantes,
mis guantes, mi corbata.

La mariposa ignora la muerte de los sastres,
la derrota del mar por los escaparates.
Mi edad, señores, 900.000 años.
¡Oh!

Era yo un niño cuando los peces no nadaban,
cuando las ocas no decían misa
ni el caracol embestía al gato.
Juguemos al ratón y al gato, señorita.

Lo más triste, caballero, un reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.

A las tres en punto morirá un transeúnte.
Tú, luna, no te asustes;
tú, luna de los taxis retrasados,
luna de hollín de los bomberos.

La ciudad está ardiendo por el cielo,
un traje igual al mío se hastía por el campo.
Mi edad, de pronto, 25 años.

Es que nieva, que nieva
y mi cuerpo se vuelve choza de madera.
Yo te invito al descanso, viento.
Muy tarde es ya para cenar estrellas.

Pero podemos bailar, árbol perdido.
Un vals para los lobos,
para el sueño de la gallina sin las uñas del zorro.

Se me ha extraviado el bastón.
Es muy triste pensarlo solo por el mundo.
¡Mi bastón!

Mi sombrero, mis puños,
mis guantes, mis zapatos.

El hueso que más me duele, amor mío, es el reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.

Las 3 en punto.
En la farmacia se evapora un cadáver desnudo.

 

 

 

 

EN EL DÍA DE SU MUERTE A MANO ARMADA

Decidme de una vez si no fue alegre todo aquello.
5 X 5 entonces no eran todavía 25
ni el alba había pensado en la negra existencia de los malos cuchillos.

Yo te juro a la luna no ser cocinero,
tú me juras a la luna no ser cocinero,
él nos jura a la luna no ser siquiera humo de tan tristísima cocina.

¿Quién ha muerto?

La oca está arrepentida de ser pato;
el gorrión, de ser profesor de lengua china;
el gallo, de ser hombre,
yo, de tener talento y admirar lo desgraciada
que suele ser en el invierno la suela de un zapato.

A una reina se le ha perdido su corona,
a un presidente de república, su sombrero;
a mí…

Creo que a mí no se me ha perdido nada,
que a mí nunca se me ha perdido nada,
que a mí…

xxx¿Qué quiere decir buenos días?

 

 

 

Alberti, Rafael. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. Madrid; Ed. Cátedra, 1989.

 

SOBRE LOS ÁNGELES

 

EL ÁNGEL DESCONOCIDO

¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era…
Miradme.

Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe cómo fui.
No me conocen.

Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.

Dime quién soy.

Y, sin embargo, yo era…
Miradme.

 

 

 

 

EL ÁNGEL BUENO [I]

Un año, ya dormido,
alguien que no esperaba
se paró en mi ventana.

—¡Levántate! Y mis ojos
vieron plumas y espadas.

Atrás, montes y mares,
nubes, picos y alas,
los ocasos, las albas.

—¡Mírala ahí! Su sueño,
pendiente de la nada.

—¡Oh anhelo, fijo mármol,
fija luz, fijas aguas
movibles de mi alma!

Alguien dijo: ¡Levántate!
Y me encontré en tu estancia.

 

 

 

 

ENGAÑO

Alguien detrás, a tu espalda,
tapándote los ojos con palabras.

Detrás de ti, sin cuerpo,
sin alma.
Ahumada voz de sueño
cortado.
Ahumada voz
cortada.

Con palabras, vidrios falsos.

Ciego, por un túnel de oro,
de espejos malos,
con la muerte
darás en un subterráneo.

Tú allí sola, con la muerte,
en un subterráneo.

Y alguien detrás, a tu espalda,
siempre.

 

 

 

 

LOS ÁNGELES COLEGIALES

Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras
ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.
Sólo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda
y que un eclipse de luna equivoca a las flores
y adelanta el reloj de los pájaros.
Ninguno comprendíamos nada:
ni por qué nuestros dedos eran de tinta china
y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros.
Sólo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada
y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética.

 

 

 

Alberti, Rafael. Sobre los ángeles. Madrid; Ed. Cátedra, 1989.

 

CÓMO ATAR LOS BIGOTES DEL TIGRE ESTANDO SOLA EN LA SALA

 

LA HUÉSPEDA

Sin comerlo ni beberlo
nos han encerrado en el Cuarto Oscuro —¡la vida!—
(¡Qué cuarto de hora tan pequeño!)
¡Qué cuarto tan pequeño sin ventanas!

El mío tiene dos puertas eso sí,
una cerrada, —¡Y sólo Dios sabe dónde está la llave!—
y la otra de par en par…

Por ella entra y sale la fulana de la angustia…
…La dejé entrar en casa,
y me pidió quedarse,
me pilló en mal momento,
y la di manta y todo.
Vino para una noche,
y ya va a hacer dos años;
…empezó a meter muebles,
y a adularme los versos…
Otras veces intenta matarme con su vino,
o con su droga barata de tristeza…
¡Voy a hacerlo!
¡Quiero deshacerme de ella…

…El Abogado dice que no tengo derecho,
que ha pasado el período…
y que ha metido muebles…
y sigo con la Huéspeda.
La zorra de la angustia
anoche llegó mala…
¿Y cómo voy a echarla
si me vino preñada de esperanza?

 

 

 

 

GATO ESCALDADO

El gato, escaldado, del agua, huye;
así nosotros señores espectadores,
huimos de cualquier bacanal.
No es que el dolor te cape,
es que te copa,
te capicúa,
te hace igual al principio que al final;
te quedas como un niño inofensivo, pero cruel y cobarde.

(Esto lo digo después de cuarenta y ocho años,
de navegación solitaria
en mi cuaderno de horas.)

 

 

 

 

CUANDO AQUÍ

Cuando aquí da el horror la media noche,
allí sólo son las siete de la tarde;
—siete puñales si voy a Andalucía—
—siete gaitas si voy al aquelarre—.
Siete letras tu nombre —se me clavan—
siete por siete llagas graves.
…No sé nada de ti…
Si yo supiera escribir
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxtelegramas en el aire,
levantar tu tristeza,
acribillar mi fraude…
No sé
xxxxxxpero yo quiero aprender,
a dejar todo y marcharme,
a donde aún no hay noche,
a donde aún es media tarde.

 

 

 

 

LA SOLEDAD

La Soledad, atroz pelotillera,
te invita a trabajar
—mientras te mata—
y te invita a llorar
—mientras te seca—.
La Soledad nos limpia, sí, nos limpia,
—hasta dejarnos mondos y lirondos—;
nos acompaña, sí, nos acompaña,
—pero nos cobra bien la compañía—.
La Soledad es ese mal criado
que está solo esperando el testamento,
atisbando,
poniéndose nerviosa si mejoras,
si por fin llega carta o llega cita…
¡qué asco de soledad!

 

 

 

 

YO, EN UN MONTE DE OLIVOS

Como un volcán dormido de mentira
—parezco al parecer tan descansada—.
Un ocio agotador que así me enciende,
brotan de mi costado las palabras.
Sudo tinta y tengo sed, sed tengo,
mucha sed de manos enlazadas.
Por la punta del monte de mis senos
por la punta del lápiz va la lava.

Va balada a tus pies o bien protesta,
en una piedra al sol, arrodillada
y la pasión del hombre se me representa:
veo celdas con rejas, hospitales sin camas
sabios con atómicas, analfabetos con ayuda de cámara,
viudas con marido, casos sin casa,
niños crueles, perras apedreadas,
la traición de un amigo, la destrucción de un alma.
¡No puedo más! …Me levanto y dicen:

—Ahí va Gloria la vaga.
—Ahí va la loca de los versos, dicen,
la que nunca hace nada.

 

 

 

 

FUMANDO

Me pasó como con tanta gente;
se me cayó ceniza del cigarro,
apresurada la cogí con estos dedos
para que no quemase el tapete,
y nada cogí —algo frío grisáceo que ni quemaba ni era—,
me pasó como con tanta gente.

 

 

 

 

EXAMEN DE PREUNICEMENTARIO

1.º— ¿Hasta cuánto y hasta cuándo puede durar un sufrimiento?
2.º—¿Qué largura de meses años siglos puede tener un dolor?
3.º—¿Cuántos grados bajo cero de desamor aguanta un ser humano?
4.º—Si usted es amorlófilo, explique cómo reaccionaría ante el desvío de quien ama.
5.º—El quinto es no matar. ¿Qué haría usted con usted en la anterior circunstancia?

 

 

 

 

LA LINDA TAPADA

No te tapes Poesía
te reconozco en las cosas pequeñas
y en las casas grandes,
allí donde estés, daré contigo.
Te huelo poesía,
te presiento en el alto y en el bajo,
en el monte y en el burdel,
en el mar y en el borracho,
en la alegría del mar
y en el dolor del mal.
No te tapes poesía que te veo,
no me tientes a retóricos sonetos,
vamos a hablar como siempre,
¡o te mando a paseo!

 

 

 

 

PIRULÍ

De fresa, limón y menta
Pirulí.
Chupachús hoy en día
“lolipop” americano.
Pirulí.
Cucurucho de menta,
caviar en punta de mi primera hambre,
primer manjar de mi niñez sin nada,
juguete comestible
cojeando cojito por tu única pata de palillo de dientes,
verde muñeco azucarado indesnudable
—te devoraba entero
metido en tu barato guardapolvo de papel—.
Tú mi primer pecado de carne,
caperuzo imposible,
…robé para comprarte,
fantasmita pequeñito
penitente de dulce
de mi primera Semana Santa
¡Pirulí!
Triste ciprés si estabas
en la mano de otro.

 

 

 

 

LOS PECES SE JUNTAN PARA MORIRSE.

Los hombres se esconden para matarse.

Los peces se juntan para morirse.

 

 

 

 

CASTILLA

Yo pido pan y vino
para el que hace el pan y el vino.

 

 

 

 

DESDE OTROS MUNDOS NOS LLAMAN A LA TIERRA

Desde otros mundos nos llaman a la tierra
“planeta azul”.

Desde el Galaxio
la tierra es niño
vestido de azul
con su metralleta
y su canesú.

 

 

 

 

COLADA

Hay personas,
que después de intentar lavarlas,
más que tenderlas,
—en la cama—
hay que colgarlas
de un árbol.

 

 

 

 

SIGO EN GERUNDIO

Una gente se muere poco a poco,
otra se mata poco a poco.

Yo pertenezco a…
Ustedes pueden adivinar.

Por eso sigo en gerundio
andando
xxxxxxxxcantando
xxxxxxxxxxxxxxxxxodiando
y,
xxdisimulando.

 

 

 

 

LOS ILUMINADOS

Espíritus oscuros
intentan destruir la luz de los luminosos.

¡Pobres de los iluminados
que en pleno siglo XX
siguen siendo quemados!

¡Gustavo!
¡Qué solos se quedan los buenos!

 

 

 

 

15 DE MAYO

San Isidro, estoy cansada,
yo te dejo mi herramienta,

Tú, que nunca fatigado estuviste
—ni en tormenta—,
tú, que todo lo rezabas
xxxxxxxxxxxlo labrabas
xxxxxxxxxxxlo sembrabas

tú, que hablabas
xxxxxxxxxxxcon los santos
xxxxxxxxxxxcon el trigo
xxxxxxxxxxxcon el ave.

Toma, planta mi bolígrafo,
xixa ver qué coño nos sale.

San Isidro, estoy cansada.

 

 

 

 

A LOS HOMBRES QUE RÍEN CON TRISTEZA

A los hombres que ríen con tristeza,
a los otros alegres que sollozan,
a los presos con vocación de santo,
a las putas que iban para monjas,
a los ricos que nacieron nada
y a los gusanos con motora,
dedico
mi vasito de leche
y a dormir…

 

 

 

Fuertes, Gloria. Obras incompletas. Madrid; Ed. Cátedra, 1975.

 

TODO ASUSTA A UNA POETA DE GUARDIA QUE TODAS LAS NOCHES SE SUICIDA UN POCO

 

¿SUICIDA?

Le hacían mucho daño los conflictos,
las listas de muertos le enfermaban.
Las pequeñas insidias que veía
le lanzaban al pozo del insomnio.
Le estaba grande el mundo,
le sobraba.
Recibía regalos mortales de los compañeros,
de los amigos palabras venenosas,
risas, que casi no eran.
Le fuimos suicidando poco a poco,
y era buena persona.

 

 

 

 

MIEDO DA A VECES COGER LA PLUMA

Miedo da a veces coger la pluma y ponerse a escribir,
miedo da tener miedo a tener miedo,
yo por ejemplo que nunca temí nada,
pudiera ser que un día sintiera frío,
un frío nuevo que no le da el invierno.
Es malo que te corten las alas con un palo.
Es duro que los niños no te entiendan.
Es bastante difícil ser feliz una tarde
y lo mejor para sufrir es tener una viña.
Qué mal sienta la angustia si estás desentrenado.
Cómo te quema el pelo la gente que te grita.
Es lamentable y cruel que te roben el aire.
Afortunadamente esto durará poco
y lo otro, lo otro puede ser infinito.

 

 

 

 

FICHA INGRESO HOSPITAL GENERAL

Nombre: Antonio Martín Cruz.
Domicilio: Vivía en una alcantarilla.
Profesión: Obrero sin trabajo.
OBSERVACIONES: Le encontraron moribundo.
Padecía: Hambre.

 

 

 

 

RESULTA, QUE DIOS ESTÁ DESNUDO

No puedo dejaros así,
dejaros de la mano tan a oscuras,
por aquí,
seguid a mis palabras, un momento…
Los que echáis un borrón de tinta sobre la estampa de una muchacha
con los senos al aire;
mis religiosos murmuradores,
dejad de tejer vuestro ganchillo de censuras.
Oh mis venenosas y dulces viejecitas beatas,
ya tenéis edad para comprender.
Qué fácil es verle cuando no se hace daño.
Resulta, que Dios está desnudo
el que no quiera verle que no mire.

 

 

 

 

HAGO VERSOS, SEÑORES!

Hago versos señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.
Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa señores y yo debo decirlo.

 

 

 

 

AQUEL SILENCIO

Cuántas veces Dios se acordará
de aquel Silencio de antes,
de aquel silencio que hubo que ni Dios aguantaba,
—el silencio culpable de que estemos ahora—,
cuando perdió su calma y arañando la tierra cogió barro y nos hizo,
y se acabó el silencio,
y empezó el alarido
sólo a veces variado por un piar muy leve
cuando amamos dormidos.

 

 

 

 

LA FÁBRICA Y SU PUERTA

Esta primera puerta que cruzamos
pintada está rojo.

Por honda herida salimos
de las profundidades de una cueva,
donde el amor el asco o la costumbre
de dos obreros tristes nos fabrican
en una agotadora jornada de segundos;

salimos con defectos
estamos hechos trozos
estamos hechos trizas
y estamos hechos
a veces deprisa,
que no dio tiempo a rasparnos la rebarba,
a definirnos bien…
a cortarnos del todo
el cordón umbilical de la tristeza.

 

 

 

 

VOCES ME LLAMAN…

Voces me llaman y piden que ande
dentro de un silencio macizo.

Camino por un estrecho camino.

Peligroso de lados peligroso.

(Hay que estar en lo que estamos)

Si no miro dónde piso
puedo poner un pie en el vacío,
y si miro, para poner el pie adonde debo, me mareo.
Haga lo que haga todo es expuesto.

¡Ah! Puedo hacer otra cosa,
sentarme,
montarme en el camino
con as piernas colgando a cada lado…
¡Qué va! Tampoco puedo,
—no está permitido dejar de caminar—,
me pisarían la cabeza los que vienen detrás,
con sus botas de Fuego.

Esto de vivir es tan estrecho
que sólo cabemos uno.
¡Es la fila!
Por eso voy detrás de alguien,
o alguien viene detrás de mí.
¡Firmes!
¡Formen fila!
¡Arrestado el que rompa!
¡Marchen!

Toda la humanidad en línea
y a tu lado no hay nadie,
vamos solos.

 

 

 

 

NACÍ PARA POETA O PARA MUERTO

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes deshauciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

 

 

 

 

MINIPOEMAS x-selección-

Te quiero tanto
—que si me quieres seré demonio—,
si no me quieres seré santo.

 

* * *

 

…Parece que han llamado…
—Ah, ¿eres tú?
…Pasa Dolor,
toma una copa…
(Qué vamos a hacer,
por lo menos no estoy sola.)

 

* * *

 

Si un potro nace
para correr, saltar, ágil y bello
es cruel romperle el cuello
enganchándolo al carro de basura.

 

 

 

 

EL CIPRÉS DEL CEMENTERIO

Yo no soy triste,
es que estoy en un sitio
que nadie viene con sonrisas.
Yo no soy triste,
es que todo el que viene aquí
parece como si le faltara algo.
Yo no soy triste
y si no que lo digan los pájaros,
a ver
¿qué tienen otros árboles que no tenga yo?
Yo no soy triste,
lo que pasa es que todos me miráis con tristeza.

 

 

 

 

VERSOS QUE ESCRIBÍ DORMIDA

Bebo porque la gente no me gusta,
porque a la gente la quiero demasiado;
las cosas cambian y el ímpetu se enferma,
sé lo que dan de sí los hombres;
sé que hay pocos que prestarían sangre,
sé que hay muchos que me encarcelarían.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Porque la noche es larga y tiene seres,
la vida es corta en cambio y tiene prisa,
la alcoba es grande y el sereno bizco
y un chinche flaco trepa por el techo.

Bebo para acordarme de estas cosas.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.

 

 

 

Fuertes, Gloria. Obras incompletas. Madrid; Ed. Cátedra, 1975.

 

OBRAS INCOMPLETAS

 

LOS PÁJAROS ANIDAN

Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas,
entre los senos tengo codornices,
los pájaros se creen que soy un árbol.
bajan y beben todos cuando hablo.
Las ovejas me pisan cuando pasan
y comen en mis dedos los gorriones,
se creen que yo soy tierra las hormigas
y los hombres se creen que no soy nada.

 

 

 

 

MAL SUEÑO

Yo,
con estas manos que pueden hacer hijos,
que pueden portar almas,
que pueden pastar flores,
que pueden zurcir telas,
que pueden mover lápices
y escribir crisantemos.

Yo,
que detesto la pena de muerte,
no sé lo que haría, no sé lo que haría.
Sí,
media humanidad es la que sobra:
Los fríos,
los Samueles,
los sabuesos,
los adustos,
los contables,
los machos,
los guerreros,
los pedantes,
los que dicen:
—la mujer mi esclava.

Yo,
los miraría
por los rayos esos que he inventado
para el pecho,
y a todos los con manchas,
con cavernas,
los iría a gusto eliminando,
para nada nos sirven los perversos,
los canijos,
—son los envidiosos!

Yo,
que prefiero
monja morir
antes que asesinar un simple pájaro.
Yo, con estas manos blancas y callosas,
yo,
que detesto la pena de muerte,
no sé lo que haría.

 

 

 

 

ORACIONES GRAMATICALES

Yo tengo esperanza.
El perro tiene hambre.
El banco del jardín respira mal.
La niña se peina.
La vaca se lame.
Las cosas me miran,
es peor si me hablan.
En el suburbio hay flores maleantes.
Las macetas son botes,
los hombres son tigres,
los niños son viejos,
los gatos se comen,
las mondas también.
Los huérfanos huelen a madre.
Los pobres a humo.
Los ricos a brea.

 

 

 

 

LA IDA DEL HOMBRE

Setenta años es mucho,
muero viejo,
cansado de trabajar,
dieciséis horas últimamente,
y no he ganado en toda mi vida
lo que gana un jugador en una tarde
dando patadas a un balón.
Por este bienestar, y esta armonía,
que me sube del pie a la garganta
sé que muero,
y esta tonta mujer anda llorando,
nunca tuvo idea de los acontecimientos.
Buena vida para los dos se abre.
Noto empiezo a encogerme;
he de nacer de nuevo parido de esta madre que es la muerte;
ya no te despertará mi tos de madrugada,
ya no pasaré más frío en la obra,
se cicatrizarán mis sabañones,
podrás desempeñar las mantas
con lo que te dé el Montepío,
mujer, hazte cargo, no es motivo que llores por tan poca cosa.

 

 

 

 

NO DEJAN ESCRIBIR

Trabajo en un periódico
pude ser secretaria del jefe
y soy sólo mujer de la limpieza.
Sé escribir, pero en mi pueblo,
no dejan escribir a las mujeres.
Mi vida es sin sustancia,
no hago nada malo.
Vivo pobre.
Duermo en casa.
Viajo en Metro.
Ceno un caldo
y un huevo frito, para que luego digan.
Compro libros de viejo,
me meto en las tabernas,
también en los tranvías,
me cuelo en los teatros
y en los saldos me visto.
Hago una vida extraña.

 

 

 

 

CUESTIONES FÚNEBRES

¿Quién regará mis huesos con su llanto?
¿Quién tocará mi pelo, seco y rubio?
¿Quién irá a ver caer las paletadas
sobre mi caja de tercera?
¿Quién de vosotros cantará mis líneas?
¿Quién por la noche me arderá una vela?
Quién pudiera saber con adelanto,
quién coserá mis senos entre tanto.

 

 

 

 

LA ÚLTIMA VISITA

Yo la vi vestida de cuervos
La Muerte
iba por el hospital
afilando narices,
hundiendo ojos,
secando pechos,
poniendo al bueno malo,
haciendo al malo bueno.
La Muerte,
matando muertos.

 

 

 

 

NO SABEMOS QUÉ HACER

A veces el poeta
no sabe si coger la hoja de acero,
sacar punta a su lápiz y hacerse un verso
o sacarse una vena
y hacerse un muerto.

 

 

 

Fuertes, Gloria. Obras incompletas. Madrid; Ed. Cátedra, 1975.

 

CANCIONES DE INOCENCIA Y DE EXPERIENCIA

noviembre 13, 2013 Deja un comentario

Blake 3

 

 

EL TIGRE

¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor
en las selvas de la noche;
¿qué inmortal mano o qué ojo
pudo enmarcar tu temida simetría?

¿En qué lejanos abismos o en qué cielos
ardía el fuego de tus ojos?
¿A qué alas osaba aspirar,
qué mano osó coger el fuego?

¿Y qué hombros, y qué arte
pudieron retorcer los nervios de tu corazón?
Y cuando tu corazón comenzó a latir,
¿qué temible mano?, ¿y qué temidos pies?

¿Cuál fue el martillo?, ¿cuál la cadena?
¿En qué fragua cayó tu cerebro?
¿Cuál fue el yunque? ¿Qué temible abrazo
osó sujetar sus terrores mortales?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
y regaron el cielo con sus lágrimas,
¿acaso sonrió al ver su obra?
¿Acaso quien creó el Cordero te creo a ti?

¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor
en las selvas de la noche;
¿qué inmortal mano o qué ojo
pudo enmarcar tu temida simetría?

 

 

 

Blake, William. Canciones de Inocencia y de Experiencia (Trad. José Luis Caramés y Santiago González Corugedo). Madrid; Ed. Cátedra, 2006.

 

LIBRO DE LAS ALUCINACIONES

Libro de las alucinaciones

 

En mi memoria, este libro siempre estará unido a la presentación que del primero de los dos poemas que hoy dejo aquí, hizo Félix Grande en un ciclo que se le dedicó a Pepe Hierro en Murcia hará algo así como quince años.

 

LOS ANDALUCES

Decían: “Ojú, qué frío”;
no “Que espantoso, tremendo,
injusto, inhumano frío”.
Resignadamente: “Ojú,
qué frío…” Los andaluces…

En dónde habrían dejado
sus jacas; en dónde habrían
dejado su sol, su vino,
sus olivos, sus salinas.
En dónde habrían dejado
su odio… Parecían hechos
de indiferencia, pobreza,
latigazo… “Ojú, qué frío”.
Tiritaban bajo ropas
delgadas, telas tejidas
para cantar y morir
siempre al sol. Y las llevaban
para callar y vivir
al frío de Ocaña y Burgos,
al viento helado del mar
del Dueso… Los andaluces…

Éstos que están esperando,
desde Huelva hasta Jaén,
desde Jaén a Almería,
junto a las plazas de cal
y noche, deben de ser
hijos de aquellos. Esperan
que alguno venga a encerrarlos
entre rejas. Como aquellos,
no preguntarán por qué.
No se quejarán de nada.
Ni uno se rebelará.
“Las cosas son como son,
como siempre han sido, como
han de ser mañana… Ojú,
qué frío…” Los andaluces…

Apenas dejaban sombra,
sonido, cuando pasaban.
Se borraban sus cabezas.
Tan sólo un inmenso frío
daba fe de ellos. Y aquella
dejadez que rodeaba
su fragilidad. Más solos
que ninguno, más hambrientos
que ninguno… (Deseaba
que odiasen, porque los vivos
odian. Los vivos perdonan.
El hombre es fuego y es lluvia.
Lo hace el odio y el perdón.)
Indiferentes: “Ojú,
qué frío…” Los andaluces…

Un grano de trigo. Una
oliva verde. (Guardad
el aliento de la tierra,
el parpadeo del sol
para ayer, para mañana,
para rescataros…) Quiero
que despierten del pasado
de frío, de los cerrojos
del futuro. Todo está
tan confuso. Yo no sé
si los veo, los recuerdo,
los anticipo…
xxxxxxxxxxxxxHace pocos
kilómetros tuve aquí,
en mi mano, la madeja
de los días. La emoción
de los días. Como un padre
que olvidó hace tiempo el rostro
de los hijos muertos. Y ahora
los recuerda. Y ahora vuelve
a olvidarlos, unos pocos
kilómetros más allá.
Olvidados para siempre…

Cuántos años hace de esto.
O cuántos faltan para esto
que hace un momento viví
por los caminos… –ojú,
qué frío– de Andalucía.

 

 

 

 

CARRETERA

Volvía, volvía –con qué poca ilusión–
a donde tuve mis raíces, mis recuerdos, mi casa
frente al mar, y los árboles
plantados por mis manos, pisoteados por los niños,
comidos por los animales.
Mi casa junto al mar, más solariega
que otras, la que fue más hermosa que todas.
Con qué poca ilusión volvía.

Cárdenas tierras húmedas y soleadas, trigos
color de aquellos ojos, pincelada morada
sobre lo verde, allá en Vivar del Cid,
murallas de olmos negros, amapolas,
verdes sombríos por Entrambasmestas,
platas de la bahía, con qué poca ilusión
pasaba por vosotros.

 

Cómo se puede vaciar así
un corazón. Cómo se puede
llorar así, por dentro. Frustraciones o muertes,
nada me arrancó lágrimas desde aquellos aviones,
los que volaban sobre mí y arrasaban mi mundo
sin que arrojasen bombas, ni metralletas: sólo
con el ruido de sus motores,
demasiado terrible para mí entonces y ahora.

 

Qué quedó de mi vida entre sus alas.
Qué en la música oída en la noche,
la que vestía nuestra desnudez
mientras caía el agua pálida, qué gozo, el agua…
Qué se hundió por aquellas escaleras
precipitadas en la noche.
Qué congeló la luna que iluminaba las fachadas.
Qué llevó la marea en la playa de octubre.

Cómo es posible edificar,
reconstruir con tantos materiales
disueltos en el tiempo,
gastados por la lluvia que no vimos caer…

Volví, volvía como ahogado
bajo un montón de escombros
que fueron mi edificio, mi alcázar,
sin una sola lágrima –para qué- que llorar,
apoyado en el llanto de otros días,
como si sólo con lágrimas de entonces
pudiese liberarse este dolor presente
que ya no encuentra llanto.

 

 

 

 

Hierro, José. Libro de las alucinaciones. Madrid; Ed. Cátedra, 2003.

 

LOS COBARDES

Mientras repasaba mi biblioteca me he puesto a echarle un vistazo a ‘Viento del pueblo’ de Miguel Hernández y me he encontrado con esta joya.

 

Viento del pueblo

 

LOS COBARDES

Hombres veo que de hombres
sólo tienen, sólo gastan
el parecer y el cigarro,
el pantalón y la barba.

En el corazón son liebres,
gallinas en las entrañas,
galgos de rápido vientre,
que en épocas de paz ladran
y en épocas de cañones
desaparecen del mapa.

Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.
Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.

¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
¿No os avergüenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?
Un tiro por cada diente
vuestra existencia reclama,
cobardes de piel cobarde
y de corazón de caña.
Tembláis como poseídos
de todo un siglo de escarcha
y vais del sol a la sombra
llenos de desconfianza.
Halláis los sótanos poco
defendidos por las casas.

Vuestro miedo exige al mundo
batallones de murallas,
barreras de plomo a orillas
de precipicios y zanjas
para vuestra pobre vida,
mezquina de sangre y ansias.
No os basta estar defendidos
por lluvias de sangre hidalga,
que no cesa de caer,
generosamente cálida,
un día tras otro día
a la gleba castellana.
No sentís el llamamiento
de las vidas derramadas.
Para salvar vuestra piel
las madrigueras no os bastan,
no os bastan los agujeros,
ni los retretes, ni nada.
Huís y huís, dando al pueblo,
mientras bebéis la distancia,
motivos para mataros
por las corridas espaldas.

Solo se quedan los hombres
al calor de las batallas,
y vosotros lejos de ellas,
queréis ocultar la infamia,
pero el color de cobardes
no se os irá de la cara.

Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid a la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que vais dejando
donde colocáis la planta.

 

 

 

Hernández, Miguel. Viento del pueblo. Madrid; Ed. Cátedra, 2008.

 

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