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ARS AMANDI

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De esta joya que reúne toda la poesía amorosa de Manuel Vázquez Montalbán y que publicó Bartleby editores en 2001, dejo hoy aquí algunos poemas.

 

VERANO Y HUMO

Ya sabemos lo que cuesta
vencer la resistencia tenaz
de dos piernas unidas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel sabor
de algún aliento amargó el aire
de madrugada en nuestras fauces
y el cuerpo resultó torpe al despertar
o se quejó triste por un frío olvidado

y sin embargo
más de una vez se nos otoñizan los árboles,
brilla la calle bajo la lluvia amarilla,
damos lumbre a un paseante solitario
por el puerto
xxxxxxxxxxxxy silbamos una melodía
ramplona, ya tarde, cuando los veleros
mienten puertos ansiados y el aire
salino no pregunta
xxxxxxxxxxxxxxxxx¿quién,
quién no teme perder lo que no ama?

 

 

 

 

SEIS Y NUEVE

En tu seis y en mi nueve
hay un instante el mismo instante
de nuestra vida y de la vuestra

(¿o fue una tarde?)

suele ser por las tardes de mayo
cuando se descubren emociones
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsolidarias
y la lengua se niega a reparar las cosas
las lame y las dilata
xxxxxxxxxxxxxxxxxxabolidas las palabras.

 

 

 

 

DESNUDO

Hay días en que tienes
toda la carne muy mal abotonada
y mis manos te cierran
el cuerpo descarado
xxxxxxxxxxxxxxxxxxlos ojos
con los que miras tu desnudo
en los míos te delatan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy eres blanca
con junturas de cárdeno
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdescenso
manchas de musgo y vuelo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvencido
de cabello que se inclina
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlento.

 

 

 

 

REFLEXIÓN MORAL SOBRE LA ANATOMÍA

Hay mujeres que hacen daño
en el pecho del que muere
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxal contemplar
la contención exacta de su carne
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla refrigeración
blanda de sus cabellos limpios
y el pretexto caedizo de sus ropas

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxotras
tienen los ojos tristes pero hermosos
o un bello lomo para un torpe frente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxo dos piernas
sin cansancio muscular columnas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde seguro cielo

otras sólo tienen
dos senos a punto de abrirse por su peso
de fruta para labios agostados
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara manos
sin otro mundo que llevarse al alma
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy en ocasiones
sólo un seno es hermoso sólo un hombro
sólo un vencimiento de la piel
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsólo los labios

pero siempre hay un hombre enamorado de tanto o de tan poco
enamorado fugaz o consecuente ama
las pequeñas patrias de una noche
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsin clarines
frente a unos párpados cerrados murmullos
fracasadas sintaxis
xxxxxxxxxxxxxxxxxrespetad las plantas
y los cuerpos donde el deseo se descansa
el infinito miedo a todos los olvidos.

 

 

 

 

PONME LA MANO AQUÍ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxyo sin saber qué hacer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde aquel olor a mujer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa mango y a caña nueva…

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxChavela VARGAS

Cuando te encuentre
en el trastero del mundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxChavela
me mostraré indiscreto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxquisiera
saber qué fue de tu Macorina
si supiste qué hacer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxde aquel olor a mujer
a mango y a caña nueva

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxte perdono
las mujeres que me hayas quitado
a cambio de que me cantes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuerpos prohibidos
calientes como danzones color
canela humedecida por los deseos

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando te encuentre
con los pies en un barreño de lágrimas
los ojos caídos de perro perdido
el cabello sucio por cenizas y viajes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxChavela
quisiera que cantaras la muerte de Macorina
sobre un colchón tripudo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlas hojas de maíz
salientes por los descosidos del mundo
la vieja Macorina seguramente mal amada
en los años en que no fue tuya
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxni mía
sino un cuerpo progresivamente absurdo
abandonado por las guitarras y las quejas.

 

 

 

Vázquez Montalbán, Manuel. Ars amandi. Madrid; Bartleby editores, 2001.

 

BEAT ATTITUDE

Publicaba a principios de año la madrileña editorial Bartleby una antología que es probable que con el tiempo se convierta en un libro esencial en este país para dar los primeros pasos en el conocimiento de la poesía escrita por mujeres en el movimiento Beat en Estados Unidos.
En la introducción del libro, con una magnífica portada diseñada por Cristina Morano, podemos leer que a partir de 1982, año en que se celebraban los veinticinco años de la publicación de On the Road, numerosos críticos estadounidenses comenzaron a señalar que los cánones que habían sido utilizados hasta aquel momento solo servían para mitificar a los escritores protagonistas, relegando a un segundo o tercer plano a otros subgrupos sociales como a los artistas y escritores afroamericanos o a las mujeres.
Hettie Jones, Carolyn Cassady o Joanne Kyger son autoras de una rica y variada literatura escrita en primera persona sobre la generación beat que ofrece un interesante contrapunto a la literatura típicamente masculina de la época. Además, muchas de estas autoras optaron por hacer de su vida doméstica un espacio de libertad, moldeando lo doméstico hasta crear una nueva forma de literatura. E incluso, no lo olviden, algunas de ellas cometieron el mismo tipo de excesos que sus compañeros de generación. Así que esperemos que la próxima vez que veamos una antología de poesía beat, sólo tengamos que fijarnos en las generaciones en las que está empezando a estudiarse el movimiento.

 

Beat Attitude

 

Aquí tienen algunos poemas de la antología.

 

 

DENISE LEVERTOV

CANCIÓN PARA ISHTAR

La luna es una cerda
y gruñe en mi garganta
Su intenso resplandor reluce a través de mí
y el barro de mi hondonada reluce
y estalla en burbujas plateadas

Es una cerda
y yo cerdo y poeta

Cuando abre sus labios
blancos para devorarme yo la muerdo de nuevo
y la risa sacude la luna.

En lo más profundo del deseo
nos sacudimos y gruñimos, gruñimos y
resplandecemos

 

 

 

 

LENORE KANDEL

EROS/POEMA

¡Alabado sea el joven Eros que folla con todas las chicas!
Sólo los dioses aman con tanta generosidad
compartiendo su beatitud con todos
¡Alabado sea Eros! Aquel que ama tan sólo la belleza
y la encuentra por doquier
Eros os he conocido a ti y a tus diosas pasajeras
envueltos en un halo de amorlujuria tan real como una flor
que florece un solo día y luego se pierde con el viento
He visto cómo tus ojos centelleaban de placer
al alabar la belleza de la dulce Psique con tu lengua enamorada
y brillar luego de nuevo con la misma profunda dicha
mientras otras mujeres yacían entre tus manos
¡Alabado sea Eros! Aquel que es incapaz de acumular amor
y lo ofrece como agua a través de un tamiz dorado
compartiendo su propia gracia lasciva
con todos aquellos que le permitieron la entrada
infieles como flores, veleidosos como la mariposa llevada por el viento
¡Alabado sea Eros, hijo de los dioses!
Aquel que ama tan sólo la belleza xxxxx y la encuentra
por doquier

 

 

 

 

ELISE COWEN

HEROÍNA

La cabeza girada hacia el otro lado
Las manos en la bolsa de papel
xxxxxxxxxen el cajón

[xxx]
Apretando
La golosina.

 

 

 

 

DIANE DI PRIMA

ELOGIO A MI MARIDO

Supongo que tampoco habrá sido fácil vivir conmigo,
mis rencores, mis altibajos, mis exigencias de intimidad,
orgullo de leo sollozando en la cama mientras intentas dormir
y tú, interrumpiéndome en medio de mil poemas
¿has llamado al seguro? esa vez que detuviste un poema
a medio camino entre las colinas de nebraska y
colorado, odetta cantando, el mundo entero cantando en mi interior
el triunfo de nuestra revolución en el aire
yo a punto de anotarlo, y tú
tú diciendo algo sobre el carburador
para que todo se esfumara
pero nos aferramos el uno al otro
creyendo hallar la balsa
aunque estamos los dos a la deriva, como en esta casa de barro
demasiado pequeña, las paredes polvorientas a nuestro alrededor, una fina lluvia de polvo
contrarresta el alto, puro aire y machaca nuestras fosas nasales
colgamos nuestras fotos de los múltiples mundos:
collage de nueva york, y pósters de san francisco,
colocados los platos japoneses, los cuchillos chinos
martillean diminutas telas indias sobre el adobe
nos tambaleamos y chocamos en lo más profundo de la otra persona
caminamos con torpeza de un lugar equivocado al otro
como niños que salen a jugar de noche sobre un barco
y el barco se escapa de sus amarras, y ellos observan las estrellas
sobre las que todo desconocen, intentando descifrar
hacia dónde se dirigen

 

 

 

Beat Attitude. Antología de mujeres poetas de la generación beat. (Traducción, selección y prólogo de Annalisa Marí Pegrum). Madrid; Ed. Bartleby, 2015.

 

LAS LUCES NÓMADAS

Fumando en el puerto

 

Es este un libro en el que podemos ver una lucha (dialéctica dirían algunos pedantes) entre el recuerdo propio y el olvido ajeno impuesto por una enfermedad.

Si tuviera que resumir el prólogo de Jenaro Talens diría que siguiendo la clara diferencia entre los dos estatutos que puede adoptar la memoria establecida por Paul Ricoeur, este libro se inscribiría en el recuerdo (en contra de la rememoración), ese proceso de invención sin argumento lineal, sino de imágenes fragmentadas, flashes de perfiles borrosos que surgen y se articulan según una lógica similar a la de los sueños y que ne psicoanálisis se conoce como “asociación libre”. El hecho de escoger este camino sintomatiza el hecho del tránsito, no la búsqueda de un origen ni de una finalidad y adopta, por lo general, como hilo conductor, no ya un argumento cerrado, sino un explícito deambular, una suerte de viaje iniciático de alguien que como afirmaba el poema de Teodor Roethke, “aprende mientras camina adónde ir”.
La pluralidad del libro define claramente la inexistencia de un centro y se apoya en la fragmentariedad como sistema, haciendo que el yo del poema bucee para construirse una contingente, precaria y cambiante identidad.
Paul de Man, tal y como resumía uno de sus más lúcidos comentaristas, Wlad Godzich, “opone la oscuridad inmediatamente aprehensible de lo sensible a la eventual claridad de lo inentiligible y, sin embargo, hace de la primera la condición y el medio de acceso a la segunda”. El éxito de la lectura depende, por ello, en gran medida, de las capacidades de quien lee. “No se trata de des/cifrar lo aparente mediante códigos compartibles y genéricos para desvelar lo que está oculto, sino de partir de una matriz diferente cuyo modelo sería el relámpago. Y es que no es el relámpago mismo lo que deseamos ver, sino lo que su destello revela, la configuración interna del entorno circundante y las fuerzas en juego en su interior. El ojo permanece atento a la oscuridad, sabiendo que guarda un secreto que el destello revelará. El destello no es el secreto, sino la oportunidad del momento en el que todo queda expuesto a la luz -la recompensa por mirar en la oscuridad”.

De ahí que los primeros versos que utiliza el poeta en este ‘Las luces nómadas’ sean: La luz se amortece en la palabra luz,/ se enturbia en el poema, se opaca/ en su abstracción untuosa: el ideal.

 

Y aquí tienen una selección de poemas del libro.

 

MUESTRARIOS

Hay objetos en los que nos vaciamos
-el tacto como una brecha o una herida
de fluir lento o presuroso-
y se nos queda el ánimo en un asa,
en la empuñadura de una costumbre.
Hay objetos oportunistas, leves,
que sólo crecen con el uso
como el cuchillo que desvista la fruta
y vacía después la cuenca de unos ojos.
Hoy otros objetos, sin embargo,
que nadie acoge, que están -y es suficiente-;
objetos que nos incardinan sin sernos nada.
Pero nunca hubo hombre que no se soñase
en cada una de las cosas que usara.

 

 

 

 

PECERA

Una gigantesca copa de vidrio
en un estante del mueble. Dentro,
dos pececillos como mermados
terrones de azúcar, aún no disueltos,
ingrávidos en un agua definitivamente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesanimada.
Acerco los ojos al cristal
y empieza a trasvasarse en ellos
ese fatalismo de los peces cautivos…

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora, treinta años después,
siguen los peces dentro de mis ojos,
languideciéndome.

 

 

 

 

MERCADO INMOBILIARIO

Siguiendo una de esas ancestrales tradiciones
subiremos a un pequeño altillo
donde unos abuelos previsores habrán guardado
-con el tesón del olvidadizo o del coleccionista-
un cuaderno de extraños garabatos,
un plumier, una cometa de colores vivos,
ropa inefable para días de celebración,
una bolsa de hilo con canicas, ya pocas
porque acaban rodando hacia no se sabe dónde,
un balón descosido, un garaje
con coches de bomberos y ambulancias,
el dibujo de familia feliz con perro,
las revistas de moda de la época
donde nuestros ojos descubrieron un escote,
un paraguas hurtado a no se sabe quién,
algunas zapatillas desparejas,
y esas muñecas de pubis inútiles, angelicales…
Así apunta la tradición que debe ser
un encuentro feliz con el pasado,
pero las razones del mercado inmobiliario
nos dejaron sin altillos, ni arcones,
ni abuelos tampoco en nuestras casas,
y lo que es peor, nos devolvieron la infancia
aferrada a unas pocas fotografías
y con el miedo inconfesable a un último desahucio.

 

 

 

 

LLUVIA CON NIÑOS

La lluvia humilla a los adultos,
los hace claudicar y encorvarse
bajo palios negros. Corren
entornando los ojos y, azorados,
recogen el alma y la guarecen
en alguna estancia seca
pero lóbrega.
xxxxxxxxxxxxLos niños van a la lluvia,
se abrazan a ella con el alma entera
en las manos. Levantan la mirada
hasta el útero mismo de la nube.
Así la poesía: el niño. El agua.

 

 

 

 

UN PASEO

Si llueve, el cuerpo se confirma.
El cuerpo, si llueve, se adhiere al paisaje,
se hace grumo. Acecho a las jóvenes
bajo el agua. Empapadas y felices
recobran el brillo del barro original.

 

 

 

 

RECUERDO CON TRUCHAS

Volver a la infancia es abrir puertas antiguas
o, con la mano y alguna esperanza de antes,
remover muebles, fisgar sin moderación
en armarios, baúles, cobertizos, alacenas;
reasignar imágenes a algunos olores que resisten,
andar descalzo, reorganizar las fotografías
con el riguroso e infalible criterio del capricho,
reparar el paisaje dentro del marco de una ventana y
buscar entre las ollas y los cazos el sabor de la ternura.
…Pero, en mi caso, volver a la infancia es otra cosa.
Es reinventar una casa derribada al borde de una acequia,
un invierno aniquilador, mi madre volcada sobre el frío,
el dolor con la mano en alto y sólo, en verano,
xxxxxxxel río, el río con sus truchas.

 

 

 

 

NIÑOS Y RÍO

El recuerdo siempre es mítico, pensé
mientras mirábamos el río. El agua soltaba
sus lenguas heladas entre las piedras. Os dije:
el filósofo se equivocó y reconozco esta agua
en la de entonces. Corre en circuito cerrado,
como nuestra sangre. Si levanto una piedra,
quizá salte un destello y huya un pez y sea distinto,
pero el agua reconocerá mi tacto y se dejará llevar.
Hermanos, rehagamos el dique en medio del cauce.
Se lo debemos a los niños que fuimos. Y nosotros,
que seremos ya ellos, chapotearemos en el agua
desde sus cuerpos menudos, niños felices.

 

 

 

 

INTERIORES CON NIEVE

Nieva tan blandamente que es triste observar
la agonía de los copos sobre el barandal.
Mi madre cuelga la ropa recién enjuagada
sobre los respaldos de las sillas del comedor
mientras nosotros miramos con desencanto
la extinción de una alegría: un paisaje
de nieve torpe, derrotada al fin.
Mi madre excomulga el dolor -ya antiguo-
a tiro de animal terco. Sus ojos dejan,
a veces, frágiles carámbanos sobre las cosas.
Con el tiempo he sabido que, como la nieve,
los recuerdos de mi madre iban a hacerse
de la misma blanda, triste, rendida transparencia.

 

 

 

 

AQUÍ, NO IMPORTA QUIÉN

Escribir sobre tu enfermedad
me lleva a hablar del amor.
Lo voy a hacer esta vez
para que sirva de precedente
y el delirio que ha de venir
se encuentre un camino minado
de palabras y unas cuantas certezas
y tenga que pactar algunas servidumbres.
Demencia, aquí me tienes.
Afina tu ingenio
si pretendes una humillación más onerosa.

 

 

 

 

LA VIDA JUSTA

Otoño en un julio sombrío.
Chascarrillos de leña en mayo.
Las moras maduras bajo el puño de febrero.
En un solo día, todas las estaciones.
¡Pasa todo tan deprisa ahora
que casi no me doy cuenta, hijo! -me dices
con un enfado inapelable.

 

 

 

 

EL CUERPO

Para hacerte oír o, quizá, oírte en ti
entre el silenciado desamparo
en que te dejó el abandono de tu padre
hiciste del cuerpo un púlpito
y en él congregaste tantas voces distintas
con los años…
Hablaron sin orden establecido
pero sin atropellos: la mentira, el dolor, la ternura,
el miedo, la ira, la ilusión,
la otra que inventaste, la que te inventamos,
el sentimiento retórico, la rutina,
la que no supo qué decir, y la que
-en los espacios vacíos de las palabras-
lo dijo casi todo.

Ahora,
no te queda más que esta alma y está muda.

 

 

 

 

VEJEZ

Te veo llegar del mercado
siguiendo la firme línea de la costumbre,
pero esta vez los árboles parece
que te cargan sus sombras más pesadas.
Te miro y me duele el arco de tu espalda.
Nunca antes en tus ojos claros
había visto caer piedras tan hondamente
y en silencio. Los años te han abierto pozos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcasi sin fondo.

 

 

 

 

NICHO

Mi madre viene a adecentar el mármol;
esa es su idea del Día de Difuntos.
Trae un trapo blanco de algodón
y una botella de cristal con agua limpia.
El nicho está alto, en un tercer piso,
y se requiere apostar una escalera.
(Aunque te costase un paso más llegar a Dios,
mejor hubiera sido a ras de tierra, padre).
Subo yo y con el trapo húmedo froto
a conciencia mientras mi madre les explica
confusas historias a sus nietos y mira, de reojo,
si consigo sacarle el brillo que se merece.
Las papeleras del cementerio rebosan
de ramos putrefactos y celofanes y alguna lágrima
del Día de Difuntos de hace un año.
Volvemos a casa y durante todo el trayecto
mamá apenas dice nada. Nuevamente ha envejecido.
En la cocina, sigue limpiando la encimera.

 

 

 

 

TU MUERTE

He pensado en tu muerte
y un resquicio de luz
te ha iluminado el gesto.
¿Me has oído, madre, el pensamiento?
He pensado en tu muerte
como un paisaje conocido y feliz
aunque no sepa situarlo con exactitud.
Y yo te llevaba de la mano.

 

 

 

 

SÍNTOMA

Quizá porque nos has amado
y el amor siempre arde en lo que ama,
ahora nuestra tristeza huela a humo.
O porque necesitamos volver a creer
en el poder fertilizante de la ceniza.

 

 

 

 

TRASLADO

Vacía la casa y liberada de las últimas servidumbres
se convierte, otra vez, en territorio propicio
para nuevas invasiones. Colonizan hordas de luz
las pequeñas patrias que creó la costumbre,
nuestros rincones privados, pero también aquellos que pactamos
cederles al miedo o al placer o a la desidia.
Nada está escrito. Nada hay, pues, que deba respetarse.

 

 

 

 

TE HE DICHO

Te he dicho que esto de vivir es tan sencillo
como aprender a leer la soledad sin altibajos
-con la voz media y clara de la aceptación-
diciéndola primero a los amigos, después a la mujer,
a los hijos, diciéndola así, como te digo ahora
que el jarrón de las begonias está mejor sin flores
y que un día de estos arrinconaré los cuadros
y me pondré a pintar, ya sin prisas, las paredes.

 

 

 

 

PÁJAROS

Me gustaría ver el vuelo del pájaro
pero sin el pájaro;
la línea melódica del ala
pero sin el ala, sin el aire
hendido suavemente por el ala,
sin el cielo tampoco
en el que se cuelga el aire
del que os hablo.
Ver sólo el vuelo desde dentro
empujado -debe ser la única manera-
desde el sueño obcecado del pájaro.

 

 

 

 

UN POCO DE ORDEN

Me resulta muy difícil empezar un poema
cuando no he dado por acabado otro anterior
y está aquí, a la intemperie, con la pulpa
expuesta al inmisericorde abandono.
Pero si por algún motivo quiero o debo hacerlo,
intento escribir en un lugar distinto,
mirando hacia otro lado,
incluso pruebo algunas modificaciones
en los rituales de invocación,
pero casi nada resulta -o muy pocas veces-
porque llega a los nuevos versos
un tufo de fruta pudriéndose,
de enfermo terminal en la habitación contigua.

 

 

 

 

LA PALABRA

Presto atención a alguna letanía de ecos antiguos.
Cierro los ojos para que nada me distraiga
ni me ate esta luz a un puñado de evidencias.
xxxxxxEl ojo esclaviza, nos somete.
Persigo voces como quien descansa las yemas de los dedos
sobre la piel del agua queriendo adivinar el balbuceo
de aquel pez que ya no existe, pero sin duda estuvo.
Su reflejo aún pervive entre las piedras como una pulsación,
una descarga eléctrica dulcísima.

Por eso cierro los ojos y miro en las palabras lo que la realidad
se niega a decir de otra manera, la historia que se amontona
en los objetos con solo invocarlos, nombrarlos, escribirlos.
En las palabras,
la realidad alcanza su mayoría de edad sobre la tierra.

 

 

 

 

LEGADO

La posteridad está siempre en obras:
cerrada por inacabables reformas
o por liquidación de existencias
o cambio de orientación del negocio.
Por eso resulta mejor no dejar nada,
que nada se extravíe entre el desorden.

 

 

 

Martínez Serra, Esteban. Las luces nómadas. Madrid; Ed. Bartleby, 2010.

 

CUADERNO DE BUDAPEST

Día gris

 

LA GRAVEDAD

Gravedad: f. Fís. Manifestación terrestre de la atracción universal, o sea tendencia de los cuerpos a dirigirse al centro de la tierra. (Diccionario de la Real Academia Española. 21ª edición, 1992).

La gravedad es la manifestación de la inmovilidad para evitar cavar agujeros de luto en el centro de la Tierra. (Violeta. Budapest, julio de 1998).

 

 

 

 

INVIERNO

He buscado en los bolsillos de la chaqueta, consigo rescatar un cigarrillo roto. No me conviene, dicen, que fume ni que beba, últimamente incluso los sueños me han sido limitados. Qué más puede pasarme, si hace ya tanto tiempo que decidí mi suerte. Dejadme. Con la memoria a ratos, con el pulmón a trozos, con la alegría a veces y la tristeza siempre, qué esperáis. Dejadme. Prometo no morir en primavera. Yo moriré en invierno. Cualquier invierno es bueno para morir sin llanto. Prometo no morir en primavera, yo moriré en invierno con las hojas del sauce. Prometo no morir llena de ausencia, plena de ti me iré. Confía.

 

 

 

Temporelli Montiel, Manuela. Cuaderno de Budapest. Madrid; Ed. Bartleby, 2014.

 

 

CAMBIO CLIMÁTICO

Cambio climático

 

CRIATURAS

xxxxxxxxxxComo tú/ que estás uncida a mí/ desde el abismo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPaul Celan

No tenemos cintura sino ijares
y arqueamos el lomo en el esfuerzo;
abiertos en canal seríamos
como estupendos bueyes: nuestra carne
molida en el estudio, en la mañana
sin luz de los obreros.

Cómo decir el cuerpo entonces.

¿Me quieres? Nosotros
no hablamos repitiendo,
y a ninguno nos brindan con la copa
dorada donde el tiempo burbujea.

Ya estábamos cansados al principio,
doblábamos el espinazo juntos
sabiendo que al volver nos esperaban
libros, palabras sin alcance;
y nos estábamos callados
el uno junto al otro entonces:

cachorros de lenguaje,
aún queda por decir esta belleza.

 

 

 

 

UNA CASA LIMPIA

Hay cosas que en la casa
siempre estarán un poco usadas.
Mi casero las cambia cuando viene
para mirar si hemos tirado abajo
su miserable propiedad
pues tiene que llegar a salvo hasta sus nietos.
Pero a mi compañero no le importa
se asea y desayuna o guarda libros
como lo hizo el primer día
cuando vino a pasar un sábado.
Aceptamos la casa como parte
del deseo de estar viviendo juntos
aun cuando presentimos
que estas  habitaciones
no debieran estar amarillentas,
y menos en un sitio tan valioso
como el cuarto de aseo y su bañera,
donde aquel día nos lavamos
uno a otro, agotados del trabajo.
No, no tendría suciedad ahí,
en este sitio de respeto
y aliento entre nosotros.

 

 

 

 

UNA COMIDA RURAL

Mañanas de domingo en el pueblo
con mi abuela lavando el animal
que luego cocinábamos:
me señalaba el músculo,
la flexibilidad del lomo,
y el sitio exacto en las costillas
donde quedaban restos de la pólvora.

Después nos reuníamos
y alrededor de la cazuela
se nos contaba cómo había corrido
delante del fusil, cómo los perros
relumbraban al sol del alba
con el lomo pegado a la pradera
y el hocico en las patas de su víctima,
ya herida pero aún más rápida y más fuerte
que toda la jauría.
xxxxxxxxxxxxxxxxxNo se hablaba
de nada más en la comida
más que del crimen necesario
que nos permitiría otra vez
crecer, no pasar frío en noviembre.
Y toda la celebración tenía
ese respeto triste por los muertos
de quien se reconoce como animal famélico,
herido en otra especie, en otra caza.

 

 

 

 

EL PELO LARGO

Esta noche ha lavado
despacio
su pelo como un indio,
pero llega al amanecer
y huele al humo del tabaco,
como un vaquero de película.
Un día su cabello
será como ese Valle
calizo que también
la muerte y yo nos disputamos.

Me mira comprendiendo
que estoy aún más triste que feliz.
Encuéntrame después de la alegría,
le digo. Y se recoge el pelo
detrás de la cabeza igual que otros
afilan los cuchillos, archivan documentos,
con esa gravedad.

 

 

 

Morano, Cristina. Cambio climático. Madrid; Ed. Bartleby, 2014.

 

P.D. Más pistas sobre Cristina Morano y sobre ‘Cambio climático’, aquíaquí y aquí.

 

EL CUBO LLENO DE LA MEMORIA DE LA ESFERA

septiembre 1, 2014 Deja un comentario

Isabel Bono 'El cubo lleno de la memoria...'

 

 

Las pasiones no se ven como se ven los incendios,
dijo Stendhal.
Si prendí fuego al jardín laberinto de tus pulmones
no fue por herirte.
Quise comprobar tu pasión y se me fue la mano.

Pude recitar de memoria:
(como nadie la esperaba)
desde el centro de la habitación
como una mentira más
el beso, el desmayo, casi la muerte.
Lo que venía a decir:
con la boca cerrada
para que no escapes
cuando la temperatura me haga dudar
yo no te nombro
(así siempre).
Pero no te esfuerces en comprender.
No es más que otro recuerdo
que nada tuvo que ver contigo (ahora).
Debemos ser abstractos como los recuerdos,
eso dijo Klee.

Ejemplo nº1:
Un insecto cobre y plata que nunca viajó a ninguna parte
porque estaba muerto. Murió de frío, dijo el forense.
Ejemplo nº2: Un ombligo panza arriba
que guardaba la pelusa con que los ángeles fabricaban sus alas.
No homologado, dijo Dios.
Ejemplo nº3: Una cabeza cuadrada que iba dejándose nubes
árboles, bosques enteros por la casa. Despeinada y confusa.
Como si tuviese fiebre.
Como si hubiera comido frutos envenenados.
Podría matarla con un peine, dijo la muerte.

Sólo son buenos quienes tienen mala memoria.
Toda amnesia es sagrada
en los amnésicos hay ángeles curiosos. Eso dijo Casariego.
El amor es un animal que duerme, pudo decir alguien.
El amor es un animal muerto, hubieses dicho tú
pero te marchaste sin ceremonias.
Ya lo dijo Fante: Dios es un perro.

Otra noche sin dormir, cuántas más
y no te vayas que es muy pronto
qué quieres si no tengo más que darte
después de ti qué me queda, etc.
¿Me oíste alguna vez decir cosas así? Claro que no.
Todo eso ya lo sabíamos.
Y no me mires, que he recorrido
todos estos años sin mudar la piel.

Magritte dijo: Esto no es una maleta.
Baudelaire respondió: Es una invitación al viaje.
Papini recordaba a Nietzsche sosteniendo uno de sus rizos.
Si Josan Hatero hubiese estado allí, habría dicho:
Guarda este momento ahora
no lo confundas con un anticipo.
Anticipo tampoco fue nuestra cobardía.
xxxxxx‒Duerme todo lo que quieras.
Hay hombres que dicen lo que piensan
y en todos los aeropuertos hay mujeres hermosas
que arrastran su equipaje.
Mujeres de implacables deseos
que nunca miran directamente a los ojos.
Y la vio. Su presencia visión túnel
(entre) sus piernas (al fondo). Sacudidas embestidas.
Que alguien me cuente la historia de cada piedra
sobre la que construyen los hombres, grité.
No quiero pensar más en ti
en si estás vivo o muerto después de cada lluvia.
El dolor no me acompaña y hay quien lo sabe todo
pero yo estuve esperando
para escuchar una canción de los Beatles
en el Channel 10 mientras me servían el almuerzo.

He pactado todas las veces (decidí caminar)
una huida sin llanto, un viaje
sin la pena de otro aguijón.
xxxxxx‒Sabía que ibas a traicionarme.
Y aún así te espero. Me gusta esperar.
El amarillo es mentira.
Es hora de tomar un vuelo y que el tiempo
sólo sea sucesión de bandejas con comida empaquetada
y revistas bilingües sin ninguna noticia sobre ti.
Tu nombre dejó de tener importancia.
Ojalá cada continental breakfast fuera anestesia, pensé,
como las hojas que vi caer en Berlín hace seis días.
Yo espero, no un dolor o un aviso de fuga que me transporte,
porque esperar es el viaje.

No pisar detrás de la línea
advertía en tres idiomas el ala visible del avión.
Me anticipé. Línea o frontera, qué más daba:
el amor de tu vida (escribiste) crecía lejos con un solo deseo.
No tengo motivos (entonces)
para desear mascarillas de oxígeno
pero necesito que alguien me diga que existes
(a estas alturas) antes de caer.
xxxxxx‒Amor, amor, no puedo más.
Santa Catalina de Génova olvidó hablar, olvidó alimentarse.
Stendhal dice que Ana de Gracia y Santa Teresa de Jesús
murieron también de esta muerte adorable.
Yo digo: los que aseguran que morir duele, se equivocan.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

SIEMPRE ESTUVE A FAVOR DE LOS ESPEJOS EMPAÑADOS

Isabel Bono 'Siempre estuve a favor...'

 

 

De hoy dirás que viste a una mujer desnuda.
Y es que hay mujeres que llegan a la vida de uno
sin marcas de tirantes en la espalda.
Y uno se ducha y despereza brazos abiertos
como si siguiera de vacaciones.
Lo sé: estoy teniendo un ataque de intolerancia
un ataque al corazón
un ataque de dolor inmenso. Ya no dudo cuando caigo.
xxxxxx‒Mira cómo me han dejado los brazos tus insectos favoritos.
Muchas veces pensé que eras tú:
cuando mirabas, cuando no mirabas.
Tanto tiempo perdido leyendo a Proust
para que el azar te coloque a cincuenta metros de mi casa.

Desempaqueta el invierno, amor
que me he puesto todos los jerseys que me regalaste, debí decir.
xxxxxx‒Llevas la pereza cosida a los labios.
Cosas así no deben decirse nunca, por eso no las dije.

Sé que hago mal cuando miento
y cuando callo. Me detienen tus gestos.
Pero nunca más: tengo manos y boca y un cuerpo saturado
que me habla (porque el cuerpo nunca miente).
Dices que después del sueño no hay nada
y me despierto dormida
sin saber dónde ni por qué tanta miseria.
Si miraras me verías a contra luz, ahora que las cosas
son esqueletos de un tiempo que nunca fue entre nosotros
siempre pensando en cuándo te irías y el viajero era yo,
sin nombre sin domicilio sin cuenta corriente
sin miedo a la soledad más absoluta
ni al tiempo perdido ni a la luz
que ya llega custodiada por los pájaros.
Tendré una ventana y ninguna esperanza.
La vida (o algo parecido) destruirá mi casa
y yo seguiré esperando ver amanecer como tantas veces.

Nada por cumplir, amor
mas que los ritos verticales
que ahora se deslizan como peces amaestrados.
Y me detengo por primera vez y miro:
repartiremos los libros
clasificaremos los rencores
desinfectaremos los sueños que quedaron atrapados
en las plantas que se secaron (por mi culpa).
Me llevo dos platos, el cenicero azul y el abrecartas.
Pero antes dime que has soñado y que fue conmigo
dime si alguna vez te has visto amarme en tus sueños.
La luz es la prueba definitiva de que alguien te ama, dijiste.
La luz naranja y gris y azul
que abre todas las rendijas a media tarde.
Viajar no era necesario.
Te faltó rezar, reconócelo. No fuiste capaz de arrodillarte.
Tampoco se trataba de eso. Siempre quisiste saber
lo que se siente en un tren en marcha
cuando todas tus pertenencias están en la maleta.
Saberlo todo de repente,
reconocer a tientas tus objetos más valiosos.
Pero la velocidad no es eso.
Decidiste que el mundo se sostenía
sobre un alambre oxidado.
xxxxxx‒Dime que no necesitas nada y me rendiré.
Cercos de vasos que ninguna cera pudo remediar
eran la medida del tiempo que nos bebíamos.
Abejas muertas entre las sábanas.
Le robé todas las mentiras que pude a tu corazón.
Ahora un solo verano arrastra mi vida
y ningún viento echa abajo mi casa.
Mis palabras, sin ninguna prisa
pájaros tomando el sol sobre una grúa del puerto.

El azar encontró una calle donde vigilarnos
y fuimos moscas sin alas untadas en aceite.
El azar también duda
y los cobardes se abrazan bajo árboles enfermos.
Se abrazan y ríen.
No oigo de sus bocas
más que el lento devaneo de la muerte.
No es fácil acostumbrarse.
Si de niño te hubiesen clavado
un cristal en cada mano comprenderías mis palabras.
Manos desarraigadas sosteniendo lo que queda
de este amor.
Manos para colar leche: hojas secas entre las manos.
Manos hechas para el agua: peces
habitando mis manos alicatadas.
Ahora sé que alguien borró el trazado de las calles
y que preferías mujeres de pasado pluscuamperfecto:
yo siempre te amo (entonces) en infinitivo.
xxxxxx‒Hoy desearía tener la edad de un árbol.
Tanta soledad parecía una broma estúpida.
Cada paso, un metro cúbico de lluvia.
Identifícate con fuego y saldrás perdiendo, dijo alguien
en un idioma que no llegué a reconocer.
Un gato sucio y mojado buscó refugio entre mis piernas
con tus mismos gestos (entre mis piernas).
Pronto supe que es mentira la venganza
y los regímenes de 2.000 calorías.

No podrías asegurarlo,
pero creo que fue en ese preciso instante
cuando recordé las palabras de Rilke:
Los gatos hacen aún mayor el silencio que nos rodea.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

COLOCA UN PÁJARO EN LA MESA Y CIERRA LAS PUERTAS

Isabel Bono 'Coloca un pájaro...'

 

 

Estuve segura de que olía mi miedo cuando dijo:
xxxxxx‒¿Qué quieres que te traiga?
xxxxxx‒Algo que te encuentres en el suelo.
Me regaló unas sandalias.
Él no comprendía que para mí las ciudades
fueran lo que sus habitantes pierden o tiran.

Tiene que ser raro verla por la ventana
desde dentro del bar
sentada con otro aunque ese otro sea su marido.
Sobre todo si te has bebido unos whiskys
y deseas tocarla. Porque aunque la noche anterior
haya estado desnuda en tu cama, verla ahora
con el vestido azul y las piernas juntas
remediando una visión que te sabes de memoria
no comprendes estos ratos muertos sin ella.
Hay que disimular. El peor de los verbos:
más que esperar, más que perder:
disimular. El peor de todos.
Si sales y te sientas con ellos
quizá puedas encender tu cigarrillo con el suyo.
Lástima que ella no fume.
Compartir su vaso sería arriesgar demasiado.
Sales y te sientas. Se estrechan manos.
Os vieron juntos muchas veces y todas llegaron a mis oídos.
xxxxxx‒¿A qué has venido?
Una vez me habló del miedo que sentía
cuando pensaba que tarde o temprano
acabaría por hartarse de algo.
Supongo que quería decir de alguien.
Supongo que quería decir de mí.
Él sólo quería un lugar en el mundo
y no este lodazal que era mi vida.

Hago la maleta mientras me miras.
Fumas sin ganas (entonces).
Ahora me imagino que me miras
y se me hace más llevadero levantarme a las siete
fregar los platos o limpiar el piso.
Ojos que secuestran mis pensamientos más dulces.

Cuando ya no me queda nada en la cabeza para amarte
uñas negras de tu mirada negra
entran por mi costado como perchas untadas en naftalina.
No me corrijas. Doblo las sábanas
por donde pasearon las hormigas feroces, carnívoras
de tus dedos con diez ojos cada dedo
y cada ojo diez pupilas y cada pupila diez miradas diferentes.
Continúo. El vestido azul hecho jirones.
Yo visto de blanco para que los pájaros me confundan
y atraviesen como antes me atravesabas tú
(sin rozarme siquiera). Una vida, una maleta.
Nunca te vi dormido.
Eras un pez persiguiendo las sombras de las paredes
día tras noche tras día después del último grito (mío).
No te detengas.
xxxxxx‒Si no sabes vivir solo no pretendas vivir con alguien.
Yo no tengo miedo y tú tienes un reloj.
Yo tuve un sueño triste en el que encontraba
la carta que nunca me enviaste.
Los viajeros de verdad nunca envían postales con noticias
ni besos ni promesas.
No, no está bien que un viajero lleve reloj de pulsera
pero los viajeros no deben explicaciones a nadie,
así que camina.
Ya habrás cruzado la frontera.
Ya habrá tiempo de hablar, de mirarse.

No puedo contar la verdad. Lo he intentado.
He querido decir: Te quiero, no hay más.
Imposible. Soy incapaz de nombrarte
de señalar tu espalda con el dedo
y gritar: Tú.
Cambiar apellidos, ciudad, el gesto.
Tender tu ropa aunque esté seca.
No me digas qué he de hacer con mis recuerdos
pero tampoco te alejes demasiado, debí decir.
He deseado muchas veces abrirme el corazón
y rellenarlo con cilantro, servirlo con nueces.
Tu nuez a la altura de mis ojos era un fruto seco
(mojado sólo por mi saliva, quise escribir) (entonces)

He de recordar aquí, que nada de lo que cuente
ha de ser tenido en cuenta puesto que mis recuerdos
en el momento de ser vividos
ya estaban siendo falseados por mi propia imaginación.
Nunca creas una sola palabra.
No soy más que una mente colapsada
un cerebro comprimido
por tormentas y aguaceros que nunca tuvieron lugar.
Soy el historiador perfecto.

Tengo dos manos, lo juro,
pero nunca he montado ni puesto brida a mis sueños
(caballos de ajedrez) esculpidos en jabón.
Tampoco construí diques
contra el pacífico animal que soy, obstáculos (tentáculos)
para abrir la realidad que no me pertenece.
No demuestro nada, lo sé, sólo pretendía explicarte.
Por eso comprendo que me odies
cuando invento frases como:
xxxxxx‒Yo no tenía sueños y tú tenías un mapa.
Paul Eluard ya lo dijo. Que cerrara las puertas
y que el hombre ha de adentrarse en
los profundos caminos del conocimiento
para saber olvidar y recordar.
También dijo que el amor es el hombre inacabado.
Desaloja el miedo: ha llegado la rutina.
Muchas veces yo también me levanto sin hacer ruido
me pongo un jersey de lana (negra) gruesa
y caliento leche. Es lo más lejos que llego.
Las noches se suceden.

Otra noche: aparcar bar de tapas vino vino
saludos bar gintónic otro bar
servicio de señoras ocupado
preservativos de látex música diseño
hablar con alguien que no eras tú
en otro bar sin saber qué pensó. Pero sí.
Me da dos besos al salir él y entrar yo
y se confunde al nombrarme.
Quién lo hubiese imaginado. Otro gintónic y otro, eso es.
¿De quién las manos que me rozan la espalda?
Bailando sin ganas con los ojos cerrados.
Desde detrás de la barra te tocaría
con la punta de los dedos por encima del Levis
como diciendo: amor voy a besarte
hasta que se me duerman los labios. Pero no.
Coche: curva recta curva semáforo puto semáforo
recta: dos curvas más y estaré en casa
curva recta curva control remoto
ventanilla luz garaje marcha atrás ascensor llaves.
xxxxxx‒Sólo puedo compararte con los demás.

El día que te marchaste pinté un cuadro.
Un cuadro lleno de letras doradas sobre fondo negro.
Quisiera deshacer todas las maletas tirando de un hilo
hablar pausadamente con la mujer que grita
para despertarme todas las mañanas
desayunar despacio para no quemarme la lengua.
Si pudiera elegir, si no fuera
tan complicado desde que te has ido, preferiría
salir de los bares por mi propio pie
y habiendo pagado todas las cervezas
dejar de escribir, dejar de ducharme, dejar de nombrarte.
Mis deseos son simples.
xxxxxx‒Me da igual que te mueras o me mates.
Desde la ventanilla sucesión de pintadas y advertencias:
Dios es negra, Verano en interior, Atención bandas sonoras.
Esto no es un entretenimiento, para eso ya está el mar
o los charcos que dejó la última tormenta. Mis pasatiempos
no van cuadriculados en ningún diario.
Mi pasatiempo es la muerte, dijo.
Si el mar es el mismo, ¿por qué no descanso?
Si estas nubes descargarán sobre tu casa,
¿a qué tanta tragedia?
Escucha: si el mar es siempre el mismo
debes saber que me duché antes de invadirte.
xxxxxx‒Es verdad que los días siguen pasando.
Yo no sabía guisar y tú no eras vegetariano.
Aprendí que los huevos explotan
los tomates explotan, los calamares
en salsa americana explotan.
Y dije: Supongamos que todo consistiera
en explosión y erosión. Te reías.
Explosión: tú. Erosión: yo.
Arenas movedizas bajándome por el esófago.
Corazón vegetariano: aprende a ser una piedra.
Tú piensas en alto. Yo pienso por escrito.
Mala solución tiene lo nuestro, dije.
Esta vida que vivimos no es para mí.
Tres canciones más y me largo, dije.
Porque mi vida sigue, aunque
después te busque en cada boca que entre.
Lo peor es que es fácil hablarte a oscuras.
Como si ya lo supieras todo y bastara con sonreír.
Siempre a oscuras, el amor, en bares o calles
siempre de paso, siempre
sin tener que explicar la letra de la canción
que suena dentro, siempre la misma
cada vez que te miro, siempre
apoyados en cualquier barra, codo con codo.
No como ayer, que decíamos
con las manos dentro de un cuerpo y otro.
xxxxxx‒Prométeme que me sacarás de allí.
Cabecita loca, dices y desapareces.
Que a las dos nos vemos, amor
no pienso faltar a esta cita. Desorganízame la vida, amor
agárrame de la cintura
que estoy entrando en un hueco espacio temporal
y quiero poder cerrar los ojos confiada.
Sácame de allí (repito), amor (repito)
cuando lo creas conveniente. No confío en nadie más.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

SI TE LLAMAN NO ES MI VOZ

Isabel Bono 'Si te llaman...'

 

 

Tú no sabes lo lenta que soy cuando recojo la mesa
al deslizar los cubiertos sobre el plato
para empujar los restos de comida a la basura.
Tú no sabes que prefiero que el helado se derrita
que siempre acabo volcándolo en el suelo
para que el gato se lo coma.
Tú no sabes que el gato se llama Galileo
y que fue mi padre quien le puso ese nombre.
Cuando alguien deja de quererte
el nivel de los pantanos no es un tema prioritario
y yo llevaba una semana olvidando cerrar el grifo
mientras me cepillaba los dientes.
Sin embargo, no encontrar aparcamiento en toda la manzana
hubiese sido una tragedia.
Menos mal que te llevaste el coche.

Cada uno llegó con su vida. Una vida cada cual
más una vida juntos
rompe cualquier principio matemático,
pero cuando las cuentas salen
y una vida para dos suma tres
no hay teorema que lo avale.

Soñabas y te caías a pedazos.
Yo limpiaba debajo de la cama y entre pelusas (blancas)
encontraba botellas rotas. Me causaba un dolor inmenso
barrer el futuro que había imaginado para nosotros.
Deseé que todas las nubes
descargaran sobre mi cabeza. Y llegó el invierno más triste.
La lluvia lo limpia todo
pero llena los bares de parejas con frío y calcetines húmedos.
No estás por más que te mire.
No volveré a tocarte, pensé aquella noche. Cuando me dejes
me marcharé de esta ciudad. Mentira.
El Capitán Marlow, dijo:
Un barco es muy parecido a otro
y el mar es siempre el mismo.
Ceesepe, dijo:
Sustituir un caballo por una escoba
y demás sueños que pudiéramos tocar con las manos.
A ver cómo lo explico:
tú no estabas, la ciudad dejó de importarme
y celebré la llegada del nuevo siglo con un año de retraso.
xxxxxx‒El amor acaba con los principios.
La muerte también (no llegué a decir).
Cucarachas, ratas, palomas y gallos. Tigres de bengala.
Nunca me gustó Rousseau.
Te mentí muchas veces.

Todo esto no ha pasado aún. Mis palabras
no son más que el mapa de un tesoro
que nadie quiere desenterrar.
Así que custodia bien tus recuerdos
para cuando vuelvas a mirar la playa
y yo no esté allí para cantarte estribillos.
Esta historia también eres tú:
un ejército de peces vaciándome.
Pero no olvides que
nada tengo que ver contigo ni tú con esto.

Quedamos en que vendrías.
La mentira más grande: descubrir
un gel de litro en tu bolsa de viaje: se suponía
que venías para quedarte.
Dormir en el sofá se hizo costumbre.
Después de incendiarme la cabeza
como en un cuadro de El Bosco
y decidir que Dalí era el más grande de los impostores
me pediste un secreto.
xxxxxx‒Siempre uso camisetas de rayas.
Llorábamos como críos por algo que nos traía sin cuidado.
Te duchaste vestido (de eso tienes que acordarte)
y, para consolarme me contaste
cómo tu mujer se volvió loca
y rompió una a una todas las tuberías de la casa.
Queda demostrado que no sabíamos beber.
Desayunamos en un chino y te acompañé al aeropuerto.
Primero Berlín, después Londres.
Total, para fotografiar el miedo en una cornisa
y vivir con un gato.
Te olvidé al tercer día según tus cartas. Las mías
dijiste, siempre decían lo mismo.
De la casa conservo la llave de tu cuarto.
Podía haber sonado Car más de cien veces en mi corazón
pero Doug todavía no la había escrito.
Samuel Barber hizo las veces.
xxxxxx‒Sácame de aquí.
Tú tenías un sueño. Mejor: Tú no tenías sueños.
De otro modo tendría que contar
que se nos hizo de noche.
Nuestros corazones dos juguetes de plástico
abandonados en la orilla.
xxxxxx‒Si me encierran, ¿vendrás a verme?
Ruido de pelota golpeada por palas de madera
casi idéntico al toc-tac de un reloj de pared gigante
y desincronizado. Reloj con arritmia.
Recojo y me largo.
He venido a descansar, no a matar el tiempo.
Si supieras qué absurda me parece esta sombrilla
y estas estrellas (de mar) movidas por ningún amor.
Qué absurdas esas risas
el calor y los filtros solares.
Yo quería tormentas, no este sol espléndido.

Así comenzó este peregrinar por playas
a las que sólo se llega andando.
Calas enrocadas, jaque mate, amor, jaque mate,
que he perdido en la resaca la mitad del bikini.
Aun así sigo buceando.
Ya sabes que aguanto más de dos minutos sin respirar.
Rastreo el fondo: desde aquí abajo podría jurar
que aquellos meses fueron unas vacaciones pagadas
en un balneario decorado por Chejov.
Cada noche Dj’Kundera
pinchaba el Hit Parade en el salón de bailes.

¿Ves a esa mujer? Podría ser yo, pero yo nunca tuve deseos
de caminar descalza más allá de tus ojos. Miraras o no.
xxxxxx‒Hay sueños que es mejor no descifrar.
Frases largas para preguntar, cortas para responder.
Mis respuestas eran dibujos en la alfombra
como si la alfombra fuese esta arena
donde (ahora) escribí tu nombre
antes de que el mar se lo llevara una y otra vez.
Me dolía el aire. Tal era la velocidad.
Aun así teníamos que haberlo intentado. Yo:
mezclar tus óleos con secativo de cobalto.
Tú: leer en voz alta mis poemas. Yo: acentuar tus esdrújulas.
Tú: chupar mis pinceles (tu saliva)
hasta que cada punta fuese una aguja.
Y todo por ver cómo cae la noche (decelerada)
con una sola ambición
sin un mal gesto, con un hambre de siglos
y rendidos preguntarnos cuánto más o nada más.
Si seguimos esperando o ya hemos llegado al the end
de esta novela rusa que es la vida.

En resumen: elegí un pueblo pequeño, llegué de noche
y vi la H encendida sobre la bahía.
No tenía con quién pasar la mañana
y pasear en barca fue sólo una opción entre mil.
Imposible equivocarse. Después,
los cobardes, le llamarán casualidad.
En resumen: en algún lugar
hay dos cuerpos tumbados en la playa
y ninguno es el mío.
Mientras, me maquillo de aftersun para nadie.
Y te recuerdo que no me diste tu teléfono.
En resumen: el futuro será una página escrita.
xxxxxx‒No te despiertes, amor, ya me encargo yo.
Ciao mare, oí decir.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

EL DÍA QUE LAS ESTRELLAS DEJARON DE TENER CINCO PUNTAS

Isabel Bono 3

 

Mi cerebro ya no es el centro del universo.
He venido a arder
como tus labios entre mis piernas,
como esa tristeza absurda
por no haber planeado los últimos besos.
El mundo empezaba en tu boca.
Por lo demás, nada que no sepamos.
Y es que yo te quería
con el silencio sospechoso de un campo de minas.

Nadie nos había presentado.
Nos conocíamos de vista. Ahora sé cómo te llamas.
Pareces cansado. Quizá decidiste no volver a mentir.
xxxxxx‒Me voy. Estoy cansado.
Si lo hubieras dicho así, todo habría sido más fácil.
He procurado coincidir contigo a pesar del azar.
No me ves. No sé si me buscas.
Tus ojos brillan desde el fondo de la habitación.
Demasiado ruido
demasiado torpe para leer en tus labios.
No sé si sonríes. Casi puedo acariciar tus manos.
xxxxxx‒¿Ya te vas?
Si te hubiera preguntado no habrías respondido.

Si el viento sigue moviendo las ramas de los árboles
voy a echarme a llorar.
Betancuria viajes Fred Olsen. Pasa un autobús.
Sabemos los que te gusta. ¿Sí?
El viento arrastra las hojas de las ramas
y el pelo de esa chica. Bonito vestido.
Estás tan serio. Tus ojos
resultan todavía más tristes sin gafas.
xxxxxx‒¿Qué pena tienes?
Pude decir.
Busquemos un tema. Pinalito. Agua mineral natural.
En la etiqueta han construido el paisaje
a partir de sus huecos.
xxxxxx‒¿Crees que construimos a partir de huecos?
Hablo de ti y de mí.
Si el viento sigue moviendo el farol
que cuelga del techo voy a echarme a llorar.
Ahora es todo normal:
que los barcos zarpen, que los aviones vuelen,
que tú tengas una pena.
Lo peor
no es no encontrar un tema. Lo peor vendrá después,
cuando trate de recordar nombres como
Betancuria, Olsen, Pinalito.
xxxxxx‒No sé si quieres oír esta historia.
Primero la mentira, después la calma.

Mi madre era la mujer de un astronauta amnésico.
Las estrellas (mala suerte)
sal que se derramaba sobre el mantel.
Mi padre me lo dijo mientras mirábamos en un atlas
dónde quedaba Vega.
Vimos de frente un universo redondo y azul marino
lleno de constelaciones (como tú).
xxxxxx‒Si el sol es una estrella
xxxxxx¿por qué no tiene cinco puntas como las demás?
Ni el universo era redondo, ni las estrellas tenían puntas.
Salimos a la terraza
y miramos el cielo (yo) con desgana.

En esto pienso antes de caer. Mientras vosotros
seguís con el dedo los aviones que pasan.
Yo veo baldosas (y caigo).
Sólo es una crisis de melancolía,
dijo alguien como si soñara (yo).
Después de una estrella fugaz no deseo nada.
El cielo me marea. Me dijo que descansara
que no por mucho mirarlas iban a volver. No le hice caso.
A ti también te miro (si apareces) desde entonces.
Hace un año te esperé en un coche con la radio puesta.
Coordenadas, las mismas.
Las agujas de los pinos crujen igual bajo mis pasos
cuando me acerco (no) a ti.
Y me digo que ojalá todo el tiempo perdido
fuera como tú (en mí) aquellas noches.
Después desapareciste como puntas de estrella.
xxxxxx‒Lo peor es dejar de ser un extraño.
Lo pienso, pero no lo digo. Si me preguntaras en qué
pienso,
te diría que en ti.
Y no mentiría. Esta noche desearía ser una extraña.
Una extraña a la que nunca se le niega la atención y la sonrisa.
Me desnudo. Nunca seré más suave
que en este preciso instante.
Ni siquiera mañana. Ni siquiera dentro de una hora.
Me acaricias accidentalmente el muslo
con el dorso de la mano (si estuvieras aquí).
Nunca me preguntas por qué lloro. Lo prefiero así.
Si me preguntaras no podría responderte. No sabría.
Suponiendo que supiera, no lo entenderías.
Esta piel ya no es mía.
Siendo así, tú deberías amarla como si mi cuerpo
no me perteneciera. A cambio,
yo me dejaría amar como si fuese otra.
Agua caliente para la tristeza.
xxxxxx‒No tengo sueño.
Mejor aún:
xxxxxx‒He tenido un sueño.
Me miras sin hacer ruido. Mientras
me detiene la rabia (no las manos)
y este dolor de siempre.
xxxxxx‒¿Qué nos falta o qué perdimos sin darnos cuenta?
Ahora lo sé. Es hora de empezar: Vete al infierno.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

¿DÓNDE TE ARAÑÓ EL LEÓN?

Isabel Bono 2

 

 

Nos confundimos todo el tiempo
después no quedan fuerzas.
Tenerlo todo mi único afán.
Por eso miro hacia aquella casa en mitad de la nada.
Esperamos nubes
lluvia y la última luz (verde) del sol.
Por primera vez me sentía satisfecha, como
si que anocheciera dependiera de mí.
xxxxxx‒Mañana tormenta.
No solía equivocarme, pero
me confundía tu cabeza despeinada y tus manos de zarza.
Nombrarte era vagar (ojos vendados)
por un laberinto de setos ardiendo.
Un jardín mojado, tu boca, donde viajar es fácil
escribí después (ahora).

Todo empezó el día
en que nos miramos como perros sin sombra.
La luna pasó de largo como un cometa
y pedimos el mismo deseo.
Y hubo más noches y todas fueron la primera vez.
No sabías más que yo
pero juntos sabíamos todas las cosas.
La primera vez que soñé con él
estaba sentado al borde de la cama. Tan quieto
que las sombras de las ramas de los árboles
que entraban por la ventana
hacían que pareciera que temblaba.
Me acerqué muy despacio. Sentada a su lado
hombro con hombro, frío calor (entropía)
templado templado
y sin mirarlo a los ojos (sus manos) le pregunté algo.
Despierto. No son ramas furiosas
son aleteos de pájaros en la ventana.
Sabía que un día u otro volvería a soñar con él.
Sólo entonces conocería su respuesta.

Pusimos la casa en venta.
Recibidor, sala de desconciertos, baño de lágrimas,
taller de besos mecánicos y restaurante.
Razón: yo era la única persona en el mundo
que lloraba con un anuncio de Coca-Cola
y él no pudo soportarlo por más tiempo.
Ésa, la explicación fácil, la otra nunca la supe.
Me despertaban las sirenas de los barcos.
Yo había decidido vivir tierra adentro
tierra si abría los ojos, tierra si respiraba
tierra bajándome por la garganta al tragar el café.
Yo (mi estómago) era un saco de escombros.
xxxxxx‒No he venido a consolarte, he venido a descoserte la piel.
Una casa con sólo dos cosas de valor:
la puerta blindada y el mar.
Sin motivos para tener miedo. Imaginemos
que te da por entrar.
Para echar la puerta abajo necesitarías dinamita.
En caso de abrirla, el mar no podrías llevártelo.
Otros ladrones no hubo.
Los libros empezaron a amontonarse al día siguiente.
Mejor sería regalarlos, dijo.
Dos platos, dos tazas, dos servilletas. Un albornoz.
Mesa, silla, catre, retrato enmarcado, una foto.
Solución: abrir ventanas.
Tirarlo todo al mar. Mantener (sólo) la calma
y el cepillo de dientes.
xxxxxx‒Así no vas a conseguir nunca ser feliz.
xxxxxx‒La felicidad no se consigue, la felicidad se pierde.
Por los altavoces (avisaron) hora y media de retraso.
Llevo los zapatos que me pondré el día que nos veamos.
He pasado los tres últimos meses
mirando a todos los hombres con los que me cruzaba.
Ahora llevo tres horas mirando mujeres.
Intento ver en ellas a la mujer que de mí verías
si las mirases como yo miro
a los hombres que creo que podrías ser tú.

He pensado que es mentira que me quieres
(entonces), que no eres dulce
que eres invencible. Que has inventado un nombre
y una tarjeta de donante de órganos.
Tu Fu dijo: En la vida es poco frecuente
que dos amigos vuelvan a encontrarse
Tú no eres (nunca) mi amigo.
Volver no significa nada para mí porque
nunca estuvimos uno frente al otro.
Y no es eso lo que me dolía (ahora).
El dolor es otra cosa.
Dolor es pisar la almohada, de puntillas
tratando de averiguar el nombre del pintor.
Qué lejos de todo,
soñando la muerte cada vez que bebías.
Recorriendo el pasillo en busca de los demonios
que Dostoievski te había metido en la cabeza.
Calentarse los pies junto al fuego
tampoco era suficiente. Y bebimos.
Y llegó la muerte que tú habías anunciado. Boca abajo
con la camisa blanca manchada de vómito
la bragueta abierta.
Recogimos las botellas rotas
limpiamos la sangre, cerramos la puerta
y nos marchamos cada uno en un coche.
Si al menos cada cabeza guardara semillas
y diera sombra o frutos, pensé,
por la ventanilla
el gorro de lana calado hasta los ojos
toda la tristeza camino de casa,
escribí años más tarde (ahora).

Con las muñecas atadas a la baranda
dejé que los pájaros comieran de mis manos.
Mis manos su alimento, sin agua ni semillas.
Carne blanda y dulce.
Como si fuesen las manos de un mentiroso.
Que llueva cuanto quiera
he salido y estoy dispuesta a mojarme.
Los días nublados ya no me entristecen
las tormentas no me asustan
la lluvia es mi única compañía.
xxxxxx‒Cimabue ‒dijiste antes de bajar de la cama.
Y me besaste por última vez.
No teníamos miedo, pero temíamos despertar.
Lo mío (ahora) no es dolor.
Igual que un trozo de pan que se hincha
y al momento se disuelve bajo leche hirviendo
así me infló el orgullo los pulmones
y se me deshizo el corazón bajo el efecto de sus palabras.
Como tus ojos (ahora)
sobre mis palabras sin remediar nada.
Detrás de mí no hay nada.
Si cierro los ojos, delante tampoco.
Era más agradable cuando andabas por aquí.
Si haces algo mal, el castigo es para toda la vida.

Ni que decir tiene que él y yo nunca llegamos a encontrarnos.
Que yo viajaba de un aeropuerto a otro
arrastrando una maleta medio vacía
para evitar mirar a los hombres que pasaban con su rostro.
Si yo me quitase estos zapatos y desparecieran
no me quedaría nada suyo.

Cuento esto porque quiero que quede claro
cuál era la clase de amor que me unía a él.

Fue entonces cuando el hombre alto
abrió una de las puertas. Dijo: Entra
y ve a por todas las cosas que pesen menos que tú.
Y me deslicé como una hoja de afeitar
sobre los objetos que no tenían nombre.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

PAN COMIDO

Dibujo 2

 

 

GALILEO SE QUEDÓ SIN SABERLO: TU VOZ TAMBIÉN ES REDONDA

El único camino que conozco para llegar hasta ti
es escribir esta historia.
No escribo sobre mí. Escribo desde lo que soy
sobre lo que podía haber sido o podrá ser.

Ejemplo:
Cuando le dije (hoy) que me gustaría estar sola
irme sola una semana o dos
no significaba decir te quiero menos.
Alejarme de él no. Alejarme de mí.
De mí cuando soy con él.
Yo tenía deseos:
hacer cada día diez kilómetros en bicicleta
y ciento cincuenta abdominales
bajar después a la playa a tirar piedras al agua
(mientras llegas), no verte llegar
dejar que los trastos se amontonen
como arena o algas secas, tumbarme en la cama
apuntar con el mando a distancia
y cambiar de canal más de cien veces sin pestañear,
levantarme en mitad de la noche
y escribir un poema que no hable de ti.
xxxxxxxx-Tienes la cabeza llena de pájaros.
Retiró el pelo de su cara y, sonriendo
la besó por primera vez.
xxxxxxxx-Te quiero con locura.
Si alguien te dice que te quiere con locura
cree a ciegas en sus palabras.
Sólo se puede querer si crees a ciegas que te quieren.

Los pájaros de esta ciudad se han vuelto locos.
Desde hace una semana
se dejan aplastar en los pasos de cebra.
Llegan en tropel y mueren en tropel.
Al principio los coches intentaban esquivarlos.
Colocaron agentes de tráfico en todas las esquinas.
Las autoridades han recomendado
que es mejor aplastarlos que provocar accidentes.
Los agentes han sido sustituidos por barrenderos.
Los niños no quieren ir al colegio. Los ecologistas
han comenzado a encadenarse a las señales de tráfico.
Los barrenderos han pedido mascarillas
guantes y asistencia psicológica.

¿Por qué cada mañana me despiertan mil aves
estrellando sus cuerpos huecos contra la persiana?
¿No detestan como yo el olor a sangre?

A seguir bien, te decía en cada despedida
y cada despedida era un dolor
de articulaciones desbaratadas.
La ciudad se llenó de señales.
Señal nº1: El mar. Una isla. Señales de humo.
Ya le dije que no quemara mis cartas.
Señal nº2: Me paso el día apostando si es que llueve
o si son las palmeras del jardín rozando las ventanas,
tú siempre ganabas, dice.
En casa sabes que siegues teniendo tu cuarto, dice.
He regalado los perros, ya no tienes excusa, dice.
Señal nº3: La lavadora no centrifuga.
Señal nº4: Calle cortada por obras.
Sentido obligatorio hacia abajo.
xxxxxxxx-Si alguna vez nos vemos no sabré cómo acercarme a ti.
Debo aclarar que no soy de nostalgias tremendas.
La mitad de mis recuerdos son inventados.
Ocurre que mis mejores pensamientos no los conoces.
Muchas veces pienso cosas que contarte
que se van estructurando en mi cabeza como un Tetris.
Momentos fugaces en los que mi cabeza funciona
y siento que piensa cosas buenas
lo que la gente llama intuición, creo.
Y se me transforma en aire, en humo.

Nunca escucha el despertador.
Si se despierta es porque nota el calor de su cuerpo,
el de él, separándose,
y los pies tanteando zapatillas en la oscuridad.
Cuando él sale del cuarto sin hacer ruido para no despertarla,
ella ya no puede cerrar los ojos.
El calor ha vuelto a su cuerpo
siente la vejiga punzándole, pero prefiere no moverse.
Las sábanas calientes, los músculos
dóciles y adaptados a la postura. Intenta ovillarse
encoge su cuerpo como plástico quemado
y trata de recordar el último sueño.
Oye a lo lejos la radio dando las primeras noticias
la cuchara removiendo el azúcar.
Es otra casa, es otro hombre, pero los ruidos son los mismos.
El estómago se le vuelve una bota de vino vacía y seca.
Se encoge aún más.
La radio anuncia temperatura y carreteras colapsadas.
Él entra (ella aprieta los ojos)
se acerca y la abraza por encima de las mantas, la besa.
Ella responde con movimiento de larva y le devuelve el beso.
Sabe que será la última vez.

Accidente doméstico #1
Resbalar en cuarto de baño y golpear mandíbula con lavabo
al intentar alcanzar albornoz. Pérdida de conocimiento,
hipotermia.
Accidente de tráfico #2
Fallo de dirección y/o frenos en curva muy peligrosa
tomada a 120 kms/h y con ´caída libre
de 325 mts sobre el nivel del mar. Con o sin airbag.
Abandono de hogar #3
Bajar de altillo maleta mediana, camisetas, caja de mimbre,
cámara de fotos, abrigo gris, cenicero azul.
Llaves del coche y tarjetas de crédito sobre la mesa.
Ninguna nota.
Suicidio #4
Diazepam y derivados de Benzodiacepina
(envase con 500 comprimidos de 10 mg)
más Stolichnaya Russian Vodka (40% vol 0,7 l)
no sin antes dejar cena lista para microondas.

Nunca escucha las llaves abriendo la puerta. Si se despierta
es porque nota los pies
desprendiéndose de los zapatos y el calor de su cuerpo,
el de él, acercándose en la oscuridad.
Cuando él entra en el cuarto sin hacer ruido para no despertarla,
ella ya no puede cerrar los ojos. El calor ha vuelto a su cuerpo
siente el corazón punzándole, pero prefiere no moverse.
Las sábanas calientes, los músculos dóciles
y adaptados a la postura.
Intenta ovillarse encoge su cuerpo como plástico quemado.
A lo lejos, sólo algún coche con el motor encendido
mientras compra droga al otro lado del puente.
El estómago se le llena de erizos. Se encoge aún más.
Él entra (ella aprieta los músculos), la abraza, la besa.
Ella responde con movimiento de larva y le devuelve el beso.
Sabe que será la última vez.
Discutimos dos veces. Una por la fuente de la etiqueta del buzón.
Otra por aquella mujer.
Estrellar un cenicero en el espejo no estuvo bien por mi parte
porque el cenicero no era de ella ni el espejo nuestro.
El casero nos cobró cinco mil
y seguimos durmiendo en la misma cama
pero más solos. Uno contra el otro.

El cuerpo no se equivoca. lo dije mil veces.
Y a mi cuerpo le dolían las articulaciones.
Mi cuerpo tumbado desnutría las sábanas
y soñaba calles de ciudades construidas con arena.
Me he bebido medio litro de vino
y mañana tiene que venirme la regla.
Sé que no es el mejor momento para decidir nada.
No obstante:
xxxxxxxx-Quiero que nos separemos.
A mitad del curry se lo digo, ¿y?
Risas locas de fondo. Murmullo de botellas y el mar tan cerca
sin llegar (a ponerse de mi parte).
Las luces de los barcos o la luna, después, en el retrovisor.
Quizá no me haya explicado bien.
Me descalzaría sin limpiarme los dedos en la servilleta.
Y me levanto.
Un salto pequeño y las plantes de los pies heladas.
Arena negra.
Sólo las luces de la bahía cerrándome el paso.
Cada año un metro menos.
Pueblos constelaciones si los miro sin gafas.
Y tú sentado acabándote el curry
mientras yo me alejo, pies (pájaro) de plomo.
La orilla limpia. Porque si no hay luz todo está limpio
para que los tobillos no sepan de peces condón
o aceite de las barcas.
Las piedras y yo resbalando movidas sólo por el frío.
Que te dejo para no volver
a mitad de una cena cualquiera. Sin preparar discursos
sin hacer lista de objetos, sin pedir la custodia de ningún hijo.
Hijo es el salitre que se me pega a las piernas.
hijo es esta luz negra
que me entretiene los ojos en el horizonte.
Hijo las estrellas en el agua
flotando como peces muertos de siete colas.
Como si el universo fuera agua, no sólo espacio.
Me haces señas. Distingo tus manos
desde aquí como si me acariciaras.
Que nos vamos, entiendo yo
y te miro sin comprender tu serenidad de barca varada
(llena de arena) donde un hombre sin camisa
prendió fuego a los espetos.
Las barcas no saben que navegan
ni cuando las echan al mar. Las barcas
siempre fueron árboles quietos. Ahora
fuego es lo que les mece el viento.
Pero siguen sin saber nada
Me faltan luces en las extremidades y sal en los ojos.
Y ningún mar es suficiente.
Arrastro los pies y me desdigo
ante el silencio de tu mano tendida. Y subo.
Te quejas sin mirarme
porque he vuelto a dejar el coche lleno de arena.
xxxxxxxx-Lo más profundo es la piel.
A veces me gustaría cerrar una puerta
como quien aplasta un mosquito.
xxxxxxxx-No sabes cómo me arrepiento de todo.
Carótida escarchada.
Me arrancó el corazón como una fruta de diciembre
y lo vi colgado de un hilo en el patio de un colegio.
Tú seguías vivo.
Y aún quedaba por llegar el invierno.
Me arrepentí, yo también, del tiempo
que pasó desde que nos conocimos hacia atrás.
Cero, vacío, nada. Ninguna historia en pie.
Ninguna ciudad. Ningún hombre.
Las fotos del álbum
postales del Cuadrado negro de Malevich. Todas.
Y llegó noviembre con patinadores sobre hielo
haciendo piruetas no ensayadas.
Resbalando los dedos
otra vez
por los lomos de los libros que no llegaré a leer
porque (ahora) todos estaban en blanco.
Volver como antes, no así. Yo tampoco.
Cerrar los ojos otra vez no. Amarte.
Despojada del cansancio y las obligaciones,
como no estabas podía amarte a mis anchas.
Y te amé.

Volver como el mar, que deja algas en la orilla
para que se sequen como reliquias.
Esto es lo que tengo, esto es lo que te doy
(aunque se seque) (lejos) de mí.
Al menos me dejaste la mesa de trabajo calzada.
No quería una tregua (yo)
ni siquiera tiempo muerto.
Tiempo, sí. Horas tumbado (tú).
Savia renovada en mis articulaciones.
xxxxxxxx-Te noto indiferente.
No era indiferencia, era arrogancia.
Por eso el primer día (llegué una semana antes)
dejé que abrieras todas las cremalleras.
Novedades no había. Sin respiración
ni sangre que donar. Infectada para siempre
desde la primera palabra (sabor) de tu boca.
Tinta china en tu boca pincel.
Ecos de acantilado cada noche
en la cama o en el suelo. Voz redonda.
No pareces (entonces) mi amigo.
Una vida para dos no es media vida.
Los dos intoxicados, de espaldas,
contra el último sueño (mío).
xxxxxxxx-No te vuelvas. Deja que acabe.
Mis neuronas, medusas de septiembre
no entienden por qué sólo una vida
y por qué precisamente sin ti.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

CUERPO SIN MÍ

Eduardo Moga 'Cuerpo sin mí'

 

 

xxxxxII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxCardedeu

El árbol
invade el aire y se desvanece
en el aire; la luz suscita
un temblor que concierne al árbol
y a su disolución, a la paloma
que sobrevuela
las cosas quietas y a la que agoniza
entre las cosas quietas,
a las paredes palpitantes
y a cuanto no palpita; el sol,
al otro lado de la luz, promueve
un silencio candente
que apresa al mundo
y lo impregna de su oro múltiple,
de su bermeja somnolencia.
Los objetos se enzarzan en oscuras
sinapsis y trascienden
su finitud: desaguan en un mar
de escoria y absoluto, y sobreviven
al cuerpo
xxxxxxxxque los rodea. Los objetos
nos poseen, acallan nuestros ojos
con sus ojos unánimes,
esquivan nuestra leve eternidad.
Un ruiseñor corona
el amontonamiento de los coches
y su alboroto muerto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxTambién el pájaro comparte
la sangre incorruptible de la materia, el fuego
gris que titila en sus bodegas,
y que subsiste a su destrucción.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Yo soy el pájaro,
y la incertidumbre del pájaro, y lo arbóreo
de su vuelo, y el aire).
Y los hombres caminan por mi cuerpo,
escarban en la muerte que me nace, se adentran
en una lengua que carece
de mundo al que nombrar,
y que sólo conoce sus ladridos
empozados, el álgebra
de su estremecimiento. Alguien me roza
con humo y prisa: lleva gafas; suda
un sudor sólido; habla, pero no
rompe el silencio.
Hay muchos como él: veo sus espaldas
provisionales,
sus voces de granito;
veo sus ojos
sin ser, su linfa
xxxxxxxxxxxxbajo la losa
de la conversación; y distingo su núcleo,
entre ruidos de sombras y relojes,
lamido por la herrumbre y el sopor.
(Con pies nevados andan por el tiempo,
y el tiempo les vacía
la piel; la muerte
es su asunto: residen
xxxxxxxxxxxxxxxxxen su útero
y comen de su légamo; visibles,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesaparecen).
Los hombres regatean: su disputa interrumpe
el nexo entre las cosas y nuestra percepción
de las cosas. Descubro,
bajo edredones
xxxxxxxxxxxxxde polvo,
loza apesadumbrada, y periódicos viejos,
y teléfonos como escarabajos
excesivos: hilachas grávidas
de tiempo,
pero sin hoy, que se reúnen
a la sombra del árbol
o de la ausencia
de árbol, y beben
de su agua recta
y de su recta unidad;
observo un túmulo de libros,
y armarios
con ganglios, y monedas
que tintinean
en los ojos opacos, y almas
que, asomadas a la piel,
contemplan la victoria
sobre el olvido y la promesa
de un nuevo olvido.
Regresan los objetos
a su disperso frenesí. Y yo lamo
la borra transparente
que se acumula
en los contornos de la luz,
en el vacío de la luz.

 

 

 

 

xxxxxVII

El miedo
se aloja en la mirada, empujado por nubes
de agujas, por blanduras que laceran,
y cae en el cuerpo como una hoja
en un estanque:
subvierte
xxxxxxxxsu claridad,
desbarata su telo de cobalto.
El miedo
socava
xxxxxxla sangre, tuerce
la sangre, pero deja intactas sus turbinas,
el sol que asperja
sus explosiones y sus heces.
¿Quién es ese que mira,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesde la orilla,
cómo se hunden las formas y las manos
que las crean, cómo arde
lo indestructible
en las habitaciones de la muerte?
¿Quién ve la inclinación
de los pilares en los que descansa
el ser, batidos por la noche
y los insectos,
desencajados
por el martillo
sutil del pánico?
xxxxxxxxxxxxxEse alguien
escucha la fricción mortal
que producen los huesos al chocar
con el silencio; el orbitar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxanonadado
de cuanto empieza a ser y a declinar;
la piel obscena con que se recubre
la nada.
La noche adviene como una marea
inmóvil:
xxxxxxxrebasa el pecho,
rebasa los espacios níveos
en que se incoa
la conciencia, e imprime
sus huellas en el eje de la sangre,
en el umbral
de la sangre: en su desencajarse,
donde se juntan los caminos
que nos conducen
al yo,
xxxxxo que lo desmantelan.
Oigo llorar a un niño. El hombre
que veía ondular el agua, oye llorar
a un niño, y llora con sus lágrimas,
y es el niño. Oigo,
asimismo, el piafar del miedo,
su volverse agua
que brama, sombra máxima,
bajo una luna
xxxxxxxxxxxque me unge
de palidez y se deshace en negros
filamentos de estaño.
Chirrían las mamparas del espíritu:
una lluvia de sílabas lo azota
y lo acaricia;
xxxxxxxxxxxsus gotas caen
como capullos cercenados
o resplandores
xxxxxxxxxxxxbituminosos:
son la rocalla que produce
el encresparse
de las cosas cercanas,
el habla hostil
de los otros que viven
en mí.
xxxxxxAntes creía
en el fuego: creía en su poder
sin cuerpo,
en su cuerpo inconsútil,
y me incumbían
xxxxxxxxxxxxxsus frutos,
sus líquenes letales. Pero el fuego se estría,
y los estanques enloquecen de hojas,
y se asfixia la luz,
a la que el mal confiere una dureza lívida,
nimbada de lujuria. Acojo
al miedo
como a una lluvia
sin agua,
preñada de engranajes:
el miedo
me llena,
se llena
xxxxxxde mí: me inviste
de vida. Y sigo quieto, solo, oyendo
pasar la noche,
preso de los rumores de la noche,
vencido
xxxxxxxpor mi mudez
bulliciosa. El alma se derruye.
Asisto, inerme, a su refutación.
Alguien grita. ¿Soy yo?

 

 

 

xxxxxXIX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxPaseo de Gracia

El polvo es una casa
que se asienta en la nada. Sus facetas
bailan, en óptimo desorden,
por las estanterías y el plexiglás, y obturan
los poros de la luz. Emana
de los frunces del aire, de sus tibias tinieblas,
y envuelve al hombre
que lee y al que sólo hojea,
al silencioso y al que miente,
al que cada mañana se pregunta,
mientras se anuda la corbata, quién
es ése que se anuda la corbata,
y al que, en cambio, camina en mí,
conmigo, uncido al miedo,
y muere cuando yo muero. (Es otro
el que me vive y me anda y me amanece;
otro el que hunde los dedos en la sangre confusa,
en el fibroma de la identidad).
Los libros,
xxxxxxxxxahora, colman la mirada,
y la mirada se hace pensamiento;
y digo la mirada, que está escrita
en las guardas y el cloro, en el aglomerado
y los lepismas.
xxxxxxxxxxxxEsplende el polvo,
que se solidifica y delira y entrega
su caos
xxxxxxa las sinuosas cristalizaciones
del deseo. Me mira un vendedor:
gritan sus ojos,
de los que penden
estalactitas,
y su voz, ojerosa,
festoneada de silencios
calcáreos,
xxxxxxxxxes la de un ahogado:
la voz de alguien que ha muerto sin quebrarse.
Su vientre es polvo,
su jadear es polvo, las alas que no tiene
son polvo, y ese polvo se le enquista en el pecho,
moldeando otro
pecho, húmedo y nocturno,
e irradiando una luz opaca.
(El corazón y el polvo son una mima cosa:
los entreveo
xxxxxxxxxxpor la ventana de sus ojos,
a los que asoma una fosforescencia
mate). Me acerco, al fin, al mostrador
y sostengo palabras
embalsamadas,
pero aún palpitantes:
arrastran posos
de firmamentos,
archivan
xxxxxxxxacordes de una música
derrotada, en la que reconozco
el beso
xxxxxxy la sublevación.
Ahora exhiben sus muñones,
sus fonemas inválidos, y sé
que sus amputaciones son
las mías: sus escaras
me deletrean.
xxxxxxxxxxxPor ellas,
por su cuerpo incompleto, accedo a un cuerpo
ilimitado, a un yo sin partición:
soy el vino y la copa
que lo contiene; soy la lágrima y el ojo;
soy un hueco que late, un rayo
prisionero, algo sólido infiltrado por todo,
sobrecogido
xxxxxxxxxxpor todo.
Las palabras dibujan
mi rostro,
xxxxxxxxlas heces
que son mi rostro, la perennidad
de lo que pasa, y brilla como un sol
entumecido, y se consume.
Un trozo de cartón indica el precio.
¿Soy este manuscrito antiguo?
¿Me vertebra su tinta o es la causa
de mi enajenación? ¿Son mis manos las que hurgan
en los volúmenes intonsos,
o es el papel
el que me instila su febril
monotonía? ¿Soy legible
o soy moho? Alguien me ha rozado:
su piel es cálida, como el vacío
pero no alcanzo
a tocarla; se marcha
deprisa,
xxxxxxxcomo si hubiera muerto.
También una mujer dispone
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsus espinas inocuas
contra mi espalda. Siento la amenaza de su hígado,
de sus esquejes, sin que pueda
decirle ven,
rómpeme, explora
mi sangre, náceme
con tu lengua, rescátame
del laberinto
sin centro en el que vagan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla soledad y la saliva
de quienes, como yo, quisieron no morir,
o morir de otro
modo: ahogados en el albañal
de los nombres o presos
en el sepulcro de los nombres.
La mujer ha robado un libro, y se va. Yo
rebusco en el bolsillo y saco unas monedas
con que pagar la estropeada
edición de Machado -Antonio-
que acabo de encontrar.

 

 

 

Moga, Eduardo. Cuerpo sin mí. Madrid; Ed. Bartleby, 2007.

 

BUCEADORES DE LA PIEL

Buceadores de la piel

 

 

JARDÍN NOCTURNO

Tu boca, una mano
ante mi boca.
Imantados a la tierra, soñamos
con el océano: empapados de sudor,
exhaustos, olores de jardín
perturban nuestro sueño marino, romero fresco
a treinta millas de la costa española. La hierba alta
mece los fondos de nuestra barca.
Seguimos una secuencia
de intrincados aromas como una melodía,
navegamos por tierra, por mar, seguimos
la acústica de las montañas,
el gorjeo del instinto en la oscuridad –
Siberia, África y vuelta –
pistas fosforescentes nos guían para fondear,
restos de luz de luna devorada por las olas.

Al otro lado del césped flota una ventana encendida.
Orlada de altramuz. Recuerdas
una ventana abierta, música árabe
entre las hayas húmedas. Sabemos que nos estamos moviendo
a una velocidad tremenda, que si se pudiera ver,
las estrellas serían la mancha
de la velocidad. Pero todo está inmóvil,
maniatado. En el jardín nocturno
la luz es un grito mudo.
Desnudos en medio de la ciudad
brotan decididas de nuestras bocas las estrellas.

 

 

 

NO HAY CIUDAD QUE NO SUEÑE

No hay ciudad que no sueñe
con sus orígenes. En las manos de los ladrilleros
se desintegra el lago desaparecido,
el fondo del barranco donde la memoria de los ríos
quiebra la extensión de luz. Todos los inviernos
almacenados en ese jardín
geológico. Los dinosaurios duermen en el metro
entre Bloor y Shaw, una cama de huesos
bajo el eco de los rieles. La tormenta
que encendía la ciudad con el voltaje
de la primavera cuando teníamos dieciocho años
sobre la tierra lisa. El ferry surca la lluvia,
el viento se humedece con la música de una boda y la canción
del carbono en la piedra y el hueso
una carta de amor que el viento suelta de la mano, sin leer.

 

 

 

Michaels, Anne. Buceadores de la piel (Trad. Jaime Priede). Madrid; Ed. Bartleby, 2003.

 

EL PESO DE LAS NARANJAS & MINER’S POND

El peso de las naranjas

 

 

PROFUNDIDAD DE CAMPO

xxxxxxxxxxxxxxxxx“La cámara nos libera del peso de la memoria…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxregistra para olvidar”.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Berger

Ya nos hemos contado una y otra vez la historia de nuestras vidas
cuando por fin llegamos a Buffalo.
Sale un sol difuso y prehistórico
sobre las cataratas.

Una mañana blanca,
el sol salpica de pintura el parabrisas.
Conduces, fumas, llevas gafas de sol.

Rochester, Capital de la Fotografía de América.
Apagando un puro en la tapa de la cajita de un rollo,
el agente de seguridad de Kodak nos indica el camino.
El museo es una mansión en gran angular.
Desde el césped de la entrada miras las ventanas del segundo piso,
transformas mentalmente cuartos de baño en cuartos oscuros.

Un millar de fotos después,
agotados de adivinar el movimiento
invisible de la mente que eligió el encuadre de cada foto,
echamos la siesta en el parking de un instituto
mientras el sol se reclina como los árboles
sobre el capó caldeado del coche.

Volvemos a casa. La luna tan grande y cercana
que mancho el parabrisas dibujándole un bigote.
Te hago cosquillas en el cuello para mantenerte despierto.
No recuerdo nada de nuestras vidas anterior a esta mañana.

Salimos de la ciudad de noche y regresamos de noche.
Compramos frutos secos y flotamos tranquilamente por el vecindario,
árboles frondosos que se lavan en la exuberante oscuridad
o a la íntima luz de las farolas.
Es verano y el aire de la noche se carga de nuestros olores,
aguijoneado por la fragancia verde de los jardines.

El calor no se irá del pavimento
hasta que sea casi de día.

Te amé todo el día.
Tomamos la vieja y familiar Autopista del Encuentro,
comenzamos el largo viaje del uno al otro
como a nuestra ciudad con todas sus luces encendidas.

 

 

 

FLORES

Hay otra piel dentro de mi piel
que se ajusta a tu tacto como un lago a la luz;
que desliza su memoria, su lenguaje perdido
dentro de tu lengua,
borrándome para hacerme de nuevo.

Justo cuando el cuerpo cree saber
los caminos para conocerse a sí mismo,
esta segunda piel sigue buscando sus respuestas.

En la calle – las sillas de los cafés abandonadas
en las terrazas, los puestos del mercado vaciados
de su viva luz,
aunque el pavimento todavía respire
uvas y melocotones –
como la luz de todo lo que crece
en la tierra recién removida,
cada partícula de mí se ajusta a tu tacto,
el viento envolviéndonos las piernas en mi vestido,
tu camisa deshaciéndose en flores por mis manos.

 

 

 

Michaels, Anne. El peso de las naranjas & Miner’s Pond (Trad. Jaime Priede). Madrid; Ed. Bartleby, 2001.

 

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